¿Miedo?
Aviso nº 1: El capítulo contiene escenas sacadas del libro. Aún así está algo modificada. Con esto quiero recordar, que el universo y personajes de Harry Potter pertenecen a Rowling, yo solo juego con ellos.
Aviso nº 2: En este capítulo habrá una escena algo fuerte, con lenguaje sexual explícito, por lo que puede dañar la sensibilidad del lector. Solo es un comentario que hace uno de los personajes a otro, pero a mi hermana la pilló por sorpresa y parecía que era algo escandaloso así que yo lo aviso para por si acaso. En serio, solo será una frase, pero será algo fuerte. No está avisado en medio del capítulo, porque me parece muy poco profesional hacer una anotación así en medio del texto, así que desde aquí os dejo avisados.
Lily y Snape cruzaban el patio del castillo discutiendo. Hacía tan solo unas horas que Severus Snape había salido de la enfermería y cuando lo hizo, el primer lugar al que se dirigió fue a la reunión que hacían los Slytherin algunas noches. Nunca se perdería una y aquella no sería la excepción.
Lo malo fue que justo después de lo ocurrido con aquella nube oscura, Lily y Remus Lupin los pillaron mientras hacían su ronda. Ahora ella estaba enfadada.
- Creía que éramos amigos - decía Snape -. Buenos amigos.
- Lo somos, Sev, pero no me gustan algunas de tus amistades. Lo siento, pero no soporto a Avery ni a Mulciber. ¡Mulciber! ¿Qué le has visto a ése, Sev? ¡Es repulsivo! ¿Sabes qué intentó hacerle a Mary Macdonald? Y no hablemos ya de lo que ha ocurrido con Avril en más de una ocasión.
Lily había llegado a una columna y se apoyó en ella, contemplando el delgado y cetrino rostro de su amigo. Realmente estaba decepcionada.
- No es para tanto - dijo él -. Sólo fue una broma. Y en cuanto a Avril… - iba a decir que se lo tenía merecido, pero ella le cortó justo a tiempo.
- Era magia oscura, y si lo encuentras gracioso…
- ¿Y qué me dices de lo que hacen Potter y sus amigos? - se ruborizó un poco al decirlo, incapaz, al parecer, de contener su resentimiento.
- ¿Qué tiene que ver Potter con esto?
- Se escapan por la noche. Ese Lupin tiene algo raro. ¿Adónde va siempre?
- Está enfermo, o al menos eso dicen… - no quería darle alas a aquello precisamente. Recordaba con perfecta precisión todo lo que había hablado en una ocasión con Avril acerca de él y confiaba en el chico.
- ¿Todos los meses cuando hay luna llena? - replicó Snape, escéptico.
- Ya conozco tu teoría - dijo Lily con frialdad y aún así, creía que si Avril confiaba en él, ella no tenía por qué dudar y por ello lo defendería -. Pero ¿por qué estás tan obsesionado con ellos? ¿Por qué te importa tanto lo que hacen por la noche?
- Sólo intento demostrarte que no son tan maravillosos como todo el mundo cree.
La intensidad de la mirada del chico la hizo ruborizarse.
- Pero no emplean magia oscura - bajó la voz y añadió -. Y eres un desagradecido. Me he enterado de lo que pasó la otra noche. Te colaste por el túnel del sauce boxeador y James Potter te salvó de no sé qué cosa que había allí abajo.
Snape contrajo el rostro y farfulló:
- ¿Que me salvó? ¿Cómo que me salvó? ¿Crees que Potter se comportó como un héroe? ¡Estaba salvando su propio pellejo y el de sus amigos! No quiero que… No voy a permitirte…
- ¿Permitirme? ¿No vas a permitirme qué?
Los verdes y destellantes ojos de Lily se convirtieron en dos rendijas, y Snape rectificó al instante:
- No he querido decir… Es que no quiero ver cómo se ríe de… ¡A James Potter le gustas! - exclamó como si se lo arrancaran a la fuerza y para él, así había sido. Cómo odiaba a ese tipo -. Y él no es… aunque todo el mundo cree… Se las da de gran héroe de quidditch… - la amargura y la aversión de Snape lo estaban haciendo caer en la incoherencia, y Lily se mostraba cada vez más sorprendida.
- Ya sé que James Potter es un sinvergüenza y un engreído – dijo -. No necesito que tú me lo expliques. Pero el concepto del humor que tienen Mulciber y Avery es maléfico. Maléfico, Sev. No entiendo cómo puedes ser amigo suyo.
Pero Snape ya no había escuchado esas últimas palabras. Desde el momento en que hubo insultado a James Potter, todo él se relajó, y sintió que podía volver a respirar tranquilo. James Potter suponía una verdadera amenaza en varios aspectos, pero al menos su Lily no había caído en sus redes y con eso le bastaba.
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Esa mañana fue todo lo normal que podía ser. Lo único raro ocurrió a media tarde, sobre la hora de la comida, cuando varios alumnos fueron llamados por los Jefes sus Casas. Avril no llegó a enterarse del por qué, ya que ese día le tocaba hablar con Remus.
Y él podía ser todo lo racional, lógico, comprensivo y tolerante que alguien podía ser, pero era realmente cabezota y tozudo con lo que a su licantropía se refería. Se notaba a leguas que no iba a perdonar a Sirius Black tan fácilmente como la vez anterior. Y supuso que volver a ser atacada por Slytherins no lo solucionaría de nuevo.
Como ese día no logró avanzar mucho con él, volvió a intentarlo a la mañana siguiente, acompañándolo hacia el Gran Comedor a desayunar.
- Remus, sabes que Sirius te quiere. Por favor, escúchalo, déjalo hablar al menos.
- Verás Avril, en el caso de Sirius, la acción habla más fuerte que las palabras, pero ni de cerca tan a menudo – se detuvo antes de cruzar las enormes puertas -. Su forma de comportarse me ha hecho ver lo que piensa de verdad. No necesito ni quiero una explicación. Lo siento, pero esto no es algo que tú puedas resolver.
Con ello la invitaba amablemente a que dejara de meter su nariz en un asunto que ni le iba ni le venía. Por supuesto, con sutileza o sin ella, no pensaba hacerle caso.
- Escúchame Remus, soy la primera que sabe que nada fija tan intensamente algo en la memoria como el deseo de olvidarlo. Pero en este caso no se trata de olvidarlo, sino de aprender de él.
- Aprender ¿qué? ¿A no confiar ni en tus amigos? – su sonrisa era verdaderamente triste.
- No, aprender de los errores – lo sujetó del antebrazo, para que no se fuera y la dejara con la palabra en la boca -. La experiencia es algo maravilloso. Te permite reconocer un error cuando lo vuelves a cometer. He cometido muchos errores a lo largo de mi vida, pero no considero que estos hayan sido una pérdida de tiempo. Aprende a ver el lado positivo Remus.
- ¿Qué tiene de positivo esto? – gruñó.
Entonces se quitó su brazo de encima con delicadeza y se internó en el Gran Comedor. Avril lo siguió prácticamente corriendo, tratando de darle alcance, pero se dio cuenta de que ocurría algo extraño. Nadie en el Salón parecía comer. Todo el mundo cuchicheaba entre ellos, con miradas preocupadas y señalando el periódico de aquel día. Avril se fijó en su mesa, donde estaban sus amigas de igual modo.
Dejó el asunto con Remus a un lado y se acercó corriendo hasta ellas, para ver qué era lo que tenía a todo el mundo tan conmocionado.
- ¿Qué es lo que pasa? – les preguntó al tiempo que se sentaba junto a Lily.
Se giró para verla y lo que Avril vio en sus ojos la preocupó. Estaba asustada.
- Mira esto Avril – le tendió el periódico para que lo leyera.
Tan solo el titular bastó para hacerle perder el color del rostro. Varias poblaciones de muggles habían sido atacadas. Entre las víctimas, se contaba un aproximado al centenar de muggles y cerca de cincuenta magos nacidos de estos. Muertos. Aquel número era solo de muertos.
Cualquier apetito que pudiera haber tenido en ese momento, lo perdió por completo. Incluso le entraron ganas de devolver algo que no tenía. Leyendo el artículo en profundidad, descubrió que todo aquello había ocurrido entre antes de ayer y el día siguiente.
Voldemort había masacrado a todas esas personas… prácticamente él solo. El periódico decía que se le había visto en varios de esos emplazamientos, furioso como nunca antes lo habían visto. Ahora la gente tenía más miedo que antes.
- Andrew se fue ayer a su casa – le dijo con tristeza Marlene -. Sus padres avisaron que su tío y su familia fueron parte de esas víctimas…
- Avril, ¿estás bien? Estás muy pálida – dijo Lily preocupada
Avril no contestó. Alzó la mirada a la mesa de profesores y directamente topó con los ojos de Albus Dumbledore. Podía leer la certeza de sus sospechas en esos ojos.
Voldemort se había enterado. Debía de haber sentido morir esa parte de su alma y furioso había salido a desahogarse. La culpabilidad se extendió como el veneno por su cuerpo. Escuchó las voces de alguien conocido preguntarle de nuevo por su estado, pero no escuchaba realmente.
No podía seguir allí. Se levantó de la silla y salió fuera del comedor a toda prisa, sin dar explicaciones, sin esperar a nadie. Salió al patio del colegio y se escondió tras una columna. No había nadie, pues todo el mundo estaba desayunando. Apoyó las manos en las rodillas, intentando que el aire entrara en sus pulmones como normalmente hacía.
Era su culpa. Se supone que esta vez no iba a ocurrir nada como esto. Se supone que esta vez las cosas serían diferentes. No tendría que morir tanta gente. ¿Y si por su culpa habían muerto los padres de personas que ella conocía en el futuro? ¿Y si había matado a los padres de Colin Creevey por ejemplo? El aire dejó de entrar completamente cuando otra posibilidad le vino a la mente. ¿Y si había matado a los padres de Hermione?
- ¡Avril! Avril, mírame – una mano le alzó la cabeza, sujetándola por la barbilla, pero no era capaz de ver a nadie -. Avril respira, tienes que respirar.
El zarandeo fue lo que la hizo despertar del trance y tomar una fuerte bocanada de aire. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y el llanto se le atascó en la garganta.
- Eso es – Sirius la hizo sentarse en el suelo, agachándose él a su altura -. Eso es Avril, respira. Tranquila, estoy aquí ¿vale? ¿Qué te ocurre?
Sirius la acercó, escondiéndola entre sus brazos. Ella se arrebujó contra él, abrazándole con fuerza y empezando a recuperar la compostura mientras escuchaba sus palabras y caricias. Pero lo que la sorprendió fue que no necesitara una explicación.
- No es culpa tuya Avril. Sea lo que fuera que hicieras con Dumbledore el otro día, lo que ha ocurrido no tiene nada que ver.
- Sí que lo tiene – respondió con la voz ahogada por el llanto y todavía con la cabeza apoyada en su pecho -. Lo que hicimos el otro día lo ha cabreado…
- Él solo buscaba una excusa para hacer lo que ha hecho. No debes culparte, tarde o temprano habría acabado haciéndolo igualmente. Además, pensar que todo es solo culpa tuya es muy arrogante.
Ella no lo veía así, pero prefirió no contestar. Todavía se sentía culpable, por mucho que él tratara de decirle lo contrario, pero sus palabras verdaderamente la animaron. Dejó que Sirius la consolara y reconfortara. ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Aquel en el que necesitaba que alguien estuviera ahí por ella?
- ¿Qué haces aquí?
- Ah pues verás – contestó usando un tono jovial -, vi a una chica preciosa correr fuera del Gran Comedor y me dije, Sirius Black, corre detrás de ella y oblígala a que se case contigo.
Avril le dio un suave guantazo en reproche, pero se estaba riendo. El la acunó con más fuerza y le besó el pelo riéndose también.
- ¿Estás mejor?
- Un poco… sigue diciendo tonterías – Sirius estalló en carcajadas, pero hizo caso de su petición.
- ¡No son tonterías! Pero vale, te contaré lo maravillosa que será nuestra vida juntos.
Seguían sentados en el suelo, Sirius acomodado con la espalda apoyada en la columna y Avril sobre él, escuchando los acompasados latidos de su corazón. Él no hacía otra cosa a parte de abrazarla y acariciarle la cabeza. Podría quedarse así toda la vida.
- En cuanto salgamos de Hogwarts, nos casaremos. James será el padrino y supongo que Evans puede ser la madrina… o podemos poner a Remus de madrina.
- No te metas con él – dijo haciendo un mohín.
- Perdona, es que me he puesto celoso al veros entrar juntos – respondió con una amplia sonrisa -. A lo que iba, ¿dónde quieres celebrar la boda?
- Mmmm, al aire libre. Me da un poco igual el sitio. Podemos poner una carpa.
- ¡Es una idea fantástica! – exclamó sin esperar que ella le siguiera el juego y así se lo dijo.
- Oh bueno, eso se puede arreglar. ¿Cómo era? – fingió pensarlo un momento antes de exclamar -. ¡Ah sí! ¡Antes me caso con el calamar gigante que contigo!
La inesperada imitación de Lily hizo que Sirius volviera a estallar en carcajadas. Entonces de repente se pasó su mano por el pelo, de igual modo que solía hacer James y dijo.
- ¡Pero Avril, sabes que te mueres por mis huesos! – luego se señaló el rostro -. Reconoce que estás loca por esta perfección divina que tienes frente a ti.
- Por lo único que estoy loca, es por perderla de vista.
- Me duele que digas eso. Con lo que yo te amo – entonces la inclinó hasta dejarla prácticamente tumbada en el suelo, con él encima -. Retocemos y demostremos nuestro amor al mundo.
Ahora fue el turno de reír de Avril. Estúpidamente se había sonrojado con sus palabras y trató de taparse la cara con las manos. Sirius intentaba evitarlo, riendo también.
- ¡Oh no! No puedo creer que te hayas sonrojado. ¡Déjame verte! – le sujetó ambas muñecas y las dejó pilladas a ambos lados de su cabeza.
- ¡No suéltame! – gritaba riendo y moviendo la cabeza como una loca. Trató de patalear un poco, pero él se había colocado sobre ella y le dejó de cintura para arriba inmovilizada, por lo que sus patadas no servían de nada.
- ¡Sabía que caerías Grimm! Nadie puede resistirse a un Black.
- ¡No es verdad! – chilló con la risa contenida cuando logró besarle el cuello, poniéndole el vello de punta -. ¡Basta! ¡Deja de acosarme pervertido!
- No sabes cuánto querida – aquella frase frenó cualquier intento de ella de volver a escapar -. Si tan solo supieras todo lo que quiero hacerte.
El tono de absoluta veracidad en sus palabras la había helado y cuando lo miró, su sonrisa perversa y su mirada maliciosa anunciaban que realmente se le habían pasado un montón de ideas extrañas por la cabeza. No podía creer que realmente hubiera pensado cosas pervertidas con ella.
- ¿Quieres saber todo lo que he llegado a imaginar? – susurró acercándose más y más a ella, sin que esa sexy sonrisa desapareciera en ningún momento -. ¿Cada toque, cada caricia que he llegado a anhelar? ¿Sabes la de veces que he soñado con lamer cada parte de tu cuerpo? ¿Con besarte los labios? – su sonrisa se hizo más intensa si cabe, al darle un segundo sentido con sus siguientes palabras –. Y no me refiero solo a los de tu preciosa y apetecible boca.
Casi le explota la cabeza y estaba segura de que debería estar echando humo hasta por las orejas. Nunca en su vida algo la había puesto así, tan caliente. Nunca había llegado a sentir tal intensidad en su cuerpo con solo unas cuantas palabras. Por Merlín, ¿qué le pasaba? Sentía que se le atragantaban las palabras y no era capaz de pronunciar nada.
- ¿Quieres saberlo Avril? – su voz sonaba grave, melosa y parecía acariciarla por dentro, estremeciéndola de pies a cabeza -. Solo dilo y te lo cuento todo. Solo dilo… - se acercó hasta que sus labios se rozaban con cada palabra – y te lo demuestro.
- ¿Q-q-q-qu-qué?
Solo sonidos incoherentes salían de ella. Balbuceaba sin sentido, cosa que hacía que Sirius riera más todavía. ¿Cómo podía ser tan increíblemente tierna? Le encantaba verla sonrojada y descubrir que sus palabras la ponían de ese modo, solo hizo que un millón de ideas pasaran por su cabeza. La tendría así todo el día si pudiera.
- ¡Sirius Orion Black y Avril Evangelyn Grimm! – dijo en voz alta una voz cerca de ellos.
Ambos se sobresaltaron y separaron ante la amenaza oculta de McGonagall con solo pronunciar sus nombres. Y sin embargo, el muy maldito de Black no era capaz de guardarse su estúpida sonrisa para él solo. ¿Y por qué ella seguía sonrojada de pies a cabeza? Aquello no era justo.
- ¿Evangelyn? – preguntó Sirius en un susurro mientras la ayudaba a levantarse.
- Es mi segundo nombre – respondió de igual modo -. Como si no lo supieras ya.
- Cinco puntos menos a Gryffindor por manoseo innecesario a la vista de todo el mundo – sentenció McGonagall con su ceño fruncido.
- ¿Qué? ¡Oh vamos Minerva! – exclamó Sirius disconforme.
- Y cinco puntos menos, señor Black, por irrespeto a un profesor. ¿Qué es eso de llamarme por el nombre de pila?
- Lo siento profesora McGonagall – se disculpó rápidamente -. Ha sido sin querer.
- Váyase a clase Black. Y usted Grimm. El director Dumbledore quiere verla.
- ¿Ahora? – preguntó él en su lugar. Lo cierto es que aunque hubiera querido, todavía estaba en shock.
- Que se largue de una vez, si no quiere que le quite más puntos – dijo McGonagall seca.
Él se despidió de Avril con un rápido beso en la mejilla y salió corriendo hacía los pasillos para dirigirse a su clase, no sin antes guiñarles un ojo a las dos mujeres que lo veían marcharse. Cuando lo perdieron de vista, McGonagall volvió a hablar.
- ¿Sirius Black, Avril? ¿En serio? – le preguntó con una ceja alzada. Avril volvió a enrojecer.
- N-no… no es lo q-que cree – su voz se había ido convirtiendo en un susurro a medida que le hablaba al suelo, incapaz de mirar a la profesora a los ojos.
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Albus paseaba por su despacho con lenta parsimonia, como si contemplara por primera vez cada uno de los objetos que allí tenía. Avril ya había ocupado su habitual asiento. Habían tenido una ligera discusión… acerca de lo que Sirius Black sabía de ella. Por lo visto, Albus se había enterado de que le había contado un par de cosas sobre ella, vete tú a saber cómo. Incluso usó algo de legeremancia con ella para confirmarlo, pero aunque Avril se resistió con todas sus fuerzas, su nivel de oclumancia no era suficiente ni de lejos.
- Pensé que habíamos quedado en que no se lo contarías a nadie.
- ¿Y qué quiere que haga? – estalló de mal humor -. Tarde o temprano se enterarán. Ya sabe que van a unirse a la orden.
- Pero no debes adelantar acontecimientos.
- ¿No? Pues creo que ya lo hemos hecho.
No le contestó, bien porque no quería o bien porque no tenía respuesta para ello. Volvió a tomar asiento, antes de comenzar a tratar ese tema que ahora era tan crucial.
- Siempre conté con el riesgo de que esto pudiera llegar a ocurrir – dijo Albus.
- Ya bueno, pues yo pensé que podríamos llegar a evitarlo – las lágrimas querían volver a escaparse de sus ojos -. ¿Y si ha sido demasiado? ¿Y si he…?
- Me temo que no tenemos forma de saberlo a ciencia cierta. Pero es muy probable que así sea. El futuro es débil y manipulable me temo. Aquello que los muggles denominan el "efecto mariposa" es perfectamente aplicable a esto.
- ¿Y ahora qué? – preguntó en un suspiro y pasándose las manos por la cara.
- Ahora lo primordial es hacerse con el anillo – dijo con gravedad, pero sus actos eran tan simples como el de coger un caramelo de limón y llevárselo a la boca -. Voldemort sabe que uno ha sido destruido, pero dudo que sepa cuál. Buscará hasta dar con aquel que le falte y si recupera el anillo antes de que esté en nuestro poder, temo que no volvamos a conseguirlo.
- Si tenemos nosotros el anillo, podemos hacerle creer que ese es el que ha sido destruido – dijo Avril siguiendo su razonamiento.
- Así es, y de ese modo pensará que el resto de horrocrux están a salvo.
- ¿Sabe que hemos sido nosotros?
- Supongo que puede sospechar claramente de mí – Dumbledore se reclinó en su silla y comenzó a acariciarse la barba -. Estoy seguro de que habrá interrogado a sus más allegados y a todo aquel mortífago que crea que está involucrado. Cuando los descarte a todos, toda su atención estará sobre la Orden del Fénix.
Un escalofrío le recorrió la columna al pensar que se habían convertido en un blanco tan claro. Es decir, contaba con que permanecerían en el "anonimato" algo más de tiempo, en que pasarían más desapercibidos por mucha resistencia que mostraran. Ahora consistían una amenaza más que nunca.
- ¿Cuándo iremos a por el anillo? – preguntó Avril, sabiendo que eso era su mayor prioridad en aquel instante.
- Cuando iré, querrá decir – miró al director con gravedad tras escuchar esas palabras -. Esta vez no me acompañará Grimm, es demasiado peligroso.
- Precisamente por eso…
- Necesito que continúe en el anonimato. Nadie puede saber de su existencia todavía. Si descubren su existencia, está muerta. ¿Comprende?
- Sí, pero…
Entendía, por supuesto que lo entendía. Su mayor arma en aquellos instantes era ella. Ella y todo su conocimiento sobre Voldemort. Si se enteraba que existía… bueno, mejor sería morirse directamente.
- Solo quería avisarla en realidad, de que parto esta misma tarde en su busca.
- ¿Tan pronto?
- Temo que pueda ser demasiado tarde. Esperemos que haya dejado su querido anillo para el final.
Avril de repente recordó algo referente a ese anillo.
- Profesor. Acerca del anillo… pase lo que pase, no se lo ponga – aquel anillo fue la principal causa de su muerte allá en el futuro.
- No se preocupe querida – por fin, el serio rostro de Dumbledore, volvió a tornar en su característica sonrisa de siempre -. He visto el aviso y no tengo interés en cometer el mismo error. Seré cuidadoso en extremo.
- Y no olvide de que él le teme mucho más de lo que usted le tema a él – Albus le agradeció el cumplido con una sonrisa digna de un abuelo a su nieta.
También sentía que se olvidaba de avisarlo de algo más, sin embargo no era capaz de recordarlo en ese preciso instante. Estaba segura de que debía ser algo importante, pero no daba con la tecla adecuada.
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Preocupada, Avril no durmió aquella noche y todo el día siguiente lo pasó con un humor de perros, más al ver a los Slytherin tan emocionados e inquietos. Muchos habían tomado valor y se ve que se metían más de la cuenta con los hijos de muggles.
Todos aquellos alumnos que salieron del colegio con un permiso especial por haber perdido algún familiar, volvían de sus casas, demostrando que la realidad de fuera no era comparable con la vida normal en Hogwarts. Aquel castillo era el único lugar seguro.
- Oye Avril… - Lily acababa de subir al cuarto, donde ella estaba haciendo unos deberes para pociones -. Marlene y Andrew quieren hablar contigo.
- Dime que no es para otra cita doble, por favor.
- No – su expresión era algo apenada -. En realidad… Andrew quiere pedirte algo.
Extrañada, dejó lo que estaba haciendo y bajó las escaleras para ir a la Sala Común, pero Lily la condujo escaleras arriba a los cuartos de los chicos. Cuando tocaron a la puerta, Flavius fue quien les abrió.
- Hola Avril – saludó con una sonrisa -. Pasad, no os quedéis fuera.
- Que hay, Flavius – respondió de igual modo. Cuando entró, vio a Andrew sentado en su cama con Marlene a su lado -. Andrew, siento mucho lo de tu tío.
- Gracias – intentó sonreír, pero se veía a leguas que era forzado.
Un incómodo silencio se apoderó del cuarto. No entendía qué era lo que hacía allí y nadie parecía tener intenciones de contárselo. Flavius pareció recordar todos los modales que se gastaba porque las invitó a sentarse y les preguntó si querían algo.
- Todavía me quedan golosinas de cuando fuimos a Hogsmeade – dijo guiñándole un ojo cómplice a Avril.
- No me apetece nada, gracias – respondió con una sonrisa.
- Yo tampoco – declinó Lily.
Avril pensó en las atenciones de Flavius. Era un chico encantador, bueno, amable y muy guapo. Y a pesar de todas sus cualidades, no había sentido ni por un instante, la mitad de lo que Sirius le provocaba con tan solo decir dos tonterías.
Solo de pensar en lo que le dijo el otro día hizo que volviera a sonrojarse. Sería desvergonzado el muy cretino. Cuando volvió a verlo más tarde aquel mismo día, no le dejó decir nada, antes de darle un buen guantazo en el primer sitio que pilló.
- Avril… - Andrew fue el primero en romper el silencio y en hacerla volver a la realidad – Yo... ¿son verdad todos los rumores que dicen de ti?
Sonaba realmente compungido, pero la pregunta extrañó tanto a Avril que la hizo fruncir el ceño en respuesta. No entendía a donde quería llegar.
- Depende ¿Qué rumores?
- Andrew, sólo pídeselo ya – le dijo Marlene a su lado posando una mano sobre su hombro.
- ¿Qué está ocurriendo aquí exactamente? – preguntando a nadie en particular y a todos en general.
- Tu sabes luchar – aquello claramente no era una pregunta, sino una afirmación que hizo Andrew.
En aquel momento la puerta del cuarto se abrió y entró Frank Longbottom. Suspiró al ver a todos allí en el cuarto, pero no es que pareciera molesto en absoluto.
- ¿Así que al final se lo has pedido? – su voz grave y varonil sonó por toda la habitación.
- Todavía no – respondió Avril en lugar de todos, con los brazos cruzados sobre el pecho -. Pero me encantaría que lo hiciera para saber de qué va todo esto.
No todo el mundo nada más verla le preguntaban por sus habilidades en el campo de batalla. El hecho de que lo afirmara tan claramente, le hizo darse cuenta de que Marlene le había hablado de ella. De hecho, sus ojos la delataban. Cada vez que cruzaban la vista, los ojos castaños de Marlene decían que se sentía un poco culpable, pero que estaba segura de lo que había hecho. A cada momento estaba más y más intrigada.
- Quiero que me enseñes – dijo finalmente Andrew, con una fortaleza y seguridad que no había demostrado hasta ahora -. Marlene me ha contado algo sobre ti y los rumores…
- ¿Y los rumores qué? – se estaba poniendo en guardia.
Sintió la mano de Lily colarse entre sus brazos y sostener la de ella. Cuando miró sus ojos verdes y su sonrisa se calmó al instante. Debía serenarse. Seguro que estaba haciendo una montaña de un grano de arena.
- Has peleado contra más de un Slytherin a la vez – relató Flavius, que estaba de pie tras la silla de Avril, con las manos colocadas en el respaldo -, resultando vencedora en el enfrentamiento; luchaste contra Dolohov y también salvaste a Mary de la maldición de Mulciber.
- Creo recordar, que Dolohov me dio una paliza y con Mulciber acabé dentro del lago. Ni siquiera pude devolverle el golpe.
- Y a pesar de todo – dijo entonces Frank con una sonrisilla en los labios. Se había sentado en una silla y colocado los pies sobre la cama, con los brazos cruzados a la altura del pecho -, sigues mirándoles como si fueran gusanos. Sabes enfrentarte a ellos y contrarrestar sus ataques. Fuiste capaz de liberar a Mary de un Imperius y además sabes crear un Patronus. ¡Joder un Patronus! ¡A tu edad!
Y seguía sin enterarse de lo que querían de ella. ¿Pensaban hacer alguna broma y querían que ella participara? Imposible, eso era más propio de los Merodeadores.
- ¿Y qué con eso?
Lily negó con la cabeza, viendo que no se enteraba de nada y Marlene, con mucha menos paciencia, saltó de la cama y dijo por fin las cosas claras.
- ¡Qué le enseñes Avril! ¡Quiere que le enseñes!
Hizo su mayor cara de comprensión cuando escucho aquello. Ahora todo tenía algo más de sentido. Andrew había perdido a su tío, por culpa de un loco desquiciado que deseaba poder. Seguramente, eso hizo que como ella en su tiempo, decidiera tomar cartas en el asunto y aprender algo que fuera de utilidad allí fuera.
Pero ella no podía darle lo que quería. Y mucho menos se lo daría si sus intenciones eran las de ir como un loco de cabeza al suicidio, buscando a Voldemort para matarlo. Puede que estuviera enfadado, pero nadie, ni siquiera ella, se tomaría algo así tan a la ligera.
- Ya entiendo.
- Entonces, ¿me enseñarás? – preguntó con el rostro esperanzado.
- No.
Y tal y como esperaba, Marlene estalló.
- ¿¡Por qué!? ¡Avril necesita ayuda! – gritó señalándole -. ¡Además de que te lo ha pedido! ¡Y no te supondrá un gran reto, es buen estudiante! ¡Tampoco creo que te cueste tanto enseñarle a defenderse!
- No tiene nada que ver con eso – ella seguía tan tranquila en su silla, con la mano de Lily aún sujeta -. De hecho, él ni siquiera me lo ha pedido.
- En eso tiene razón – dijo Frank.
- ¿¡Pero tú de qué lado estás!?
- Del de la razón – contestó simplemente.
- Además, para aprender a defenderse, ya está la clase de DCAO.
- En Defensa no nos enseñan un patronus así como así – trató de convencer Flavius.
- No es esa la razón de Avril para negarse – dijo entonces Lily -. Lo siento Andrew, pero no te has explicado bien. No le has dicho el por qué quieres entrenarte y… Avril no piensa hacerlo si tus intenciones son las de vengarte.
Ella sonrió al escuchar las palabras de su mejor amiga. Nadie era capaz de leerla como Lily. Siempre entendía y sabía cómo se sentía aunque no conociera las razones. Podía leer toda emoción en ella con tal claridad, como si leyera un cuento infantil.
- ¿Cómo te sientes ahora mismo Andrew? – preguntó entonces y antes de que Marlene contestara por él, le mandó una mirada de advertencia -. ¿Qué sientes cuando piensas en lo que ha ocurrido? ¿Odio, enfado, miedo?
- No, nada de eso, yo… - Avril lo cortó antes de que siguiera hablando, pues iba a meter la pata.
- Sí sientes odio. Es normal sentirlo. De no ser por ese odio, jamás habrías recurrido a mí. ¿Qué más?
Todos escuchaban la conversación sin interrumpir. Frank cambió su postura relajada y apoyando los pies en el suelo se inclinó hacia adelante, interesado en la conversación. Avril Grimm era todo un misterio y él no era tan estúpido como para no verlo.
- Sí lo odio. Odio lo que ha hecho – profirió con el ceño fruncido, descargando todo lo que sentía -. Odio lo que está haciendo. Mi tío era un buen hombre, ¿sabes? Todos los veranos, me iba a su casa en la playa y junto con mis primos íbamos a pescar a las rocas. Él supo antes que nadie lo que yo era y en vez de darme la espalda, como intentaron hacer otros de la familia, me hizo darme cuenta de lo genial que es la magia. ¡Por supuesto que odio a quien lo mato! ¡Odio que lo mataran a él y a mi tía! ¡Mis primos tenían solo diez años! ¡Diez! – se levantó de la cama, con lágrimas corriendo por sus mejillas y la furia marcada en sus ojos -. ¡Y no los salvé! ¡No estaba allí para salvarlos! ¿¡De qué me sirve tener magia si no puedo salvar a quien quiero!?
Y todo porque ella había provocado su ira. Porque ella había destruido el horrocrux junto con Dumbledore.
- ¿Tienes miedo? – preguntó entonces.
Tardó un minuto en contestar. Pero ella no repitió la pregunta y nadie hizo nada por hablar.
- Sí.
- ¿De qué?
- De ser un inútil. Tengo miedo de quien-no-debe-ser-nombrado. Tengo miedo de no poder proteger a mi familia, de no llegar a tiempo – su voz se quebró y sonó algo más aguda -. Por favor Grimm. Sé que tú ya te has enfrentado a algo similar. Ayúdame.
Avril lo pensó. Sabía perfectamente cómo se sentía el chico. Esa impotencia, esa frustración. Todos en el cuarto tenían la cabeza gacha. Nadie despegaba la vista del suelo.
- Te habría mandado a paseo si me decías que no tenías miedo… o si ese miedo fuera sido el motor que te mueve – de repente todo el mundo la miró con una expresión de sorpresa. Ella siguió relatando, como si fuera la chica muggle del tiempo -. El miedo es bueno, pero solo en dosis adecuadas, si tienes mucho, este te lleva a cometer graves errores. Te hace traicionar tus principios. Con el odio ocurre más o menos lo mismo, pero veo que no tienes tu mente confundida y sabes lo que quieres.
- Lo he pensado mucho. Esto solo está comenzando y no tiene pinta de que se vaya a detener pronto. Quiero poder enfrentarme a ello sin dudar.
- Eso está bien, pero te aviso de algo Andrew Gage. Nunca, y digo, nunca – su voz era dura y su expresión verdaderamente seria -, podrás compararte a él. Da igual lo mucho que entrenes. No importa lo que te esfuerces. Voldemort siempre será mejor.
Un escalofrío generalizado recorrió a los allí presentes. Avril vio en los ojos del chico, cómo mataba cualquier idea u optimismo acerca de vengarse. Eso estaba bien. Sonrió con suficiencia cuando notó que todos estaban incómodos ante la mención de su nombre.
- ¿Te importaría no nombrarlo? – preguntó Marlene.
- ¿Te molesta? – Avril no borró la sonrisa de su cara.
- No bromees Grimm – pidió Frank, pero con ese vozarrón, más parecía una orden.
- Está bien, pero acostumbraos.
Esta vez fue el turno de Lily de levantarse y sujetarla de la coleta que llevaba, tirando de ella.
- ¡Ay! ¿Y eso por qué?
- ¡Por temeraria, imprudente y estúpidamente valiente! No deberías tomártelo tan a la ligera.
- No me tomo a la ligera este tipo de cosas. Si lo hiciera, probablemente ya estaría muerta – como nadie supo contestar, decidió que era hora de irse a acabar pociones -. En fin, yo me largo ya.
- ¡Espera! ¿Entonces cuando…?
- Oh, eso. Después de las vacaciones de verano – dijo como si nada.
- ¿¡Qué!? – gritó Marlene, pero se ve que todos pensaban igual -. ¡Dijiste que ibas a enseñarle!
- Pero no dije cuando. Además, ahora estoy ocupadísima estudiando para los TIMO – y ya había pasado por una experiencia similar cuando tuvo que entrenar con el Ejército de Dumbledore y estudiar para esos exámenes al mismo tiempo. No pensaba repetir la experiencia.
- En ese caso te ayudo a estudiar a cambio. No quiero ser una interferencia en tus estudios y haces esto de forma altruista…
- Lo dices como si te estuviera dando limosna – dijo Lily.
- No es necesario. De todas formas ya te digo que ahora no tengo tiempo. Será después de vacaciones y no se hable más.
- ¡Pero hasta entonces…!
- Hasta entonces – interrumpió -, te aconsejo que te apliques como nunca en Defensa. Aunque empezara a entrenarte ahora, no te serviría mucho en nada – entonces, dirigió su mirada al resto -. Si acuden a tu casa, y esto va para todos, en vez de enfrentarte a ellos, lo mejor que puedes hacer es coger a tu familia y huir. Son más y más fuertes que tú. Intenta plantarles cara y estás muerto – justo se giró para salir del cuarto, cuando recordó algo más -. Mi consejo es que apruebes los exámenes de Aparición y con sobresaliente. Eso sí que podría salvaros la vida.
Y sin decir una palabra más, se largó del cuarto para terminar el dichoso trabajo.
- Realmente sabe de lo que habla – aquellas palabras de Frank, fueron las últimas que se comentaron sobre el tema.
...
..
.
Volvía por los pasillos a oscuras de Hogwarts, dando saltitos de alegría, como si tuviera cinco años. ¡Por fin una buena noticia! ¡Dumbledore había conseguido el anillo! Aquello era simplemente fantástico. Su buen humor iba en aumento a pesar de que todavía le dolía los ataques que Voldemort hizo.
El Departamento de Aurores ahora se había puesto las pilas y estaban más en alerta que nunca. Molly le decía en sus cartas, que sus hermanos estaban muy ocupados ahora pero que daba gracias a que estaban bien.
Había hablado con el director sobre la fecha de la destrucción del Horrocrux, pero dijo que prefería esperar un poco, hasta conocer exactamente el paradero del siguiente objeto. Había puesto ahora todo su interés por encontrar la copa, que en su tiempo, había permanecido en la cámara acorazada de Bellatrix Lestrange.
La cosa estaba en averiguar si ya tenía la suficiente confianza en ella como para hacer que la escondiera ahí o la tenía en otro sitio. Además, seguramente ahora doblaría sus protecciones.
Por otro lado, a ella le estaba metiendo prisa para conseguir los recuerdos de Slughorn. Los estaba dejando bastante de lado y tenía que ponerse las pilas. Realmente no sabía qué necesidad había de conseguirlos a estas alturas, teniendo en cuenta que ya habían destruido un horrocrux y que era claro que ahí residía toda amenaza. Pero tampoco le cuestionó su autoridad y se comprometió a conseguirlo, asique… no quedaba de otra.
Miró la portada del libro que llevaba consigo. Lo había encontrado en el escritorio de Dumbledore y se lo había pedido prestado. Se llamaba Hocico Peludo, Corazón humano y el autor era anónimo. Según Dumbledore, contaba la desgarradora lucha de un humano contra la licantropía y lo recomendaba encarecidamente.
Cuando entró en la Sala Común lo primero que le llamó la atención fue la chimenea encendida. Era muy tarde para que hubiera alguien allí, pero efectivamente, ese alguien era Sirius Black.
- ¿Qué haces aquí? – estaba metido de lleno en la revista que le regaló después de Navidad y pegó un brinco del susto.
- ¡Joder Avril! ¿Qué ha sido de los zapatazos o la tos seca? ¡Casi me matas del susto!
- Perdona, olvidé que eras propenso a los infartos – ironizó.
- Bueno, está bien – se levantó y se acercó a ella en un par de pasos -. Me das un beso y estamos en paz.
- Prefiero que no me perdones.
- Que poquito me quieres – puso su mejor cara de cachorrito -. ¿Ni uno chiquito?
- Que te lo de James – se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, negándose a dejarse encandilar.
- Ese está sopa – siguió la mirada de ella, pensando qué tendría de interesante el cojín encima del sofá.
- ¿Y tú por qué no? – rápidamente volvió al lugar que había ocupado antes, intentando evitar su mirada.
- MehepeleadootravezconLunático – dijo súper rápido y en voz baja.
- ¿El qué?
- MehepeleadootravezconLunático – repitió un poco más alto.
- ¿Qué te has meado en el cuarto? – aquello no tenía ni pies ni cabeza.
- ¡Que me he peleado con Lunático! – aclaró con rapidez.
¡Ah! – ahora tenía más sentido -. ¿Otra vez? ¿Por qué?
- Sí – respondió enfurruñado y encogiéndose más en el sillón -. Qué más da. Últimamente no podemos ni mirarnos sin que uno de los dos explote.
- Oh Sirius – fue a sentarse a su lado con desgana -. Tenéis que arreglarlo ya. Lleváis siendo amigos mucho tiempo y no me gusta veros peleados.
- Ya bueno, lo he intentado, pero no quiere escucharme – jugueteaba con las páginas de la revista -. Y ahora no puedo entrar en el cuarto.
- ¿Por qué?
- Remus le ha puesto un hechizo repelente – Avril formó una "o" con la boca, entendiendo -. No podré cruzar esa puerta hasta mañana… o vete tú a saber cuándo. Y James solo me ha deseado las buenas noches.
James era el mejor amigo del mundo, pero tampoco estaba dispuesto a renunciar a su cama así porque sí, teniendo en cuenta que tampoco había necesidad de ello. Se quedaron un rato callados, hasta que Avril pensó que lo mejor era cambiar de tema y tratar de animarlo un poco. Pasó casi una hora, en la que ambos rieron de tonterías y se contaban otras cuantas.
- Bueno Sirius, es muy tarde ya – un bostezo delató el sueño que tenía -. Vamos a dormir.
- Irás tú, dudo que este sofá me deje dormir tranquilo – lo palmeó como si fuera un viejo amigo.
- Vamos sube conmigo – la perplejidad en el rostro del chico resultaba cómica -. No me hace gracia que pases la noche aquí.
- ¿Me estás invitando a tu cama, Grimm? – preguntó con una sonrisa insinuante -. Sabía que no podías resistirte mucho más a mis encantos – empezó a acercarse a ella despacio -. Puedo enseñarte las cosas que…
- Retiro mi oferta – dijo levantándose a toda prisa y corriendo hacia las escaleras.
- ¡No espera! ¡Te quiero… digo… lo siento, era una broma! – se le había escapado la frase automática de cuando una chica despechada quería marcharse. Tampoco es que ellas creyeran realmente el te quiero, así que lo utilizaba indiscriminadamente -. Te prometo que no haré nada estúpido, pero no me dejes aquí solo.
- Como si fuera la primera noche que pasas aquí – dijo rodando los ojos.
- Pero ahora de verdad quiero dormir contigo – su sonrisa era todo lo inocente que podía ser tratándose de él -. Y te prometo que estas no harán nada.
Alzó sus manos en referencia, dándoles además u golpecito a cada una, demostrando que las mantendrá a raya. Para colmo, puso su cara de cachorrito perdido y se arrodilló, abrazándose a sus piernas.
- Por fa Avril, cásate conmigo.
- ¿Pero de qué…?
- Perdona, no he podido resistirme – empezó a reírse de su propio chiste y a ella no le quedó otra más que aceptar dejarlo subir con ella.
- De acuerdo, pero compórtate – inmediatamente, Sirius se transformó en perro para empezar a subir las escaleras -. Verás mañana por la mañana cuando las chicas te vean allí.
Avril le abrió la puerta para que pasara y cuando comprobó que todas estaban durmiendo, volvió a su forma humana. Rápidamente se metió bajo las sábanas de su cama, mientras Avril iba a toda prisa a cambiarse al cuarto de baño. Cuando volvió, la ropa de Sirius estaba tirada de cualquier forma sobre la silla y él se encontraba leyendo el principio del libro que Dumbledore le había prestado.
- ¿Te has quitado toda la ropa? – preguntó en un susurro.
- Claro, no quiero que se me arrugue – respondió con una sonrisa de suficiencia. Estúpido y sensual Black.
- Pues si la dejas así, tirada como si nada, dudo que para mañana esté precisamente estirada – regañó mientras la colocaba bien sobre la silla. Se relajó al ver, que al menos los calzoncillos se los había dejado puestos.
- Vamos Avril, ven aquí ya – palmeó a su lado.
Su cama individual se veía verdaderamente pequeña cuando él estaba ahí subido. Empezaba a arrepentirse de haberlo invitado al darse cuenta de que tendrían que dormir muy juntos.
- Podrías haberte dejado los pantalones al menos – su cara se tiñó de rojo nada más decirlo. Sirius amplió su sonrisa, sabiendo que la estaba poniendo en un apuro.
- Son muy incómodos. Ahora ven ya, que las vas a despertar a todas.
Resignada, apartó las mantas y se metió a su lado. El color rojo no desaparecía de su cara y estaba segura de que el muy tonto lo había notado.
- ¿De dónde lo has sacado? – se refería al libro.
- Me lo prestó Dumbledore – entonces se le ocurrió una idea -. Vamos a leerlo juntos.
Sirius alzó una ceja y daleó su sonrisa, marcando sus rasgos y viéndose terriblemente sexy. ¿Por qué la naturaleza tenía que haberle dado tanto poder visual?
- ¿Ya estás pensando la siguiente excusa para estar conmigo? ¿No te vale con tenerme a tu entera disposición aquí en la cama? – recibió un guantazo que sonó con fuerza por el cuarto, haciendo que Lily se removiera en su cama -. Vale, lo pillo, me callo. Pero sí, me parece bien que lo leamos, si quieres.
- Eres idiota.
- Ese insulto está ya muy repetido, prueba otra vez.
- Duérmete – se echó las mantas por encima y le dio la espalda en la cama.
Sirius soltó el libro sobre la mesilla y se pegó a la espalda de Avril, adaptando su cuerpo al de ella, pasando el brazo por su cintura, oliendo su pelo. Sintió los latidos acelerados del corazón de Avril contra su pecho, sintió el calor que emanaba de su cuerpo y sonrió complacido. Besó su nuca suavemente y se alzó para besar su cuello.
- Dijiste que no harías nada – dijo de repente, dándole un codazo en el estómago.
- Ay – tuvo la delicadeza en quejarse susurrando -. Dije que mis manos no harían nada. No dije nada de mis labios o...
- Todavía estoy a tiempo de mandarte de vuelta a la sala común.
- Ya me estoy quieto. Buenas noches Avril.
- Buenas noches – respondió de mal humor.
Cuando ya apenas sentía la realidad como era, cuando el sueño prácticamente la había reclamado por completo, escuchó un susurro, una voz, dándole las gracias.
...
..
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- ¡Avril Grimm! – el chillido sonó tan agudo, que "despertar de un sobresalto" no era suficiente para describirlo -. ¡Quiero una explicación ahora mismo!
- Joder McKinnon, acabas de provocarme un dolor de cabeza inimaginable – murmuró Sirius con la voz ronca por el sueño y apretujándose de nuevo contra Avril.
- ¿Se puede saber qué estás haciendo aquí? – fue el turno de preguntar de Lily. Con todas sus energías los destapó de un solo tirón -. ¿¡Por qué está desnudo!?
Sus tres compañeras de cuarto se dieron la vuelta o se taparon los ojos con las manos. Con lo calentita y cómoda que estaba y ahora tocaba explicar aquello. Le daba tanta pereza. Sirius empezó a reír y la abrazó más contra él, escondiendo la cara en el cuello de ella.
- Bueno, es que… - un bostezo la interrumpió, antes de poder seguir hablando -. Lo encontré anoche en la Sala Común y me lo traje aquí.
- ¡Oh perdona! Eso lo explica todo – dijo Lily dándose la vuelta y tapándose los ojos al ver que Sirius seguía en las mismas fachas -. ¡Por favor que alguien lo tape!
- ¡No puedo creer que lo hayas traído aquí para… para…! – a Marlene se le atragantó la palabra.
- ¿Tener sexo? – preguntó muy bajito Mary y con la cara toda roja.
- ¡Exacto! Podrías avisar al menos.
- ¿Es que acaso te gusta mirar, McKinnon? – Marlene le pegó varias veces con la almohada, dándole un repaso también a Avril, haciendo que ambos se rieran.
- ¡Y tú no te rías! – gritó Lily a Avril. La sujetó del brazo y tiró de ella para sacarla de la cama.
Obligaron a Sirius a que se vistiera, encerrándolo en el cuarto de baño con su ropa y de mientras hicieron que Avril se los contara todo.
- ¿Entonces no lo habéis hecho? – preguntó con cierta desilusión en su voz.
- ¡No! ¿Cómo se te ocurre Marlene?
- Ah pues no sé – levantó las manos, como diciendo que ella no era de las que juzga. Ja -. Hay gente a la que les pone que puedan pillarlos.
- Pues no quiero que se repita – dijo Lily -. Terminantemente prohibido traer chicos al cuarto a partir de ahora.
- ¿Y yo cuento como un chico? – preguntó Sirius saliendo del baño -. Pensaba que me tenías en la categoría de los monos o los perros. Como a James.
- Y sobre todo prohibida la entrada a estos – reiteró señalándolo con un dedo.
- Oh, vamos, solo ha dormido, tampoco es para tanto – defendió ella.
- ¿Has olvidado lo que nos hicieron la última vez que estuvieron aquí?
- ¿Nunca me lo vas a perdonar, Marlene? – preguntó Sirius haciendo un puchero y pasándole el brazo por los hombros.
- Aparta esas zarpas aprovechado – se lo quitó de un manotazo y después corrió a esconderse tras Mary.
- Menudo genio – entonces se acercó a Avril y le zampó un beso en la mejilla -. Bueno cariño, me tengo que ir. La mejor noche de mi vida. Te veo en el desayuno.
Y logró salir por las puertas de la habitación antes de que cuatro almohadas dieran en su objetivo. Lo último que se escuchó de él, fue un grito inesperado mientras se deslizaba por el tobogán en el que se habían convertido las escaleras.
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Muuyyy bien. Ya está por esta semana. Lamento la espera. He pasado el fin de semana en una casa rural con unos amigos, donde no tenía el portatil ni internet y para colmo el capítulo no estaba preparado. De echo, solo le he echado un vistazo por encima, así que a lo mejor encontráis algún error ortográfico o de expresión.
En fin, espero que os haya gustado. Quiero comentariosss, quiero saber qué os ha parecido, parte favorita, etc, etc...
Por cierto, para los más desesperados, en el próximo cap tenemos hay reconciliación... no digo más.
Un kiss
Debyom.
