Lo siento, lo siento, lo siento. No sé cómo disculparme por el retraso en actualizar. Desde que he empezado la universidad no tengo apenas tiempo para escribir, ni siquiera episodios tan cortos. Además, debido a tantos trabajos y estudios, la inspiración está de vacaciones porque acabo tan cansada que pensar en esto es lo último que me apetece.

Prometo actualizar cuando pueda, el fic no lo voy a abandonar ni nada así, solo espero que tengáis paciencia :(


Las flores de cerezos caen sobre el suelo, cubriéndolo de una espesa y esponjosa capa en tonos rosáceos y blanquecinos. Es un paisaje esperanzador y que, al mismo tiempo, nos recuerda todo aquello que hemos perdido. Sin duda, transmite una sensación de paz y sosiego que pretende embargar mi corazón, a pesar de que ya ni siquiera sé que pensar o qué creencias mantener. Tu mano cálida rodea mi cintura, mientras, posado detrás de mí, contemplas la misma estampa desde la ventana de mi despacho. Besas despacio mi cabello y yo inclino ligeramente mi cabeza para que se apoye en tu mejilla. Hemos avanzado mucho en los últimos meses. Se diría que nuestra relación se ha reforzado hasta límites que imaginé inalcanzables, y de vez en cuando no te presentas reacio a muestras de cariño en privado. Has aprendido a ser más espontáneo y un poquito más libre, a quererme más y mejor. Por supuesto, seguimos insultándonos, continúo acosándote y sacándote de tus casillas si tengo oportunidad, y tú te enfadas y me asesinas con la mirada. La diferencia es que ahora, solucionamos los problemas a besos y esto está bien. Muy bien.

Diría que soy feliz y que hemos superado un gran escollo, pero sería mentirme a mí mismo. La insistencia de la guerra que nunca termina es suficiente para mantenerme alerta e incapaz de relajarme. Eso unido a la impaciencia de Kureto respecto al uso del máximo potencial de los demonios, está consumiéndome por dentro. No quieres hablar de ello, pero sé que te estás sometiendo a un entrenamiento extra para dominar a Mahiru. Y me aterra. Me da pánico perderte, que te hundas en esa alma corrompida, sedienta de odio, muerte y venganza, que no regreses.

Acaricio tus finos dedos. Siento tu respiración junto a mi oído. Tan cerca y a la vez tan lejos. Esa distancia que percibía al principio se ha acortado, mas demasiados temas permanecen sin poder ser mencionados, y Mahiru es un tabú. Me muero por preguntar, por saber qué sucede, qué pasa por tu mente, si puedo ayudarte. Debes percibir esa inquietud, porque me abrazas y pegas contra tu pecho. Nuestras miradas siguen fijas en el cerezo y su lenta procesión de pétalos. Trato de serenar mi corazón y mis dudas; sin embargo, en este mundo que nos ha tocado compartir hasta la acción más sencilla requiere un gran esfuerzo. Escucho unas voces chillonas y cantarinas, y Shinoa y su séquito pasean justo bajo nuestra atención. El duro cristal nos separa de ellos y aun así nos alcanzan sus risas. Como viene siendo habitual, Kimizuki se está burlando de Yuu y Mika intenta defenderlo igual que una madre protegiendo a su cachorro. Eso me saca una sonrisa, puesto que considero que hacen una pareja envidiable. Aunque sus sentimientos no sean oficiales, no soy tan tonto y percibo a kilómetros el inmenso amor que se profesan. Tú también lo sabes por mucho que reniegues de él. Ya lo has comprobado en tus propias carnes, cuando te enamoras, no puedes escapar de esa condena. Durante unos minutos, se les ve felices, distraídos, ajenos al mal que nos acecha en cada esquina, y yo me siento puro y joven solo de contemplarlos. Inocentes y expertos en el dolor al mismo tiempo.

Me hundo poco a poco en esas ganas de protegerlos y sé que estás hundiéndote a mi lado. En estos instantes, logro entender ese afán de superación al que te aferras día a día, esas ganas de ser tú el que mandas y el que tienes el control de la situación. Es complicado para mí perdonarte ciertas cosas, las muertes que arrastras a tus espaldas de las que eres culpable indirecto. No obstante, percibo tus ojos amatista palpitando detrás de mí, ansiosos en ese afán por cuidar de aquellos que te importan y por los que sacrificarías lo que hiciera falta. Y aunque comprendo por qué luchas contra tus demonios interiores y por qué sigues las órdenes de Kureto a este respecto, no puedo evitar que se desentierre el miedo más profundo.

-Ellos son la esperanza –susurras en un tono tan quedo, que creo que me lo he imaginado.

La calidez de tus manos me traspasa. Trago saliva y me prometo que seré paciente, que procuraré confiar en ti y en tus decisiones y apoyarte en todas ellas. Quieres lo mejor, quieres que, efectivamente, ellos sean la esperanza. Yuu se resbala el mar de hojas y Mika le tiende la mano, ocultando una sonrisa divertida, para que se incorpore. El moreno lo hace, completamente sonrojado, y su cariño se me contagia.

Me giro y cojo tu cara entre mis dedos, sorprendiéndote. En efecto, el fuego ruje en tus pupilas, decidido, sacrificado. Y no puedo más que tener fe y asumir que Mahiru es un rescoldo necesario en nuestro futuro y que darás tu alma por salvarnos a todos.

Y quizá por eso te amo.