Hoollla mis princesas!
Espero que todas hayáis tenido una buena semana. Aquí vengo a dejaros otra entrega del fic... a ver que pensáis... ya sabéis... quiero teorías jejejejejej...
Sin poco más que añadir, os dejo con el capítulo.
Espero que os guste... nos leemos abajo ;)
Capítulo 35: Desplegando los tentáculos
Triberg, Alemania; 27 de abril de 1943...
Con un suspiro de paciencia, Jasper Whitlock se frotó sus ojos, agotados como estaban de leer tantos mensajes que iba recibiendo de muchos de sus colaboradores. Llevaba casi dos meses en suelo germano, rastreando el paradero de muchos de los integrantes de la Organización.
Por suerte, algunos de sus más estrechos colaboradores habían conseguido ponerse a salvo, y ahora junto con Carmen y Eleazar, esperaba a Jacob Black y a una Leah Clearwater llena de sed de venganza por la muerte de su hermano Seth; Gianna y Demetri también habían llegado a Triberg. Pero aunque no había salido un solo nombre de los que habían sido capturados, muchos buenos amigos se habían quedado en el camino, bien porque la sospecha se cernía sobre ellos y el propio Jasper les había pedido que se mantuvieran a la sombra y de desvincularan de todo lo referente a la Organización, o personas como Billy o Heidi, que también habían sido apresados y ejecutados de manera fulminante, sin ningún derecho a réplica. Ahora esperaba paciente a que lo que quedaba de su equipo se reuniese con el y el resto en ese espeso paraje del suroeste del país.
La noche oscura se cernía en ese recóndito y escondido pueblo que, según decían algunas leyendas, el nombre de Selva Negra se debía a los frondosos bosques de abetos que la conformaban. Jasper recordó leer en algún libro de historia que, en los tiempos del Imperio romano se le había dado ese nombre a la región, ya que la oscuridad y la espesura de esos bosques había que transitar por ellos al anochecer fuera una tarea prácticamente nula, y una buena vía de escape para forajidos y ladrones.
Forajidos como el mismo o las personas que cooperaban bajo su dirección. Recordó con una pequeña sonrisa como su señorita Brandon, en su última visita, le había comparado con el legendario Robin Hood, aquel inglés de leyenda que robaba y extorsionaba a los ricos o gente poderosa para ayudar a los pobres. El se había divertido con esa comparación, pero su corazón de derritió cuando ella le confesó que leía ese cuento a sus pequeños muchas noches después de acostarlos, queriendo hacer entender a sus infantiles e inocentes mentes la gran labor que desempeñaba su padre.
Sus pequeños, su señorita Brandon... cuanto los echaba de mens.o Había tomado una decisión, y en cuanto sacara a Edward de ese infierno, disolvería la Organización. Pagaría con creces a sus buenos amigos por toda esa desinteresada y humanitaria labor y les pediría que se pusiesen a salvo, lejos del peligro y de las ideologías de un lunático que pasaría a la historia, lamentablemente, no por nada bueno que hubiera hecho. Le dolía no poder seguir con ese plan tan meticulosamente organizado para poder salvar miles de vidas, pero ahora no podía presentarse en los campos y adquirir obreros para sus fábricas.
Una vez en Gran Bretaña, y después de pedir rabino Swan el consentimiento para casarse con Alice Brandon, se trasladaría a Londres. Allí se pondría al servicio del Ministerio de la Guerra, y poder seguir ayudando, aunque fuera en la distancia, a que todo este conflicto se resolviera. Para su suerte, sus cuentas bancarias no habían sido interceptadas, y todavía disponía de medios para llevar a cabo la última gran misión de la Organización. Su corazón y conciencia estaban tranquilos de esa manera, la promesa silenciosa hecha a su madre seguiría haciéndose realidad.
Unos golpes en la puerta le sacaron de sus reflexiones; cuando dio el consentimiento, Eleazar y Demetri entraron seguidos por el sargento Jacob Black, al que rápidamente se apresuró a dar la bienvenida con un cálido abrazo.
-Mi buen amigo- susurró Jasper -me alegra que estés a salvo.
-Han sido meses duros y complicados- respondió el joven moreno, alto y fuerte; parecía menos serio e intimidante sin su uniforme de las SS -por suerte, Berlín aprobó mi cambio de destino sin levantar sospechas y pude abandonar Dachau sin problemas; Quil sigue allí, y muy pronto partirá hacia el frente.
-Es un soldado nato- sonrió Jasper a la mención del joven integrante de la Organización -la resistencia necesita de hombres como el.
Lo es- afirmó Jake, tomando asiento, gesto que fue imitado por Eleazar, Carmen, Gianna y Demetri. Las mujeres colocaron varios platos de comida, y varias botellas de vino y cerveza a modo de cena.
-Supongo que os han llegado las noticias de Varsovia- sacó el tema Jacob; hace apenas unos pocos días, el 19 de ese mes, las tropas nazis habían atacado el mismo gueto del que había salido Charlie Swan, para reclutar a nuevos prisioneros para los campos. Los judíos intentaron defenderse, pero nada pudieron hacer para detener la masacre que resultó. Más de 56.000 judíos habían perecido en el intento por defenderse en lo que ya se conocía como La rebelión del gueto de Varsovia.
-Lo hemos escuchado- le confirmo Demetri; era cuestión de tiempo que hicieran algo así.
-Tuvimos suerte de poder sacar al rabino Swan de ahí- suspiró Carmen, visiblemente aliviada. Jasper se mantuvo en silencio, pero para sus adentros daba gracias de que así hubiera sido.
-Al menos las noticias llegan desde Túnez son buenas- habló ahora Eleazar -la resistencia ha logrado la retirada de los nazis.
-Es un buen avance- aprobó el señor Whitlock, dando un sorbo largo a su cerveza -pero esto no está resuelto, ni mucho menos- negó frustrado con la cabeza.
-Hay rumores de la muerte del almirante Yamamoto- siguió relatando Black, cambiando completamente de tema -parece ser que los cazas norteamericanos interceptaron su avión sobrevolando Bouganinville, y ha fallecido en combate.
-Un enemigo menos- exclamó Gianna; Yamamoto fue el impulsor del ataque sorpresa a Pearl Harbour el 7 diciembre de 1941; aunque al principio trató de oponerse a la firma del tratado militar entre Japón y Alemania, finalmente resultó ser todo lo contrario.
-Y después están los bombardeos que la Luftwaffe esta lanzando contra suelo ingles- exclamó Carmen preocupada.
-Según el telegrama que he recibido de Paul, la zona donde está mi familia está a salvo- les informó el propio Withlock.
La cena transcurrió envuelta en un ambiente tranquilo, o lo más que podían estar, dadas las circunstancias en las que se encontraban. Una vez rodeados de tazas de café y copas del exquisito brandy francés que a Jasper le gustaba degustar con el, empezaron a discutir el asunto que más les urgía.
-¿Sabemos algo de Masen, cómo se encuentra?- interrogó el sargento Black.
-Todo lo que sabemos es que sigue vivo- contestó Demetri.
-¿Cómo habéis logrado confirmalo?- preguntó Jacob de vuelta.
-A través de nuestros contactos en Francia, hemos recibido una extraña misiva- Carmen sacó un pequeño papel, que Black estudió con detenimiento.
-Según lo que pide esta nota, quiere hablar con nosotros acerca la situación del teniente- musitó en voz alta.
-Lo firma como un tal Karl Von Kohlheim- añadió Gianna.
-¿Sabemos quién es este tipo?, ¿es alguien que se encuentra en el campo?
-Hemos hecho nuestras averiguaciones- respondió ahora el propio Whitlock -ese nombre no corresponde a nadie que esté dentro de mis muros del campo de Compiégne.
-¿Entonces quién es?, y ¿cómo podemos fiarnos?- seguía resoplando Jacob.
-Son las únicas noticias que tenemos de Edward de manera directa; no conseguimos introducir a ningún contacto en ese campo, así que de momento, nuestra obligación es poner esta carta en cuarentena- siguió explicando Demetri.
-¿Qué decisión vamos a tomar, con respecto a esto?- preguntó ahora Carmen -no podemos exponernos, y esto puede ser perfectamente una trampa bien urdida.
-Por el momento, Jacob, Demetri y yo mismo nos iremos acercando a la frontera, de manera cautelosa. Ese era nuestro plan inicial, y vamos a ceñirnos a lo que hablamos- habló Jasper, con tono decidido. Desde aquí no podemos hacer nada.
-¿Y si es una trampa?- interrogó ahora Carmen, con profunda preocupación en sus ojos.
-Nuestros colaboradores anónimos en Francia son muy cautelosos; además no pertenecen a la Organización de manera directa, como eran el capitán Aro Vulturi, Seth o Jared; si ese hombre pretende ayudar al teniente Masen, desde luego se ha tomado muchas molestias en contactar con nosotros.
-No podemos fiarnos- rebatió Black.
-Y no lo haremos- contestó Eleazar -el irá armado, pero nosotros también. Le obligaremos a que vaya a una pequeña reunión.
El pequeño grupo se quedó en silencio unos escasos minutos, pero conocían de sobra a su jefe para saber que estaba dispuesto a correr el riesgo. Ya habían perdido a varios compañeros, y muchos habían tenido que permanecer en las sombras, o seguir con su papel en los campos cual verdaderos oficiales de las SS para poder salvar sus vidas, lo último ordenado por el propio Jasper.
Ahora su meta era cumplir esa promesa que le hizo a Bella y al resto allí, en Inglaterra. No descansaría hasta que el teniente Edward Masen se encontrara sano y salvo.
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Compiégne, Francia; 14 de mayo de 1943...
Secándose el sudor que empapaba su frente, el teniente Edward Masen cargó sobre sus hombros otro enorme saco, lleno de piedras, para transportarlo a uno de los almacenes que se encontraban en la parte trasera del campo.
Había perdido la cuenta de los meses que llevaba ahí encerrado, y cada día sus esperanzas de que alguien viniera a ayudarle o que consiguiera salir del atolladero en el que estaba se disipaban. Por suerte, las torturas habían cesado; desde que tuvo esa visión, en la que vio a sus padres y a Bella, parecía como si eso hubiera sido el principio... el principio para que los golpes y vejaciones pararan. A veces parecía un completo lunático por pensar en esas cosas, pero ese sueño era lo único que lo mantenía con vida, esa extraña pero a la vez tan bonita visión.
Los oficiales y su padrastro parecieron darse cuenta de que no iban a sacar un nombre de sus labios, y puede que fuera por eso, o que simplemente les estuviera dando una patética pena. Después de varias semanas recuperándose, que no significó otra cosa que dejarlo encerrado en un agujero oscuro, maloliente y frío; la especie de sopa, que para el era solo agua hervida y con un color extraño, y el mendrugo de pan seco y duro como una piedra tuvieron que ser suficiente para alimentar su más que dañado cuerpo.
Después de esos días, fue trasladado a un barracón, junto al resto de los presos. Allí pudo comprobar de primera mano las condiciones infrahumanas en las que Bella y el resto de las miles de mujeres que habían pasado por Ravensbrück habían vivido. Acostado en una litera de madera, sin nada para poder resguardarse el frío.
La inmensa mayoría de los presos que estaban allí encerrados eran soldados de la resistencia que habían sido apresados en batallas; otros eran simples ciudadanos cuyas ideas políticas y sociales iban en contra del Tercer Reich. Había más de cinco mil hombres en ese campo, incluyendo a muchos extranjeros, pero desde el instante en el que puso los pies allí apenas habló con cuatro o cinco de ellos. No quería escuchar a nada ni a nadie, lo único que quería era encerrarse en su mente y perderse en sus recuerdos.
Hacía mucho que había dejado de volverse loco, y un pésimo sentimiento de desazón y resignación se habían apoderado de el. La imagen de su Bella le acompañaba de manera permanente, tanto en su cerebro como en su corazón. Se preguntaba como estaba, que estaría haciendo... si todavía estaba esperándole... era una tortura para su corazón no saber nada de ella. No tenía forma humana de comunicarse con ella, ni siquiera para decirle que viviera su vida y poder despedirse de ella; eso era lo que más le dolía.
-¡Tú!- sintió un pequeño golpe en su brazo. Al girarse se topó cara a cara con uno de los oficiales que más le habían golpeado al principio de su estadía -quedan todavía al menos treinta sacos de piedras, y los quiero en una hora en el almacén- Edward resopló para sus adentros; el sol ya se escondía, y llevaba desde que terminó el almuerzo con esa tarea -¿me has escuchado?- le habló de nuevo el oficial.
-Sí, señor- agachó la cabeza, intentando captar un poco de aire que llevarse a los pulmones.
Le dolían los pies, ya que las botas que protegían sus pies estaban llenas de agujeros y la suela era inexistente; sentía pinchazos intensos en los brazos y sobre todo el la espalda. Esos sacos al menos pesarían casi treinta kilos cada uno, y debía recorrer un buen trecho hasta que los depositara en el almacén. A poco kilómetros del perímetro del campo había una cantera de piedra caliza, y muchos de los presos trabajaban en ella de sol a sol. Para su interior, se preguntaba por que no le habían mandado a el allí, ya que el trabajo era mil veces más duro y pesado.
Desde el día que llegó no había vuelto a ver a Carlisle; no estuvo presente cuando le atizaban golpe tras golpe o prácticamente le ahogaban en ese barreño de agua fría. Tampoco supo nada de el durante el tiempo que permaneció encerrado, ni cuando fue trasladado con el resto de presos.
¿Tan cobarde era para no querer enfrentarle cara a cara?; el implacable capitán Cullen daba las órdenes, y luego se escabullía cual comadreja cobarde, delegando el trabajo sucio en otros. El propio Edward tenía asumido que iba a soportar su cara altiva y de burla... pero no, se mantuvo a las sombras, posiblemente regocijándose de la situación.
Rápidamente se dirigió de nuevo hasta donde estaban los interminables sacos de piedras... su espalda no soportaría otro golpe de algunos de los carroñeros oficiales. Sintió las esquinas punzantes de las piedras clavarse en su espalda, traspasando la rafia fina de los sacos. Tenía las piernas tan entumecidas que apenas podía dar tres pasos seguidos... pero tuvo que sacar fuerzas de donde no las tenía.
Con la imagen mental de esos ojos marrones que tanto adoraba, lentamente y paso a paso, siguió con la tediosa labor.
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Soissons, Francia; 2 de junio de 1943...
La lluvia recibió a Jasper Whitlock y a sus dos colaboradores a su llegada a esa pequeña población francesa. Habían realizado el viaje desde Triberg sin apenas sobresaltos, armados con identificaciones falsas, dispuestos a entrevistarse con ese misterioso hombre que decía tener información de primera mano acerca del teniente Edward Masen.
Soissons era una pequeña población, de apenas dos mil habitantes, en donde las casitas rurales rivalizaban con los antiguos castillos medievales. Un bucólico lugar, situado a una hora de París y que, posiblemente, fuese un lugar tranquilo y precioso para vivir. Pero por desgracia, el ala tenebrosa de la guerra se había cernido sobre la pequeña localidad. Estaban apenas a cincuenta kilómetros del campo de Compiégne, y los oficiales de las SS parecían que salían de debajo de las piedras.
Desde su llegada el día anterior no habían abandonado el hotel más que para comer y cenar en la pequeña taberna que se encontraba frente a este, discutiendo la forma en la que afrontarían esa reunión. Jacob Black todavía tenía sus dudas con respecto al plan, al igual que Demetri, pero iban preparados por si las cosas se complicaban y no dejar evidencias.
A las doce en punto de la noche, los tres hombres, ataviados con trajes oscuros y sombreros de ala ancha que cubrían la mayor parte de sus rostros llegaron al sitio que su contacto francés les había confirmado. Una casa abandonada a las afueras de Soissons, bastante alejada de núcleo urbano y con las paredes y el techo prácticamente desmoronándose.
Dentro sólo había una mesa y dos sillas, y la única luz provenía de la luna, filtrándose a través de los cristales. Un hombre se encontraba sentado, con las solapas de una gabardina negra levantadas sobre su cara, por lo que apenas se podían distinguir sus rasgos. Al igual que Jasper, Jacob y Demetri, un sombrero de fieltro cubría su frente y ojos. Tragando saliva de forma pesada, se adelantó para tomar asiento frente a ese misterioso individuo, con sus dos amigos cubriéndole las espaldas.
-Buenas noches- saludó el curioso anfitrión; el acento alemán era indiscutible.
-Noche desapacible- contestó Jasper -no acostumbro a hablar a las personas sin poder ver su cara- le dijo a modo de reproche, ya que el rostro de ese sujeto era irreconocible.
-Mi cara no debe importarles en absoluto, caballeros- fue la escueta respuesta -la persona que les mandó las noticias acerca del teniente Masen prefiere permanecer en un segundo plano.
-¿Cómo podemos fiarnos de su palabra?- interpeló ahora Jacob.
-Pueden cachearme, no llevo ningún arma encima- levantó las manos -pueden registrar la casa también.
Con un pequeño movimiento de cabeza por parte de Jasper, Demetri se adelantó para palpar los bolsillos y perneras de la ropa de ese hombre, todo ello sumido en la oscuridad. El hombre mantuvo su cabeza gacha todo el tiempo, por lo que apenas pudo vislumbrar parte del cabello que asomaba por su cuello. Jacob dio una mirada rápida a la estancia, pero al no ver mueble alguno a excepción de la mesa y las sillas, enseguida pudo comprobar que no había nada sospechoso.
-Bien, como puede ver, no hay peligro alguno- habló de nuevo esa voz, al cabo de unos minutos.
-Eso está bien- celebró Whitlock -vamos a dejarnos de rodeos- su tono de voz cambió a uno glacial -¿qué sabe usted a cerca del teniente Masen?
-Tranquilo, muy buen amigo- intentó aplacar los ánimos -puedo asegurarles que mi patrón solo quiere salvar a Masen se ese infierno- la frase, dicha con tanta naturalidad, dejó en jaque a los tres estupefactos hombres.
-¿Cómo dice?- le exigió Jasper, frunciendo el ceño -y le vuelvo a pedir que, por favor, se identifique.
-Usted tampoco lo ha hecho- contraatacó el rubio.
-Me gustaría poder estrechar personalmente la mano del cabecilla de esa Organización- habló el individuo misterioso, instándole a Whitlock a que dijera su nombre.
-Le haremos llegar sus saludos y buenos deseos, se lo aseguro- ni por asomo Jasper se iba a presentar a ese tipo.
-Cómo gusten, caballeros- alzó las manos -mi patrón tiene un contacto en el interior del campo- empezó a explicarse.
-¿Podemos saber la identidad de ese topo?- interrogó ahora Demetri.
-Sólo puedo decirle que es un oficial de las SS.
-No podemos fiarnos así, sin más- exclamó Jacob, perdiendo la paciencia.
-¿Acaso han sido atacados?- se explicó el hombre, dando un puñetazo encima de la mesa -a mi patrón le ha costado un triunfo y muchos miles de coronas poder ponerse en contacto con ustedes; creía que ustedes eran de fiar.
-Creo que nadie ha dicho lo contrario- refunfuñó Jasper -sin más circunloquios, amigo... ¿por qué quiere su patrón salvar a Masen?
-Eso se lo explicará esta carta que me ha ordenado darles en mano; deben hacérsela llegar a su jefe de inmediato... en el caso de que no esté presente en esta íntima reunión- Jacob se adelantó para tomar el grueso sobre color manila -en ella se explican los motivos, así como el plan que se llevaría acabo, en el caso de que aceptasen.
-Debemos estudiar minuciosamente ese contenido- habló ahora Demetri.
-Por supuesto caballeros... les damos dos días para pensarlo; si aceptan continuar, les cito aquí a la misma hora, pasados esos dos días.
Sin más palabras que un escueto adiós, y después de asegurarse de que nadie los seguían, Jasper Whitlock y sus hombres se dirigieron de vuelta al hotel; esa reunión había sido extraña, muy extraña... pero puede que no tuvieran muchas más alternativas; el acceso al campo era prácticamente imposible, y puede que en esas letras estuviera impresa la libertad de su buen amigo.
Gracias mis chicas, por acompañarme en esta aventura; a las que presionáis el botón de alertas y favoritos, a las lectoras silenciosas... a las que dejáis vuestras impresiones:
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Nicole... gracias por tus palabras, consejos, aclaraciones... no sabes lo que significa para mi que leas la historia.
A los rr anónimos, miles de gracias también. Animaros y dejadme vuestros correos, para poder contestaros y saludaros. Indiirytha, no se veía la dirección de correo. FF no lo muestra si lo pones todo junto, por eso no he podido responderte.
Un beso enorme, y nos vemos la próxima semana ;)
