Los personajes no me pertenecen son de NAOKO TAKEUCHI y la historia es de T. yo solo la adapto a SAILOR MOON.
***CONFIANZA***
DARIEN POV
― ¿Como le dices eso Esmeralda? ― pidió Zafiro, parecía molesto.
― Porque fue lo que recomendó Yaten y tú has decidido ignorar. Es lo mejor para el Zafiro, si él lo decide no podemos hacer nada, yo solo le di la opción.
― ¿Cómo lo cuidaremos si no está con nosotros? ¿Cómo sabremos si no esta recayendo o si está mal?
― Zafiro se que tienes miedo yo también lo tengo, pero si él no se arriesga no sabrá de lo que es capaz. Ya nos hemos equivocado suficiente por él, quizás el debe intentar tomar sus decisiones, ¿no lo crees?
― ¿Cómo puedes decírmelo tan tranquila? ¿Cómo me dices que es su decisión? ¿Ha caso el puede tomar una buena decisión? ― comento frustrado Zafiro.
― Lo que necesita es probarse así mismo que está bien, que es capaz de poder hacer su vida por su cuenta. Sin que nadie más intervenga.
Zafiro suspiro cansado. Sabía que había perdido la discusión.
Había escuchado su charla por casualidad hace tres días. Ninguno había dicho nada. Ni ellos ni yo. Quizás Zafiro tenía razón.
― ¿Pasa algo malo? ― pregunto Mina. Había ido a su repostería a pasar un rato. Sí, yo había salido de casa.
― No, ¿porque preguntas?
― Has deshecho tu pastel sin probarlo― respondió viendo el plato que estaba frente a mí. El pastel hecho migas pero entero.
― Lo siento… es que… tengo cosas en que pesar y ando distraído.
― Puedo ver eso ― dijo recogiendo el plato ― ¿podría ayudarte en algo? ― volvió a preguntar mientras hacía ademan de limpiar la mesa.
― ¿Cómo es vivir solo? ― Mina me miro extrañada durante un rato puso las cosas que cargaba sobre la mesa y se sentó junto a mí.
― No es fácil pero una vez que te acostumbras es bueno. Te demuestras a ti mismo que puedes vivir por tu cuenta.
― ¿Pero te gusta?
― A veces me siento sola. Pero creo que no será tu problema, yo no tengo familia, tu sí.
― No digas eso, tú tienes familia. Estoy yo y Sere y pues también… Yaten― mencione medio en duda.
Ella se sonrojo cuando lo mencione y supe que no había hecho mal.
― Gracias por eso. Pero igual, tal vez deberías hablarlo con Sere, ¿No lo crees?
― Puede ser. Gracias por escucharme.
― De nada. Por cierto… este… creo que tu amiguito ya este algo enfermo. ―dijo ella señalando a Nicolás en la barra. SI, lucía un poco mareado y no era para menos. Había comido tanto pastel como le cupo en su estomago.
Si. Había podido salir pero con Nicolás. Podrías decir que yo era su niñera pero probablemente era al revés y era Nicolás quien se suponía me vigilaría.
―Gracias Mina y lamento el desorden.
―Para nada. Nicolás es un amor. Llévalo un día a casa y le daré tanto pastel hasta que reviente de cosas dulces. ― dijo recogiendo la charola y yendo hacia la cocina.
Me pare de mi lugar para ir hacia Nicolás.
― ¿Estas bien? ― pregunte al sentarme a su lado.
― Claro, pero creo que tanto pastel me ha mareado.
― Te advertí que no te alocaras con el pastel. ¿Nos vamos? ― Asintió desganado. Sabía que le encantaría el lugar.
― Me iré a despedir de Mina― no espero a que yo dijera nada y corrió detrás de la barra.
Mientras lo esperaba la puerta se abrió dejando entrar a unos cuantos comensales más. Mire distraídamente hacia la puerta y reconocía a Yaten entre las personas.
― Hey ― saludo. Se le notaba lo sorprendido de verme ― Que bueno que estas mejor ― comento mientras se sentaba al lado mío.
― Si, espero que aun pueda ir a las sesiones
― Claro que sí. Solo te has perdido unas pocas.
― Me alegro. Sentía… Siento que me hacia bien conocer casos de otras personas y que hubiera personas que me entendieran también.
Yaten solo me miraba con gesto calculador. Era una de esas miradas que me daba mientras estábamos en sesión. Casi como adivinando hacia donde se dirigían mis pensamientos. Pero a diferencia de lo que hacía mientras estaba en sesión, no dijo nada.
― ¿por cierto que haces aquí? ― pregunte para seguir con la conversación que había muerto con su gesto.
― Yo… pues…yo vine… ― No necesite que me dijese nada más. Tenía clarísimo el motivo por el que estaba aquí: Mina.
― ¿Piensas hablar con ella?
― La verdad, fue ella la me dijo que viniese. Dijo que estoy muy amargado y que necesito algo de azúcar en mi vida. ― lo dijo avergonzado.
Lo mire extrañado.
― ¿Significa que te perdono?
― Significa que lo tolero ― me interrumpió Mina que venía de la mano con Nicolás.
― Hola Mina ― le saludo Yaten. Parecía apenada por haber sido atrapado en una conversación sobre ella.
― Hola. ― contesto ella. Fue amable pero no del todo sincera. Aun se negaba a dar su brazo a torcer. Claro que ella quería pero quizás aun no era el momento para ella.
― Bueno, nosotros nos vamos ― dije sin querer inmiscuirme aun mas en lo que sea que era ese momento. ¿Era una cita? ¿Estaba ahí por su simple invitación? Quién sabe.
―De acuerdo, Darién. Vuelvan pronto ― se despidió revolviendo el cabello de Nicolas.
― Claro que volveré Mina ― le sonrió Nicolás mostrando sus hoyuelos. Mina mascullo algo como "Que tierno!" pero no estaba seguro.
Encamine a Nicolás hacia la calle. Ahora iríamos al departamento de Sere.
Quizás era un poco extraño pero era Nicolás quien me guiaba. El conocía mejor las direcciones que yo. Y aparentemente Nicolás era de confianza para Esmeralda.
― Así que ¿vamos a ver a tu novia?
― Así es.
― ¿No crees que yo te estorbe para hacer lo que sea que harás con ella? ― dijo de manera sugestiva moviendo sus cejas.
De alguna manera me hizo ruborizarme. Si, ese niño era terrible en sus insinuaciones. Había tenido que vivir con ellas desde que nos vio de manera comprometedora, como el mismo lo llamo, a Sere y a mí.
― Por favor Nicolás, no sigas con eso ― rogué.
― De acuerdo, de acuerdo. Pero no se dé que te apenas. El que debía sentirse apenado soy yo. Y claramente no lo hago.
Sí, claro. Nicolás avergonzado. Nunca en la vida se vería eso.
Caminamos por unas calles más que pude reconocer, hasta que por fin llegamos al edificio de Sere.
Sería una sorpresa mi visita y mas sorpresa aun que viera a Nicolás pero no suponía que fuese una molestia. No más allá de lo normal.
Nicolás subió las escaleras corriendo casi en desafío hacia mí, pero le deje ser feliz ganando.
Llegamos frente a su puerta y con muchas ansias toque la puerta.
Cuando se abrió esperaba a mi Sere pero en cambio me abrió una niña. Era una niña de más o menos la edad de Nicolás. Tenía un cabello verde oscuro y vibrantes ojos azules. Su piel era algo morena.
Me veía con bastante curiosidad.
― ¿Hola? ― dijo invitándome a hablar.
― Eh… Hola, ¿esta Sere? ― pregunte tontamente.
― Si, esta. Pasa ― dijo ella haciéndose a un lado.
Jale a Nicolás conmigo, se había quedado estático frente a la puerta sin motivo aparente.
―Setsuna, ¿Quién es? ― escuche la voz de Sere desde la habitación. Sin pensarlo dos veces mis piernas se dirigieron hasta ella. Con cuidado abrí la puerta y con igual cuidado la volví a cerrar. Ella estaba de espaldas a mí. Recogía cosas del closet y las acomodaba con cuidado.
Con cuidado puse mis manos sobres sus ojos. De inmediato sentí como se tenso ante mi toque.
― Hola, preciosa ― murmure en su oído. Inmediatamente al reconocerme se relajo y se giro para verme.
― Hola, Darién― contesto ella con alegría enrollando sus manos en mi cuello. ― Que supresa tan linda la que me has dado― comento sonriendo de buena gana.
― Te había extrañado mucho― susurre mientras besaba sus labios despacio.
― Yo también, amor ― contesto ella mientras casi se me tiraba encima en un beso aun más profundo y pasional.
No supe como llegue a su cama, pero no me importa ya que ella me seguía besando de manera insistente. Pasamos unos minutos llenándonos de la presencia del otro, hasta que ella se separo lentamente de mí.
― ¿Cómo estás? ― pregunto ella una vez completamente despegada de mí.
― Muy bien ahora que te veo.
― Yo también me siento bien ahora que te veo. ― susurro mientras enrojecía un poco.
Extendió su mano para hacer enderezarme de su cama.
― Sere, ¿puedo entrar? ― escuche a la niña pedir. Inmediatamente Sere intento arreglar su cabello que estaba un tanto enmarañado.
― Claro, Setsuna. ¿Qué pasa?
― Hay un chico en la sala que me está acosando ― se quejo de manera chillona.
¡Claro, Nicolás! ¿Cómo me había olvidado del?
― Es mi culpa. Lo siento, traje a Nicolás conmigo. Espero no te importe.
― Claro que no. Nicolás es bienvenido.
Salimos de la habitación y Nicolás estaba sentado en la sala. Se había apoderado del televisor, como era su costumbre.
― Hey, Nicolás. ¿Cómo te va?
― Sere, hola. ― saludo un poco tímido.
Cosa rara, ya que Nicolás podía ser cualquier cosa. Menos tímido.
― Ya conocieron a mi vecina. Ella es Setsuna, la cuido mientras sus padres no están. O ella me hace compañía. Por donde lo quieras ver. ―sonrió Sere mientras señalaba a la chica a su lado. Ella me sonrió de manera coqueta, pero a Nicolás le dirigió una mirada de disgusto.
― Hola ― saludo ella.
― El es Darién, mi novio. Y el es Nicolás mi adorable cuñadito
― Un gusto― dije levantando mi mano en forma de saludo.
Y cuando ella vio a Nicolás el se puso un poco sonrojado. Estaba apenado.
Qué cosa tan extraña.
Al parecer Sere lo noto también porque de manera disimulada lo llamo a la cocina para darle algo de comer.
Yo me senté en el sillón, extrañamente estaba molesto.
Quería pasar tiempo con Sere y definitivamente así no podía.
Pasamos toda la tarde en casa de Sere. Casi todo el día rodeados de Setsuna, como le llamaba ella, y de Nicolás, quien aparentemente no quería separarse de la linda niña.
Hasta que finalmente entrada la tarde Setsuna se fue y Nicolas perdió todo interés de estar ahí.
― ¿Le llamo a papa que pase por nosotros? ― me pregunto ya visiblemente aburrido.
― Si te quieres ir ya ― conteste casi sin ganas. Yo no deseaba irme aun.
― Ok― dijo y se levanto para correr al teléfono.
― Creo que ya perdió el interés de estar aquí ― dijo burlonamente Sere sentados junto a mí y ofreciéndome una taza de chocolate. Qué bien me caería eso en este momento con el frio que hacía.
― ¿Qué quieres decir?
― Le gusta Setsuna. ¿No te diste cuente?
― La verdad, no. Solo tenía ojos para una preciosa mujer de cabellos rubios y ojos soñadores ¿la conoces? ― pregunte de manera inocente mientras le daba un trago a mi chocolate.
Ella se sonrojo furiosamente y bajo la mirada hacia su tasa.
Eras esas reacciones las que tanto amaba y las que tanto extrañaba al estar tanto tiempo lejos de ella.
Coloque la taza en la mesa y quite la suya de sus manos. Luego volví a tomar sus manos entre las mías.
― Quería hablar contigo de algo pero….― deje la frase inconcluso cuando Nicolás se acerco corriendo diciéndome que Zafiro quería hablar conmigo.
A regañadientes me puse de pie y fue hasta el teléfono.
― ¿Alo?
― Hola Darién, ¿como ha sido tu día?
― Muy bien.
― Me alegro, yo… estas seguro que quieres que pase por ustedes ya. Podrían quedarse más tiempo.
― Nicolás desea irse ya pero…. yo quisiera quedarme más tiempo. ¿Habría la posibilidad que pudiese quedarme a dormir? ― hubo un instante de silencio en la línea.
Zafiro no desaprobaba mi relación con Sere, pero no sabía con seguridad cual sería su reacción ante mi petición.
― Si lo es que quieres. ― dijo con voz cansada. ― Pasare en un rato por Nicolás
No me dio tiempo de despedirme y colgó.
Coloque el teléfono en su lugar y volví a mi lugar en el sillón.
Nicolás había acaparado el sofá y el televisor.
― ¿Sucede algo? ― pregunto Sere un poco preocupada.
― Nada. Solo que podre quedarme esta noche contigo… ¿si tu quieres? ― agregue al ver su expresión confundida. Me hizo darme cuenta que no sabía lo que ella quería, no la había tomado en cuenta y había tomado una decisión, que quizás a ella le incomodaría.
Pero contrario a lo que esperaba ella se lanzo a abrazarme.
― Que buena noticia, Darién― susurro con su rostro escondido en mi cuello. La alegría que ella emanaba por el hecho que estaríamos juntos unas horas más hizo que cualquier duda acerca de sus deseos quedara olvidada. Ella deseaba tanto como yo que estuviésemos juntos, aunque fuese un momento.
Unos minutos después acompañe a Nicolás a la calle a esperar a Zafiro No podía evitar la sonrisa que tenia pintada cuando pensaba en Sere completamente emocionada porque pasaría esta noche con ella.
― Adiós, Darien― se despidió de mí y se subió al coche de Zafiro.
Desde lejos hizo con mi mano una seña de despedida hacia Zafiro pero él nunca arranco. En cambio se bajo del auto y me entrego una mochila.
― Es ropa para que puedas cambiarte mañana. ― dijo de manera desinteresada.
― Gracias, no pensé en eso.
― Me lo imagine. Cuídate, ¿de acuerdo?
Vacilo si abrazarme o no. Pero yo fui quien termino abrazándolo.
Entendía, o al menos creía entender su miedo. Esmeralda y el padecían el mismo. El miedo a fallarme, ambos me lo habían dicho.
Y la verdad no sabía cómo eliminar ese miedo de ellos.
―Gracias otra vez ― dije y el volvió a subir al auto. Me quede en la calle hasta que vi perderse el auto por el camino.
Con mayor ansia de la que tenía más temprano volví a subir las escaleras del edificio. Sin darme cuenta la mochila deslizo de mis manos y cayó por las escaleras, con rapidez el alcance antes que la ropa se desparramara por el suelo.
Cuando alce la viste note dos figuras al pie de la escalera. Después de un momento reconocí las siluetas: eran Yaten y Mina. Desde donde estaba no escuchaba nada, pero podía ver cada uno de los ademanes que hacían. Yaten movía sus manos y parecía estar pidiendo algo con demasiada insistencia. Mina tenía una mano en su boca y reconocí ese gesto de Esmeralda, estaba asfixiando su llanto.
Por un momento quise acercarme y alejar a Yaten de ella pero pude controlarme. Ellos debían estar resolviendo sus problemas y no necesitaban de mi presencia para hacerlo.
Con sigilo volví a subir las escaleras, esperando que mi presencia no hubiese sido notada por ninguno de los dos.
Cuando llegue al piso de Sere, la vi saliendo del apartamento. Vestía un suéter, un abrigo y una gorra de lana.
― ¿A dónde vas? ― pregunte un poco exaltado.
― Oh― exclamo al verme ― Iba a buscarte, estabas tardando demasiado y me preocupe
― No pasa nada, Zafiro me trajo ropa― dije señalando la mochila.
― Lo siento, de verdad ― dijo un poco ruborizada. Sabía que no quería que me diese cuenta hasta que punto rayaba su preocupación. Era casi igual a la preocupación desmedida de Zafiro o Esmeralda. Pero en su caso no me era tan molesta o al menos hacia lo posible que no me resultara así.
Intente sonreír, intente que no se viese forzado, pero sabía que así lucia. Y un poco molesto.
Ella volvió a abrir la puerta y ambos pasamos adentro.
Se quito la gorra y la chaqueta y la colgó en un perchero.
― ¿quieres cenar? ― pregunto mientras acomodaba la mochila en una esquina.
Asentí con la cabeza, aun un poco molesto.
Sabía que no tenía motivos para estarlo. Pero era tan exasperante que pasaran todo el tiempo encima de mí. Observando cada uno de mis movimientos. Como si en cualquier momento me fuese a hacer daño.
Podría pasar.
Oh, de nuevo. Genial. Lo que faltaba.
Ignora el reclamo en mi cabeza. Era lo más sano que podía hacer, una vez más según Yaten.
Me senté en una de las sillas del comedor.
― Ojala te guste. Es lasaña.
― Gracias ― esta vez sí sonreí sinceramente. Mi enojo con Sere pasaba rápidamente, sin necesidad que ella hiciese nada más que ser ella misma.
Comimos en un silencio a gusto, en parte porque no sabía cómo comenzar a contarle lo que necesitaba.
― ¿Me ayudas a lavar? ― pregunto con una sonrisa, se levanto y recogió ambos platos y los llevo a la pileta. Sin dudarlo yo también me puse de pie para ayudarla.
En casa, Esmeralda y Neherenia eran quienes hacían todo este tipo de cosas. Era nuevo para mí, pero no puedo negar que resulto divertido. Porque Sere lo hizo así.
Mientras ella los lavaba yo los secaba. No era gran tarea pero me hacía sentir útil.
No tardamos mucho en terminar de lavar ambos platos y una que otra cacerola.
― ¿Qué hacemos ahora? ― pregunto divertida mientras secaba sus manos en una toalla del mostrador.
― No sé, después de cenar me voy a mi habitación. ¿Qué haces tú? ―
― Espero la llamada de mi madre. Casi siempre para sermonearme que me he olvidado de ellos.
Una cierta punzada de angustia me lleno el pecho.
― No deberías dejar que ella se preocupe tanto.
― Lo sé, Darién. Pero a veces tengo tantas cosas en la cabeza
― Solo… solo no te olvides de tus padres, ¿si? ― dije con la voz medio ahogada. Ella debía de aprovechar a sus padres, mientras los tenía.
Ella entendió porque lo decía.
Sin decir nada nos tumbamos en el sillón y encendimos el televisor. No había nada interesante pero el ruido de fondo era un poco tranquilizador.
― Temprano me dijiste que querías decirme algo ¿Qué era? ― me pregunto mientras veíamos uno de los comerciales del programa que estábamos viendo.
― Pues, veras Esmeralda dijo que…― Una vez más el teléfono me interrumpió.
Sere se levanto de un salto para correr y tomarlo.
Hablo por unos quince minutos. Parecía bastante contenta de hablar con su madre. Bueno, cualquiera lo estaría.
De vez en cuando se sonrojaba por lo que sea que su madre le dijese.
― Ok, mama. Si… Yo también te amo. Saluda a papá.
Finalmente coloco el teléfono en su lugar y volvió junto a mí.
― ¿Cómo están?
― Bien. Ella siempre dice que me extraña y que desea que vuelva.
Se me encogió el corazón ante la posibilidad que ella quisiera irse de nuevo con sus padres.
― ¿Y? ― insiste.
― ¿Y qué…?
― ¿Te gustaría volver? ¿Con tus padres digo?
― Mira no te negare que los extraño. Pero aquí tengo mi vida. Tengo mi trabajo, tengo mis amigos. Y lo más importante, te tengo a ti. A pesar de lo que dice mamá, ella me entiende. ― término besando mi mejilla― Ahora, cuéntame.
― Ok.
Le comente todo lo que me había dicho Esmeralda y la conversación que había tenido con Zafiro.
Ella se quedo en silencio durante un momento, pensando quizás en que decirme.
― ¿Qué piensas tu?
― No lo sé. Me emociona la idea, pero también me asusta.
Ella volvió a quedarse callada. Y yo de verdad deseaba su opinión.
― Dime qué piensas ― pedí al ver que ella no diría nada.
― ¿Quieres que diga la verdad? ― asentí, dudoso ― No creo que sea una buena idea.
Había esperado que me dijese que estaba bien. Que sería lo mejor para mí. Inclusive pensé que ella se alegraría.
― Tu tampoco confías en mi ― musite levantándome del sillón. Me sentí herido.
― Darien, por favor escúchame un momento. Si confió en ti, creo en ti pero…
― Pero no soy lo suficientemente confiable para cuidar de mi mismo. Sere, en serio creía que tú eras diferente a Zafiro o Esmeralda. Pensaba que la única persona que me tenía fe eras tú. Pero no es así ¿verdad?
― Por favor Darien. Déjame darte mis razones.
― ¿Tienes razones para desconfiar? ― masculle entre dientes.
― No te enojes. ― pidió con su vocecita triste. Como si a quien han herido fuera a ella.
Respire pesadamente, intentando calmar mi enojo.
― Dime entonces
― Creo que aun necesitas quien esté pendiente de ti. Que te cuide…
― ¡Es que ese es el problema! ¡Estoy harto que cada vez que me miren piensen que deben de cuidarme! ― grite enfurecido.
Ella me miro sorprendida. Durante todo este tiempo que mis explosiones emocionales habían sido tan frecuentes nunca ninguna había sido dirigido hacia ella. Hasta hoy.
Inmediatamente me arrepentí de haberme exaltado con ella.
― Lo lamento. No debí gritarte. ― me disculpe avergonzado. No me atreví a verla a los ojos y Salí disparado a la otra habitación.
Estaba invadiendo su casa pero verdaderamente necesitaba tiempo para serenarme.
Durante un buen rato el silencio de la habitación era mi única compañía. Hasta que el chirrido de la puerta abriéndose me alerto.
― ¿Te sientes mejor? ― pregunto aun con esa vocecita triste que me hacía sentir peor.
― Un poco― masculle poco convencido.
Sin decir más se acerco a mí y me abrazo. Lo hizo con fuerza, me dio una sensación muy parecida a como me veía cuando estuvo en casa. Como si temiera que me fuese.
― Confió en ti― susurro contra mi cuello.
― No lo haces. Me ocultas cosas, piensas que aun debería tener a alguien detrás de mí todo el tiempo. Eso no es confianza.
― Jamás te he ocultado nada a ti ― mascullo irritada.
― Lo has hecho. ¿Por qué te pusiste tan histérica cuando Esmeralda nos vio besándonos?
― ¿Por qué lo preguntas?
― Esmeralda dijo que es normal y que tu forma de actuar demostraba que algo te había afectado antes ¿Qué fue?
―No es nada importante, de verdad.
Suspire cansado. La conversación no nos estaba llevando a ningún lado.
― Bien― si no quería decir nada lo dejaría ahí.
Me acomode en la cama ya dispuesto a dormir.
― Cuando estaba en secundaria tuve un novio ― su voz me hizo abrir los ojos otra vez. Estaba dispuesta a contarme. ― No era la gran cosa, era tener novio por tenerlo. Un día nos escapamos del instituto. Parecía divertido volarme algunas clases, al menos por un día. Nos quedamos en su casa, supuestamente no habría nadie que nos regañaría por escaparnos así que pensé que era buena idea. Empezamos jugando cualquier cosa y terminamos… pues… besándonos en su cama. No era gran cosa, simplemente besos simples. Pero llego su mamá y casi le da el infarto ― ella empezó a reírse suavemente. A mí no me hacia tanta gracia escuchar hacer de su "novio", pero yo se lo había pedido y tenía que escuchar.
― No sé como las cosas se salieron de control y ella me llamo "zorra" y otras tantas palabras con el mismo significado. Me prohibió volver a verlo y de verdad que no me importo. Pero la "señora" no se pudo quedar callada y conto en todo el pueblo que yo era…. era muchas cosas. Mis padres tuvieron que cargar con esa pena. Y yo misma pase muchas vergüenzas. Al final cuando termine la escuela, la mejor noticia que podía tener era que me iba poder alejar de ahí.
― Sinceramente no me importo que pensara ella. O que tuviera que dejar a mi novio. Pero no quería que Esmeralda pensara eso de mí. Y me dijera que no podía estar contigo. Es un miedo tonto lo sé. Pero, está aquí ― señalo su cabeza
La volví a tomar entre mis brazos y la acurruque junto a mí.
― Comprendo ―
― ¿No dirás nada?― pregunto ansiosa.
― Ahora te entiendo un poco más y eso es bueno. No eres nada de lo que te pudo haber dicho esa persona. Y Esmeralda jamás pensaría de mala manera de ti. Y aunque así fuera eso no importa cuando quien te ama soy yo.
Ella sonrió un poco ruborizada por mi declaración.
― Ahora sí. A dormir― pedí una vez más. Ambos necesitábamos descansar porque esa noche había estado llena de altos y bajos para ambos.
― Buenas noches ― murmuro acomodándose contra mi pecho― Gracias por estar aquí.
― Descansa, amor― dije cerrando los ojos y dejándome caer en un profundo sueño.
Bueno aquí esta otro capitulo de esta historia y ¡FELIZ AÑO NUEVO! Por si el capitulo no esta antes del 31 ya que no tengo compu y Angel Negro 29 me esta haciendo el favor de subir los capítulos y espero que los disfruten hasta la próxima…
