REVELACIONES
Los tres días siguientes son días felices. Viven en una nube. O en una burbuja más bien… Viven en un mundo donde solo existen ellos dos, y nada puede tocarlos, nada puede hacerles daño. A no ser que el daño provenga de ellos mismos…
Kyoko y Ren ya no duermen espalda con espalda, sino corazón con corazón. Siguen durmiendo abrazados, como aquella noche. Castamente, por si te lo preguntabas, pero llenándose del calor del otro, y amaneciendo enredados. Sus besos de buenos días ahora son sinceros y honestos. Y mucho más largos…
Porque ahora ya no fingen que fingen. Aunque es cierto que las palabras más importantes aún no han sido dichas. No todavía. Ambos las sienten apretándoles el pecho, luchando por salir, pero no las dicen. Prefieren seguir así, sin encadenarse al nombre de lo que hay entre ellos. Por miedo, quizás, a que si lo dicen en voz alta, pueda romperse y desaparecer…
En cuanto amanezca será San Valentín. Es la primera vez que Ren ansía que llegue este día solo porque Kyoko está a su lado. Y Kyoko soñando mil sueños extraños en los que se mezclan chocolates con bombones, profiteroles, y gelatinas de sabores varios… Devanándose la cabeza incluso en sueños pensando en qué postre hacerle a este hombre al que no le entusiasma el dulce… No importa. Ella sabe que él agradecerá cualquier cosa que ella le prepare. Porque incluso en sus sueños, sus ojos no mienten…
Sus ojos…
Sus ojos, verdes de noche. Castaños de día. Verdes para ella. Castaños para el mundo. Los ojos de Ren van cambiando en el sueño, alternando con rapidez. Rápido, rápido, cada vez más rápido. Mareaba. De pronto la imagen se fija. Ren la mira con sus hermosos ojos verdes. Pero espera… Tiene el pelo rubio… No, ese es Corn… ¿Cómo ha podido confundir a Ren con Corn? En su sueño ahora se alternan el Ren de ojos verdes con el Corn de Guam. No. Imposible… No puede ser… ¡No! No te engañes, Kyoko… Tú lo sabías. Un rincón de ti siempre lo supo… Mediciones corporales y coincidencias… ¡Ja! Encantamientos, hechizos… Hadas, leyendas… Un beso robado… ¡Una mierda! Se ha estado riendo de ti… Todo este tiempo…
Corn es Kuon. Corn es Kuon. Corn es Kuon. Kuon.
Su voz te llama. Su mano suave en tu mejilla dice tu nombre. Abres los ojos. Y los ves.
Los ojos verdes de Kuon.
Los ojos verdes de Corn.
De un manotazo apartas su mano de tu cara y le espetas:
- ¡Déjame en paz!
