N.d.T: Otro capítulo más, y os anuncio de que estamos a punto de llegar a la mitad de la historia. Todavía queda mucho por recorrer. Como no he estado muy atareada, esta vez he subido antes de tiempo. Muchas gracias a Elphyra, satorichiva y LunatiqueBlue por sus comentarios. :)


35. Take a chance on me


Sirius se sentó en la mesa y se obligó a comer su desayuno. Remus estaba sentado a su lado, como siempre, pero en el otro estaba Charlene, quien estaba hablando animadamente de quidditch.

Remus estaba riendo y bromeando, y Sirius no quería nada más que correr a su cuarto.

—¿Cuál es tu problema? —preguntó James después de que Sirius no hubiese respondido a su pregunta por tercera vez.

—No tengo un problema —contestó Sirius, forzando una alegre y completamente fingida sonrisa en su cara.

Trató de concentrarse en lo que James le decía, pero parecía no poder concentrarse en sus palabras, en cambio, todo lo que podría oír era a Remus y Charlene discutir sobre diferentes tácticas de equipos de quidditch profesionales.

Había tenido totalmente la intención de hablar con Remus esa mañana, pero hasta ahora no había tenido la posibilidad de decir mucho más de un "buenos días" apresurado. Primero fueron James y Peter merodeando, y entonces Charlene también apareció. ¿Era demasiado pedir unos minutos a solas con su mejor amigo?

—¿Vienes a clase, Remus? —preguntó Charlene mientras juntaba sus libros y se levantaba.

—Ahora te alcanzo —prometió Remus.

Charlene asintió y siguió su camino.

—Vamos, Sirius —dijo Remus, tirando de su brazo—. Tenemos unos pocos minutos antes de clase.

Sirius asintió y siguió a Remus. No hablaron hasta que estuvieron fuera del camino del resto de los estudiantes en un pasillo desierto.

—¿Y bien? —preguntó Remus—. Dijiste que querías hablar esta mañana.

Sirius miró sus zapatos. Ahora que estaba por fin a solas con él no tenía ni idea de lo que decir.

—Pensé que te gustaba Charlie —comentó Remus—. Siempre te llevabas bien con ella.

—Y lo hago.

—Entonces, ¿por qué no la saludaste o fuiste amable con ella esta mañana? —rompió Remus.

—Dudo que se diera cuenta —murmuró Sirius—. Estaba demasiado ocupada adulándote para ver a nadie más en la habitación.

—Habría hablado si te hubieras molestado en abrir la boca.

—Si ella quería hablar conmigo, lo único que tenía que hacer era decir algo.

—No seas tan infantil —rompió Remus—. Estabas sentado allí de mal humor y fulminando a todo el mundo, por supuesto que no quería hablar contigo.

—Bueno, ¿qué esperas? —espetó Sirius—. Finalmente tuve el valor suficiente para decirte lo que siento, y veinticuatro horas después, de repente tienes novia. Perdóname por no estar tan emocionado como tú.

—Lo siento —contestó Remus—. No lo hice a propósito.

—¿No? —preguntó Sirius, dejando claro en su tono que no le creía.

—¡No lo hice!

—Me besaste también; puedes negarlo todo lo que quieras, pero ambos sabemos la verdad.

—Lo siento, Sirius —Remus se dio la vuelta mientras hablaba—. Yo no soy así.

Sirius no respondió. Después de todo, ¿qué podía decir que no había dicho ya? Remus ahora tenía a Charlene, y sólo continuaba negando que tenía sentimientos por él que iban más allá de la amistad.


Sirius trataba de no sentir celos de Charlene, pero el monstruo de ojos verdes había mostrado su fea cabeza y se había hecho permanente en su casa al lado de Sirius.

—¿No hablan de otra cosa que no sea de quidditch? —le preguntó Peter después de que él, James y Sirius se hubieran escapado al dormitorio, lejos de los jóvenes enamorados, como James les había llamado.

Sirius sacó su libro de texto y comenzó a leer. Sentía frío desde hace un rato, y se dio cuenta de que tenía a Romulus cerca.

—¿Remus está abajo? —preguntó.

—Sí —respondió James—. Con su nueva novia.

Peter rio, y Romulus lanzó una mirada a Sirius, quien con firmeza se negó a apartar los ojos de su libro.

—Mejor cojo mi escoba y voy de cabeza a practicar —dijo James—. ¿Vienes a ver, Peter?

—Claro.

Sirius masculló algo poco apropiado cuando los dos muchachos lo dejaron solo con Romulus.

—¿Estás bien? —preguntó Romulus en voz baja.

Se encogió de hombros y lo miró brevemente.

—Claro. ¿Por qué no habría de estarlo?

—Porque te gusta mi hermano —dijo Romulus con calma—. ¿Crees que me he olvidado lo que me dijiste?

—Lo esperaba —respondió Sirius con una irónica sonrisa—. Nunca debí haberle dicho nada a Remus. Debería de haber mantenido mi estúpida boca cerrada.

—No, hiciste lo correcto diciéndole cómo te sientes.

—Si ese es el caso, ¿por qué me siento tan miserable?

—Porque está con otra persona.

—No importa —murmuró Sirius—. Fui idiota al pensar que alguna vez le gustaría de la misma forma.

Romulus extendió la mano como para consolar a Sirius acariciando su brazo, antes de recordar que no podía hacerlo.

Sirius le sonrió débilmente.

—Pensé que los fantasmas podían tocar y mover las cosas.

—Con mucha práctica, ellos pueden hacerlo.

—¿Ellos?

—Nosotros. Es tan fácil de olvidar.

—¿Incluso con Myrtle recordándotelo? —preguntó Sirius con una sonrisa. Aunque el fantasma de la joven seguía flotando a su alrededor, no había logrado convencer a Romulus para que reconsiderara su oferta, a pesar de que todos los chicos de quinto año de Gryffindor la animaban a cada oportunidad que tenían.

Romulus negó con la cabeza.

—No cambies tan fácilmente de tema. Ahora, ¿qué vas a hacer con respecto a Remus?

—¿Qué puedo hacer? Él me rechazó y... y...

—Oh, Sirius.

—Estoy bien —insistió Sirius mientras pasaba el dorso de la mano por la cara, tratando de ocultar las traicioneras lágrimas que estaban determinadas a escaparse de sus ojos cuando menos quería hacerlo—. No es de extrañar que no quiera estar conmigo —murmuró con desaliento—. Probablemente piense que soy una chica, llorando todo el tiempo.

Romulus rio.

—Estoy seguro de que no piensa nada de eso. Él ha llorado lo suficiente a través de los años, y si dice algo de ti cuando esté molesto, todo lo que tendrías que hacer es recordarle ese hecho. Todo el mundo llora a veces.

—Tú no.

Romulus negó con la cabeza y soltó un bufido con una risa.

—Eso crees, ¿verdad?

—Nunca te he visto.

—¡Qué corta es la memoria de los jóvenes! —dijo Romulus con un suspiro—. ¿Te has olvidado de la última vez que me viste en la carne y hueso tan fácilmente?

Sirius frunció el ceño cuando echó su mente hacia atrás.

—El Wizengamot —dijo—. Después de que hablases con Remus a través de los espejos. Oh...

Romulus asintió.

—Me había olvidado —admitió Sirius, sintiéndose un poco mejor cuando recordó que Romulus había estado realmente lloroso en ese día en particular. Por supuesto, sus circunstancias habían sido completamente diferentes, pero todavía lo animaban un poco.

—Ahora, ¿qué pasa con Remus y Charlie?

—Van a ir juntos a Hogsmeade.

—Lo sé —respondió Romulus—. El Fraile y Sir Nicolas prácticamente caían uno encima del otro en su afán de ponerme al corriente de ese chisme. Quiero saber lo que vas a hacer.

—¿Vas a ayudarme a separarlos? —sugirió Sirius con una sonrisa.

—Por supuesto que no —le dijo Romulus con una severa mirada—. Quiero saber si vas a estar bien con ellos.

—Va a tomar algún tiempo acostumbrarme —admitió Sirius—. Pero voy a estar bien con el tiempo.

—¿Quieres un consejo?

—Depende de lo que sea.

—Bueno, voy a dártelo de todos modos. Tienes que acostumbrarte rápido a ella, si no quieres que toda la escuela sepa que estás enamorado de Remus. Los fantasmas ya están chismeando -no tienen mucho más que hacer con su tiempo- y es sólo cuestión de tiempo antes de que los otros estudiantes lo escuchen también.

—Así que, a menos que no quiera ser marginado como maricón en frente de toda la escuela, ¿tendré que poner mi mejor sonrisa y ofrecerle mis felicitaciones?

—No lo diría así, pero sí.

Sirius gruñó y se tiró de nuevo en su cama.

—¿Tal vez rompan pronto?

—Quizás lo hagan, pero si no lo hacen sólo hará más daño a tu amistad si no tratas de aceptarlo.

Sirius sabía que Romulus tenía razón, y cuando regresó a la sala común más tarde esa noche, hizo un real esfuerzo para actuar como si todo fuera normal, y como si estuviera encantado de que Remus y Charlene fueran ahora pareja.

Charlene parecía aceptar lo que dijo en su valor nominal, pero se daba cuenta de que Remus no parecía del todo convencido. Por supuesto, sería probablemente de ayuda si pudiera dejar de gruñir cada vez que los veía tomados de las manos, o incluso mirándose el uno al otro de una forma determinada.

Esa noche, de vuelta en el dormitorio, Sirius se mostró decepcionado al ver que Remus estaba una vez más en su propia cama, en vez de acurrucado a su lado.

—¿Sirius? —lo llamó Remus en un susurro.

—¿Sí?

—Gracias por hacer un esfuerzo para que te guste Charlie.

—Ya me gustaba —señaló Sirius.

—Sabes lo que quiero decir.

—Sí, lo sé.

—Significa mucho para mí —susurró Remus—. Sé que no puede ser fácil que me veas con ella.

—Puedes decirlo otra vez —murmuró Sirius en voz baja.

—Es mejor así.

—¿Lo es? ¿De verdad? —preguntó Sirius arrastrando amargura en su voz, a pesar de sus mejores esfuerzos para detenerlo—. ¿Mejor para quién?

—Para todos —respondió Remus—. No puedes decirles a tus padres que eres feliz con un chico en vez de una chica. Eres el heredero Black, el hijo mayor. Tu familia tiene planes para ti, planes que involucran a chicas y el matrimonio en uno de ellos. Tendrás una familia y te olvidarás de mí, y esta idea tonta que tienes de ser gay.

Sirius gruñó mientras salía de la cama y cruzaba la habitación.

—Me importa un carajo lo que mi familia quiere que haga —dijo entre dientes—. No me voy a casar con esas chicas. Incluso si no puedo tenerte, no va a cambiar lo que siento por ti. No va a cambiar el hecho de que me parezcan atractivos otros chicos y no a las chicas.

Remus se retrocedió en su cama cuando Sirius se cernió sobre él.

—¿Tal vez es sólo una fase? —sugirió.

Sirius se subió a la cama y tomó el rostro de Remus entre sus manos.

—O tal vez no —susurró mientras se acercaba. Se detuvo cuando sus labios estaban apenas una pulgada del propio Remus, esperando a que el otro chico se moviera hacia él. Su respiración se hizo pesada, y estaba seguro de que Remus debía ser capaz de oír su corazón latiendo en su pecho, pero no se movió más cerca.

—Sirius, no —susurró Remus.

—Me gustas, Remus —respondió Sirius, sin hacer ningún esfuerzo para retroceder—. Me gustas, me pareces atractivo, creo que podría incluso estar…

—¡No! —Remus empujó a Sirius un poco hacia atrás—. No lo digas. ¡No lo estás! No puedes estarlo.

—¿Por qué no?

—Debido a que simplemente no puedes —insistió Remus.

—Puedes haberme parado diciéndomelo,pero eso no significa que no lo sienta —susurró Sirius, antes salir fuera de la cama y volver a la suya.

Oyó que Remus maldecía en voz baja para sí mismo, y en silencio se hizo eco de ese sentimiento.


Las cosas estaban todavía bastante tensas entre ellos cuando apareció la próxima luna llena.

No hizo la cosa más fácil cuando Charlene insistió en caminar con Remus a la entrada del túnel, y dejando claro que estaba muy preocupada por Remus como el resto de sus amigos.

—Cuida de él por mí —susurró Charlene justo antes de que Sirius siguiera a Remus por el túnel.

—Siempre lo hago —le dijo Sirius honestamente.

Mientras caminaban por el túnel y a través de Hogsmeade, seguidos de cerca acompañados por Aberforth Dumbledore, Sirius comenzó a pensar que tal vez las cosas entre ellos podrían volver a la normalidad.

Rieron y bromearon y trataron de quitar importancia a las cosas, como siempre lo hacían cuando se enfrentaban a la luna llena.

Todavía se estaban riendo de los desastrosos resultados de la reciente prueba de Transformaciones de Remus cuando llegaron al sótano.

—Debería prepararme —dijo Remus—. Sólo quedan unos diez minutos antes de que comience.

—No es mi culpa de que llegáramos tarde —señaló Sirius. No añadió que fueron Remus y Charlene diciéndose adiós lo que les había hecho llegar más tarde de lo habitual, a pesar de que había sido el caso.

—Sé que no lo es —respondió Remus—. Date la vuelta para que pueda desvestirme.

—¿Qué? —preguntó Sirius, preguntándose por un momento si había escuchado mal.

—Date la vuelta —repitió Remus, haciendo un gesto con la mano—. Date prisa, no quiero tener que perder la mañana arreglando mi túnica.

—Pero... —Sirius vaciló al darse cuenta de lo que estaba pidiendo Remus.

El joven hombre lobo desde hacía mucho tiempo había perdido su timidez ante su presencia. Atrás estaban las noches cuando era consciente de sus cicatrices inflingidas a sí mismo a desnudarse delante de su mejor amigo. Al menos Sirius había pensado que esos días habían pasado. Al parecer, se había equivocado.

—¿Tengo que explicártelo? —murmuró Remus.

—No, está bien —respondió Sirius con frialdad—. Lo entiendo. No quieres que te mire. Esperaré arriba.

—No tienes que hacer eso —le dijo Remus—. Sólo date la vuelta.

—Esperaré arriba —repitió Sirius, corriendo por las escaleras y esperando que Remus no pudiera ver el dolor en sus ojos o escucharlo en su voz.

—¿Sirius? —lo llamó Remus unos minutos más tarde—. Puedes volver a bajar.

Sirius se sentó en la parte superior de las escaleras. No hizo ningún moviendo para volver a bajar, y en su lugar esperó a que el sol bajase.

—Sirius, ¡no seas tan infantil! —le gritó Remus.

—Bajaré una vez que te hayas trasformado —le respondió Sirius, y añadiendo en voz baja—. No quisiera que corras el riesgo de pueda ver un poco de carne y salte a tus huesos.

Sirius permaneció tercamente en la parte superior de las escaleras, hasta que escuchó el primer aullido de Lunático de la noche. Una vez que estuvo seguro de que Remus ya no era humano, se deslizó por las escaleras del sótano una vez más, y miró al interior la jaula.

Lunático se paseaba por el sótano, gruñendo de una manera que Sirius no había visto desde segundo año, cuando se había aventurado por primera vez en el sótano los Lupin la noche de luna llena.

—Lunático —susurró—. Vamos, cálmate. No es más que yo. Soy Sirius.

Sirius se acercó lo más cerca que pudo a la jaula, pero se sorprendió cuando el lobo se cargó contra la barrera, ajustando sus mandíbulas mientras intentaba saltar sobre él.

Se tambaleó hacia atrás, apoyándose contra la pared, con el corazón palpitante de miedo.

—¿Sirius? —preguntó Romulus cuando apareció en el sótano como siempre hacía.

—Algo está mal —respondió Sirius—. Lunático está enfadado.

Mientras hablaba, el lobo chocó de nuevo contra la barrera, gruñendo y aullando cuando era incapaz de romperla.

—¿Quizás debería esperar arriba? —sugirió Sirius—. Parece ser que Lunático está enfadado.

—No es Lunático quien está enfadado —le dijo Romulus—. Es Remus. Sé que es fácil de olvidar, pero el lobo es sólo una parte de Remus, no una entidad totalmente independiente.

—Pero Remus habla como si fueran dos seres distintos.

—Remus odia el lobo; es más fácil pensar que no es una parte de él, pero he estado investigando a los hombres lobo desde que huimos, y el lobo es tan parte de él como cualquiera de sus extremidades. Podremos llamar al lobo Lunático, pero sigue siendo una parte de Remus. Sólo le dimos un nombre distinto para que fuese más fácil para Remus entender lo que le estaba pasando después de que fuese mordido. Fue más fácil para un niño de seis años pensar en el lobo como algo distinto, pero no es realmente cierto. Remus está enfadado y conflictivo, y ambos podemos tener una conjetura bastante buena de por qué.

—Pero estoy tratando de llevarme bien con Charlie, de verdad que lo hago.

—Lo sé, pero eso no cambia el hecho de que las cosas no sean del todo igual entre vosotros. Si fuera humano en este momento, Remus estaría reprimiendo cosas, o discutiendo y peleando contigo. Pero la parte lobo de él no tiene esa opción. El lobo es dominante esta noche, y todo lo que entiende es que las cosas han cambiado entre los dos. A medida que vuestra amistad se ha hecho más fuerte, también lo ha hecho el vínculo entre tú y Lunático. Ahora el lobo puede sentir el cambio, a pesar de que no lo entiende. No es que el lobo esté enfadado contigo, es que el lobo es una parte de Remus y él está enfadado contigo, y probablemente consigo mismo, también.

—¿Quieres decir que al lobo no le gusta la idea de que yo y Remus estemos... ya sabes... que le guste?

—Dudo que el lobo pueda incluso entender la complejidad de la situación —dijo Romulus con un movimiento de cabeza—. No le importa si te gusta Remus. Pero hasta que las cosas no estén bien del todo entre tú y Remus, su ira saldrá a través de Lunático. Como ser humano, puede reprimir sus sentimientos todo el tiempo, pero no como lobo.

—Lunático va a castigar a Remus por mi error —susurró Sirius con pesar.

—No te eches la culpa —aconsejó Romulus—. Mira, ahora se está calmando un poco.

—No mucho —respondió Sirius, sin moverse de su lugar cerca de la pared en caso de que su movimiento hiciera que el lobo atacara de nuevo la barrera.

—Es mejor tomar asiento —comentó Romulus—. Va a ser una larga noche.

—Las noches de luna llena siempre lo son.


A la mañana siguiente Sirius esperó hasta el momento en que sabía que el cambio estaba a punto de producirse antes de que ir corriendo hacia las escaleras.

Sabía que Remus, a pesar de la difícil noche, no estaba tan mal herido para necesitar ayuda para subir las escaleras.

Puso la tetera sobre el fuego con el fin de preparar un par de bebidas calientes antes de partir para Hogwarts, en el que prometía ser un día lluvioso y triste.

—¿Sirius? —le llamó Remus desde el sótano—. ¿Todavía estás aquí?

Sirius sintió la tentación de fingir no haberlo oído, pero sabía que sólo sería algo infantil, y que Romulus todavía estaba merodeando y le diría a Remus que estaba allí de todos modos.

—Estoy en la cocina —contestó.

Se mantuvo de espaldas a la puerta del sótano mientras sacaba tazas del armario y cucharas del cajón de los cubiertos.

—Pensé que quizás te irías —dijo Remus cuando apareció en la cocina.

Sirius negó con la cabeza.

—¿Quieres té o café?

—Té —respondió Remus—. Pero necesito que primero eches un vistazo a mi espalda, si no te importa.

—¿Estás seguro de que no quieres esperar hasta que volvamos a la escuela y que la señora Pomfrey te lo cure? —Sirius se volvió justo a tiempo para ver que Remus se estremecía ante sus palabras.

—Supongo que me lo merezco —dijo Remus mientras se sentaba en la mesa y bajaba la cabeza.

Sirius suspiró y abrió su kit de pociones.

—Date la vuelta y déjame echar un vistazo.

Remus le dio una pequeña sonrisa mientras cumplía con la petición.

—No creo que sea tan malo, pero no puedo verlo. No me duele demasiado.

—Es poco profunda —estuvo de acuerdo Sirius, realizando rápidamente el encantamiento para limpiar la herida y unirla de nuevo a la piel.

—¿Todo bien? —preguntó Remus después de que Sirius se apartara y se volviera de nuevo hacia la tetera hirviendo.

—Sí —respondió Sirius—. Ahora puedes cubrirte.

Por el rabillo del ojo vio a Remus parpadear de nuevo.

—Dije que lo sentía.

—¿Lo hiciste? —preguntó Sirius—. No te escuché pedir disculpas.

—Bueno, es suficiente —dijo Romulus mientras se deslizaba por la habitación. Ambos muchachos bajaron la cabeza avergonzados—. Anoche fue malo, y todos sabemos por qué. Ahora, a menos que quieran que cada luna llena sea a partir de ahora una repetición de esta -y si mi suposición es correcta, cada vez peor- sugiero que ordenen las cosas... y rápidamente.

Romulus desapareció, dejando a los dos chicos mirando la mesa, como esperando cada uno que el otro dé el primer paso.

—Lo siento —murmuró Remus finalmente—. Cuando te pedí que no me vieras quitarme la ropa, supongo que fui un poco desconsiderado. No es que como si no me hubieras visto desnudo.

Sirius sirvió dos tazas de té y se sentó frente a Remus.

—No era mi intención hacerte sentir incómodo y salir corriendo de esa forma.

Remus dio un sorbo al té caliente, con la mirada fijaba en la bebida.

—No quiero que la próxima luna llena sea como ayer por la noche.

—No lo será —le aseguró Sirius—. Tendremos que hacer que las cosas vuelvan a la normalidad y sea igual que antes.

—¿Lo será?

Sirius asintió, aunque no lo creía más de lo que Remus lo hizo.


A finales de la semana Sirius había llegado a la conclusión de que la manera de arreglar las cosas era fingir que no había pasado nada. Todo lo que tenía que hacer era convencer a Remus de que estaba bien con la idea de que saliera con Charlene, y esperando que lo engañara, pudiendo evitar más lunas llenas como la última.

Desafortunadamente para él, mientras que Remus no había sido consciente antes a sus sentimientos, ahora se había hecho mucho más observador, y engañarle no iba a ser fácil. Especialmente cuando Remus estaba pasando más y más tiempo con Charlene, pero observando cada movimiento de Sirius cuando estaban todos juntos en una habitación.

—Tengo que decirlo —comentó James una tarde después de la práctica de quidditch—. Charlie es muy caliente.

—¿Quieres decir que finalmente has renunciado a Lily? —bromeó Peter.

—Nunca —declaró James—. Pero, tienes que admitir, que Remus tiene buen gusto. ¿No estás de acuerdo, Sirius?

Sirius asintió en silencio, sin atreverse a hacer nada más, no sea que regalara su secreto.

—¿Y tú, Sirius? —le preguntó Peter—. ¿Le echaste el ojo a alguien? El próximo fin de semana de Hogsmeade no está tan lejos.

—Probablemente me quede aquí, o simplemente iré con vosotros —respondió Sirius con un encogimiento casual. No estaba seguro de si quería correr el riesgo de ver a Remus y Charlene en su cita, pero la idea de sentarse en el castillo, preguntándose lo que estaban haciendo, era demasiado insostenible.


Remus trató de ignorar las sonrisas de sus amigos, y particularmente la de James, mientras escogía su ropa para su primera cita real, programada el día antes de la próxima luna llena.

—No llevaras eso, ¿verdad? —comentó James con una sonrisa.

Remus miró la camisa azul claro y frunció el ceño.

—¿Por qué no?

—Es sólo un poco aburrido —respondió James—. Debes escoger algo que te haga destacar entre la multitud.

Remus inspeccionó su armario dudosamente.

—La mayoría de mis cosas son similares a esta.

—¡No pueden serlo!

Remus se encogió de hombros.

—Lo son. No tengo mucha ropa rara, al igual que tú.

—Puedes usar algo mío, si quieres —ofreció James, ignorando el comentario acerca de la rareza de su ropa—. Tenemos más o menos la misma talla.

Remus se mordió el labio, reacio a que James le diera sus opciones de ropa; después de todo, era el chico que ni siquiera parecía ser capaz de encontrar dos calcetines a juego.

James no pareció tomar como un no su respuesta, y buscó en su propio armario.

—Esto se verá bien en ti —dijo con una sonrisa, lanzando una llamativa camisa morada con un patrón floral a través del cuarto.

Remus lo cogió con cuidado.

—No estoy seguro. El color es un poco... eh... llamativo.

—Ese es el punto —señaló James con una sonrisa—. Quieres sobresaltar si estás con una chica.

Remus frunció el ceño. Él no quería sobresaltar en absoluto, pero por alguna razón, James se determinó que debía de hacerlo.

—Esto no es para molestar, ¿verdad? —preguntó con cautela—. ¿Alguna forma de hacerme quedar como un idiota delante de todos en Hogsmeade?

James negó con la cabeza y lo miró como ofendido ante la idea.

—Haz una prueba y mira que te parece. Puedes usar la sala común y ver como son las reacciones de todo el mundo. Tienes tiempo de sobra para cambiarte si no te gusta.

Sonaba perfectamente razonable cuando lo decía así, por lo que Remus se puso a regañadientes la camisa. Era un poco corta por las mangas, pero aparte de eso estaba bien.

James desapareció hacia la sala común mientras que Remus se dedicó a arreglarse el cabello. Estaba a punto de acabar, cuando la puerta del dormitorio se abrió de golpe y Sirius entró en la habitación.

Remus no podía decir qué era lo que Sirius dijo cuando lo vio, pero su reacción fue sin duda algo que nunca había visto antes en nadie.

—James me prestó la camisa —explicó, alistándose distraidamente—. No estoy muy convencido.

Sirius asintió en silencio.

—¿Crees que debería cambiarme?

Negó con la cabeza.

—Entonces, ¿me veo bien?

Sirius se sentó en el borde de la cama, los libros que había estado llevando descansaron en su regazo.

—Te ves muy bien —dijo finalmente.

—¿En serio? ¿Crees que a Charlie le gustará?

Él asintió de nuevo.

—Tendría que estar ciega para no hacerlo. Te ves... increíble.

Remus sonrió ampliamente.

—Creo que es mejor que me vaya —dijo—. ¿Te veré en el pueblo más tarde?

—No lo sé —Sirius miró por la ventana—. Podría quedarme aquí y ponerme al día con los deberes. Todavía tengo que hacer la tarea de Pociones.

Asintió y le prometió decirle todos los detalles más adelante.

—No puedo esperar —respondió Sirius con una sonrisa.

Se quedó momentáneamente sorprendido por la respuesta entusiasta de Sirius, pero rápidamente se dio cuenta de que estaba simplemente mintiendo para encubrir de nuevo sus propios sentimientos.

—¿Seguro que estás bien con esto?

Sirius se volvió hacia él con una aguda mirada.

—¿Habría alguna diferencia si dijera que no lo estoy? —preguntó.

—No. Lo siento. Ella me gusta mucho.

—Y tú en verdad me gustas mucho —contrarrestó Sirius.

Remus se sentó junto a él y miró sus manos durante varios minutos.

—No puedo evitar lo que siento —continuó Sirius—. He tratado de que no me vea celoso, pero ambos sabemos que soy pésimo ocultando mis sentimientos.

Remus resopló.

—Yo no diría eso —comentó con ironía—. Los mantuviste escondidos durante bastante tiempo.

Sirius resopló también, y miró a Remus de reojo.

—Todo lo que estoy pidiendo es una oportunidad, ¿es mucho pedir?

—Supongo que no.

Sirius, quien claramente había estado esperando una respuesta diferente, miró a Remus a los ojos.

—¿En serio?

Remus asintió.

—¿Puedo... emm... ¿te importaría si... ya sabes...

Remus se dio la vuelta para mirar a Sirius directamente.

—Está bien.

Sirius lo miró vacilante mientras avanzaba lentamente.

—Remus —susurró, justo antes de que sus labios tocaran los de otro chico.

Remus cerró los ojos mientras Sirius lo besaba. Oyó el sonido de un débil gemido, y se dio cuenta de lo que había hecho. Extendió sus manos y las puso sobre los hombros de Sirius; podía sentir sus propias manos en la cintura, acercándolo. Lo oyó gemir y envolver luego sus brazos alrededor de su cuello.

Podía sentir la lengua de Sirius rozar sus labios, y abrió la boca un poco más. Esto está mal, le advirtió una pequeña voz en el fondo de su mente. Se supone que los chicos deben besar a chicas, no a otros chicos. Mordisqueó el labio inferior de Sirius, y sintió que se le aceleraba el pulso cuando profundizó el beso en respuesta.

No recordaba haberse sacado la camisa fuera del pantalón, pero de repente sintió una de las manos de Sirius arrastrándose bajo el dobladillo de la parte posterior de la camisa, y sintió unos cálidos dedos acariciando su espalda, enviando escalofríos por su espina dorsal.

A pesar de sus reservas acerca de lo que estaban haciendo, se sentía bien, y llegó su turno de desabrochar la camisa a Sirius, empujándola hacia detrás de sus hombros mientras las manos buscaban su piel desnuda.

Podía sentir los fuertes latidos del corazón de Sirius golpeando bajo la palma su mano, y sabía que el suyo estaba latiendo de la misma forma.

No debería estar disfrutando de esto.

No debería estar recibiendo tanta emoción al sentir las manos del otro chico en su piel, o sus propias manos acariciando su pecho desnudo.

No estaba seguro de cuando había pasado de estar sentado a recostarse, pero no podía negar el hecho de que Sirius estaba tendido debajo de él cuando finalmente separaron sus labios.

—Maldita sea —susurró Sirius, con su boca se extendía en una sonrisa, una auténtica esta vez.

Remus seguía teniendo dificultades para recuperar el aliento, y sólo podía mirar hacia Sirius en silencio. En verdad compartía el mismo sentimiento.

—Tienes desabrochada la camisa —dijo Sirius.

—Tú también.

—No me había dado cuenta.

Remus se bajó de Sirius y volvió a sentarse en la cama.

—Se supone que debo encontrarme con Charlie en la entrada del castillo —dijo en voz baja.

—¿Tienes que hacerlo?

—No puedo plantarla —señaló Remus—. No se merece eso.

—¿Vas a explicarle las cosas?

Remus asintió mientras se abrochaba la camisa una vez más. Su pelo ahora era un desastre, pero tenía que irse.

—Vuelvo más tarde —dijo, con la mano en el picaporte.

—Espera un minuto —le llamó Sirius, saliendo fuera de la cama y yendo hacia él.

El beso fue breve, un roce suave de sus labios contra los suyos, y Remus no tuvo tiempo de responder.

—Buena suerte —susurró Sirius.

Remus se fue por la puerta, con la esperanza de que nadie pudiera notar con sólo mirarle a la cara lo que había estado haciendo unos minutos antes.

Charlene le estaba esperando, tal como lo habían planeado, y Remus sintió que su corazón saltaba a la vista de la joven jugadora de quidditch. ¿Seguro que eso no estaba bien? Si a él le gustan los chicos y no las chicas, entonces, ¿por qué su corazón latía apresuradamente cuando también la veía?

—Hola, Remus —dijo Charlene—. ¿Es nueva la camisa?

Remus negó con la cabeza.

—Lo tomé prestada.

—¿De Sirius?

Remus negó con la cabeza.

—No, de James.

—¿Vienen hoy a Hogsmeade?

—Sólo James y Peter.

—¿Y Sirius?

—Creo que va a quedarse —respondió Remus.

Charlene se encogió de hombros y sonrió.

—¿Nos vamos?

Remus sabía que debía poner las cosas a su fin, pero en realidad había estado esperando la cita desde que habían comenzado a planificarla. Ahora que finalmente estaba allí, no quería dar la vuelta. Sintió una punzada de culpa cuando recordó que Sirius estaba esperando que volviera, pero lo empujó a un lado mientras sonreía a su cita.

—Te ves muy bien —la halagó, con el rostro sonrojado un poco de vergüenza.

Ella se sonrojó, y enganchó su brazo con el suyo y lo condujo fuera de las puertas.

Como fue la cita, Remus no tenía nada con que compararlo, pero disfrutó del tiempo que pasó vagando por Hogsmeade con Charlene a su lado. El pueblo estaba lleno de estudiantes e hizo todo lo posible para ignorar todas las miradas que estaban recibiendo. Caminaban hacia la casa de Remus cuando la lluvia comenzó a caer.

—¡Vamos! —ordenó Remus, agarrando la mano de Charlene y saliendo disparados a la casa. Corrieron más cuando el agua comenzó a caer más fuerte.

Se estaban riendo cuando cerraron la puerta detrás de ellos, y Remus se dio cuenta de que era la primera vez que estaban solos.

—¿Quieres ver la casa? —preguntó.

Ella asintió y le dio un rápido recorrido por las principales habitaciones, evitando cuidadosamente el sótano. Una vez que el tour hubo terminado, Remus se sentó con Charlene en la sala de estar, donde charlaron acerca de las clases y deberes y otros temas triviales.

La conversación fue fácil, y sólo hubo un par de pausas incómodas. Fue en una de esas pausas que Charlene hizo una pregunta que tomó por sorpresa a Remus.

—¿Qué? —preguntó.

—¿Alguna vez has besado a alguien? —repitió Charlene.

Remus sintió sus mejillas enrojecer al recordar el acalorado beso que había compartido con Sirius poco antes de dejar el castillo. Sabía que debía contestar "sí" a la pregunta, pero lo siguiente sería "¿con quién?", y la última cosa que quería hacer era confesar a nadie que había besado a otro chico. Sabía que Sirius quería una relación con él. También sabía que le gustaba besar a Sirius, mucho más de lo que debería. Pero no se atrevía a contarle a Charlene del beso.

Afortunadamente, ella tomó su silencio como vergüenza por la falta de experiencia.

—Yo tampoco —dijo con una sonrisa—. ¿Quieres?

Remus sabía que respuesta estaba esperando, y asintió con la cabeza lentamente.

El beso fue diferente al que había compartido con Sirius; era más suave y con mucho menos tocamiento involucrado. Las únicas partes del cuerpo que tocaban eran sus labios, y no hubo lenguas o dientes involucrados, no como antes.

—¿Cómo fue? —preguntó Charlene después de que se hubieran sentado de nuevo.

Remus sonrió. No había sido tan apasionado como el que había compartido con Sirius esa tarde, pero su pulso se había acelerado ligeramente. No había sentido repulsión por la idea de besarla, y el beso había sido bastante agradable. No estaba seguro de lo que eso significaba en cuanto a Sirius, pero cuando besó a Charlene por segunda vez, sabía que la elección había sido hecha.

El beso con Sirius había sido un lapsus momentáneo del juicio, y eso era todo. Él no era gay;no podía serlo, no cuando disfrutaba besando a Charlene también.

Cuando hicieron su camino de regreso a Hogwarts, Remus se preguntaba cómo iba a decirle a Sirius sobre su decisión. Era una conversación que no deseaba en absoluto. La luna llena era a la siguiente noche, y temía el resultado si los dos tuviesen otra pelea. Se preguntó si podría ser capaz de posponer la discusión hasta después del paso de la luna llena. Sabía que no era justo con Sirius, pero fue lo único que se le ocurrió hacer.