El recuerdo de Gozaburo Kaiba no era el único fantasma que Seto enfrentaba en sus noches de insomnio. Contrario a lo que todo el mundo, incluido Mokuba, pudiese pensar, el verdadero fantasma era su apellido. Pues le daba caza tan de cerca cómo se escribía de su nombre.

Kaiba.

Porque Kaiba era sinónimo de poder. Kaiba era sinónimo de crueldad. Kaiba era sinónimo de despotismo. Y él no podía ni quería librarse de él: era su trofeo, la insignia que pregonaba su victoria contra Gozaburo.