Traducido por: Ingrid
Beteado por: Mel
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Mejores amigas con mejores amigos
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—¿Qué tal la Sala de los Menesteres? —preguntó Ron al caminar por el pasillo del segundo piso con Hermione, quien chequeaba las aulas vacías para asegurarse de que no hubieran estudiantes no autorizados violando el toque de queda.
—Muchas personas la conocen —contestó ella al entrar al aula de Encantamientos y aguantar su varita sobre la cabeza como si fuese una antorcha, iluminándolos en la oscuridad—. Incluso Malfoy.
—Buen punto —concedió Ron.
Estaba ansioso por empezar con la Poción de Acoplamiento, pero entendía por qué Hermione mantenía cautela. Si alguien diese con la poción antes de que fuese terminada, y la botara o alterara de alguna forma, sería desastroso. No tendrían una segunda oportunidad. Los ingredientes necesarios para preparar esa poción en particular eran muy difíciles de conseguir. Sencilla y llanamente no podrían comenzar la poción hasta que hallaran un lugar privado; el problema era que quedaban pocas opciones.
—¿Y el baño de Myrtle la Llorona? —sugirió Ron a pesar de ya saber lo que ella iba a decir.
—Es lo mismo —respondió Hermione al acercarse a otra puerta y echar un vistazo dentro del aula desierta—. Y no podemos entrar a la Cámara de los Secretos sin Harry —le recordó ella.
—Esto es ridículo —suspiró Ron, recostándose contra la pared, sin intentar ocultar su frustración—. Este castillo es inmenso. Deben de haber millones de lugares secretos que nadie más pueda encontrar. Además de La Casa de los Gritos —añadió él antes de que Hermione la propusiera nuevamente.
Él ya había vetado tal sugerencia una vez, afirmando que sería muy difícil. No quería preocuparla al decirle que la casa también lo incomodaba; no sólo porque ella tendría que pasar por debajo del Sauce Boxeador cada vez que deseara entrar para chequear la poción o agregar un nuevo ingrediente, sino porque tendría que cruzar los terrenos tarde en la noche para hacerlo. ¿Qué tal si alguien la viera por una ventana? ¿Qué tal si decidieran seguirla, o peor, esperar por ella? La podrían atacar, o secuestrarla, o llevarla a rastras dentro del Bosque Prohibido y nadie se daría cuenta de su ausencia hasta por la mañana. Ni por todos los infiernos dejaría que eso pasara. La Casa de los Gritos estaba eliminada. Punto. Fin de la discusión. Por supuesto, Hermione no se había dado cuenta aún. Ella no tomaba con tranquilidad que le abatieran sus ideas y Ron sabía que continuaría peleando por su punto de vista si a él no se le ocurría una mejor idea.
—Nunca pensé que diría esto —suspiró él mientras recorría los dedos de una de sus manos a través de su cabello, irritado—, pero desearía que Fred y George estuvieran aquí. Apuesto que saben miles de lugares que podríamos usar. Les podría escribir —sugirió, animándose un poco—, y preguntar. Tan sólo les diré que necesitamos un lugar privado para besuquearnos. Algún lugar donde nadie nos encuentre porque somos prefectos. Me tomarían el pelo ferozmente, pero apuesto a que nos ayudarían. Sí... —dijo él, animándose aún más—. Apuesto a que les encantaría. Es perfecto. Llegarían a corromper dos prefectos y los ayudarían a romper las reglas, y nosotros obtenemos un lugar privado para besuquearnos.
—Para preparar la poción —le corrigió Hermione.
— Eso también —concordó Ron—. La cuestión es que será un lugar que sólo nosotros conozcamos. Les escribiré apenas regresemos a la sala.
—¿Y qué de Harry?
—¿Qué de él? —preguntó Ron sin ver el posible problema—. No es como si él leyera mis cartas ni nada parecido, pero puedo esperar a que se duerma si estás preocupada.
—Eso no es lo que quise decir —Hermione intentó clarificar—. Es que… él tiene ese mapa, y si lo mira y nos ve a nosotros dos solos, especialmente en un lugar que no conoce, sospechará aún más. Se enfurecerá, Ron. Creo que deberíamos decirle.
—¿Acerca de la poción? —preguntó él bajando la voz a un murmuro—. ¿Y qué hay de la Oclumancia? Pensé que querías esperar hasta que fuera mejor con eso porque…
—No, acerca de nosotros.
—Viste la forma en la que reaccionó cuando le dijiste por qué nos castigaron —indicó Ron, mirándola como si estuviera un poco trastornada—. Trató de fingir que no le molestaba, pero ambos vimos la mirada en su rostro cuando comentó que seríamos nosotros dos solos. No sólo se sintió descartado —le recordó Ron—, sino enfurecido, sólo que dirigió esa furia a Snape en vez de a nosotros.
—Si no le decimos, él se dará cuenta por sí mismo —discutió Hermione—, y entonces tendrá mucha más razón de estar enfadado.
—¿Crees que no lo sé?
—Ya está sospechando —insistió Hermione.
—¿Te dijo algo?
—No —contestó ella—. A Ginny. Le ha estado preguntando acerca de nosotros, por qué paramos de pelear desde el verano y cosas así. Ella nos ha encubierto, pero no es justo que la pongamos en el medio. Y no va a funcionar. Él sabe que algo es diferente, sólo que no se ha dado cuenta qué. Y la cosa va a empeorar. Al final lo descubrirá, debemos decírselo.
—No, no tenemos que hacerlo —contestó Ron con sorprendente confianza—. He estado pensando. Espera —dijo cuando Hermione lucía a punto de protestar—. Escúchame. De veras creo que esto puede funcionar.
—Está bien —suspiró ella, cruzando sus brazos enfrente de su pecho y mirándolo con escepticismo—. ¿Cuál es el brillante plan del que hablas?
—Bueno —dijo Ron, alejándose de la puerta y parándose derecho—, estoy seguro de que Harry sabe que me gustas. «Él y todos los que duermen en mi habitación» —pensó él silenciosamente—. Y si no sabe, lo sospecha. Así que estaba pensando, ¿qué tal si dejo de ocultarlo?. Ya sabes, si te miro fijamente y cosas así cuando estamos en clase. Como lo hacía antes, pero que sea obvio a propósito. Incluso si él no se da cuenta, Seamus sí, y se lo dirá, créeme.
—¿Y se supone que yo sólo debo sentarme mientras tú te la pasas mirándome, pretendiendo no notarlo?
—Puedes notarlo —respondió Ron—. Y estás malinterpretando lo que quiero decir.
—¿Qué cosa?
—Si Harry no lo menciona, Seamus o Neville lo harán. Demonios, hasta tú puedes mencionarlo. Sólo pregúntale a Harry, cuando no estoy cerca, qué es lo que me pasa.
—¿Y tú se lo confesarás?
—No de inmediato —contestó Ron—. Y no enfrente de nadie más. Se lo confesaré más adelante, cuando estemos solos. Le puedo preguntar qué piensa que debería hacer y no se podrá enfurecer si salimos juntos después de eso, porque fue su idea o, por lo menos, pensará que lo fue.
—¿Y qué pasa cuando se dé cuenta de que no lo fue? Sabrá que lo engañamos a propósito. Se sentirá como si le mentimos y tendrá la razón. Entonces tendrá una excusa legítima para estar furioso con nosotros.
—No pensé en eso – admitió Ron—. Sólo intentaba…
—Aminorar el choque —terminó Hermione.
—Sí.
—Creo que la verdad sería más fácil —replicó ella—. Para todos nosotros. Si quieres yo se lo digo. Ni siquiera tienes que estar presente.
—No permitiré que enfrentes eso sola —contestó Ron—. Además, él va estar enfurecido conmigo, no contigo.
—¿Por qué contigo?
—Porque soy el hombre.
—¿Y eso qué tiene que ver? Ambos estamos ocultándoselo.
—¿Alguna vez me has visto fastidiar a Ginny por tener una cita? —preguntó Ron—. No —contestó antes que Hermione—. Quizás protesté un poco y la cuestioné, hasta le dije directamente que no confío en tal tipo, pero no le grito. ¿Qué sentido tiene? Ella va a ser lo quiera a pesar de lo que yo piense. No seré capaz de intimidarla, pero puedo intimarlo a él, endemoniadamente.
—Tú me gritaste —señaló Hermione.
—Eso fue diferente —le informó Ron—. Y todavía digo que Krum intentaba aprovecharse de ti.
—Oh, por todos los cielos —suspiró ella, y movió sus ojos hacia el techo—. Él fue todo un caballero.
—¿Ves? Eso prueba mi teoría —contestó él—. Tú no te das cuenta y Ginny tampoco. Sólo porque un chico mantenga sus manos quietas cuando otros están alrededor, no quiere decir que no esté pensando en aprovecharse de ti. Sólo porque actúe como un caballero no quiere decir que no tomará libertades si recibe el mínimo de estímulo.
—Tú no lo hiciste.
—Sí que lo he hecho —confesó Ron—. Te he presionado. Merlín sabe que trato de no hacerlo, pero algunas veces no puedo evitarlo. Soy un perro caliente como cualquier otro chico en esta escuela. La única diferencia es que yo sé que mis intenciones son honorables, así que está bien. Pero sólo porque no te haya empujado y atacado todavía dentro de unas de estas aulas vacías, no quiere decir que no he estado pensando en hacerlo TODA LA NOCHE o que no estaba planeando en hacerlo tan pronto termináramos nuestro recorrido, porque no es cierto. Y por cierto, todavía estoy pensando en ello —confesó él sin la más mínima pena—, porque soy un lujurioso imbécil y Harry lo sabe.
—Y no importa que te dijera lo que planeaba —continuó Ron rápidamente, por temor a que Hermione intentara interrumpirlo—, porque no trataba de ser noble o advertirte, preguntando por tu permiso con muchos rodeos. No te hubiera dicho todo eso, pero quería que vieras de lo que te estaba hablando. Hemos estado solos por más de una hora y no he intentado tocarte ni siquiera una vez. No porque somos prefectos y tenemos trabajo que hacer u otra de esas tonterías, sino porque sabía que no me dejarías. Sabía que mis posibilidades incrementarían si esperaba, así que eso es lo que he estado haciendo; esperando el momento oportuno. Quizás pensabas que actuaba como un 'perfecto caballero' pero no es así y no lo soy. Ninguno de nosotros lo es. Todos somos perros lascivos. Sólo que algunos son peores que otros.
«Como yo —pensó Ron al intentar oprimir el sentimiento de culpa en el fondo de su estómago—. Estoy en la cima, con esos falsos, bastardos Slytherins. No sólo no te he dicho que, esencialmente, estaremos casados si bebemos esa poción, sino que fui y me robé el talismán de Grimmauld Place porque no quería esperar un mes hasta que tu prepararas la poción. Soy despreciable».
—Si otro chico hubiera intentado hacer las cosas que yo he hecho… continuó él —demonios que lo mataría. Diablos, le pegaría tanto que lo dejaría inconsciente sólo por considerar tal cosa. No quiero que nadie piense así acerca de ti o de mi hermana, y Harry tampoco. No importará que sea yo o que mis intenciones sean buenas. Eso no descarta que aún sea un lascivo hijo de perra (ponlo mas suavecito! jaja) y Harry lo sabe.
—¿Lo que tratas de decirme es que no debería confiar en ti? —preguntó Hermione—. Porque sí confío.
"Are you trying to tell me that I shouldn't trust you?" Hermione asked, "Because I do."
—Algunas veces eres demasiado confiada —contestó Ron—. Sólo porque eres una buena persona no quiere decir que todos los demás también lo sean.
—Tú lo eres —dijo ella, mirándolo directo a los ojos mientras avanzaba y tomaba su mano.
«No, no lo soy» —pensó él, desviando la mirada hacia el suelo e intentando pisotear la pena que brotaba dentro de su cuerpo.
—Sí que lo eres —insistió Hermione, colocando sus dedos debajo de su mentón y alzando su rostro hasta unir sus miradas nuevamente—. Y no has intentado aprovecharte de mi —le informó—. Ni una vez. No has hecho nada que yo no he querido que hicieras. Es más, tú eres el que nos has parado cuando fuimos muy lejos.
—Te amo Hermone —dijo Ron con una expresión sombría que instantáneamente la puso nerviosa—. Necesito que lo sepas. Que las cosas que hago… incluso las cosas que no te gustarán, las hago por ti… sólo quiero… cuidar de ti.
—Y lo haces —contestó ella, un algo confusa por el cambio de humor—. Siempre lo has hecho.
—Y siempre lo haré —le aseguró Ron—. Pasaré toda mi vida cuidando de ti, si me dejas. No siempre te gustará como lo haga, pero tienes que saber que nunca te haría daño deliberadamente.
—¿De éso se trata? —preguntó ella, mirándolo preocupada cada vez más—. No importa cuán furioso se ponga Harry. Él no va a pensar eso de ti. Él sabe, tan bien como yo, que nunca harías algo que me hiriera.
«Te equivocas —pensó él miserablemente—. Chicos de bien no atan a las muchachas así. No les obligan a casarse, aunque sea más como ponerles una trampa que obligarlas, pero eso no importa. Aún así es algo bajo y sucio. Es vil y poco limpio, y yo lo sé, pero, de todas formas, lo voy a hacer. Harry me matará cuando lo sepa, si tú o mamá no se le adelantan. No importará por qué lo hice. Todo lo que importa es que lo hice. Y me merezco cada palabra dura y cada pizca de dolor que él me cause».
—Sólo… só… —tartamudeó Ron—. No quiero... «que alguien más te hiera»… perderte.
—No me perderás —respondió Hermione al lanzar sus brazos alrededor de su cuello y abrazarlo. Le rompía el corazón verlo tan abatido. No importaba que estuvieran haciendo la ronda de prefectos o que estuvieran parados en el medio del pasillo donde cualquiera pudiera verlos. Ya no importaba que ella no entendiera por qué él estaba disgustado. Todo lo que importaba era que él estaba dolido y en ese momento todo lo que ella quería hacer era envolver sus brazos alrededor de su cuerpo y hacer desaparecer el dolor.
—¿Lo prometes? —murmuró él, acercándola y ocultando su rostro en aquel espeso pelo.
—Lo prometo —respondió Hermione, escuchando el rápido latir de su corazón contra de su pecho—. Te amo —dijo ella, alejándose lo suficiente para pararse en la punta de sus pies y presionar sus labios contra los suyos. Era la única cosa que se le ocurrió hacer que podría hacerlo sentir mejor y demostrarle lo mucho que lo quería al mismo tiempo.
Ella había planeado besarlo gentil y cariñosamente, pero se volvió algo más súbitamente. Los labios de Hermione apenas habían tocado los de él cuando Ron tomó su cara en ambas manos y la besó energéticamente, haciendo que casi se les doblaran las rodillas. No había nada dulce o tierno en ese beso. Era caliente y profundo y apasionado. Antes de que ella tuviera tiempo de darse cuenta lo que estaba pasando, Hermione se encontró presionada contra la pared por el cuerpo de Ron.
No era sólo pasión o lujuria lo que lo impulsaba, sino también desesperación. Un tipo de desesperación que ella no había vuelto a ver desde la noche en que apareció en el cuarto de Ron y compartieron su primer beso. Se había pasado todo el día anterior convencida que nunca lo volvería a ver; que nunca tendría la oportunidad de decirle lo mucho que lo quería. Una vez que estuvieron cara a cara; una vez que tenía sus manos alrededor de él, había tenido miedo de que él desapareciera si lo soltaba. Ésa era la manera como la besaba ahora, como si temiera que ella desapareciera al instante que la soltara y abriera sus ojos.
Afortunadamente para Ron, Hermione no tenía intención de abandonarlo y estaba sumamente feliz de responder sus apasionados besos, incluso si estaban en el medio del pasillo. Ya no se trataba de lo que él necesitaba, sino de lo que ella necesitaba también. Ella lo quería devorar ahí parado y nada ni nadie la iba a detener. Excepto ella misma, porque por alguna extraña razón seguía imaginando cómo deberían lucir al gruñir y gimir mientras se empujaban y tocaban el uno y el otro intentando poner sus manos debajo de sus ropas de ese modo. Cualquiera que tuviera la mala suerte de encontrarlos seguramente se quedaría sin habla. Y eso fue lo que la detuvo; la foto mental de Filch parado ahí con su boca abierta del choque, mirando boquiabierto a un par de prefectos que intentaban desvestir el uno y el otro en el pasillo.
«Tendré que modificar su memoria» —pensó Hermione un instante antes de empezar a reír.
Se hubiera pegado a sí misma, porque tomó a Ron por sorpresa y él se alejó para mirarla, lo cual pareció romper el encantamiento conjurado sobre ellos.
—¿Qué? —preguntó él mientras miraba su mano izquierda que había terminado en el espacio creado cuando uno de los botones de la camisa de ella se había desabrochado—. Lo siento —murmuró él, sus mejillas un poco sonrojadas mientras trataba de sacar su mano.
—Si hubiéramos descubierto a alguien más haciendo lo que estábamos haciendo —rió Hermione—, recibirían un castigo instantáneamente.
—Si, pero, no es alguien más, ¿cierto? —preguntó Ron, aliviado al verla sonreír—. Y debido a la buena suerte, no te puedes castigar a ti mismo.
—Yo te puedo castigar a ti —respondió ella sonriendo y apretando su trasero juguetonamente al darse cuenta de que su mano derecha todavía se encontraba ahí.
—Tú eres la que todavía me está excitando —contestó él con una de sus atractivas sonrisas torcidas.
—Oh, bueno —suspiró Hermione, mordiendo su labio inferior intencionadamente porque sabía que eso lo tentaría—. Supongo que eso es algo atrevido, ¿no? —preguntó ella, apretándole el trasero antes de remover su mano—. Creo que tendremos que castigarnos el uno al otro.
—Demonios, Hermione —gruñó Ron, sus ojos ensanchándose por el asombro—. ¿Tratas de matarme, a propósito? Espera —añadió él mientras se le ocurría otro pensamiento—. Ése no es mi castigo, ¿verdad? Porque sería cruel provocarme de ese modo. ¿No puedo escribir oraciones o algo así? —él se inclinó hacia delante y murmuró en su oído—. Las tendré listas a primera hora en la mañana – prometió él antes de que sus labios rozaran el área sensitiva del cuello de ella—. No besaré a mi novia durante las rondas —murmuró él antes de mover su cabello hacia un lado y colocar un sendero de besos suaves por su cuello—. No besaré a mi novia durante las rondas…
—¿Eso es lo que soy? —preguntó Hermione, temblando al sentir su lengua deslizarse sobre su piel—. ¿Tu novia?
—No —contestó Ron, al alejarse de ella y mirarla seriamente—. Eres mucho más que eso. Eres mi todo. La primera cosa en la que pienso al levantarme en la mañana. La última cosa en la que pienso al acostarme por la noche. Con la que quiero pasar mi tiempo desde que me levanto hasta que me acuesto. Eres mi corazón. Y pronto serás mi alma y yo seré la tuya. Hasta que decidas lo contrario, claro.
—Oh, Ron —suspiró Hermione antes de tirarse sobre él y besarlo.
—¿Esto quiere decir que me aceptas? —preguntó él, cuando ambos fueron obligados a salir a la superficie por aire.
—Será mejor que lo creas —contestó Hermione antes de tirársele de nuevo.
—¿Y qué hay de nuestras rondas? –—preguntó él, a pesar de ser a regañadientes.
—Ya terminamos con ellas —informó ella, tomando su mano y empujándolo hacia el aula más cerca.
—¿Qué hay de la primer piso?
—Al diablo con él —replicó ella, empujándolo dentro del cuarto donde daban las clases de Encantamiento y dándole una patada a la puerta detrás de ellos.
—Merlín, te amo —gruñó Ron al mirar a Hermione sacar su varita y usarla para imperturbar la puerta, para que no fueran interrumpidos.
—Qué bien —dijo ella juguetonamente, al colocar su varita en su bolsillo y entonces remover su toga—. Creo que tenemos 40 minutos, más o menos, antes que Harry comience a preguntarse lo que nos pasó. ¿Crees que puedes mostrarme cuánto me amas en ese tiempo?
—Definitivamente —contestó Ron con una sonrisa mientras se quitaba su toga y la tiraba en el silla más cercana—. Quizás hasta dos veces —añadió él, removiendo su corbata.
—Un tanto ambicioso, ¿no crees? —bromeó Hermione mientras ella se incline contra uno de los escritorios—. Me gusta. Ese modo de pensar debe ser recompensado. ¿Así que por qué no te aproximas —dijo ella mientras le hacía señas con su dedo índice— y reclamas tu premio?
...
—Si no paras de sonreír así —le advirtió a Ron mientras caminaban tomados de las manos hacia la torre de Gryffindor—, Harry va a saber que algo pasó. Nadie disfruta tanto las rondas de prefectos.
—No puedo evitarlo —replicó Ron al ellos llegar a la cima del escalón y seguir por el corredor que los llevaría al retrato de la Señora Gorda—. Eso fue endemoniadamente brillante. Creo que lo deberíamos hacer cada jueves por la noche. Eh… no sólo eso —corrigió él, sus oídos tornándose rojos al darse cuenta de que acababa de sugerir que ella le hiciera sexo oral semanalmente—. Quiero decir, que fue... eh… estupendo… hasta brillante, pero … ah… no tienes que hacerlo de nuevo si no quieres. Lo que quiero decir es que… de veras, de veras que lo disfruté y mucho —continuó tartamudeando—. «Eso es quedarse corto, Weasley». Obvio. Pero.. eh... bueno, no tienes que hacerlo de nuevo… si crees que es asqueroso o algo así. Ay, demonios —murmuró Ron, cuando Hermione viró la cabeza para que él no pudiera verla reír—. Probablemente debería decir gracias y callarme, ¿cierto?
—Esa es una buena idea —contestó Hermione con una risita—. Es halagador saber que te puedo transformar en un completo idiota.
—Calla —gimió Ron, su rubor se tornaba más rojo, si era posible—. No lo soy del todo. Así que… ah… ¿crees que fue asqueroso?
Esta vez fue el turno de Hermione para sonrojarse—. Mmm… no exactamente —replicó ella, tomada por sorpresa e insegura de cómo responder—. No, asqueroso no sería el término que yo usaría.
—¿Y qué término usarías?
—Puedo pensar en varios, la verdad.
—¿Cuál es el primero que te viene a la mente?
—Interesante —mintió Hermione. La primera palabra que le venía a la mente era exitante, sólo que no estaba segura si debería admitirlo. Parecía ser algo que una mujer promiscua diría y, francamente, esta experiencia la había tomado por sorpresa. Ella había esperado que él lo disfrutara, pero nunca pensó que ella también. No de esa manera. La verdad era que, al principio, había sido embarazoso, y se había preocupado por no equivocarse, a pesar de que había leído todo acerca de la técnica apropiada. Pero los libros no le habían advertido que ella también se excitaría. No habían mencionado que el reducir tu novio a una masa de temblor podía estimular tu propio cuerpo al mismo tiempo. Unos poco gruñidos y su ansiedad había sido olvidada y reemplazada por el deseo de hacer lo que fuera para provocar más de esos sonidos eróticos—. «Sí, fue exitante. Caliente, intoxicante y raro, y me dio un poco de miedo, todo simultáneamente, pero interesante parece ser la mejor palabra para describirlo».
—¿Interesante? —dijo Ron, mirándola atentamente mientras intentaba interpretar su respuesta—. ¿En un buen o mal sentido? —inquirió él finalmente.
—En buen sentido —contestó Hermione, con sus mejillas sonrojadas de nuevo. «Sin duda alguna en buen sentido».
—Oh —dijo él, al bajar sus ojos al suelo por una razón desconocida—. Mmn… bueno, entonces… eso es bueno. ¿Qué tal el próximo jueves?
—¡RON! —exclamó Hermione, dándole un golpe en el brazo—. No vamos a dejar de hacer nuestras labores como prefectos y pasar el rato TODOS los jueves por la noche.
—¿Un jueves sí y otro no? —preguntó él con esperanza mientras la miraba con su mejor versión de ojos de cachorro inocente—. ¿Un jueves al mes? —continuó él al ella no responder pronto—. Ah, vamos —exclamó Ron cuando ella soltó su mano y siguió caminando hacia el retrato sin él—. Por lo menos me tienes que dar un jueves al mes —dijo él, alcanzándola rápidamente—. Esas son las únicas noches que podemos estar completamente solos. Trabajaré como un perro los demás jueves, lo prometo. Seré un prefecto modelo; daré detenciones y todo. Sólo un jueves al mes. Sabes que lo quieres.
—No, no quiero —le informó Hermione al ellos pararse enfrente de la Señora Gorda.
—Contraseña.
—Quiero darte todos los jueves por la noche —explicó ella rápidamente, ignorando la Señora Gorda, quien lucía ofendida al no recibir respuesta alguna—, pero no puedo. Tengo un trabajo hacer. Ambos lo tenemos. Y nos guste o no, debemos hacerlo.
—Hermione —se quejó Ron—. Me estás matando.
—Tenemos un trabajo que hacer —reiteró Hermione—, y lo vamos a hacer. Por supuesto, eso no quiere decir que no hay otras formas de mantenernos ocupados si terminamos temprano —añadió ella con una sonrisa coquetona—. Si encuentras una manera de hacerlo posible, claro está. Lengua de caramelo —dijo ella, al darle la contraseña a la Señora Gorda, abrió la puerta y dejó a Ron parado en el pasillo que intentaba inventar una manera de llevar a cabo la tarea, más rápido.
Hermione, por supuesto, ya sabía la respuesta. Necesitaban tomar prestado el Mapa del Merodeador los jueves por la noche. No sólo les mostraría quién no seguía el toque de queda y dónde estaban escondidos, sino también le impediría a Harry descubrir por casualidad lo que estaban tramando, si es que decidían hacer de las suyas también. De seguro le llevaría tiempo a Ron darse cuenta por sí mismo, pero al final lo descubriría. Hasta entonces, eso le mantendría la mente ocupada y aseguraría que Harry no lo pillara sonriendo por sus tareas de prefecto como un imbécil.
...
—¡AY! No puede ser… —gritó Hermione enfurecida al salir del dormitorio de las chicas del quinto año y cerrar la puerta detrás de ella.
—¿Qué ha hecho el idiota de mi hermano ahora? —preguntó Ginny despreocupada.
—No ellos —siseó Hermione, mirando alrededor del cuarto rápidamente para asegurarse que estaban completamente solas. Afortunadamente, era sábado por la tarde y todas sus compañeras de cuarto se encontraban en la Sala Común—. Parvati y Lavender… sabes lo que… lo que… ¡¡AH!! ¡Son frescas, maldita sea!
—Cálmate —replicó Ginny, al intentar comprender a su amiga despotricar—. No te entiendo. ¿Qué hicieron exactamente? Todavía no están molestando acerca de tu pelo, ¿cierto?
—Ron y Harry insistieron jugar a las cartas explosivas a pesar de que yo trataba de terminar mi composición para DCAO, así que subí a mi cuarto para terminarlo —explicó Hermione al caminar de aquí para allá enfrente de la cama de Ginny—. Sólo que cuando llego a mi cuarto encuentro a Lavender y a Parvati con sus cabezas unidas, hablando en voz baja y riéndose.
—Nada nuevo —interrumpió Ginny, hacienda que Hermione parara de caminar y frunciera el ceño.
—No, eso no es nuevo —concordó la chica del pelo espeso irritada—. La parte nueva fue cuando pararon de hacerlo cuando entré al cuarto. Al principio pensé que estaban hablando de mí, pero sucede que hablaban de…
—Harry —Ginny terminó la oración por ella.
—Sí, ¿cómo lo sabes?
—Tendrías que ser ciega para no notar las miradas que Parvati le da desde que llegamos.
—¿Qué miradas? Yo no las he notado.
—Bueno, tú has estado un poco preocupada con el imbécil de mi hermano por el momento —contestó Ginny, riéndose cuando las mejillas de Hermione se sonrojaron—. Está bien, así que estaban… hablando acerca de Harry —continuó ella, intentando ocultar lo mucho que le inquietaba la noticia— «Ya lo olvidaste, ¿te acuerdas? Ahora enfócate en el problema de Hermione». ¿Y eso te molestó?
—No —admitió Hermione—. Y les dije eso apenas me di cuenta de quién estaba hablando. Honestamente, les habré dicho un centenar de veces que Harry y yo somos amigos nada más. Sólo que por alguna razón, esta vez cuando lo dije, se animaron y actuaron como si me creyeran.
—Eso es porque querían que fuera verdadero esta vez —suspiró Ginny—. Continúa. ¿Qué pasó después?
—Bueno, tú sabes cómo son – respondió Hermione—. Ambas comenzaron a hablar al mismo tiempo y me tomó un segundo entender por qué estaban tan animadas. No me di cuenta hasta que Lavender mencionó algo acerca de cómo yo era la mejor amiga de los dos y cómo, si alguien sabía lo que a ellos les gustaba en las chicas, ésa sería yo. Y entonces comenzó a hablar rápidamente acerca de cuán divertido sería eso de… "mejores amigas saliendo con mejores amigos" —gruñó Hermione, esforzándose a decir las últimas palabras.
—Mentira que dijo eso —exclamó Ginny, tratando de reírse.
—Sí que lo dijo.
—¿A Lavender le gusta Ron?
—¡Esa maldita vaca! —gritó Hermione furiosamente.
—¿Y qué dijiste tú? —preguntó Ginny, incapaz de evitar reírse esta vez.
—Nada —admitió su amiga enfurecida, con su rostro tornándose cada vez más rojo —. Tan sólo me quedé ahí con la boca abierta, mirándolas aterrorizada.
—¿Por qué no les dijiste que Ron ya tenía novia?
—¿ESTÁS LOCA? —chilló Hermione—. No puedo hacer eso. Ellas querrían saber quién, e inclusive si rehusara decirles, los rumores comenzarían a volar por toda la escuela por la mañana tratando de adivinar quién es, y entonces Harry se enteraría y sería una pesadilla. ¡DEMONIOS! Le dije a Ron que no podíamos seguir así. Le dije que tendríamos que decirle a Harry. ¡ODIO ESTO!
—Está bien, veo tu punto de vista —dijo Ginny, aguantándole las manos frente a sí en un intento, en vano, de calmar a Hermione.
—¡Ginny! —gritó Hermione—. ¿Qué se supone que voy a hacer? No puedo volver a ahí. Si ella me pregunta acerca de él de nuevo capaz que saque mi varita y la maldiga allí donde está parada.
—En todo caso, puedes ofrecerte a acompañarla en la próxima clase de DCAO.
—¡GINNY! —gimió Hermione miserablemente.
—Oh, está bien. ¿Qué tal esto entonces? Si te pregunta de nuevo, dile la verdad —sugirió la joven pelirroja—. Que puede bailar desnuda en la Sala Común y Ron no se daría ni cuenta. Está bien, la notaría —reconoció ella cuando los ojos café, provocativos, se fruncieron y la miraron escépticos—-, pero no la invitaría a salir con él. Aunque, estoy segura que otros chicos sí lo harían. En cuyo caso, ella te dejaría en paz.
—No, a menos que ellos tengan un mejor amigo para Parvati —se burló Hermione—. Mejores amigas con mejores amigos, ¿recuerdas? —añadió ella, luciendo como si quisiera hacer arcadas.
—Eso suena como un plan —murmuró Ginny—. Tendrán que encontrar otro par de mejores amigos. El par que persiguen ya está tomado.
—¿Oh, de veras? —preguntó Hermione, al levantar una ceja y estudiar a su amiga de cerca—. ¿Hay algo que quieras decirme, Gin?
—No —contestó la pelirroja rápidamente, con sus mejillas sonrojadas de un fuerte color rosa—. Sólo quise decir tu mitad, eso es todo.
—Ajá – concordó Hermione, usando un tono de voz que dejaba claro que no creía ni una palabra de lo que Ginny decía—. Y supongo que esa es la razón por la cual tu rostro hace juego con tu pelo.
—Calla —gruñó Ginny mortificada.
—Harry es un tonto cuando se trata de chicas, Gin, así que tendrás que ser paciente —dijo Hermione al sentarse en la cama, al lado de su amiga—. Es casi tan despistado como tu hermano. De veras. No exagero. Tienes el trabajo hecho por ti, pero preferiría ayudarte en vez de Parvati. Por lo menos tú no lo vas a desfilar por las calles y exhibirlo como si fuera un premio que ganaste. Ella no tiene oportunidad en contra de nosotras dos —insistió Hermione—. Excepto que cuando comience la pelea real, Lavender es mía.
—Lo imagino —rió Ginny—. Lavender con la palabra "puta" escrita en su frente.
—Nunca haría algo tan drástico —protestó Hermione.
—¿Hermione? ¿Estás ahí? —preguntó una voz suave antes de que tocara la puerta—. Si estás ahí deberías saber que por diez minutos Ron ha estado gritando en las escaleras, tratando de llamar tu atención. Algo acerca de que lo vas a hacer llegar tarde a la detención.
Hermione murmuró algo por debajo de su respiración antes desviar su mirada de la puerta hacia Ginny, pidiendo perdón—. Me olvidé por completo —dijo ella con un suspiro.
—Puedes planear tu venganza más tarde —dijo Ginny en baja voz—. Será mejor que vayas o él será capaz de subir a buscarte.
—Ya lo intentó una vez —Hermione le recordó a su amiga al levantarse de la cama y cruzar la habitación hacia la puerta—. Él no es tan tonto como para intentarlo de nuevo.
—Sí, como no —rió Ginny cuando Hermione abrió la puerta y quedó cara a cara con Parvati—. Por supuesto que es así de tonto.
—Gracias —dijo Hermione, apenas mirando a Parvati al salir al pasillo y dirigirse a la escalera que llevaba a la Sala Común.
—No hay problema —respondió Parvati.
—Si no te es molestia —dijo Ginny cortésmente, agarrando el libro que leía antes que Hermione entrara a su cuarto, mirando al libro en vez de a Parvati—. ¿Podrías cerrar la puerta? Necesito terminar de leer este libro para el miércoles —añadió ella.
—Está bien —dijo Parvati, al sonreírle de manera comprensiva a Ginny y cerrar la puerta. Acabada de completar su quinto año, Parvati sabía lo difícil que era, particularmente al final. Pero estaban en la primera semana escolar, por Merlín. Parecía un algo extremo esperar que alguien leyera un libro entero en cinco días—. Gracias a Merlín que no tomé el curso que ella tomó.
—Le voy a dar cinco minutos más —Hermione escuchó la voz de Ron hacer eco por las piedras de la escalera al acercarse—. Y entonces voy a coger mi escoba y volar hasta allí para buscarla.
Hermione se detuvo el instante en que escuchó la voz de Lavender Brown—. Estoy segura que bajará en un minuto. ¿Por qué no vamos a sentarnos en el sofá y yo te mantendré compañía mientras esperas?
—¡HER-MI-OOOOO-NEEEEE! —gritó Ron impaciente.
«Oh, no, no lo harás» —pensó Hermione, al acercarse a la escalera e inclinarse en la baranda lo suficiente para ver lo que Lavender hacía.
—Todavía no puedo creer que te hayan castigado tanto —le escuchó decir a Lavender al ella ponerse en el segundo escalón, obligando a que Ron la mirara, ya que bloqueaba su mirada—. Y los sábados por la noche también. No es justo. Escuché a Malfoy regodearse esta mañana en el Gran Comedor. ¿Es verdad que por poco pierdes tu insignia de prefecto? —preguntó Lavender, al alzar su brazo y tocar la insignia roja y dorada pegada al jersey de Ron.
—No —respondió Ron bruscamente, removiendo la mano de su jersey antes de mirar su reloj—. ¡HER–MIII –OOOO…! —empezó a gritar, pero paró el instante en que la vio—. Ya era hora de que te aparecieras, maldita sea. Vamos a llegar tarde, ¿lo sabías? —preguntó él mientras ella descendía rápidamente las escaleras.
—No si nos apuramos —contestó Hermione, agarrando su brazo el instante en que entró a la Sala Común, arrastrándolo lejos de Lavender y hacia la salida—. Aunque tendremos que correr.
—Nos quedan tres minutos para llegar al segundo piso —gritó Ron al seguirla, fuera de la Sala Común—. Sólo recuerda de quién fue la culpa cuando McGonagall comience sermonearnos.
N/t: ¡Cómo los extrañaba! ¡Cómo extrañaba leer de esta historia! Pasó un tiempo... ¡Dios, más de un mes! Pero bueno, al fin regresamos. Tengo que darles una buena noticia y otra mala. La buena es que voy a traducir más seguido (un capítulo por domingo, ¿qué les parece?), la mala es que Ingrid decidió apartarse de la traducción ya que sus estudios la tiene demasiado ocupada, así que éste es el último capítulo traducido por ella que verán, aunque sea por un tiempo. Antonio, sin embargo, traducirá dos capítulos más y también abandonará la traducción. Volveré a ser yo sola, pero prometo no bajar los brazos. Ahora si, les dejo un besote enorme y gracias por seguir siempre leyendo.. ¡y felicidades a Melissa Granger por ser el review número 300! Jajaj, me hizo acordar al capítulo de los Simpsons donde Homero anota 300 en los bolos, :P Déjenme... estoy re loca.
