Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, sólo nos adjudicamos la traducción.


The Perfect Partner Program

By: MarieCarro

Traducción: Sarai GN

Beta: Flor Carrizo


Capítulo 37: Epílogo

Gemí en frustración mientras me enderezaba y me iba detrás del niño que trató de correr más rápido que yo y llegar a los juguetes, a pesar de que le acababa de explicar que tenía suficientes juguetes en casa. No necesitaba más, especialmente no otra figura de acción que sería desechada en el piso para que yo la pisara.

—¡Alec, no huyas de mí! —grité tras de él, tal vez un poco fuerte ya que los demás que estaban en los pasillos del supermercado volvieron la cabeza y me miraron. Podía ver en sus ojos que me juzgaban, que pensaban que debía controlar mejor a mi hijo, pero no tenían idea qué tan incontrolable Alec estaba últimamente.

Todo más o menos comenzó la semana antes de su tercer cumpleaños cuando de repente se dio cuenta de que no recibía los juguetes que quería.

Lo alcancé y agarré su pequeño brazo para mantenerlo conmigo. Inmediatamente comenzó a chillar y llorar a todo pulmón antes que se pusiera en el suelo, golpeándolo con sus puños y sus pies.

Lo recogí por la cintura y lo puse en pie. De nuevo tuve que acuclillarme a su nivel.

—Alec, detén este comportamiento en este momento o nos vamos a ir de aquí y te dejaré con tu padre.

Se calmó y me miró con un gran puchero y los ojos rojos e hinchados.

Le limpié con cuidado las lágrimas de las mejillas y lo besé en la cara roja e hinchada que todavía era la cosa más hermosa para mí.

—Mi vida, tienes más juguetes de los que necesitas en casa. ¿Por qué exactamente quieres ese muñeco en particular?

—Es de la película que papi y yo vimos —dijo humilde y miró hacia abajo a sus pies.

—Cariño, no puedes tener un juguete de cada película que ves con tu papi. ¿Y qué diría Iron Man si tú llegas a casa con un nuevo juguete? ¿No se pondría celoso?

Alec sorbió por la nariz y asintió.

—¿Sabes qué? Terminemos rápido con las compras y entonces podemos hacer galletas después de la cena. ¿Te gustaría eso?

El juguete estuvo completamente olvidado en cuanto mencioné las galletas. Mi hijo era un completo monstruo de galletas, pero estaba manteniendo su adicción al azúcar bajo control por el momento. No quería que se convirtiera en uno de esos niños que con el tiempo se negaba a comer cualquier cosa excepto cosas azucaradas.

Alec sonrió enorme y tiró sus brazos alrededor de mi cuello antes de darme un beso húmedo.

—Lo siento por ser malo, mamá —dijo en mi cabello con sus adorables errores de pronunciación y lo abracé más fuerte. Nada, absolutamente nada, se podía comparar al amor que sentía por mi hijo, ni siquiera el amor que le tenía a mi esposo.

Sí, Edward y yo nos habíamos casado hacía casi un año y no era que me tomara dos años darme cuenta que lo quería como mi esposo. En realidad él me lo había propuesto el día anterior al primer cumpleaños de Alec. Aparentemente había planeado hacerlo en la fiesta de cumpleaños, pero Becca había amenazado con castrarlo si le quitaba ser el centro de atención a Alec.

Planeamos la boda durante más de un año porque tenía que admitir que quería una gran y hermosa boda. Fue un gran acontecimiento, después de todo, cuando la hija del jefe de policía finalmente se convirtió en una señora y haber nacido en los círculos sociales más altos, se esperaba de nosotros que tuviéramos una gran boda, aunque como que le sacamos el dedo medio a los de la alta sociedad cuando nos rehusamos a invitar a las familias que solo querían venir para exponerse en los medios.

Los Carter incluso habían tratado de colarse a la recepción. Eso no funcionó muy bien, sin embargo, y consiguieron algunas fotos embarazosas de ellos esparcidas en los tabloides.

Renée ni siquiera trató de ponerse en contacto y yo no podría haber estado más feliz por eso. No había escuchado siquiera un pedo de la mujer en los casi diez años que habían transcurrido desde que tomé mi coche y me alejé de la academia PPP.

Esa noche, Alec y yo estábamos completamente cubiertos de harina cuando Edward llegó a casa. Llevaba un traje asombroso, de los que siempre vestía cuando estaba en la oficina.

A través de su antiguo trabajo, a pesar de que no había registros de que alguna vez trabajara ahí, el FBI de Seattle supo de él y le ofrecieron un puesto como generador de perfiles. Estaban impresionados con su habilidad para leer a la gente tan a fondo y lo tuvieron a prueba un mes antes de contratarlo oficialmente.

Edward estaba muy satisfecho con esto porque era capaz de trabajar en lo que siempre había sabido, pero al mismo tiempo, siempre podía venir a casa por las noches conmigo y Alec.

—Bueno, no es este un espectáculo para los ojos cansados —dijo cuando nos vio y se rió—. ¿Dónde está mi pequeño monstruo? No puedo verlo por ningún lado.

—¡Estoy aquí, papá! —exclamó Alec desde su lugar en el mostrador y le tendió los brazos para que lo cargara. A Edward no le importaba en absoluto que se llenara de harina su traje mientras felizmente levantaba a nuestro hijo en el aire. A pesar de que Alec no era biológicamente suyo, nunca lo creerías al verlos a los dos juntos, aunque era evidente que Alec al hacerse mayor, probablemente se parecería más a su padre biológico, porque aparte de mi pelo oscuro y la nariz de papá, él no se parecía mucho a los Swan.

Edward y yo no habíamos planeado decirle a Alec que era un bebé probeta. Solo si alguna vez preguntaba le diríamos la verdad, pero ambos creíamos que él sería más feliz si crecía creyendo que su figura paterna era en realidad su verdadero papá.

Edward acomodó a Alec en su cadera y luego se inclinó para darme un beso. Eso hizo que Alec se riera y Edward sopló un beso ruidoso en su cuello.

Cuando los veía a los dos juntos empezaba a preguntarme, no por primera vez, si Edward deseaba tener un hijo que fuera biológicamente suyo o si estaba contento con ser el padre de Alec. Si de verdad quería un hijo, temía que pronto fuera muy tarde. Ninguno de los dos se estaba volviendo más joven. Yo ya había cumplido treinta y seis y Edward pronto cumpliría cuarenta. Eso no sería problema para él, pero mi reloj biológico seguía corriendo.

Siendo la hija de una ginecóloga y obstetra, sabía que cuando una mujer pasaba los cuarenta años, un embarazo sería más difícil, y no sabía lo que Edward deseaba.

No estaría en contra de tener otro hijo. Recuerdo cuánto solía querer un hermano para jugar cuando era niña, pero había sabido desde el principio que Renée nunca querría otro niño, así que me lo guardé para mí y pretendí que tenía una hermana o hermano en su lugar.

No creo que alguna vez Alec sintiera el mismo deseo por un hermano porque tenía dos padres que amaban jugar con él, pero no creo que le importaría uno tampoco.

Cuando Alec fue puesto en la cama, Edward y yo nos quedamos en el sofá con una copa de vino y solo disfrutando de la compañía del otro. Estaba recostada en su hombro y él tenía su brazo a mi alrededor, y no podría haber estado más feliz en ese momento.

—¿Tienes algo especial que quieres que hagamos la próxima semana? —preguntó Edward después de unos minutos de silencio y tomó un sorbo de su vino.

Nuestro primer aniversario era la próxima semana y mis padres habían prometido cuidar a Alec para que Edward y yo pudiéramos realmente celebrar.

Pensé en lo que quería hacer, pero me quedé en blanco. Nunca había necesitado hacer algo lujoso para celebrar, pero como que quería hacer de este aniversario algo especial, ya que era el primero.

—En realidad no, pero sería divertido salir a comer a algún lugar agradable, aunque no sé a dónde.

—¿Solo a comer? ¿No quieres salir a bailar o algo por el estilo?

Negué con la cabeza.

—No. El hecho de saber que te tengo solo para mí después de la cena es más que suficiente.

Edward se inclinó y me dio el beso más dulce, me hizo recordar a aquel día cuando al fin me había sentido confiada con mis sentimientos para decirle que lo amaba también. No creo jamás haber visto a Edward tan feliz. Casi no me creyó cuando se lo dije, pero solo casi.

Había dicho que había notado el cambio en mí tan pronto como trajimos a Alec a casa del hospital. Me había vuelto más cariñosa con él y nunca quise que volviera a su casa al caer la noche.

Llegado el momento, Edward había estado en su casa solo por dos meses y medio antes de mudarse a mi casa conmigo y Alec. Solo no se sentía bien no tenerlo cerca.

El día anterior a nuestro aniversario, Becca decidió que necesitaba consentirme, así que mientras Alec estaba en la guardería, ella y yo fuimos a nuestro spa favorito para mimarnos.

—Tienes las más terribles bolsas debajo de los ojos, querida. Necesitamos hacernos cargo de eso —dijo Becca en cuanto nos encontramos en el estacionamiento.

—Alec ha estado teniendo pesadillas por un tiempo. No sabemos qué las está causando, pero tengo dificultades para dormir toda la noche. Con suerte, va a dormir bien mañana en la noche con papá y podré descansar.

Becca rió.

—¿Descansar? ¿Eso es lo que vas a hacer cuando al fin tengas a tu hombre a solas? No me digas que ya la tienes seca ahí abajo —replicó y rodé los ojos ante su crudeza.

—Soy completamente funcional en esa área, muchas gracias, y sabes que me refiero a que voy a descansar después. Nunca dejaría que una noche como esta se me pase.

—¡Seguro que no lo harías!

Caminamos a través de las puertas de entrada y nos detuvimos con los folletos unos minutos, tratando de decidir qué tratamientos queríamos.

—Uh, creo que me haré el masaje de noventa por minute y luego una manicura y pedicura —le dije a la recepcionista. Tecleó en su computadora y le entregué mi tarjeta de crédito. El tratamiento era caro, pero valía la pena. Necesitaba relajarme. Con mis días divididos entre la estación y Alec, y luego Edward en la noche, nunca hacía nada para mí. Vi esto como un regalo de aniversario para mí. Además, Edward y yo podíamos costearnos cosas como esta de vez en cuando. No siempre, pero algunas veces.

—¿No te vas a depilar? —preguntó Becca sobre mi hombro mientras estaba pagando.

—No. Me depilé en casa hace dos noches y todavía está suave, así que estoy bien.

—Bueno, yo sí. Hace ya mucho tiempo desde que me hice el brasileño y creo que Solomon lo apreciará.

—Estoy segura que lo hará —repliqué con una sonrisa.

Me sentí como si me pudiera dormir en la silla luego del masaje y que mis pies fueron arreglados y consentidos. La pedicurista tenía las manos tan suaves y se sentía tan bien saber que mis callos eras solo un recuerdo.

De repente, escuché una voz que hizo que mi cuerpo entero se enfriara.

—¡Ustedes son tan incompetentes! Mi esposo se enterará de esto y cerrará este lugar antes que puedas decir "manicura". ¡Recuerda mis palabras!

Mis ojos se abrieron de golpe, porque simplemente no podía mantenerlos cerrados. Tenía que confirmar si la voz de hecho pertenecía a la persona que creía.

Efectivamente, allí estaba ella. La mujer que una vez me había dado a luz estaba a unos pocos pies de distancia, pero el tiempo que había pasado desde la última vez que la vi no había sido su amigo. Era obvio que se había hecho uno o dos estiramientos faciales y más que suficiente botox inyectado en los labios y frente. Se veía peor que Janice Dickinson sin maquillaje. Parecía mucho más vieja que sus cincuenta y siete años, extrañamente, a pesar de su cirugía plástica.

Hizo un giro dramático hacia la puerta, pero en el camino tuvimos contacto visual, y mientras yo también había envejecido desde la última vez que nos vimos, al instante me reconoció, y una sonrisa siniestra estiró su cara llena de Botox. Abandonó la salida y se dirigió hacia mí.

—¡Isabella, querida, ha pasado mucho tiempo! ¿Cómo estás? —Se inclinó para besar mi mejilla como si fuéramos grandes amigas sin vernos, pero me encogí en mi silla lejos de ella. En realidad me asustaba un poco por el momento.

—Renée —dije despacio y ese fue el único saludo que le di.

—¿Qué es esto? ¿Ni siquiera vas a pretender que estás feliz de verme? —preguntó y tuvo el descaró de sonar ofendida.

—¿Por qué lo estaría?

—Soy tu madre —replicó y casi me ahogué en mi propia saliva.

—No, no lo eres.

—¡Oh, no seas tonta! Por supuesto que lo soy. ¿No crees que recordaría darte a luz?

Apreté mi puño y comencé a contar hacia atrás desde diez, pero eso no hizo nada para calmarme. Podía sentir mi ira en aumento y sabía que eso era lo que ella quería. Quería que explotara y causara una escena. Siempre le había gustado el dramatismo y si podía arrastrarme con ella, no lo dudaría.

Sin embargo, no le daría ese placer. Sin importar cuánto ella supiera qué botones presionar. Tenía que recordar que era una persona diferente ahora. No era la misma chica a la que había emparejado con George o enviado al programa. Era más fuerte ahora. Tenía amor en mi vida, tanto de un hombre que había hecho sus votos y de un niño que era la niña de mis ojos. Tenía una familia en ellos, así como en mis padres, en Sam y Lilly, sus hijos, y en Becca. Estas eran personas que Renée no podría quitarme. Nunca.

—Solo porque me diste a luz, no significa que seas mi madre —dije con los dientes apretados y una sonrisa forzada—. El nombre de mi madre es Susan Swan. —Volví la cabeza y observé a la mujer mayor—. No creo que hayas tenido el privilegio de conocerla, pero es una mujer maravillosa.

La esquina de los ojos de Renée se movió un poco y estaba sorprendida de que su cara todavía fuera capaz de hacer eso.

—No es en serio, ¿de verdad crees que esa italiana idiota es tu madre? ¡Ella no te crió!

Quise abofetearla por llamar a Sue una idiota, pero no mordí el anzuelo. Ella no obtendría eso de mí.

Vi a Becca venir en nuestro camino por el rabillo del ojo, pero la detuve con un gesto de la mano. Esta era mi pelea.

—Tampoco lo hiciste tú, Renée. Nana lo hizo. Ella, el abuelo y papá fueron los únicos que te hicieron soportable para mí. —Olvidé las pretensiones por complete y decidí que era hora de dejar salir la verdad a la luz—. Fuiste una madre horrible. La única razón por la cual te llamé madre fue por el bien de papá. Te odiaba con cada fibra de mi ser.

La cara de Renée se quedó completamente estoica, pero luego una luz iluminó sus ojos de nuevo y provocó que un escalofrío me recorriera por la espina dorsal.

—Leí en el periódico que te casaste. Con Edward Masen, nada menos. ¿Cómo lo conseguiste? ¿Te embarazó? ¿Fue así como lograste atraparlo? Quiero decir, él no podría casarse contigo por nada menos que el deber.

La pedicurista, quien cortésmente pretendió como si no hubiese escuchado la conversación en absoluto, terminó y me levanté para ir a la manicura.

—No soy tú, Renée —dije con calma mientras la pasaba y parecía como si ella fuera a tener un aneurisma.

—¿Qué quieres decir con eso? —Estaba bailando internamente cuando me di cuenta que los papeles se habían invertido. Finalmente era quien tenía el control.

—Exactamente eso. No tuve que presionar a un hombre para que se casara conmigo. Él me lo propuso por su cuenta.

Renée sonrió.

—Buen intento, Isabella. Vi al niño en el periódico. Sé que tienes un hijo.

Asentí.

—Es cierto. Lo tengo. Y los tres somos muy felices juntos. De hecho, estamos pensando en tener otro. —De acuerdo, eso no era cierto, pero Renée no lo sabía—. Ahora, si me disculpas. Vamos a celebrar nuestro primer aniversario mañana y vine aquí a relajarme, así que si te pudieras ir, eso sería genial.

La boca de Renée cayó abierta y solo me observó durante unos segundos antes de parpadear y recomponerse. Se enderezó y salió de las instalaciones sin una palabra o una mirada hacia atrás.

Exhalé con alivio y, unos segundos después, Becca me abrazó fuertemente por detrás.

—¡Eso fue impresionante, nena! Totalmente le diste una bofetada proverbial a la perra. Tardaste demasiado tiempo. Aunque estoy un poco triste porque no me habías dicho sobre el bebé número dos. ¡Creí que éramos hermanas!

Me carcajeé y abracé a mi hermanita de regreso. Mientras tuviera personas como ella en mi vida, nadie, ni siquiera Renée, me podría desanimar.


Y ese fue el final... ¿qué les ha parecido?

Como siempre cuando terminamos, queremos agradecer a la autora MarieCarro por habernos dejado traducir esta historia. Saben que pueden pasar por la historia original y dejarle un comentario de agradecimiento, aunque sea un "Thank you" o en el grupo de Facebook Élite Fanfiction (link en nuestro perfil) tienen más sugerencias para dejar un mensaje más lindo ;)

Un agradecimiento muy muy especial a todas las traductoras que colaboraron en esta historia, porque sin ellas nada sería posible: Mónica Szpilman, Rosie, aleshita-luvs-paramore, Flaca Paz, littleshinyspark, Katie D. B, Itzel Lightwood, luzalejatb, Sarai GN y Yanina Barboza. Y gracias a las betas que la corrigieron: Yanina Barboza, Mónica Szpilman, Flor Carrizo y Melina Aragón.

¡Gracias a todas las lectoras que nos acompañaron en este camino! Esperamos que hayan disfrutado la historia.

¡Nos leemos en las próximas traducciones!