Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi.
(Masha, Makira y cualquier otro colado me pertenecen).
Cavilaciones: Chapter 35.
Se mofó de su propia suerte, a pesar de que era buena.
Planes; los planes eran el alma de cualquier hecho macabro o no, eran el primer paso a la victoria y lo más exquisitamente frívolo que podía existir. Ella era Makira Masha Takeda Oledo; era la gemela más desalmada que podía haber inventado la vida, la mujer más desquiciada, más extraña y más sádica del planeta (probablemente, y era bueno que ella misma lo aceptara).
Sentía no estar arrepentida de uno sólo de sus movimientos, planes y actitudes. Si bien era cierto que Masha (o Makira, como más bien la conocían) había cometido la imprudencia más grande del mundo: viajar hasta ella para informarles a los tórtolos que posiblemente serían asesinados (por ella), pues estaba consciente de que la llegada de su estúpida hermana había sido, sin duda, un condimento excelente para su obra maestra.
Ella era, se puede decir, la villana perfecta: era hermosa, inteligente, carismática, hiperactiva, vengativa, osada, buena actriz, bisexual y tenía la habilidad de conseguir lo que quería, con o sin su cuerpo.
Eso sin contar que tenía al amante/cómplice más jodidamente guapo, inteligente y malvado que podía conseguir. Era la mujer perfecta (y no era tan bueno que ella lo reconociera).
«Masha solo con jugo, era una cortesía. Ella hasta virgen era.»
«Soy virgen» ¡Qué gracioso! ¿Virgen, ella? ¡Por favor! Virgen tal vez la monja D' Calcutta. Como fuera; InuYasha (el muy idiota) había caído tan fácilmente que hasta le daba risa ¿En serio pudo pensar que una mujer como ella deseaba un hombre como él? ¿De verdad? Vamos... Sabía muy bien que los ojos eran las puertas del alma (y a pesar de que era buena actriz) sentía más que obvio el que se hayan dado cuenta de la maldad que le corría por las venas.
Y Kagome, oh su amada Kagome. Sentía el deseo recorrerle la sangre cuando pensaba en esa maldita mujer ¿cómo podía ser tan hermosa? Amaba ver su delicado rostro lleno de lágrimas y su sonrisa de estrella que le iluminaba la vida entera cada vez que la veía. Kagome era simplemente perfecta. Era suya. Pero la muy idiota no quería aceptar su amor sincero y sufría como idiota por el estúpido de Taishō. A veces lo odiaba, lo odiaba mucho; por ser el hombre que profanaba el cuerpo de Higurashi, por ser un maldito afortunado. Bien, a veces también detestaba mucho a Kagome; esa perra siempre estaba dueña de InuYasha. Ella también lo deseaba. Sentía la excitación llenarla cada vez que lo tenía cerca. Le daban esas ganas incontrolables de lanzársele y que él mismo le hiciera el amor. InuYasha le gustaba, le gustaba demasiado, era verdad, daba muchas cosas por revolcarse una noche entera con él, pero la dueña de su corazón era Kagome, y eso no lo podía cambiar ni InuYasha, ni el deseo y ni todas las ganas locas que tenía de tirárselo.
Sin espacio a dudas; las personas a su alrededor (su padre, inclusive) eran los seres más estúpidamente ingenuos que se podía imaginar (contando, a cada uno de los lectores de este cuento). ¿Cómo no ser capaz de percibir la maldad de su alma? Cómo no sentirlo, si era tan palpable. Aplastó de nuevo su cigarro en el cenicero. Sonrió de una manera casi lúdica al recordar todas las cosas que había hecho y pensado. En principio; viajo unos largos meses a España (a pesar de saber dos palabras en español. Uso a sus traductores), para pensar con tranquilidad lo que haría con sus planes y su vida para destruir a Kagome.
El motivo de su odio (el que no le quiso revelar a Noruma) hacia Higurashi, era muy simple: la amaba con toda el alma negra que poseía y ella no la aceptaba. De por si Kagome la rechazaba sin saber de sus sentimientos, ante todo, la azabache era una mujer sin conflictos sexuales o por el estilo. Patrañas. Kagome simplemente era una boba. Y era condenadamente tonta solo como para atreverse a rechazarla, ¡a ella! A Makira Takeda, la mujer veinteañera que estaba acostumbrada a tener todo y a todos a sus pies, sin escuchar réplicas ni oposiciones.
Por desgracia de la vida y de su —a veces— "magnifica" suerte; tenía una hermana mucho más loca que ella: Masha. Y decía desgraciada porque sus padres tuvieron que ponerle los nombres al revés. Ella siempre había odiado y negado a Masha; de hecho, se había encargado desde pequeña en poner a su padre y madre en contra de su propia hija. ¡Bueno, ahora que lo pensaba había sido una mente brillante toda la vida! Odiaba a Masha, en verdad la odiaba mucho (tal vez igual que a Kagome o a Kikyō) porque era mejor que ella ¡en todo! Desde pequeñas.
Claro, sus padres siempre prefiriendo a la dulce e inquieta Masha...sobre los demás y tal vez sobre ella misma.
«No podía creer una sola palabra de lo que le decía. Es que más que una coincidencia, era la estupidez y desgracia más grande que había podido pasarle. Claro, y el muy idiota ni siquiera se había dignado a decirle nada en tantos años de complicidad. ¡Maldito traidor!
—¡¿Qué mierda dijiste?! —Sus ojos verdes detonaban odio, casi ganas de asesinar al hombre en frente suyo—. ¡Eres un idiota! —La cachetada que le dio, resonó por todo el lugar. Su cabello negro como la noche cayó en la cara por la fuerza que utilizó para golpearlo.
El aludido se quedó allí, con la mano en la mejilla, mientras trataba de tranquilizarse.»
Cuando conoció a Bankotsu Yamada en la secundaria, supo que eran hechos el uno para el otro. Él era el chico malo más jodidamente guapo de la escuela, y ella; la niña más popular. Sí... Con Bankotsu aprendió lo que era sentirse una verdadera mujer. Con Bankotsu tenía, probablemente; el mejor y más explosivo sexo del mundo.
«Makira soltó un sonoro gemido cuando sintió el miembro de su hombre entrar de manera ruda. Echó para tras la cabeza mientras se convertía en la amazona que él esperaba—. Oh, Dios…—Gimoteó débilmente, al sentir las ardientes manos sobre sus caderas, halándola en zigzag mientras hacía sus proporcionados senos bailar—. Más rápido…—Pidió ella, moviéndose de manera experta sobre él.
Yamada gruñó de placer al sentir como la estrecha entrada de su amante lo recibía con tanta dulzura, como siempre. La agarró más fuerte y la embistió de manera salvaje, mientras la oía casi gritar de placer puro—. Vamos, Makira…pídemelo, ruégalo. —Gruñó con voz ronca, tratando de acelerar su ritmo.
El pelinegro se sentó para besarle el cuello y los senos mientras la agarraba por los cabellos. Makira, con los ojos cerrados por las sensaciones, se abrazó a su amante mientras le enterraba las uñas en la espalada y lo agarraba por las largas hebras varoniles hechas trenzas.
El ritmo aumentó considerablemente, y Makira sentía como deseaba más—. Por favor…
—Vamos, Makira, pídelo. —Volvió a insistir el de ojos zafiros, deseando con todas sus fuerzas el penetrarla hasta dejar de sentir aquella agonía de placer no explotado.
—¡Dame más, Bankotsu!...»
Podía sentir que casi lo amaba, sentía algo muy especial por él, algo que iba más allá del sexo y la complicidad. Él la escuchaba y comprendía a pesar de saber que de verdad amaba a una mujer y al novio de ésta también le tenía ganas. Muchas. Además, su cómplice era el único que la llamaba Makira, en soledad; cuando planeaban, cuando paseaban o cuando hacían el amor.
Y sabía a la perfección, que por "Masha" la conocía todo el mundo. Algo así como: Masha es la chica buena, amable e ingenua que todos adoran, "el ángel de los Takeda". «—¡Opa! ¿Desde cuándo tan grosera la angelita de los Takeda?»
Y Makira, era el verdadero monstruo desalmado que había nacido bajo ese primer nombre. Había logrado hundir a Makira ante sus propios deudores; ahora nadie creería que su hermana recién llegada era buena, sino más bien una perra que quiso tirarse a InuYasha para destruir a Kagome.
«—Puede servirte de algo. —Le dijo él, girándose para mirarla de manera fría—. Algo debe salir de tu endemoniada mente. —Le halagó, mientras se sobaba la mejilla.
Ella respirada hondamente, tal vez él tenía razón.
—¿Estarías dispuesto a matarla? —Preguntó ella y un brillo malvado pasó por sus verdes ojos. Se relamió los intensos labios rojos mientras lo observaba. Él, sonrió con arrogancia—. ¿Lo harías? ¿Llegarías a ese punto?
—¿Me crees incapaz? —Retó él, sabiendo la respuesta. Ella negó—. Entonces dalo por hecho, Makira. —Se acercó a los labios de su cómplice y amante y los besó, de manera pasional.»
Pero es que Makira era tonta, de verdad ¿cómo se le ocurrió hacer tanto show para tratar de persuadirla? Fue ella misma quién se encargó de desprestigiarse para arruinarla, y terminó mal. Como fuera, ella estaba feliz de todo lo que había hecho en su viaje. Ese viaje a Europa le había servido al máximo, contando las vacaciones y el par de novios chinos que se encontró de casualidad y con quienes tuvo un par de refrescantes descansos.
No estaba bien adelantarse a lo que pasaría dentro de unos días. A veces no le convenía cantar victoria antes de tiempo y le iba mal. Muy mal. Como cuando estaba empecinada a unir a InuYasha y Kagome y llegó Noruma a voltear todo. Oh, claro, y eso sin contar que la noche anterior su dulce hermanita estuvo a punto de mostrarle a InuYasha la carpeta en donde tenía el plan para destruirlos, cada centavo que había gastado en espías y demás elementos para investigarlos, y el nombre verdadero de su cómplice, junto con el arma y su valida identidad a más de la falsa. Si ese hombre descubría esos documentos, estaba muerta.
—Ay, Makira. No tienes idea de lo que te has salvado, hermanita. —Habló al aire, casi ahorcando a la aludida, mentalmente.
Tenía la sensación de matar, a veces. Makira era muy arriesgada a la hora de querer meterse en sus planes y arruinarlos. No la quería matar.
Aun.
Todo era muy pendiente y ella solo tenía seis cosas en la cabeza: Unir a InuYasha y Kagome (casarlos, si es posible), separarlos y hacerlos sufrir con el golpe de gracia, hacer a Kagome suya, acostarse con InuYasha de verdad, y luego matarla a ella, a él, a su hermana, a todos en el círculo de amigos, parejas y familiares y luego casarse con Bankotsu, irse a vivir con él Caribe y disfrutar de la vida.
¡Caramba! No tenía que mofarse de su suerte.
Si realmente era muy buena.
Continuará…
¡Que alguien me mate! Tanto sin actualizar.
Les he presentado el perfil psicópata de mi villana perfecta. ¿Qué les parece?
Titania Scarlett.
Andreb1401.
Emi Hike.
Paulii Taisho.
Elvi.
Iara lipes.
Maribalza.
Neri Dark.
KagomeTaisho22.
KEwords.
Rosalili33.
Mifah.
Guest.
Valeria Ortega,
dc.
Besos, niñas.
