Cáp. 37: \"Ayleem y Bianca Diggory\"
El paso del tiempo fue lento... Cedric miraba crecer a su niña del cabello rojo fuego, en aquel reino mágico en el cual estaba atrapado. Pero no estaba solo, finalmente, cuando sus padres se enteraron de lo que pasaba con él, decidieron ir a ese reino, para estar con su hijo y su nieta, durante todo el tiempo necesario... cabe mencionar que no fue fácil que los dos brincaran en el cráter del volcán, pero por Cedric perdieron el miedo...
El resto fue demasiado fácil...
Cedric se instaló en el Castillo de Cristal, pues era dentro de lo que cabía, el más cómodo, así como sus padres, en sí, era un lugar precioso, porque parecía echo de diamante, pero no, eran los destellos a la luz del sol de la mañana de ese mundo extraño, el castillo de hielo, era para las noches calurosas, porque dentro de él, imperaba el frío y un ambiente bajo cero, también estaba echo del hielo mas puro y duro...
El castillo de fuego, en medio de los dos, resplandecía, era como un segundo sol por la noche, por el día parecía apagarse, pero no, y sin embargo, el fuego entibiaba, mas no quemaba, finalmente parecía un castillo de piedra normal envuelto en llamas, pero podían entrar y salir de su interior sin ningún problema... pues ellos ya eran parte de su magia, así como Ayleem
La educación y los cuidados iniciales de la pequeña no solo estuvieron a cargo de Cedric y sus padres, si no de muchos seres mágicos que llegaban a cuidarla, así como de sus nanas, la dama Crystal, la dama Gélida y la dama Flama, entre las tres comenzaron a instruir a Ayleem, que era como Javiera decía, su mente se desarrollaba con increíble fineza e inteligencia...
A su corta edad, Ayleem era una damita pulcra, educada y toda una soberana en su reino... y estaba muy orgullosa de su guapo y elegante padre, quien solo tenía ojos para ella, no aceptando que ninguna otra criatura perturbara su paz, finalmente, el seguía enamorado de una sola persona y la querría hasta el final de sus días.
En cambio...
Era en parte, toda ella... Bianca corría por todo el departamento, con los cabellos desparpajados, alborotados, en sus ojos grises una mirada traviesa y la sonrisa que era toda de Cedric... mirarla dolía como si le clavaran mil agujas en el corazón pero... mirarla significaba que era lo único que tenía de aquel su más grande amor, que era la prueba de que Ron no había sido nunca el indicado, que era aquel que fue un ángel y que bajo a la tierra, con quien tuvo los mejores momentos de su vida, de quien se enamoró con locura...
Pero quien también desapareció después de romperle el corazón... y al que nunca dejaría de amar
Bianca se detuvo y se limpió su boca, dejando una mancha de tinta oscura... agitando el tintero y manchando todo a su paso... era una niña traviesa... Hermy la contempló boquiabierta, porque el color de cabello, los ojos y la sonrisa, eran de Cedric, y aquella cabellera enmarañada, sin duda, era la misma que ella tuvo en su época de niña y adolescente...
Bianca era como toda una niña, le gustaban las travesuras, le gustaba el hecho de hacer cosas "mágicas" le gustaba estar sucia y decir que ella no era una princesa, que era una guerrera, sin duda, muchas veces Hermy la tuvo que rescatar de algún pequeño árbol en el cual estaba trepando, o las escaleras, era bastante difícil controlar al torbellino que era la pequeña Bibi.
Hermione vivía en un departamento mediano en los suburbios de Londres, a unos metros de una exclusiva zona residencial, se había graduado cuando su hija tenía un año, y puesto a trabajar de inmediato en el departamento de investigaciones mágicas... con Harry y con Ron no había vuelto a mencionar a Cedric ni nada que tuviera que ver con su pasado...
Ron incluso le había propuesto que se casaran por la niña, pero ella había dicho que no, que sería padre y madre, que no se casaría con él, menos si no lo amaba... Finalmente, se había ido a Rumania con su hermano Charlie y después se había traído a Romina Kjastav, ya comprometidos y puestos a casarse, lo habían echo y el trabajaba con George en la tienda de bromas...
Harry por su parte, increíblemente se había reconciliado con Ginny, pues a su regreso a Londres, habían hablado, ella le perdonó su infidelidad, porque también ella se había equivocado, se dieron una segunda maravillosa oportunidad y terminaron casándose... Así que casi todas las piezas comenzaban a encajar lentamente... Pero se produjo lo que Hermione había vaticinado, ya los tres no podían ser amigos como siempre...
Pues pese a todo, siempre quedaba algo de incomodidad... Hermy no podía estar junto a Ron, sin que no recordaran lo sucedido, Ron siempre sentiría vergüenza por haberse acostado con Cho, pero le daba pena con Harry, y éste, le había echo jurar a Ginny que a ninguno le diría con quién le había sido infiel en esa ocasión, porque ella si lo sabía, puesto que no pensaba ocultarle nada...
Cuando los siete años se cumplieron...
"Mi querido Cedric, ha llegado el momento de que decidas que harás, tu futuro, tu vida con esa hija tuya tan hermosa y extraña a la vez, con ese color de pelo rojo fuego, sello característico de ser parte de los soberanos de este mundo mágico volcánico, cualquiera que sea tu decisión, te apoyaré... me pesó no decirte lo de tu adorada Hermione Granger, sobre que no te había engañado y aparte, llevaba una hija tuya en las entrañas... ¡Pero que caso tenía decirte! Hubieras vivido con la culpa, con la incertidumbre, pensando en ellas y no en Ayleem, y sin poder salir... La locura se hubiese apoderado de tí, hubieras querido escapar y las criaturas al no permitirlo, te hubiesen matado, finalmente es cruel decirlo, pero siendo Ayleem una niña del fuego, tu como padre humano, no eras tan necesario y sin embargo tuviste el apoyo de las criaturas, pero ahora eres libre y todo dependerá ahora de lo que decidas"
Ayleem tenia ya siete años, su preciosa carita resplandecía mirando a lo lejos sus castillos, al lado de su última institutriz, Dama Crystal, quien le había enseñado muchas cosas, pero claro que ella aún no sabía nada sobre el mundo de su padre y añoraba salir para verlo, para conocerlo y estudiarlo. Pero esa decisión estaba en Cedric, porque el podría salir y si quería, podía dejarla...
Sentada en medio de aquel vasto jardín, en una elegante mesa echa de cristal, ella estaba elegantemente vestida, con el cabello bien peinado y parte de sus rulos rojos bajo un sombrero, sus manos con guantes y la pulcritud de su vestido, tomaba el te con mucha elegancia y no se ensuciaba ni echaba migajas... parecía una damita, en vez de una niña de siete años...
Cedric se sentó a la mesa, igual de elegante que ella, con ese semblante de hombre maduro, tan atractivo y acarició uno de los rizos de su hija... Ella le sonrió, pese a que poseía sus mismos ojos en ese tono gris, su rostro era casi el de Fuego...
-Cariño... se ha cumplido el periodo de mi encierro en este mundo...
-¿Iremos al tuyo, padre?
-Dejé muchas cosas pendientes en mi mundo... Necesito regresar... Tus abuelitos y yo, necesitamos regresar
-Quiero ir contigo...
-Puede ser complicado... ya te expliqué...
-Se que en tu mundo saben que estás muerto y si regresas, dirás que ya no lo estás... pero no te preocupes papito, no te estorbaré, me portaré bien, pero no quiero quedarme solita aquí, yo quiero ir a donde tú y mis abuelitos estén... no podría estar sin ti, sin ustedes...
-Te amo - sonrió Cedric enternecido y le dio un beso en la frente
-¿Me vas a llevar?
-No puedo exponerte totalmente cariño, así que no puedes estar en todos lados donde yo esté, porque la presión de los magos, los periodistas, se que será difícil para mí... y no quiero que te atosiguen, no quiero que nada malo te pase en mi estancia
-Yo me porto bien y me quedo donde tu me ordenes...
-Si el señor lo dispones - Apareció Dama Crystal - Puedo contactar con el mundo exterior, que le busquen una casa cómoda para que habite y distracciones para la niña...
-¿Distracciones?
-Si la señorita Ayleem decide quedarse en su mundo mucho tiempo, tendrá que aprender las costumbres y a usar la magia como usted señor, para no estar como una extraña total... supongo que ella podrá tener su varita como todos a los once años humanos...
-Pues...
-Conociendo a la señorita y lo mucho que lo adora, no estará en otro sitio que no sea donde esté, de todos modos, este reino es de ella, siempre estará aquí, para ella o sus descendientes, o si decide radicar aquí para siempre, como tiene sangre humana, sus condiciones, como le han dicho, son distintas a la que fue su madre... Para nosotros, claro está, Ayleem Diggory, siempre será soberana de este reino...
-Explícate Crystal - preguntó Ayleem - ¿Que tipo de distracciones?
-Colegio, señorita Ayleem... he sabido que se abrió un colegio para niños de entre 5 y 10 años para que comiencen con su entrenamiento mágico, para poder controlar su don y para que socialicen... antes los niños magos, se instruían en casa, pero ahora, con este sitio, todos pueden tener una idea mejor de como manejarse más adelante... No es que la señorita necesite eso, pero al menos, aprendería costumbres más humanas ¿No lo creen?
-Es perfecto...
-Son pocas horas, al menos en lo que el señor está ocupado por las mañanas... si me autorizan, la inscribo
-Quiero ir - dijo Ayleem autoritariamente - Quiero aprender todo del mundo de mi padre... el ha aprendido del mío, ahora debo corresponderle...
Cedric sonrió, aunque siempre le sorprendía el modo en que su hija hablaba, tan propio, tan educada desde los cuatro años, que cada día que pasaba, pensaba que era otro adulto como él, claro, no faltaba que sacara una que otra cosa infantil, finalmente, su parte humana la traicionaba, pero sin duda, siempre tendría esa madurez mágica de los seres de los volcanes.
Ayleem se sirvió otro poco de té y le sirvió a su padre, mientras bebía el suyo, con elegancia y distinción, sentada con propiedad, como si fuese una dama inglesa entrenándose para entrar en la sociedad, pero así era ella, una niña de 7 años de esas que no existen, porque era... perfecta.
En tanto, con los mortales...
-¡Hermione, mira a tu hija! - Señalaba Kay, amiga de Hermione del trabajo
-¿Que hizo ahora? - salió Hermione de su estudio para ver a Bianca quien había bajado un frasco de betún de chocolate y ahora hacía una mezcolanza en una mesa infantil, sentada en medio de un oso y dos muñecas, untaba el betún en galletas saladas y las acomodaba en los pequeños platitos que había frente a sus muñecos, ella por supuesto, lamia la cuchara de betún y tenía un bigote extenso del mismo, y a veces limpiaba la cuchara en su ropa...
Kay la miró entre divertida y apenada, ella tenía también una hija de seis años, pero no era ni la mitad de traviesa de lo que era Bianca y es que en verdad, Hermione no podía tener limpia su casa porque era un torbellino, como ahora mismo, porque la niña tenia sucio todo a su alrededor… Pese a la educación que su madre y sus abuelos intentaban darle…
Supongo que aún deben seguir en shock. o.o No saben! Yo estuve con la boca abierta no sé cuántos minutos! xD! Me sorprendió mucho el giro que dio la historia. (:
