NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.
Gracias a las personas que leyeron y comentaron la historia. Nunca había visto tantos hits ¡Y eso me alegra muchísimo!
Revisión de Comentarios:
SammyKataangTwilight: todavía faltan capítulos a la historia, no te apures. Unos meses más y acabará.
Kabegami Amaterasu: Gracias por darme tan efusiva bienvenida ¡Me gusto! Me alegra que te gustara el giro de la historia, ya verás más adelante que habrá otros.
alexita: gracias ^^
cindy williams black: la teoría es acertada ¡Felicidades! y sí, Yue ayudó a Katara. Aang sí había muerto, pero los espíritus le devolvieron la vida por medio de Yue ya que no estaba destinada su muerte.
yesica: :)
nisseblack: lo que sigue es ésto ¡disfruta!
lucecita11: lamemntablemente sufrirán algo, pero será soportable y saldrán adelante.
EgyptPrincess: ¡Ya volví! y soy tan o más feliz que ustedes, mis fieles lectores :D
Capitulo 36.
Invasión, Parte 1: Traición.
Embarazada…
¡No era eso posible! Bueno… considerando lo que ella y Aang habían estado haciendo últimamente… ¡Ay, Dios!
-¡¿Cómo que ella está embarazada?—Sokka pegó grito al cielo.
-Lo está—dijo su esposa, con tranquilidad.
-¡Ni siquiera está casada!
-Tiene novio…
-¡Voy a matar a Aang! ¡LO MATO!
Katara no reaccionaba. Instintivamente, llevó ambas manos al vientre, cerrando los ojos. Intentó sentir aquella vida formándose en su interior. Un hijo ¡Ella iba a ser madre! ¡Ella y Aang iban a ser padres! ¡Qué contento se pondría Aang! Él, que seguidamente le había dicho que deseaba tener hijos en un futuro no tan lejano. Y ella que siempre añoró tener su familia… ¡Un hijo! ¡Qué bendición!
Toda esa alegría súbitamente desapareció cuando recordó que Aang estaba grave.
-¿Cómo dices que está Aang?
Suki interrumpió la pelea con su marido para contestar.
-Va mejor.
-¿Puedo verlo?
-Desde luego.
Parpadeó.
-¿Cuánto tiempo llevo enferma?
-Casi dos días.
¡Dos días! Si que había sido mucho tiempo.
Retiró la colcha que cubría su cuerpo para intentar pararse de la cama. Definitivamente había estado bastante enferma, porque sus piernas se sentían débiles y el abdomen le dolía de tanto contraerse cuando vomitaba. Al pararse, las piernas le temblaron y casi se cae, pero recobró prontamente el equilibrio.
-¿No quieres ayuda?—Sokka miraba a su hermana angustiado.
-No, gracias Sokka.
Ella caminó lentamente hacia la puerta de su alcoba, saliendo al pasillo. Ahí se encontró a Zuko, con Mai al lado.
-¡Katara ya despertaste!—La Señora de Fuego fue hacia la chica para abrazarla, luego le susurró al oído—Felicidades.
-Sabemos… lo de tu estado—habló Zuko—Muchas felicitaciones. A ti y a Aang.
-Gracias.
Pero en ese momento le tenía sin cuidado la mirada alegre de Zuko y el atisbo de envidia en los ojos de Mai. Solamente quería ver a Aang. Caminó ahora más rápido hacia la puerta de su novio, sonriente al notar que podía moverse mejor. No reparó en tocar y solamente entró.
La habitación olía a medicinas y contó a seis enfermeras yendo y viniendo de un lado al otro. Al fondo y en el centro de la recámara, estaba la cama de Aang, ese lecho en el que compartieron tantas noches apasionadas, ahora era lugar de reposo para un Avatar herido.
-¿Qué hace aquí, Si Fu Katara?—preguntó la enfermera mayor, poniéndose delante de ella—En su condición no debería estar aquí ¡Necesita reposo!
-No estoy enferma, solo embarazada—repuso con enfado—Y quiero estar con Aang en estos momentos.
-Bueno, como usted lo desee ¡Pero si le viene un aborto no me haga a mí la responsable!
-No lo haré.
La enfermera refunfuñó y se fue a un deván donde estaba colocado, encima, una charola con recipientes llenos de agua y algunos vendajes limpios. Llegó a la cama donde vio a otra mujer poniéndola a su novio una pomada para quemaduras. Katara pudo ver la espantosa cicatriz y quemadura que llevaba su novio en el pecho. Aang estaba aún algo pálido, sus flechas celestes se veían más azules por la tonalidad blanca de su piel. No abría los ojos ni se movía. Parecía estar profundamente dormido.
La enfermera más joven miró a Katara con una sonrisa, mientras le tendía un recipiente con agua cristalina.
-Ésta agua la recogimos en víspera de Luna Llena—dijo, con su voz dulce—Seguramente servirá más para sanar que otras. El Avatar despertó una sola vez entre fiebres y la llamó a usted, lo convencí de que estaba bien, y volvió a dormirse. No tiene más fiebre, solo está herido.
Katara le sonrió a modo de gratitud. Cogió la vasija con el agua y se inclino sobre el cuerpo de su desfallecido amante. Dejó la bandeja en el suelo y usó sus poderes para llevar el flujo de agua al pecho de su amado.
-¡No debe hacerlo!—dijo la enfermera vieja, pero Katara no la escuchó—Sigue débil, puede ella desmayarse y perder al nene.
Nadie le prestó atención. Las enfermeras hicieron un círculo que rodeó la cama mientras Katara colocó las manos sobre el quemado pecho del Avatar, cerró los ojos y el agua resplandeció. El suave sonido de las olas del mar y un olor a brisa inundó toda la habitación. Pasaron segundos antes de que el agua se incorporara completamente al cuerpo de Aang y la cicatriz disminuyera drásticamente en gravedad. Ahora no estaba la piel enrojecida ni el pecho hinchado.
Un rápido mareo nubló la vista de Katara cuando abrió los ojos, pero pasó pronto y se recostó al lado de Aang. Las enfermeras salieron, dándoles más privacidad.
-¿Está mejor?—preguntó Zuko a las mujeres.
-Mucho mejor—contestó la joven. Ellas se retiraron poco después.
Katara acurrucó su cabeza en el hombro de Aang y susurraba al oído de éste.
-Hola amor—lo llamó—Perdón por tardar tanto en llegar ¿Sabes una cosa? ¡Esperamos un bebé! Tendremos un hijo… ¿No es maravilloso? Tú y yo… padres… ¡Qué emoción!
Lo miró, pero Aang seguía sin despertar. Se veía más sano, pero permanecía inconsciente. Katara lloró acurrucada sobre su pecho, una de sus manos abrazándolo y la otra sobre su vientre.
-Mi niño…-susurraba con una voz llena de amor—Ya verás cariño, que todo saldrá bien.
Siempre había querido un hijo. Ella anheló desde que era niña poder formar una alegre familia. Y ahora, finalmente, este sueño podría empezar. Rogaba porque el destino hiciera despertar muy pronto a Aang.
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Todo el cuerpo le dolía, sobre todo el pecho. Estaba tan entumido que le dio la sensación de haber sentido espantosos y eternos calambres por todo su cuerpo, dejándolo carcomido y rígido.
-¿Qué…?
Intentó hablar, pero la garganta la tenía seca. Abrió entonces los ojos y buscó a alguien cerca. Solo pudo sentir una débil respiración sobre él. Bajó la mirada y encontró la maraña de cabello castaño de Katara.
-¿Katara?
Débil y ronca, su voz apenas pudo ser escuchada. Pero Katara, quien llevaba dormida poco tiempo y seguía tensa, nerviosa y preocupada, inmediatamente abrió los ojos y se incorporo.
-¡Aang!—casi se le abalanza, pero se detuvo al recordar la herida del chico. Los ojos se le llenaron de lágrimas—Aang ¡Oh, Aang, qué bueno verte sano!
Lloró, emocionada.
Aang estaba consternado y la cabeza le dolía muchísimo. Pero trató de recordar los sucesos acontecidos. Lo consiguió al poco tiempo.
-Katara… ¿Estás bien?... los espa-dachines—su voz sonaba forzada, se adivinaba fácilmente el esfuerzo que en ese momento le costaba hablar.
-Tranquilo Aang, yo estoy bien. Me salvaste.
Eso pareció calmarlo.
-No sé que fue de los espadachines, sólo nos preocupamos por ti.
Asintió, recostándose adolorido sobre el colchón. Buscó a tientas las manos de Katara y ella estrechó las de él, en un gesto que lo reconfortó bastante. Mirándolo, ella sopesaba la posibilidad de decirle en ese momento sobre su estado, pero desechó el pensamiento. No estaba aún en las condiciones adecuadas.
-El rayo de golpeó el pecho—dijo, susurrando—no recuerdo si moriste o sobreviviste y no me importa. Estás aquí ahora ¡Con eso tengo!
Él la miró con una cálida pero débil sonrisa, a la que ella se inclinó para rozar suavemente sus labios.
-¡AHHHH!
Ella volteó ¿Quién gritaba en medio de la noche? El sonido de una explosión llenó sus oídos. Aang intentó incorporarse, pero ella se lo impidió.
-No, estás herido—lo riñó con la pura mirada—Quédate aquí, solo me asomaré. Volveré pronto.
-No… Katara ¡No!
Pero ella ya corría saliendo al pasillo. Aang intento sentarse pero el espantoso calambre recorrió su abdomen y se vio obligado a recostarse nuevamente. Maldijo su suerte y rezó.
-Protégela… protégelos… por favor.
-¿A quién?—preguntó una voz femenina.
Aang enfocó su mirada y encontró a Momoko, observándola.
-A… ti… tus hermanas… todos—se las ingenió para contestar.
Momoko le sonrió con malicia, acerándose a él y poniéndose a su lado.
-Exclúyame de sus rezos, no es necesario—dijo.
-¿Qué…?
Ella levantó la mano, con un dedo sostenía un precioso llavero dorado, del cual colgaba una enorme llave decorada con un fino dragón. Aang la reconoció. Era la llave que abría las puertas en los muros que rodeaban al Palacio. Sus ojos se abrieron desmesurados, la incredulidad nadaba en ellos.
-Tú no…
-Oh sí.
-No…
-Se lo merece.
Momoko guardó la llave en su túnica y caminó a la salida. Apenas estuvo en la puerta, usó sus poderes para sacar una piedra no muy grande y completamente esférica del suelo. Sonrió con los ojos inyectados de odio y se la lanzó a su maestro. Golpeó la herida de Aang.
Ella se regocijó ante los gemidos de dolor de su maestro, mientras salía de la habitación.
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Katara corría por el pasillo rumbo a la explanada de donde provenía la explosión. Muchos sirvientes corrían despavoridos hacia las salidas, sus rostros crispados por el miedo.
-¿Qué pasa?—nadie le contestaba.
Corrió aún más rápido. Sus piernas comenzaron a dolerle, mucho tiempo había pasado desde que las había esforzado corriendo a tanta velocidad. Pero eso no le importó.
-¡Katara!—volteó, era Sokka.
-¿Qué está pasando?
Él se le acercó, llevaba su espada en las manos.
-Nos atacan.
-¿Otra vez?
-¡Sí!
-Pero… ¿cómo? Es decir…
-las puertas estaban abiertas.
-¡TODAS!
-Así es.
Los dos se miraron intensamente.
-Un traidor…-susurró él.
-Pero ¿Quién?
Katara intentó pensar. Pero, cuando lo hacía, una explosión cerca suyo se lo impidió. La onda expansiva de calor la golpearon a ella y a su hermano, haciéndolos estrellarse contra una pared mientras escombros diversos caían encima de ellos, golpeándolos, aplastándolos.
Sintió un intenso dolor antes de que todo se oscureciera.
Y empezó el verdadero drama. Esta no es la última de las batallas, pero sí la que le dará un giro increíblemente drástico a la historia. Ya verán, digamos que volverá a ser como en los viejos tiempos.
Adelanto:
Controló sus nervios para ponerse de pie, el estómago le dolía ahora igual que la cabeza. La sensación de debilidad era intensa, pero trató de no desmayarse y reunir fuerzas para correr otra vez. Toda la habitación de Aang estaba en llamas. Y el fuego parecía provenir de la cama.
-¡No!—gritó—Aang… ¡Tiene que estar vivo! No puede…
Las lágrimas empaparon sus mejillas, intentó entrar a la habitación, pero era en vano. Lloró intensamente mientras corría hacia Toph y Sokka. ¿Estaría vivo o muerto el Avatar, esperanza del mundo, amigo de sus amigos, padre de su hijo, y su ser amado?
Algo me da la impresión de que los estoy dejando en demasiado suspenso últimamente. No se alarmen, que no demoraré casi nada en volver a actualizar. Es uno de mis principales propósitos terminar la historia lo más pronto posible, sin demora.
¡Los comentarios se agradecen mucho!
chao!
