Capítulo 37. ¡Que se besen!

Suna, 21 de marzo.

—No pienso ir.

—¿Por? —preguntó Aru recogiéndose el pelo.

—Odio las parejitas felices, aunque sean fingidas —declaró Lamya, que seguía tumbada en su cama sin hacer ni amago de levantarse—. Así que me quedo aquí durmiendo. Para hacer el idiota no me necesitáis, así que buenas noches.

—Pero si son las once de la mañana —intervino Tisifone.

—He dicho BUENAS NOCHES.

—… Vale, vámonos…

—Y por cierto, Aru… Ese peinado es horrible.

—Perdone vuesa merced —él hizo una mueca—. Hala, a dormir. Vamos, Tisifone.

Salieron.

—Ahora que no está Lamya… ¿A quién quieres poner celoso?

—A uno.

—Oh, qué explícita. Si no me lo dices, no colaboro.

—¡Ey! Eso de amenazar sólo lo hace Lamya.

—Eso no es del todo cierto, toda su familia lo hace. Y tu madre no se queda atrás.

—¡Imbécil! Digo aquí.

Aru suspiró.

—Pero la amenaza sigue en pie. ¡Y no me llames imbécil!

—¡¿Cómo que no?! Yo soy la jefa.

—Eso es abuso de poder, "jefa".

—Yo creo que no.

—Ya, ya…

—Bueno. A ver si aparece.

—¿Pero quién? —se desesperó Aru.

—¡Pero qué más te da que te diga el nombre, si no lo conoces!

—… Ya, bueno. ¿Pero quién?

—¡Calla! Está ahí, está ahí.

—¿Cuál es? —preguntó Aru mirando a los lados.

—El que está más bueno, vamos.

El chico iba a preguntar cuál era ése, alegando que él de belleza masculina tenía poca idea, pero ella lo cogió del brazo y lo arrastró hacia Kankurô, a quien saludó con vocecilla falsa.

—Hola, ¿qué tal? Cuánto tiempo…

—¿Eh? Hola… —Kankurô se quedó mirando a Aru, que venía con cara de "por qué me meteré yo en estos líos", y le puso cara de "¿quién es este fulano?"—. Veo que no has perdido el tiempo…

Tisifone dio saltos de alegría, pero mentalmente para que no se le notara.

—"¡Está celoso! ¡Está celoso! ¡Yay!" ¿De qué me hablas?

—De… —no podía delatarse (más)—. Bueno… Te has puesto más guapa.

—Lo sé.

—Y… ¿Qué es de tu vida?

—Nada, como siempre. Oh, vaya… no os he presentado…

—Pues no —Kankurô volvió a mirar a Aru, que le devolvió la mirada con una cierta insolencia.

—Ah, bueno… Éste es Aru Namidano, y este otro… Kankurô.

—"¡¿Este otro?!" —se ofendió mentalmente el de Suna—. Sabaku no Kankurô —completó.

—Ah. Vale. Ehm… ¿Encantado?

—¿Lo dudas?

—Siempre. No puedo leer el futuro.

—En fin. "Qué maleducado…"

—¡Bueno! Pues ya os conocéis —sonrió Tisifone fingiendo no darse cuenta de nada.

Konoha, 21 de marzo.

Silencio sepulcral. Sólo Jen miraba a otros. Obvio a quiénes.

—Ay —Honey rompió el silencio.

—¿Qué te duele? —preguntó Sai, a quien en realidad no le interesaba mucho saberlo.

—Los oídos. Me pitan.

—¡Uy…! Eso es horroroso, querida —se preocupó Shao Hin.

—¡Cállate! ¡Es por tu culpa! —Jen lo miró mal.

—Pero no grites, bruta, que eso molesta más —observó Inuko dándole un codazo.

—Shh… Uy, perdón.

—Tienes doble personalidad, das más miedo que mi madre… —susurró Shikamaru.

—Me aburro mucho… ¡Quiero una fiesta de prado! —léase la frase de Kiba estilo Homer Simpson con su "¡Quiero mi bocadillo! ¡Quiero mi bocadillo!".

—Casi me da algo por tu culpa. La gente no sabe hablar normal… —Suzy lo miró mal.

—Claro que no, mira a Shino —dijo Naruto.

—Mírate a ti.

—Jen, el espejo —Sasuke bromeó.

—¡No! Que me lo rompe, y es un objeto muy valioso.

—¡Pobre Naruto! —por supuesto, ésta era Hinata.

—Pobre de ti —replicó Shao Hin, como siempre sin que nadie le diera vela en el entierro—. Lo primero… ¡Péinate, hombre, que estamos en el siglo XXI!

—Ya —cortó Neji—. El trato era que te quedaras callado. ¡Así que cierra el pico y deja de criticar! ¡Cojones ya!

—¡Estamos hablando del Apocalipsis y hablamos del mileniarismo! —dijo Honey, muy a lo Fernando Arrabal, probablemente motivada por el "cojones ya"—. El mileniarismo va a llegar…

—¡No…! Yo tengo muchas cosas que hacer —se quejó Jen.

—No te preocupes. Sabemos que el mileniarismo va a llegar, pero no sabemos ni cuándo ni adónde —la tranquilizó Kiba—. ¡Pero yo quiero una fiesta de prado!

—¿Para qué?

—Pues para qué va a ser, para bailar y pasarlo bien.

—Eso se hace en cualquier lado y a cualquier hora del día o de la noche —Jen afirmó.

—Y qué, pero yo quiero una fiesta de prado.

—Jen quería un coronel, pero él no la quiso —replicó Shikamaru por hacer la gracia.

—Muy gracioso… —la Miyagi se hizo la ofendida—. ¿Lo vas a organizar tú todo?

—¡¿Yo?!

—No… ¡Imbécil! Hablaba con Kiba, Señor Ombligo.

—¿Del mundo? Ésa ha sido buena. Yo organizo lo que haga falta.

—Pobre, tú solo… —dijo Honey, que no pensaba colaborar.

—¡Bah! Si hace falta, ya ayudo yo —dijo Inuko, que no estaba interesada precisamente en ayudar.

—¡Sí! Digo… En realidad puedo yo solo, pero si quieres… —se corrigió Kiba.

—Bueno, pues os dejamos solos… parejita… —Suzy se burló, demostrando que nadie estaba a salvo de la influencia de Jen y Megära.

—Pareces Jen —se molestó Inuko, toda roja.

—¿Eh? A mí no me metáis.

—Sí, sí… estás igual que un tomate —continuó Suzy.

—¡Mentira!

—¿Por qué no os liáis ya? —sugirió Neji con tono de aburrido.

—¡Mira quién habla! El que tardó eternidad y media en declararse a Honey —replicó Kiba, también todo rojo.

—Nah, no fue tanto —intervino Lee.

—¡Que se besen! ¡Que se besen! ¡Que se besen! —éste era Angel dando palmadas.

Enseguida se unieron Honey, Jen y Shao Hin, mientras los otros dos escondían la cabeza y sus respectivos perros los miraban raro.

—Pobres… —dijo Chôji.

Pero ninguno de los demás estaba de acuerdo, salvo los perjudicados. De hecho, estaban todos riéndose, con más o menos disimulo, pero todos, sí, hasta Shino, que era el que más disimulaba. Shao Hin se lo estaba pasando como un enano, tenía un color morado.

—Qué bonito… el siguiente será el negro —dijo Neji.

—No, será el gris —contradijo Shikamaru.

—Negro.

—Gris.

—Negro.

—Gris. ¿Qué te juegas?

—Nada, ludópata. Negro.

—¿Queréis dejarlo en paz? El siguiente será el púrpura, incultos —dijo Honey.

Shao Hin se puso púrpura, los dos que discutían miraron mal a Honey y Shino empezó a picar a Kiba, que no hacía más que mandarle callar sin levantar la cabeza.

—A ver si se te va a pasar el arroz… Sólo de pensarlo me dan escalofríos —se unió Jen.

—Cállate tú también —gruñó Kiba.

—Aficionados… Cuando quieres una cosa bien hecha, tienes que hacerla tú mismo —dijo Angel, al más puro estilo de Sebastián en La Sirenita.

Ella está ahí sentada frente a ti

No te ha dicho nada aún, pero algo te atrae

Sin saber por qué

Te mueres por tratar de darle un beso ya…

—¡Angel! ¡Deja de cantar! —Kiba se tapó los oídos.

—Pues bésala…

Si la quieres

Si la quieres mírala

No se le ve la cara pero da igual

No hay qué decir

No hay nada que decir

Así que bésala…

—¡Eso es tortura!

—Cobarde —dijo Shino a media voz.

Inuko se puso en pie.

—¡Ya, valió! ¡Dejadlo en paz ya, que me estáis hartando hasta a mí!

—Oh… ¿eso qué quiere decir… eh? —presionó Shao Hin.

Ella no se molestó en responderle, sólo volvió a sentarse junto a Kiba y le dio un beso minúsculo.

—¿Contentos?

—No. ¡Que se besen más! —bromeó Angel.

—Voy a inventar unas esposas para cuellos —planeó Jen toda maquiavélica ella—. ¡Que nadie me robe mi plan de enriquecerme!

—Mira qué monos… —Shao Hin a lo suyo—. ¡Jenny, saca la cámara!

—Sácala tú —Jen le tendió su bolso.

—Pues a ver cómo la encuentra en el bolso de Mary Poppins —bromeó Shikamaru.

—¡A que te guardo en él!

—Eso hay que verlo —se rió Yoshi.

—¡Mal amigo!

—Estás estropeando el momento, ¡todo es culpa tuya! Deja a Yoshi. Ay… lo que tengo que aguantar.

—Lo que faltaba, él quiere que me guardes en un bolso y soy yo quien tiene que dejarlo… Ya no hay justicia en este mundo.

—¿La encontraste? —Jen ignoró a Shikamaru para dirigirse a su tío—. Igual te encuentras con alguien, ten cuidado.

—Ah, con que tienes prisioneros ahí —el Nara puso una voz tan tétrica que Shao Hin dio un salto.

—Qué miedito… ¿Entonces qué? ¿Sois novios, pareja, nada, amigos, amigos con derecho a roce…?

—Mira que eres plasta —resopló Kiba, abrazó a Inuko y claro, pasó lo que tenía que pasar.

—Estos dos no esperan al matrimonio, seguro —concluyó Shao Hin.

—Ajá… —coincidió su sobrina.

—Familia tenían que ser, pervertidos… —Shikamaru dijo.

—¿Por qué? ¿Tú los has visto bien, BIEN? —Jen replicó.

—¿De verdad puede durar tanto? —Honey preguntó, sorprendida.

—Eso ha sonado fatal —dijo Suzy.

—Cállate —se indignó su amiga—. Pensaba que Shino te iba a influir más.

—Ahí hay truco, seguro. ¡Están respirando! —Naruto dijo, como si fuera un juez de un programa de la televisión.

—¡El que va a dejar de respirar vas a ser tú! —gruñó Suzy.

Kiba se separó de Inuko.

—¿Queréis dejar de interrumpir? Sí, puede durar tanto. Sí, sonó fatal. No, Shino no influye a nadie, porque como mucho nos enteramos de su discreta presencia. No, yo no estaba respirando. Y… —sonrió— ésa fue buena, Suzy. Y todo eso no tiene ninguna importancia, porque ahora mismo tengo algo mucho más interesante que hacer, así que adiós. ¡Ahí os quedáis!

Y cogió a Inuko de la mano y se la llevó a rastras.

—Jesús, qué carácter —dijo Honey—. Aunque… habría que comprobar cuánto puede durar un beso…

—¿Tú no experimentas, Suzy? —presionó Naruto.

—¡¿Y tú qué?! —replicó la Royama con muy mala leche.

—Santa María Trinidad —dijo Shao Hin santiguándose.

—Mari Trini para los amigos —completó Chôji por hacer la gracia.

—Bueno, ¿nadie va a comprobar eso de los besos? —preguntó Shao Hin.

—¡Cállate! ¿Sabes qué están poniendo en la tele? Corre, vete a casa —ordenó Jen.

—¿Qué ponen?

—"La despechada"…

Shao Hin desapareció.

—¿Qué es eso de "La despechada"? —preguntó Suzy con curiosidad.

—Eso, Lee, estamos esperando —dijo Jen.

—Es una telenovela —contestó Lee en plan "yo me escapo".

—¡Ya lo sé! Mi tío no calla con eso. ¡En mala hora se lo contaste!

—¡Yo no se lo conté a él, se lo conté a Gai-sensei! —se defendió Lee.

—¡Pues ahora te fastidias y lo cuentas!

Así que Lee tuvo que apechugar y confesarlo todo, aunque se reservó las equivalencias de los nombres. Para evitar reacciones (más) violentas.

Notas:

Sí, Lamya es una violenta que da miedo hasta a las Furias. Bueno, a Alekto no, de hecho son grandes amigas y no nos sorprendería que fuera Alekto quien convenció a Lamya de acompañar a Tisifone hasta Suna.

Lo de Fernando Arrabal es un vídeo mítico. El tío fue a una charla completamente borracho, y quién sabe si drogado, y no hacía más que hablar del mileniarismo. Si buscáis "Fernando Arrabal mileniarismo" en YouTube aparecerá.

La canción que canta Angel es la que canta Sebastián en La Sirenita, obviamente, cuando ya están todos hartos de esperar que el príncipe bese a la sirenita y luego las morenas vuelcan la barca para que no puedan. Condenadas… Claro, la canción tiene sus variaciones.

Respecto a la pregunta del anterior capítulo, el mal hecho hombre es Nagendra, el hermano mellizo de Lamya. Así de sencillo.

¿Cuánta idea tiene Aru de belleza masculina? ¿Y por qué se mete en esos líos? ¿Tisifone conseguirá algo de Kankurô y Aru? ¿O quizá se aliarán ambos contra ella? ¿Cuándo se le pasó el dolor de oídos a Honey? ¿Por qué Jen está empeñada en que Naruto rompe espejos? ¿Cantar es una tortura? ¿Jen guardará a Shikamaru en el bolso? ¿Cuánto puede durar un beso? Y lo más importante… ¿Adónde va a llegar el mileniarismo? Insértese frase tipo las de los otros treinta y seis capítulos.

Saludos. Se despiden las Sisters of Sorrow.