Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.
60.
A la mañana siguiente, Izanami había ido a unos puestos de la calle donde vendían todo tipo de cosas como objetos raros, ropa, entre otras cosas. Tal vez ahí podía encontrar el regalo de su papá, aunque lo veía imposible, pero al menos lo intentaría. Solo que había un problema, tenía ropa en el brazo que le había gustado y si seguía así se quedaría sin dinero.
—He vivido toda mi vida con él y no puedo saber que le gusta—se decía—. Aunque si él se atreviera a comprarme un regalo, también tendría ese mismo problema y por eso se junta con el regalo de mi mamá—dijo con cierto coraje—, pero basta de preocuparme. Si él no quiere estar conmigo, no lo obligare.
Chocó con alguien, pero no vio su rostro.
—Perdón—se disculpó y siguió viendo.
Sin embargo, la persona con quien se había topado, la miraba atentamente y además que había escuchado lo que decía.
—¡Mira están hermosas! —dijeron los gemelos con un brillo en los ojos.
Yasmina dejo de verla para verlos.
—Oye... Ella es...—no terminaron los gemelos.
—No es la que conocimos—contestó Yasmina—, pero escucharla, hizo que me pusiera de mal humor—chasqueó los dedos después de decir eso—. Vámonos—ordenó.
—¡Si! —dijeron y la siguieron.
Izanami regresaba sin éxito y lo peor de todo con dos blusas nuevas. De lejos podía observar al tío de Maru caminando alegremente con un helado de chocolate y al encontrarse con él frente a frente se detuvieron.
—Hola Izanami—saludó Masaru.
—Hola—hizo reverencia.
Masaru se dio cuenta del rostro triste de la chica.
—¿Sucede algo? —preguntó dándole una lamida a su helado.
Izanami dudaba en decirlo, pero al final...
—Problemas con papá, creo que Maru le habrá contado que mi padre no me quiere y me evita por una extraña razón y desde anoche me quede con algo, hablando de alguien, una chica que fue enemiga de mi mamá y que a mi papá le duele su ausencia.
Masaru se quedó en silencio un momento y tiró su helado que no había sido terminado por ahí.
—¿Piensas que eso puede ser la causa de tu mala relación con tu padre? —preguntó mostrándose serio
Izanami no lo había planteado de esa manera, pero ¿Podría ser?
—La verdad yo no entiendo porque no te lo dijeron, pero esa chica que mencionan tus padres puede ser la causa y ¿Sabes por qué?
Izanami negó con la cabeza.
—Sencillo, esa chica tiene tú mismo nombre y gracias a ella tú lo tienes porque tú debiste haberte llamado Nanami.
—¿Nanami?
—No solamente eso, Izanami—se acercó más a ella y puso su mano en el hombro de la chica—. Tiene tú mismo rostro, pero sus personalidades son diferentes y... —le volvió a sonreír—, yo te puedo llevar con ella.
Nana tenía en manos y brazos una montaña de ropa que cada vez era más pesada y seguía a Izanami que hablaban por teléfono. Estaban en una tienda haciendo compras y ni siquiera había comido, ella se la robó de la escuela por lo que tenía su uniforme puesto.
—¿Y que quieres que haga? —preguntó Izanami con agresividad—. A mí no me metas en tus problemas, Raiko, ¿Cuándo te estoy contando mis problemas con Maru? —agarró otra blusa y la lanzó a la montaña de ropa—. Estoy de compras con Nani bonita... El idiota de Maru pudo haber venido conmigo, pero no le gusta porque lo hago gastar de más y no soporta cargar con la ropa—miró otra y la lanzó a la montaña y siguió caminando sin dejar de observar—. Pues... Si, te estoy contando un problema, está bien, si te los cuento... Pero te contare porque tiene que ver con nuestra madre, nos invitó a cenar a un restaurante... Si, en donde nos vamos en secreto para platicar, y lo hizo para querer enfrentarse a Maru y se puso como loca, casi subiéndose a la mesa para golpearlo—cada cinco segundo lanzaba ropa a Nana y ella las cachaba—. Imagínate la vergüenza que sentí, al final me fui y discutí con él porque le sigue el juego y sabes que seguirle el juego a mi mamá es una condena... ¿Estás enfermo? ¿Por qué?... ¿Desde hace...? —se detuvo tomando otra blusa y miró a Nana—, Nani bonita esta me gusta para ti.
—Pero a mí no me gusta—contestó.
—¡Me vale te la comprare! —la lanzó a la montaña de ropa—. Como decía, ¿Desde cuando estás así?... ¿Dos meses? —comenzó a asustarse—, ¿Casi tres? he sabido que cuando la mujer que va ser madre, el papá es el que vomita, pero... ¡NO ESTOY DICIENDO QUE KAEDE LO ESTE, CALMATE!
Nana miró a toda la gente que escuchó el grito.
—Y dice que su madre la avergüenza, ahora sé lo que se siente—se dijo.
—Es que... Por favor, no le digas a nadie lo que te diré, ni a Kaede, por favor—le pidió y suspiró—. No he tenido nauseas, solo antojo por la fruta y es que... Estoy embarazada.
Al escuchar esas palabras, Nana se detuvo e Izanami se dio cuenta. Se dio la vuelta y ella la miraba con ese mismo rostro de siempre, ni feliz, ni triste.
—Te tengo que colgar, luego hablamos—se despidió Izanami y colgó. Le sonrió a Nana, pero ella no le respondió ese gesto—. Nani bonita, iba a hablar de esto contigo hoy, porque bueno... Viene un nuevo patito a la familia y... Solo quiero decirte que no dejaras de ser mi consentida y compartiré mi amor con todos, ¿sí? —le sonrió
Nana, solo la miraba con ese mismo rostro y se quedó seria aproximadamente cinco segundos
—¿Y quieres que te aplauda o que? —le preguntó Nana como respuesta
—¡¿Cómo te atreves a decirme eso?! —se indignó Izanami—. Por eso no se lo he dicho porque me respondería así, no cabe duda de que lo sacaste de él—se dio la vuelta y había llegado a la sección de ropa para bebes y se sintió asustada—. Vámonos—dijo y se alejó.
Nana se quedó viendo la variedad de cosas para bebes.
—Espero que haya sentido lo mismo cuando venía en camino—dijo y la siguió.
En el pasado...
—Estoy... Sorprendida... Pensé que no te volvería a ver—dijo Ukyo asombrada
Yasmina estaba sentada en la barra del restaurante de Ukyo. Ambas se habían conservado muy bien, no habían cambiado en absoluto.
—Andaba por aquí y...
—¿Y?
—Aun no estoy segura, pero solo vengo a este mundo para ver si todo está bien—contestó Yasmina
—¿Por qué?
—Es muy apresurado, así que evitare hablar de eso, pero quiero saber algo, ¿qué problemas tiene Ranma y su hija?
Ukyo atragantó.
—Me encontré con la Izanami de esta época y pude escuchar sus palabras que me inquietaron un poco—explicó
—Pues, como empezare... Todo comenzó hace cuatro años, Ranma se percató de que ya era la imagen exacta de la otra Izanami, pero siempre fue un poco distante con ella y él me confesó que... No quiere acercarse a ella porque teme que lo odie y quiera matarlo.
—¡Eso es absurdo!
—Lo mismo le digo, pero es necio.
—Se me hace muy raro que la otra Izanami no haga nada—dijo Yasmina, pero al ver el silencio y rostro triste de Ukyo, se inquietó.
—Izanami no regresó después de lo sucedido—aclaró.
Yasmina se sorprendió.
—Aunque hace diez años, Akane fue al futuro, pero no encontraron a Izanami. Ranma les dijo que, si ella no quería verlos, que tampoco regresaran los otros y desde entonces no hemos sabido nada de ellos—contó Ukyo.
—Estoy sorprendida y más por Izanami—no lo creía la chica—. Si ella no regresó es por la culpa. Tal vez no ha podido superarlo, porque, digo, Ranma jamás le ha dicho que hacer.
—Por lo que ella no los quiere ver—dedujo Ukyo.
—Suena feo, pero si... Es más, voy averiguar eso—se puso de pie.
—Dile a Izanami que yo nunca la he olvidado y que me gustaría verla—le sonrió, pero mostrando cierta tristeza.
Yasmina asintió y miró de reojo a los gemelos que seguían comiendo o más bien devorando los okonomiyakis.
—¡Queremos más! —pidieron los gemelos mostrando sus platos.
—Sera para llevar, no iremos—ordenó Yasmina.
—Veo que...
—Si tú piensas que mi hermano y yo nos llevamos bien, ni loca. Tenemos reinos diferente y estamos en guerra con ellos, pero me robe a los gemelos—sonrió Yasmina.
—Supongo que es bueno—dijo Ukyo terminado de empacar los okonomiyakis y se los dio a los chicos.
—Vamos, iremos a visitar a unos gemelos—les ordenó Yasmina saliendo del local.
—¡Si! —gritaron con emoción y salieron del local.
Izanami y Nana llegaban al edificio de su casa con varias bolsas en las manos y estaba por atardecer.
—Por favor, no quiero que le digas a nadie—le pidió Izanami a Nana—. Ya veré cómo hablo con él.
—Si porque no lo podrás ocultar por mucho tiempo—le respondió.
—Quiero hablar primero con él antes que con los demás porque si los demás se entera antes que él, se enojara y sabes qué pasa cuando se enoja.
—Yo sigo traumada cuando se enojó conmigo por haber coloreado en papeles importantes de su trabajo a los seis años.
—Al modo, siempre traumando gente, solo espero que no haga lo mismo con él o ella—comentó Izanami teniendo sus manos en su estómago—. Ah, es cierto—dejó las bolsas en el piso y sacó dinero de su cartera—. Se me olvido ir a la tienda y como eres amiga de la cajera ve a comprar las cosas que ocupamos, ya sabes que es lo que ocupamos y no se te olvide...
—Jugo de naranja con pulpa—terminó tomando el billete.
—Exacto—contestó con una sonrisa.
Nana se quedó observándola.
—¿Qué sucede?
—¿Por qué no veo esa sonrisa todo el tiempo? —le preguntó.
Izanami dejó de sonreír.
—Lo sabes.
—Pero eso no quiere decir que por castigo tengas que aparentar algo que no eres.
Nana dejó las bolsas que no eran muchas y no esperó la respuesta de Izanami y se fue a la tienda, dejando a Izanami pensativa.
—No es eso, lo que no quiero es hacer daño nuevamente—contestó tomando las bolsas que había dejado Nana.
Guardó su cartera, pero al momento de tomar las bolsas se le cayó. Entró al edificio y al llegar a la puerta de su casa, dejó las bolsas en el piso y agarró las llaves para meterla en el picaporte.
—Disculpe, se le cayó su cartera en la calle—dijo la persona a quien Izanami le daba la espalda.
Izanami se dio la vuelta y solo puso atención en la cartera y no en la persona.
—Gracias—dijo Izanami, pero al subir la mirada, dejó caer la cartera.
Izanami no dejaba de ver a esa persona y su corazón comenzó a latir con más velocidad, pero lo raro de todo es que sentía a Ranma cerca, pero no estaba enfrente de ella. Solo era una persona idéntica a ella.
La otra Izanami estaba impresionada de lo que veía, pero se mantenía sería porque necesitaba hablar de muchas dudas que le quedo después de hablar con Masaru.
—Es un gusto conocerte, Izanami—dijo Izanami del pasado con seriedad.
—¿Qué haces aquí?
—A preguntarte cosas y dudas que tengo.
—¿Para qué? Pregúntale a tu mamá o tu papá—le respondió—. No veo el propósito de que estés aquí, mientras estén todos bien, es más que suficiente, ¿no?
Izanami no se movió, pero apretó su puño.
—Conozco esa mirada... —dijo Izanami viendo cómo su otra yo la veía—, lo que quieres es golpearme. Hazlo, no tengo problemas porque sé cómo era a tu edad y yo no me quedaba callada ni quieta.
—¿Por qué eres así? —cambió su rostro—, Yo escuché que tú debías estar viviendo feliz a diferencia de él que aún sufre su ausencia.
Eso no lo esperaba. Sabía que él no la odiaba y que si no había venido era porque habría respetado su decisión, ahora era ella quien tenía dudas. Se dio la vuelta y abrió la puerta.
—Pasa—dijo Izanami.
Izanami fue directo a su habitación a dejar las bolsas, pero cuando iba a regresar, su otra yo cerró la puerta. No le importaba donde hablarían, pero desde que la vio comenzó a sentirse inquieta porque tenerla enfrente era como tener a al otro Ranma frente a sus ojos.
—¿Cuáles son tus preguntas? —preguntó Izanami
—¿Qué pasó entre mi papá y tú?
Tenía que ser esa su primera pregunta.
—Un problema que terminó con nuestra "amistad" podría decirse—contestó Izanami haciendo comillas.
—¿Y qué problema fue?
—Si tus papás no te lo han dicho, yo no te lo puedo decir—respondió—. Además, ¿quién te trajo aquí?
—Masaru.
Izanami comenzó a masajearse la sien.
—Si mi tía Serena se entera, lo matara—pensó—. Si no sabes la historia, quieres decir que no sabías de mi existencia, no entiendo porque te lo dijo. No debías saberlo.
—Pues si no lo hubiera sabido, toda mi vida me seguiría preguntando porqué mi padre me evita.
—¿Qué?
—Quiero convivir con él, pero siempre me evita, solo me habla cuando es necesario, pero él no se sienta a platicar conmigo.
Izanami suspiró para calmarse.
—Es idiota mal nacido, pero vera después.
—Eso es lo que pienso, si vas y hablas con él.
—Haber... espera—la detuvo—, si vienes a pedirme que vaya, olvídalo. Si eres yo, tienes la capacidad de ponerlo quieto y créeme, si a ese idiota lo pone quieto obedece.
—¿Entonces tú puedes hacerlo? Yo no puedo, me pongo nerviosa cada vez que lo enfrentó.
—Entonces no lo haces en serio.
—¿No me ayudarás?
—Lo siento, pero no—le sonrió.
Izanami comenzó a respirar agitadamente, movía sus labios y apretaba sus manos.
—¿Vas a comenzar hacer berrinches? —alzó Izanami una ceja y sonriendo con burla—. No señorita, todo lo que veo, era lo que era y no funcionará.
Izanami zapateó.
—Si tanto me conoces porque así eras, bien. Vas a ir y lo lograre, todos los días vendré a acosarte hasta hacerte cambiar de opinión. Te hartaras de mí y vendrás.
—Oye tú no vas a venir a decirme lo que tengo que hacer, ya te dije mi respuesta y regresa con tus papas ¡Ahora!
—Tu misma dijiste que no te podían decir lo que los demás digan.
—Tienes que regresar en algún momento.
—Pues...pues si, pero ¡Regresare! ¡Vendré todos los días hasta convencerte!
—Pues haz lo que sea, no lo conseguirás—le sonrió sintiéndose victoriosa.
—¿Por qué eres así? —sus ojos se humedecieron—. Eres muy cruel, incluso veo a una chica que no tiene corazón ni lastima por los demás, ni mucho menos por si misma.
—¡Oye no te atrevas a háblenme así! —dijo comenzando a molestarse—. Yo no tengo la culpa de lo que haga tu padre. Tú debes de preocuparte por los tuyos—señaló a la chica—, y yo por los míos, así que resuelves tu problema que si te pones firme lo harás, no tardarás mucho conociendo a ese idiota.
—¿Así le dices a tu papá?
—Mi mamá se encarga de eso—le contestó.
—Claro, tú no tienes mi problema porque los dos deben de llevarse bien, a diferencia mía—le reprochó—. Ahora entiendo, tu eres la culpable de que él no me quiera—iba a levantar su mano, pero se detuvo a la mitad y la bajó.
—Ibas a pegarme, hazlo. No me defenderé porque merezco lo peor, siempre ha sido así
Iba a levantarla, pero la puerta se abrió. Las chicas vieron a Nana que miraba doble y eso la asombró.
—Sabía que esto algún día sucedería—dijo y cerró la puerta.
Izanami del pasado se quedó viendo la puerta y después regresó su mirada a su otra yo.
—Ella... Se parece mucho al germen bonito—comentó Izanami
—¿También le dices así? —preguntó Izanami con una sonrisa—. Es inevitable de parte nuestra
Nana volvió a abrir la puerta
—Mamá Pato, ya son las siete y viene en camino—avisó Nana mostrando su celular—. Se tardará un poco más porque le pedí que me trajera una rebanada de pastel para que salga a tiempo mi otra mamá pato.
—Eres lista—dijo Izanami—. Tienes que irte antes de que te vea—le dijo empujándola para sacarla del cuarto.
—Eso quiere decir que... —se dejaba empujar—, me casaré con mi germen bonito y tendremos una linda hija—dijo con una gran sonrisa soñadora.
Nana se quedó observándolas.
—Es muy alegre—comentó Nana
Izanami del pasado se alejó de ella al estar en la puerta y entrecerró los ojos
—Vendré mañana, pasado y todos los días hasta convencerte—declaró la guerra.
—Haz lo que sea, así que largo—contestó Izanami y cerró la puerta
Izanami se dio la vuelta y miró a Nana que solo la observaba
—Si sabes que vendrá todos los días—dijo Nana
—Me conozco, lo hará porque así era—le respondió
—Me agradó
—¡Oye esa es una ofensa para tu mamá pato! Solo que... Hay algo raro y hasta ahora lo estoy captando... ¿Por qué no regresó Raiko y los demás? Porque si ella no sabía de mí, quiere decir que los demás tampoco—tomó su teléfono y marcó un número—. Oye... Es obvio que sabes que está aquí mi otra yo, ¿Por qué no regresaron al pasado?... ¡Qué! ¡Ahora odio a ese idiota!
Izanami se dio cuenta de la palabra que dijo.
—Esa palabra es muy fuerte para ti, pero hay muchas maneras de odiar, aunque todas son feas—comentó Nana.
—Gracias, Aki—colgó el teléfono y su mirada entristeció.
—Ahora está esa mirada que no me gusta.
La puerta se escuchó y volvió a sonreír.
—Esa me gusta, pero se ve falsa—dijo Nana
Sin embargo, Izanami sintió un dolor en el estómago y corrió al baño para vomitar. Cuando Maru abrió la puerta alcanzo a ver a Izanami correr al baño.
—Y esa me divierte—comentó sonriendo—. Pastel—sus ojos brillaron y corrió para acercarse para quitarle la bolsa e ir por un tenedor.
—Oye, pero te lo comerás después de cenar—le aclaró.
Maru se quedó observando el camino al baño donde corrió Izanami.
—Será posible que...
