PLAN EN ACCION…
Lucrecia al terminar de hablar con Isaac, regresa a su celda, donde ahí, tanto Alma como Estela habían decidido mostrarle el lugar a la hembra embarazada, esta acepta y comienza a caminar por todos los pasillos de la cárcel junto con sus dos nuevas amigas, hasta llegar al lugar donde habían desayunado.
-¡guapo!.- exclama Amanda.
-¡bombón!.- admira Amalia.
-¡eres fantástico!.- habla por última vez Penélope, haciendo voltear a las tres hembras que paseaban, Lucrecia se las queda mirando fijamente al notar que algo sostenía la pingüina de ojos ámbar. Lucrecia se acerca a ellas y descubre la fotografía de su amado en aletas de Penélope.
-esa es mi fotografía, ¿por qué la tomaste Penélope?.- reclama mirándola molesta.
-era Lucrecia, era tu fotografía, ahora es mía y para serte sincera, no tienes mal gustos, este guapo dormirá conmigo esta noche.- explica abrazando la fotografía mientras escuchaba las risas burlonas de sus dos compañeras y amigas.
-devuélveme mi fotografía, ¡es mía!.- pide tratando de arrebatársela, pero enseguida esta la esconde atrás de ella.
-haa, ahora ya vas a ponerte brava conmigo, creí que éramos amigas.
-si eso yo también lo creía, hasta esa vez en la que me tiraste a la alberca, ¡devuélveme mi fotografía!.
-¿quieres tu fotografía?... ¡pues ve por ella!.- Penélope la avienta cerca de pedazos de platos rotos en el piso, que al parecer, en esos platos habían servido mole. Lucrecia hace a un lado a Penélope empujándola, caminando directo hacia su fotografía, pero en su momento, la pingüina de ojos ámbar, extiende su pata hacia ella haciéndola tropezar, ocasionando que cayera al suelo estrellando la cara sobre el platillo típico.
-jajajajaja.- comienzan a reír descontroladamente las tres pingüinas malvadas al ver a Lucrecia separar su rostro del suelo, sosteniendo la fotografía con una aleta y con el rostro completamente manchado de mole.- ves Lucrecia, eso te pasa por ser envidiosa con tus cosas.- le habla por última vez dando media vuelta y alejándose de ella.
-Lucrecia, ¿estás bien?.- pregunta Alma acercándose a ella para ayudarla a levantarse.
-sí, estoy bien.- responde limpiándose el mole.
-no te preocupes, esto no es nuevo, Penélope siempre se la pasa molestando, vamos al baño para que te limpies la cara.- sugiere ayudándola a pararse y encaminando al lugar.
Skipper bebía el veinteavo vaso pequeño de coñac, mientras que Emmanuel solo llevaba el sexto, estaba tan deprimido que solo se dedicaba a beber mas y mas para olvidar, no pensaba en otra cosa más que en Lucrecia, y todo, absolutamente todo lo que paso entre ella y el, se lo contaba al pingüino de ojos grises. Confesaba que lo que más le dolia no era su traición, si no el ya no poder verla por lo que le había echo.
-la extraño Emmanuel, a pesar de todo, aun la sigo amando.- confiesa sirviéndose de nuevo la bebida en su vaso.
-lo sé Skipper, un amor como el de ustedes no se puede olvidar, pero piénsalo, dudo mucho que Lucrecia te perdone por todo el mal que le haces.
-si lo sé… pero me deje llevar por la ira, quiero, quiero arreglar las cosas con ella, quiero…
-Skipper, ahora ya no sabes ni lo que dices, lo que tu necesitas es descansar.- recomienda quitándole el vaso que ya se había servido.- necesitas dormir para que te sientas más tranquilo.- Skipper al estar inconsciente por tanto coñac que había bebido, se levanta del asiento, pero enseguida siente perder el equilibrio en sus piernas, trata de caminar pero le es imposible tambalearse.
-Emma- Emmanuel, ayúdame.- pide sujetándose de uno de sus hombros.
-claro que si amigo.- lo toma del brazo ayudándolo a caminar, directo hacia donde lo esperaba la trampa de Jill. Emmanuel lo lleva directo hacia el cuarto de la pingüina, donde ahí, lo recuesta sobre la cama.
-Emmanuel, e-este no es mi cuarto.- explica tratando de pararse.
-no, ahí quédate.- le ordena saliendo del cuarto. Skipper trata de pararse pero aun le es inútil, comienza a ver borroso y va cerrando poco a poco sus ojos, hasta comenzar a quedarse dormido, pero no sin antes escuchar cómo se abre la puerta del cuarto.
-bien hecho Emmanuel, ¿cuántos vasos bebió?.- le pregunta en susurros, evitando que el pingüino de cabeza plana pudiera escucharla.
-veinte completos.
-perfecto, ¿tienes la cámara?
-claro que si.- responde mostrándosela.
-bien, entontes comencemos, escóndete ahí.- señala un rincón cerca de la cama, este obedece y pronto, la pingüino comienza a acercarse al pingüino, comenzando a besarlo por el pico.
-Skipper.- comienza a hablarle con voz seductora.- Skipper…
-Lu… Lucrecia… Lucrecia.- comienza a repetir sin abrir los ojos.
-si Skipper… soy Lucrecia.- responde la pingüina comenzando a besar la punta de su pico, toma sus dos aletas y las coloca sobre su cintura. Emmanuel, siguiendo paso por paso su plan, comienza a fotografiar a los dos pingüinos en el acto, Skipper dejándose llevar por las palabras falsas de Jill, comienza a besarla con consentimiento, mientras daba sus primeras carisias. El pingüino de ojos grises no paraba de fotografiarlos.
-Lucrecia…- Skipper comenzó a abrir lentamente sus ojos, mirando a Jill con vista borrosa mientras comenzaba a alucinar a Lucrecia, pero poco a poco sus ojos comenzaron a dejarlo ver la realidad, descubriendo que no era Lucrecia, sino Jill la que estaba encima de él.- no... no… tú no eres Lucrecia.- responde apartándose de ella, se levanta de la cama y sale del cuarto tambaleándose.
-no te preocupes Elizabeth, con las pocas fotografías que pude obtener, son suficientes para nuestro objetivo.- informa el macho caminando hacia la puerta.
-¡perfecto!, ahora, la siguiente parte te corresponde a ti.
-ten en claro que cumpliré mi parte al pie de la letra.- promete saliendo del cuarto.
En el zoológico, Adolfo camina aun con un poco de dificultad, frunciendo el seño al recordar la plática con el teniente.
-¿pero cómo se atrevió a comunicárselo a Skipper?, ¿es que acaso no sabe guardar un secreto ni cumplir una promesa?.- continua reclamando el solo.
-hola Adolfo.- saluda de nuevo Becky acercándose a él.
-hola Becky.- saluda el también.
-te veo muy distraído, ¿te pasa algo?
-no, bueno… es que es algo muy personal.- responde dándole la espalda.
-a… ok yo entiendo.- responde la tejón un poco triste.- creí que éramos amigos.
-claro que somos amigos Becky.- responde volteando a verla.- es solo que… una de mis amigas esta en problemas y además…
-¡hey! Becky.- le habla a lo lejos una voz masculina, que pertenecía a una nutria macho.
-¿Antonio?.- pregunta la tejón mirándolo acercarse a ella.- ¿qué haces aquí?
-tú sabes lo que hago aquí, vine a buscarte.
-por favor ya déjame en paz, ya te dije que ya no quiero nada contigo.
-tú no me puedes dejar Becky.- reclama la nutria macho agarrándola bruscamente de ambas muñecas.
-¡suéltame me lastimas!.- reclama tratando de zafarse de él, pero le es imposible, Adolfo al ver su situación, decide intervenir colocando una de sus aletas sobre el brazo de Antonio.
-¿qué no la oíste que la sueltes?.- pregunta lanzándole una mirada amenazadora, sin soltarlo del brazo.
Lucrecia recién salía del baño al terminar de limpiar todo su rostro de comida, pero pronto detiene su paso al ver a la cuidadora caminar de nuevo hacia ella.
-¡tu nueva!.- la llama de nuevo la guardia.
-me llamo Lucrecia.- le recuerda la pingüina.
-como sea que te llames, tienes visita nuevamente.
-¿otra visita?... es de Skipper, esta vez tiene que ser el.- se alegra caminando a toda velocidad de nuevo hacia el lugar de visitas.
-Skipp… ¿tu?.- pregunta Lucrecia sorprendida e impactada a la vez ante tal visita.
-hola Lucrecia.- saluda el pingüino.
-Em-Emmanuel… ¿a qué viniste?, ¿a burlarte de mí?
-no, todo lo contrario Lucrecia, vengo a informarte sobre algo que te interesa.
-a mi no me interesa nada que venga de ti.- responde de mala gana, pues ya estaba cansada de todas las ofensas y humillaciones que recibía por parte del pingüino de ojos grises. Da media vuelta y comienza a dar sus primeros pasos para alejarse de él.
-¿estás segura que no te interesa?...- Lucrecia detiene su paso al escuchar su pregunta.- es sobre Skipper.- responde seguido de mirarla dando media vuelta.
-¿de Skipper?, ¿qué pasa con él?
-solo vine para avisarte que… oficialmente tu y Skipper… ya están divorciados.- miente mirándola impactarse ante tal noticia.
-no… no eso no puede ser, el y yo no podemos ya estar divorciados… ¡es una mentira!.- reclama corriendo hacia él y empujándolo ligeramente.- ¡eso es mentira!, lo que dices no es cierto.
-¿quieres comprobarlo?, ten.- le entrega un folder color amarillo, Lucrecia lo abre desesperadamente y comienza a leer unos papeles, donde desgraciadamente logra confirmar lo que Emmanuel le decía. Tenía el trámite de divorcio entre sus aletas, donde claramente decía que ya no era la esposa de Skipper, Lucrecia ante eso sentía derrumbarse por completo, comenzando a llenar sus ojos de lágrimas, Skipper había cumplido con lo que le había prometido al meterla a la cárcel.
-¿cómo pudo tramitar nuestro divorció aun sabiendo que estoy embarazada de él?.- pregunta la pingüina dejando resbalar sus lagrimas por sus mejillas.
-es una lástima todo esto Lucrecia.- trata de consolarla comenzando a acariciar su espalda levemente.- pero no es la única noticia que vine a decirte.
-… ¿hay más?.
-claro que si… Lucrecia, Skipper y Jill se han estado acostando en tu ausencia…
-no…
-…en tu propia cama.- informa entregándole las pruebas, toma lentamente las fotografías que había tomado el pingüino de ojos grises, y comienza a verlas una por una, donde cada una convertía en polvo los pequeños trozos de su corazón, esta vez ya no tenía más esperanza en recuperar su amor, temía aceptar que Jill había ganado la batalla.
