Capítulo 35: Colateral

No estaba acostumbrado a ver ese pequeño y delicado rostro tan sombrío, con clara evidencia de estar un paso más allá de la tristeza. Y por supuesto que no le gustaba. Todo su interior se removió inquieto, preocupado por lo que le pasara al niño con el que hace apenas unos segundos había terminado a videollamada. Pero no podía decir que no tenía un buen motivo. Cualquiera con un historial de una familia feliz se deprimiría de esa manera al saber que no sería más así.

Serik no pudo dormir la hora que le faltaba antes de que tuviera que empezar su día, por lo que decidió levantarse a hacer lo que sea para matar el tiempo. Mientras se ponía un conjunto deportivo para salir a correr, pensaba en lo mucho que en verdad le calaba la situación de su mejor amigo. Sasha no era alguien que se doblegara fácilmente y verlo tan triste era alarmante. No sabía si era peor ver sus ojos castaños rojos y el rastro de un surco de agua sobre su mejilla o escuchar su voz cortada contándole de la decisión de sus padres. Tenía que hacer algo por él o comenzaría a enloquecer.

Estaba a punto de salir de la casa a trotar un poco antes del desayuno cuando una mano grande y firme lo sujetó del hombro y detuvo sus movimientos.

—Buenos días, jovencito. ¿Puedo saber a dónde vas?

—Hola, papá. Sólo iba a correr un rato -le contestó, dándose la vuelta y topándose con una inquisitoria mirada verde y una sonrisa sarcástica.

—No sin desayunar.

—Tú no desayunas si no te gusta -recriminó el chico, cruzándose de brazos.

—Pero yo soy el papá aquí -sentenció Yuri, recargando su peso en su pierna izquierda, casi a punto de reír al ver la negación de su hijo -Serik Altin Plisetsky, hazme caso por una vez en la vida y ve a desayunar.

—Tú no le haces caso a Otabek, y él también es papá -replicó Serik, disimulando su diversión al ver la expresión contrariada del rubio.

—Te ganó -Otabek apareció en el lugar, vestido con un pantalón de pijama y una sencilla playera blanca.

—¿Lo vas a apoyar a él? -cuestionó, fingiendo estar ofendido al ver que Serik lo dejaba para irse con el kazajo.

—No. Pero no niegues que te ibas a ir a la pista.

—Y sin desayunar, jovencito. Muy mal hecho -regañó Serik a Yuri, devolviéndole sus palabras - ¿Lo ves? Lo aprendí de ti.

—Cuando te parece conveniente así es, ¿eh?

—No van a discutir tan temprano -ordenó Otabek, interponiéndose entre ambos antes de que empezaran alguna clase de pelea de cosquillas, almohadas o lo que tuvieran a la mano. Tomó a Serik del hombro y caminaron juntos hasta la cocina. De ahí, un minino gris y esponjoso salió contoneándose y dirigiendo sus ligeros pasos al rubio -Yuri, tu gata tiene hambre.

—Qué mal dueño eres, papá -dijo el chico, casi como si estuviera empecinado en hacer rabiar a su padre.

—Serik, tu perro destrozó de nuevo el jardín.

—Qué mala educación le estás dando -respondió Yuri, que disfrutaba en grande entrar en conflicto con su hijo para salir victorioso.

—Yura, Serik. Pasen por lo menos la primera hora del día en paz -Otabek se jactaba de ser demasiado paciente con ambos. Pero eso era algo que cada día, desde que Serik llegó a sus vidas, eso era puesto a prueba.

—El empezó -se quejó Yuri, sirviéndose un plato de cereal con fresas -No es justo que…

—Yuri, ya -Otabek decidió silenciarlo con un largo beso en los labios, de esos a los que el ruso no ponía ningún reparo, sin importar que el hijo de ambos estuviera frente a ellos o que el color rojo inundara sus mejillas.

Serik rodó los ojos, como si no tolerara el espectáculo no tan común, pero siempre tierno, de sus padres demostrándose amor. Y no es que le desagradara, pero tampoco era como si les fascinara eso. Pero, por lo menos, ellos eran un poco más moderados. Pues estaba seguro que los padres de su mejor amigo eran peores. Lo que le recordaba…

—Oigan… -el chico carraspeó para que le prestaran atención.

—Serik… -Yuri se separó de Otabek y lo vio, divertido y con una sonrisa demasiado traviesa -Si vas a quejarte te recuerdo que de ser Sasha…

—¡No es eso! -interrumpió rápidamente, con la sangre concentrándose en su rostro y pintándolo de carmín -Bueno… sí, pero no es…

—¿Ya no te gusta el mocoso? -Yuri solía aprovechar cada momento en el que Serik pudiera cometer la equivocación de hacer más evidente cierto gusto culposo, que el chico no terminaba de admitir.

—¡No me gusta! -gritó, escondiendo su cara entre sus brazos.

—Lo que tú digas -Yurio se alejó de su esposo, quien le recriminaba con la mirada.

—No era lo que quería decirles -Serik levantó el rostro y el rubio se puso serio casi al instante al ver la expresión preocupada de su hijo, que tampoco pasó inadvertida para el kazajo.

—¿Le pasó algo a Sasha? -preguntó casi al instante Yuri.

—No… o bueno, sí. No directamente a él -el chico suspiró después de que la imagen del joven Nikiforov apareciera en sus pensamientos de nuevo -Me llamó hace un rato. Estaba… había llorado mucho.

—¿Por qué? ¿Lo saben Víktor y Yuuri? -inquirió Otabek, sentándose a un lado de su hijo.

—Supongo que sí, ellos lo provocaron -le respondió, sintiéndose algo molesto de repente.

—Serik…

—Se van a divorciar y Yuuri se fue a vivir con los abuelos de Sasha -soltó de golpe.

Ambos adultos se quedaron sin palabras durante un momento, intercambiando miradas de completa sorpresa y preocupación. Sabían que le matrimonio no se distinguía por nunca pelear. Habían tenido sus momentos de tensión, tranquilos y otros muy fuertes, como cuando Yurio tuvo que hospedar a Yuuri. Pero no era lo mismo a decir que encontraron un quiebre tan definitivo y tajante.

Pero no fue precisamente eso lo que descolocó al ruso. Sí, era abrumador pensar que algo que parecía tan sólido se quebrara de un momento a otro, pero eso no era lo que estaba haciendo que su sangre hirviera.

—Son unos idiotas…

—Yura, tranquilo.

—¿Cómo quieres que esté tranquilo? -exclamó Yuri, alertando a su esposo e hijo - ¿Qué no ves lo que están haciendo?

—Yuri, es su matrimonio. Ellos pueden decidir lo que hacen o dejan hacer.

—No me importa lo que se hagan. Que se maten si quieren, pero… los niños.

—Yukie y Viktoria no son unas niñas, ellas…

—Lo dices como si no las conocieras, Otabek -sin entender por qué, Yurio se estaba enfadando con todos -No lo van a tomar bien. ¡Ya hicieron llorar a Sasha! ¡Y si hicieron lo mismo con el bebé…!

—Se van a quedar todos con Víktor -indicó Serik, entendiendo por que su papá estaba enojado -Sasha dice que… sus hermanas discutieron muy fuerte y Yuuri se fue pocos minutos después.

—¡El imbécil del anciano me va a escuchar! ¡Y el cerdo también! ¡Son un par de…!

—¡Yuri! -Otabek lo interrumpió antes de que alguna palabra altisonante saliera frente a Serik -No es un asunto en el que debas intervenir.

—Si se trata de cualquiera de los cuatro, incluso de los que aún no nacen, no me importa. Voy a intervenir. Esos idiotas son tan melodramáticos que no se van a dar cuenta de que…

—Yura, escúchame. Ellos deben solucionar esto por su propia cuenta -Otabek sujetó la mano de Yurio, hecha un puño sobre la mesa.

—Los niños…

—Sólo si ellos te lo piden. Y si las cosas van muy mal, estoy seguro que lo harán.

—De haber sabido…

—¿Ibas a hacer algo?

Yurio negó, pero se quedó con el pensamiento de la propuesta que le hizo a Viktoria meses atrás. No lo iba dudar. Si Víktor o Yuuri hacían cualquier cosa que lastimara a sus hijos, ni siquiera les preguntaría si estaban de acuerdo en ir a Rusia con él, aunque no estuviera muy seguro de la legalidad de eso. ¿Qué más daba? Él podía cuidar perfectamente de los cuatro, de dos bebés y de su propio hijo.

Pero más allá de eso, existía otro sentimiento por esa noticia. Uno que no terminaba de entender.

—¿Terminaste de desayunar, Serik? -preguntó al chico, sentándose de nuevo en una de las sillas, demasiado sombrío para su propio gusto.

—Sí… ¿quieres que los deje solos?

—Sólo un momento. Puedes ir a correr, te alcanzaré en unos minutos -le propuso.

Algo contrariado, Serik asintió y después de dejar todo en el lavavajillas, salió de la cocina, cerrando la puerta tras de sí. Otabek fue a sentarse con su esposo, sin decir nada, esperando a que él mismo tomara la iniciativa de decir que era lo que verdaderamente le estaba afectando. Todos esos años de ser pareja, y un poco menos de estar casados, le habían enseñado que la paciencia era de los mejores recursos con los que se podía tratar a Plisetsky.

—No nada más es por los niños, ¿verdad? -el kazajo alcanzó la mano de Yuri y la acarició con suavidad. El rubio negó y bajó la cabeza - ¿Quieres decirme que es?

—Me siento… no sé. Es como estar… decepcionado o… huérfano.

—¿Huérfano? Yuri… después de todo… ¿los terminaste por ver así? -el moreno se impresionó por esa repentina confesión.

—Después de que mi abuelo… muriera y me quedara con ellos -admitió, cerrando sus manos en un puño, mordiéndose el labio para prohibirse cualquier muestra de debilidad -Ellas eran unas bebés y… casi sentí que me querían de la misma forma que a sus hijas.

—Ellos te aceptaron en su casa por algo, Yura. Y dudo que algo de eso cambia porque ya no estarán juntos. Pero… si ya no están felices con lo que sienten…

—Lo sé, lo sé. Y creo que ese es el problema. No entiendo como ellos, con todo lo que sentían el uno por el otro, aunque resultara jodidamente asqueroso, de repente toman esta decisión -suspiró con pesadez y se levantó, para tratar de seguir su día -Entiendo y… casi siento lo mismo que Sasha y ellas.

—Si te necesitan, te llamarán -aseguró Otabek, sosteniendo la cadera de su esposo, de una notable pero no exagerada mayor estatura que él.

—Les doy un mes para que sepa que todo está bien, o tomaré el primer vuelo que salga a Japón y los arrastraré hasta aquí -sentenció, mientras se ataba con fiereza sus largos mechones rubios en una coleta.

—A Serik no le molestaría, aunque solo fuera Sasha -comentó Otabek, algo burlón, provocando que su esposo se relajara un poco.

Detrás de la puerta, el joven kazajo hacía lo posible porque el sonrojo bajara de sus mejillas. Él no escuchaba a escondidas porque fuera un entrometido, pero si decían algo de su amigo, tenía que saberlo, aunque ese resultara el único método. No se esperaba que el comentario de su papá Beka acerca del niño ruso fuera ese.

Y es que tenía razón, jamás le molestaría. No si era Sasha.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Frío.

Todo siempre fue frío a su alrededor. Su hogar, su espacio. Su corazón. Desde que él, precisamente él, se fue. No el último con el que compartió sus aposentos, ese era casi un niño.

Pero él no. Hermoso como nadie, siempre apasionado. Y a pesar de sí misma, él siempre se vio solo, como si el mundo lo hubiera abandonado antes, y el abandonara el mundo. Y aún en esa soledad, guardaba atractivo arrebatador, como nunca lo había visto antes. Pensó que no podía ir más allá. Pensó mal.

Cambió completamente cuando lo conoció a él. A ese chico que a primera vista era casi nada. Por lo menos nada que ella no tuviera ya. Y, aun así, él cayó. Aunque tenía que admitir que nunca lo había visto tan radiante, odio con todo su ser que fuera ese pelinegro el que lo hiciera verse así, y no ella.

Probablemente ese japonés hubiera creado los mejores momentos para él. Lo había cambiado, pero no podía afirmar que no le gustaba verlo en esa nueva faceta. Feliz también era cautivante.

Y podía considerarlo casi como un manjar prohibido, uno con que poder saborear, pero no comer. O eso había supuesto hasta que todo empezó a salir mal… para ellos. Ella misma podía jactarse de no intervenir cuando no era necesaria, ni meterse en asuntos que iban bien por sí mismos.

Pero nada le impedía tratar de nuevo cuando era testigo de cómo la luz de él menguaba una vez más. Lo quería galante, y haría lo que volviera a eso, pero a su lado. Quería que la nueva versión de él fuera con ella.

No importaba todo lo que ahora tenía. Dos niñas, cuatro niños. ¿Qué más daba? Siempre pudo con los obstáculos, y tenía facilidad para hacer que pequeña, inocentes y débiles mentes confiaran en su persona. ¿Por qué no habría de lograrlo con los pequeños Nikiforov? Aunque esa chica tan parecida a él era bastante obstinada, los demás estaban cediendo muy fácil. Ya vería como tratar con ellos después. No es que se especializara en ser madre, pero no tenía por qué serlo. Sólo los tendría porque eso haría que él estuviera. Y como un pequeño castigo para el japonés, por haberse llevado lo que era suyo. Sería lento, para que supiera cómo se siente ver que aquello que más quieres, se va con alguien más.

Aunque, con los tonos que entraba su móvil mientras sorbía de su traslúcida copa de vino blanco, se dio cuenta que no necesitaba mucho esfuerzo para que empezaran a caer, por su propia cuenta. Contestó la videollamada y lo primero con lo que se topó fue con un rostro lloroso de cabellos negros que caían sobre el en desorden, y su cuerpo estaba tembloroso.

Punto para ella.

—¡Yukie! Princesa… ¿Qué pasó? ¿Por qué estás así? -No. No estaba fingiendo preocupación. En cierto modo, esa niña le importaba.

"—Laryssa… yo… mis papás… tenías razón... "- no completó la frase, pues se echó a llorar de nuevo.

—Escucha, Yukie. Si lloras, no puedo entender lo que estás diciendo. Prefiero que te controles y me llames después.

"—¡No! Yo… me calmaré… es sólo que…"

—Pequeña, no tengo tu tiempo. Si no vas a decirme que…

"—Ellos se van a divorciar."

Si no hubiera estado frente a la hija de ambos, tal vez hubiera sonreído con suficiencia.

—¿Sólo así? ¿Qué fue lo que pasó? Pero dilo sin llorar -si algo le faltaba, era paciencia.

"—Fue… después de que llegamos de Osaka… se quedaron solos… Cuando nos dijeron… yo… yo sólo… grité…"

—¿Estabas enojada?

"—Lo sigo estando. Todo… lo que dijiste… tiene sentido… y es cierto."

—Ya veo -Laryssa se llevó una mano a su fina barbilla, pensando -Después de todo, a Yuuri no le fue suficiente tu papá.

"—Creo que no… también se fue de casa…"

—¿Y se llevó a tus hermanos?

"—No… nos dijo que quería que nos quedáramos… con papá. Algo como que… no quería quitarnos la… vida que llevamos."

—¿A eso llama vida? Exponerte a ti y a tus hermanos a semejante situación y decisión -tenía que aplaudirse en cuanto volviera a estar sola - ¿Ahora lo entiendes, preciosa?

"—No creí que… Yuuri en verdad… estuviera harto de nosotros… "- sus ojos se humedecieron de nuevo y Laryssa suspiró al ver que cubría su rostro con sus manos.

—Era algo obvio desde hace unos meses. Tu padre siempre estaba estresado, y siempre era culpa de Yuuri. No digo que sea un mal papá, pero entenderás que… al parecer ustedes son demasiado para él.

"—Pero…"

—De verdad creo que Yuuri decidió… digamos… renunciar a ustedes. Aunque en parte es comprensible. Con los problemas que tú y tu hermana ocasionaban… Sasha sigue siendo un niño algo consentido y tu hermano es un bebé. Claro que iban a llegar a su límite. Ahora ves que tu papá está pagando las consecuencias de los actos de todos.

"—Yo… yo no quería eso… Laryssa… Te dije que me iba a esforzar, pero…"

—Sí, ya es tarde. ¿Y dónde está tu padre?

"—Está en casa de mis abuelos… fue a dejar… a Yuuri…"

—Entiendo. Esperaré a que él me llamé e iré a Hasetsu con ustedes.

"—¿Vendrás aquí?"

—¡Por supuesto que sí! No pretenderás que lo deje solo con ustedes después de lo que ocasionaron -la chica en la pantalla apartó la mirada y se mordió el labio -Yukie… perdónate por esto. No eres la única culpable.

"—¿Cómo?"

—Bueno, no puedes negar que la mayor responsabilidad de lo que está pasando es tuya y de tu hermana -sólo era sinceridad, y la japonesa podía tomarla de la forma en que deseara -Pero si dejaron que esto sucediera, entonces deben dejar que le dé una solución.

"—Tú… quieres estar con él."

—Por supuesto. Y no sólo es por mí, pero ahora mismo no hay nadie mejor para que esté con él que una amiga. Es decir, yo.

"—Pensé que los hijos también podíamos servir de apoyo."

—Sí, cuando no son los causantes de todo el dolor. Si no quieres que él también los termine odiando, deberías dejarle su espacio."

"—No. Él jamás nos odiaría."

—Lo mismo dijeron de Yuuri y ya los dejó a su suerte -el rostro de Yukie palideció, y Laryssa pensó que estaba siendo un poco drástica. Justo como lo necesitaba -Solo procuren no molestarlo demasiado hasta que yo esté ahí.

"—¿Entonces si intentarás algo con él?"

—Se te oye molesta -hizo notar, pero era obvio que la idea no le agradaría en lo más mínimo, pero aceptarlo o no era la decisión de la chica, pues no importaba lo que pensara, ante el nuevo panorama, las cosas iban a cambiar -Puedes pensarlo por el lado amable, Yu. Tú no sabes lo que es tener una mamá. No te prometo ser una, pero tendrán la mujer que les faltó a ti a y tu hermana.

"—A nosotras no nos faltó una madre. Los teníamos a ellos y…"

—Bien, entonces piensen eso toda la vida -Laryssa podía estar a punto de explotar por lo necia que podía resultar Yukie, pero tuvo que convocar a toda su paciencia si no quería arruinarlo -No deberías ser tan cerrada a los cambios. Tal vez descubres que te gusto como parte de tu familia.

"—Sin ofender, pero dudo que eso llegue a pasar."

—De acuerdo, entonces vivirás amargada con la eterna imagen de mí con tu papá. Eres tú la que la va a pasar mal por sus propias decisiones -sonrió con aire triunfal -No te preocupes, de cualquier forma, te invitaré a nuestra boda. Te verías linda como dama de honor, ¿no crees?

"—No sé ni porque te estoy hablando todavía. Eso no va a pasar."

—Porque me necesitas si no quieres estancarte, siendo la sombra de tu hermana -obtuvo justo la reacción que esperaba. Yukie pasó de llorosa a sumamente molesta -Y no discutiré sobre si va a pasar o no. Sólo, cuando menos lo esperes, yo seré la que ocupe ese lugar en tu casa que ha quedado vacío.

"—Eso es lo único por lo que te estoy ayudando, Laryssa. Papá… él… necesita de alguien a su lado. Y si… tal vez... nosotros no podemos ser el consuelo que quiere."

—Perfecto, Yukie. Lo estás aceptando. Con eso me conformaré. Por cierto, revisé las coreografías y… en serio tenemos que trabajar con esos pasos. Si no fuera porque eres idéntica a Yuuri, juraría que estoy viendo a Viktoria.

"—Ya, ya. Ya entendí "- contestó la chica con hastío.

—Muy bien. Entonces aprovecharemos mi visita y residencia en Hasetsu para mejorar esos enormes detalles. ¿Eso si te parece?

"—No tengo muchas opciones."

—Con eso me conformo. Nos vemos pronto, princesa. Tienes buen tiempo para que asimiles que iré a quedarme.

"—Sólo es por él. Lo único que quiero es que él esté bien."

—Entonces no tienes de que preocuparte, Yukie. Todo estará bien -la japonesa asintió y segundos después cortó la llamada.

El vino en su copa se acabó, al igual que el tiempo de espera. Por fin estaba donde lo quería para volver a reclamarlo. No quería dejarlo solo, y era el mejor momento para que se diera cuenta de que ella siempre había sido la mejor opción.

Hubiera pasado la mano por su vientre, como aquellas veces cuando la nostalgia era demasiada fuerte. No por tristeza, más por impotencia. Porque por el hijo de él, nunca pudo haber más hijos de ella.

Sí, también era un poco pagar esa enorme deuda.

Pero a él, a Víktor, eso le causaría problema. Siempre tan vulnerable cuando estaba solo. Y en ese momento, estaba más abandonado que nunca.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

"No necesito que me digas que lo cuide para que lo haga. Si tú y Yuuri han decidido dar su matrimonio por terminado, a pesar de que sabes que está en un momento delicado, entonces yo seré quien esté para él."

Y Víktor no tenía modo de saber lo ciertas y profundas que habían resultado sus palabras. Brendan no lo iba a decir abiertamente, pero algo dentro de él se sentía casi alegre de la decisión de la pareja. Aunque eso se opacó por completo al ver el rostro casi desolado del pelinegro.

Esa era la parte que le desagradaba por completo, y podía decir que estuvo tentado a ir y reconfortarlo frente a todos sin importar qué. Pero ese no era el modo con el que quería entrar aún más a la vida de Yuuri. Así como lo deseo desde el momento en que lo conoció, así como en cada ocasión que él le mostraba por qué era sencillo enamorarse.

—¡Papá! Ven comigo -el hijo menor de Yuuri se aferraba al cuello de su papá, mientras que el ruso le indicaba que ya era momento de irse - ¿Poque no vienesh?

—Porque quiero quedarme con tu abuelita -Yuuri logró que aflojara un poco su agarre, a tiempo de que Víktor lo tomara en sus brazos -Pórtate bien, Kenji. Te prometo que te veré pronto.

—Eshta bien -el bebé dio un último beso a su papá.

El docto fue silencioso testigo del escueto y frio adiós que la ex pareja se dedicó. Era casi increíble que esas dos personas fueran las mismas a las que vio durante años profesándose amor y devoción.

Apenas Víktor y el niño salieron del hotel, Yuuri ignoró todas las peticiones de una explicación y fue a encerrarse en una de las habitaciones que, suponía, había sido suya en algún momento por la naturalidad con la entró. Tal vez lo hubiera dejado solo, pues sabía que lo necesitaba. Pero en todo caso, también seguía siendo su doctor y el de los bebés, y eso no iba a acabar bien para cualquiera de los tres si, por lo menos, no intentaba calmarlo.

—Yuuri -Brendan golpeó con suavidad la puerta, esperando por una respuesta.

—Sí… la puerta está abierta, Brendan -escuchó decir desde adentro.

Sin demora, entró y encontró al pelinegro hecho un ovillo en la cama, cubierto con una sábana hasta el cuello, de espaldas a la puerta. El americano se conmovió y se le antojó demasiado tierno, de no ser porque casi podía palpar la tristeza de su cuerpo.

—Yuuri… sé que no es el momento, pero… esto no le hace bien a ninguno de los tres -se sentó con cuidado en el colchón, esperando que Yuuri volteara. No tuvo que esperar demasiado.

—Ya lo sé, pero… bueno. Los viste, ¿no? No puedes esperar que trate de no sentir.

—Te entiendo. Pero por lo menos haz un esfuerzo. Ellos… -posó su mano con cuidado sobre el vientre del japonés -… no merecen esto. Ni tú tampoco.

—Tú sabes todo lo que ha pasado. Creo que…

—Lo que yo creo, Yuuri, es que lo único que hiciste fue tratar de hacer feliz a la persona que querías.

—Lo quiero, Brendan. En serio que lo hago, pero…

—Pero estás aquí. Yuuri, yo no digo que no tengan derecho a cometer errores. Pero si hubiera sido yo…

—¿Tú qué, Brendan? -preguntó, cuando lo vio detener sus palabras.

—Te quedas con quien amas, Yuuri. Es lo que yo pienso -Brendan se levantó de la cama para salir de la habitación - ¿Quieres que te acompañe? ¿Necesitas algo?

Yuuri pareció pensarlo un momento. Él tenía razón, quienes te quieren se quedan a tu lado, a pesar de todo. Y Víktor había cedido a abandonarse, igual que él. Tenía que hacerse a la idea de que, entre ambos, solo había hijos. Eran sencillo. No se quedaron, no se amaron.

—Voy a dormir, pero… ¿puedes quedarte hasta entonces?

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

¡Hola! Logré mi propósito de actualizar antes de que me pierda de nuevo entre la tarea. Hoy si no tengo mucho que decir, más que reiterar las gracias por tomarse el tiempo de leer la historia, dejar un comentario, un voto o lo que vean mejor. Por cuestiones que luego les comentaré, creo que moveré las actualizaciones para el fin de semana y pondré los drabbles a mitad de semana. Pero eso ya lo veremos después.

Listo, eso es todo. Recuerden que, si quieren, pueden unirse al grupo Make my own history / Create our history para más detalles sobre ambas historias. Ahora sí, es todo. ¡Nos vemos la próxima! ¡Los amo!

Serena Nightray: Estaba más fácil el otro nombre, pero este también me gusta. Probablemente tampoco lloraste en este, y para mis oportunidades de que eso pase, o de que por lo menos tu corazón se contraiga un poco, aún faltan algunos capítulos. En fin, si por lo menos te sigues emocionando con las actitudes de los personajes, entonces me daré por bien servida. Disfruta el capítulo, señorita insensible. ¡Saludos!

Cotita83: Y las cosas se van a seguir complicando mucho, mucho. Por lo menos lo de ellos y lo de las gemelas no va a tener solución pronta. Ya verás como las cosas tomaran su rumbo de nuevo, pero tienen que aprender muchas cosas, y la mejor lección se acerca poco a poco Muchas gracias por el apoyo, a este momento ya lo supere, pero sigo pensando en que estas niñas van a terminar por arruinar el fandom. Sólo espero que las que somos maduras no caigamos en el juego. Espero que te haya gustado el capítulo. ¡Saludos!