Beyond of Times
by
Aline S.V
Disclaimer: Como todos saben, los personajes de Inuyasha son de propiedad de Doña Rumiko Takahashi, yo sólo los he tomado prestados por sana diversión.
Epilogue
Mañana se cumplen veinte años, veinte años de matrimonio humano. Veinte y tres desde que Inuyasha y yo nos unimos como inmortales hechos y derechos…
Ha pasado mucho tiempo, pero mi rostro sigue siendo el mismo desde aquella noche, sigo siendo una joven delante del espejo, con una expresión de saber más de lo que mi supuesta edad demostraba. A veces pienso que parezco muy niña, a Inuyasha le da bastante risa cuando se lo comento, él dice que estoy bien y que debería sentirme bien de no representar la edad que tengo. Eso me enoja, tampoco es que sea tan vieja, sólo tengo cuarenta y uno cronológicamente.
Es una pena que no pueda decirle tatarabuelo a mi marido, se lo merece, pero su estúpido renacimiento me impide lanzarle la broma de vuelta.
Debería hacerle leer esto, si lleno un cuaderno con palabras como: Tonto, idiota, insensible, ¿cómo reaccionaría?, debería mimarme un poco, a ver si así recuerda que mañana es nuestro aniversario. Pedazo de troglodita olvidadizo.
Menos mal nuestros hijos no heredaron esa faceta suya, por lo menos eso pienso. Pobre si uno de ellos se les olvida el día en que comenzaron a salir con sus parejas o se casaron, sentirían la furia bruta de mamá.
Ikuto tenía rasgos más parecidos a su padre que a mí, tenía sus mismos ojos miel, aunque sus cabellos eran de un rubio tan brillante como el de él con su encanto y, sin él, eran de un color plateado, aunque sus ojos eran muchísimo más oscuros que los de su padre. Pero su sonrisa y barbilla eran idénticas, era increíble cómo la genética puede jugar, ambos eran como una copia, si alguien los viera juntos, pensarían que eran hermanos, teniendo en cuenta que mi marido no ha envejecido ni un poquito desde aquélla noche.
Pero, volviendo a Ikuto, también había heredado el volátil carácter de su padre… junto a su arrogancia, no sé cuántas veces voy a tener que tirarle sus adorables orejas caninas bajo el encanto para que se comporte como un muchacho de quince años común. Sí, porque mi querido hijo mayor tiene la ligera manía de mostrar a los humanos cuán rápido y fuerte es con su tercio de sangre demoniaca. A veces pienso que la chica que se fije en él va a tener que tener una paciencia de oro.
Mi segunda hija, en cambio, es un amor. Tomoe es tan dulce con todos, a Inuyasha se le cae la miel de la boca cuando está con ella. Eso sí, es extraño imaginarla practicar karate… hasta que una la ve patearle el trasero a un fulano cualquiera y se te hiela la sangre, entonces tengo que volver a armarme de paciencia para tranquilizar su furia aniquiladora y apartarla de cualquier hombre; ser humano, demonio; ave, cucaracha que osara molestarla por su cabello. Tomoe apenas tenía trece años, pera ya me imagino su revolución hormonal al llegar los quince, creo que necesitaré una aspirina cuando empiece a verme como una enemiga y bruja en vez de una madre y amiga.
Lo gracioso de ella era Inuyasha y lo que provocaba en él, mi marido es tan sobreprotector con ella como lo es conmigo, sólo que de la forma paternal. Pobre sea el muchacho que se enamore de ella, Inuyasha se asegurará de cortarle su orgullo masculino a cualquiera que se le acerque con dobles intenciones. Y es que no era para menos, Tomoe era una flor atractiva, con el cabello oscuro como la noche, en su apariencia real como con su encanto, y sus ojos de un vivo oro. A veces Inuyasha me recuerda que ella es demasiado parecida a mí. Yo no lo creo, ella es demasiado hermosa para haber heredado demasiado de mí. Mi belleza humana jamás podría compararse a la belleza demoniaca que caracteriza a muchas de las féminas de esa raza.
Por último, está mi hijo Kaito, el más pequeño de los tres, con tan sólo once años… el día en que nació a Inuyasha casi le da un infarto y mis hijos mayores me causaron un dolor de cabeza mayor incluso que el de las noches de estudio de la universidad.
Kaito nació prematuro, su nacimiento se preveía para principios de septiembre, no para principios de agosto. Bendita había sido la hora en que Inuyasha nos dijo que fuéramos a arrendar cabañas a la playa, y bendito sea el momento en que me tropecé.
Aislados, los cuatro; dos niños, un par de adultos y un bebé en camino de forma prematura.
Inuyasha estaba vuelto loco.
Recuerdo que él hablaba por teléfono mientras me pasaba un paño mojado con agua al tiempo que también intentaba calmar a los niños fuera de la habitación. Sesshoumaru y el médico tardaron en llegar, de hecho, llegaron después de un tortuoso parto que me dejó tan exhausta que perdí la conciencia por varios días.
El médico, un demonio por supuesto; pues sólo estos y su prole pueden atender un parto con ascendencia demoniaca, sino nuestro mundo estaría frito, dijo que el golpe había sido bastante grave y me había provocado una hemorragia interna que debieron parar antes de que terminara desangrada. Afortunadamente, mi cuerpo sigue siendo el mismo y no me falta nada, lo superé pronto para hacerme cargo de mi hijo en la incubadora. Inuyasha fue otro cuento, estaba tan pálido y asustadizo, que era difícil hacerlo viajar para asistir a las reuniones de la CID en Gran Bretaña. Hasta que, finalmente, un día a presión de Sesshoumaru, y una muy larga golpiza, decidió que debía regresar al trabajo. ¿Quién diría que él formara parte de esos imbéciles burócratas? Ahora ve el trabajo como necesario, irónico ¿no?
Kaito ha crecido bien, el haber nacido prematuro no afectó su crecimiento ni mucho menos su capacidad mental, de mis tres hijos es el más despierto y calculador, su carácter es bastante parecido al de su tío. Tranquilo y, a veces, inexpresivo. También es el único que heredó mis ojos. De ahí su nombre, tiene los ojos azules igual a los míos y nació cerca del mar.
Todo este tiempo he disfrutado bastante, me gradué de la universidad un año antes de lo que planeaba y con honores, igual que Caleb, de hecho, él y yo nos casamos por la vía humana en nuestro tercer año de universidad, durante las vacaciones de invierno… en Japón, por supuesto. Desde entonces, me dediqué a servir en los hospitales públicos de Toronto. De hecho, mi hijo mayor nació allá, por lo que posee doble nacionalidad. Inuyasha trabajaba en las oficinas públicas de la ciudad y hasta ese entonces nuestra vida fue relativamente tranquila y exitosa. Hasta que Sesshoumaru pidió nuestro traslado a Japón para asumir el cargo que ya sabíamos que poseíamos.
Volver a Japón para ejercer nuestras profesiones anexo al mundo humano fue extraño, principalmente porque nunca se me pasó por la cabeza. Aunque me dio ciertas ventajas, mi familia humana puede convivir más tiempo con mis hijos y conmigo, aunque la familia humana de mi marido tiene ahora las visitas más dificultosas, pero nos mantenemos en contacto todos los días. A Inuyasha no le gusta mentirles a sus padres sobre el lugar en que trabaja, pero sabe que es necesario.
Ahora, ejerzo la medicina en los hospitales demoniacos, exclusivos para su prole y sus descendientes. A veces veo casos extraños que ningún humano común podría imaginar, el día a día es un constante ir y venir de sorpresas. En paralelo también asumo mi estatus protocolar, no sólo soy médico, soy lo que nuestra gente llama la Dama de Japón, siendo la segunda al mando y la segunda en línea de sucesión si a la Gran Dama de Japón, Miharu Kazekage, mi cuñada, le pasara algo. Y el cargo es bastante pesado aunque ventajoso, así puedo acompañar a Inuyasha más seguido en sus viajes al CID y mis hijos conocen un poco más de mundo.
Oh, tampoco era fácil mantener dos identidades al mismo tiempo, para mis hijos tampoco lo era. Ante los demonios, Inuyasha y yo éramos Inuyasha y Kagome Kazekage, ante los humanos, nosotros éramos el matrimonio Kimura. Tener dos papeles legales es una locura, al principio me confundía con las credenciales, tanto que me sacaba de quicio ir al supermercado y presentar una cédula de identidad que no correspondía al sitio en el que me encontraba. Claro que, con el tiempo, esos errores se han hecho inexistentes. Miharu se ríe con frecuencia de mí por enredarme. Rin en cambio se ve tranquila cuando le cuento mis anécdotas en el supermercado, creo que ella también pasó por algo similar cuando se estipuló la utilización de un apellido, no le era fácil referirse a sí misma como Rin Sorano, decía que Shippou se reía en su cara cuando la gente le preguntaba su nombre y ella no recordaba su apellido.
Oh, hablando de algunas cosas, creo que Rin está embarazada, lo veo un sus gestos. Cuando yo también lo estaba, tenía una manía de tocarme el vientre cada cinco minutos y sobarlo con la misma periodicidad. Y hablando de hijos, también conocí al único hijo de mis cuñados, el chico, aunque debe estar cerca del centenario a estas alturas, tiene el mismo carácter de su padre, la única cosa que los diferencia… es que tiene tanta ambición por el poder como a una hormiga le interesa el pan. Por eso mismo, creo, que Sesshoumaru jamás se opuso al hecho de que Inuyasha le sucediera.
― ¡Mamá, papá ya llegó!―apenas y pude poner el punto a ese párrafo cuando la voz de Tomoe me sacó del ensueño. ¿Cuántas veces le había dicho que no debía gritar dentro de la casa?
Cerré el cuaderno con cuidado, sólo los dioses sabían cuál era el número de este; había perdido la cuenta después del número treinta y cinco, y me levanté de mi escritorio, por la ventana entró una brisa veraniega. Amaba ese viento cálido.
― ¿Qué pasa que pareces andar en las nubes? ―salté en mi puesto. Odiaba su velocidad, apenas lograba percibirlo cuando la utilizaba.
―Oh, nada―bufé, recordando mi viejo humor― en realidad, pensaba que deberías leer un par de líneas en mi último cuaderno.
Escuché unas ligeras risas cerca, dibujé una sonrisa al ver las cabezas de mis hijos asomándose por la puerta, aunque no lograba entender por qué estaban allí, siempre evitaban todo lo posible el estar presentes cuando Inuyasha y yo entrábamos en la faceta de asesinos o románticos .
―Tal vez deberías pensar en re-escribir esas líneas―dijo sin perder su faceta de no me intimidas―porque yo estaba pensando en ir a Hokkaido, por unas bonitas vacaciones, tú y yo solos.
¡Oh, ahora entendía!
― ¡Inuyasha! ―grité antes de lanzarme a sus brazos.
Miércoles 15 de junio, 23: 09 hrs.
¡Finite!, quería un epílogo que explicara lo mejor posible el cómo Kagome ha afrontado su nueva vida y a los cachorros, siempre me he imaginado la relación de Inuyasha y Kagome con muchos altibajos causados pro estupideces, de ahí el tema de que esté molesta de que Inu se olvide de su aniversario, pero bueno, aquí está todo. Quizás, sólo si me alcance el tiempo, haga un especial de Navidad de este fic, pero sólo es un tal vez, por que la universidad me está llevando al vórtice de la perdición XD.
Bueno, agradezco a todos por comentar, a todos los que hicieron favs, alertas en el fic y en mi perfil. Gracias, Gracias, Gracias!
Un regalos, un dibujo de los cachorros:
http: / / moonlightkaori . deviantart . com / # / d4haqec
PD: Pueden pasearse si lo desean en mi fic Crash, que es de lenta transmisión, pero con el que estoy experimentando cosas nuevas XD.
