XXXVII. No sueltes mi mano, ¡No la sueltes! (Día 3/7).
Agitaba la punta de la pluma contra el escritorio en un tamborileo que tenía la finalidad de mantenerlo tranquilo, pero que no surtía tal efecto. Sabía que lo que estaba haciendo se saltaba algunos procedimientos, incluso podía meter en serios problemas a Kirishima, pero sus palabras hacían eco en su memoria.
Yui Fujikawa tiene que estar lejos de la familia Takatsuki.
Dudó durante unos momentos de porque sostenía tal sospecha de esa mujer, pero si algo no se podía negar de Kirishima durante sus días como fiscal era el poder de su intuición. Raras veces se equivocaba cuando consideraba sospechosa a una persona y, si era franco, Fujikawa siempre parecía tener algo que ocultar tras vestidos pomposos y su actitud sufrida.
Y varias de sus sospechas se vieron confirmadas cuando, luego de ver los videos de seguridad de su habitación, encontró que ella lo había visitado sin registrarse y que luego de irse, Shinobu se veía bastante confundido y perturbado.
Entonces había sido ella. Se sintió realmente tonto por no haberse dado cuenta antes de la peligrosidad de esa mujer.
El teléfono dio un par de repiques que lo hicieron sobresaltarse antes de tomarlo con rapidez. Si era lo que esperaba con tanta ansia, ya podría poner fin a la pesadilla que había envuelto a quien más quería en el mundo.
— En seguida voy— contestó compuesto, recordando que aunque tuviera miles de razones para odiarla, debía continuar los procedimientos.
Tomó una profunda bocanada de aire y se levantó de la mesa; tomando su saco para ir a la sala de interrogatorios.
Cuando llegó allí la encontró sentada en el escritorio. Llevaba una camisa blanca de seda, pantalones negros y unas botas hasta los tobillos de color azul marino. Llevaba unos enormes rulos en el cabello rojizo que caían con gracia hasta su mentón y los labios de un rojo oscuro en el rostro juvenil. Sus ojos lo miraban con incredulidad, como si no existiera razón para que ella estuviera allí.
— Buenos días, señora Fujikawa. Agradezco su asistencia— dijo con caballerosidad mientras colocaba algunas carpetas sobre la mesa antes de sentarse.
— Supongo que no tenía otra opción ¿o sí?— respondió con tedio mientras cruzaba las piernas debajo de la mesa— creo que dejé bien en claro que no voy a participar más en este caso y que quiero que la investigación sobre la muerte de mi esposo se cierre— suspiró— ya no puedo lidiar más con el escándalo.
— Bueno, no es precisamente por eso por lo que la he invitado a venir, señora— dijo Miyagi tomando asiento frente a ella para extenderle una carpeta llena de fotografías tomadas de los videos de seguridad— Seré directo ¿Qué hacía usted en la habitación del fiscal Takatsuki?
Yui sonrió con ironía. Estaba preparada para eso.
— Creo que no es un secreto para usted que he sido amiga de la familia Takatsuki durante años— respondió con tranquilidad— El Juez era como mi padre, eso hace a Risako y a Shinobu como mis hermanos. Era lo más normal que fuera a visitarlo.
Aquello era cierto, no había nada de nuevo en que ella fuera amiga de esa familia, de hecho, cuando se estaba divorciando de Risako, ella le sirvió de gran apoyo durante ese proceso, cosa que incluso le agradeció en ocasiones.
Pero, precisamente ahora, su visita no daba señales de ser precisamente fraterna.
— Bueno, podría considerar eso cierto si no fuera porque esto indicara que su visita no fue precisamente cordial.
Abrió la carpeta con las fotografías donde se acercaba a él y conversaban hasta el punto donde dejaba la habitación con un Shinobu cerca del colapso nervioso adentro.
¿Con qué lo amenazó?— preguntó sin rodeos apoyado de la mesa para acercarse a ella, sin despegar su mirada de la suya.
— ¿Amenazarlo? ¿Yo?— preguntó extrañada— ¿De dónde está sacando eso?
— No trate de engañarme, señora— contestó aun sosteniéndole la mirada, determinado a leer cada una de sus expresiones hasta que hallara la verdad— Vi el video, luce muy asustado en cuanto ustedes terminan de "conversar"
Sus labios se curvaron en media sonrisa. Ese hombre le estaba dando todo lo que necesitaba saber.
— Interesante… ¿y a cuenta de qué estaba viendo usted esos videos, Fiscal Miyagi?— Preguntó dejando escapar algo de malicia.
— Shinobu repentinamente quiso dejar el caso— respondió con franqueza, intentando acorralarla— estaba determinado a declarar todo sobre su secuestro y de un día al otro no quiere siquiera volver al tribunal. Casualmente eso ocurre después de que usted lo visita… No creo que eso sea una coincidencia… ¿y usted?
— Puede serlo— respondió sin inmutarse— a fin de cuentas perdió a su padre y casi muere en ese secuestro… debería estar complacido de que su estimado amigo al fin muestre algo de sensatez.
— Usted tuvo que ver… como tiene más que ver con Akihiko Usami de lo que nos quiere hacer creer— dijo entre dientes, no muy lejos de su cara.
— Creo que debe alejarse, fiscal— sugirió con altivez— un centímetro más cerca y lo puedo demandar por acoso… ¿o es que no tiene las agallas para invitar a salir a una mujer como yo?
Miyagi se alejó.
— Las mujeres de su tipo no son de mi interés— respondió.
— Por supuesto— replicó— los de su interés son los jovencitos de mi edad… ¿o me equivoco?
Observó detenidamente como los ojos azules se abrían como platos, y la expresión relajada que mantenía desde hacía un rato se tornaba nerviosa y alterada.
— En parte tiene usted razón, Señor Miyagi— dijo descruzando las piernas para levantarse de la mesa— sé más de lo que usted cree, pero para hacer una acusación como esa… le sugiero consiga una prueba más contundente que… sus fotitos. Una como esta.
Abrió su bolso y sacó una foto instantánea donde claramente se veían Shinobu y él, ambos en una posición realmente comprometedora fuera de su departamento. Siempre trataban de no ser descuidados, sin embargo en aquella ocasión...
— Entonces con esto fue— tomó la foto den encima del escritorio— No me interesa en lo más mínimo lo que puedas hacerme, así que tus chantajes no servirán de nada conmigo.
— Oh, eso está muy bien para ti— le miró confiada— ¿pero qué hay de él? Porque realmente sería una lástima que una carrera tan brillante se vea truncada de una forma tan… bochornosa.
Miyagi apretó los puños contra la mesa. Él podría soportar la destrucción de su carrera, podría lidiar con la gente juzgándolo y señalándolo, incluso sería capaz de retirarse con la poca dignidad que pudiera conservar del tribunal por un comportamiento así, pero Shinobu aún era muy joven, era brillante, con un gran futuro como fiscal o podría llegar a ser juez como su padre… él no podría causarle tal daño con su egoísmo, no se perdonaría el que lo odiase por eso.
— Eso pensé— agregó antes de girar la manilla de la puerta de la sala de interrogatorios— Una última cosa… Yo que tú buscaría la forma de desaparecer esta declaración… alguien más que la oiga puede hacer muchas preguntas… y no queremos ventilar tu secretito… ¿cierto… Yō?
Nunca podría poner en palabras cuanto la odió en ese momento, menos cuan desagradable le resultó la sensación de estar en sus manos.
Le dedicó una última sonrisa que le heló la piel y salió de la sala.
— ¿Ahora que se supone que haga?— dijo luego de chasquear los dientes, mientras se peinaba los cabellos hacia atrás con los dedos, tratando de poner en claro sus pensamientos.
Caminaba por los pasillos contenta por su victoria personal cuando sintió un tirón de la muñeca y el golpe en la cabeza cuando se estrelló contra la pared.
Unos ojos verdes furiosos la miraban inspeccionando los suyos, mientras la mano le tapaba los labios para que no gritara.
— ¿Qué haces aquí?— preguntó entre dientes. Yui le quitó la mano de la boca.
— Es un labial muy caro ¿sabías?— replicó orgullosa, desviando la pregunta, La tomó de los hombros con ambas manos estrellándola de nuevo contra la pared.
— ¿Qué. Haces. Aquí?— volvió a preguntar, en un tono mucho más amenazador esta vez.
— Interrogatorio— contestó con tedio tratando de zafarse de su agarre— pero ya está bajo control.
— ¿Qué les dijiste?— preguntó de nuevo, sosteniéndole la mirada.
— Puedes estar tranquilo— respondió— no dije nada que dañara a tu querido Usa…
Dejó la palabra incompleta pues una de las manos se cerró sobre su cuello dejándola sin aire.
— Has estado realmente sospechosa últimamente— le susurró en voz baja— Si llego a descubrir que tramas algo…
— Te desharás de mi ¿Cierto?— completó quitándoselo de encima, ya no podía causarle el mismo miedo que antes. No cuando ya no tenía nada que perder— Ya me conozco esa amenaza… Misaki.
El castaño la dejó ir, con cierto sentimiento de lástima. Yui siempre temblaba o bajaba la mirada cuando estaba cerca de él, igual que todos los demás…
Pero ahora que le devolvía la mirada, aunque destilara rabia y soberbia por los labios, sus ojos se veían… vacíos. Como quien realmente no tiene nada por qué vivir.
Era la misma mirada que él tenía cuando lo recibió en su casa.
Entonces supo que ella también había perdido a alguien a quien amaba.
Venía de fumar un cigarrillo cuando lo encontró saliendo de la oficina de Kirishima, en cuanto notó que era él evadió su mirada casi instantáneamente. Ahora que sabía el porqué de sus actos, podía incluso entenderlo un poco, pero igualmente… el que estuvieran tan separados el uno del otro en unas circunstancias donde se necesitaban tanto era, además de solitario, doloroso.
— Hola— saludó con discreción rascándose la parte de atrás de la cabeza— ¿C-como sigues?
— Bien— contestó algo incómodo, sin sostenerle la mirada. Vio como sus manos se frotaban nerviosamente y sus mejillas se sonrojaban— V-vine a pedir m-mis vacaciones… Sé que Kamijō y tu harán un buen trabajo; a pesar de todo… aun los admiro como fiscales.
Le sonrió, pero sus ojos se veían tristes ¿Aun después de todo este tiempo? Después de que lo conocía tan profundamente, ¿aun así pretendía ocultarle algo así?
Lo tomó de la muñeca arrastrándolo a su oficina y lo cercó contra la puerta apenas entraron para besarlo. Al principio se mostró renuente, pero luego de un rato sintió sus manos apretar su camisa en la espalda como siempre. Mientras las lágrimas saladas inundaban la unión de sus labios.
— Lo siento— dijo en cuanto se separó de él, apoyando su frente contra la suya, acunando su rostro entre sus manos, sintiendo la humedad de sus lágrimas— Si yo no te hubiera dejado solo… ella…
¿Ella? Entonces Miyagi lo sabía… no le había creído, había investigado hasta dar con la verdad. Qué obstinado.
Pero no pudo negar el sentimiento de alegría que le dio que no renunciara a él con aquella facilidad.
Ahora lo invadía el pánico, si la había confrontado, si le había dicho lo que sabía, ahora él… estaría en un grave peligro.
"Si sabes lo que le conviene, lo alejarás de esto… Tu quizás sobreviviste, pero puede que él no lo haga… ¿eso no te asusta… Shinobu?"
— No— Comenzó a temblar y a negar con la cabeza mientras trataba de zafarse de él— ¿Qué hiciste? ¿Por qué?
— Shhh… Shhh…— dijo tratando de calmarlo, parecía a punto de entrar en un estado de histeria— No voy a dejar que te haga nada, créeme… no voy a permitir que te haga daño esa mujer.
No, él no lo estaba entendiendo, a quien haría daño era a él.
— ¿Por qué?— preguntó con los ojos húmedos apoyando sus puños en su pecho, él podía sacrificarse, podía alejarse de él, podía aprender a vivir con eso, podía soportar estar lejos, pero saberlo vivo… ¿por qué insistió? Comenzó a golpearlo con los puños— Ahora irán tras de ti…
— No me importa— dijo abrazándolo de nuevo— porque no tiene caso vivir si no estás aquí…
Eso le derritió el corazón y sin poder contener más el llanto se abrazó a él con todas sus fuerzas, con todas las ansias contenidas desde que se vio obligado a mentirle.
Estaban demasiado concentrados en ellos mismos hasta que escucharon llamar a la puerta.
Era Kirishima, lucía preocupado con un sobre entre las manos. Miyagi vio venir algo terrible en su mirada.
— ¿Ahora qué?— preguntó sin sorprenderse por la inminente venida de malas noticias.
— Miyagi… asuntos internos te suspendió— dijo extendiéndole el sobre con notable turbación, su mirada se paseaba de Shinobu a él— El fiscal de distrito cree que entre ustedes dos hay una relación sentimental.
— Ya llegué— anunció luego de cerrar la puerta— te traje algo de comer.
Lo encontró de pie mirando por la ventana, era una costumbre usual para él, pero siempre le generaba cierta intriga que permaneciera siempre en estado de alerta.
Pero, aunque le preocupara que una vez que esto pasara, su sensación de inseguridad continuara, le producía cierta dicha que siempre velara por el bienestar de los dos.
— ¿Qué tanto miras?— preguntó con curiosidad colocándose a un lado de él— ¿No hay guardias de Shinoda por toda el área?
— De ellos precisamente debemos cuidarnos también— Contestó sin mirarlo. Ahora que Hatori le había advertido acerca de la posibilidad de un bando que buscara exterminarlos, sabía que aunque encerraran a Akihiko Usami en una cárcel, los peligros estarían lejos de terminarse.
Exhaló un suspiro y casi rio con ironía. Al parecer Nowaki no era el único que debía equilibrar su Karma.
— ¿Masamune? ¿Qué pasa?— preguntó inspeccionándolo con sus brillantes ojos verdes como la esmeralda. Recordaba aquellos ojos como tímidos, avergonzados casi todo el tiempo, renuentes a mirarlo por todas las emociones que luego se desataban dentro de él al hacerlo. Y ahora los veía llenos de determinación, de seguridad, sosteniendo su mirada con decisión.
No se pudo resistir a la necesidad de abrazarlo con fuerza, estrechándolo entre sus brazos como si en cualquier momento fuera a desaparecer.
— ¿Masa…?— estaba extrañado de que se portara de tal manera, pero cuando intentó preguntar de nuevo qué estaba pasando sus labios se apoderaron de los suyos en un beso que consiguió debilitarlo, haciéndolo abrazarse a su espalda con fuerza.
— ¿Y si la persona que mató a Yukina está detrás de mí?— confesó algo asustado. Pocas veces lo había visto así, siendo una de ellas cuando decidieron regresar, pero siempre era en asuntos que le concernían a él y no por sí mismo— Si para llegar a mi te hace daño, Ritsu… yo no sé si…
— Hey— le dijo apoyando una mano en su mejilla— Creo que tenemos un gran talento en resolver las cosas como vayan viniendo… preocuparte desde ahora por algo que aún no sabemos si es cierto es perder el tiempo, como tú mismo dices ¿No es así?
Masamune dejó escapar media sonrisa ante esa declaración y apoyando su cabeza en su hombro sintió que los roles estaban a la inversa por primera vez.
— A-además— comenzó y sintió como el calor subió hasta su rostro— si estás en peligro… yo… te protegería con mi vida… ¿sabes?
Aquellas palabras simplemente tocaron su corazón haciéndolo latir con fuerza, ese sentimiento indescriptible de ser amado de vuelta, aquella dicha de que la persona por la que darías la vida la daría por ti.
Se levantó de su hombro y acariciando una de sus mejillas volvió a besarlo, pero esta vez sin la intención de dejarlo ir por un rato, dejando que sus manos se deslizaran libres por su cuerpo hasta su cintura, apegándolo más a él, combinando el calor de sus cuerpos en uno solo.
Sus brazos se apoyaron de sus hombros, ladeando el rostro para poder besarlo con más intensidad, en una sinfonía de labios, suspiros y respiraciones agitadas que exteriorizaban su deseo.
Se dejaron caer en el piso, sentados a los pies de la ventana, con el viento soplando las cortinas pálidas y la luz del sol de la tarde iluminándolo todo.
Se separó de sus labios solo para besar su cuello, subiendo hasta sus orejas y detrás de ellas. Ritsu lo sintió diferente, con más dulzura de la usual.
— Es extraño— susurró entre algunos jadeos mientras sentía sus manos debajo de su camiseta.
— ¿Qué cosa?— le preguntó antes de remover la pieza por encima de su cabeza y mirarlo con esos ojos felinos color del ámbar a los que no simplemente no podía decir no.
— La manera en la que estás tocándome… es más… gentil de lo usual.
— ¿Qué quieres decir?— preguntó extrañado.
— Bueno que siempre eres rudo y las cosas son como tú quieres… y…
— Deja de hacerme sonar como un criminal— reclamó con el ceño fruncido
— ¡Pero es que lo eres!— exclamó rojo como una manzana.
— Bueno, pero siempre dices al final lo bien que se siente, así que no debe ser tan malo…
— Por favor pa…— iba a exigirle cuando sus labios lo besaron de nuevo, sosteniéndolo por detrás de la cabeza para acostarlo sobre la alfombra de la sala.
Sintió sus labios bajar por su pecho, volviéndolo una vorágine de respiraciones aceleradas, jadeos y gemidos mientras sus manos se aferraban a su espalda con fuerza, con la misma fuerza con la que se lo arrebataría a la muerte si algún día tuviera que hacerlo.
— Supongo que todavía lo recuerdo— susurró contra su oído mientras sus manos acariciaban sus piernas, despojándolo del pantalón.
— ¿Qué?— preguntó con la vista nublada, levantando ligeramente las caderas para facilitarle la tarea.
— Cuanto te amo… Ritsu.
Dijo aquello con una sonrisa tan feliz en su rostro como nunca se la había visto, llenando sus pensamientos de él sin dejar espacio para nadie más. Sin poder poner resistencia, sin poder decir que no.
Recordó que él también tuvo miedo al verlo salir tan malherido, por unos instantes pensó que no vería más su cálida sonrisa, sus hipnotizantes ojos, escuchar su voz o sentir el calor de su cuerpo contra el suyo. Y eso le generó tal escozor en el corazón que decidió dejar de ser solamente el protegido, para convertirse él también en el protector.
— Te amo… Masamune— dijo entre suspiros envueltos en ese calor que desprendían al volverse uno solo, unidos como si un lazo invisible no los dejara separarse.
Estaba sentado frente a ella, la mujer con la que había fantaseado desde que la vio en las revistas estaba a escasos centímetros de él, si extendía la mano podría tocarla, era mucho más hermosa en persona, y odió a las revistas que con sus fotos no le hacían justicia a su belleza.
— A ver— tomó su currículo entre sus manos y lo leyó con cuidado, había visto varios antes que él ser rechazados, pero el supuso que con su trayectoria sería diferente, además estaba decidido a protegerla, con su propia vida si era necesario.
Luego se disculparía con Yokozawa por haber asistido a escondidas a esa entrevista, pero… se trataba de ella. Si necesitaba un escolta, él sería el escudo que la protegiera; no necesitaría a nadie más.
Sus ojos verdes lo inspeccionaron de arriba hacia abajo, apoyando su codo sobre la mesa y el mentón en su mano. Leía el resumen y lo miraba, hasta que sus ojos se abrieron en el punto donde relataba sus experiencias.
— ¿Así que trabajaste para Zen Kirishima?— preguntó con voz dulce y uno de sus enormes rulos rojizos se resbaló directamente hacia su rostro, dejándolo cautivado por unos segundos.
— S-si— contestó nervioso, lamentaba haberles escondido eso, sabía que no debía buscar otro trabajo mientras trabajara para él, pero…
— Bueno, no se diga más— Sonrió complacida.
Les pediría perdón por eso, quizás sería castigado, pero valdría la pena.
— Creo que ya conseguí a mi escolta— le extendió la mano blanca como la luna y pensó que se moriría— Bienvenido a bordo, Henmi.
¡Hola! y como el público pidió más, aquí van más Curiosidades!
En esta ocasión será la ficha de Yui!
Nombre: Yui Fujikawa
Edad: 24
Fecha de Cumpleaños: 22 de Junio / Signo: Cáncer
Tipo de Sangre: BO+
Color de Ojos: Verde
Color de cabello: Castaño rojizo
Familiares: Nowaki Kusama, Kou Yukina (fallecido), Ryuiichiro Isaka (Fallecido)
Altura: 1, 60
Peso : 55 Kg
* Yui dejó la escuela en segundo año de preparatoria, así que quien terminó de educarla fue Kaoru. Tiene amplios conocimientos en economía, protocolo, relaciones públicas y etiqueta (además de otros que irán viendo más adelante).
* Se llevaba bien con casi todos sus camaradas, excepto con Kisa, Hatori y Kaoru. Solo le tenía miedo a Misaki.
* Tiene una organización de caridad que ayuda a distintas causas, supuestamente, los fondos son generados por donaciones de empresarios y colectas que ella organiza, sin embargo, gran parte del dinero malhabido de la corporación Usami se lava a través de sus organizaciones.
* Odia la cebolla y el calabacín.
* Insistió durante meses para que Kou le hiciera un retrato, pero él nunca accedió.
* La bufanda azul que siempre usa, solía ser de Nowaki, ahora utiliza también una gris que solía ser de Kou.
* Cuando Yui y Ryuiichiro comenzaron su organización, el juez Takatsuki y su esposa se unieron a ellos, convirtiéndose en sus socios. Después anexaron a Risako para que no se deprimiera durante su divorcio.
Bueno, eso es básicamente todo. ¡Besos con labial rojo!
