Judy colgó el teléfono, masajeando su sien en un vano intento por aminorar la migraña que había formado un hogar en los adentros de su cabeza, el sonido del vulpino levantándose abruptamente en dirección al bar indicándole que quizás, no era la única que necesitaba un trago luego de casi cinco horas de negociación con sus padres.
Levantando la cabeza, la coneja observó al vulpino regresar a ella con dos vasos, y aparentemente, coñac en sus manos.
— ¿Coñac?
Alzando los hombros, el zorro se sentó al frente de ella, ubicando la botella y los demás implementos en la pequeña mesa entre los dos.
—Después de haber enfrentado a la triada y posteriormente a tus padres, creo que un trago más fuerte es necesario en esta ocasión.
—No te refutaré, sólo sírveme, Nick. Eso fue agotador.
Y ciertamente, lo había sido, sus padres eran buenas personas ciertamente, pero eso no evitaba que quisieran controlar su vida, y en especial, con quien se asociaba. Tener que haber empleado su pasado con Willis para lograr que las cosas se movilizaran con más agilidad, estaba teniendo un efecto de hecho perceptible en su psiquis, al igual que su cuerpo, el agotamiento ahora ostensible en ella, incapaz de poder levantar sus orejas tras la faena que había vivido.
—Al menos, ya no está en nuestras manos. Mis hermanos peinarán y estudiarán el contrato que la triada formuló, al final, ahora todo depende de ellos.
Sorbiendo moderadamente su trago, disfrutando tanto el aroma como el sabor. La coneja no pudo evitar suspirar profundamente, moviendo el vaso en pequeños círculos mientras ponderaba.
—Es gracioso, ¿verdad?—, comentó, mirando la mesa más que a su compañero, carcajeando desdeñosa—. Por años, estuve arrepentida de lo que había hecho, de abandonar al único mamífero que por un tiempo parecía apoyarme en una ciudad a la que poco le importaban mis sueños y objetivos. Por años guardé esta culpa, rememorando los buenos momentos con cariño y nostalgia, sólo para enterarme de que todo fue una mentira—. Alzando el vaso, y tragando de un solo sorbo lo que quedaba antes de colocarlo sobre la mesa, Judy no pudo evitar ubicar sus manos sobre sus piernas, apoyando su peso allí, ponderando lo ocurrido, lo que había aprendido en cuestión de días—, de pronto, todos aquellos momentos felices no hacen más que pesar, manchados por completo, dejándome en conflicto… haciéndome sentir, sucia, usada, dolida…
—Y constantemente te preguntas, ¿por qué?—, interrumpió el zorro, su propia mirada perdida mientras observaba la pared—. ¿Por qué algo que ocurrió hace tanto tiempo, duele tanto en el ahora? Analizas y analizas lo ocurrido, y dudas de todo lo vivido, ¿Fue todo una mentira? ¿Cada sonrisa, cada caricia, beso y suspiro una fabricación bien orquestada?
Colocando el vaso sobre la mesa, el zorro usó sus largos brazos para tomar la botella y servirse tanto a él como a la coneja nuevas porciones, ninguno de los dos deseando estar sobrios para lo que venía.
—Somos todo un par, ¿no es así? Aún atrapados por el pasado.
Judy asintió, antes de tomar su vaso y sorber algo, más recatada en el momento.
—Casi acepto, ¿Sabes?—, agregó, mirando finalmente al vulpino, las dudas que sentía de abrirse ahora esfumadas, comprendiendo que el macho frente a ella quizás comprendía muy bien lo que estaba sintiendo—. Casi acepto casarme con él, la policía no dejaba de bloquear mis intentos de acceder a ciertos casos, el dinero se hacía escaso cada mes, él en su momento parecía ser mi único respiro en todo el suplicio que se había transformado mi vida—, recostándose contra el espaldar de su asiento, la coneja ponderó las cosas en aquel entonces, las decisiones que estuvo a punto de tomar hasta un fatídico día, sus manos haciendo círculos con el vaso, jugando con el licor que aún contenía—. La oferta de mis padres para administrar el edificio que habían comprado de pronto ya no parecía tan mala, realmente lo consideré por unos días…
Mirándola atento, el zorro sorbía de su vaso, esperando a que la chica continuase revelando su pasado al paso que más le conviniese, sus ojos fijos en cada gesto del lagomorfo, las orejas gachas, la nariz que solía temblar de vez en cuando ante un recuerdo que obviamente ya no poseía la misma candidez de otrora, un ligero temblor envolviendo su cuerpo por un par de segundos antes de que cerrase los ojos y suspirase, su mano de pronto dejando de jugar con el vaso, que ahora se encontraba en sus labios, vertiendo el resto del licor en sus adentros.
—Pero entonces un caso apareció, Anabela Hoover, catorce años, una cierva que había caído en uno de los muchos ríos de la zona boscosa, presumida muerta tras semanas de búsqueda infructuosa—, los ojos de la coneja se posaron en el vaso, notando que estaba vacío, más sin embargo no haciendo ademán alguno para que fuese rellenado, perdida en sus memorias—. La familia ofrecía una gran recompensa por encontrarla, viva o muerta. Tenía que ayudar…
Suspirando, e inclinándose para colocar el vaso sobre la mesa antes de arrojarse contra el acolchado espaldar, la coneja miró hacia el techo, antes de mirar al zorro.
—Parte de mi quería ayudar porque era lo correcto, una familia había sido separada, y quería reunirlos. Pero la realidad es que el dinero no era algo que pudiese desdeñar, así que me uní a la búsqueda, el oso polar asignado al caso, Steve Andersen, no estaba del todo contento con mi intrusión en lo que él calificaba como su caso, pero poco me importó, continué investigando, aprovechando mi tamaño para adentrarme en áreas que los mamíferos más grandes de pronto no podían penetrar, caminé por lo que parecían horas, esperando encontrar algo, lo que sea—. Carcajeando desdeñosa, la coneja observó al zorro antes de proseguir—, fue allí que me encontré un desvío, la corriente había derruido el terreno y formado un pequeño riachuelo escondido entre la maleza, por poco lo omito, pensé que era demasiado pequeño, la corriente demasiado débil como para haber arrastrado un cuerpo. Pero un vistazo más profundo procuró no sólo algo de pelaje, sino restos de ropa entre los espinos. Recuerdo que había sonreído, había encontrado el premio, reuniría a la familia con su hija para que pudiesen darle un merecido sepulcro, y le restregaría mi victoria a Andersen. Les demostraría a todos lo útil que era, las ventajas de poseer conejos en el escuadrón, recuerdo haber gritado con euforia un par de veces antes de moverme en esa dirección.
Cerrando los ojos, la coneja guardó silencio por un par de minutos, su postura completamente agotada de pronto.
—Primero escuché el sonido, cientos sino miles de insectos, moviéndose por doquier, aleteando, comiendo—, aún sin abrir los ojos, la chica apuntó a sus orejas con su mano, antes de bufar—. Jamás había maldecido mi agudeza auditiva como en aquel momento, te lo aseguro. Luego me asaltó el olor, era obvio que lo que encontraría no pintaría un lindo cuadro, pero, es mi trabajo, así que persistí. Y, oh, vaya, lo que me encontré fue horrible ciertamente.
Abriendo los ojos, Judy suspiró antes de apuntar en dirección del vaso, una petición silente que Nick ni siquiera titubeó en realizar.
—No entraré en detalles, Nick. Pero puedo asegurarte de que lo que encontré distaba de ser bonito, disparé mi bengala, a los demás mamíferos les tomó unos quince minutos venir a mi locación, muchos de ellos pensaban que necesitaba ayuda, de que iban a rescatar a la estúpida que no comprendía sus propios límites de su especie. Cabe decir que Andersen no estaba contento, en cuestión de horas realicé lo que él y tantos otros habían estado fallando en hacer por semanas. Yo sólo hice mi trabajo, otorgué mi informe, di mis datos y me marché, a pesar de lo horrible que fue el caso, me sentí realizada. Demostré mi valía, mi capacidad… finalmente le demostré a la ciudad de lo que era capaz cuando me lo disponía, de pronto, todos los planes de dejar mi trabajo y asentarme y administrar el edificio se esfumaron, podía hacerlo, realmente sentía que podía.
Inclinándose y estirando el brazo, su mano de inmediato alzó el vaso, colocándolo cerca de su pecho.
—Por semanas, de pronto estaban tomándome en serio, tenía más trabajo que nunca. Pensé que Randall estaría feliz, eufórico. Pero… no lo estaba, ahora sé el por qué, pero, ¿en aquel entonces? No podía comprenderlo, discutimos, me rogó que lo considerase, me explicó que era algo momentáneo, que tan pronto pasare la novedad, regresaría a la misma situación de antes, que no tenía un futuro como detective privado, de pronto la oferta de mis padres se sentía asfixiante de nuevo, de pronto estar al lado de Randall ya no era lo que deseaba, así que en un arrebato de ira, empaqué mis maletas, ignoré sus llantos, sus pedidos por hablar y sus disculpas, simplemente me marché de allí sin mirar atrás, encolerizada.
Tomando de su vaso, la coneja miró al zorro por un par de segundos antes de continuar.
—Al mes comprendí sus palabras, Andersen comenzó a bloquear todos mis intentos por ser parte de otros casos, de pronto me vi nuevamente relegada a trabajos menores. Pero ahora envuelta en culpa de que había abandonado a otro mamífero que pensaba en mí, por un sueño que no me llevaría a ningún sitio…—, las lágrimas que cayeron de los ojos de la coneja eran gordas, pesadas, y sin embargo, la fémina conservaba una sonrisa amarga en su rostro—. Por años guardé esta culpa, tantos años de sentirme como basura, ¿sólo para enterarme de que mi obstinación me salvó de una vida miserable al lado de alguien que sólo buscaba la fortuna de mis padres? ¿No es irónica la vida?
El silencio perduró por varios minutos, ambos mamíferos ponderando lo que habían oído, la coneja limpiando su rostro y pelaje de los rastros de lágrimas, poco a poco recomponiéndose.
—Tenía unos, cuatro, cinco años cuando todo cambió—, irrumpió la voz del zorro, tomando por sorpresa a la chica, que lo miró de súbito—, mi papá estaba por cerrar la tienda, el día había sido largo y deprimente, ni un solo mamífero había cruzado la puerta. Y, cuando menos lo esperábamos, una lujosa limosina estacionó frente al edificio, un par de osos polares emergiendo de sus adentros, portando en sus manos un par de musarañas.
Observando atenta al vulpino, Judy no pudo evitar guardar completo silencio, en especial comprendiendo que Nick finalmente había decidido confiarle su vida.
—Mi papá estaba aterrado, pero sin embargo, recibió a los clientes. Al parecer, el hijo había sufrido un accidente con su traje, la costura de su hombro izquierdo se había soltado, dejando un horrible agujero, necesitaba un arreglo rápido, la madre pagaría el doble si papá lograba solventar el problema en menos de una hora…—, mirando en dirección de Judy, el zorro sonrió, complacido con lo que revelaba—. Papá lo solventó en quince minutos, algunos lentes de aumento, un par de pinzas y pulso firme bastó para reparar el traje.
Ubicando el vaso en la mesa, aún con licor dentro, Nick ponderó qué decir, obviamente decidiendo que ya había bebido lo suficiente. Judy decidió tragar el último sorbo que le restaba antes de imitarlo, mirada siempre atenta sobre el sujeto.
—La señora estaba impresionada, la costura era perfecta. El traje estaba inmaculado nuevamente. Agradecida, pagó y antes de que supiera qué había ocurrido. De pronto, Macedonia Big había decidido que mi padre sería el sastre de la familia de allí en adelante. Suitopia prosperó, mamá pudo regresar a estudiar, yo pude ingresar a un instituto privado. La vida era buena, todo parecía salir de maravilla—. Mirando en dirección de la coneja, el zorro agregó—. No parecía que las cosas pudiesen mejorar, pero, lo hicieron, el apoyo de la familia Big había otorgado renombre a la sastrería, por lo que necesitábamos un nuevo edificio, expandirnos. Así que mi mamá decidió emplear la oportunidad para diseñar los planos de lo que sería hoy en día el edificio principal de Suitopia. Impresionada con su habilidad y estilo, Macedonia contrató a mi madre, quien de pronto procedió a re-acondicionar ciertos edificios para que los osos pudiesen transitar con más comodidad, incluso retomó ideas que no eran del todo populares en la ciudad al construir debajo de la superficie, pero, de alguna forma logró convencer a Big Mama de apoyar su idea, de que podrían ahorrar costo en electricidad para conservar hielo en áreas menos gélidas si construían hacia abajo, en vez de hacia arriba.
Asintiendo, Judy comprendía lo que la zorra tenía en mente, habiendo vivido en las madrigueras por gran parte de su vida le había enseñado lo fría que la estructura podía ser después de cierta profundidad.
—Años pasaron y nuestra familia de pronto estaba en boca de todos, los mamíferos que me ignoraban en otrora, de pronto querían ser mis amigos—. Suspirando, su sonrisa melancólica perdiendo algo de su brillo, el zorro miró a la botella, la tentación aún presente allí, más sin embargo, resistió—. Fue allí que la conocí, estudiábamos en el mismo curso, era la chica más popular del lugar, elegante, colecta. Minerva Snowbite, un leopardo de las nieves que parecía tener al mundo comiendo de su mano, incluyéndome.
Frunciendo el ceño, Judy observó al zorro, ignorando el atisbo de enojo y posesión que apareció en su pecho ante lo que escuchaba, suspirando profundo antes de dejarlo ir.
—Nos odiamos a primera vista.
Abriendo los ojos de par en par, Judy no supo qué decir, incrédula de lo que había oído, su expresión sacando una carcajada del vulpino.
—Oh, no creas, la chica era preciosa, pero en aquel entonces las niñas para mi eran asquerosas, sin importar lo lindas que pudieran ser. La dulce contradicción de una mente desequilibrada por las hormonas, por meses competimos por quien lograba ser el más popular en la escuela. Un día ella aparecía con un hermoso vestido y un par de joyas, al siguiente, yo emergía con el último juguete de moda.
Girando los ojos, y tratando de no sonreír, la coneja observó al vulpino, que al parecer rememoraba con un poco más de emoción su pasado del que ella hacía.
—Las cosas continuaron así, hasta que cumplí doce, mi papá ahora no sólo cumplía el rol de sastre, sino que ayudaba a mantener las finanzas de la familia en línea tras haber captado un error que pudo haberle costado al marido de Macedonia la prisión por evasión de impuestos, la policía no estaba contenta con mi padre, te lo aseguro. Por lo que sé, se estaba preparando todo un procedimiento para desarticular las familias por medio de casos de evasión de impuestos, papá arruinó meses de dura planeación con sólo una mirada al libro de ventas de la familia. Cómo ocurrió semejante mirada, aún lo desconozco hoy en día. Fue entonces que conocí a la nieta de Macedonia, Frufrú, la hija de Alistair Big, el actual jefe de la familia. Y al ser los únicos niños en medio de un mar de adultos, rápidamente nos hicimos amigos…
Recostándose en el espaldar, esta vez sus ojos puestos en la pared nuevamente, el zorro continuó, Judy observándolo incrédula de la historia que narraba de cómo un joven impetuoso comenzó a adentrarse más y más en los negocios ilegales de la familia, rápidamente aprendiendo bajo el yugo de Koslov al mismo tiempo que su amistad con Minerva y Frufrú incrementaba con cada día que transcurría, el cómo la muerte inesperada de sus padres cuando tenía dieciséis, y las circunstancias sospechosas del evento parecían haber fracturado su relación con la familia, ruptura que incrementaría aún más luego del fallecimiento de Macedonia, procurando que amistades antes entrañables de pronto estuviesen dañadas más allá de reparación alguna.
—Mi separación de Frufrú fue cordial, aunque tensa. Era obvio que no confiaba en su padre, además de que necesitaba mi espacio para recomponerme, rearmar mi vida, por años viví para los Big, pensé que era hora de vivir por los Wilde. Intenté tomar el control de Suitopia, pero los demás inversionistas no confiaban en un adolescente, mucho menos uno que había roto sus nexos con los Big, tampoco poseía el don de mi padre para la costura, o su habilidad con los números, de pronto, alguien ofreció quitarme todo el peso de encima al ofrecer comprarme mis acciones, y acepté, el precio era razonable, podría vivir mi vida cómodamente con lo que había adquirido si lo invertía sabiamente—. Mirando en dirección de la coneja, el vulpino no pudo evitar agregar—, sorprendentemente, logré no arruinarlo al comenzar a comprar algunos edificios con tal de ser remodelados y alquilados, no heredé el don de papá, pero sí el de mamá, parecía que había encontrado mi nicho, meses después conocí a Finnick, quien intentaba conseguir trabajo sin mucha suerte por ser un zorro, yo vi competencia y desde entonces estamos juntos.
Sonriendo, sus manos se movieron con tal de masajear su mentón, ponderando lo que estaba por decir.
—Minerva reapareció en mi vida cuando tenía veintidós, al parecer competía contra ella para comprar un edificio en la avenida Sahara, nos reconocimos en el acto, y como si el tiempo no hubiese pasado, competimos el uno con el otro, tan centrados en derrotar al otro en su propio juego… que un rinoceronte se hartó y compró el edificio al triple de lo que ofrecíamos, si la seguridad se deshacía de nosotros. Ofendidos, salimos por nuestra cuenta, y antes de que pudiera comprenderlo, habíamos forjado un lazo por medio de algunas cervezas y nuestra indignación. Jamás estudió en la universidad, demasiado ocupada con sus nuevas responsabilidades, por lo que como yo, se vio forzada a vender el patrimonio de sus padres, estúpidamente, cedí, la chica sabía qué decir, cómo y cuándo, antes de que lo supiera, estábamos en la cama, respirando agitados y preguntándonos: ¿Qué diablos había pasado? Fue así que las cosas iniciaron entre los dos, un día discutíamos, al otro, estábamos en la cama, se formó una rutina y antes de que lo supiera, ya estaba viviendo conmigo y con Finnick.
Suspirando, su mano acudiendo a la botella, su voluntad fallando tras intentar no continuar bebiendo, el zorro se sirvió otro vaso, tragándolo de un solo tiro, aparentemente intentando envalentonarse para seguir adelante.
—A diferencia de nosotros, Minerva contaba con más empleados, más experiencia en bienes raíces, por lo que me pareció una buena idea modificar mi cuenta bancaria para permitirle el acceso a mis finanzas—, viendo la incredulidad en la coneja, alzó los hombros y comentó—. ¿Qué puedo decir? Estaba enamorado, las cosas parecían estables entre nosotros y la decisión procuró un incremento considerable en mi cuenta bancaria bajo el cuidadoso manejo de la chica, todo parecía ir de maravillas.
— ¿Qué sucedió entonces?
—Alfred Moosberg, eso sucedió, el alcalde en aquel entonces realizó una serie de regulaciones e impuestos que desestabilizó la economía de la ciudad, la inflación golpeó y la renta se fue por los cielos en algunas zonas de la ciudad, eso dictaminó el inicio del fin de la ya vapuleada zona industrial, incapaz de pagar los nuevos impuestos, la mayoría de las empresas cerraron, incrementando la crisis—, mirando a la coneja, el zorro agregó—. La zona industrial era mi lugar nativo, el primer edificio de Suitopia se encontraba aquí, ver la zona caerse a pedazos por falta de inversión me llevó a tomar un riesgo, y antes de que Minerva lo supiera, no sólo había comprado el viejo edificio, sino varios terrenos aledaños. ¿Mi grandiosa idea? Un parque de diversiones, un negocio que no existía en la ciudad para ese entonces, podríamos revigorizar la zona industrial, procurar empleos, salvar a los mamíferos que aquí habitaban…. ¿Te suena familiar?
Judy cerró los ojos, asintiendo. Era ahora obvio el por qué lo que propuso o por qué exactamente, sus palabras habían conmovido al zorro en semejante forma.
—Asumo que Minerva no tomó el gasto bien.
—Inicialmente, no. Pero conforme leyó mis planes, y las proyecciones de ganancias estimadas, de pronto mi locura parecía algo racional, incluso brillante. Sólo necesitábamos apoyo financiero. Fue allí donde las cosas comenzaron a irse al demonio—, suspirando, Nick miró la botella por un par de minutos, de inmediato notando que se encontraba casi vacía, y que entre los dos habían casi agotado lo que restaba—. En cuestión de meses, Minerva había conseguido mamíferos interesados en participar, y en mi entusiasmo, acepté la ayuda sin rechistar, tirando por la borda toda caución, la hembra que amaba respaldaba a cada uno de ellos, incluso ignoré las advertencias de Finnick de que no eran mamíferos de confiar. Todos nosotros trabajábamos para un futuro mejor… ¿Cómo no confiar en ellos cuando compartíamos metas? Fue entonces que de alguna forma, Minerva me comentó sobre la necesidad de ingenieros, al igual que un apoyo económico mucho más firme, sugirió la triada.
Sonriendo, el vulpino parecía encontrar gracioso lo ocurrido, y no en una forma divertida, percibía la coneja, el auto desprecio claramente perceptible en su forma.
—Por ella, acepté inmiscuirme de nuevo en el mundo de las familias, tomé un riesgo y Michael aceptó oír mi petición, pero las cosas salieron mal. Impaciente, Minerva de pronto intentó tomar el control de la situación, ignoró ciertos protocolos, crédula de que podría convencerlos de apoyar la idea con mero entusiasmo, con simple determinación y algo de intimidación. Su entrega fue agresiva, sus manierismos, toscos e insultantes. Era obvio que pensaba poco de los roedores por su tamaño, siempre convencida de que lo único que necesitaba de los diminutos era su respaldo monetario y nada más, esa fue la primera vez que vi un lado de ella que jamás me había tomado la molestia de ver, Michael y Minnie dejaron en claro su descontento al denegar cualquier apoyo, e incluso dejaron más que una amenaza implícita hacia Minerva por su denigrante conducta… Allí fue que por primera vez vi lo que yacía debajo de tantas sonrisas u jugueteos.
Mirando a la coneja, el zorro finalizó.
—Meses transcurrieron desde ese entonces, mi relación con Minerva había cambiado. La chica amable pero intensa de la que me enamoré, de pronto estaba más interesada en las ganancias que nuestros negocios procuraban, que en los beneficios que generarían a la comunidad. Mi opinión comenzó a ser descartada, ya no conversábamos como solíamos hacerlo, era obvio que resentía que no la hubiese defendido ante Michael, intenté explicar, pero… Al parecer no fui lo suficientemente convincente. Estábamos juntos, pero, algo cambió. Charlábamos menos, y cuando lo hacíamos, su enfoque era monetario, los mamíferos con los que se rodeaba eran de alta alcurnia, de pronto ya no parecía satisfecha con lo que poseía, quería más. Al final, tras año y medio y tras haber finalizado la construcción de estos edificios, y apenas comenzando la primera parte de la montaña rusa. Tuvimos una discusión, quería abandonar el proyecto, las ganancias ya no eran las que esperaba, no mientras permaneciéramos en la zona industrial, debíamos mudarnos, iniciar en un área más próspera, que generase más ganancias… De pronto ya no reconocía a la hembra que estaba a mi lado.
Mirando a la coneja, el zorro sonrió, y Judy sabía sin mucho problema que era una sonrisa despreciativa, una que por años observó en su espejo.
—Estoy seguro de que conoces la cruel ironía de sentirte solo, aun estando en compañía, Pelusa. De pronto, la chica de mis sueños era alguien con quien compartía mi cama, mis finanzas, pero no mi corazón, mis metas. Algo murió entre nosotros, y los dos éramos demasiado obstinados para reconocerlo. Al final, la gota que rebasó el vaso fue este mismo terreno, su venta habría procurado en aquel entonces una ganancia considerable, habríamos podido marcharnos a otra área y empezar de nuevo. Pero, ella realizó todo esto sin mi consentimiento, de pronto estoy conversando con Finnick sobre cómo continuar, y ella está allí, con un contrato de venta en las manos, lo único que faltaba para finiquitar el proceso era mi firma. Minerva había negociado mi propiedad sin siquiera preguntarme, discutimos, y, para acortar una historia que quizás se hizo ya demasiado larga, nos separamos, sus abogados intentaron llevarse todo lo que pudieron, triunfaron en gran medida gracias a que supieron explotar el ángulo de mi especie. Conservé este terreno y un cuarto de mi fortuna gracias a las precauciones de Finnick en el contrato. En un año perdí todo por lo que trabajé, a mi amada, mi fortuna, mis supuestos amigos, mis ideales, mi orgullo… todo se fue con ella, Zanahorias.
Cerrando sus ojos, el zorro ponderó por algunos segundos, el silencio entre el dúo siendo pesado, incluso incómodo tras lo dicho.
— ¿Bastante patético, no lo crees?
—Sin duda, somos todo un par, ¿cierto?
Carcajeándose un poco, el zorro se alzó, estirando su mano en dirección de la botella, recogiéndola junto con el par de vasos, dirigiéndose rumbo al lavadero del bar.
—Puede ser, Zanahorias. Se está haciendo algo tarde, y mañana tenemos mucho trab-
El par de brazos que de súbito lo atajaron al enroscarse en su cintura, detuvieron al vulpino en el acto, ojos abiertos completamente en sorpresa.
— ¿Judy?
—No digas nada, ¿Sí? Sólo, déjame estar aquí, por ti—, apretándolo aún más, la chica no pudo evitar agregar—, así como deseo que estés aquí para mí, no soy perfecta, Nick. Puedo ser cabezota, egoísta y posesiva. Es obvio que los dos estamos marcados por experiencias pasadas, y que no dejamos de danzar alrededor de lo que existe entre nosotros. Pero, ¿Aquí, y ahora? Necesito un abrazo, y creo que tú también.
Nick no dijo nada por un par de segundos, sus dedos acariciando el pelaje de los brazos de la chica que se aferraba a él.
—Si te quedas…
—Sé lo que puede pasar, Nick. Sé que mental y emocionalmente no estoy en mis cabales. Pero, esto no es algo que surgió de la nada…
Soltándolo, y dando un par de pasos hacia atrás con tal de darle algo de espacio para que voltease, Judy no titubeó en mirarlo a los ojos, orejas erguidas y una pequeña sonrisa en su rostro.
—Si no lo deseas, puedo entender. Pero, estoy dispuesta a explorar esto, Nick.
Acercándose a él, no pudo evitar colocar sus manos sobre su torso, mirando a sus ojos fijamente, todo atisbo de duda esfumándose a medida de que sus labios se ahincaron sobre los del otro. A diferencia de oportunidades pasadas, no había pasión o lujuria motivándolos, la suavidad del contacto sintiéndose incluso más íntima que en ocasiones pasadas.
Separándose, Judy sonrió una última vez antes de acariciar su rostro, tomando la calma con la que percibió su avance como respuesta suficiente, por lo que caminó rumbo a la puerta con tal de marcharse a su habitación, no necesitaban decir más, tocando la perilla de la puerta, la coneja ponderó un poco para luego suspirar y girar su muñeca.
—No prometo ser perfecta, Nick, Ni esperaré lo mismo de ti, es injusto someter a alguien a semejantes estándares. Pero, si deseas explorar esto otro día, yo…
La mano sobre su hombro acalló sus palabras, su pelaje erizándose al sentir cómo él la halaba hacia su cuerpo, su mano dejando la perilla, a sabiendas de que hoy no dormiría en su habitación, su corazón latiendo con fuerza, sus labios de pronto asaltados con feroz ahínco una vez la giró en su dirección, sus manos subiendo para rodear su cuello y sus piernas atrapando su torso.
—A-ah, Nick…
—Si no quieres, me detengo, Judy.
—Cállate y desvístete…
