Capítulo 37

El Contrato

Babarudio contemplaba su reino sentado en su trono a orillas del océano de arena.

Por ahí veía emerger a los muertos, siempre confundidos, siempre asustados. El tiempo se había acabado para ellos.

El trono de la reina de Babarudio se veía solitario y vacío a su lado, y él continuaba mirando hacia el océano esperando a que regresara.

—No volverá —dijo una vos—. Al menos no por voluntad propia.

Una mano pálida emergió de la arena y se aferro a la orilla, a metros de Babarudio. Él torció una sonrisa.

—Así que has venido a refugiarte aquí. Escuché que Scary te ofreció asilo aquí, a cambio de que abandonaras el bosque y dejaras de perseguirla.

La mitad superior del cuerpo de Una se inclinó sobre la orilla. Se veía pálida como la arena, su cabello tan blanco como la nieve, sus ojos sarcos, ojos sin emociones.

—Ella piensa que puede hacer lo que quiera. Cree que simplemente aceptaré sus condiciones porque su padre era el rey. —Babarudio se puso de pie embravecido—. ¡Yo soy el rey ahora! ¡Yo soy el que no ha abandonado a su propio reino!

Una se puso de pie, estaba descalza, su cabello se veía salvaje y aun vestía de pétalos pastel, rosas, rojas y blancas.

—Tu me debes un favor —dijo Babarudio—. Durante la batalla de los oráculos, yo anime los huesos de ese viejo samurái y tu solo le diste el tiempo de vida. Un chasquido de mis dedos y tu lector regresará aquí, donde pertenece.

—Babarudio...no tengo otro lugar a donde ir —dijo Una—. Clear Note será el rey del mundo mamodo y Scary, su reina.

—¡Ella era mi prometida! Animé los huesos de tu lector una segunda vez, para que me trajeras a Scary de regreso. ¡Tenías el poder del tiempo de tu lado! ¡Por eso fuiste al mundo humano! ¡Cómo es posible que fallaras!

—No fallé...tuve complicaciones, mi cuerpo no...

—¡Ya no eres el oráculo porque perdiste a las deidades! ¡Ya no me sirves! ¿Sabes lo que hago con lo inservible?

Babarudio levantó la mano en alto para chasquear los dedos.

—Necesito que me permitas trasladar el bosque de las flores a este mundo. Aquí estará a salvo de los conjuros de Clear Note. Si las flores están a salvo, los mamodos están a salvo. Mi propósito es proteger a las flores. Yo soy la guardiana del bosque.

—El oráculo es el que borra la existencia de los mamodos con el poder del tiempo. No importa dónde este el bosque, todos morirán.

—Te traeré a Scary de la única forma posible para que no tenga oportunidad de volver a escapar del mundo de los muertos.

Babarudio bajó el brazo, escuchando con interés.

—Yo la mataré.

—¡Allí viene! —gritó Victoreen, y abrazó a Kolulu, y a Yopopo.

El bosque se sacudió súbitamente y los mamodos cayeron al suelo gritado. Las raíces que se entrelazaban en lo alto, protegiendo al bosque no iban a poder contener el conjuro de Clear note por muro tiempo. Solo era cuestión de tiempo que todas las flores fueran aniquiladas pero, de repente el temblor cesó.

Lentamente, las raíces en lo alto se fueron desenredando y dejando ver un cielo extraño, rocoso.

—¿Dónde estamos? —se preguntó Kolulu.

—En el más allá de los humanos —le respondió Una.

Victoreen corrió a abrazarla.

—¡Casi dejaste que ese mamodo acabara con mi grandioso ser! —dijo muy enojado, pero aun así, abrazándola.

—Estarán a salvo ahora —le dijo Una, con vos tranquilizadora.

—¡Casi! ¡Dejé a esos zopencos al cuidado de mi hermosisima flor porque creí que no regresarías!

—Les di a Gash y a los demás sus flores para que se salvaran —dijo Kolulu—. Lo siento mucho Una-chan, no sabía qué más hacer.

—¿Por qué no nos dijiste que ibas a regresar? ¡En serio creímos que nos habías abandonado! —le dijo Victoreen.

—No estaba segura de si Babarudio aceptaría hacerme otro favor —admitió Una.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Kolulu.

—Ahora, ustedes se quedan aquí, a salvo. Yo iré a buscar a las flores restantes y regresaré. No dejaré que Clear note destruya este bosque. Lo protegeré con mi vida.