Un nuevo capítulo empezaba una tarde de Noviembre. Era un día frío y lluvioso, con la niebla que predomina normalmente en Londres. Dos personas yacían acostados en una cama matrimonial, durmiendo uno al lado del otro, sin percibir siquiera que sus cuerpos estaban desnudos, ni que los brazos de una descansaban sobre el pecho del otro, ni que el muchacho acariciaba el cabello de la muchacha con movimientos lentos y apacibles, teniendo cuidado de no despertarla.

Ella, sin embargo, abrió los ojos, y al verle la cara, sonrió adormecida.

"Huí el día de mi boda para estar contigo."—Dijo Draco con seriedad, pero sin demostrar arrepentimiento ni culpa—"Mis padres deben estar teniendo una crisis nerviosa."

"Quizás deberías ir a verlos y explicarles."—Le dijo Hermione con un suspiro, estaba demasiado cómoda como para pensar en tener complicaciones.

"Ya sé lo que pasará cuando los vea, prefiero continuar disfrutando de este momento contigo."

Hermione le volvió a sonreír y lo besó juguetonamente. Sin embargo, una vez que lo soltó, se quedó mirándolo con una pregunta en sus ojos. "Vaya, si me pongo a pensarlo, no tengo idea de cómo acabamos aquí… ni siquiera recuerdo qué hicimos ayer, además de que te aparecieras en mi puerta proclamando que no te querías casar con Astoria."

"Te dije que tú me gustabas más que ella y que quería estar contigo aunque mis padres me desheredaran."

"¿Estás seguro?" Le preguntó una asombrada Hermione, no comprendía cómo es que no recordaba nada de eso. Para ella, todos los días anteriores estaban bastante borrosos… los meses anteriores incluso si se ponía a pensarlo bien. ¿Cómo es que había acabado así con Draco? ¿Cómo es que se sentía tan atraída por él? ¿Por qué le tenía tanto afecto? ¿Qué había hecho para merecerse su cariño? ¿Se había acostado con él sólo porque quiso dejar a su prometida por ella? Bueno, ese no era un mal motivo, pero… al sentirse así, parecería un tanto… repentino.

"No… quizás no te lo dije."—Respondió Draco con incertidumbre en su voz, pues empezaba a darse cuenta de que tenía la misma sensación que Hermione, sólo que sus recuerdos estaban menos borrosos por estar plagados de arreglos de boda, Astoria, dictados de sus padres… aún así sentía que faltaba algo, o alguien.—"Pero así es como me siento."

"Yo también quiero estar contigo. No sé por qué… y sé que es cruel, pero me alegra haber dejado a Ron para estar contigo."

"¿Lo dejaste para estar conmigo?"

"En realidad lo dejé porque se fue a Estonia para un entrenamiento de dos meses, y terminé hartándome de sus campañas. Pero también lo habría dejado para estar contigo de haber tenido la posibilidad… a excepción que estuviera enamorada de él aún, claro está."

Había lagunas en su memoria, se daba cuenta de ello, pero ambos, de a poco, iban llenándolas con lo que les parecía lógico. Aún así, tanto el uno como el otro sentían que faltaba algo, pero por alguna razón no lo decían. Quizás estaban demasiado ensimismados el uno con el otro, o quizás les parecía que no tenían nada que decir.

Una lechuza apareció picoteando la ventana de la habitación de Hermione no mucho más tarde. Tenía una carta como era de esperarse. Lo curioso era que estuviera dirigida a Draco Malfoy. Hermione se la entregó a él, y éste la leyó.

"Mis padres me sugieren que regrese a casa de inmediato o enfrente las consecuencias."

"¿Lo harás?"

"Preferiría desaparecer del reino por unos meses."—Comentó él, y luego miró a Hermione con una pícara sonrisa.—"¿Qué dices, me acompañas?"

En respuesta, Hermione rió y asintió con la cabeza. Intentó poner una expresión seria al contestar, pero falló miserablemente y no pudo evitar reír sin parar: "Bueno, no tengo nada que perder. Me tomaré mis vacaciones ahora en el trabajo… aunque no me darán más de un mes."

"Entonces tenemos que pensar qué haremos durante un mes."—Le dijo Draco con una gran sonrisa. Sabía que todo era en broma, pero aún así, era divertido; haría lo que fuera para que las cosas funcionaran entre ellos.—"¿Qué país te gustaría conocer?"

"Es un tanto irónico… pero… siempre quise conocer la India." Hermione respondió vacilando. Había algo sobre la India que siempre le resultó mágico, no en el sentido literal obviamente. Pero las maravillas de aquel gran país eran algo digno de ver. Una sensación extraña, sin embargo, le sobrevenía al cuerpo al pensar en ello ahora, algún tipo de ansiedad… como si necesitara ir allí.

"¿Por qué irónico? Mi familia y yo hemos ido miles de veces a vacacionar allí."

"Porque hace unas semanas Ron ganó un viaje para dos personas en Vishakhapatnam… hoy mismo estaríamos allí él y yo de no ser porque lo dejé. Ir allí sólo habría sido un grito de ahogado, ¿Sabes?"

Le tomó varias horas a Draco decidir desistir de la hospitalidad de Hermione y salir de la cama, y una hora más decidir ir a confrontar a sus padres, y quizás incluso a la novia que dejó en el altar.

Al quedarse sola, Hermione se tomó un momento para observar sus alrededores. Su apartamento se veía igual que siempre, tal y como lo recordaba: un baño, una cocina-comedor, una sala de estar pequeña, un dormitorio… ¿Qué había diferente? ¿Por qué sentía que había algo distinto? Seguía teniendo una heladera, una mesa, 4 sillas, una gran encimera y un lavabo en la cocina, un sofá y dos sillones, una mesa de café, un televisor y grandes estantes con libros en la sala de estar, así como un armario y una cama matrimonial en su dormitorio.

No faltaba nada, estaba segura de ello, pero aún así se quedó en su habitación, mirando el techo recostada en su cama revuelta. Todo estaba normal, todo estaba bien, ¿pero por qué sentía que faltaba algo? Sentía un vacío; pensó que Draco podría llenar aquel vacío… ya que probablemente se sentía así desde que terminó con Ron…

Fue a su armario y observó los portarretratos que tenía allí: una foto de sus padres, una foto de ella con Harry y Ron, una foto de ella y Ginny antes de que se hubieran peleado por el problema con su hermano, una foto de ella el día de su graduación de Hogwarts, otra con la profesora McGonagall entregándole el diploma… Había algo mal, estaba segura de ello, pero no podía descubrir qué.


Cuando Draco llegó a su casa, su padre lo estaba esperando frente a la chimenea con los ojos inyectados en sangre, parecía que no había dormido en toda la noche. Al verlo en aquel momento, Draco, por primera vez en mucho tiempo, temió por su vida.

"¿Qué demonios estabas pensando, Draco?" La voz suave, casi dulce de Lucius, denotaba un gran peligro, pues tal amabilidad sólo enmascaraba la furia que de un momento a otro se haría notar con todo su potencial.

"Padre…"

"¡No abrirás la boca hasta que te lo ordene muchacho!" Vociferó Lucius, y prosiguió con una mirada llena de ira: "Esta familia invirtió los últimos 5 años en restituir su buena reputación, desde el final de la guerra no hemos hecho más que asistir a todos los eventos sociales y caritativos posibles… ¡hemos donado miles de miles a montones de idioteces en las que ni siquiera creemos! Y a ti te tomó meses conseguir que Astoria, la dulce y perfecta Astoria, te considerara digno de su atención—cosa que no habría tomado más de un segundo de haber sido victorioso ya sabes quién—y cuando al fin le propusiste matrimonio, invertimos otros tantos miles de miles en los preparativos para tu boda. Aquel matrimonio iba a ser lo último que necesitábamos para rehacer nuestra reputación: una unión entre los Malfoys y los Greengrass, tan aclamados por no tener mortífagos en su familia de sangre pura. ¡Y tú desapareciste antes de que empezara la marcha nupcial! ¡¿Tienes idea de lo que le has hecho a tu madre y a tu apellido?!"

"Nunca fue mi intención deshonrar mi apellido, padre. Mucho menos herir a mi madre."

"¡Pues es exactamente lo que has logrado! Serás tú quien arregle esto, muchacho. Hoy mismo iras a disculparte con Astoria y toda su familia, le rogarás que te disculpe, y si acepta tus disculpas arreglaremos la ceremonia para mañana mismo."

Luego de los gritos que había emitido, la dureza de sus palabras, y la claridad de su discurso, Lucius Malfoy jamás habría imaginado que su propio hijo le respondería del a manera que lo hizo:

"No, padre, me disculparé con Astoria y su familia, pero no me casaré con ella."

Draco siempre recordaría la mirada de su padre de aquel día, el desconcierto, la furia, y luego el dolor cuando le dijo que se fuera de la casa.

"¡Quiero casarme por amor, padre!"

"¿Amor? El amor sólo te irá carcomiendo el corazón hasta que sólo te queden agujeros, muchacho. Un día aprenderás eso, y lamentarás no haberme escuchado. Ahora vete, no quiero verte hasta que estés casado con una purasangre de nuestra altura."

Lucius no le permitió siquiera al joven Malfoy despedirse de su madre. Una vez fuera de la mansión, los elfos domésticos ya le habían dejado cinco maletas armadas en el jardín; por supuesto que tenía mucho más que eso, pero los elfos sabían qué era lo esencial para su exilio. ¿Pero a dónde llevaría todo aquello? No podía mudarse con Hermione, aunque no sonaba nada mal la idea sería algo bastante repentino. Y ella jamás lo admitiría; ni siquiera le había pedido que fuera su novia, y de seguro se sorprendería cuando lo hiciera. No tenía amigos que lo admitieran en sus casas después de que se enteraran que estaba viéndose con Hermione Granger y le gustaba demasiado la muchacha como para olvidarse de ella de un día para el otro.

Si tenía suerte, podría sacar algo de dinero de su cuenta bancaria antes de que su padre la vaciara, y así podría alquilar una habitación en algún lugar hasta que consiguiera un trabajo. Si, un trabajo… era patético, un Malfoy tendría que trabajar en algún mísero trabajo que lo ayudara a subsistir por el resto de sus días. Al menos conocía a alguien que podría ayudarle con eso.

"Draco."—Era la voz de su madre, ella se había aparecido detrás suyo; sintió cómo le tomaba la mano con fuerza.—"Mi niño." Su voz era lastimosa, y sus ojos habían sido recientemente plagados por lágrimas, se podía notar a simple vista.

"Lamento que esto te haga daño, madre. Pero no puedo casarme con ella."

"Está bien, tesoro, no estoy de acuerdo con tu decisión pero la respeto."—Le dijo ella acariciándole suavemente el cabello.—"Sin embargo, me gustaría que lo pensaras un poco mejor, podrías llegar a quererla como yo quiero a tu padre."

"Mi padre me ha echado de mi casa y tú no puedes hacer nada al respecto… lo siento, pero no quiero un matrimonio de ese tipo."

"No, Draco… no juzgues a tu padre así, lo que ha hecho no ha estado bien, pero podría haber sido peor; y haré lo posible por convencerlo de que regreses. Está es más su casa que la mía, sabes que lo único que puedo hacer el respecto es hablarle."

"Lo sé, madre."

"Ten."—Con cuidado, Narcissa le dio una pequeña bolsita roja atada con una delicada cuerda dorada, y se la colocó en el bolsillo de la túnica.—"Aquí tendrás suficiente para alquilar una habitación en un buen hotel por al menos una semana, intentaré conseguirte más apenas pueda. ¿De acuerdo?"

Narcissa se despidió de su hijo con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo. Le costó mucho dejarlo ir, pero era necesario. Lo siguiente sería enfrentarse a su esposo hasta que consiguiera que su hijo pudiera regresar a casa.


"¿El caldero chorreante?" Preguntó Draco con un tinte de incertidumbre en su voz. Debía haber oído mal, Hermione no podía estar sugiriéndole eso.

"Lo que tu madre te ha dejado te sirve para pasar una semana en el Magimagnus, entiendo que quieras ir a un hotel de lujo, pero si tu padre no cambia de opinión en una semana y no te permite regresar, ¿dónde te hospedarás? En el caldero chorreante podrías quedarte tres meses con esa cantidad de dinero."

Era una propuesta lógica, de lo más desagradable pero lógica. Aunque Hermione no había considerado su plan. "Decidí empezar a trabajar para mantener mi liquidez."

Hermione levantó una ceja irónicamente. Se notaba que Draco Malfoy jamás había vivido como un ciudadano corriente de clase media. "¿Y esperas conseguir un trabajo que te deje un saldo de mil galeones diarios como para poder vivir en el Magimagnus y además alimentarte?"

"¿Por qué no? Tengo un título en administración de empresas mágicas y tres años de experiencia laboral en las empresas de mi padre."

"Dudo que tu padre permita que sus competidores te contraten, Draco. Y si alguno lo hace, empezarás desde abajo, no tienes tanta experiencia ni reconocimiento como para que te den un puesto con un salario tan alto a la primera."

Y Hermione tenía razón. Por más que buscara, pusiera su mejor sonrisa en las entrevistas, y utilizara sus mejores técnicas de persuasión, a Draco no le ofrecían puestos que pudieran sustentar su estilo de vida, el mejor de todos sólo ofrecía un cuarto de lo que necesitaba para vivir en el Magimagnus, o en cualquier otro hotel de lujo.

Así fue como Draco Malfoy alquiló una habitación en el caldero chorreante. Lo único bueno de aquello fue que Hermione accedió a acompañarlo para darle apoyo moral y ayudarle a desempacar, lo cual, curiosamente, ella no quería hacer con magia.

"¿Por qué no usas tu varita simplemente?"

"Es más divertido así. De esta forma veo qué tienes."

"No encontrarás mucho más que ropa."

Sin embargo, Hermione se veía entretenida sacando sus túnicas de una gran maleta azul marino, a una incluso la desdobló y simuló bailar con ella. Draco rió y se le acercó para detenerla y tomarla de las manos, ella le sonrió y lo besó tímidamente.

"¿Me concedes esta pieza?"

"Por supuesto."

Y sin música bailaron un pequeño tramo de un vals, mirándose a los ojos y sonriendo como dos jóvenes enamorados. Si, Draco Malfoy estaba enamorado de una hija de muggles, y no le molestaba admitirlo. No sabía exactamente por qué, pero le parecía que ya había llegado a esa conclusión con anterioridad, y se había acostumbrado bastante la idea, sobre todo al darse cuenta de lo compatibles que eran y lo bien que lo pasaba con ella.

"Me siento bien contigo." Le comentó Draco, y, viendo que ella le sonreía y estaba a punto de decirle algo, le tapó la boca delicadamente con dos dedos para detenerla y proseguir él.—"¿Serías mi novia?"

Sólo cuando le removió la mano, ella habló. Tenía una pequeña sonrisa en la boca, y algo de preocupación en sus ojos. "Me encantaría, Draco, pero… ¿qué hay de tus padres? Ya te han echado de tu casa, imagínate qué harán cuando se enteren de que estás conmigo."

"Estoy seguro de que me desheredarán; pero puedo arreglármelas sólo, tengo un nuevo trabajo y eventualmente llegaré a la cima por mí mismo."

"Me alegra que pienses tan positivamente, yo estaría derrumbada si mis padres me hicieran algo así."—Hermione le sonrió y lo besó con fuerza en los labios.—"Eres más fuerte de lo que pensaba."

"Si estamos juntos seremos imparables, Hermione." Le replicó él con otra sonrisa pícara, y luego la tiró juguetonamente en la cama. "¿Quieres estrenarla?" Le preguntó con ánimo mientras le besaba el cuello; Hermione rió a carcajadas en respuesta.


Una semana más tarde, en la mansión Malfoy, Narcissa recibió su entrega semanal de "Corazón de Bruja" y casi le da un infarto al ver la tapa de dicha revista: ¡Tenía una foto de su adorado niño tomado de la mano y besando a Hermione Granger! ¡Una sangre sucia! Ni siquiera se molestó en leer el artículo, la imagen de la portada lo decía todo, sólo pasó las páginas una tras otra y vio más y más imágenes de los dos jóvenes juntos, lo peor de todo era lo que se veía en sus ojos: amor, estaban enamorados.

"¡Todo esto es tu culpa!" Le gritó Narcissa Malfoy a su esposo una vez que se encontró con él en su estudio. "Mi niño, mi adorado Draco, se juntó con una sangresucia y está claramente enamorado!"

"Cálmate, querida. Esto obviamente es una venganza personal hacia mí por haberlo echado. Sólo me está desafiando. Esta relación no durará ni una semana." Dijo Lucius en una voz extrañamente calma, como si nada de aquello pudiera perturbarlo.

"¡Según la revista ya tiene una semana!" Narcissa, a diferencia de su esposo, estaba histérica, y la actitud tan apacible de él sólo la exasperaba más.

"Entonces debe estar por terminar."

"¿Ya estabas enterado de esto?" Cuestionó la mujer, la creciente sospecha notoria en su voz. No había otra explicación razonable para que Lucius Malfoy no estuviera rompiendo los muebles a golpes luego de enterarse de tal noticia.

"No quisiera perturbarte más, querida."

"Sólo dime lo que sabes." Demandó ella con clara furia en su rostro. Lo que le faltaba era enterarse de que su esposo le había ocultado información.

Lucius suspiró en exasperación y miró a su esposa con un tanto de preocupación, aquella era una conversación que justamente habría querido evitar. "El día de su boda, cuando desapareció, mandé a un elfo doméstico a seguirlo. Fue a la casa de Hermione Granger y se quedó allí hasta el día siguiente, cuando vino aquí a dar sus explicaciones."

Narcissa tuvo que sentarse en una silla del estudio para no caer al piso; su respiración se volvió entrecortada, y se llevó una mano al pecho pues su corazón empezó a latir con demasiada rapidez. "No. No puede ser."

"Y cuando vino aquí salió con eso de que se quería casar por amor, no me quedó otra que echarlo, querida. No si está dirigiendo esos sentimientos hacía una sangre-sucia, si todavía me hubiera dicho que estaba interesado en una sangre-pura… a lo mejor le permitía quedarse."

"¿Qué haremos ahora, Lucius? Ya está demasiado grande para obligarlo a que nos obedezca."

"Me temo que ya no hay mucho que podamos hacer. Le anule la autorización para tener acceso a nuestras bóvedas, moví mis contactos para que nadie de la ciudad lo empleara ni alojara, pero nuestros competidores le han dado trabajo y debemos tener cuidado con no amenazar a nadie por nuestra nueva reputación, querida."

"Nuestra reputación ya está hecha pedazos, querido. Aquí dice que lo hemos echado de casa por su relación con aquella sangre-sucia."—Comentó ella señalando la revista.

"Entonces haremos un comunicado especial diciendo que Draco quiso irse de casa solo para empezar un nuevo camino; y diremos que apoyamos plenamente la relación. Quizás deberías concederles una entrevista, querida."

"Les concederé una entrevista, pero jamás aceptaré plenamente en público una relación entre mi único hijo y una sangre-sucia."


Un mes más tarde, Draco Malfoy sentía que estaba encaminando su vida: tenía un trabajo estable, con una paga mediocre pero una paga al fin y al cabo, la cual le alcanzaba para pagarse su alquiler y comer, tal y como Hermione le había indicado; y, además, tenía una novia a la que quería con locura.

Día a día Draco se sentía cada vez más afortunado de tenerla. Se veían todos los días, salían del trabajo a la hora de comer para almorzar juntos, y luego, a la tarde, se encontraban en el apartamento de Hermione por lo general, y pasaban la noche juntos. Hermione era todo lo que necesitaba él: una mujer inteligente, hermosa, dispuesta a ponerlo en su lugar, astuta, amable, buena, valiente. Pero podía ver que le faltaba algo a la muchacha, algo que aparentemente ni ella sabía qué era.

"¿Soy yo?" Le preguntó él una noche antes de que ella se durmiera en la cama.

"¿De qué hablas?"

"Te he podido conocer lo suficiente como para saber que te pasa algo, Hermione. Cuando crees que no te estoy mirando, tienes una mirada melancólica. Como si extrañaras algo… o a alguien."

"Pues… sabes, desde hace un tiempo siento un vacío en mi interior, como si faltara algo. No sé qué, pero si sé que cuando te veo a ti, me olvido completamente de ello."

"¿Extrañas a Weasley?" Preguntó Draco con seriedad, ya que aquello era justamente lo que más le preocupaba de su relación casi perfecta.

"Lo extraño como amigo, no como pareja. Pero de todos modos no es eso, no es él mi problema." Hermione intentó reasegurarle aquello, lo cual era la absoluta verdad. Draco era para ella todo lo que había buscado en un novio, todo lo que no consiguió con Ron; podía decir con seguridad que lo quería como a nadie, podía estar segura incluso de que estaba enamorada de él, por más que le costara admitirlo… puesto que él no se lo había dicho primero. Pero aún así, podía ver la adoración en sus ojos, un nivel de reciprocidad que la calmaba y alegraba al mismo tiempo.

Draco se mantuvo en silencio por un momento, pensando detenidamente lo que haría luego. Era un paso importante, pero quería hacerlo, debía hacerlo o no podría volver a verse en el espejo. Con cuidado, le tomó una mano y la besó efusivamente.

"¿Qué sucede, Draco?" Preguntó una sorprendida Hermione ante la extraña demostración de afecto de su novio.

"Tú eres todo lo que quiero, todo lo que tengo, y todo lo que necesito, Hermione."

Hermione le sonrió en respuesta, y esperó que continuara con el corazón latiéndole con fuerza.

"Y quiero que sepas que… no importa lo que pase, te amo."

"Yo también te amo, Draco." Ella entonces se le abalanzó encima y lo besó con frenesí, labios contra labios, con cariño y pasión como pocas veces habían sentido en sus vidas. La pasión entre ellos se mostraba en forma de una electricidad que les impedía separar sus cuerpos, y la fricción, el roce de sus cuerpos, los hacía querer más y más. Era el final perfecto, saber que tu amado te amaba y poder corresponderle los sentimientos. Esa noche, Hermione no sintió que le faltara nada.

Quien no tuvo una noche tranquila, sin embargo, fue el mismísimo Draco Malfoy, pues su sueño fue plagado por pesadillas. Pesadillas de un niño que por algún motivo lo aterraba:

Una mujer cargaba a un bebé de pocos meses de vida, el niño era un hermoso querubín con apenas un poco de cabello rubio en la cabeza, y bajo esos parpados cansados, descansaban un par de bellos ojos grises. Su piel extremadamente pálida le daba todo el aspecto de un angelito. La respiración del niño era suave y plácida; estaba absolutamente ajeno al ambiente de tensión al que lo habían llevado, pues su padre se encontraba en la misma habitación.

"Draco, tesoro, has estado observando aquella fotografía todo el día."—Dijo la madre del muchacho con el cansancio notorio en su voz, y la preocupación en su rostro.

No hubo respuesta, como era de esperarse. No valía la pena intentar distraerlo, pues no haría caso. No había forma de que dejara de ver aquel retrato, pues parecía que era lo único que lo mantenía vivo, por desgracia. Día tras día había pasado sus horas mirando el rostro de la joven Hermione en aquella hermosa fotografía en la cual se la veía sonriendo con un bello vestido color amarillo. Era una imagen que guardaba un gran significado para él, pues él mismo la había tomado… y Hermione… Hermione le había estado sonriendo a él. Por ello siempre que la veía, intentaba con todas sus fuerzas verse en aquel día, tomando aquella fotografía, pidiéndole matrimonio… lo cual fue el principio del fin, por desgracia el día más feliz de su vida fue aquel.

"¿Has comido hoy al menos?"—Intentó Narcissa, interponiéndose entre su hijo y la fotografía. No era fácil hacerle comer, pero era extremadamente necesario, pues no lo hacía solo.

"No."—Dijo él desviando la vista al notar al acompañante de su madre.

Narcissa sonó los dedos y apareció un plato de cordero asado con papas españolas en la mesita en frente de Draco; él observó el plato sin interés, y dijo: "No tengo hambre."

"Ya hemos hablado de esto, Draco: o comes o vuelves al centro de rehabilitación. Allí no tendrás fotografías de Hermione."

Draco volvió a levantar la vista para ver a su madre, aunque con una leve mirada de disgusto por la presencia del niño. Narcissa llevaba a aquel bebé a todos lados como si fuera un accesorio, y no había nada en el mundo que más le doliera a Draco que verlo.

"Quítalo de mi vista, madre, por favor."

"Ya han pasado 6 meses, Draco. ¿Te parece normal no poder ver a tu propio hijo a la cara? ¿Crees que Hermione estaría de acuerdo con que te comportaras de esta forma?"

"Eso no es justo, madre. De no ser por él, ella estaría viva."

"Lo que no es justo es que pienses así, mi vida. Yo habría dado la vida por ti sin pensarlo dos veces."

Draco se levantó de repente, con su respiración agitada y su rostro contorsionado en odio, pasó al lado de su madre para tomar el portarretrato. "No debería haberlo hecho." La pena era evidente en su voz. "No merecía morir. Yo mismo habría dado mi vida por ella mil veces."

"No había nada que pudieras hacer, tesoro. No teníamos forma de saber que su corazón no resistiría…"

"Pude haberle dicho de ir a un sanatorio en vez de seguir con la tradición Malfoy. No todos los Malfoy tienen por qué nacer en la mansión."

Narcissa suspiró, todos los días que hablaba con él era la misma historia: ¿Qué tal si hubieran hecho las cosas de forma distinta? ¿Qué tal si no hubieran convencido a Hermione de que diera a luz en la mansión, como dictaba una tradición centenaria de la familia? ¿Su corazón habría aguantado? ¿Seguiría viva? Lo peor de todo era que Draco se culpaba por haberla embarazado, y desde su muerte no podía ver a su pequeño hijo. La mayor parte del tiempo ignoraba su existencia, si se ponía a llorar se iba lejos, a otra habitación, lo mismo si los demás hablaban de él. Simplemente no podía tolerarlo.

"Es lamentable, pero me temo que vais a tener una relación difícil." Narcissa le decía al niño mientras al mismo tiempo vigilaba que Draco comiera.

Draco despertó sobresaltado, el sudor corriéndole por la cara, enseguida se volteó para ver a Hermione, quien no estaba dormida, sino que lo miraba con interés.

"¿Has tenido una pesadilla?"

Él sólo asintió con la cabeza, veía a Hermione casi con terror. No podía suceder lo que había soñado, simplemente era ilógico. No tenía por qué temer que algo así sucediera, sobretodo porque su novia no estaba embarazada. Acababan de decirse que se amaban, hacía no muchas horas… el sueño de seguro habría sido un reflejo de eso, de su temor por enfrentar el compromiso que es amar a alguien y ser amado en retorno. "¿Qué haces despierta?"

"A decir verdad, tenía ganas de despertarte para decirte algo. No puedo dormir."

"¿Por qué?"

Hermione suspiró gravemente y le mostró una mirada de temor: "Creo que estoy embarazada."


N/A: Me costó decidirme sobre qué escribir, así que hice una pequeña compilación de gran parte de lo que me pidieron. Ojalá no haya decepcionado a nadie, pero así tenían que pasar las cosas. Bueno, pudieron pasar de otro modo, pero supongo que me parece que así tienen más sentido. Quien sabe, quizás uno de los dos llegue a recordar algo, ¿qué os parecería?

Muy felices fiestas! (por si no llego a actualizar antes de navidad y/o año nuevo) y siempre me olvido, pero tengo que agradeceros a todas por seguirme y haberle hecho llegar a los mil reviews a esta historia! Siempre quise tener un fanfic de mil reviews!! Muchas gracias a todas mis lectoras ;)