Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
El porqué de las cosas
Capítulo 37
"Legado"
Por Lady Yomi
Gongaga, un año después.
Los Fair festejaban el aniversario número uno del incidente de meteorito. Era un acontecimiento que se celebraba ese día en todas partes del mundo; hacía doce meses que los herederos de los Cetra habían logrado sobrevivir a una de las peores tragedias que a la humanidad le había tocado enfrentar.
Se conmemoraba la caída del imperio de Shinra también. Tanto su presidente como sus dirigentes más importantes habían desaparecido de la faz de la tierra desde entonces. Nadie sabía bien por qué, pero suponían que algo habían tenido que ver en el cataclismo que estuvo a punto de suceder, y que escaparon para evitar el linchamiento público que eso les acarrearía.
Nadie llegó a imaginar que en ese mismo momento se encontraban fundando una civilización aislacionista en otro planeta de la galaxia.
Reeve Tuesti (ex jefe de la división de planeamiento urbano de la desaparecida compañía) había fundado la WRO ("World regenesis organization"), hacía unos meses atrás. Era una suerte de gobierno de transición que se ocupaba de proteger a los ciudadanos que habían quedado desamparados tras el desarme de Shinra; administrando tanto el poder militar como los servicios y el comercio de la nueva Midgar, a quien Tuesti gustaba de llamar cariñosamente, "Edge".
Avalancha había estado de acuerdo con el proyecto. Dado que el planeador urbano contaba con su confianza tras los valientes actos que había cometido desde que los ayudó en el templo de los ancianos.
Si bien no se había puesto en peligro durante aquella ocasión (él estaba sentado cómodamente en la sede de Shinra cuando decidió sacrificar a Cait Sith), fue el responsable de viajar a Icicle y recogerlos en su nave privada en el momento en el que todo se derrumbaba a su alrededor.
Cid agradeció el puesto que se le ofreció como Capitán de la flota de la nueva organización. Mientras que Barret y Yuffie se convirtieron en los líderes de recursos naturales e inteligencia, respectivamente.
Sadie Darcy estaba sentada en el exterior de la nueva cabaña que habían levantado para reemplazar a la que había sido destruida por la corriente vital. Los vecinos se movían con algarabía a su alrededor y los preparativos le trajeron recuerdos dolorosos de otro día festivo. Cada risa, cada felicitación... cada gesto de ánimo le estrujaba el corazón.
Dina Fair dejó el pastel de chocolate que cargaba sobre una de las enormes mesas de madera que habían sacado al jardín y sus ojos se posaron sobre la figura de la jovencita que vivía con ellos desde el año pasado. Ya no se teñía el cabello y este le caía a la altura de los hombros con su color oscuro natural. Vestía unos vaqueros de tiro alto y una camisa a cuadros violeta que la hacía verse mucho más casual de lo que lucía la primera vez que la mujer la viera aparecer en su casa.
La guerrera que le devolvió a su hijo tanto tiempo atrás bien podría pasar por una chica de campo más en esos días, y eso la hacía sentirse tranquila. Si había algo de lo que estaba segura era de que Zack no habría querido verla ponerse en peligro otra vez.
Se acercó y tomó asiento a su lado en la hamaca de acero para dos donde la chica se balanceaba con expresión ausente:
—Imagino que es un día complicado. —Le buscó la mirada sin dejar de sonreír—. Pero deberías estar feliz, querida.
—Lo estoy. —Su voz sonó ronca y desafinada. Nunca había podido recuperarse del todo del daño que Jenova le hizo a sus cuerdas vocales. Aunque daba gracias por poder hablar; ya que eso era una bendición en sí misma—. Pero... —meneó la cabeza— ...es extraño. Siento que... que hay gente que merecía estar aquí más que yo.
—Hmm... —Dina asintió, apretando los labios mientras observaba como su esposo ayudaba a los pequeños sobrinos de la señora Spence a colocar unas guirnaldas sobre la pista de baile—. Quizá. Pero no nos toca a nosotros decidir eso, mi niña. —Le palmeó una mano mientras su rostro ensombrecía levemente—: Si así fuera... nosotros nos habríamos ido antes que él.
—Sí...
—Pero los que quedamos atrás... —tomó aire, cerrando los ojos— ...tenemos el deber de seguir adelante aunque no queramos hacerlo. —Volteó a verla, con los ojos brillantes por las lágrimas que se habían agolpado detrás de ellos al pensar en el destino que había sufrido su único hijo—. Debemos sentirnos orgullosos en días como estos; cuando todo el mundo está dando las gracias por su sacrificio.
Sadie frunció el ceño, sintiendo que la invadía una amargura dolorosa:
—Pero nadie sabe lo que pasó. —Sus espesas cejas negras se juntaron en el medio de su frente mientras se esforzaba por no perder la calma—. No tienen idea de quien los salvó. No saben nada de él... o de Aerith. Ni siquiera de Cloud.
—Es verdad. —Suspiró—. Pero nosotros lo sabemos. Y somos afortunados por eso. No todos tienen el privilegio de saber a quienes les deben el aire que respiran... —volteó hacia ella para apartarle el flequillo del rostro con un gesto amoroso—. Sé que es duro. Tu dolor es el mismo que el mío, querida.
Dina miró alrededor, esbozando una sonrisa cargada de melancolía. —Pero tenemos nuestro premio frente a nuestras propias narices. Ellos pelearon por días como estos y tenemos la responsabilidad de disfrutarlos.
Sadie se limitó a asentir con la cabeza, demasiado desbordada por las emociones como para expresar sus sentimientos con claridad. Dina le acomodó el cuello de la camisa antes de ponerse de pie:
—Fuimos y somos una familia. No importa cuan lejos estemos; mientras nos tengamos bien guardados en las memorias de nuestros corazones... nada podrá separarnos.
—Gracias... Dina. —Le sonrió débilmente—. Que bueno que todavía estás aquí.
—¿Y a dónde más me iría? —sonrió de oreja a oreja y los hoyuelos de sus mejillas se marcaron fuertemente. Se llevó ambas manos a las caderas, mientras asentía con la cabeza—. Pase lo que pase, este será siempre tu hogar.
—Mi hogar... —murmuró para sí misma al verla alejarse.
Su momento de reflexión fue interrumpido por una llamada entrante que hizo repiquetear su teléfono móvil. Lo atendió con curiosidad, preguntándose para que la estaría llamando Reeve Tuesti en un día feriado:
—¿Diga?
—¡Ah, Sadie Darcy! ¿Cómo estás?
Hizo una mueca, apartando el aparato de su oído a causa de la voz estridente de su escucha. La personalidad de Reeve nunca había diferido mucho de la de su peluda contraparte robótica:
—Vaya pregunta para hacer en un día como este...
—Oh, sí. Gran verdad. Se cumple un año del ataque de Jenova, ¿no?
—Ajá —torció los labios—. ¿Hay algún motivo importante por el que me llamaste? Estoy un poco ocupada aho-
—¿Es que no puede un buen amigo llamar para charlar? —la cortó con un tono lastimero—. Me gusta enterarme de como la están pasando los héroes del planeta.
—Sí, claro... —puso los ojos en blanco—. Y no estás pescando votos para la próxima elección, ¿eh? A mí no me engañas con eso, Tuesti.
—¡Ah! ¡Jamás haría algo tan bajo! —hizo un mohín—. ¿De veras me crees un político sucio como todos los demás?
—Trabajaste en Shinra por años. No puedes haber cambiado tanto en tan poco tiempo. Perro viejo no aprende trucos nuevos.
El nuevo presidente de Midgar soltó una risa triunfal; acababa de dar con la respuesta que consideraba perfecta para rebatir ese argumento:
—¡Ah! ¡Pero no soy un perro, sino un gato! ¡Y uno con un montón de buenas intenciones para restaurar la paz de nuestro bello mundo! ¡Sí que sí!
Sadie se encogió de hombros. —Podrías usar eso como tu frase de campaña.
—Hmm... ¡tampoco es mala idea!
—Tuesti; ve al grano o te quedas hablando solo.
—¡Ah! ¡No, no! —soltó una carcajada, divertido ante la poca paciencia de su escucha—: ¡De acuerdo! Como bien sabrás, la WRO está financiando muchos proyectos impulsados por organizaciones benéficas de todo el mundo. La señorita Cissnei, Kunsel Reiss, y yo; un humilde servidor, estamos trabajando en la construcción de un orfanato para los huérfanos que se han quedado solos tras el primer brote del Geoestigma.
—¿De veras? —Sadie arqueó las cejas—. Escuché que está cerca de convertirse en una pandemia...
—Así es... tristemente nuestros científicos no han logrado dar con la cura todavía. Lo único que hemos podido descubrir es que el virus se repartió por todo el mundo tras la erupción de la corriente vital.
—Sí. Lo vi en las noticias. No debieron dejar que se supiera esa información; ahora todos están culpando al planeta de algo que apuesto que es cien por ciento culpa de Jenova.
—Estoy de acuerdo contigo y si supiera quien filtró la información ten por seguro que le diría dos o tres cosas. —suspiró largamente, para volver a recuperar el optimismo al retomar la palabra—. Pero bautizaremos al orfanato con el nombre de Aerith Gainsborough; ella era conocida como una amante de la naturaleza y todos en Midgar echan mucho de menos su talento para hacer crecer flores prácticamente de las rocas.
—¿Crees que eso va a cambiar la opinión popular?
—Es un primer paso. Pero deseo creer que sí. Si nuestro centro que se empeña en ayudar a las víctimas de esta peste asesina, lleva el nombre de alguien que amaba tanto la tierra, eso colaborará con disolver un poco la conexión que se hizo entre la corriente vital y las muertes.
Sadie asintió lentamente, sonriendo apenas al pensar en su querida amiga:
—Aerith hubiera amado la idea.
—Sé que ella nos cuida desde algún sitio escondido, Sadie. Y que aprueba cada uno de nuestros esfuerzos por hacer más felices a las personas por las que dio la vida. —su voz se suavizó al continuar—. Aerith me inspiró a ser una persona mejor... y su sacrificio siempre me dará fuerzas para mantenerme de esa forma. Jamás permitiré que la WRO se convierta en una nueva Shinra, eso lo juro.
—Yo... —parpadeó repetidas veces, insegura acerca de como responder. Quería seguir mostrándose cínica, ya que los gobiernos jamás habían sido de su agrado. Pero... algo en las palabras del presidente hizo que su corazón se ablandara peligrosamente.
—Está bien. Sólo quería tenerla al tanto de como van las cosas por aquí. —Sonrió, volviendo a recuperar el tono divertido de su voz—: Aunque sería mejor que se viniera a Midgar y se uniera a la WRO. ¡Una persona con su experiencia de combate bien podría ingresar directamente como líder de escuadrón a nuestras filas! Nuestro personal está compuesto en su mayor parte de civiles voluntarios y... ¡sería bueno tenerla de nuestro lado!
Sadie frunció el ceño, chasqueando la lengua con frustración:
—No estoy interesada en-
—¡Pero muchos de sus camaradas de Avalancha ya están trabajando con nosotros desde hace tiempo!
—Sí. Lo sé. Pero aún así no estoy intere-
—No puede quedarse lamentando las pérdidas por siempre. ¡Es mejor pelear por el mañana! ¡Darle un buen golpe en la nariz a-
Cortó la llamada antes de que Reeve pudiera terminar de insistirle. Se quedó mirando el aparato con una expresión amarga. Las palabras que acababa de escuchar sonaban peligrosamente como ese lado de su consciencia que se esforzaba en silenciar cada día.
Era verdad que tenía la obligación de seguir al servicio de los ideales por los que sus compañeros y ella habían jurado dar la vida. Era más que imperante seguir peleando de la misma forma en la que lo habían hecho aquellos que cayeron en el cumplimiento del deber.
Pero... ¿en dónde quedaban sus propios deseos? ¿Sus sueños, sus anhelos y su libertad?
¿Es que las batallas jamás terminarían? ¿Nunca... tendría tiempo de disfrutar el mundo que sus seres amados le habían obsequiado?
Se levantó de la hamaca y caminó rápidamente a través de los campos de hierbas secas que se mecían al ser suavemente agitadas por la brisa. Sentía la necesidad imperiosa de escapar, de perderse en la lejanía sin un rumbo fijo. De desaparecer.
Su flequillo oscuro se agitó frente a sus ojos mientras se precipitaba sin mirar atrás; con el único deseo de ir más y más adelante. Más lejos en el tiempo que parecía jamás dejarle escapar de la violencia de su pasado.
Pero se detuvo cuando una motocicleta frenó en el camino que tenía enfrente. Abrió la boca un palmo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Zack.
Zack estaba conduciendo, y le sonreía con ternura mientras se apeaba del vehículo para empezar a caminar hacia ella.
Las rodillas le temblaron y tuvo que hacer un esfuerzo muy grande por no dejarse caer al suelo. Se movió a su encuentro, primero trotando despacio para en seguida lanzarse a toda carrera a su encuentro.
Quiso llamarlo, quiso repetir su nombre mil veces... pero la voz no le salió. Sus gritos de felicidad se quedaron a mitad de su garganta cuando comprobó que la distancia la había engañado.
De alguna manera tan curiosa como cruel... era Cloud a quien tenía frente a ella, y no a Zack. Para nada a su querido Zack.
—Cloud... —dejó caer los hombros mientras se ponía pálida de la decepción.
—Sadie. —Esbozó una media sonrisa al detenerse a pocos pasos de ella—. Me tardé más de lo que debía.
—¿Qué? —hizo una mueca que se convirtió en una expresión de infinita sorpresa cuando el recién llegado cerró la distancia entre ambos, para darle un apretado abrazo que por poco le saca el aire de los pulmones. Varios de los mechones dorados de la alborotada cabellera de Cloud acabaron por metérsele en los ojos, haciéndolo todo más confuso y difícil de explicar—: ¡Ah! ¿Q, qué estás haciendo?
—Es de parte de un amigo. —Se apartó de ella, apretándole los hombros a la vez que una risita arrogante escapaba de entre sus labios—. Prácticamente me rogó que lo hiciera hace tiempo. Pero atravesar el océano por una simple encomienda es una tarea bastante complicada.
El corazón de Sadie dio un vuelco al sospechar el significado del mensaje. Pero todavía estaba demasiado confundida como para hablar. Cloud cruzó ambos brazos sobre el pecho, atento al nuevo color de la melena de su antigua camarada:
—Me dedico a los repartos a domicilio ahora. Es una profesión solitaria que no a muchos les gusta hacer; pero para mí es el paraíso.
—Entonces... —se rascó la nuca, totalmente sobrepasada por la inesperada situación— ¿Dices que... ese amigo... te pagó para... para-
—Bah. —Ladeó la cabeza a un lado, volviendo a acercarse a su escucha—. Jamás habría venido hasta Gongaga para entregar un simple abrazo. Hay algo más que debes recibir.
Sadie retrocedió un paso, inquieta ante la idea de ser la víctima de una nueva demostración de afecto. Pero Cloud no hizo nada como eso, sino que se apartó para dejarle ver la motocicleta en la que había llegado. Elevó el mentón con orgullo al señalarla con el dorso de su mano:
—Creo que podemos disponer de Fenrir mientras tanto.
—¿Fenrir? —Sadie sonrió con malicia—. ¿Le pusiste nombre a tu motocicleta?
—¡Vamos! —hizo un mohín, señalando la brillante carrocería—. La construí yo mismo. Bueno... con ayuda de Barret y... algunos mecánicos de Midgar también.
—Es realmente preciosa. —La examinó con cautela, deteniéndose al recordar lo que iba a decir antes de dejarse llevar por el llamativo vehículo—. Espera... —entrecerró los ojos al voltear hacia él—. ¿Vas a regalarme tu motocicleta?
—¿Q, qué? —se le trabó la lengua tan sólo ante la idea de despegarse de su querida Fenrir— ¡Claro que no! ¿Estás loca?
—¿Entonces por qué has dicho que podemos disponer... de ella?.
—Bueno... —se recostó contra la moto, cruzando los brazos para sonreírle de una forma confidente—: Supongo que podemos viajar a todos esos sitios sin necesidad de andar dando lástima en un cacharro que se quede a medio camino.
Se hizo un silencio largo entre los dos y sólo la brisa lo interrumpió al acariciar las hierbas que crecían junto al camino de tierra. Sadie ladeó la cabeza a un lado:
—¿Quieres... viajar conmigo? —soltó una breve risa a causa de la confusión que le produjo la propuesta—. Eso no tiene sentido.
—Yo pensaba lo mismo. Pero una promesa es una promesa.
—Una promesa... —repitió Sadie casi para sí misma— ¿Y quién te haría prometer una cosa así?
—Supongo que ya lo sabes. —el joven arqueó las cejas, como si hablara de la cosa más obvia del mundo.
Sadie vaciló durante unos minutos, hasta que las últimas palabras que había compartido al despedirse de Zack en Junon se repitieron en el fondo de su mente:
«—Si es que regreso; recorreremos el mundo en un coche viejo. Ya sabes; ¡de esos que necesitan visitar el taller cada dos kilómetros! Conoceremos a muchas personas y le daremos una mano a quien lo necesite. ¡Comeremos los platos más extraños y nos tomaremos fotografías hasta que la apestosa cámara reviente!»
La mirada de Cloud reapareció detrás de sus recuerdos, fundiéndose con el rostro de quien ya no era parte de ese mundo:
—Su alma volvió a fundirse con la del Zack original. —Declaró con un tono de voz calmo. Su tono era tan suave que apenas se dejaba oír sobre el viento que les agitaba el cabello y las ropas al mismo tiempo—. Es el premio que el planeta le otorgó por su sacrificio.
—Así que de verdad lo logró... —Sadie trató de no llorar, pero la emocionó el saber que él había alcanzado el reconocimiento que siempre temió perderse. Había pasado muchas noches en vela sumida en la incertidumbre de no saber sí Zack estaba atrapado en ese horrible limbo que se le reservaba a los clones de Jenova al morir.
Escuchar esa revelación de parte del recién llegado le quitó un enorme peso de encima; y esa carga se manifestó en las numerosas lágrimas que resbalaron por sus mejillas sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
—El recuerdo de Zack... —continuó Cloud, llevándose una mano al pecho— ...ha estado conmigo desde aquél día en el que dio la vida para salvarme. Nuestra conexión jamás se rompió.
—Eso significa... —parpadeó lentamente, pasándose el dorso de la mano por el rostro para secar las lágrimas que no dejaban de deslizarse silenciosamente por su superficie—. ¿Qué puedes... oírlo o algo así?
—Sólo a veces. —Se encogió de hombros, con una sonrisa sincera—. Pero cada ocasión lo vale.
Sadie se limitó a asentir con la cabeza, sintiéndose un poco celosa de la oportunidad que le había sido obsequiada a su acompañante.
—Eres muy afortunado. Yo... nunca pude despedirme de él.
—Lo sé... —Cloud asintió—. Pero... ni aún así él dejó de pensar en ti.
—Oh... —la joven parpadeó varias veces—. ¿Tú... crees que...?
—¿Qué?
—N, nada... no tiene importancia... —se mordió el labio inferior, bajando la mirada hasta sus propios pies—. Es que a veces me pregunto... si no me guardó rencor por quedarme en Junon mientras él se ocupaba de salvar el mundo.
—No pienses tonterías —meneó la cabeza suavemente a los lados—. Zack no era así.
—Sí. Es verdad...
—Además... —su expresión se tornó cansina al añadir— ...de no haberlo escuchado pude librarme de tener que acceder a su pedido. Irme de paseo contigo hará que me atrase en varios encargos que tengo pendientes.
—Bueno... no tenemos que hacerlo si no quieres. —hizo un mohín, pateando un pedrusco del suelo con la punta de su sandalia.
—Claro que quiero. —Cloud se arrepintió en seguida de haber hablado con tanta seguridad, y se pasó una mano por el pelo mientras le daba la espalda—. Zack tiene razón. Nos merecemos unas vacaciones después de todo esto.
—Hubiera sido bueno que él estuviera con nosotros... —susurró Sadie— ...y Aerith también. ¡Nos habríamos divertido muchísimo!
El mercenario asintió en silencio, sintiendo que el corazón se le encogía de pena al escuchar el nombre de la joven a la que nunca llegó a confesarle sus sentimientos más profundos.
—Pero... —continuó Sadie, cerrando la distancia entre ambos con un paso vacilante— ...apuesto a que una parte de ellos nos acompañará siempre. Y que si lo deseamos de verdad, entonces podremos llevarlos con nosotros a cualquier parte.
—¿Será eso posible? —murmuró casi para sí mismo.
—Hablemos de ellos a diario —propuso Sadie, buscándole la mirada—. Y tratemos de pensar como se sentirían respecto a cada sitio nuevo que visitemos.
Cloud parpadeó rápidamente al notar la forma en la que lo observaba con ese par de enormes ojos verdes. Juraría que jamás la había visto ser tan proactiva (o amable) con él. Retrocedió un paso por instinto, nervioso por algo que ni siquiera llegaba a entender.
—¿Estás segura de que quieres pasar tanto tiempo conmigo? —le preguntó—. Hay que admitir que los dos tenemos un genio del demonio.
Sadie rió sin poder evitarlo, sorprendida por la súbita inseguridad que había embargado a su compañero:
—Al menos dijiste "los dos" —explicó sin dejar de sonreír—. Si aceptas que no todo es culpa mía quizá esté dispuesta a soportar tu mal humor.
—No te rías, estoy hablando en serio —murmuró, confundido por el cambio de actitud de Sadie—. No quiero que terminemos por matarnos a medio camino.
—¡Pero si fuiste tú el que llegó para proponerme esto! —volvió a reír—. ¿Viajaste desde el otro continente sólo para asustarte de mí? ¡No sabía que tenía tan mala reputación! Debería buscarme trabajo como Turco.
Cloud elevó las comisuras de los labios, sintiendo que se le contagiaba la risa:
—Ya. Quizá se te hubiera dado mejor que ser psicóloga. Te encanta dispararle a los demás.
Sadie asintió con la cabeza mientras seguía riendo por lo bajo. Ambos bromearon por un rato más, y la tensión pareció disolverse al mismo tiempo que se escondía el sol de la tarde. Fue entonces que los ojos de Cloud se posaron en el horizonte, sintiéndose en confianza suficiente como para declarar:
—Nosotros éramos importantes para Zack y para Aerith... y sé que esto es lo que deseaban para nosotros. Vernos reír... y disfrutar del futuro por el que dieron sus vidas.
—Es verdad... —Sadie se llevó una mano al mentón, pensando en lo que iba a decidir—. Nosotros somos... el legado que ellos dejaron atrás.
—Sí... —no volteó al verla—. Esa es una buena forma de definirlo.
—No tienes por qué dejar de trabajar como repartidor durante el viaje si no quieres retrasarte. Puedo acompañarte durante los envíos si te place.
—Es algo muy aburrido.
—Dijiste que te gustaba.
—Sí, pero dudo que te guste la soledad tanto como a mí.
Sadie sonrió con un dejo de pena. —He estado bastante sola desde que pasó lo de Meteorito. Supongo... que estar solos en compañía no será demasiado diferente, ¿eh?
—No lo sabremos si no lo intentamos. —se llevó ambas manos a la cintura, girando lentamente para mirarla a la cara—. Por mi parte... la idea no me parece tan mala.
—Escuché que hay excelentes restaurantes en Wutai —rió la joven, golpeteándose los labios con la yema de los dedos—. ¡Y siempre quise conocer Cañón Cosmo!
—¿Conque Cañón Cosmo, eh? —se le contagió la risa, le divertía sobremanera el entusiasmo casi juvenil de su compañera—. No hay más que un montón de rocas y colinas de arcilla para ver.
—¡¿Y te llamas a ti mismo un miembro de Avalancha?! —se cubrió el rostro con las manos de forma exagerada—. ¡Ahí se fundó nuestro grupo!
—Más razones para borrarlo de la lista —bromeó—. Acepté irme de viaje con Sadie Darcy, y no con Barret Wallace.
La chica se llevó ambas manos a la cintura, mirándolo desafiante:
—¡Pues a Sadie Darcy le interesa ir a Cañón Cosmo!
—Y a Cloud Strife le da igual lo que piense Sadie Darcy.
Ambos se quedaron mirando fijo por unos segundos, en un duelo de miradas que fue interrumpido por la risa osada de la joven:
—¡Ya...! ¡Por ponerte así de terco será el primer sitio que visitaremos!
—¿Según quién?
—¡Según... yo! —hizo un mohín, señalándolo con uno de sus dedos—. Tienes una promesa que cumplir... ¡y me rehusaré a ir si no vamos a Cañón Cosmo primero!
—Bah, ¿me dejarás elegir todos los sitios a mí si vamos a ese lugar aburrido primero?
—¡¿Todos...?!
—Tómalo o déjalo.
—Ya, ya... —dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo—. De acuerdo, tú eliges el resto de los destinos.
—Entonces tenemos un trato —sonrió de forma arrogante, con la luz de la tarde reflejada detrás de sus pupilas—. ¿Qué dices, Darcy? ¿Te vienes conmigo a ver el mundo?
—Claro que sí. —se apartó el cabello del rostro cuando el azote de la brisa los envolvió en su abrazo. —Ya era hora de conocernos mejor, Cloud.
Él se limitó a devolverle una sonrisa silenciosa, una de esas que sólo reservaba para aquellos que le importaban de verdad.
La conexión que los había unido a Zack seguía intacta; tan fuerte como lo fuera a lo largo de las muchas vidas que les había tocado compartir con ese hombre que había sabido ser un amigo y compañero incondicional. Ese lazo se quebró, pero los extremos se fundieron y los apretaron en un nudo que les ofrecía la chance de seguir adelante.
El espíritu de Aerith observaba la escena desde el campo que pertenecía a los Fair. Estaba de pie en el único sitio donde todavía crecían las flores silvestres, asegurándose de que los seres a los que más amaba en el mundo abrazaran la felicidad que se merecían.
Su silueta translúcida sonrió pacíficamente al verlos charlar de forma animada, mientras compartían anécdotas sobre los eventos que se dieron a lo largo del viaje de Cloud. Se subieron a la motocicleta un rato después y esta arrancó la marcha sin prisas; perdiéndose en el camino que los llevaba a un horizonte lleno de aventuras.
A un nuevo comienzo.
Y a una nueva historia.
EL FIN
Nota de autor:
¡Queridos lectores; el último episodio de "El porqué de las cosas" ha llegado a su fin! Esta es la última parada, ¡el final de los finales!, ¡le grand finale! Y no podría agradecerles más por la lectura y el enorme tiempo dedicado a mis humildes escritos.
Empecé a escribir este fic en diciembre del 2015, pero la idea general de "Crónicas Darcy" inició con una serie de novelas que se expandió a lo largo de cuatro cuadernos allá por el año 2010. Decidí reescribirlas antes de compartirlas en mi perfil de FF-NET, y de esa manera "Final Spirit" (título original de la primera entrega) pasó a ser "El porqué de las cosas". ¡Publicar el último capítulo me llena de felicidad!
El apoyo de ShimoDuck, Celine0292, y Chess-Kitten ha resultado fundamental, vital, ¡extremadamente útil y motivador! Las quiero mucho a las tres, no sólo son personas maravillosas sino lectoras de oro también. Sus reviews han sido las alas que le permitieron elevarse por los cielos a mi fic. ¡Gracias infinitas, mis hermosas amigas!
También le agradezco a todos aquellos que leyeron sin comentar. Como digo siempre: saber que estuvieron del otro lado a cada paso me halaga y me hace sentir orgullosa de haber conseguido que mi historia fuese parte de sus vidas.
Hoy me siento melancólica, pero satisfecha. Me despido con un simple "gracias", una palabra breve pero igualmente poderosa. Gracias por estar ahí y darme fuerzas para seguir. Gracias... por todo.
Con amor, Lady Yomi.
¡Secuela disponible!
¡Buenas noticias! ¡Ya he dado inicio a la publicación de la gran secuela de "El porqué de las cosas"! La nueva obra se titula "Los que quedaron atrás" (ID: 12760002), y pueden acceder a ella a través de mi perfil. ¡Les prometo que la experiencia será igual de memorable que esta que acaba de terminar!
¡Nos leemos allí! :D
