Han pasado unos meses desde que Mitsuhide y Kiki se fueron de Clarines. Ellos han logrado llevarse bien con la tripulación de mercantes, pero no han logrado acercarse al tipo misterioso. Solo saben que los mercantes lo llaman Huozai. Él rara vez sale de la habitación y cuando lo hace, es para ir a la habitación del capitán o para ir por su comida. Mitsuhide está bastante perturbado por su personalidad. No sabe hasta dónde será una persona confiable. Con tal de saberlo, decide espiarlo, pero es descubierto en un abrir y cerrar de ojos. Kiki solo se limita a decir que es tipo bastante hábil. De alguna manera, ha logrado anticiparse a sus movimientos. Es como si lograra identificar su presencia, sin haberlos visto. Mitsuhide acepta sus conclusiones, un poco frustrado. Uno de los mercantes escucha su conversación y les dice que no es de menos. Durante un tiempo, él estuvo entrenando con la guardia real, hasta que decidió ayudar a uno de sus amigos del palacio a salir ilegalmente del Reino para que pudiera convertirse en el mejor médico del mundo. A pesar de su apariencia distante, Huozai es un buen tipo. Mitsuhide y Kiki opinan lo contrario. Es un tipo que en algún momento, puede traicionar la confianza de su empleador. Definitivamente, lo deben tener en la mira.

La tensión entre Huozai, Mitsihude y Kiki se mantiene a lo largo del viaje. Mitsuhide intenta iniciar una conversación con él y este siempre lo evita. Kiki es más disimulada, pero obtiene un resultado similar. Huozai es un tipo duro de roer. Las cosas cambian cuando se enfrentan a una embarcación pirata y Huozai pelea para defender a la tripulación. Su estilo de combate es increíble. Los caballeros de Clarines admiran la limpieza de sus movimientos cuerpo-cuerpo. Ninguno es en vano. Gracias a su agilidad y rapidez, remata a sus enemigos con facilidad. Sin embargo, hay algo que perturba a Mitsuhide. Él le lanza una espada, Huozai la atrapa en el aire y remata a sus adversarios con un estilo que jamás había visto.

Después de una dura pelea y unas cuantas heridas, los piratas abandonan el barco y ellos pueden seguir con su camino. Mientras tratan sus heridas, Mitsuhide recuerda la vez que lanzó la espada a Huozai y la manera en la cual la atrapó. Fue un movimiento tan genial, pero a la vez tan familiar. Decidido a descubrir la verdad, él entra al cuarto de Huozai. Él está semidesnudo, tratando sus heridas. Su cabellera negra le cubre la espalda. Él voltea a ver en dirección a la puerta, por el susto. No lleva el parche en su ojo derecho. Su flequillo cubre buena parte de su rostro, pero aun así deja entre ver sus profundos ojos azules. Mitsuhide impactado exclama: "Izana".