Una Vieja Amiga

Se volvió a repetir el proceso de la última vez. Saya le pidió a Hagi que las acompañara, al igual que Diva le pidió a Solomon que también fuera con ellas, como a Nathan, aunque con respecto a este ultimo era ya costumbre que siempre fuera sin que se lo pidieran, pues era él quien se encargaba de decirle a Diva y aconsejarle que comprar y que no, porque a veces ella tenía pequeñas rachas en las que podía llegar a ser muy extravagante y excéntrica en su forma de vestir y en alguna que otra ocasión eso no le sentaba nada bien, y ella estaba conciente de ello, pero en realidad a ninguno de los dos le molestaba (además a Diva le gustaba que hiciera alboroto con su apariencia), además, los caballeros iban a cargar las bolsas, y siendo ellos hombres comunes y corrientes, no notarían la diferencia entre unos bermudas y un pantalón, ¡vamos!, que si se rapara Saya o Diva ninguno lo notaria (quizás sí, después de tres meses, cuando les estuviera creciendo el cabello), porque así son los hombres, pero al menos servían para hacerla de "chacha".

Fueron de nuevo a la quinta avenida, lugar famoso de Nueva York, entre la calle 34 y la 60, paisaje recurrente en películas de Hollywood, famoso por sus tiendas, donde todo marcho bien y las primeras dos horas de compras se llevaron con una naturalidad impresionante y sumamente tranquila. Saya iba de aquí para allá con Diva y Nathan, buscando y comprando ropa en los lujosos comercios, y ambos caballeros pudieron notar que estaba, incluso feliz y entusiasmada, contrario a la ultima vez.

Pasaron por Dior, Prada, y Gucci, aunque se abstuvieron de pasar por Chanel, en un acuerdo inconciente entre el grupo. Podía llegar a ser que, si estaban las mismas trabajadoras de la última vez y los reconocían, sería una situación muy pero muy incomoda, y mejor evitarse molestias.

Y hablando de incomodidades… a decir verdad, aunque Saya parecía mostrarse muy relajada y entretenida con la infinidad de bellos conjuntos de ropa en las tiendas, no podía decir realmente que estaba del todo cómoda, al menos no como lo estaba su hermana y Nathan, quienes parecían peces en el agua. A decir verdad, se sentía un poco mareada de haber estado sólo en tiendas de marcas renombradas, sobra decir que caras. No es que no le gustara la ropa, al contrario, pero aun así se sentía como si… como si… como si no perteneciera a ese lugar. Era como si no perteneciera a la vida de su hermana, fuera como fuera, aunque viviera con ella y aparentemente se llevaran ahora bien, y ella aparentara haberlo olvidado todo…

Porque no era así. Saya, no era una persona que olvidara fácilmente, a menos que sufriera amnesia y fuera victima del terrorismo mental.

Observo unos momentos a Hagi y Solomon, a unos pasos de distancia, quienes cargaban con un montón de bolsas y bolsas de distintas tiendas, sin contar algunas cajas de zapatos que apenas y podían llevar consigo debajo de los brazos. Aunque Hagi tratara de disimularlo, la dificultad que le costaba el llevar todo eso encima era imposible de reprimir en su rostro, al igual que Solomon. No tienen idea de cuanto agradecido estuvo Hagi el haber ido a las compras con las gemelas sin estar acompañado de su siempre fiel estuche de violonchelo, porque sino, el asunto hubiera sido aun más insufrible, y por primera y probablemente ultima vez, Hagi se sentiría profundamente identificado con su archienemigo, Solomon, acompañándolo en su tortuoso camino, como si entre los dos se estuvieran repartiendo el abrumador peso de una cruz de madera gigantesca, pues el rubio se encontraba en las mismas o quizás, peores condiciones que él, tocándole llevar casi todas las cajas de zapatos, cosa que le impedía la vista, y en más de una ocasión estuvo apunto de tropezar ante las burlas de Diva, además de que llevaba cargando algunas bolsas, como podía, y poco le faltaba para cargarlas con los meñiques. A ambos caballeros sólo les faltaba usar las orejas como agarradera, y lo peor es que se veía que el asunto iba para largo, pues Saya y Diva, sin contar a Nathan, iban de un lado a otro fascinados, claro que Diva y su caballero con un poco más de entusiasmo que la chica de ojos marrones.

-¡Oh! ¡Mira que lindos!- exclamo Diva emocionada al ver un par de extravagantes tacones tan típicos de la firma Yves Saint Laurent. Saya observo el par un momento, mientras Diva le pedía a la encargada del lugar que le mostrara el par adecuado a la medida de su pie, petición que fue atendida de inmediato. Saya entonces frunció el entrecejo un poco confundida, y miro hacia un lado como si se hubiera quedado profundamente ensimismada en sus pensamientos.

Yves Saint Laurent… Lo recordaba, eso creía.

No. No lo creía. Lo recordaba con lujo de detalle. Aquellos zapatos pertenecientes a la marca, y lo que tenían que ver con ella, con su hermana, y con Hagi. Por un momento una ráfaga de ira la abofeteo, y sintió ganas de abalanzarse sobre Diva y su estúpida sonrisa… pero, había aprendido que las cosas no se manejaban de manera tan inmadura e impetuosa.

-Veo que te gustan mucho los zapatos de aquí, ¿Verdad?- comento disimuladamente Saya, acercándose a su hermana, quien la miro casi ansiosa esperando probarse los que se convertirían en un nuevo par de su enorme colección.

-Muchísimo. Son como mi fetiche- contesto la ojiazul, cuando de pronto cayó en la cuenta, al observar por un momento a Nathan, del gran y estúpido error que acababa de cometer.

Zapatos, ¡esos entupidos zapatos! Ahora resultaba que la Cenicienta no era más que una niña estúpidamente soñadora y su hada madrina una arpía desgraciada.

¿Cómo pudo decir algo tan… ridículamente obvio? Y peor aun, caer tan fácilmente. Incluso debió haber evitado esa tienda, de esa firma precisamente, y hacerle la tonta y buscar en las demás que hacían competencia a lo largo de la avenida.

Recordaba el incidente del zapato, casi con desesperación y con ganas de correr a la primera pared que viera y darse de golpes en la cabeza, pero ya no había nada que pudiera hacer para remediarlo, y a decir verdad, no le importaba demasiado tampoco. Nunca le había importado lo que pensaran los demás de ella, mucho menos su hermana, y muchísimo menos Hagi.

Hagi… pensó Diva, y lo miro de reojo por un momento. El caballero parecía no darse cuenta de nada de lo que sucedía en ese mismo instante, estaba demasiado ocupado haciendo equilibro con la inmensa cantidad de bolsas que cargaba, al igual que su pobre caballero rubio. Se le salio una risilla de burla al verlos haciendo equilibrio como sobre una cuerda floja, como si fueran el más inexperto y ridículo payaso.

-Pobrecitos…- susurro Diva.

-¿Qué?- pregunto Saya al no escuchar del todo bien lo que su hermana acababa de decir, quien desde hace varios segundos parecía haberle dejado de prestar atención, cosa que la había irritado un poco, e iba a decir algo, cualquier cosa… aunque realmente no tenía nada que decir, cuando apareció frente a ellas una de las empleadas del lugar con la caja de zapatos en la mano.

-Disculpe…- susurro con duda la muchacha al ver a las dos gemelas que parecían estar hablando. La mayoría de la gente que acudía a lugares como esos, o una de dos; o eran de lo mas arrogantes y prepotentes, casi todos ellos, los llamados, "nuevos ricos", o sino, tenían clase, y por consiguiente, muy buena educación y modales (algunas veces también prepotentes), lo cual agradecía, pero con esas dos muchachas y la compañía tan mas extraña que tenían, esos tres hombres, la habían dejado confundida, y sin saber cual de las dos opciones de clientela eran.

-¡Oh, gracias!- exclamo Diva muy emocionada al ver los zapatos frente a ella y sonriendo ampliamente, tomando la caja y sentándose en una de las sillas para probárselos.

-"Encantadora"- pensó la muchacha que la atendía al verla sonreír. Parecía que había juzgado mal por esa vez. Cuando se dio la vuelta, Saya la miro despectivamente. Si supiera que clase de persona (¿persona?) era su hermana… no le resultaría tan encantadora…

-Iré a probarme esto- aviso Saya con desgano, levantando un suéter anaranjado que minutos antes había elegido, al ver que su hermana se había ensimismado ya en sus dichosos zapatos. Diva contesto con un simple e indiferente "Ok".

Saya en su camino al probador paso por donde estaban Hagi y Solomon, quienes ya habían encontrado un lugar donde sentarse y dejar de lado la montaña de cosas que las chicas habían comprado, o que más bien, la tarjeta de Amshel había comprado.

No fue hasta en ese entonces que Saya reparo en todas las cosas que había comprado junto a su hermana en solo una mañana y parte del medio día. Pobres caballeros, pensó al verlos aprovechar a ambos su pequeño descanso antes de que salieran del lugar y por consiguiente con esas montañas de cosas encima de ellos, cosas las cuales, la mayoría era ropa y zapatos para ella, y para su hermana alguna que otra cosa. Después de todo habían ido de compras ese día porque Diva no podía estarle prestando su ropa toda la vida, además, cada una necesitaba sus propias cosas si iban a vivir juntas. Sólo faltaba que la próxima guerra entre las chicas fuera porque a una se le ocurrió tomar la blusa favorita de la otra, o que la otra se pusiera los zapatos de la otra, y así sucesivamente. Saya hubiera deseado que la única guerra que tuviera que enfrentar hubiera sido nada más que por esas simples e infantiles razones.

Saya esbozo una pequeña sonrisa ante lo último. Realmente le daba gracia imaginarse a si misma y a su hermana peleando como un par de quinceañeras por una blusa que según las dos, eran de su propiedad, como cualquier otras adolescentes de su "edad".

Su hermana… ahora parecía tener hermanos por todos lados y familia regada por Europa y Asia. Tenía que recordar que también tenía un hermano, y que había tenido un hermano menor, muerto en medio del mar mediterráneo en las costas de Francia, y Saya, con nostalgia, se pregunto como estaba Kai, mientras se metía al probador con desgano.

De pronto el momentáneo placer de comprar había pasado su efecto.


-¡No la vamos a encontrar aquí!- dijo por enésima vez Mao, llamando la atención de los transeúntes neoyorquinos que pasaba a su alrededor, apartando un par de segundos de atención de su ajetreada vida para mirar brevemente a la histérica joven que estaba parada en medio de la ancha banqueta del Times Square, con los puños apretados y un gesto igual al de una fiera, o lo que es lo mismo, con cara de que iba a matar al primero que se le atravesara, o con cara de cólico, según la idea.

-Mao, no podemos estar siempre buscando en esa parte de la ciudad, tenemos que abarcar lo más que podamos- insistió Kai sacando paciencia de quien sabe donde, tomando a la chica por los hombros muy suavemente, tratando de controlar su furia. Y es que aquí el problema era que Mao insistía en que buscaran en lugares como la Quinta Avenida, pues según ella era el lugar más propicio donde podría estar Diva, y por consiguiente, Saya. Era una conclusión sumamente obvia para la castaña pues lo que sabía sobre Diva, es que su caballero, ese llamado Amshel, tenía muchísimo dinero, y de hecho, era pariente de Joel Golshmidt, el mismo que financiaba al Escudo Rojo.

Tratar de buscar a Saya en el Times Square, ese lugar a reventar de gente y anuncios que se elevaban a lo más alto de los edificios, era una completa y absoluta tontería. Sólo de imaginarse a Diva mezclándose en ese lugar, con lo sangrona que de seguro era la chiquilla, era una perdida de tiempo estar ahí, y al parecer el tontísimo de su exnovio no entendía eso.

-Pero Kai… ¿Crees de verdad que Diva andaría caminando como si nada por estos rumbos?- pregunto la chica tomando una pose ligeramente arrogante, cosa que irrito un poco al pelirrojo.

-No. No realmente, pero Saya no es como Diva. Porque este con ella, no significa que Diva la controle en todo hasta a donde va- refuto el muchacho. Últimamente sentía que en lugar de estar buscando a su hermana, estaba buscando a Diva, y de pronto le daba la impresión, sin intención de hacerlo, de que Saya también se había vuelto su enemiga, y peor aun, temía que pudiese convertirse en una persona igual de horrible que su verdadera hermana de sangre.

-¡Oigan!- grito Okamura corriendo como podía entre la gente que se paseaba por el lugar, llamando con ademanes a los dos adolescentes que estaban a punto de proseguir con su camino –¿No pueden esperarme?- reclamo el reportero, quien solo se había ausentado unos minutos para ir a comprar un periódico -Deberían ver esto…- les dijo el hombre ya tranquilo, mostrándoles una de las secciones de un periódico, mas específicamente, la de sociales.

-¿Qué cosa?- pregunto Kai un poco confundido con la enorme pagina del reconocido periódico frente a él, buscando lo que se supone y según Okamura tenían que ver.

-Aquí. Esta chica- señalo apuntando con su dedo la foto de una muchacha muy joven, acompañada de un hombre mayor. Era una jovencita de piel clara y ojos tiernos, amables, pero detrás de los cristales de unos anteojos grandes. Tenía el cabello café muy claro, y hasta los hombros. Una sonrisa adornaba su rostro y vestía un elegante, aunque acorde a su edad, vestido azul, y también portaba algunas joyas, discretas a decir verdad, pero aun así se veían muy finas.

-¿Qué tiene esa muchacha?- pregunto Mao algo confundida. Sólo faltaba que sus sospechas la primera vez que lo conoció, que creyó que era un pervertido pedófilo, fueran verdad y le gustara esa jovencita de la fotografía.

-La conozco. Saya también, eso creo- les explico brevemente el reportero. No le sorprendió para nada el ver las caras que pusieron los dos chicos, entre sorpresa, y quizás algo de esperanza.

-¡¿Saya?- exclamo Kai enérgico -¡¿Saya la conoce?- pregunto sumamente emocionado, y eso hizo que la gente a su alredor se les quedara viendo una vez más ante el despliegue de emoción del chico. Okamura se sintió un poco avergonzado, y les propuso ir a un café que estaba a unos cuantos pasos, donde les explicaría con más calma sobre esa chica y que tenía que ver con Saya. Era mucho mejor hablar eso con un buen café o refresco, que en medio de la calle con todo el ruido de los autos, la gente y sus pasos.


Saya se midió el suéter. Al principio gesticulo una cara de desaprobación. No le gustaba del todo. Le parecía que estaba muy simple, sin chiste ni gloria, y que hasta la hacia ver un poco gorda. Hacia falta algo, pero no sabía con exactitud que cosa. Ladeo un poco la cabeza tratando de darle una oportunidad al atuendo, buscando ese algo que faltaba para terminar de gustarle.

-Creo que no esta tan mal. Con una bufanda se vería bastante bien- dijo un poco más animada, para después quitárselo, ponerse su ropa normal y salir del probador, aunque se arrepintió de haberlo hecho… tal vez lo mejor hubiese sido quedarse un momento más dentro del cuartillo, buscándole defectos al atuendo frente al espejo.

Lo que vio… realmente no le gusto, pero para nada.

-Te lo juro, que ella lo sabe- insistió de nuevo Diva, en voz baja, mirando fijamente a Hagi, quien la miraba con indiferencia, apenas dignándose a verla de reojo.

Hace un par de minutos que el caballero se había levantando, para caminar alrededor de la tienda, aunque no fuera a ver nada porque, pues… simplemente no era para él, pero realmente prefería hacer cualquier cosa que tener que soportar la presencia de Solomon sentado frente a él con su eterna cara de "no pasa nada, todo relax" y su estúpida sonrisa de galán fanfarrón.

Como era su costumbre, se aparto de todos los demás en un rincón de la tienda, mirando la fauna que se levantaba espléndidamente sobre él. Esa fauna adinerada. Las empleadas tratando de poner su mejor sonrisa, las clientas, ya que eran mujeres en su mayoría, ir de aquí a allá como pájaros locos mirando primero un vestido, por ejemplo… para después ir al siguiente, después al siguiente, verlos todos por unos momentos, recorrer toda la tienda de una sola vez, volver a recorrer la mitad de ella, y volver de nuevo al primer atuendo… como todos los hombres, Hagi tampoco se salvaba de no poder entender en lo absoluto a las mujeres. Parecía que de verdad todas las mujeres se volvían locas con las compras, pero lo raro aquí era que, en medio de todas esas locas, faltaba cierta chica de ojos azules.

-¿Me buscabas?- pregunto Diva con una sonrisa coqueta detrás de él. Hagi se sorprendió un poco, pero no lo mostró, y se limito a mirarla por un momento. Ciertamente no estaba muy contento con la chica, y tampoco tenía ganas de verla, y muchos menos hablarle, pero lo que escucho venir de su boca, lo dejo desarmado.

-Te lo juro, que ella lo sabe- sentencio Diva.


Hagi levanto una ceja. ¿De que rayos hablaba la ojiazul? se pregunto.

-¿Qué cosa?- inquirió el caballero, cruzándose de brazos, y haciéndose el tonto.

-Lo del zapato, ella lo sabe- respondió rápidamente la muchacha, tomando a Hagi de un brazo atrayendo su cabeza hasta su altura y susurrándole eso al oído. Se sentía observada, y no era para menos, pues nada mas y nada menos que su hermana, los espiaba discretamente desde detrás de la puerta del probador, que había dejado ligeramente abierta para verlos sin que se dieran cuenta, pero desafortunadamente no había podido escuchar lo que Diva, tan campante ella, le había susurrado a su caballero al oído.

¿Y de cuando acá ella le susurraba cosas así? ¿Con tanta familiaridad?

-Diva, eso paso hace mucho. Seguramente ya no se acuerda- aseguro Hagi despreocupado, pensando que era ridículo el pretexto que la muchacha había usado para acercarse a él, pues estaba seguro de que únicamente se trataba de eso, y ciertamente Diva no pudo evitar mirarlo rabiosa al ver que sus palabras habían sido malinterpretadas, y sobretodo la enojaba el que no la tomaran enserio cuando se debía.

-No estoy jugando- aseguro mordiendo las palabras -Ella sabe que paso ese día que me escondiste, reconoció mis zapatos y ella los vio en tu habitación. Sabe que estuve ahí, ¿Entiendes?- afirmo ella, levantando un poco la voz y aun así tratando de controlar su enojo, pero lejos de hacer reaccionar a Hagi, y mucho menos de que este le diera la razón, él se mostró indiferente.

-… No te creo- contesto calmadamente el caballero después de unos segundos de tensión, y cuando Diva estuvo a punto de tratar de defender su afirmación, una tercera voz se escucho entre ellos, y no venia pero para nada en buen plan.

-¿Qué están haciendo?- inquirió Saya con vana tranquilidad, pero sin lugar a dudas su rostro estaba nublado por un gesto de dureza al igual que su voz. Era hasta demandante.

A Diva se le helo la sangre… ¿Cómo pudo haberlo olvidado? ¡¿Cómo? ¿Cómo se le ocurrió ponerse a hablar con Hagi tan como si nada frente a los probadores? ¿Cómo es que no se acordó que su hermana le había dicho que se iría a probar el dichoso suéter? ¡Dios! ¡Tonta, tonta, tonta! Se recrimino mentalmente la muchacha, tratando de formular la mentira perfecta al mismo tiempo.


Kai había observado una vez más la foto. La muchacha señalada estaba acompañada de un hombre mucho mayor, pero tampoco demasiado viejo. Un hombre de barba un poco canosa y ojos claros, como los de la muchacha. Seguramente eran padre e hija, además, no lo había notado antes, pero también había una mujer joven, quizás de unos treinta años, de cabello ondulado y café oscuro, de tez ligeramente bronceada y ojos cafés. Era muy guapa.

Tal vez ella era la madre, aunque la verdad lo dudaba. No se parecía mucho a la chica, y tampoco se veía con la edad adecuada para ser su madre, a menos que la hubiera concebido a los quince años, cosa que tampoco resultaba ser para nada irreal en esos tiempos, pero aun así, parecía mostrar cierto desapego hacia la joven, así que concluyo que seguramente se trataba de la madrastra, pensó al ver el apellido de la mujer, Señora Castle.

Por otro lado, Mao noto que el trío estaba en lo que parecía ser un elegante salón de reuniones o fiestas. Era muy suntuoso. Seguramente los de la foto eran de alguna familia rica o algo así, y era obvio, al ver las joyas que portaban la joven y la mujer, al igual al juzgar las vestimentas de los tres, y el lugar que estaba de fondo.

-Y bien, ¿Qué tienes que decirnos sobre ella?- pregunto Mao impaciente, tomando un sorbo de la malteada de fresa y vainilla que acaba de recibir del mesero.

-A esta chica la vi sólo una vez. Cuando fui a Vietnam, al liceo, donde habían mandado a Saya a investigar- comenzó a hablar Okamura, mirando a Kai, quien asintió. Estaba al tanto de esa etapa de la misión aunque él no hubiera estado presente –Bueno, pues la noche en que Saya se fue de ahí, la noche de la fiesta, vi a esa chica por un momento nada mas, mientras me metía de incógnito al instituto. La muchacha parecía buscar algo, o mas bien, a alguien, e iba acompañada de un muchacho- agrego mientras sacaba de su bolsillo una cajetilla de cigarros, pero Mao le mando una mirada inquisitiva y el pobre hombre recordó los términos de las condiciones que tenía que acatar, y desistió de su idea de fumar con un suspiro de profunda resignación. Ya hace tiempo había superado el síndrome de abstinencia, pero aun así seguía siendo un fumador empedernido ansioso por un cigarrillo más.

-Como decía…- dijo guardando la cajetilla en su desaliñada chamarra -Escuche claramente como esa joven decía el nombre de Saya. Parecía estarla buscando. Creo que quizás, fue amiga de tu hermana mientras esta estuvo internada en la escuela- dijo volviendo a señalar la fotografía –Aunque ahora tiene el cabello más largo y se ve más grande… pero nunca olvido un rostro. Es ella, y mi instinto de reportero me dice que conoce a Saya- aseguro el hombre con aires de grandeza.

-Instinto de reportero…- se mofo Mao sin creérsela y levantando una ceja, cosa que le saco un reclamo de reproche al periodista, ofendido.

-¿Qué dijiste?- la reto a repetirlo, pero Kai detuvo a tiempo la pelea que se avecinaba, centrado en el tema principal antes de que esos dos comenzaran a discutir de nuevo. Quien sabe que era lo que tenía Mao, que hacia que todas las personas a su alredor terminaran peleando con ella por lo menos una vez.

-Y a todo esto, ¿Cómo se llama ella?- pregunto Kai. Okhamura rápidamente tomo la pagina y leyó el nombre debajo de la fotografía. Si ella seguía en la ciudad, como lo decía el periódico, (pues la fiesta donde fue tomada la foto había sido en la ciudad de Nueva York y justo el día anterior), tenían la oportunidad de buscarla mas fácilmente guiándose en su nombre y apellido, y con algo de suerte, hablar con ella y preguntarle sobre Saya. Quien sabe, en una ciudad tan grande como la Gran Manzana, necesitaban todas las pistas y recursos que pudieran conseguir.

-Aquí esta… Se llama… Min. Min Castle- contesto Okamura.


-No estábamos haciendo nada. Sólo hablábamos- contesto Diva con una aparente tranquilidad, que cualquier actor de cine envidiaría para interpretar a algún personaje manipulador y mentiroso en plena treta, pero Saya no era tonta, había visto lo que había pasado antes, (nada relevante a decir verdad) pero ese susurro al oído la había dejado inquieta, además Diva no tenía nada de que hablar con su caballero ¿O sí?

-¿Y de que?- inquirió Saya sin quitar el semblante duro de su rostro. Ese tono de voz acusador.

-De nada importante. Sólo le decía a Hagi que ni se le ocurriera meterse contigo al probador. No sea que se te vuelva a ocurrir pegarle semejante mordisco como el de la última vez- le recordó la muchacha con una relajada y encantadoramente desagradable sonrisa, levantando ambos brazos como si estuviera diciendo la cosa más normal y común del mundo.

Bien, lo aceptaba, eso la había desarmado por completo y toda su apariencia de chica ruda se fue a la mierda en un instante. Hagi no estaba tan alejado de la reacción de Saya. Discretamente se llevo una mano a la frente al escuchar lo que Diva acaba de decir, y no sabía si sentirse avergonzado, tonto, vulnerable, o pensar: ¿No se te pudo ocurrir algo mejor? Aunque a decir verdad… no había mejor cosa. El recordarle a Saya eventos que la habían hecho sentir tan mal, como esos, era la mejor forma de dejarla sin argumentos y desconcertada.

Sí, eso haría sentir un poco mal a Saya, pensó Hagi apesadumbrado, pero si era necesario para evitar que algo peor pasara, que así sea.

-"¡Yo la mato!"- pensó Saya terriblemente avergonzada, pero una cuarta voz invadiendo el lugar le arrebato de un golpe todo sentimiento de venganza y enojo, y miro con los ojos bien abiertos hacia el lugar donde había escuchado la intrusa voz.

-¡Pero Sarah!, yo quería ir primero a comer, no aquí. Si no cómo antes de venir de compras me pongo de malas- protestaba una chica de cabello muy claro y anteojos, pero ciertamente se veía algo molesta.

-No Min. Ya desayunaste- le contesto la mujer que la acompañaba.

-Pero ya pasa del medio día- refuto la joven impaciente.

-No. Aguántate- ordeno autoritariamente la mujer, aunque sin prestarle mucha atención, pues esta se había desviado ya hacia algunos perfumes.

Saya estaba boquiabierta, y no podía dejar de mirar a la chica que estaba a unos metros de distancia. Diva hasta se asusto de verla tan… como ida de la realidad. Juraría que su hermana acaba de ser poseída o que había sufrido alguna otra crisis nerviosa, pero en lugar de adelantarse, Hagi y ella miraron hacia el mismo lugar que Saya.

Hagi maldijo su suerte al reconocer a la jovencita que según le comento Saya, se encapricho con él un corto tiempo, hace ya mucho. Sólo eso le faltaba.


¡Eh no que no! Me da gusto estar actualizando mas seguido, además quise subir precisamente este día porque mañana juega México contra Argentina, y si pierden, quiero de perdida tener el consuelo de tener un review para ese momento ¡Pero a la chingada, México va a ganar como de que no! (si pierden se me va a hacer chicharrón la lengua), pero tampoco se puede ser tan pesimista (¡Mira quien lo dice!) yo se lo que se siente que nadie crea en uno, y después, a veces terminas dándole enormes sorpresas a los demás.

Bueno dejando la fiebre del Mundial de lado… precisamente me comentaban que me estaba centrando demasiado en Hagi, Saya y Diva, un error del que me di cuenta hace tiempo, y precisamente por esa razón decidí meter a Min en la historia. No se si la recuerden, era la amiga de Saya en el Liceo de mujeres en Vietnam. Siempre me pregunte que se habrá quedado pensando la joven al ver desaparecer a Saya así de pronto y sin explicaciones, toda llena de heridas que ella misma vio sanar frente a sus ojos, con el vestido destrozado, una espada en mano y acompañada del jardinero.

A partir de este capitulo cobrara un poco más de protagonismo el Escudo Rojo, sobre todo Kai y Mao, además de que se avecina tormenta, una gran tormenta. Por cierto, me da cosa poner tanta pinche marca en el capitulo, pero aun así me pareció un poco adecuado para darle algo de realismo, aunque espero no haya quedado muy fuera de lugar, y por cierto, pongo tanto los zapatos de YSL porque ¡Dios! Son tan ¡Hermosos! Y le van bien a la personalidad de Diva a mi parecer, pero me siguen gustando más los de Alexander McQueen (que en paz descanse), son más extravagantes, como me gustan, pero no imagino a Diva usándolos.

Bueno, ya para retirarme gracias por los reviews y los ánimos, y por cierto, ahora que lo veo, mañana cumple dos años el fanfic.

Me despido

Agatha Romaniev