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Título: La confederación rusa

Fandom: Harry Potter
Ship: H/H, La pareja del Fénix
Palabras: 1810
Resumen: Hermione y Harry están envueltos en un coqueteo fuerte que quizás deba terminar por la propuesta que la confederación rusa le hace a Hermione…


La puerta del departamento de Hermione fue cerrada lenta pero firmemente por la castaña, quien inmediatamente después recargo la espalda sobre la puerta y soltó un gran suspiro. Aquel día había sido muy duro, tenía demasiado trabajo en el ministerio y todo por algo que le parecía absurdo. ¿Cómo algo tan políticamente manejado, hecho al gusto del gobierno mágico y no del pueblo mágico podía armar tal caos en el ministerio? El cambio de ministro había vuelto prácticamente locos a todos los magos, como si no supieran de antemano que candidato fuera a ganar, pues en opinión de Hermione este proceso era mucho más manipulable que las elecciones presidenciales muggles. Y eso si que era ya decir demasiado para alguien como ella.

Pero el problema no había sido el ministerio, hasta cierto punto ya se había acostumbrado al revuelo que se armaba en el lugar, pero había una persona a la que conocía desde los once años a la cual jamás se había acostumbrado y menos con las actitudes que había adoptado con ella de unos meses a la fecha. Y ese mago era el tan aclamado Harry James Potter.

Al principio, Hermione había creído que todo era su imaginación – su perturbada imaginación – pero tras algunas semanas con Harry de cacería empezó a darse cuenta que eso estaba yendo bastante lejos, los roces, las caricias, las miradas profundas, las invitaciones a salir y todo lo que acompañaba a Harry desde que se trataba de Hermione la estaba poniendo cada vez más nerviosa y emocionada. Ella había guardado en un baúl bajo siete llaves sus sentimientos hacia Harry y creyó que se quedarían ahí hasta su muerte, que solo eventualmente cuando mirara al pasado recordaría aquello, pero se equivoco… Harry ya estaba desarmándola y ya solo quedaban tres de las siete llaves, es decir, que ya iba ganando por un poco más de la mitad.

Hermione moría por que Harry terminara con todo aquello y ya se hicieran pareja, porque ese el plan… ¿no? Es decir, llevaba meses tratando de conquistarla, llevándola a restaurantes muggles caros y muy finos y regalándole comentarios y miradas muy sugestivas, ¿qué más podría querer? No podía simplemente estar jugando con ella, no. Hermione se negaba a creer eso, más que nada porque como auror calificada que era había usado sus conocimientos en Harry y se había dado cuenta de que el no estaba cortejando a nadie más, que después de que la llevaba a casa el siempre iba directo a la suya, no miraba a nadie más como a ella, no actuaba con nadie como con ella… o eso quería pensar ella.

En esto se constituía toda su controversia diaria, primero el pensamiento intenso de"Si, Harry por fin se fija en mi" y luego el fatal y doloroso "¿estará jugando conmigo?". Hermione se quitó los tacones que debía llevar por ser parte del uniforme formal del ministerio y se derrumbó en su cama, obligándose a no pensar en nada. En absolutamente nada más que Harry, quien era quien ganaba siempre en su mente y en su comportamiento.

Eran las cinco de la mañana cuando una lechuza picoteo la ventana de su cuarto de una manera muy insistente. Hermione por un momento odio al que había escrito esa carta y se levanto para tomar la carta, aun estaba medio dormida pero apenas ella soltó la carta de la pata de la lechuza esta voló de una manera sorprendentemente rápida, de tal forma que Hermione se quedó impactada. Pero fue poco después de ver el sello de la carta y comprendió por que la lechuza se había esfumado.

-¿Hola? ¿Hermione? ¡¿HERMIONE?! – gritó desesperadamente un chico del ministerio al ver que la auror no le prestaba la más mínima atención.

-Disculpa Josh yo… estaba distraída – le dijo Hermione al chico.

-Ya lo note… - agregó el, medio molesto – como sea, tu jefe te manda esto.

Ante la sola mención del jefe de Hermione, que era Harry, esta se sonrojó sin poderse controlar y Josh sonrió entregándole una pequeña nota doblada mágicamente. Hermione la abrió y su emoción disminuyó. La nota decía: "Quiero tu informe para este viernes, hay misión el fin de semana. Harry." ¿Quién se creía que era? ¡Ella siempre enviaba sus informes a tiempo! De hecho, justo antes de salir había enviado el suyo vía lechuza, no quería que tardara en llegar, especialmente si se tomaban en cuenta los acontecimientos de esta mañana con la lechuza y la misteriosa carta.

Hermione arrugó la nota de Harry y se dirigió a su oficina, pisando fuerte a cada paso que daba. En cuanto viera a ese tal James Potter, lo pondría en su lugar, no porque ahora fuera su "jefe" tenía derecho a comportarse de esa manera con ella y por supuesto que ella no se lo permitiría, porque… porque… ¿Qué era todo eso? Tras girar el picaporte de la puerta de su oficina encontró ramos de rosas en su escritorio y una gran lechuza, que levanto la pata apenas vio a Hermione.

"Era mentira preciosa, ya llegó tu informe. Espero te gusten las rosas, te veo en "Las rosas" a las dos para comer. No faltes, es importe. Harry." Y una llave más se rompió. Ella adoraba ese restaurante, pero solo había ido con Harry y con Ron una vez por que a Ron le había parecido "muy cursi, meloso, caro y para enamorados de dinero". Las rosas que acompañaban a la nota eran simplemente preciosas, no eran del típico rojo, sino de un todo naranja, justo el color favorito de Hermione.

La impaciencia comenzó por parte de ella de una forma escandalosa. Si antes no había notado a Josh, ahora no notaba a nadie, ella iba y venía por todo el ministerio sin saber bien que era lo que estaba haciendo, a lo único que le prestaba atención y en exceso era a las manecillas de cualquier reloj, pero estas tardaban tanto en moverse que a ratos pensaba seriamente en ir a buscar su viejo giratiempo y adelantar la cita con Harry… Más no pudo por que estaba atada a estar en el ministerio hasta la una en punto, hora a la que desapareció del lugar y fue a casa para hacer algo que ella hacia muy pocas veces: arreglarse para salir.

A las dos exactas había aparecido en "Las rosas" con un traje ceñido al cuerpo, elegante y discreto gracias a su color negro. Ese era su traje preferido por que la hacía ver más delgada y de un cuerpo más estilizado. Un par de pendientes de cristal cortado hacían juego con un broche que tenía acabados de cristal. Entró muy nerviosa y distinguió de inmediato a Harry, y podía saber que llevaba un traje muggle negro, quizás era el de las rayas verde oliva que tanto le gustaba a Hermione.

-Por aquí, madame – le indicó el recepcionista cuando ella le indicó con quién comería y la castaña lo siguió aunque sabía perfectamente a donde iba. Al llegar, se sentó frente al chico y todo se puso tenso, hasta que llego el camarero para tomar la orden.

-Te vestiste muy elegante – le comento Harry

-No pensaba venir aquí con la túnica de auror – le contestó ella y las risas y la charla comenzó a fluir, aliviando el corazón de ambos. A partir de ahí todo estuvo magnífico, pues el lugar era encantador, tenía al fondo unos músicos de música clásica y ambiental que el daba al lugar un toque de lujo exquisito, a esto se acompañaban unos candelabros parecidos a los de Hogwarts, pero mucho más grandes y finos, había cortinas de terciopelo, manteles de seda, cubiertos de plata y vajillas de porcelana. Además, la abundancia de las rosas era notable en el lugar y hacia tonta la pregunta referida hacia el porqué del nombre de aquel restaurante tan selecto. Hermione no había sido de una familia exageradamente acaudalada, pero ella conocía ese restaurante por las convenciones anuales de los dentistas de Londres, a donde sus papás la llevaban con ellos cada año y de esta forma, se convirtió en su lugar favorito para comer, aunque el bolsillo no se lo permitiera siempre.

Al terminar la comida, Harry invitó a bailar a Hermione una pieza lenta, alegando que sería lo único que podría intentar bailar. En realidad, Harry ahora lo hacía bastante bien, pero el problema era que le cohibía el asunto de baile, especialmente si sabía que lo estaban mirando y eso generalmente sucedía en el mundo mágico, pero en ese lugar, el y Hermione no eran más que dos clientes más del mundo londinense, a quienes sólo se conocía por la referencia de los padres de Hermione y no más. Las manos de pianista danzaban calmadamente, incitando al saxofón y al bajo. Una flauta solitaria hacia su solo cuando Harry, sin aviso previo beso cálidamente Hermione, rompiendo otra llave y dejándola casi desarmada con un solo candado.

Ambos se quedaron sin palabras, sintiendo la desesperación y la angustia por saber si al otro le agradaría ese beso, su primer beso. Al finalizar, separaron sus labios sin ganas, con necesidad de permanecer besándose por siempre, pero desafortunadamente su beso había comenzado al final de la pieza y habían sido observados por medio restaurante. Regresaron azorados a su mesa y nuevamente sin saber que decir.

-¿Supiste lo de la confederación rusa? – comenzó Harry, como para olvidar lo que había pasado en la pista de baile – Quieren contratar a personal de nuestro ministerio…

El corazón de Hermione se contrajo convulsivamente y titubeo sin saber que decir.

-Me parece de muy buen nivel la academia rusa como para que estén buscando personal extranjero – prosiguió Harry – además, ¿quién querría irse a vivir a Rusia por un trabajo como ese?

-Yo – contestó Hermione, tajantemente, mucho más de lo que hubiera querido. – Yo Harry, a mi me ofrecieron uno de esos puestos y me gustaría ir, me ofrecen ampliar mis conocimientos y mi rendimiento laboral…

-¿Cuánto te lo propusieron? – pregunto Harry, muy herido y triste.

-Hoy por la mañana, me llego una lechuza y yo… yo no se que hacer.

-Cásate conmigo – fue la respuesta de Harry. Hermione miro a Harry sin comprender. Harry sacó de su traje negro con rayas verde oliva una pequeña caja que hizo al corazón de Hermione palpitar a rudamente – Cásate conmigo Hermione, te amo… y me iré Rusia contigo si así lo quieres – completo Harry abriendo la pequeña caja y mostrando un anillo con diamante que combinaba con los pendientes y el broche de cristal.

Tres meses después…

-¡Aquí hace un frío del demonio! – Gritó Harry congelado en un prado que no tenía nada de prado por estar cubierto de hielo – Recuérdame… ¿Porqué diablos estoy aquí?

-Porque me amas – contestó Hermione metida en su enorme abrigo, con una sonrisa y dándole un pequeño beso a Harry para seguir buscando la planta mágica que buscaban.


¡¡Hola!!

Se que he tardado milenios en poner este reto, pero he tenido muy poco tiempo y se me ha dificultado actualizar... aun así, aquí esta el reto que fue impuesto por Melrose Cullen, el asunto era que Harry y Hermione estuvieran coqueteando cuando la oferta de trabajo en el extranjero llegará (Rusia) y como punto obligatorio, Harry tenía que proponerle matrimonio a Hermione. Pues bien, aquí esta el reto, espero les guste.

aNdie, ya estoy trabajando en tu reto, proximamente lo subiré.

Nos leemos en el próximo reto, ¡dejen review!

o0osherlino0o