Regulus se encontraba observando a la castaña que se movía de un lado hacia otro diciendo cosas sin sentido. Pero cuando le preguntaba, esta simplemente decía que ahorita le explicaba todo y que estaba arreglando las cosas para que todo saliera perfecto mañana. Estaban ya dentro de la tienda de campaña. Estaba sucia y desgastada. Hermione le dijo algo así como que la había usado por un año con sus amigos pero no se explicó mas.
El se encontraba sentado en un banco de madera astillado que había aparecido dentro. Sus manos descansaban entre sus piernas entrelazadas y su único movimiento era el de la cabeza mientras que veía con un ligero aburrimiento como el cabello enmarañado se agitaba aun mas con cada paso de su cuñada. Hermione seguía con su bolsita de cuentas y estaba con pergaminos y plumas en un lado, después regresaba a su bolsita y luego se metía a lo que supuestamente era una cocina.
-¡Herms!- la castaña paro en seco y levantó la mirada con ojos abiertos de par en par- te vas a caer… ni siquiera te fijas por donde pisas.
Hermione miró al piso y se dio cuenta de que es lo que hablaba el pelinegro. Habían cosas tiradas. Cosas que habían dejado Harry y Ron. Latas vacías. Teteras de metal. Incluso dos o tres camisas.
-Lo siento…- dijo la castaña sentándose en una de las camas y haciendo una mueca.
-¿Podrías explicarme a que te referías con que mañana iremos a Gringotts?- su voz dejaba escuchar un deje de impaciencia que caracterizaba a los Black. Lo sabia ella, estaba casada con uno.
Hermione resopló y pasó una mano por su cabello enmarañado. Regulus no pudo evitar sonreír al ver que su mano quedaba atrapada a la mitad y ella luchó débilmente por liberarla. Al fin lo consiguió.
-¿Recuerdas que te dije acerca… de ser del futuro o un pasado inexistente y todo eso?- Regulus asintió solo una vez, prestando mucha atención- Bueno… Voldemort no soló creo un Horrocrux, hay mas… uno de ellos esta en la bóveda de los Lestrange… Harry, Ron y yo – Black no tenía idea de quienes eran- entramos en mi época legitima para sacar la copa.. el Horrocrux.
Regulus meditó unos segundos. Era muy extraño hablar con alguien que conocía tanto acerca de tantas cosas, pero lo mas extraño era que esas cosas un no pasaban.
-¿Cómo entraron la primera vez?- Hermione se sorprendió. No esperaba que esa fuera la primera pregunta.
-Pues… de la misma manera en la que entraremos esta vez por supuesto- Hermione atropelló las palabras mientras se ponía de pie y caminaba hacia su bolsita. Que estaba en una mesa de madera desgastada. Regulus miraba atento.
Hermione metió la mano hasta el codo y lo movía como buscando algo. Regulus extendió el cuello tratando de alcanzar a ver. El rostro de Hermione se ilumino y dejó escapar un casi inaudible "!Ajá!" mientras retiraba su mano.
Regulus simplemente veía un mar de telas negras en sus manos mientras caminaba hacia donde estaba sentada con anterioridad.
-Cuando planeábamos la búsqueda de otro Horrocrux, algo sucedió… fuimos capturados por carroñeros y nos entregaron a los Malfoy- Regulus abrió los ojos con sorpresa. Su familia – fui torturada por – Hermione dudó – bueno eso no importa, el punto es que conseguí algo….
-¿Qué conseguiste, Herms?- Regulus moría por preguntar que le había sucedido pero la mirada de esos ojos chocolates le indicaban que era mejor no hacerlo… si Sirius lo perdonaba, le preguntaría a el.
Hermione sonrió agradecida de que la pregunta no tuviera relación con su tortura, así que simplemente, sacó de debajo del cordón que unía los dos objetos, los dos frascos pegados. Abrió uno y retiró el cabello negro. Lo levantó y lo puso a una distancia lejos, pero entre sus ojos. Regulus alcanzaba a ver los bizcos del rostro de Hermione que veían fijamente al objeto que estaba entre sus dedos. Reg no veía nada. Se levantó y caminó.
Después de unos pasos, miró una fina hebra negra, enroscada y quebradiza.
-¿Un cabello?- preguntó ligeramente desilusionado. Esperaba un objeto… algo tenebroso, digno de estar en la mansión Malfoy.
-Un cabello… el cabello de Bellatrix Lestrange. El Horrocrux está en la bóveda de los Lestrange- Hermione mencionó con fuerza, haciendo énfasis en cada palabra. Levantó la mirada y la posó en los ojos grises que estaban entrecerrados, como pensando el por que de la necesidad de un cabello.
No dijo nada. Hermione estaba callada. Sabía que Regulus era muy inteligente, y experto en pociones, como lo había sido Snape. Eso lo supo en Hogwarts donde los espió durante varias veces, esta vez mas lejos para que Snape no la encontrara. Habían estudiado pociones muy avanzadas.
Regulus pensaba a mil por hora. Su mirada fija en el cabello. Después la bajó y la posó en las piernas de Hermione. Sobre ellas estaban los otros objetos. Un frasco con una poción espesa y se veía de un sabor terrible y unas túnicas negras que le hacían recordar a… ¡Oh!
-¿Eso… es poción multijugos?- preguntó señalando a los frascos.
Hermione sonrió. No había tardado mucho en darse cuenta.
-Es algo vieja, que va… dos años… pero sigue funcionando correctamente, la hice yo- el tono de Hermione le indicó a Regulus que las palabras eran importantes, pero no dijo nada. – el cabello… no les dije a los chicos, pero tenía dos cabellos… uno lo guardé por si lo necesitábamos después… me alegra haber tomado esa decisión- Hermione sonrió de lado con ligera timidez.
-¿Y exactamente que vamos a hacer?- preguntó Regulus regresando a su banquito.
-Exactamente lo que hice la vez anterior… por eso te necesitaba, ¿qué mejor que ir con un Black para que la actuación salga perfecta?
Regulus frunció los cejas pero Hermione no lo notó. Estaba viendo algo nerviosa las túnicas. Estaban sucias, las tendría que limpiar. Había hoyos debido a las quemaduras, pero todo se podía solucionar con magia.
-¿Y exactamente que es lo que hiciste la vez anterior?- preguntó de nuevo algo frustrado. La castaña simplemente no daba ninguna explicación completa. Simplemente dejaba mas dudas.
-Eh…- se vio ligeramente incomoda. Su cara se contorsionaba en mini muecas y se mordía el labio- tal vez no te guste…
-Herms, dime… te dije que te iba a ayudar.
-Pues… el plan es así: yo tomaré la poción multijugos y me transformaré en Bellatrix. Tu irás conmigo, como mi primo… y pediremos entrar a la bóveda de la familia de su, digo mi, esposo….
-¿Y de casualidad en tu bolsa mágica tienes la llave de la bóveda?- preguntó con un tono de escepticismo.
-No… no realmente, no…- Hermione se sintió ligeramente defraudada. No había pensado en eso. Pero recordó algo.- ¡la maldición imperius!
-¿Qué?- se sobresaltó Regulus. No imaginaba a Herms como una de esas que utilizaban maldiciones prohibidas.
-¡Harry!- exclamó como si fuera suficiente para entender, como si el nombre explicara todo- Harry utilizó la maldición imperius, confundiendo al Goblin, así pudimos entrar.
-¿Y planeas hacer lo mismo?
-¡Lo mismo!
Hermione estaba levantada y se veía muy emocionada. Definitivamente era extraña… estaban hablando de maldiciones y Hermione tenía una enorme sonrisa en el rostro.
-¿Y la maldición… la harás tu, o yo?- Hermione paró de golpe. Miró a Regulus con una mueca de tristeza en la cara- no te preocupes, no es como si nunca la hubiera hecho.
La había hecho ya varias veces, pero lo odiaba. De todos modos, había prometido ayudar a Hermione y sabía que había una buena causa.
-Lo siento, Reg- el muchacho simplemente meneó la mano quitándole importancia.
-¿Sabes que hay muchas cosas que pueden salir mal, no es así?- preguntó Regulus.
-Demasiadas…
-Y dices que nadie sabe que estas conmigo, cazando Horrocruxes.
-Ni un alma
-¿Y si mejor vamos y le decimos a Sirius? Tal vez, el pueda ayu-
-No le dije. A nadie. Nadie sabe acerca de los Horrocruxes. No quiero que sepan- dijo sin mas la castaña sorprendiendo al pelinegro. Su voz era definitiva. Su cuerpo estaba tenso.
-Pero Hermione si algo sucede-
-Si algo sucede, tu desapareces- Regulus sabía que eso era imposible una vez que estuvieran dentro de los laberintos de bóvedas. Pero no dijo nada. Sabía que Hermione también lo sabía. Se quedaron callados por unos segundos en lo que ambos se preparaban mentalmente para lo que pasaría al día siguiente.
-¿Y una vez que estemos dentro?
-Hay una fuente… que quita todos los hechizos. Cualquier maldición o conjuro desaparece y el Goblin puede tocar las alarmas.
-¿Y que hicieron cuando eso sucedió?
-Ese es un detalle- nuevamente se veía incomoda – cuando fuimos, no sabíamos de la cascada…
-¿Y que sucedió?- Regulus preguntó con demasiado interés. A Hermione le recordó a uno de los niños que iban al consultorio de sus padres durante el verano y ella le contaba historias. Era la misma pregunta que le hacía cuando ella pausaba en una parte muy interesante. Sonrió ligeramente.
-Pues… fue un caos. Las alarmas comenzaron a sonar y confundimos al Goblin, llegamos a la cámara y sacamos el Horrocrux. Fue terrible… hay un hechizo.
-Maleficio Greminio… no me sorprende. Todas las bóvedas de los Black la tienen. Seguramente Bellatrix le dijo a su marido… ¿cómo tomaremos el Horrocrux?
-Es lo que se puso complicado, todo se multiplicaba, incluida la copa. No podemos tocarla…
-¿Y como esperas que saquemos una copa que no podamos tocarla, y estoy completamente seguro de que no podemos invocarla?- el plan sonaba cada vez mas peligroso. No le gustaba ni tantito.
-Se multiplica al contacto con la piel… podemos utilizar una varita, cualquier objeto en realidad para tomar la copa.
Regulus asintió. Eso no sonaba tan mal.
-¿Y después?
-Después… salimos, como podamos.
-Vamos Hermione, sal de ahí… el tiempo no espera- decía Regulus con un deje de impaciencia fuera de la tienda de campaña. Le había dado tiempo para cambiarse y estaba recargado sobre un árbol frente a la tienda. Hermione le había dado ropa nueva, de Harry supuso, y la cubría con su capa.
-Lo dices muy fácil, por que vas como tu… en cambio yo voy como una asesina- dijo Hermione desde dentro de la tienda.
Regulus simplemente frunció los labios y resopló. Tenía razón, pero aun así debían de apresurarse.
Escuchó un tropezón desde dentro y como algo se caía. Negó con la cabeza. Esa mujer podía ser algo torpe a veces.
-¡Herms!- masculló entre dientes.
-¡Ya voy, ya voy! Odio su impaciencia Black- dijo mientras salía y se quedaba parada frente a Regulus.
El pelinegro se atacó de risa. No podía evitarlo. Hermione abrió los ojos ofendida y miraba su cuerpo y de nuevo al oji gris que se tapaba la boca.
-¡Deja de burlarte!
-Herms, así no va a burlar a nadie.- dijo una vez que se tranquilizó.
Hermione lo miró desconcertada. Tenía el físico de esa horripilante mujer, y una cantidad de tela negra sobre ella que le impactaba se pudiera mover aun. ¿Como por qué no podría burlar a nadie?
-Hermione… tenemos que hacer algo, en cuanto te vean sabrán que no eres ella, y definitivamente no podemos dejar que nadie sepa que entramos, en especial ella.
-¿De que hablas?
-¡Pareces una adolescente disfrazada de mala!.
Hermione hizo pucheros y Regulus suspiró.
-He convivido toda mi vida con esa asesina que dices… es, segura de si misma. Altiva… siempre con una mirada de superioridad. Tu te ves asustada, nerviosa e incomoda.
-¿Pues que quieres que haga?- preguntó con enfado la castaña mientras se cruzaba de brazos.
-Cuando lleguemos, debes de caminar como si solo tu existieras en el mundo – hablaba con un tono de orden Regulus. Comenzó a caminar alrededor de ella- …hablar como si nadie pudiera contradecirte… mirar como si no hubiera nadie sobre ti… ordenar como si te pagaran por hacerlo… insultar como si te causara placer…
Se colocó frente a ella. La miraba a los ojos. Grises contra negros. Extendió su mano. La castaña natural sabía que ya no había oportunidad de retroceder. Era ahora o nunca. Hermione estaba a punto de tomarla cuando escuchó la ultima orden.
-Y simplemente ser una perra.
Se miraron. Cómplices. Eso era lo que eran. Menos de un día de conocerse y ya eran cómplices en crimen. Hermione suspiró. Estaba incomoda en un cuerpo que no era suyo. Pero era el momento de actuar. Las luces ya estaban prendidas, el escenario preparado. El director esperando y la protagonista lista.
Los dedos alargados de Bellatrix se posaron sobre cada puerta de la entrada al banco de los magos. Inhaló hondo. Las empujó con fuerza.
El sonido de las puertas chocando con las paredes sobresaltó a todos los magos y goblins que se encontraban dentro. Escuchó varias de las torres de galeones que se habían formado, derrumbarse, y se mordió la lengua tragando el "perdón" que estaba por escaparse.
-Altiva- susurró Regulus a su lado. Instintivamente, Bellatrix levantó su quijada y miraba al fondo con decisión. Hombros atrás. Podía sentir a los que estaban ahí alejándose o simplemente desviando la mirada. La mano de Hermione se aferró a su túnica, para que no se viera que temblaba ligeramente.
Los tacones resonaban por todos lados causando un eco. Todos los goblins detrás de sus escritorios, seguían con la mirada a los dos pelinegros que caminaban hacia la oficina principal. Unos miraban con un deje de lamento al pobre compañero que la atendería.
Hermione… es tu momento de actuar.
-¡Madame Lestrange!, gusto en verla- la voz de la pequeña criatura temblaba. Hermione sonreía mentalmente. No era tan pesado como el de la vez pasado. Al menos eso esperaba.
Hermione intentó con todas sus fuerzas sonar convincente.
-De- se aclaró la garganta. Sintió a Regulus ojearla rápidamente – llévenme a mi bóveda.
Su voz sonó dura. Hermione se sorprendió. La ultima vez, esta parte había sido un completo desastre.
-Madame Lestrange, pero si vino ayer- comenzó a hablar el goblin extendiendo sus manos a los lados pero la voz del joven lo interrumpió.
-¿Cuestiona el derecho de Madame Lestrange de visitar su Bóveda? ¿!Eh!? si la señora lo desea, la puede visitar tres veces al día...- Hermione se tensó ligeramente al escuchar la voz de Regulus. Normalmente era calmada, pero ahora sonó grave. Fuerte. Potente. Como todo un Black.
-Claro, claro, lo siento señor Black, Madame Lestrange- suplicaba con la cabeza agachada. Hermione cambió su expresión a una de ternura, pero el discreto pisotón que le dio Regulus la hizo regresar a su expresión fría y su rostro molesto. Nadie pareció darse cuenta.
-Llévenos- habló Regulus una vez mas acercándose al alto escritorio. Hermione sin tener que ver la mirada, sabía que el pelinegro le estaba ofreciendo a la pobre criatura una de las reconocidas miradas de odio y amenaza de un Black. Ella las había visto. Tanto en este Sirius como en el de su pasado, pero definitivamente no era lo mejor para ver. Los ojos grises conseguían helar la sangre de cualquiera. Paralizar a todos aquellos que observaran los ojos. Sentir miedo de tu vida. Simplemente no era algo que la gente quisiera ver.
Al parecer, funcionó. El goblin se puso ligeramente pálido y asentía con vehemencia.
-¿Tiene la señora Lestrange su llave?- preguntó con voz temblorosa.
-¡Ahora!- todos pegaron un respingo con el grito que dio el menor de los Black. La impaciencia presente, y la amenaza sobresaltaba. Hermione permanecía callada esforzándose por mantener esa expresión tan característica de Bellatrix. Fría, calculadora, inalterable.
-¡Caro, claro! Síganme por favor – el goblin saltó de su asiento y comenzó a caminar, seguido por los dos pelinegros muy de cerca.
Hermione podría haber jurado, que todo se mantuvo en silencio hasta que los tres desaparecieron tras una puerta de metal muy pesada.
En cuanto entraron a las profundidades del banco, Hermione no pudo evitar sentir una corriente eléctrica recorrer su espalda. Si cerraba los ojos, podía imaginarse a sus amigos ahí.
Se montaron sobre uno de los carritos que los llevaría a la bóveda. Hasta adelante estaba el goblin controlando cada movimiento del vehículo y la dirección de este. Atrás, muy juntos, Regulus y Bellatrix. De vez en cuando, estos dos se ojeaban algo nerviosos.
Poco a poco, el carrito comenzó a ganar velocidad. El cabello de Bellatrix se movía violentamente alrededor de su rostro. Le picaba los ojos y se le metía a la boca. Sus manos temblorosas lo alejaban pero trataba de no moverse. Cualquier movimiento podía delatarla. Eso dijo Regulus. Simplemente esperaba no tener los mismo problemas que había tenido con Harry y Ronald.
-¿Ves eso?- la voz de Regulus la sacó de sus cavilaciones. Fue solamente un susurró mascullado por entre los labios. Hermione no estaba segura de haberlo escuchado. El aire se azotaba a sus oídos. Lentamente y en un poco trayecto, Bellatrix volteó a ver al pelinegro. Este, abrió los ojos aun mas y meneó levemente la cabeza con dirección al frente.
Bellatrix levantó la mirada y se asustó. La cascada.
-Prepárate- dijo la pelinegra de la misma manera que había hablado el pelinegro.
Instantáneamente Regulus sacó su varita y la pegó a su pierna. La punta de esta estaba apuntando a la espalda de la criatura. Hermione sacó un frasco delgado y alargado, lleno de un liquido negro. Todo iba de acuerdo al plan.
-¡La catarata de los ladrones!- gritó el goblin señalando al agua que caía de ningún lugar. El agua salpicaba las vías y simplemente caía al vacío. Bellatrix y Regulus se voltearon a ver. En cuanto sus ojos se conectaron asintieron. Debían de actuar de acuerdo al plan.- ¡Prepárese señora Lestrange!
Bellatrix no dijo nada. Simplemente aferraba su fuerza al pequeño frasco que estaba entre sus manos.
Estaban a metros del agua. El corazón de la bruja latía con fuerza. Esperaba que funcionara. Esperaba… rogaba por que funcionara. No sabía si iba a ser efectivo el plan. Su corazón se lo recordaba. Sus manos temblaban ligeramente y sus labios estaban fuertemente apretados. Sus ojos negros no se despegaban del agua, que estaba cada vez mas cerca. Seis metros.
Cinco metros.
Cuatro metros.
Tres metros…
Dos…
Comenzaba a sentir las gotas y en cuestión de segundos estaba siendo cubierta por los fuertes chorros. No había tiempo que perder. Era momento de que el plan funcionara. Solamente esperaba que lo hiciera.
El goblin giró la cabeza. Abrió los ojos al ver a una castaña vestida con ropas mas grandes. Regulus se puso de pie al mismo tiempo que el goblin.
La criatura se lanzó sobre el botón que anunciaba la entrada de ladrones.
Regulus se lanzó por igual. Las manos del pelinegro empujaron por el abdomen a la criatura antes de que esta apretara el botón.
El goblin gritó.
Hermione guardó el frasco en su bolsillo y dio un paso largo para tomar control del volante. Sus planes no estaban funcionando.
Regulus forcejeaba con el goblin.
-¡Ladrones! ¡auxilio, ladrones!- Hermione estaba pálida. Asustada. Sus manos trataban de controlar temblorosamente el diminuto volante, pero el carrito iba con mucha velocidad.
-¡Hermione, controla el maldito carro!- gritó Regulus antes de que el goblin le pateara la quijada. Las manos de Regulus se hundieron en el cabello de la criatura y jaló de ella contorsionando el rostro de una manera extraña y grotesca. Hermione estaba paralizada. No sabía como control la maquina. Su cabello húmedo se secaba rápido con la velocidad creciente. Tiró de su cabello con desesperación.
-¡Ladrones! ¡ladrones!
Tiró del freno de mano que se encontraba a la derecha. Lo jaló con fuerza. El carrito se desvió en una partición y dio un brinco. Por la fuerza del movimiento. Los dos que forcejeaban se despegaron ligeramente del suelo del vehículo y cayeron con un fuerte "¡pum!". Ambos chillaron con dolor pero continuaron forcejeando.
Hermione, debido al súbito salto del coche, tiró de mas el freno y se quedó estática cuando el torniquete se separó por completo. En su mano estaba la palanca del freno. Lejos de los frenos.
-¡Hermione!- gritaba Regulus con las dos manos del goblin empujando su rostro hacia atrás, por el cuello. Para ser una criatura muy chiquita era muy fuerte.
Hermione no sabía que hacer. Se estaba desesperando. Actuó sin pensar.
-¡Imperio!- la sensación fue… extraña.
Fue como si sus venas fueran inyectadas con alguna substancia desconocida. Su sangre se mezclaba con un liquido que ardía. Quemaba sus venas. Pero no dolía. Era una sensación… placentera. Hermione desechó el pensamiento. Le recorría el brazo. Nacía del pecho y se extendía lentamente por su brazo, el antebrazo y su mano. Entumeció sus dedos y salió de su varita.
La criatura dejó de forcejear. Ya no se movía. Tenía una mirada embobada.
Hermione ya no sabía que hacer. Seguía con su varita apuntada al evidente hipnotizado goblin.
Regulus rápidamente se puso de pie y se puso junto a la castaña que tenía los ojos abiertos de par en par como en una especia de trance. Regulus se dio cuenta de esto y levantó su mano para bajar lentamente el brazo de Hermione.
-Vaya plan que teníamos- sonrió de lado con ternura. Hermione se la regresó y rió ligeramente. Vaya plan que tenían…
-No funcionó- admitió sonriente la castaña. Su cabello volaba con fuerza y el goblin controlaba al carrito sin frenos. Regulus miró la mano izquierda encontrándose con la palanca que había arrancado. Rió negando con la cabeza.
-Me queda claro.
Ambos se sentaron esperando a que llegaran a su destino.
-¿Y la poción?- preguntó el pelinegro. Sin voltearlo a ver, sacó por unos segundos el frasco que estaba en su bolsillo y lo guardo.
-Mejor lo dejamos para salir.- su voz era clara. Casi un susurro. Estaba muy nerviosa lo podía ver.
El carrito comenzó a bajar su velocidad. Se detuvieron. Hermione miró extrañada a la criatura. ¿Cómo habían frenado? No importaba, en cuanto estuviera en tierra fija mejor.
-Bienvenida a su bóveda, madame Lestrange- habló el goblin señalando a la puerta redonda que había a su derecha. Hermione tragó. Regulus le ayudo a bajarse y le indico su bolsillo. Era el momento.
Hermione tomó el liquido negruzco en su totalidad. En cuanto la terminó, sintió los horripilantes cambios físicos que se experimentaban con la poción multijugos. Su cara cambió. Su nariz se alargo, su cabello creció y aumentó de volumen. Aumentó varios centímetros y su cuerpo se llenó un poco. Volvía a ser Bellatrix.
-Hay que apresurarnos- susurró Regulus observando los ojos chocolate cambiar de color a unos negros feos.
Siguieron al goblin y mientras este distraía al pobre dragón, Herms y Reg se encaminaron a la bóveda. Regulus miraba hacia el otro lado.
-¿Qué?- preguntó en un susurro bastante confundida y asustada Bellatrix. Por un momento pensó que alguien mas estaba ahí.
-La bóveda de los Black- apuntó hacia el otro extremo del lugar. Hermione no dijo nada. Regulus dejó de mirar. Se posaron frente a la bóveda de los Lestrange. Nuevamente, la piel de Bellatrix se erizó.
Cuando llegó el goblin, la puerta se abrió.
-Tómese su tiempo- dijo con demasiada cordialidad la criatura, volteándose para darles espacio. Hermione se reprochaba. Sabía que actuaba así por su maldición. Se sentía mal de haberla usado. Ella no hacia eso. Pero tuvo que hacerlo.
Todo por el bien de Harry y Ron… todo.
Cuando estuvieron dentro, Hermione ni siquiera se dio tiempo de apreciar las riquezas que estaban a su alrededor. Simplemente miraba a la pequeña copa que se encontraba al final de la habitación.
-Recuerda no tocar nada- su voz sonaba extraña. Como en automático.
Con mucho cuidado, ambos comenzaron a caminar. Esquivaban galeones que estaban derrochados en el piso de forma descuidada. Se agachaban para pasar bajo las espadas que estaban fijas en las armaduras de oro que cubrían las paredes. Levantaban sus túnicas para evitar rozar las muchas joyas que estaban en los cofres de oro que estaban puestos en desorden sobre el piso.
Por fin estaban frente a la copa. Hermione no alcanzaba, ni de chiste. Pero Regulus… el si podía.
-No la toques- dijo Hermione con tono de amenaza. Regulus simplemente levantó una ceja. El tono sonaba extraño viniendo de ella. Pero cuando giró y vio a Bellatrix, se le hizo mas desconcertante. Su voz ya no sonaba tan dura como para ser de su prima. Meneó la cabeza y enfocó su mirada en la pequeña y simple copa.
Regulus dio un paso y sacó su varita. Temblaba ligeramente su mano. Solamente se escuchaba la pesada respiración de Bellatrix y la de el. La aceró a la copa. Se detuvo. Sintió una gota escurrir. Salir de su cabello, desviarse por su ceja y perderse por su cuello. Acercó mas la varita. Temblaba su mano. Mucho. Respiró hondo. Liberó el aire. Pasó la punta de su varita por una de las asas. Levantó la varita. Rápidamente, la copa dejo de estar sobre la repisa y Regulus bajó con velocidad la copa. Bellatrix ya estaba preparada y con la bolsita de cuentas abierta de par en par. La copa cayó dentro con un "¡Tatz!".
Suspiraron. La tenían.
-Ahora solo nos queda salir de aquí- sonrió Regulus. Hermione asintió.
Se encaminaron a la puerta de la bóveda. Se sentía cansada. Todo el nervio y la desesperación la había agotado.
Regulus fue el primero en salir con una ligera sonrisa.
Bellatrix lo siguió.
-¡Bella! Que gusto verte aquí.
í﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ ca o...se morderior?- pregunta encontrara. habñiaerlo...nterioridad.
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