Era más pesado de lo que parecía.

O Viktor más débil de lo que creía.

Prefería creer lo primero.

"Sesenta y nueve..."

"Sí, ese es el número de tu habitación."

El japonés soltó una risita tonta.

"Viktor me está llevando al sesenta y nueve..."

Presionando los labios juntos, Viktor apenas y contuvo su risa. ¡Qué chico para más atrevido! Aunque...

"¿Qué edad tienes?"

La respuesta llegó en japonés.

"No te entendí..."

"Cuatro menos que tú" el japonés no debía recordar cómo se decía el número en inglés. "Años... Más o menos."

"Okey" asintió Viktor, "entonces tienes... ¿veintitrés?"

"¡Veintitrés!" Aseveró el japonés, "eso."

"Aquí estamos" Viktor arrastró fuera del ascensor al nipón y avanzaron por el pasillo un par de puertas, "habitación número sesenta y nueve."

Riendo en su fuero interno, Viktor deslizó la tarjeta electrónica y empujó la puerta, metiendo al asiático, entrando él y cerrando después.

Lo arrojó sobre la cama y se inclinó para quitarle los zapatos y las medias, haciendo un ovillo estas últimas y metiéndolas dentro del zapato derecho.

"¡Qué calor!" Viktor alzó la mirada, encontrando al japonés desabotonando su camisa sin cuidado alguno.

"No, no" subiendo a la cama, Viktor lo detuvo, "déjame a mí, terminarás por romper algún botón."

"Puedo hacerlo solo" protestó el chico.

"No, no puedes" sonrió Viktor, "ahora sé bueno y déjame a mí..."se quedó en blanco.

"No sabes mi nombre" rio el japonés, "sin nombre no hay poder."

"¿Cómo te llamas?"

"Boca cerrada" sonrió con malicia el nipón.

"Oh, ¿en serio?" Viktor imitó la acción del menor, "¿estás seguro?"

Un asentimiento fue la respuesta.

"Te lo preguntaré una vez más" indicó Nikiforov, "¿estás seguro?"

Tras recibir la misma respuesta, Viktor encogió los hombros.

"Conste que te lo advertí."

Y se lanzó sobre él.