Sorry por todas esas fans tan fans de Luke, pero creo que a partir de ahora todos los capítulos volverán a ser con BPOV.
Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mío.
Capítulo 36: Examen
Respiré hondo, intentando calmar los nervios que me recorrían de arriba abajo. Me temblaban las piernas y empezaba a sentir un sudor frío en la nuca.
— Venga, Bella —me animó Emmet—, seguro que lo haces bien.
Le sonreí y me mordí el labio. El enorme vampiro me desordenó el pelo y bufé. ¿Qué manía tenía la gente con hacerme eso?
Me inundó una oleada de paz— Lo más probable es que Finnick también lo haya hecho bien —dijo el vampiro culpable.
Miré la puerta que llevaba a la Manzana con algo de temor— ¿Estáis seguros?
Emmet bufó— ¡Oh, venga! Te he visto pasar la carrera de obstáculos, el examen teórico y la prueba de armas con sobresaliente.
Hice una mueca al recordar las pruebas. Estaba segura de que había fallado al menos dos preguntas en el teórico, por no hablar del tiempo abismal que había tardado en acabar la carrera y mi torpeza en la evaluación con las armas al dejar caer el rifle sin querer y hacer un agujero en el techo.
— ¿Has visto mi examen teórico? —pregunté con ansiedad.
Emmet gimió—Sí, y lo has hecho perfecto.
— ¿Tú crees? —pregunté, mi atención desviándose de repente hacia un tic nervioso en mi pierna que la hacía temblar.
Jasper puso una mano en mi rodilla para para el movimiento— Lo harás genial, en serio. Ahora solo has de relajarte —y volvió a enviar otra oleada de tranquilidad.
Me relajé contra el asiento. Calmarme, solo debía calmarme. Debía pensar en flores, prados, días soleados… No debía pensar en lo que me podía esperar en ese examen. Decían que explotaba tus debilidades. ¿A qué se refería eso? ¿Cuáles eran mis debilidades? Lamentablemente tenía demasiadas, seguro que no les había costado demasiado encontrar alguna. ¿Y sí tenía que pasar por algún sitio estrecho? ¿Y si me encontraba con mucha sangre y me desmayaba? ¿Y si…?
— ¡Bella! —dijo Jasper con diversión y exasperación en la voz.
— Lo siento —murmuré sonrojándome.
Emmet rio entre dientes— Ahora entiendo por qué Alice no quiso venir.
Jasper puso los ojos en blanco, sabiendo que la razón había sido porque no la habían dejado salir. Ellos dos habían sido los únicos que habían podido escapar de sus trabajos mientras duraba mi examen.
Me mordí el labio y miré a mis compañeros, que estaban igual que yo en la sala de espera. Todos parecían estar bastante nerviosos. Eso me tranquilizó un poco.
O quizás había sido Jasper.
— ¿Iréis al Capitolio? —les pregunté.
Emmet sacudió la cabeza— La mayoría de los instructores se van, así que me han dejado aquí para que me quede al mando de los jóvenes reclutas.
Sonreí— Pobres.
— ¡Hey! —protestó— No soy tan malo.
— He oído que hiciste a varios chicos llorar, Emmet —dije.
Emmet puso los ojos en blanco— Nenazas, si no pueden aguantar unos pocos gritos, ¿cómo se las apañarán en una guerra?
Jasper y yo compartimos una sonrisa— ¿Y tú?
El vampiro rubio asintió— Se necesitan todos los soldados que se puedan tener.
— Y un Teniente no puede faltar, ¿verdad? —pregunté levantando las cejas.
Jasper hinchó el pecho— Que sepas que en Tejas fui un Mayor.
Reí disimuladamente— ¿Y estás intentando recuperar tu rango?
— No es como si fuera muy difícil —dijo—, llevo unos cinco meses aquí y ya me han ascendido a Teniente. ¡Y un buen tiempo lo pasé en una celda!
— Sí, bueno, como yo —dije amargamente.
Jasper hizo una mueca y me sentí un poco mal por recordárselo. Emmet me miró con una expresión adolorida y le cogí de la mano.
— ¡Hey! —les dije— Ya lo he superado. Y, total, vamos a ir a patear el trasero de Snow por todo lo que me ha hecho pasar, ¿no?
Jasper sonrió— Exacto.
— Isabella Swan —llamó una voz mecánica.
Emmet me dio un apretón con la mano que aún no le había soltado y Jasper me sonrió para animarme y me mandó una ola de seguridad. Armándome de valor caminé con paso firme hasta la puerta.
— ¡Suerte, Izzy!
— Lo harás bien.
— ¡Tú puedes, chica!
Les sonreí a mis compañeros y abrí la puerta.
Charlotte me esperaba al otro lado de la puerta. Me tendió un pequeño auricular y un rifle. No dijo nada pero me guiñó el ojo y, con su propia arma en alto, se dirigió a los edificios que había en la acera de la calle.
La seguí. Ambas nos pegamos a las paredes de las casas y empecé a sentir como se evaporaba el nerviosismo mientras iba avanzando lentamente detrás de Charlotte y miraba con recelo los tejados de los edificios.
Los "Agentes de la Paz" no se hicieron esperar demasiado. Invadieron la calle en la que estábamos y Charlotte y yo empezaron a dispararnos. Evidentemente las dos contestamos con más tiros por nuestra parte.
Me escondí en la casa a la que estábamos pegadas y Charlotte me siguió. Desde la ventana seguí disparando a nuestros atacantes.
— ¡Oh, no! —dijo uno de ellos cuando le di en el pecho— ¡Veo la luz! —por la voz supe que era Luke— Soy demasiado joven para morir —cayó al suelo de rodillas—. Decidle a mi familia que la quiero —todos paramos de disparar para observarle—. Menos a mi hermana, que me ha disparado. ¡Yo te quería Bella! ¿Cómo me traicionas de esta manera?
Uno de los que estaban a su lado, que por la altura sospechaba que era o Paul o Gale, le pegó otro tiro. Luke soltó un grito desgarrador, alzó una mano hacia el cielo y se desplomó.
— Os quiero decir a todos que… —empezó.
Tanto los "Agentes" como Charlotte y yo le acribillamos a disparos. Luego nos quedamos un rato mirando a Luke para ver si volvía a decir algo.
— Para que sepáis estoy con la lengua fuera, pero con este estúpido casco no se ve —nos informó.
Cuando pareció que Luke no iba a moverse de allí, seguimos con nuestra batalla. Era evidente que nos iban a ganar, pero una patrulla de rebeldes salió de uno de los edificios y se mezcló con los Agentes para acabar con ellos.
Entonces emergió de una de las casas un niño pequeño con una mochila azul de la escuela a la espalda. No debía de tener más de cinco años. Con expresión determinada se acercó a uno de mis compañeros, que estaba peleándose a puñetazos con un Agente, y se le abrazó a la pierna.
La explosión me tumbó de espaldas y me di con la cabeza contra el suelo.
Me levanté con un pitido molesto en las orejas. Donde antes habían estado mis compañeros ahora tan solo había un cráter negro con jirones de ropa y algunas extremidades sangrientas por el medio. Y en el centro del cráter había los restos de una mochila azul.
Sabía que no había sido alguna mina ni tampoco bombas o granadas tiradas por alguien de los alrededores. Lo que solo podía significar que había sido el niño.
Tragando saliva salí de las ruinas de la casa. Al menos no se me habían caído demasiados escombros encima.
— ¡Swan, Swan! —un equipo de rebeldes apareció por la calle— ¿Estás bien? —era Paul el que lideraba— Hemos oído la explosión y…
Pero entonces de otro edificio salió la pequeña Flora. Con el pelo recogido en dos trenzas y una mochila azul en las espaldas. Una horripilante mochila azul.
— ¡Paul! —gritó Flora.
— ¡Flora! —exclamó Paul con una sonrisa.
Mi amigo en un futuro vampiro se agachó y abrió los brazos para que su hermana pequeña pudiese ir corriendo a ellos.
Pero yo sabía lo que pasaría si Flora llegaba a abrazarse con Paul. Todo mi equipo de rebeldes quedaría fulminado.
Tragué saliva y levanté el rifle. Me temblaban las manos. ¡Era tan solo una niña! ¡Y la hermana de Paul! ¡Era Flora!
Sentí como se me llenaban los ojos de lágrimas y empecé a bajar el rifle. Flora rio y echó a correr.
Supe entonces qué debilidad estaban manipulando. Mi compasión, mi bondad. Un soldado ha de ser duro hasta en los momentos más difíciles, ha de ser una máquina.
Susurré mis disculpas para Flora y Paul y disparé.
El cuerpo de Flora apenas hizo ruido al caer al suelo.
La explosión que le siguió poco después sí.
Charlotte me guio a la puerta de salida de la Manzana, con una mirada de arrepentimiento y una sonrisa de compasión.
— Lo has hecho bien —me dijo.
Un soldado me recibió en la salida. Me tendió un brazalete negro con cierre de velcro y un 451 cosido en rojo.
— ¿Debería ir a la peluquería? —le pregunté haciendo una mueca.
Todos aquellos que se estaban preparando para la batalla habían sufrido un cambio de look. A los hombres les habían cortado el pelo bastante corto (a lo militar, supongo), mientras que las mujeres se habían visto obligadas a lucir melenas cortas como los chicos antes de ser rapados.
El soldado, que ya había sufrido su corte de pelo rio— No, tengo entendido que una de las diseñadoras montó un pollo tremendo sobre eso. A Plutarch no le hacía demasiada gracia, tampoco, así que me parece que todo tu pelotón se queda con el pelo largo —me miró con envidia.
Se me escapó una sonrisa al pensar en Luke. Me había burlado a más no poder de su nuevo corte de pelo, y el único consuelo que había encontrado el pobre era que tarde o temprano yo iba a sufrir algo similar.
Al parecer no.
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Oliver me esperaba fuera. Al verlo me derrumbé y me lancé a llorar a sus brazos.
— Flora… y la bomba… y Paul… y la mochila… y Flora —sollocé incoherentemente.
Oliver me abrazó y me dio unas palmaditas en la espalda, que mucho no ayudaron. Cuando vio que había dejado de temblar se separó y me miró a los ojos.
— ¿Qué ha pasado, Bells?
Sorbí por la nariz— El examen en la Manzana iba bien, estábamos luchando contra unos Agentes y no me dieron ni a mí ni a Charlotte. Pero entonces aparece un niño con esta mochila azul y se abraza a uno de los Agentes, y todo explotó.
— ¿Un niño bomba? —preguntó Oliver con los ojos muy abiertos.
Asentí— Y luego sale Flora de quién sale dónde con la misma mochila. Y se va corriendo hacia Paul. Yo sabía que Flora era una niña bomba también, y que no debía llegar a su hermano, así que… así que…
Oliver me miró con comprensión— Bella —dijo apoyando las manos en mis hombros y mirándome fijamente a los ojos—, era simplemente una simulación. No has matado a Flora, ¿vale?
— Pero, ¿y si he de hacerlo? ¿Y si he de matar niños inocentes? —me sequé las lágrimas— Ya tuve que hacerlo en mis juegos. Tuve que matar a niños. ¡No quiero volverlo a hacer, Oliver!
— ¡Y no lo harás! —exclamó— Y no lo harás, Bells —repitió más suavemente—. Por mucho que te digan que los soldados deben de obedecer las órdenes de los demás y ser como robots no es así, no pueden forzarte a hacer cosas que no quieras. Estás luchando para conseguir un futuro libre de violencia para los niños, no lo conseguiréis matando niños.
— ¿Tú crees?
Asintió— Y sino siempre puedes quedarte aquí sin luchar —sugirió.
Entrecerré los ojos— Ni loca.
Oliver rio entre dientes— Lo que me imaginaba —se puso serio de nuevo—. La cuestión, Bella, no es lo que te verás obligada a hacer por esta guerra, sino lo que estarás dispuesta a hacer para conseguir lo que quieres.
Me mordí el labio— Crees que Luke y yo hemos cometido un error alistándonos al ejército —afirmé.
Oliver sacudió la cabeza— Cada uno tiene su manera de luchar por sus objetivos, y si todos nos quedásemos en las cocinas no habría quién fuera a la guerra.
— Pero la guerra es mala —dije—, muere gente por cosas sin razón
Oliver levantó una ceja— ¿Crees que nuestra causa es una sin razón? Bella, estamos luchando por nuestra libertad. Si no peleásemos seguiríamos reprimidos por quién sabe cuánto tiempo más. Las guerras son malas, sí, pero en ocasiones son necesarias. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Asentí— ¿Por qué toda nuestra familia tiene una extraña tendencia a dar discursos patrióticos?
Oliver, que se había enterado hacía tiempo de la charla motivadora de Luke en el hospital, rio— Creo que es porque nos pones demasiadas películas.
— Bueno, de todas formas logran su cometido —dije—; recordar por lo que estamos luchando.
— Sí, bueno, y también sirven para que tu familia se burle de ti por el resto del siglo —comentó con sarcasmo.
Sonreí— ¿Por qué no me llevas de nuevo a las cocinas? Puedo ayudar un poco y siempre me va bien visitar a Esme.
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Esme se alegró mucho de verme en su zona. De hecho, me recibió con un largo abrazo y tan solo me soltó porque olía que se le estaban empezando a quemar las patatas.
— Puedo ayudar un poco, ¿no? —pregunté.
Oliver me lanzó un delantal a la cara como respuesta. Sacándole la lengua me lo puse y empecé a pelearme para conseguir atar el lazo.
— Déjame a mí —dijo Oliver al final con un resoplido.
— Por algo sabía que eras mi hermano favorito —le sonreí dulcemente.
Oliver puso los ojos en blanco— A trabajar. Ahora eres mi pinche y harás todo lo que te diga.
— ¡Sí, señor! —le hice un saludo militar.
Oliver se detuvo delante de una encimera vacía— ¿De verdad os hacían hacer eso?
— ¡Por supuesto que no! —contesté— Aunque tengo entendido que Emmet sí que hace que sus reclutas le saluden así.
Esme resopló y sacudió la cabeza— Ese chico…
— Córtame esas zanahorias —me ordenó Oliver—, y luego los tomates y las cebollas —añadió apuntando a cada ingrediente con un cuchillo.
No pude evitar sentirme como en casa, a pesar de tener a una veintena de trabajadores a mi alrededor que no paraban de moverse, aparte de ruido casi ensordecedor de las cocinas. Me recordaba a esas tranquilas tarde donde Oliver y yo preparábamos la cena (bueno, más bien él la preparaba y me iba dando órdenes de vez en cuando).
— Yo sé cocinar, ¿sabes? —le dije una vez.
— A eso no se le llama cocinar, Bella. No sé cómo has podido arruinar unos macarrones de esa manera —me dijo él.
— Estaban muy malos, sí —aportó Luke que estaba sentado en la mesa con Tobías.
— Los macarrones no son mi especialidad —les dije entonces.
— Pues debería enseñaros a hacer unos macarrones estupendos —declaró Oliver—. No podéis ir por la vida sin saber hacer un plato de pasta.
— ¡Que sí que sé cocinar! —protesté.
Pero Oliver nunca me hacía caso, y había de admitir que su comida siempre era mucho más rica que la mía, así que no le veía la razón a quejarme.
— Oye, Esme —le pregunté a mi futura suegra mientras cortaba los tomates—. ¿No tienes algunos problemas de vez en cuando trabajando aquí? Quiero decir, fijo que hay alguien que se debe de cortar de vez en cuando.
Esme me sonrió— He aprendido a controlarlo bastante —dijo y una pequeña parte de mí se preguntó si era debido a mi fiesta de 18 cumpleaños que tuve en Forks—, además, luego está que el olor de la comida lo camufla casi todo. Cuando salgo de aquí lo primero que hago es irme al bosque para respirar hondo.
— ¿Sabes que Jasper va ir al Capitolio? —le dije.
Esme asintió— Lo comentó el otro día con toda la familia —y desvió la vista hacia la banda que llevaba rodeando el brazo—. Supongo que eso significa que has pasado todos los exámenes y tú también irás, ¿verdad?
— Sí, he de admitir que estaba muy nerviosa —dije—. Y creo que he puesto a Jasper y a Emmet un poco de los nervios.
— Y a Edward —añadió Esme—, tengo entendido que lo llevas loco con todos los códigos y las armas y que si apenas duermes por la noche por los nervios…
— Estará aliviado ahora que he acabado con todo, entonces —dije.
Oliver me lanzó una mirada de pena por el pobre Edward, pero yo no podía sentir compasión por mi prometido. No cuando había estado intentando sabotear todos mis intento de estudio, me había dado mucho la tabarra para que no estudiara tanto y hasta me había sobornado con besos para que me fuese a dormir antes.
Me gustaría decir que no caí en sus sobornos, pero Edward y sus besos son muy convincentes.
— En realidad no —dijo Esme—, ahora que has pasado los exámenes significa que estás un paso más cerca de ir a luchar al Capitolio. Y eso lo tiene bastante preocupado. A todos en realidad.
Me sequé una lágrima que se me había escurrido del ojo debido a las cebollas. Sobre todo al pensar en que, si lo que decía Paul era cierto, no volvería a ver a mi familia después de partir hacia la guerra.
— Sí, bueno… —no sabía qué decir— Es algo que tengo que hacer.
— Lo sabemos —me sonrió Esme—, y por eso no hemos dicho nada.
— Edward lo ha intentado —refunfuñé.
Esme rio— Edward es Edward, cielo, si pudiese te metería en una burbuja de plástico y no dejaría que nada peligroso se te acercase.
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Esa misma tarde tuve mi primera patrulla con Luke, que me estaba haciendo de guía y explicando exactamente que debía hacer.
En teoría, claro.
—… muy orgulloso de que hayas pasado —me iba diciendo—, incluso si me has matado. Pero te perdono por eso.
— ¡Caray! Gracias, que considerado eres.
Sonrió— Lo sé —y entonces me miró con tristeza—. Siento que hayas tenido que hacer eso. Yo sugerí que te enfrentaras a la herida de un compañero o algo, por lo de la sangre y eso, pero no me hicieron caso. Al principio hasta querían que fuese Tobías en vez de Flora, pero Tyra y yo logramos convencerles de que hay mucha diferencia entre matar a un niño inocente y matar a tu sobrino. Además de que era muy poco probable que te llegases a encontrar una situación así.
Me estremecí por un momento ante la perversidad del Distrito 13, que, aunque lo ocultara, era igual que la del Capitolio. Me pregunté qué pasaría entonces con los ciudadanos del Capitolio después de la guerra.
— ¿Hey, Luke? —dije— Hoy quería decirte una cosa…
Luke levantó una ceja— ¿Qué es?
— Tan solo… —cogí aire—. Si por casualidades de la vida te encuentras cerca de un bombardeo cuando estés en el Capitolio… no vayas a ayudar, ¿sí?
Luke frunció el ceño— ¿Bella?
— Solo sal por piernas, por favor. Luke, prométeme que harás eso.
Luke me miró con confusión— Está bien —dijo—, te lo prometo.
Y pude respirar con algo más de normalidad.
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No sé cuántos de vosotras os habíais olvidado de que Luke en teoría también iba a morir, porque Bella no lo ha hecho.
Ahora me doy cuenta de que estaba siendo muy cruel con el pobre Oliver.
Besos, CF98
