Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.
Atención: Antes de leer, primero escuchen la canción Moscow Nights, interpretada por Dmitri Hvorostovsky. La he puesto en wattpad en la cabecera. No es obligatorio, pero esta canción es mencionada más adelante y me gustaría que la tuvieran fresca para entender el contexto de esa escena en particular.
Cap 34: La leyenda supone
San Petersburgo, Julio 2016
El cuarto de Yuuri, cuando llegó en la madrugada, estaba completamente a oscura. Eso le sorprendió, pero le demostró que Yuuri había cubierto las ventanas para que las noches blancas no afectaran su horario de sueño. Además, Vicchan no dejaba de corretear, ladrar y subirse a sus piernas mientras él intentaba llevar a Yuuri a salvo y conseguir el interruptor para encender la luz. Víctor pensó que Vicchan debía estar aburrido por haber estado solo todo el día.
No importó cuánto se movió ni cuánto Vicchan ladró, Yuuri no despertó. Entre la falta de visibilidad, el cuerpo pesado de su bailarín inerte en brazos y la euforia de Vicchan, Víctor terminó golpeándose el pie con la punta de la cama, donde se dio mucho más fuerte de lo que hubiera pensado, y cayó encima de Yuuri sobre el colchón. Gruñó sin poderlo evitar. Víctor pensó en mover la cortina para que la claridad de la noche entrara y pudiera ver mejor, pero entre la inquietud de Vicchan y su propio pie enviando ondas de calor, decidió dejarlo así. Acomodó como pudo a Yuuri en la cama y apenas se percató de algunos afiches al lado de ella. Todo lo que pudo ver fue uno con el rostro de Lilia, así que imaginó que, probablemente, eran reportes de sus producciones. Demasiado afectado por el dolor que no cedía, salió de la habitación y cerró la puerta, dejando a Vicchan dentro de ella.
Al llegar al mueble de la sala, lo primero que hizo fue quitarse los zapatos y revisar su pie tras retirar el calcetín. Por un momento temió lo peor; a estas alturas una fractura de dedo meñique por darse contra un mueble sería lo más ridículo que pudiera pasarle en su carrera. Por fortuna, no fue más que un dolor que empezó a suavizarse cuando su pie se vio liberado del encierro. Y así, cediendo a la necesidad de descansar y esperar que este pasara, Víctor terminó recostado en el mueble y eventualmente se quedó dormido.
Esa fue la odisea de Víctor Nikiforov llevando a salvo a Yuuri Katsuki a su propia cama.
Cuando abrió los ojos, se encontró en un ambiente desconocido, además de dolerle la espalda y el cuello por la mala posición. Le bastó tratar de estirarse para darse cuenta de dos condiciones anómalas en su rutina al dormir. Primero, estaba vestido; en específico tenía aún el pantalón y la camisa desabotonada que había llevado a la cena, sin los calcetines puestos. Y segundo, no estaba en su enorme cama King sino en un modesto mueble.
Víctor pensó que pudo haberse quedado dormido con Yuuri en su cama pequeña, pero no fue así; estaba en el mueble de su sala, justo al frente de la sencilla mesa de comedor. Observó las paredes completamente blancas del apartamento, carentes de cualquier cosa que le diera personalidad, mientras los recuerdos no tardaban en volver. El apartamento de Yuuri era muy pequeño y frío, para su gusto, y estaba decorado como si no pretendiera quedarse por mucho tiempo allí; como si fuera una amenaza latente de partir. Víctor quiso saber por qué Yuuri no había decorado un poco el lugar, aunque pensó que, quizás, estaba ahorrando para comprar un apartamento más adelante.
Se dio una vuelta, mientras pensaba en los compromisos que tenía pendientes para ese día. Empezaba con la cita al psicólogo deportivo a las ocho, la cual no había dejado de ser una visita protocolar. El hombre no había sabido ganarse su confianza y él no tenía tantos conflictos de los cuales hablar. Cuando estuvo falto de inspiración, el psicólogo le dio las típicas soluciones que pudo haber encontrado en artículos de internet. De todos modos, reconocía su importancia y cumplía con las citas.
Suspiró hondo y miró hacia el techo pálido que le dio la bienvenida, resignado a tener que levantarse para iniciar el día. Después de todo, Yuuri seguramente despertaría con resaca y él quería atenderlo antes de irse, y así asegurarse de que estaría bien. Ya que amaneció allí sin que ese fuera el plan, al menos lo haría valer.
Lo primero que hizo fue bañarse. Por fortuna, Yuuri era bastante ordenado y tenía toallas limpias en el baño, que aunque pequeño, cumplía con su función. Víctor no pudo evitar la necesidad de revisar todo lo que había allí, esperando encontrar cosas interesantes de su bailarín. La hojilla de afeitar le sorprendió; no le había notado nada de vello facial a Yuuri, en cambio él sí tenía que afeitarse casi todos los días. Continuando con la búsqueda, se percató que Yuuri mantenía perfectamente todo en orden, e incluía también un pequeño bolso con material de primeros auxilios, curas, bandas, incluso gasas y antiséptico. Cuando su curiosidad fue saciada, decidió dejar de revolver lo que Yuuri guardaba con tanta precisión y se apresuró a tomar una ducha. Echó de menos su shampoo porque Yuuri, mostrando otro grado de practicidad, se conformaba con un dos en uno común.
Cuando acabó, tomó una toalla prestada y se volvió a vestir con la misma ropa. Al menos se encontraba ya fresco para iniciar el día. Fue hasta la cocina, revisó la alacena para ver que tenía de ingredientes y que podía cocinar con ellos. Quería prepararle un sencillo caldo reparador para que Yuuri pudiera pasar su resaca. A pesar de ser temprano, ya había movimiento en la pequeña cocina mientras Víctor cortaba la verdura y pensaba que Yuuri necesitaba un nuevo cuchillo con mayor filo. Con esa idea en la cabeza prosiguió con los preparativos hasta que el aroma de la comida despertó a Vicchan, quien comenzó a raspar la puerta de la habitación con ansiedad.
Víctor imaginó que Yuuri aún estaba dormido y no estaba seguro de sí los chillidos de Vicchan lograrían despertarlo esta vez. Se acercó para abrirle la puerta de la habitación, aunque al agarrar el pomo logró escuchar la alarma de Yuuri. Se había pasado rápido el tiempo si ya eran las seis y media. Sin esperar nada más, rodó el seguro, abrió la puerta y asomó la cabeza, lo que provocó un grito de Yuuri y que cayera sobre él una almohada.
—¿Quién es? —Yuuri gritó histérico. Gracias a la luz que se colaba de la sala, Víctor fue capaz de ver un poco de los panfletos de Lilia y otra mujer que había del lado de la cama y el cabello despeinado de Yuuri, sin sus lentes. Considerando que no podía ver a distancia…
—Soy yo, cariño. Lo siento, ayer me quedé dormido en tu mueble. —Se inclinó a recoger la almohada y escuchó un chillido como de pterodáctilo desde la cama—. ¿Yuuri?
Lo próximo que ocurrió lo dejó más sorprendido. Yuuri casi se cayó de la cama para sacarlo a empujadas del cuarto y cerrarle la puerta en la cara. Víctor se quedó con la almohada en las manos, la mirada desubicada y escuchando varios ruidos detrás de la madera. Por supuesto, ¿qué esperaba de aparecerle así, tan temprano en su propio apartamento? Era natural que Yuuri hubiera reaccionado de esa manera si se pensaba solo. Quizás hasta lo interrumpió en algo importante. Víctor, con una sonrisa ladina, gracias a aquel pensamiento tan desentonado con el ambiente, se animó a tocar la madera, y como las sorpresas no podían acabar, Yuuri abrió y lo empujó para quitarlo del camino. Esta vez, se dirigió de lleno al baño y resbaló para caer de rodillas sobre el retrete.
—¡Yuuri!
No, no había interrumpido nada comprometedor de Yuuri. Lo que provocó fue que la resaca diera aparición. Víctor empezó a escuchar los ruidos característicos de las fuertes arcadas junto al esfuerzo de Yuuri por medio de gemidos lastimeros. Entre abrió la puerta, ya que no la dejó cerrada, y lo encontró en el suelo devolviendo todo lo que había comido en la noche. Víctor se quedó en silencio, mirando a Yuuri hacer el soberano esfuerzo mientras se veía palidecer.
Sí, allí estaba la resaca. Víctor lo vio con pesar al notar lo mal que Yuuri se encontraba.
Para tratar de ayudarlo, fue hasta la cocina y sirvió un vaso con agua tibia con el que volvió al baño. Aprovechó para tomar uno de los paños limpios y se arrodilló tras Yuuri, a quien le regaló unas palmaditas en la espalda mientras él parecía estar descansando luego de las arcadas. Le ofreció el vaso de agua, y Yuuri no hizo más que enjuagarse, con el rostro húmedo de sudor. Ya el retrete lo había bajado.
—Esto es vergonzoso… —su voz sonó rasposa y tímida. Víctor se dedicó a dejarle un par de besos en la cabeza, mientras notaba las leves gotas de sudor que se acumulaban sobre su nariz y mejillas—. Me estoy muriendo… me levanté de la cama y fue sentir que todo me dio vueltas.
—Bebiste mucho ayer… Lamento haberte asustado, no pensaba quedarme aquí pero me quedé dormido en tu mueble. —Yuuri solo renegó, como si eso fuera lo de menos en ese momento.
—Esto es vergonzoso… —gimió Yuuri, hundiéndose en la humillación. Para Víctor nada de lo que estaba pasando afectaría lo que sentía por él. Solo era un color más, uno entre tantos de los maravillosos matices que Yuuri poseía como persona. Y eso quiso hacerle ver al pasarle de nuevo el agua para que siguiera hidratándose.
—¿Recuerdas cuándo te dije que quiero conocer todo lo vergonzoso que tengas? —Yuuri levantó su mirada vidriosa, tan llena de pena que terminó conmoviéndolo—. No me molesta esto, Yuuri. —Apartó los mechones negros de su frente ya sudada. Tuvo que suspirar cuando a Yuuri le volvió otra arcada y terminó apoyándose de nuevo en el inodoro.
A Yuuri se le daba muy mal el alcohol, le quedaba claro. Y lo pensaba no solo por lo que había ocurrido un mes atrás, sino también por lo que Chris le comentó que había pasado en esa fiesta de Sochi. Él no recordaba cuántas había bebido esa noche, pero estaba seguro de ya estar bastante afectado para cuando llegó al Pub. Yuuri quien sabe cuantas había bebido, pero claramente no tenía ningún tipo de control y fue tanto que se descompensó, razón por la que Christophe tuvo que llevarlo a emergencias. Y pocos tragos ya era suficiente para que Yuuri perdiera todo tipo de filtro, como para ponerse a flirtear con él en público o bailar hasta convertirse en el centro de atención en un pub. Entendía con mejor claridad porque le medían las bebidas en el grupo.
Víctor dejó de pensarlo y lo ayudó a levantarse al notar como las piernas del bailarín tambalearon al tratar de contener su peso. Estuvo allí esperando hasta que Yuuri lograra enjuagarse la boca mientras lo sostenía de pie con un abrazo suave, sin ningún tipo de reproche. En otro tiempo pudo darle exactamente igual ver a alguien en ese estado pero con Yuuri era diferente, le preocupaba. Y quería proveerle calma y bienestar, muy a pesar de lo afectado que se encontrara su cuerpo.
—¿Te llevo al cuarto? —preguntó al tenerlo abrazado de un costado, para auxiliarlo al salir del baño. Estaba muy débil como para moverse, pero pudo hablar, tras carraspear.
—No… el mueble. Está más cerca del baño.
—Okey —susurró y cuando llegaron al mueble, Víctor lo ayudó a sentarse. Yuuri no tardó en acostarse tembloroso, diciendo cosas como 'te diste cuenta', 'los viste', 'es vergonzoso'. Víctor no supo a qué se refería, pero no pensó prestarle atención en ese momento, no con Yuuri así—. Tranquilo, amor; nada de lo que vea de ti a estas alturas minimizaría lo que siento.
Víctor se hizo consciente del peso de esas palabras, tras escucharse al pronunciarlas, pero no pudo negarselas. Lo que estaba sintiendo por Yuuri iba en aumento y él ni siquiera podía cuantificar hasta qué nivel. Y observando a Yuuri, quien le miró entre sus pestañas negras y húmedas por las lagrimitas atoradas, seguro por el malestar y el esfuerzo, Víctor supo que no podía ni quería hacer nada para retrasar el proceso. Comenzar a amarle sería el curso natural.
Se acercó manso para dejarle un beso en su frente y otro en su mejilla pálida. Al lado, Vicchan chillaba como si pudiera sentir el dolor que debía sentir Yuuri en el estómago.
—Ahora te voy a servir el caldo que preparé para que lo tomes. Tengo que ir a atender unos asuntos pero volveré al mediodía a ver cómo te encuentras.
—No tienes que venir… igual debo practicar…
—No así, ya le avisaré a Lilia que estás indispuesto.
—Tengo que presentarme esta noche… —La voz de Yuuri sonaba rasposa, seguro afectada por los vómitos.
—Entonces toma lo que te serviré, reposa y recuperarás fuerza. Es milagrosa, ¿te acuerdas? —Yuuri asintió entre temblores, mientras Víctor le acariciaba el cabello—. Me sirvió en muchas ocasiones antes de la competencia. Menos mal que tenías todos los ingredientes.
Se levantó y se dirigió a la cocina para tomar un tazón y dejar allí el caldo caliente en la mesa. Mayor sorpresa se llevó cuando Vicchan se movió y regresó de la habitación con una manta en su hocico, arrastrándola en todo el camino, para dejarla a los pies de Yuuri. La mascota debió pensar que Yuuri temblaba de frío y Víctor, encantado con la dinámica que le hacía pensar en su Makkachin, tomó la manta para cubrir a Yuuri. Revisó que todo estuviera en orden antes de partir y encargó el cuidado del bailarín a Vicchan, no sin antes dejar un nuevo beso a ambos en la frente.
Por fortuna, la resaca no pasó a mayores. Cuando fue al mediodía, Yuuri se derramó en disculpas y Víctor sonrió al verlo mucho mejor, un poco pálido aún, pero al menos capaz de moverse. Todo lo que había comido era el caldo que le había dejado antes de irse, por lo que decidió sacarlo a almorzar para después dejarlo en la academia. Yuuri no dejaba de mantener la mirada al suelo, o en sus manos, o en sus zapatos. Lucía ropa cómoda y el morral de ballet lo tenía a un lado de su asiento. Víctor le contó de su pequeño accidente con la punta de la cama y su pie. Sirvió para distraerlo, porque Yuuri perdió todo color ganado al saberlo y se mostró preocupado por el estado de su dedo.
Víctor le explicó que había aprovechado la mañana para revisarse el pie y sacar las placas reglamentarias, a pesar de que incluso la inflamación inicial había bajado, y por fortuna, se descartó cualquier lesión. Luego, le comentó haber ido al psicólogo deportivo y Yuuri asintió mucho más relajado. Le hubiera gustado decirle lo encantador que era cuando se emborrachaba y contarle todo lo que le dijo estando ebrio, pero prefirió no tocar el tema. Sentía que si mencionaba algo más, Yuuri desaparecía por la vergüenza, y él debía recuperar sus fuerzas para presentarse en la noche.
Sin embargo, sí había un tema que le estaba dando vueltas en su cabeza desde esa noche. Uno que le hacía sonreír apenas lo volvía a pensar. Era un pensamiento recurrente que había tenido desde antes y que el mismo Yuuri confirmó, al escucharlo hablar alebrestado por el alcohol.
Así que, aprovechando que estaba ya en la pista y Yuri se encontraba contra la barrera tras descansar de sus prácticas, se acercó para apoyarse en el mismo lugar. El adolescente no le dirigió la mirada, seguía con esa mueca malhumorada, enojado por los constantes regaños de Lilia a pesar de que habían avances. Víctor se ajustó los guantes y suspiró como si todo lo que hubiera en la pista fuera el aroma de su postre favorito.
—Oh Yuri. —El adolescente le miró y por un momento él se imaginó como un pavo extendiendo todas sus colas de colores y haciéndolas vibrar de emoción—. ¿Sabías que Yuuri es mi fan?
El agua, que estaba pasando por la garganta de Yuri, terminó escupida al aire y derramada en el cuello y la pista. Víctor no dejó de mostrar esa encantadora sonrisa de corazón mientras Yuri superaba la sorpresa.
—Eh… no sabía —dijo fingiendo demencia, pero a esas alturas para Víctor era más que claro que sí estaba al tanto de ello. Sonrió más, mordaz, mientras se inclinaba como si buscara entender más del secreteo entre ambos Yuris, pero todo lo que provocó es que Yuri se sonrojara al desviar la mirada.
—Mientes. Sí sabías. —Yuri rodó los ojos y le enfrentó. Víctor no podía sentirse mejor; si así estaba con saber que Yuuri era su fan, no tenía idea de cómo sería cuando se acostara con él.
—¿El cerdo te dijo?
—No le digas cerdo. —Yuri rezongó diciendo que Yuuri se lo pidiera si no le gustaba el apodo. Víctor negó sin mucha fuerza—. Y bueno, no directamente, pero ayer estaba borracho y empezó a hablar maravillas de mi patinaje.
Poco faltó para que Víctor se echara a volar mientras escuchaba a Yuuri hablando con tanta propiedad de su estilo de patinaje, programas y técnicas. Se sintió por momentos un globo de helio que era llenado y subiría hasta el espacio exterior si fuese soltado. Fue sorpresivo, su corazón latió eufórico mientras lo escuchaba hablar. Ganas de besarlo y hacerle el amor poco le faltaron, pero quería escuchar todo cuanto Yuuri pudiera decirle antes de eso y descubrir esa faceta que cada vez se estaba haciendo más evidente ante sus ojos, aunque no creyó que llegará a ese nivel. El admiraba el arte de Yuuri, era estimulante saber que Yuuri también admiraba su arte en el hielo.
Había pensado al inicio, cuando las sospechas iniciaron, que a Yuuri le gustaba el patinaje artístico desde antes y que conocía bastante de él, lo que sostenía la posibilidad que tuvo Yuuri de ser patinador, según palabras de Lilia. Luego, intuyó que era fanático de algún otro patinador excepto él, pero resultó ser lo más evidente: era su fan. ¿De quién otro sino de él, que era la leyenda del patinaje? Ahora quería saber detalles al respecto y estaba ansioso de tocar el tema el próximo domingo, en su salida a la ópera.
Lo que más le gustaba al pensarlo, es que Yuuri no actuó como un fan común. No se aprovechó de eso, aunque bien pudo haberle pedido algo como: 'firmame una revista o cómprame las entradas para verte a cambio de ayudarte'. Por esa razón, se había conformado con saber que Yuuri no lo admiraba ni conocía demasiado de su patinaje más allá de lo que dijera la prensa pero, conforme el tiempo pasaba con Yuuri y notaba más y más propiedad de él al hablar, una posibilidad se había encendido en su corazón. Y al fin pudo comprobarla.
—Ya lo venía sospechando —le explicó a Yuri, animado por hablar con alguien sobre su descubrimiento—. Se nota que Yuuri maneja muy bien los conceptos de patinaje, ya suponía que algo así podría ser, pero como Yuuri jamás actuó como mis fans comunes…
—Él no quería que supieras —le dijo Yuri, mientras cerraba la boquilla de la botella—. Yo sabía desde antes; se la pasaba cuchicheando en el estudio de ballet con su amiga, de ti. Hasta que llegaste, claro.
—¿Por qué no quería que yo supiera? —Eso sí que le dejó intrigado. Yuri solo resopló.
Podía recordarlo. El adolescente tenía muy fresca la noche que, después de patinar Ágape, ambos se sentaron en las gradas mirando la pista vacía y las líneas de los patines que Yuuri usó prestados. También había estado intrigado, Yuuri no lo hacía nada mal a pesar de no haber saltos difíciles ni piruetas complicadas. Yuuri se movía en el hielo como si fuera otro de sus elementos. Así que quiso saberlo: ¿Por qué? ¿Por qué no fue patinador? ¿Por qué admiraba a Víctor pero no estaba en la pista de hielo? ¿Por qué?
Yuuri no contestó ninguno de esos porqué, pero sí se animó a responder otro: ¿Por qué no quería que Víctor supiera que era su fan? Después de todo, por eso fue que aceptó el patinar a Ágape. La respuesta lo sorprendió y provocó, al mismo tiempo, ganas de vomitar.
—Él creía que si te decía que era tu fan te ibas a enojar o ibas a perder interés —le reveló, Víctor se mantuvo en silencio—. Me parecía ridículo porque igual, fuiste tú quien estaba detrás de él como una maldita pulga —rezongó sin controlarlo—. Pero según Yuuri, si tú te enterabas, ibas a pensar lo contrario. La verdad no entiendo como puede pensar en cosas tan complicadas. ¡Me enferman!
Víctor le dio la razón a Yuri, no entendía de donde Yuuri podría pensar en algo tan retorcido como eso cuando él estaba consciente que fue quien lo buscó, quien lo siguió y quien provocó que al final lo ayudará. Aunque, eso también explicaba mucho el primer comportamiento de él cuando le mostró Eros y cuando fue a buscarlo en su departamento. El silencio, el extremo nerviosismo… por un momento pensó que era que no le agradara y sus usuales encantos no tenían efectos en él, pero comprendió que eran sus nervios al estar con alguien que admiraba. Todo cobraba un tinte distinto al pensarlo.
Así pasaron dos días y el domingo llegó. Víctor le estaba dando vueltas a un asunto tras lo descubierto, mientras hablaba con Yuuri por teléfono y acordaron la hora del encuentro. Distinto a los otros domingos, Yuuri decidió no verse desde temprano. Le comentó que quería practicar con Irina antes de que se diera la audicción por Sigfrido el lunes, además de dejar a Vicchan en la peluquería perruna. Víctor consideró que podría llevarlo a donde lleva a Makkachin, pero Yuuri le hizo saber que no podría pagar esos servicios. Que ya había una que él conocía y Vicchan ya estaba acostumbrado a ella.
Tras lo conversado con Yuri, Víctor se encontraba preocupado porque no sabía cómo sacar el tema de Yuuri siendo su fan sin que sus palabras fueran malinterpretadas por él, como ya había ocurrido anteriormente. Además, veía necesario tocar otro punto importante y temía que si primero hablaban de su fanatismo, entonces eso segundo perdiera validez. Eso lo tuvo pensativo; meditaba sus opciones y buscaba las mejores soluciones al respecto, aunque él debía admitirse un tanto inexperto en el amor. Vivir una relación no era como hacer negocios con promotores o patrocinadores, ni como ir a competir por una medalla, mucho menos cuando se trataba de Yuuri.
Con Yuuri sentía que amar era como probar una nueva receta todos los días: podía seguir los pasos y las medidas, pero los resultados nunca estaban asegurados; aunque, precisamente por eso, lo hacía tan estimulante, excitante y encantador. Confiaba que con el tiempo, amar al igual que en la cocina, le llevaría a dominar las recetas establecidas y a animarse a experimentar con nuevas, cuando se conozcan los suficientes para saber qué eran capaces de crear estando juntos.
Al irlo a buscar en la tarde, encontró que no había nada de qué preocuparse porque Yuuri seguía siendo el mismo de siempre. Correteaba de un lado a otro mientras terminaba de alistarse para la ópera. La espina que había ido masticando inconscientemente, empezó a disiparse al verlo de nuevo. Los labios de Yuuri tuvieron el efecto analgésico para sus preocupaciones.
Rio mientras escuchó a Yuuri hablar de los pormenores con la peluquería para Vicchan y miró al perro todo desganado bajo el muebl,e sin ánimos de salir a saludar. También se ofreció a ser quien peinara a Yuuri, porque le gustaba mucho como se veía con la frente despejada, y disfrutó del delicioso placer de pasar sus dedos en el cabello negro, mientras Yuuri estaba sentado en una de las sillas del comedor y él peinándolo desde atrás. Por último, discutieron tontamente por el tema de la corbata. Para Víctor, esa corbata le quedaría mejor a un Yuuri de cincuenta años, pero Yuuri estaba empeñado con decir que era su corbata favorita y no hubo forma de convencerlo de dejar aquella pieza de color celeste en casa.
Tras un largo beso, que casi le hizo olvidar la función de esa noche y la corbata, partieron al teatro. Aunque a Víctor le quedó viva la sensación de los dedos de Yuuri acariciándole indolente la curva baja de su espalda, mientras le rozaba la lengua.
—¿Te preocupa algo? —preguntó Víctor, mientras ubicaba la fila de autos que ya estaban haciendo línea para el valet parking. Venía notando que Yuuri no dejaba de verlo para luego mover las manos de forma nerviosa y desviar la mirada al vidrio.
—Pues… te ves muy bien hoy.
—Oh, me di cuenta por ese beso antes de salir. —Miró de reojo el adorable sonrojo que ocupó el rostro de Yuuri y la sugestiva manera en que se atrevió a relamer sus labios así, en su presencia, cuando estaba manejando—. Es parte de la colección de Ralph Lauren, lo compré ayer.
Quería algo distinto para esa ocasión, así que un traje de tres piezas de la colección de verano le pareció lo más adecuado. El color gris suave del pantalón y el chaleco junto al rosa crema de su camisa le daba un aspecto fresco, elegante y vanguardista. Yuuri lucía un saco negro común y corriente combinado con una camisa blanca, pero aún así, le encantaba verlo.
—Me alegra que sea eso y no el tema del jueves —se animó a decir, esperando ver alguna reacción. Yuuri se limitó a contener el aire un momento para luego soltarlo y mirarlo a través de la montura de sus lentes azules. Le encantaba el brillo en sus ojos cuando rebosaban seguridad.
—¿Esta bien para ti, no? Pensé que… te molestarías. Me preocupaba eso.
—Me gustas mucho, Yuuri… —le aseguró, inclinándose para darle un beso que, por fortuna, Yuuri también buscó. Fue pequeño, no podía dejar de atender el flujo de los autos al teatro—. No quiero que dudes eso.
Tenía ganas de abrazarlo, de besarle con tantas ansias hasta que cualquier duda que Yuuri tuviera de su relación, se disipara. Porque Víctor había llegado a la conclusión, de que a pesar de todo lo que habían avanzado, Yuuri aún tenía dudas de la naturaleza de su relación y de lo mucho que estaba empezando a convertirse él en su vida. No de sus sentimientos, no lo sentía así, pero si Yuuri creía que por ser su fan o verlo en resaca él dejaría de quererlo, entonces aún guardaba dudas. ¿Cómo hacerle sentir lo contrario?
Víctor había escogido ese día para la cita porque Dmitri Hvorostovsky estaría en el Teatro Mikhailovsky. Era una estrella en Rusia y uno de sus barítonos favoritos; él adoraba su música desde que era niño, ya que era muy escuchada por su madre y sus abuelos maternos.
¿Y qué mejor compañero para una ópera que alguien que amaba tanto la música como Yuuri? Víctor a veces se perdía en la expresión embelesada y encantada de Yuuri, en la forma en que sus ojos brillaban y su rostro rebosaba de pasión y de fascinación al escuchar. Incluso, se sorprendía cuando era capaz de verlo tararear algunas de las letras, para luego avergonzarse al saberse observado. Que ganas de besarlo. Que ganas de hacerle el amor con solo caricias mientras le miraba. Víctor disfrutó de la velada hasta dejar por completo toda preocupación fuera de su pecho.
Cuando sonó la bellísima tonada de Noche de Moscú, Víctor no pudo contenerse. Se inclinó para cantársela al borde del oído, en voz bajita, solo para que Yuuri fuera capaz de entender cada sílaba que brotaba de él. Sintió a Yuuri estremecerse, lo que le impulsó a continuar, porque Víctor deseaba hacérsela sentir con cada poro de su piel, aprovechando la compañía de la orquesta y las voces de ambos cantantes. Para ello, le mantuvo sujeta la mano mientras le cantaba con esmero, incluso cuando Yuuri volteó y ahora su canto, siendo un murmullo, le besó esos labios entreabiertos. Su voz meliflua, sentida, acariciaba el rostro de Yuuri mientras le dedicaba esa canción.
Podía percibir su emoción a través del roce de sus manos, ya que Yuuri le acariciaba conforme la canción sonaba y la cantaba. Víctor se animó a continuar; le era deliciosa la sensación de intimidad que se había creado entre ellos estando en el teatro, como si estuvieran encerrados en una burbuja donde solo importaba su voz y la emoción en los ojos de Yuuri. Nunca lo había hecho y, si era sincero consigo mismo, jamás pensó hacerlo, pero Yuuri sacaba cosas de él que le eran desconocidas. Y era agradable percatarse de todo el proceso de autoconocimiento que había iniciado desde que querer a Yuuri se volvió parte de sus días.
Tenía tantas ganas de besarlo… cuando lo sintió temblar por el agarre de sus dedos, Víctor deseó dejar morir las notas de su garganta para ocupar su boca en la de Yuuri, que se veía ansiosa de recibirlo. Anhelaba tanto dejarse llevar por ese deseo que pugnaba por abrirse, pero se contuvo, por un bien mayor. Y al finalizar, los ojos de Yuuri le sonrieron y brillaron como dos velas en la oscuridad. Víctor le sonrió, contentó, paladeando esa última frase mientras las cuerdas y las voces se entregaban al clímax de la canción.
—No te olvides de estos veranos y las noches de Moscú —terminó de cantar en susurros, contra la boca de Yuuri, la misma que recibió de recompensa. Cuando acabó la canción, probó de los labios de Yuuri un largo y sentido beso, y se envolvieron con un abrazo sincero para sentirse más cerca mientras los aplausos arreciaban sobre ellos.
—Aunque… —musitó Yuuri, al separarse solo un poco. Víctor era capaz de ver rayos rojos entre las irises marrones de su bailarín—. Deberíamos decir San Petersburgo, ¿no?
Víctor rio enamorado y le dejo un beso en la frente antes de convidarlo a apoyarse en su hombro para seguir viendo la función.
—San Petersburgo, Moscú… la luna si quieres, Yuuri. Pero nunca olvides estas noches...
Esperaba Yuuri no dudará más.
Al acabar el evento, ambos salieron abrazados del teatro junto a todas las figuras y algunos turistas. Víctor saludó a unos cuantos y se dio el lujo de presentar a Yuuri, aunque en esos momento volvió la pequeña espina que había abandonado minutos atrás. Afortunadamente, no les quitaron demasiado tiempo en conversaciones banales y los dejaron despedirse. Víctor tenía prisa por salir del teatro para llevar a Yuuri a un lugar a comer, ya había reservado una terraza íntima para disfrutar de la bellísima noche blanca. Necesitaba hablar de ese tema pronto y poner fin a esa sensación de ingravidez que existía, quizás, solo en su cabeza. Al menos así podría estar en paz con Yuuri.
—Me gustaría traer a mi maestra Minako a algo así… —Escuchó a Yuuri, mientras caminaban bajando las escaleras, tras haber avisado al valet parking de su retirada. Yuuri le abrazaba su cadera y él lo rodeaba por su hombro.
—¿Minako?
—Oh… es que la maestra Minako me dijo que vendría. Quiere venir para ver mis funciones como Romeo y Sigfrido, si gano ese papel de nuevo, para finales de Julio. —Víctor se quedó pensativo con esa nueva información, sin dejar de ver el rostro sonrojado de Yuuri—. Ella fue mi primera profesora de Ballet. Fue la prima ballerina del Royal Ballet en Londres.
—Sí, sí, lo recuerdo, solo no pensé que vendría a Rusia.
—Yo tampoco… me sorprendió esta mañana con la noticia. —Continuaron el descenso de las escaleras mientras hablaban—. Pero me gustaría aprovechar. Además… quiere conocerte.
Conocer a una de las personas que habían estado con Yuuri desde que era pequeño, era como presentarse a sus padres. Víctor se sintió sumamente dichoso y estuvo a punto de hacerle saber eso, pero fue interrumpido por varios periodistas que esperaban por él bajo las escaleras del teatro.
Yuuri hizo el ademán de querer esconderse, pero Víctor lo agarró firmemente del hombro, para evitar que se escurriera al ver a la docena de entrevistadores acercándose con cámaras y flashes, a quienes les sonrió como era habitual. No le molestaría tanto la interrupción si no fuera por el hecho de que estaba en una salida romántica con Yuuri. Ya había respondido fuera del estadio de práctica a sus preguntas sobre las asignaciones en la serie de Grand Prix precisamente para evitarse esto. Sin embargo, Víctor sonrió despampanante, y abrazó con fuerza a Yuuri a su costado, con la idea de acabar con el interrogatorio pronto.
—Víctor Nikiforov, ¿qué opina usted de las asignaciones para la serie del Grand Prix? —'¿De nuevo?' pensó, pero se limitó a responder al ver los micrófonos extendidos hacia él.
—Opino que será una temporada interesante. Hay jóvenes talentos que no puedo perder de vista, pero confió que con mis nuevos programas de esta temporada, todo irá bien.
—¿Se refiere a su tema llamado pasión? —interrogó otro. Víctor miró de reojo a Yuuri, quien estaba en silencio observando los rostros desconocidos mientras le apretaba el chaleco en su espalda. Pero también notó a los periodistas buscando acercarse a él, así que interpretó por completo el porqué lo habían abordado con las mismas preguntas allí.
Bueno, si querían escuchar a su fan número uno, se los daría.
—Así es —dijo confiado—. Daré lo mejor de mí y traeré el oro a Rusia. Tengo a mi musa al lado para hacerlo. —Yuuri respingo al escuchar que se refería a él, pero Víctor reforzó su apoyo con el agarre en su hombro. Toda la atención se dirigió al bailarín.
—Sr. Katsuki. —Víctor sonrió orgulloso a las cámaras listo para escuchar las preguntas—. ¿Cómo ve la nueva temporada del pentacampeón del mundo? ¿Cree usted que pueda ganar?
Como si intentara encontrar las palabras, Yuuri abrió la boca pero la cerró de inmediato. Sus ojos atribulados buscaron la mirada de Víctor y él quiso transmitirle a través de los suyos que tenía completo permiso de adueñarse del escenario. Que hiciera escuchar su voz, que él estaba orgulloso de encontrarse allí con él. Víctor notó el modo en que los ojos de Yuuri volvieron a adquirir el color de granos de café tostado, y cuando lo vio devolver la mirada a los periodistas, su corazón retumbó.
—E-estoy seguro de que Víctor ganará en la serie de Grand Prix Final —La voz de Yuuri comenzó dubitativa, pero adquirió fuerza conforme hablaba—. Los programas de Víctor de esta temporada son los mejores en mucho tiempo. ¡Sé que nadie podrá quitarle los ojos de encima! ¡Volverá a sorprendernos como siempre lo ha hecho!
—¡Y he contado con la valiosa participación y apoyo de mi musa! —No tardó en agregar, abrazándolo mientras las cámaras los enfocaban. Se sentía feliz y muy orgulloso de tenerlo a su lado, y a pesar de la interrupción inesperada aprovecharía el momento para que nadie dudara de ello—. Yuuri ha hecho que mis programas lleguen a otro nivel, su sensibilidad artística ha sido toda una fuente de inspiración inagotable para mí.
Los periodistas se veían satisfechos y Víctor esperaba que eso significara que los dejarían continuar con su velada. Tenía algo importante que decirle y ellos estaban estropeándolo al retenerlos por más tiempo. Pero un periodista decidió preguntar más.
—Sr. Katsuki. ¿Qué opina usted de la crítica que publicó Mijail Vinográdov sobre su actuación de Romeo?
Los flash hicieron silencio para él. Yuuri se quedó mudo, mientras las luces caían sobre ellos y las cámaras no dejaban de mirarlo, esperando cualquier cosa para convertirla en una primicia. Víctor dibujó una sonrisa tensa, incluso, le fue imposible no apretar el hombro de Yuuri por ello. No esperaba esa pregunta, pero tenía la respuesta perfecta para ella, la misma que se había contenido a darle a Mijail de frente cuando se enfrentó con Lilia y Yuuri, días atrás. Y esta vez no pensaba callarse.
¡Al diablo la prudencia!
—Me temo que Vinográdov pasó demasiado tiempo en Estados Unidos y perdió la capacidad de disfrutar un buen espectáculo de ballet ruso. —Los flashes cayeron sobre él mientras capturaba el momento que buscaban—. Vean ustedes mismos la interpretación de Yuuri como Romeo y saquen sus conclusiones. No podrán dejar de verlo bailar. —Víctor casi leyó en los rostros de los periodistas el sabor de la polémica, la gula disparada al obtener lo que habían ido a buscar. Polémica—. Ahora, si nos disculpan, mi novio y yo vamos a continuar con nuestra salida.
Sin dar más tiempo a los periodistas, Víctor sonrió como despedida y apresuró el paso, llevándose a Yuuri con él, a quien sintió tenso. Por fortuna, su auto ya venía a ser entregado por el valet parking, y apenas estuvieron frente a él, recibió las llaves y apresuró la salida.
Hubo silencio. Víctor lo sintió necesario y al menos quiso aderezarlo con un poco de música clásica a bajo volumen, mientras pasaban el mal trago. Su mano apretaba el volante y la palanca de cambios mientras se movía en las calles de San Petersburgo, en dirección al restaurante. Le era imposible contenerse, se encontraba irritado. No era ese el final que buscaba para su noche.
No obstante, el toque suave de los dedos de Yuuri sobre la mano que tomaba la palanca, le hizo ver que no estaba todo mal. Sabía cuánto le había afectado a Yuuri ese tipo para que fuera mencionado justamente esa noche, pero el roce fue relajante le instó a mantener la calma y respirar. Incluso a dejar de apretar con tanta fuerza el volante y la palanca.
—Lamento eso… —soltó. De reojo vio a Yuuri con la mirada en el vidrio, solo los conectaba el toque de sus manos—. No pensé que fueran a preguntar eso.
—No te preocupes… más bien, gracias por contestar… Yo no supe qué decir y todo cuanto se me ocurría, hubiera sido incorrecto.
—¿Entonces no estás molesto? —Yuuri negó, con una ligera sonrisa en sus labios—. ¿No crees que fui un poco duro con…?
—Victor, no te haces una idea de lo que me hubiera gustado decir así que… no, estuvo bastante bien. —Víctor miró de reojo la calma en los ojos de Yuuri y se animó a detenerse. Encontró un buen lugar para ello, a pesar de estar lejos del restaurant.
—¿Estás seguro? —dijo Víctor, después de haber apagado el motor del auto. Yuuri le miró sin entender. Todo lo que los rodeaba era la música de fondo, con el silencio que le confería el lugar solo envuelto por violines y lejos de la gente que caminaba alrededor—. Pensé que te molestaría por lo que discutimos aquella vez.
—Esto es diferente —le hizo saber—; Mijail no solo ofendió a Lilia y a mi, si no también al resto del equipo. —Victor relamió sus labios, mientras lo miraba. Yuuri prefería desviar su mirada—. Además, fue una provocación por parte de la prensa.
—Es bastante común, ya estoy habituado. —Se obligó a relajarse y, ya sin la necesidad de manejar, se llevó la mano que Yuuri había dejado sobre la suya en la palanca, para besar sus nudillos con devoción—. Lamento en verdad esto… Hoy quería que fuera especial.
—Sigue siendo especial, Víctor.
Yuuri, para minimizar la tensión del ambiente, se acercó para buscar un beso de Víctor, uno que este no tardó en responder. Fue pequeño, lento, no contaba más que con sus labios y aún así, se sintió tan íntimo, tan necesario, que no hubo necesidad de cambiarlo ni de dejarse llevar por la pasión o de buscar profundidad. Así, como fue, resultó perfecto. El gesto correcto para que Víctor dejará la sensación que venía arrastrando y los temores infundados que se habían acumulado desde esa discusión. Se separaron con un chasquido sentido que hizo eco en el espacio del auto.
—A veces tengo la impresión de que dudas de lo que siento por ti —soltó por fin, como si el beso hubiera sido suficiente para abrirlo. Yuuri no se apartó, pero sí bajó ligeramente la mirada.
—Todavía es un poco increíble…
'Porque es mi fan, porque cree que no me merece, porque siente que estoy más alto de lo que realmente estoy'; Víctor no necesitaba escucharlo en voz alta para poder comprender qué se trataba de eso, que había estado desde el principio y que Yuuri había estado masticando esa sensación en silencio desde que iniciaron la salida. Esa pequeña lucha personal de la que él no había estado consciente.
—¿Qué es increible? ¿El que seamos novios? —Y allí estaba,eso era aquello importante de lo que quería hablarle desde que se hizo consciente de las dudas de Yuuri—. Bueno, técnicamente no lo somos aún porque ni te lo he pedido, ni tu lo has hecho —Yuuri, en ese punto, lo miraba con sus ojos grandes y transparentes—, pero, eso no significa que no quiera serlo…
—¿Quieres ser mi novio, Víctor?
Yuuri soltó aquella pregunta de forma apresurada, con un tono imperativo distinto al que Víctor pensaba utilizar para hacerle esa proposición, lejos del momento apasionado y seductor que había planeado. Víctor calló y pestañeó. Su rostro adquirió color al hacerse consciente de que fue Yuuri quien se lo pidió primero, que su intento de declaración romántica se había ido al garete y que Yuuri, mirándolo como si contuviera la ansiedad de un siglo, estaba esperando una respuesta con las orejas rojas, el rostro expectante y sus puños cerrados.
¿Por qué ninguno de sus planes salían completamente bien con Yuuri? ¿Por qué no valían las estrategias, los cálculos, ni la premeditación con él? No importaba, con Yuuri no importaba, Víctor soltó una carcajada incrédula y se relajó en el asiento al sentir que no importaba. Pasó incluso su mano por el cabello para despeinarse, porque sus planes perdían valor cuando era Yuuri quien estaba allí, moviéndose al ritmo de su música, tan compleja que no había teórico musical lo suficientemente capaz de comprenderla. Allí, de nuevo, Yuuri haciéndolo estallar en colores.
—¡No es justo, Yuuri! —Exclamó Víctor entre risas. Toda la tensión fue desecha, así, sin más—. ¡Yo pensaba decirlo primero! —Yuuri dibujó una mueca, seguramente al no entender las carcajadas de Victor.
—¿Importa el orden…? —dijo tímido. Víctor renegó con entusiasmo, mientras le sostenía la mano que antes había besado.
—La verdad, no, no importa el orden. —Se obligó a tranquilizarse, porque había una respuesta que dar, una que aún Yuuri esperaba. Con calma, se inclinó hacía Yuuri y posó su otra mano sobre la mejilla caliente y colorada de su novio, ahora sintiéndose con toda propiedad de llamarlo así—. Muero por ser tu novio, Yuuri. Aunque… la verdad es que ya me sentía tu novio.
—Bueno… —Yuuri rio bajito y encogió sus hombros—. Yo también creí que ya éramos. Pero ya que tú dices que...
—¿Ves por qué es gracioso todo esto? —soltó con la voz cantarina y la sonrisa amplia de Yuuri, empequeñeciendo sus tiernos ojos tras los lentes, fue la mejor visión que pudo tener—. Me gustas mucho, Yuuri…
—Me gustas más.
Decidió no discutir el punto de quien lo hacía más, porque había una mesa reservada esperándolos y unos apetitosos labios que quería besar antes de eso. Pero, a él le quedó claro que no podría pedir más. Era perfecto así, con cada paso que daban en su relación y ese camino de reconocimiento. Con ese mundo de colores que construían con cada nueva pisada juntos.
Notas de autor:
¡Ya son novios! ¡Hurra! ¡Y Yuuri, como siempre, adelantándose a los planes del genio xD! Creo que esto es inevitable porque así era que se comportaban en el anime. Víctor siempre tenía que recalibrar sus conclusiones porque Yuuri hacía algo y le tumbaba todo. ¡Es encantador eso!
Porque, si nos ponemos a repasar el anime: ¿quién declaró su amor por la TV? Yuuri, ¿quién declaró ante el mundo a través del flip cuádruple a quien quería sorprender? Yuuri. ¿Quién compró y entregó los anillos? Yuuri. Yuuri es quien da sorpresas y Víctor responde con otro acto impulsivo. Eso me encanta de ellos 3
También amo que Yuuri tome la iniciativa a los contactos, ¿por qué adivinen quien fue el primero en abrazar a quien en el anime? Yuuri, primero en el banquete y luego en la competencia de las aguas termales xD Toda la relación de ellos se llevó al ritmo de Yuuri :3
He estado bastante enferma esta semana y este capítulo a sufrido múltiples modificaciones. Siento que tengo tanto que contar y me vienen más escenas de por medio, que esto se podría alargar al infinito y más allá y no es mi intención. Es que ellos quieren hacer tantas cosas ToT y quiere hacernos participe de ellas, porque cada pequeño momento es un paso grande en su relación.
Este capítulo me hizo gracia porque casi todos asimismo que Víctor vio los postres, pero creo que hubiera sido no solo un poco previsible, sino que cuando imaginé toda la escena, aún en este momento Víctor no los había visto. De hecho, hasta dudé en si cambiar los planes, pero al final terminé decidiendo por mantenerlos como los tenía planeado. Ya Víctor sabe que Yuuri es su fan, aunque no de los panfletos. ¿Pero que es lo que piensa Yuuri? En el siguiente capítulo lo veremos.
Se viene un momento importante para ambos, creo que he estado dejando algunas pistas de lo que se viene. ¿Alguien tiene alguna idea?
Por cierto, la canción que Víctor le canta a Yuuri al oído es: Noches de Moscu (o Moscow Nights), es una canción preciosa, un clásico de Rusia de tantísimos años. Es una de las canciones rusas más reconocidas a nivel mundial. No sabía que Vitas tenía una versión, pero la buscaré.
Maribo: OMG XDDD jjajaja bueno, ya viste el capítulo y te has dado cuenta de que no, pero llegará el momento en que los vea. Lo gracioso es que hay una ligera confusión aquí entre ellos dos que se darán cuenta mucho después. xD ¡Me alegra que te haya gustado la escena!
Gracias a ti por los comentarios. ¡Me ayudan y alegran muchísimo!
PD: JAJAJAJAJAJJA y lo seguirán precalentando peor sin coartarse. Los besos cada vez son más y mayores xD
PD2: El termino horneado también les queda xD
angel-demoniaca: lastima que no es un ritmo que pueda seguir siempre. ¡Pero me alegra que te haya gustado el doble pack!
Anonimo: Es una pena que no te guste este Yuuri, me gustaría saber por qué te cae mal. Igual, gracias por hacerme saber tu opinión 😊
