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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL SENTIDO DE MI VIDA


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Epílogo: el sentido de mi vida


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Dedicado a mis Reques del alma. Solo una palabra: gracias...

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Primeros años de casados. (mayo 2011- diciembre 2013)

Perfección. Eso era lo que creía; la perfección hecha nosotros.

Desde que me había casado con Bella, la vida me sonreía una y otra vez. Todo era luz, felicidad y casi no era consciente de que lo que estaba viviendo con ella era una hermosa realidad.

Habíamos viajado por muchos lugares después de nuestra luna de miel, a lugares nacionales sobretodo; quería que Bella conociese bien España. Por eso había cogido el coche en cualquier puente o fiesta, y me había encargado de que conociera toda Andalucía, desde Huelva hasta Almería.

También viajamos al norte, a las Canarias, al mediterráneo, incluyendo las Baleares, y al centro del país. Habíamos viajado a Madrid en Navidades de uno de esos años y la nieve nos había sorprendido, pues la previsión del tiempo había fallado en los días en los que ahí estábamos.

Y cómo me encantaba verla con su gorrito, su bufanda gris y su abrigo del mismo color, con sus guantes mientras yo le hacía fotos por la ciudad o la estrechaba con fuerza hacía mi, cuando le pedía a alguien que nos hiciera alguna foto.

-Me encanta este sitio. - Dijo tumbándose sobre la alfombra que descansaba frente a la chimenea del salón de la casa que había alquilado en Cazorla. Venía de ducharse, habíamos estado todo el día de excursión, viendo las preciosidades que guardaba aquel pueblo.

-Andalucía es preciosa, la mires por donde la mires. -Le dije orgulloso. - Tengo que llevarte a Granada para que veas La Alhambra. - Comenté sentándome detrás de ella y abrazándola, sintiendo como su cabeza se apoyaba en mi hombro mientras observábamos como las chispas del fuego saltaban. - Si quieres podemos ir mañana. - Le propuse en un impulso.

-Estoy derrotada. - Me dijo. - ¿Hay que madrugar mucho? - Me preguntó perezosa. Yo reí, acariciando uno de sus brazos.

-Hombre, entre más temprano salgamos más cosas podremos ver. - Escuché un bufido y no pude evitar volver a reír. - ¡Eres una dormilona!

-¡No! - Exclamó de repente, girándose para mirarme a los ojos con el ceño fruncido y una determinación asombrosa. Era un no demasiado rotundo; demasiado.

-Mi amor, admítelo, te encanta dormir, no pasa nada. - Ella se separó aun más de mí, pero sin dejar de tener contacto conmigo ya que su mano se apoyaba en mi muslo.

-Es solo que no hemos parado, por eso estoy cansada, si no lo entiendes no es mi problema. - Intenté aguantarme la carcajada.

-Bella, cariño, ¿Quién despierta antes de los dos cada mañana, aunque estemos en casa? ¡Y no me quejo, ¿eh? ! A mi me encanta verte dormir. Estás preciosa cuando duermes, bueno siempre lo estás, pero… - Comencé a susurrar mientras me acercaba a ella.

-Siempre despierto a mi hora. - Aclaró ella, menos ofendida que antes y claramente afectada por mi cercanía. Rocé sus labios con los míos.

-Porque me sientes a mí, preciosa; porque no puedo evitar acariciarte y besarte para despertarte como te mereces. - Murmuré ya con voz ronca, estaba comenzando a sentir mi miembro con ganas de juerga, y yo no sería quien lo mandara a dormir.

-Edward… - Suspiró entregándose a mis besos, devolviéndome las caricias que mis labios dejaban en los suyos y que mi lengua le regalaba a la suya, frente al calor de la chimenea. Poco a poco, fui tumbándola en la alfombra, sin dejar de besarla. - Ummm, eres un tramposo, te digo que estoy cansada y tú me provocas de ésta manera… - Replicaba entre jadeos, mientras mis labios se perdían por su cuello y mis manos ya acariciaban la piel de su abdomen bajo el grueso jersey que llevaba.

-Aprovechemos estos momentos. - Susurré frente a su rostro. Sus mejillas estaban preciosamente sonrojadas, sus ojos lucían excitados y sus labios hinchados por los apasionados besos que acababa de dejar en ellos. - Cuando vengan los niños, no creas que podré hacer esto en cualquier lugar de la casa,- dije dejando un beso en sus labios - porque habrá riesgo de que una pequeña con una pesadilla… - continué deshaciéndome de su jersey. - y un adolescente hormonado, al cual se le antoja un vaso de leche por la noche, pasen por aquí. - sentado a horcajadas sobre ella, me deshice del mío. - Así que mi amor, no me prives de esto por ahora. - Volví a tumbarme sobre ella dejando otro suave beso y al mismo tiempo presionando mi erección sobre su vientre, escuchando el delicioso gemido que brotó de sus labios.

-¿Niña, niño? ¿Cuántos quieres…? - Preguntó entre asombrada y aterrada.

-Los que quieras darme, mi vida… - Musite sobre sus labios. - Eso sí, no pararé hasta conseguir a una pequeña niña igualita que su madre… así que yo creo que podríamos empezar con el proceso de producción, pero sin barreras… - Dije divertido. Ella sonrió, acercándose hasta mis labios para darme un apasionado beso mientras me desabotonaba el vaquero.

-A partir de mañana dejo de tomar los anticonceptivos. - Yo sonreí complacido y enormemente feliz antes de volver a besarla con aquella pasión desbordante que sentía por ella.

-Entonces no perdamos práctica… Tiene que salir una niña preciosa.

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La vuelta de Jake (abril 2012)

Me lo había temido en muchas ocasiones, y era algo que había creído entender y aceptar desde hacía tiempo. Bastante. Pero parecía que en realidad nada de lo que pensaba era cierto.

Había ido con Bella al cine a ver una película de amor que se le había antojado. No tenía muchas ganas de ver esa película, pero por hacer feliz a Bella hacía hasta lo imposible y si ella quería ver una película de amor, ¡pues se veía!

-Aquí es, butaca diez y once. - Le dije a Bella, indicándole cuáles eran y dejándole elegir a ella, quien no se lo pensó mucho. La sala aun estaba vacía.

-Perfecto, ¡desde aquí se va a ver genial! - Exclamó emocionada, dejando un beso en mi mejilla después de deshacerse de su chaqueta y ponerla sobre sus rodillas. Yo sonreí como un tonto, devolviéndole el beso, pero en los labios.

-Me encanta verte así de contenta, solo espero que no te pongas a gritar como una quinceañera cuando veas a ese… actor. - El final lo dije con un poco de celos.

-¿Robert Pattinson? - Preguntó divertida, debía estar pasándoselo bomba siendo testigo de mi actitud infantil. - Hombre, he de admitir que no está nada mal, es un pedazo de hombre, la verdad. ¿Sabes que se te parece mucho físicamente? - Elevé una ceja incrédulo.

-Perdona, nena; pero soy mucho más atractivo que ese niñito. - Le respondí algo mosqueado. Ella soltó una carcajada.

-Mira que eres tonto. Teniéndote a ti, voy sobrada… Soy la envidia de todas las chicas que me ven paseando contigo. Eres guapísimo, atractivísimo… el más de los mases… - Musitó consciente de que había un par de personas más sentadas ya en la sala.

-Deja de hacerme la pelota…

-¿Prefieres un besito? - Preguntó mimosa y con un claro tono divertido impregnado en su voz.

No me dejó ni contestar, pues se acercó a mi rostro hasta atrapar mis labios con los suyos en un beso tierno y cariñoso.

Yo me hice un poco el remolón, no me gustaba que bromease con esas cosas. ¡Ese Pattinson las tenía a todas colgadas de él! Hasta mi preciosa americana lo había admitido con un "no está nada mal" y cuando una mujer decía una frase así frente al hombre de su vida, era porque había un mensaje mucho más profundo. Y no solo debía estar nada mal… ¡debía estar tremendo! Pero, claro… ¿cómo iba a decirlo frente a mi?

-No seas tonto… -Seguía musitando sobre mis labios. -Me encanta enfadarte un poquito, pero ya sabes que no tengo ojos para nadie más que no seas tú. ¡Por supuesto que le superas a ese niñito! - Y lo dijo con tanta convicción que mi ego volvió a recuperarse y sonreí con socarronería.

-Lo sé, princesa, lo sé…- Dije dejando un beso en sus labios.

-Disculpe. - Escuché la voz de un hombre a mi lado, debía estar pidiéndome la butaca de al lado, ya que yo había puesto ahí mi chaqueta, pero cuando me giré…

-¿Jake? - La voz sorprendida de Bella me confirmó que no estaba teniendo una pesadilla.

Mi corazón comenzó a latir desenfrenadamente. ¿Qué hacía este aquí? ¿Y acaso había distinguido en la voz de Bella, a parte de la sorpresa evidente, una alegría mayor? Él se le había quedado mirando con los ojos fijos, parecía venir solo, y estaba tan sorprendido como ella.

Debía haber sabido que era cuestión de tiempo que se encontraran en cualquier momento… Pronto el rostro de Jake dejó de estar solo sorprendido para dejar ver una enorme sonrisa satisfactoria. ¡Mierda!

-¿Bella? - Su felicidad era evidente, Dios mío. ¿Es que no me había visto?

-¡Jake! - Exclamó ella levantándose del asiento y dándole un abrazo de lo más estrecho para mi gusto para después dejar un breve pero sonoro beso en la mejilla del perrito… - Dios, Jake, ¡cuánto tiempo! - Seguía ella, frente a mi, entre mis piernas. - ¿Cómo has estado? Pensé que no iba a saber nada más de ti nunca…

-Vaya… Bien, estoy bien. - El chico parecía ahora algo avergonzado. - Siento haber estado tan desubicado… Deberíamos quedar un día de estos para tomar algo y hablar… ¿no crees? ¡Quiero saber qué ha sido de ti durante todo éste tiempo! ¡Estás guapísima! - Mi paciencia se estaba agotando, y estaba sintiendo el calor amenazante recorrer mi cuerpo. Poco me faltaba para darle un puñetazo en su bonita cara, pero me contuve.

-Debe ser la vida de casada. - Interrumpí cortando sus risas. Mi estómago estaba aguantando demasiado, ¡me dolía de contener mis emociones!

Un silencio se hizo entre los tres y los ojos oscuros del perrito se movieron hasta mi dirección, suspirando. Miró de nuevo a Bella y después a mi.

-Lo siento, yo… ni me había fijado. - Dijo con una sonrisa. - ¿Cómo estás, Edward? - ¿Se acordaba de mi nombre? Miré su mano extendida, y se la estreché amenazante.

-Bien, muy bien. - Mi tono de voz era claramente violento, pero no podía evitarlo.

-Así que finalmente conseguiste casarte con él. - Fruncí el ceño cuando Jake le hizo ese comentario a Bella.

Y no fue porque hubiese sonado como un reproche, sino todo lo contrario, se mostraba satisfecho con ese hecho. Miré a Bella, quien había fruncido el ceño también, parecía tan sorprendida como yo.

-¿Conseguir? - Preguntó ella.

-¡Vamos! Yo sabía que era de él de quien estabas enamorada… ¿Pensabas que no lo adivinaría? - Después rió animadamente. Bella se mordió el labio, dándole un puñetazo juguetón a su hombro.

-Desde luego, no sé como pude dudarlo. - Y yo seguía sin entender nada de lo que estaba pasando. - ¿Has venido solo? - En cuanto Bella hizo la pregunta, vi como alguien se acercaba por la fila hasta Jake.

-No, no, he venido con…

-¿Jake? - Una chica morena y de pelo corto se acercó hasta él, poniendo una mano en su hombro. Él le dejó un pequeño espacio, del poco que había y le rodeó la cintura. - Es Leah, llevamos juntos apenas unos meses, pero sé que es la mujer de mi vida. Cariño, ellos son unos amigos: Bella y Edward. - ¿Yo amigo también? ¿Es que éste se había chutado algo?

-Encantada, chicos. - Y en cuanto ella nos saludó, las luces de la sala se apagaron, dejando a la pantalla frente a nosotros todo el protagonismo.

-¡Después hablamos, Jake! - Exclamó Bella. Y él le guiñó un ojo. Ag.

Fue difícil para mí en un principio aceptar el hecho de que Jake había vuelto a la vida de Bella, pero conforme el tiempo pasaba y me daba cuenta de que sus intenciones eran claramente buenas y observaba como se comportaba con Leah, fui cambiando mi comportamiento con él poco a poco.

Había tenido discusiones con Bella por su culpa, eso no se me iba a olvidar en la vida. Pero bueno, también debía decir que aunque Bella me había explicado toda la historia junto con él, yo había seguido echándole los perros cada vez que veía su comportamiento confianzudo con mi esposa. ¡Joder, era mi esposa!

Resultó que Jake, cuando Bella le dio calabazas por mí, decidió no volver a verla, pues él estaba emperrado, nunca mejor dicho, en que estaba enamorado de ella. Bella también decidió que era lo mejor, pues estaba segura de no poder desarrollar ningún sentimiento parecido al que ya sentía por mí hacia él. Pero con el paso del tiempo, el chico se dio cuenta de que había confundido una bonita y transparente amistad con algo más que no tenía nombre… ¡claro que no lo tenía! Por mucho que él se estuviese disculpando por lo ocurrido y se hubiese confundido, eso no quitaba que sus intenciones con mi americana en un principio fueran otras… ¡Y eso no podría olvidarlo!

Podía tener una relación cordial con él, hablar tranquilamente sobre cualquier tema, incluso ver un partido de fútbol cuando a veces Bella invitaba a los dos a casa a cenar, pero me había construido un límite con él; jamás podría tratarlo como a un hermano. Y como Bella parecía no haberle afectado ese hecho, ya que estaba satisfecha con mi aceptación, decidí que así estaba bien.

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Bella embarazada

Perfección, una vez más aquella palabra volvió a cobrar protagonismo… Cuando llegó el momento en el que Bella me anunció su embarazo mi idea sobre la perfección pareció transformar su sentido anterior para tomar otro nuevo. Me había quedado corto en cuanto a lo que pensaba que era perfección, mucho.

Estábamos buscando un bebé, y se podía decir que disfrutaba, en el proceso de que Bella se quedase embarazada, como nadie. La idea de que en alguna de aquellas veces en las que hacíamos el amor, mi preciosa mujer quedase embarazada de un hijo mío, me hacía disfrutar de nuestras relaciones más aun si cabía. Lo deseábamos con tantas fuerzas, que la primera vez que Bella me anunció que estaba embarazada pensé que se debía a nuestras ganas, pues no hacía ni dos meses y medio que ella había dejado sus anticonceptivos, y ya se encontraba de seis semanas.

Aquel día me encontraba sentado en el sofá de casa, había llegado pronto del trabajo y estaba esperando a Bella mientras veía un concurso en la televisión, quien supuestamente, había salido con Rosalie, a dar una vuelta.

Escuché la cerradura de la puerta, y no había cruzado la puerta del comedor cuando mis ojos ya la esperaban. Se estaba acabando de quitar su abrigo color Camel para dejarlo sobre una de las sillas y se giró para mirarme con una sonrisa de lo más pletórica y misteriosa.

-Hola, mi amor. - Me saludó acercándose a mí, e inclinándose para besar mis labios de manera animada. No pude dejar de responderle, clavando mis manos en su cintura para que quedara sentada sobre mis piernas.

-Veo que has debido pasarlo bien. - Me sentí aun mejor cuando ella se apretó más a mi cuerpo, dándome un fuerte y necesitado abrazo.

-Edward… - Su voz vivaz me hizo fruncir el ceño antes de alejarme de ella solo para intentar leer en su mirada por qué carajos irradiaba tantísima felicidad. Ella se había mordido el labio.

-¿Qué…? ¿Qué es lo que pasa? - Sus cejas se arquearon automáticamente, provocando que sus ojos se hicieran más grandes y pudiese deleitarme más con su brillo, intentando transmitirme con aquello su contestación. -Bella… me estás poniendo nervioso. - Ella puso los ojos en blanco, perdiendo un poco la paciencia conmigo.

-¡Uff! Piensa, cariño, piensa… ¿Qué es lo que más deseas? - Mientras me estaba hablando, su mano voló a la mía, que descansaba en uno de sus muslos y la dirigió a su vientre, sorprendiéndome en el acto. Ahí caí de inmediato. ¡Dios!

-¡No! - Exclamé sin poder contener la risa, acunando su rostro con las manos. -¡Bella! - Volví a exclamar, escuchando esta vez su risa. -¿Estás… estás embarazada? - Pregunté casi seguro de que me diría que sí, pero no podía evitar hacerle esa pregunta, pues me parecía tan pronto… Ella solo asintió con una enorme sonrisa. -¡Dios, mi amor! - Exclamé de nuevo abrazándola. - ¡Estás embarazada!

-¡Lo estoy, lo estoy! - Gritó ella llena de felicidad también. Fue entonces cuando fui consciente del estado de mi cuerpo, de la felicidad en mí, burbujeando en todas las direcciones de mi cuerpo, llenándome por completo.

Pasé uno de mis brazos por debajo de sus piernas y el otro por su espalda para levantarme y dar vueltas con ella. Nuestras risas y sus pequeños y constantes gritos era lo único que se escuchaba en casa.

-¡Voy a ser padre! - Grité mientras dejaba besos en sus labios y no paraba de girar.

-Edward… - Se quejaba ya un poco ella, pero sin dejar de sonreír. En ese momento me di cuenta de que quizás esto no sería bueno para ella.

-¡Ay, lo siento, mi amor! - Dije deteniéndome en el acto aun con ella entre mis brazos. - ¿Estás bien? ¿Te duele algo? - Ella puso los ojos en blanco. Quizás había sonado demasiado preocupado.

-Sí, futuro papá, me encuentro perfectamente. Solo es que si sigues dándome vueltas voy a acabar mareándome como cualquier persona lo haría. - Sonreír acercándome a su rostro, apoyando mi frente en la suya.

-Ahora tendrás que dejarte mimar. No quiero que te falte de nada y si es necesario que hagas lo justo y necesario y te tomes unas buenas vacaciones y…

-Eh, eh, eh… - Llamó mi atención con el ceño fruncido. - Solo estoy embarazada, Edward. Además, no estoy dispuesta a dejarme mimar más de lo que ya lo haces…

-Per… - Ella misma puso un dedo en mis labios para silenciarme.

-…Y en cuanto al tema vacaciones, ¿qué esfuerzos hago? Te prometo que no cogeré peso si es lo que te preocupa… Sé cuidarme. Va a salir bien… - Sus palabras fueron pronunciadas con tanta seguridad que fui incapaz de no quedarme más tranquilo. Mi hijo estaría protegido con su madre, eso no debía dudarlo. Ella se removió entre mis brazos y accedí a dejarla por fin en el suelo.

-Gracias, mi amor… Siempre haciéndome el hombre más feliz. - Dije sonriendo, mientras acariciaba una de sus mejillas con mi mano.

-Te quiero… No puedes hacerte una idea de cuánto. - Murmuró ella emocionada sosteniendo la mano que aun acariciaba su mejilla con una de las suyas.

-Pues si es solo la mitad de lo que yo lo hago, ya me doy por satisfecho… - Ella negó sonriendo con la cabeza y se acercó más a mi para abrazarme.

Solo algo así podía cambiar mi concepto de perfección, algo tan grande cómo el anuncio de un hijo. Y no solo se quedó en un embarazo, sino que llegaron a ser tres, llenándome más aun de felicidad y cambiando constantemente mi sentido de la perfección. Primero con mi pequeña princesa Elisabeth, y después con mis dos campeones, quienes heredaron el nombre de sus abuelos.

Eso sí, me sentía feliz, increíblemente dichoso y todo lo demás, pero cuando Bella se despertaba durante la madrugada para pedirme algún antojo de esos casi imposibles, me repetía que no volvería a pasar, que no la iba a dejar más embarazada. Al principio, sobretodo durante el primer embarazo, cumplía sus deseos casi complacido, pero conforme se iban acumulando y me di cuenta de que no solo pasaba en el primero, sino que también en el segundo embarazo, y no solo en el segundo, sino que también en el tercero… la cosa cambió.

Y aunque me repetía mentalmente muchísimo durante cada uno de sus embarazos que mantendría mi boquita cerrada y mis ganas por ampliar mi familia, solo durante los embarazos, cuando nacía alguno de mis hijos, la satisfacción era tan grande y era algo tan hermoso, incomparable con nada en el mundo, que me quedaba con ganas de más. Pero cuando Carlisle nació, decidimos que ya teníamos suficiente con tres.

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Beth, la niña de papá. (Octubre 2014)

Y la perfección que pensaba que tenía cada vez que algo importante cobraba fuerza en mi vida, y tenía que ver con Bella y conmigo, se quedaba pequeña cuando sentí por primera ver la fragilidad y el bajo peso de Elisabeth entre mis brazos. Ya estaba comenzando a comprender que la perfección tenía niveles y se iban consiguiendo con el paso de los años.

Podía distinguir la blancura de su piel a pesar de las manchas de sangre que la envolvían. Su carita arrugadita por el llanto que descargaba, dibujaba hoyitos en sus llenas mejillas y no dejaba de mover sus pequeñas piernas y bracitos. Me sentí completo con ella, y parecía que todo en aquel paritorio había desaparecido excepto ella entre mis brazos.

Supe que si tenía que pasar por todas aquellas preocupaciones que pasaba con Bella durante su embarazo, como verla mal por las mañanas cuando iba a vomitar al principio, masajearle las piernas cuando sentía calambres ya casi al final, o desvelarme por las noches de tantas veces que se levantaba para ir a orinar, para llegar a ese momento en el que yo fuese el que recibiera a mis hijos, las pasaría todas, y me desvelaría cuantas veces hiciese falta para sentir aquella felicidad al recibir a aquel pedacito que habíamos creado ambos.

Me sentía emocionado. Mis ojos picaban mientras la observaba e intenté mantener mis lágrimas a raya para no perderme ni un solo segundo de ese precioso espectáculo que era incapaz de dejar de observar.

-Elisabeth… - Susurré, inclinándome para dejar un beso en su cabeza, sin importarme que podía mancharme.

Su calor en seguida volvió a enamorarme, más de lo que ya estaba con solo mirarla. Tenía que admitir que me temblaba todo, pero aún así, tenía la certeza de que no me fallaría nada; ella no se caería. Solo estaba así debido a la emoción que su presencia y cercanía me provocaba.

-Es preciosa… Déjamela. - De repente escuché la voz de mi esposa y no pude evitar desviar mi mirada de mi pequeña princesa. Lo hice con esfuerzo, por supuesto, Bella era la única capaz de conseguirlo.

Me di cuenta de que solo habían debido pasar unos pocos segundos. Vi la desesperación en los ojos de Bella, quien no me miraba a mí, sino que solo tenía ojos para el pequeño bultito ensangrentado que tenía entre mis brazos. Y no la culpaba, porque era la bebé más preciosa que jamás había visto en mi vida.

Con paso lento y feliz por compartir con ella ese momento y ver cómo su sonrisa cada vez crecía más, cuando me acercaba con Elisabeth, pero también sintiéndome algo triste porque ella me la quitara de los brazos, la posé en los suyos con delicadeza, teniendo especial cuidado con su cabecita.

Pero me equivoqué al sentir que me la robaba… Elisabeth pertenecía a aquellos brazos tanto como a los míos. Era la imagen más bonita que había visto jamás: Bella mirando con aquella adoración a nuestra recién nacida, besándole y dedicándole palabras hermosas, con la voz emocionada y las lágrimas bañando sus mejillas rojas.

-Mi niña hermosa… Que preciosa eres… - Susurraba dejando suaves besos en su cabecita. -Te quiero… te quiero mucho.

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-P… p… - ¡Eso es! Reí al observar como suspiraba cansada.

-Paaa-pá. - Repetí frente a mi pequeña, quien estaba conmigo en la cama, sobre mis rodillas, mientras Bella se duchaba para irnos a dormir.

-Pa….. P… - Soltó un seguido de sonidos y balbuceos, acompañados de sonrisas .

-¡Paaa-pá! - Exclamé ensanchando los ojos, pensando que así lo conseguiría antes.

Beth, diminutivo de Elisabeth, como habíamos decidido llamarle, me miró con sus profundos y enormes ojos marrones atentamente, soltando de nuevo ese sonido "P" y después se carcajeó encogiendo todo su cuerpecito y arrancándome otra a mí.

-Vamos, princesa, dilo. Sé que puedes ¡Paaaa- pá! - Ella soltó otra carcajada simpática en respuesta.

-¿No crees que es un poco pequeña, mi amor?- Preguntó Bella saliendo del baño en pijama, sonando algo burlona.

-Lo dices porque sabes que voy a conseguir que diga "papá" antes que "mamá" - Respondí mirándola. - ¿A que sí, preciosa? - Le pregunté a mi hija. -He leído que hay algunos bebés que a los ocho meses ya dicen su primera palabra. - Continué sin dejar de observar lo preciosa que era.

Su cabello marrón cortito enmarcaba aquel rostro de porcelana. Sus ojos vivaces me observaban con un brillo lleno de felicidad y una de sus manitas la tenía metida en su boca. Pensábamos que era por culpa de los dientes, ya que estaban comenzando a salirle los dos de abajo. ¡Estaba graciosísima!

Intenté quitarle el puñito de la boca y acerqué mi rostro a ella juntando sus dos puñitos frente a sus ojos para después separarlos, algo que siempre le encantaba, pues se carcajeaba cuando mi cara volvía a aparecer frente a su visión.

-Vamos, demuéstrale a tu madre de lo que eres capaz. Antes casi lo has dicho… Paaaaa-pá.- Insistí. Bella se había sentado a mi lado en la cama, acercándose hasta nosotros y apoyando su cabeza en mi hombro mientras observaba a nuestra pequeña.

Mi pequeña bebé no me hizo mucho caso, pues solo volvió a balbucear ininteligiblemente en su propia lengua…

-Paaaa-pá. - Repetí.

-Paaa. - La escuché decir muy concentrada. Sentí a Bella erguirse para inclinarse un poco más a nuestra pequeña. - Paaa. - Dijo después de unos segundos.

-Bien, bien, mi amor. Paaaa-pá. - Elisabeth volvió a balbucear, pero no se rindió.

-Paaa. - Después arrugó sus labios de un modo demasiado adorable. - pá. Paaa-pá. - ¡Y ahí estaba!

-¡Lo ha dicho! ¿La has escuchado, Bella? ¡Ha dicho "papá"! ¡Mi princesa ha dicho "papá"! - Exclamé mientras la cogía en brazos y la alzaba arriba y después me la colocaba en las piernas para hundir mi nariz en su estómago, escuchando su risa y la de Bella de fondo.

-Beth… eres una traidora… ¿Ahora quien te va a dar el pecho, pillina? - Bromeaba Bella con ella, acariciando su brazo y su cabecita y poco a poco quitándomela para después llenarla de besos. - Dilo otra vez. -Pidió esta vez ella, con un brillo lleno de ilusión en sus ojos. - Paaa-pá.

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-¡Io queroooooo! ¡Io quero, io quero, io quero! - Exclamaba una Beth de tres años. - ¡Papiii! - Era imposible negarle nada.

¿Cómo iba a decirle que ese día no podíamos ir al circo porque tenía un montón de trabajo atrasado? En la televisión lo anunciaban cada dos por tres y cada día era más difícil darle largas. Quería llevarla, pero…

-¡Papiii, fa vóóóó, cariniooo, mi amóóó! ¡Bé quere a papi! - Lo estaba haciendo otra vez… Sabía qué palabras utilizar para convencerme. "Cariño; mi amor; Beth quiere a papi…" Esas solo eran algunas.

Podía escuchar las risas muy mal disimuladas de Bella en la cocina, mientras yo observaba a mi pequeña rogarme con sus dos manitas juntas, casi como una persona mayor y esos ojos enormes hipnotizándome.

-Beth, podemos ir la semana que viene, papá tiene muchísimo trabajo. - Soné algo firme, pero en el fondo me estaba muriendo por llevarla a ese circo.

Ella hizo un puchero, y bajó su mirada junto con sus manos, quedando quieta donde estaba, derrotada frente a mí. Pronto empecé a ver como su cuerpecito temblaba y se comenzaba a arrugar su rostro y antes incluso de que pudiera comenzar a llorar, me di a mí mismo por vencido. Me partía el alma verla así.

-¡Está bien, pequeña manipuladora! ¡Pues no tienes peligro…! - Exclamé sonriendo mientras me levantaba y la cogía en brazos para darle un baño rápido. - ¡Bella esta pequeña me ha vuelto a ganar, así que ya puedes irte arreglando y dejar la cocina para cuando volvamos! ¡He de volver con tiempo!

Y nada me hizo más feliz aquel día que entrar al circo de la mano de Bella y con mi pequeña princesa en brazos, con un enorme algodón rosa de azúcar.

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-Papá… - Levanté inmediatamente la cabeza del documento que estaba revisando en mi despacho de casa. Cuando Beth me decía papá…

-¿Qué pasa, princesa? - Pregunté.

-Charlie ha robado a mi muñeca y a mamá, y pide muchas cosas. - Me aguanté la sonrisa que intentaba dibujarse en mis labios, y me hice el preocupado, observando el Walkie de juguete que llevaba en la mano.

-Cielos… ¿no será Mélani? - En seguida me levanté de mi sillón. Ella asintió con un pequeño puchero. Con seis años y medio, seguía siendo la niña más preciosa que jamás había visto, quizás tenía que ver con que era igualita a mi preciosa mujer. - ¿Qué es lo que pide el secuestrador? - Susurré agachándome a su lado y sentándola en una de mis rodillas.

-Quiere ir al cine, y una bolsa llena de chuches, y jugar con la pelota en el parque, y quiere dormir con mami como tú. - Enumeró con sus dedos.

-Pequeño descarado… - Susurré poniéndome de pie con mi niña en brazos. - No te preocupes Beth, recuperaremos a Mélani y a mami.

Ese pequeño de tres años era demasiado espabilado. ¡Por Dios! Subí las escaleras hasta la habitación de mi hijo pequeño, aun con Beth en brazos, y la abrí poco a poco, observando como Bella, quien estaba sentada en la cama, se reía animadamente con él. ¡Qué preciosa que seguía siendo!

Desvié mi mirada para observar al pequeño traidor, quien con su mejor sonrisa, igualita a la mía, ya que si Beth era un clon de su madre, Charlie lo era de mí, enamoraba a mi esposa.

-¿Chai con mami? ¡Shí, shí! - Exclamaba lanzándose a los brazos de Bella, quien lo recibía gustosa.

-Pides muchas cosas, mi amor. - Le decía ella toda encantada… ¡Maldito manipulador que quería robarme a Bella…!

-Chine, chuchi…

-Chuches, Charlie.- Le corregía Bella. - Y recuerda que no son buenas, luego te pones malito y te duele la barriguita. - Le explicaba ella masajeando suavemente su pequeño estomaguito, sentado en sus piernas.

-Peo io quero… ¡ica, ica, ica!

Me alejé un poco de la habitación y le pedí en un susurro a Beth que me pasara el Walkie.

-¿Charlie? Sé que tienes a Mélani y a mamá, por tu propio bien déjalas en libertad ahora.

-¿Papi? - Respondió él con el suyo, aun me sorprendía el manejo que tenía con todos sus juguetes. -Mami con Chai ta noshe, y chuchi, y paque, y chine. - Puse los ojos en blanco aguantándome la risa.

-No hay trato. Quiero a tu madre y a Mélani. Si me las das irás al cine, con tus chuches y podrás jugar en el parque con tu nuevo balón. - Insistí.

-¡Noooooo! ¡Mami míaaaaaaaa! ¡Mami Chaiiiiii! - Su genio me desconcertó. ¡Muchachito!

Cansado de no conseguir nada con aquel juego, me acerqué hasta la habitación y serio me planté frente a Charlie, quien seguía en los brazos de su madre. Era graciosa la estampa de ver a una personita tan pequeña mirándome con esa determinación en sus ojos verdes, en brazos de Bella.

-Charlie… no te lo volveré a repetir. Las cosas no se consiguen de ese modo, sino portándote bien, así que dale a tu hermana a Mélani…

-Jo, Charlie, dámela. - Rogó mi pequeña a mi lado, abrazada a mi pierna. Charlie miró a Beth, después a mí, luego a Bella y volvió a mirarme a mí negando con la cabeza.

-¿Con que no, eh jovencito? ¡Ahora verás como dices que sí! - Exclamé con la picardía seguramente escrita en mi rostro. Charlie agrandó los ojos y después de sonreír, bajó del regazo de Bella y echó a correr cuando yo lo hice hacía él.

No pudo escapar de mí y lo alcé haciéndole cosquillas y consiguiendo que soltase carcajadas contagiosas para los tres.

-Beth coge a Mélani. - Le indiqué a mi pequeña, en una de las pausas para que Charlie pudiese coger aire. Ella me hizo caso. -¿Vas a entregarme a tu madre? - Le pregunté a él.

-No…

-Sí… - Insistí yo volviendo con el ataque de cosquillas.

-Shí… shí… shí… ¡papi! - Soltaba ahogadamente. Decidí que ya era suficiente.

-Muy bien, campeón.

Charlie me miró con una sonrisa a los ojos, y me dio un débil puñetazo en el hombro, parecido al que nos dábamos entre Jasper y Emmett, pero cuando volvió los ojos a su hermana y la vio con Mélani comenzó a hacer pucheros y a llorar.

-¡Muecaa míaa!

-Shh, shh. - Le decía yo. Beth era mi princesa, pero me partía el alma ver llorar a cualquiera de mis dos hijos.- Venga campeón, ¡vamos al parque a jugar con tu nuevo balón!

-¡Mueeecaa! - Seguía llorando. Yo aun con él en brazos me acerqué a su baúl lleno de juguetes para sacar su balón.

-Anda, vamos a jugar, mami también lo hará con nosotros.

-¡Mami, mami! - En seguida se le iluminó el rostro, mirando a Bella y extendiéndole los brazos. Puse los ojos en blanco… Pequeño traidor. Sentí las risas de Bella a mi lado cuando lo cogió.

-Mi niño precioso… - Pronunció deslumbrada, mirándolo. - Dile a Beth que coja su abrigo. - Le pidió a Charlie dejándolo en el suelo. -¡Vamos, Edward! Que no nos den las uvas. Y lo advierto, ya puedes arreglar lo que has hecho porque no pienso tocar ese balón. - Me susurró.

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Charlie y Carlisle: los campeones y mejores aliados de papá (Octubre 2026)

-¿Creéis que podéis deshaceros de ese niño sin que Beth se dé cuenta de que os mando yo? - Pregunté a mis dos hijos en el coche, mientras mataba con la mirada a aquel chico rubio que hacía reír tanto a mi hija en la puerta del colegio. Sabía quien era, pues Beth era muy amiga de él desde prácticamente que empezaron preescolar.

-¡Claro papá! ¡Beth es nuestra! - Exclamó un Charlie de nueve años. Repitiendo la frase que siempre le había inculcado.

-¡Bé nehta! - Le secundó Carlisle, quien dentro de una semana cumplía los tres años.

Suspiré satisfecho. Esto era lo bueno de tener dos campeones, y no dos princesas. Ya éramos tres protegiéndola de mocosos que intentaban encandilarla con tan solo doce años. ¿Qué estaba diciendo? Aún le quedaban días para tener los doce!¡No quería ni pensar que hubiese sido de mí intentando proteger a dos hijas! Ya era difícil con Beth…

-Bien; este es el plan. - Dije con la mirada clavada aun en aquel chico. -Charlie, coge a tu hermano de la mano y haz como si salieseis del colegio, pero en vez de venir al coche directamente, acércate y no te separes de ellos. Habla o no digas nada, eso da igual, pero no te apartes de tu hermana. - Seguidamente me giré hacia ellos. Charlie miraba de la misma forma que yo al, desgraciadamente, amiguito de mi hija, mientras que Carlisle me miraba con sus ojos color verdes sin pestañear, intentando entender todo lo que había dicho supuse.

-Ahora volvemos. - Dijo Charlie.

-¡Cuidado con los coches!

Miré una vez más a mi hija, radiante y llena de felicidad mientras que miraba de manera demasiado especial a aquel chico. Eso me estaba partiendo el corazón y me daba miedo a partes iguales.

Yo era hombre y podía llegar a imaginar qué pasaría por la mente de ese adolescente hormonado al observar los pequeños cambios que el cuerpo de Beth estaba comenzando a hacer. Mi pequeña niña estaba creciendo, convirtiéndose en una preciosa adolescente, y eso me daba muchísimo miedo. No tenía dudas de que se convertiría en una joven tan hermosa como su madre dentro de unos años, pero me costaba hacerme a la idea.

Casi podía escuchar sus risas, mientras su cabello castaño se agitaba al compás de la suave brisa de primavera que estaba llegando. No pude evitar fruncir el ceño cuando me di cuenta de la falda de su uniforme. ¿No era demasiado corta? ¡Dios!

Por fin vi aparecer a mis dos aliados en escena y sonreí complacido. Beth hizo gestos con sus brazos y manos, como si los estuviese mandando a que la dejaran sola. ¡Por Dios, ¿pensaba que teníamos todo el día? !

Charlie, volvió a decirle algo y entonces sus ojos marrones se fijaron en mí, con un poco de molestia. ¡Sí! Por fin… Tendría que compensar a mis dos campeones con algo después de esto.

Mis dientes rechinaron cuando ella se acercó a él y dejó un beso en su mejilla antes de coger a Carlisle de la mano, quitándoselo a Charlie y acercándose a zancadas hasta el coche, sentándose en el asiento del copiloto.

-Papá… los has vuelto a mandar… - Me reclamó mirándome.

-¿Yo? ¿Qué dices princesa? Si acaban de salir del colegio contigo. - Respondí haciéndome el sueco mientras arrancaba para volver a casa.

-Ya claro… - Dijo ella rodando los ojos, aun seria.

-¿No vas a darme uno de esos besos que tanto me gustan, cariño? - Pregunté girando el rostro hacia ella cuando me detuve frente a un paso de peatones para dejar a una abuelita pasar.

Ella me miró seria aun, pero en seguida comenzó a sonreír tan risueña como siempre y acercándose a mí, me dio un sonoro beso en la mejilla, haciéndome feliz. ¡Já! Ese niñito tenía tres enemigos que no se iban a rendir nunca.

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Marc, el enemigo (Octubre 2031)

Era difícil. ¡Claro que lo era!

¿Cómo había permitido llegar hasta éste punto?

Él.

En mi casa.

Con mi hija.

En su habitación.

Desde luego que Bella tenía parte de culpa en todo este asunto, porque si por mí hubiese sido ese muchacho no habría cruzado ni la puerta de la entrada hasta… ¡hasta nunca! Para ser sinceros…

Volví a removerme en el sofá inquieto. No era capaz de eliminar las imágenes que pasaban por mi mente de mi pequeña Beth y él… ¡Dios, que mi niña solo tenía diecisiete años; diecisiete! Hacía el esfuerzo por no pensar en situaciones que me elevaran la tensión, pero se me hacía inevitable las veces que él llegaba a casa y se encerraban los dos arriba.

-Amor… ¿Puedes tranquilizarte? - Me preguntó una Bella divertida, acomodándose más junto a mí, abrazándome en el acto y enterrando su cara en mi cuello.

-A mí no me hace ninguna gracia, ¿sabes? Ese niño…

-Marc, se llama Marc, Edward y lo conocemos de toda la vida. No seas tan antiguo y cerrado, son jóvenes y… - Me separé lo suficiente de ella solo para poder mirarla a los ojos un poco ofendido.

-¿Antiguo? ¿Cerrado? ¡Venga hombre! ¿Acaso no demuestro ser liberal dejando entrar a ese… niño en mi casa?. ¡Y no solo eso! ¡Sino dejarlo a solas con mi princesa! - Noté como Bella se aguantaba una sonrisa.

-Mi amor… Ese niño, como tú lo llamas, conoce incluso mejor a Beth que tú mismo. Lleva con ella jugando desde los tres años. Demasiado tiempo creo que han tardado en empezar algo… - Elevé una ceja, llevando mi mirada a la tele.

Beth y él llevaban saliendo solo unos tres meses a lo sumo, pero era verdad que siempre se les veía juntos, cosa que a mí me ponía enfermo. Durante los últimos años, no solo había tenido que verlos hablando muy animadamente y felices a la salida del colegio, sino que Marc en muchas ocasiones había venido a casa a recoger a Beth.

-Beth solo tiene diecisiete años, y recién cumplidos. - Insistí. - No quiero que nadie le haga daño, es muy joven. - Bella puso los ojos en blanco y se apegó de nuevo a mí, suspirando.

-Mamá, ¿podrías hacerme crepes? - Carlisle había aparecido en frente nuestra, prohibiendo de ese modo que pudiésemos ver la televisión para que su madre le hiciese caso. Bella volvió a suspirar, pero ese suspiro no era de derrota sino de pereza.

-¿Crepes, cariño? - Pero aunque era una pregunta claramente perezosa, no se pensó ni un minuto el levantarse para dirigirse a la cocina y cumplir los deseos de nuestro hijo menor, quien parecía que después de su tarde provechosa jugando a la Play Station, su estómago le reclamaba. En ese momento unas risas se escucharon después de abrirse una puerta - Venga… - Dijo Bella, desapareciendo.

-¡Ssht! - Lo llamé, evitando así que siguiera a su madre y me prestara atención. - Ven. - Susurré haciendo un gesto con la mano. Él se sentó a mi lado, espatarrándose en el lugar en el que hacía pocos segundos había estado Bella.

-¿Qué? - Me preguntó. Carlisle ya había cumplido los ocho años y le faltaba poco para ser casi tan alto como Charlie de catorce; quizás debió heredar algo de mi primo Emmett… Miré hacia las escaleras y después a la cocina, asegurándome de que no nos escuchase nadie, y le hice un gesto con la mano para que se acercara un poco más.

-¿Hacemos una de las nuestras? - Pregunté claramente divertido. - Sigamos estirando el interés que tiene ese Marc por Beth. Que nos siga demostrando si realmente le importa, ¿no crees? - Le pregunté. Carlisle me devolvió la sonrisa, en ese momento Charlie entraba al comedor, y solo le bastó ver nuestras sonrisas para entendernos perfectamente. Venía de unas clases de repaso, pues las matemáticas no se le acababan de dar bien del todo.

-Bien, ¿cuál es el plan? - Susurró reuniéndose en el sofá con nosotros.

-Pedidle si quiere jugar un dos contra dos. Las chicas también pueden jugar. Eso sí, cuidadito con ellas. - Charlie se llevó una mano a la frente de forma militar.

-Sí, señor. - Susurró.

Resultó que el dos contra dos, o mejor debía decir, tres contra tres, ya que las chicas se apuntaron después, esperó un poco, ya que Bella había hecho crepes para todo un regimiento y los crepes de Bella siempre estaban deliciosos.

-¡Aquí! - Exclamé a uno de mis hijos. Al final habíamos quedado en un equipo Charlie, Carlisle y yo, y en el otro, Bella, Beth y Marc.

Charlie me lanzó el balón con fuerza, pero en esos momentos una Bella demasiado atrevida y temeraria enredó sus piernas en las mías, intentando ganar el balón de manera inesperada.

Lo vi todo a cámara lenta. Ella tropezándose con mis piernas, agitando los brazos intentando controlar el equilibrio, mientras el césped del jardín trasero de nuestra casa cada vez se aproximaba más a su cabeza.

No pude hacer otra cosa más que rodear su cintura con mis brazos y alzarla para impedir que se diera un buen golpe, quedando, por el impulso, abrazada a mí y yo a ella. Casi había sido por mi parte una acción involuntaria, lo habría hecho por cualquier de mis dos princesas.

-¿Estás bien? - Susurré en su oído. Ella se separó de mí solo para mirarme con una ceja alzada y una sonrisa que no me gustaba en absoluto.

-Sí… Gracias, mi amor… - Me contestó de vuelta, dejando un beso en mi mejilla. A nuestro alrededor pude escuchar los bufidos exasperantes de mis dos campeones y el suspiro soñador de mi pequeña princesa. - Pero creo que esto… ¡nos pertenece! - Exclamó la muy tramposa pasándole el balón directamente a Marc.

Miré a mis hijos y ellos supieron qué era lo que venía en esos momentos con tan solo esa mirada. Vi correr a Charlie detrás de Marc y a Carlisle a su lado, intentando franquearle el paso. Yo solo me dedicaba a que mis princesas no se acercaran al enemigo, lo más fácil.

De repente Carlisle empezó a pelear el balón, pero Marc lo estaba regateando sin piedad. Estaba demostrando ser un muy buen jugador, pero yo sabía que mi hijo podría con él. Sin esperarlo, Charlie volvió a aparecer en escena y metió su pie entre los de Marc, quien por el hecho de la entrada inesperada de mi hijo menor, se tropezó y cayó al césped, sujetándose una rodilla con los brazos fuertemente, al mismo tiempo que Charlie seguía con el balón y marcaba en una de las porterías imaginarias.

-¡Amor! - Exclamó Beth.

Marc se sentó en el suelo y seguía sobándose la rodilla, mirándola, mientras Beth corría en su dirección. ¡Ay, no! Siempre que acababa de hacer una travesura de esas con mis hijos, me repetía que no volvería a hacerla por la escena del después. Mi hija siempre se mostraba más cariñosa con él cuando le sucedía algo así.

-¡Charlie, eres un bruto! - Le reprendía Beth. - ¡Pídele perdón!

-No pasa nada, estoy bien, de verdad… - Escuché a Marc.

-Sí, que pasa. ¡Ven aquí! - Volvió a exclamar mi hija, refiriéndose a Charlie. Mi hijo frunció los labios y me miró a mí, sin hacer nada.

-Pero Beth, estoy bien. Mira, ya puedo tenerme en pie. - Mi hija lo miró a los ojos evaluándolo con la mirada.

Desvié la mirada de aquella escena que me rompía el corazón. Él me estaba robando a mi preciosa niña… Él se la estaba llevando poco a poco. Los miré de nuevo. Dolía admitirlo, claro que dolía, pero la mirada que él le mostraba a Beth era sincera, fuerte, y… destilaba amor.

-Como vuelvas a incitar a alguno de tus hijos a que haga algo así… - El murmullo de Bella se hizo presente cerca de mí. Siguió acercándose hasta mi oído. -…¡te quedas sin fiestas nocturnas al menos en tres meses! - Susurró enfadada en mi oído.

Tendría que tener cuidado, porque no estaba dispuesto a estar a pan y agua tanto tiempo…

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Solos de nuevo (Marzo 2048)

Acabé de ponerme los pantalones del pijama, y cogí la toalla de baño para dejarla en su sitio después de usarla para terminar de secarme el cabello.

No pude evitar sonreír al recordar a mi pequeña nieta esa misma tarde en casa, tan idéntica a Beth como mi hija lo era a Bella. Ya tenía cuatro años y era tan simpática como mi pequeña princesa a su misma edad.

Me miré al espejo y pasé mi mano por el cabello aún húmedo, reconociendo el paso del tiempo en mi rostro, pero también la clara evidencia de una vida llena de felicidad.

Suspiré y caminé hasta la cama, reuniéndome con mi preciosa princesa, quien sujetaba entre sus manos la foto que Beth nos había regalado de Catherine esa misma tarde, vestida en su reciente cumpleaños de hada del bosque.

Bella dejó caer su cabeza en mi hombro, sin dejar de observar a una de las pequeñas de la familia, ya que Charlie nos había regalado un campeón hacía tan solo dos años.

-Es preciosa. - Comentó Bella orgullosa y prendada de la belleza inocente de nuestro angelito.

-Tanto como lo siguen siendo su madre y su abuela. - Murmuré dejando un suave beso en su cabello, el cual no había dejado de desprender nunca aquel olor hechizante que tanto me encantaba.

Ella se irguió para mirarme con una mirada desaprobatoria por lo que acababa de salir de mis labios y después dejó la foto sobre su mesilla de noche para volverse y deslizarse entre el caliente nórdico, dándome la espalda.

-No empieces, adulador… - Últimamente su actitud había cambiado un poco conmigo. Notaba el amor que sentía por mí, pero la sentía algo más distante e insegura, recordándome a aquella Bella de tiempo atrás, quien se sentía inferior a Tanya. Algo que jamás había entendido.

-Solo digo la verdad… - Le contesté tumbándome a su lado en la cama y pasando mi brazo por su cintura, dejando que mi mano quedase bajo su camisa de pijama para acariciar su piel, que aunque ya no estaba tan tersa, seguía siendo la más suave del mundo.

-¡Ay, que mano más helada! - Exclamó rechazándola en el acto. Solté una carcajada.

-Perdone, señora "amor, tengo los pies helados". - Dije haciendo una pobre imitación de su voz. A cambio recibí un codazo, pero no me rendí, volví a rodear su cintura con mi brazo, esta vez dejando mi mano sobre la tela - ¿Qué sucede, eh? Llevas un tiempo rara, al menos conmigo, y no lo niegues. -Ella sonrió cuando se dio la vuelta, mirándome a los ojos, parecía un poco apenada. Su cálida mano se posó en mi rostro y sentí la intensidad de sus ojos al dirigirse a los míos.

-¿De verdad sigo pareciéndote preciosa? - ¡Lo sabía!

-Por favor, princesa… ¿Cómo no ibas a seguir pareciéndome preciosa? ¿Acaso has dejado de serlo alguna vez? - Ella sonrió negando con la cabeza.

-Perdona, es solo que no me acostumbro a los sesenta y me veo tan… tan vieja… - Silencié sus labios con los míos, consiguiendo mi cometido y aprovechando el momento para acariciarlos de la misma forma que siempre había hecho.

-Bella… tengo sesenta y cinco años… ¿y he dejado de ser por eso el más sexy y guapo del mundo? ¡No, por Dios! - Ella rió entredientes, mordiéndose el labio inferior. - En serio, ¿qué más dan las cifras después de todo lo que llevamos viviendo juntos? ¿Qué más dan las arrugas? ¡Mis salteadas canas! No me digas que acaso no me hacen más atractivo. - Continué elevando una ceja seductora. Ella ensanchó su sonrisa, esta vez satisfecha y se acercó a mí para ser ella quien me besase esta vez, pero de manera más entusiasta.

-Tienes razón… Te amaré hasta cuando te quedes calvito y tengas que ponerte cremita solar para no quemarte con el sol. - Susurró sobre mis labios entre risas, acercando su cuerpo más al mío.

-¡Eh! ¡Yo no voy a quedarme calvo! - Exclamé llevándome a la cabeza en un acto reflejo la mano. - Bella soltó una carcajada y sonreí. Me encantaba escuchar su risa. -En serio Bella. - Dije poniéndome algo más serio. - No vuelvas a pensar en ello jamás… Siempre vas a ser mi princesa… bueno, una de ellas. - Admití refiriéndome a mi hija y a mi nieta, volviendo a atacar sus labios. - Aunque bueno… eres y serás siempre mi preciosa y única americana. - Susurré para continuar bebiendo de sus labios.

-¿Cómo puede ser que el tiempo esté pasando tan rápido? - Preguntó cuando nos separamos para coger aire, pasando esta vez ella su brazo por mi cintura y estrechando nuestro abrazo. - Dios… si parece que fue ayer cuando nació Beth… - Yo sonreí melancólicamente.

-Y cuando nos casamos, y cuando te vi por primera vez… -Suspiré, dejando un beso en sus labios de nuevo. -El tiempo pasa demasiado rápido preciosa, por eso tenemos que tratar de ser lo más felices que podamos. - Ella me miró con una pequeña sonrisa.

-Tuve tanta suerte… - Susurró complacida.

-Fui yo el más afortunado, mi amor. - Contesté, estrechando más nuestro abrazo, perdiendo una de mis manos por su cabello cuando sentí su rostro cobijado en mi cuello.

Bella seguía conservando aquellas curvas que tan loco me habían vuelto siempre y a pesar de los evidentes cambios a causa de la edad, mi atracción por ella estaba seguro de que jamás iba a desaparecer… Nuestro abrazo se estrechó tanto que pronto noté como mi cuerpo reaccionaba ante las sensaciones que Bella le seguía provocando. Una prueba irrefutable de que seguía siendo la mujer que más preciosa me parecía, y la única que me seguía excitando de esa manera, aun sobrepasando los sesenta años. Comencé a frotar suavemente aquella evidencia sobre su vientre, riendo entre dientes al mismo tiempo que buscaba sus labios con los míos.

-¿Acaso no es ésta una demostración física de lo preciosa que me sigues resultando? - Jadeé sobre sus labios, volviendo al tema anterior, mordiendo el suyo inferior. Ella gimió en respuesta.

-Es suficiente para que me lo crea durante… -Se quedó pensativa - unos diez u once días… - Su voz sonaba pícara.

-No tenía pensado hacerte esperar tanto… - Contesté llevando mis labios a su cuello. - Quizás pueda volver a hacerte gritar… ¿Te acuerdas? Es una de las ventajas de que los niños ya no estén en casa… - Continué con la voz cada vez más dificultosa y ronca. Carlisle, el más pequeño de mis hijos, se casaba en unos meses, pero hacía tan solo un par de semanas que había dejado su nido para irse a vivir con su novia…

-Hmmm… No te riño porque me tienes demasiado necesitada de ti… - Susurró escondiendo sus manos en mi cabello para estirar del mismo delicadamente. Disfrutaba dándome cuenta de que en ese aspecto seguíamos siendo iguales, a pesar de que nuestros cuerpos disfrutaban de manera diferente del arte de amar.

-Y yo solo quiero hacerte disfrutar, princesa… - Susurré.

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El sentido de mi vida

Había visto pasar mi vida de muchas formas. Tantas como días y momentos en los que viví. Sabía cuánto dolía la pérdida de confianza que incluso mi familia había acabado teniéndome, la decepción de darme cuenta de que alguien no era cómo yo esperaba, la pérdida de mis seres queridos… pero también había conocido la satisfacción de curar esos pesares con la superación día a día gracias a la inocencia de una sola persona que consiguió que volviera a tener ganas de vivir, de recuperar la ilusión por algo en la vida, de soñar en formar mi propia familia y lo más importante…. Gracias al amor incondicional que me había regalado todos y cada uno de los momentos en los que estuvimos juntos.

Pero el sentido de mi vida, había dejado de radicar solo en mi preciosa americana.

Ella había sido el núcleo de todo lo que yo había sido; mi luz, mi camino… Y ella había traído tanta felicidad a mi vida y tanto sentido, que fui un iluso al pensar que solo se centraría en ella el resto de mi vida.

Poco a poco aquella luz y aquel camino, se hacían más anchos, incluyendo primero el de Beth, después el de Charlie y por último el de Carlisle, hasta que año tras año, tras observar cada cambio en ellos, tras sentirme día a día más orgulloso, sus caminos se iban separando de nuevo de los de Bella, llenando mi vida de preocupaciones, una vez más de dolores, más preocupaciones, pero sobre todo… satisfacciones.

El sentido de mi vida ya no solo estaba fijo en Bella, sino que se sujetaba de mi familia; aquella familia que siempre había deseado y me había regalado un viaje maravilloso, haciéndome entender que no todo siempre era lo mejor, pero que de lo malo siempre podíamos extraer algo bueno.


Mi historia se acaba de terminar con el epílogo y todo... ¿No es bonito ver la familia que han construido y a Eddie papá protector con su princesita? Creo que voy a ponerme a llorar.

Nah... seré fuerte... Pero solo porque la cosa no se acabará aquí y quizás algún día alguna alerta os llegue informando de que algo más forma parte de esta historia... Así que para las interesadas... nada de quitar la alerta! Eso sí... no me puedo comprometer a decir para cuando estará, pero sí que os puedo decir que ya tengo la idea en mi mente y hay algo empezado... :)

Aquí he decidido ni nombrar a Tanya... pero seguramente sepamos algo de ella ;) Así que chicas, nos leemos en un futuro que espero que no sea muy lejano jajaja

Quiero agradeceros a todas las lectoras en general el que os hayáis metido tan de lleno en la historia y la hayáis disfrutado, tanto a las que dejáis rr como a las silenciosas... que también os tengo en cuenta, sé quienes sois... ejem, ejem... :) Así que gracias! No os puedo nombrar a todas, porque sois muchas, pero os tengo en un rinconcito de mi corazón a todas :)

En fin... que nos leemos después de ésto ;) BESOTES

YOLANDA DORADO, no puedo contestarte... pero quiero que sepas que me emocionan muchísimo tus rr! jajaja Por cierto... de ahora en adelante visitaré de vez en cuando Madrid... de hecho hace poco que estuve por allí... una ciudad preciosa :)