¿Qué es perdonar? Si buscas su definición encontrarás muchas. Algunas te dirán que para ser perdonado necesitas dar algo a cambio, otros te dirán que deben existir dos entes, el que otorga el perdón y el que lo recibe. Yo te diré que realmente no sé qué es el perdón, literalmente hablando. Solo sé que si me pidieran una explicación, diría "seguir adelante".
Mi madre solía decir que para perdonar se tiene que olvidar. Yo no opino lo mismo, si olvidas lo que ha pasado ¿cómo podrás aprender de ello? Debes recordar el pasado y de esa manera evitar volver a caer en los mismos errores o trampas.
¿Pero qué sucede cuando debes perdonarte a ti mismo? Es fácil engañarse con los demás, pero a ver... intenta engañarte a ti mismo y luego me cuentas cómo te sientes.
No puedes hacer la vista gorda contigo mismo y eso temía que fuese lo que pasaba con Draco. Últimamente no era él. Sí, está bien, actuaba normalmente frente a todos, yo incluida; pero cuando estaba solo lo podías ver sumido en la más grande depresión orgullosa que te puedes imaginar.
Olvídalo, nunca verás a un Malfoy llorando en las gradas de la escuela, no me refería a eso, sino que simplemente se quedaba meditabundo, observando por alguna ventana o con la vista fija en algún punto poco especial.
Me hubiera gustado saber qué pensaba, aunque he de reconocer que nunca pude profundizar tanto en su mente.
Podría decirse que la vida había continuado normalmente en mi casa. Draco, como buen mago fugitivo, había intentado causar el menor problema posible. Pero siendo él Draco Malfoy, un día sin tener problemas era algo casi imposible.
Mi madre le dedicaba miradas recelosas de vez en cuando, sin embargo agradecía infinitamente los pequeños detalles, como cuando él se ofrecía a recoger la mesa, agregando que, aunque no lo reconociera públicamente, a ella le encantaba el acento inglés de Draco.
Yo internamente solo me sorprendía y reía en partes iguales, porque sabía que para él levantar un plato era una misión titánica y que si lo hacía era sólo porque quería tener un techo sobre su cabeza.
El día que logró reparar la gotera del fregadero parecía como si hubiera inventado la penicilina, a pesar que se había llevado todo el día en saber el funcionamiento de una llave inglesa.
Creo que el único feliz de tener a Draco en casa era Yandros. No se le despegaba ni a sol ni a sombra y Draco no hacía mayor esfuerzo por alejar al perro, al punto que, de ser admitido, lo llevaría a la escuela.
Ahora era normal ver a dos rubios tirados en mi sofá, con la diferencia que uno dejaba más pelo que el otro.
- ¿Qué ves? - pregunté sentándome en el último espacio disponible del sillón, del otro lado Yandros ocupaba la mayor parte de los asientos.
-Nada en especial, ando haciendo zapping -murmuró sin prestarme mucha atención.
Me acomodé lo mejor que pude en el reducido espacio y me dediqué a ojear un libro que había traído conmigo. La escuela pronto terminaría y debía estudiar si no quería reprobar. Era increíble cómo había pasado el tiempo de rápido.
Hace un año yo me lamentaba de mi patética existencia. No es que me gustara admitirlo, pero la partida de mi padre había hecho mucho daño en mi entorno y de no haber sido por Susan y mi madre me hubiera hundido en la más profunda depresión. Ahora también tenía a Eric, Draco y Yandros.
Quién lo hubiera creído, ahora tenía amigos que me querían. Susan era como mi hermana, Eric siempre protector al punto de ser tan asfixiante como Draco, si me hubieran dicho hace un año que Eric se convertiría en uno de mis mejores amigos, seguramente me hubiera reído en su cara. Y luego estaba mi adorado perro.
Ese pequeño demonio de cuatro patas había sido motivo de alegrías sin comparación. Tenía instinto para saber cuándo me sentía triste y mucho talento para hacerse con la atención de las personas. Como ahora, que al notar que yo estaba en el mismo sillón había pasado sin ceremonias sobre Draco para ir a tirarse en mi regazo, cosa que no me molestaba cuando era cachorro y cabía en una palma, pero ahora que había crecido era sumamente pesado.
-Y allí va otra vez -murmuró Draco quitando un par de patas de sus piernas, ya que Yandros no cabía completamente en mi regazo. - Este perro está muy malcriado, Diana.
- ¿Y quién es el culpable de eso? -le acusé intentando acomodarme con el peso del perro. -Tú le enseñaste a subirse a los sillones, ahora no te quejes.
Y no se quejaba, bueno... no tanto. De hecho me atrevería a suponer que le gustaba tener el peso muerto de Yandros sobre él ya que no dijo más, simplemente se resignó a acariciar su cabeza.
Había sido un tiempo interesante tener a Draco en mi casa aunque tenía la esperanza de que Susan pronto lo perdonara. Eric lo había hecho, no sabía a ciencia cierta sobre qué habían platicado, ni tampoco los términos con los que habían quedado, pero al menos ya no había esa tensión entre ellos.
Eric ahora se sentaba en nuestra mesa de la cafetería y de vez en cuando se nos unía en los pasillos. Debía admitir que era un alivio. Aunque Draco no lo reconociera, y jamás lo haría, necesitaba a Eric. Se había vuelto parte de su vida y lo extrañaba. Me atrevería a decir que antes Draco nunca había tenido amigos que se preocuparan por él.
Una vez me atreví a preguntarle cómo había sido su vida en el colegio, fue reacio pero al final declaró que el tiempo en su colegio había sido bueno, que había tenido amigos y buenos momentos, pero no sé por qué razón no le creí. El Draco que vino de Londres no se parecía en nada al que ahora acariciaba mi mano. Seguía siendo él frente al mundo, ese déspota, creído, arrogante y patán inglés estirado que veía a todos por encima del hombro. Eso no podía negarlo, pero había logrado conocer otra faceta de él. Una que me atrevería a decir muy pocos conocían.
Draco Malfoy sin caretas realmente era algo digno de ver. Me había costado casi un año y muchas peleas y disgustos, pero lo había logrado, aunque no me atrevería a afirmar que lo conocía totalmente. Siempre quedaría esa parte que solo él y nadie más que él conocía y que no le permitía pertenecer a mi mundo. Esa parte mágica de Draco que yo no podría tener jamás.
Había sido difícil no caer en la tentación de tenerlo todos los días en mi casa, había sido incómodo y bastante problemático ya que, ¿qué chica quiere que el chico que le gusta la vea recién levantada y con el pelo desordenado? ¡Y qué decir de la colada y demás costumbres! Por no mencionar los momentos que pasábamos a solas, muchas veces agradecí internamente que Yandros no tuviera el tacto de una persona e interrumpiera sin ceremonias. Piensa lo que quieras, no te daré más detalles.
- Creo que tú necesitas un baño -sugirió Draco jalando cariñosamente las orejas de Yandros, el cual parecía estar más inquieto que de costumbre. - Tal vez así se te quita esa picazón que tienes.
Era divertido verlo hablarle al perro como si este realmente le entendiera y en muchas ocasiones lo había visto comportarse con el perro como con ninguna otra persona. Draco expresaba más amor y consideración por un animal que por un ser humano.
Y desde que el perro era su consentido yo lo dejaba ser, si quería bañarlo, que lo bañara él. Me limité a traer sus implementos y sentarme en una silla observando como Draco se arremangaba y encadenaba al animal para que no escapara. La primera vez que intentó bañarlo sin cadena tuvimos que limpiar la sala para quitar el olor a perro mojado.
Disfruté por un momento la imagen de él platicando con el perro sobre las ventajas de tener baños seguidos. Amaba a ese animal, de eso estaba completamente segura. Y eso demostraba que Draco no era tan mala persona como él solía suponer. La marca en su brazo relucía con el agua. Aunque a mí no me molestaba verla, para él era un estigma, recordatorio constante de sus crímenes, un motivo más por el que el perdón no podía serle concedido.
No pude evitarlo y me acerqué a él. Tomé la botella de champo y puse un poco en mis manos. Con el mismo impulso me acerqué para lavarle las orejas al perro. Eran suaves y su tacto resultaba agradable.
- Pensé que no te gustaba el olor a perro mojado -comentó mientras restregaba una de las patas de Yandros, el cual estaba más que feliz de recibir tantos mimos.
- No me gusta, pero se te veía tan cómodo y contento que quise compartir el momento contigo - murmuré sin observarlo. Hace un año hubiera preferido morir ahogada antes de haber dicho algo tan cursi como eso. Ahora me sentía más libre para poder hablar sin tapujos.
Sin escatimar en detalles -como que su mano estaba llena de jabón y de pelos de perro- me regaló una sonrisa antes de atraerme hacia él con una mano y robarme un beso. Yo no me quejé, de hecho amaba esos detalles.
El ruido de una moto en el patio delantero rompió el momento. No esperábamos a nadie así que ver entrar a Eric por el corredor fue grato. Draco lavó sus manos y tiró la manguera sin ninguna ceremonia.
- ¡Eric! - gritó mientras se acercaba y levantaba una mano para saludarlo- ¿quieres unirte a nosotros? estamos bañando a Yandros -pero su saludo se quedó a medias ante la seriedad del visitante.- ¿Qué sucede?
Eric no dijo nada por un momento. Observaba a Draco como intentando encontrar la respuesta universal. Después de lo que pareció un siglo, rompió el contacto visual y caminó unos pasos alejándose de Draco.
- Vengo de donde Susan- murmuró pateando piedras de mi jardín y evitando a toda costa ver a Draco- Acabo de hablar con ella... me contó su historia.
Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones. ¿Susan por fin le había contado su historia? ¿Su verdadera historia?
- ¿Y piensas que te ha vuelto a mentir? Te lo dije la última vez, Eric; no debo ser yo quien te cuente... -pero no pudo continuar, Eric había levantado la vista y lo fulminaba, lo último que esperaba era una mirada acusadora.
- No, no creo que me haya mentido. Fue muy directa cuando me habló sobre su hermana y su padre... asesinados por el tuyo -acusó... y volviendo a retirar la mirada continuó con su tarea de despedrar mi jardín.
Solo se escuchaba el salpicar del agua y el sonido de la cadena de Yandros al moverse. Fue como si hasta el aire se hubiese deteniendo. Draco parecía sopesar sus probabilidades, por mi parte no sabía cómo ayudar, así que opté por quedarme callada.
- Sí, te contó la verdad entonces - contestó Draco metiendo sus manos mojadas en los bolsillos de su pantalón, entrando en su faceta orgullosa. Tal parecía que no había optado por la humildad como técnica de pelea, por el contrario parecía inclinarse por la vía psicológica.- ¿Qué piensas de eso?
- ¿Que qué pienso de eso? -preguntó estupefacto Eric saliendo de su trance- Acabo de decirte que tu padre es un asesino ¿y me preguntas qué pienso de eso?
La furia de Eric se hizo visible. Pocas veces lo había visto tan molesto, pero últimamente parecía que teníamos premio doble, pasaba la mitad del día molesto por algo, la magia y él parecían no combinar. Y en este momento daba la impresión de odiar todo lo que tuviese alguna relación con la magia. Y desde que el único ser mágico presente era Draco, toda su furia iba dirigida a él. Este, en vez de acobardarse, se irguió en toda su altura y le dedicó la mirada más fría que pudo.
-Ya sé que mi padre no es la mejor persona, pero recuerda que yo no soy mi padre - contestó Draco con indiferencia mientras alzaba la barbilla.- No puedes acusar a las personas por lo que hace su padre, ¿verdad, Eric? ¿O tengo que juzgarte por lo que tu padre hizo? -preguntó Draco taladrándolo con la mirada. Había dado en el clavo.
- ¡No te atrevas a compararme con ese hombre! Yo no suelo andar golpeando mujeres o niños -contestó Eric conteniendo su furia. Estaba rojo, sabía que no soportaría mucho antes de romper el caudal de emociones que contenía.
- Pues lo mismo te digo: yo no soy mi padre, así que no me juzgues por sus pecados. Júzgame por los míos, que tengo muchos, pero no me odies por algo que mi padre hizo hace tanto tiempo - declaró Draco cruzándose de brazos. Me quedé pasmada ante sus palabras, allí parado, enfrentándose a su amigo, Draco parecía otra persona.
- ¿Debo enterarme de tus pecados? ¿O no son tan graves como los de tu padre? -Preguntó Eric sarcásticamente.- Digo, así estoy prevenido y no me sorprendo con algo extra -y como que no quiere la cosa, agregó inocentemente- ¿También tú has asesinado a alguien?
-No, no he asesinado a nadie. Al menos no directamente, no es que no lo haya intentado -confesó Draco con total tranquilidad caminando por el jardín mientras pateaba una inexistente piedra, hasta que terminó frente a Eric- y créelo, lo intenté, pero no pude. Al final el viejo murió, pero no fui yo el culpable de eso. Al menos eso puedo afirmar, no he asesinado a nadie.
La diferencia de estaturas no era un problema, ambos altos y rubios dedicándose una mirada, había tensión en el ambiente, Draco se la había jugado al hablar con sinceridad y ahora estaba a la espera del veredicto. Eric parecía debatirse, era mucha la información que había recibido ese día y parecía incapaz de procesar más.
- ¿Entonces? -murmuró despacio bajando la mirada, rindiéndose a la tristeza más que a la ira.
Draco lo tomó por un hombro y le dio un abrazo. Eric solamente lo aceptó, así como aceptó que cada persona tenía su historia y su pasado. Algunos más tétricos que otros, más difíciles o más oscuros, pero al fin y al cabo, era pasado.
Estaba conmovida por la escena, ver a mis chicos así podía más que yo, me acerqué a ellos y me fundí en su abrazo. Draco pareció sorprendido, aunque aceptó gustoso mi presencia, Eric fue más efusivo. Pasó su brazo sobre mi hombro y revolvió mi cabello.
- Somos un trío de locos -murmuré cuando empezaba a sentirme asfixiada, Yandros ladraba intentando recuperar la atención, habíamos olvidado quitarle el jabón.
Draco suspiró y dio la vuelta alegándole al perro por no darle su tiempo y ser un egoísta, por su parte Eric no retiró su brazo de mis hombros, era cómodo tenerlo cerca.
- Gracias -murmuró apretando un poco más el abrazo y dándome un beso en el cabello, cosa que me sorprendió, pero acepté gustosa. Nos aproximamos a Draco, que en ese momento estaba molestando a Yandros tirándole chorritos de agua a la cara como castigo a su rebeldía por haberlo empapado al sacudirse el pelo.
- Draco, debes regresar a tu casa -solté a bocajarro haciendo que me viera como si hubiera anunciado que estaba embarazada. - No me malinterpretes, adoro tenerte en casa todo el día solo para mí, pero debes regresar a tu casa.
-Sabes que Susan no lo permitiría - fue su excusa. De hecho era su excusa favorita.
- Entonces, arregla las cosas con Susan, pero ya, debes volver, has estado demasiado tiempo acá-murmuré cruelmente, pero era cierto, él tenía que ser valiente y arreglar las cosas con su prima.- Algún día deben perdonarse y más vale temprano que tarde.
- ¿Lo dices solo por eso? ¿O es porque ya no me quieres en tu casa? -preguntó algo molesto haciendo que esa vena de la frente le palpitara. - Te he visto en tus peores fachas, no tienes que preocuparte por eso, me sigues gustando igual -agregó. Hubiera sido tierno de no haber empleado ese tono sarcástico que solo él sabía usar.
-Idiota, te lo digo porque... - debía reconocerlo, no tenía una excusa muy sólida, al menor argumento me vendría abajo, pero jamás le admitiría que tenerlo en casa era una tentación demasiado grande y yo no soy una santa. Tenía que pensar en una buena excusa, pero el tiempo se me acababa.
Viendo mi indecisión, se paró del sillón donde estaba y empezó a acercarse cual serpiente acechando a su presa. Automáticamente empecé a retroceder hasta chocar con la pared. Tranquilamente se recostó en la pared atrapándome de paso.
- ¿Porque qué? Tienes que tener una razón muy válida, responde... ¿Por qué no me quieres en tu casa? - preguntó muy cerca de mí. ¡Maldito tramposo! sabía que no razonaría muy bien si hacia eso.
- Sabes que me encanta tenerte acá, pero... debes... debes volver -murmuré observando como su mano recorría mi brazo. Lo sabía, estaba perdida, pero qué diablos, si esto era el infierno ya podía conducirme yo solita a la hoguera.
- Tu argumento no tiene fuerza -murmuró sobre mis labios sin llegar a tocarlos.- De hecho, creo que quieres todo lo contrario. ¿Estoy en lo correcto? -Preguntó cerca de mi oído. - ¿Quieres que me quede y que no me vaya de tu casa?
Su aliento cálido no me dejaba pensar bien, era consciente de su anatomía sobre la mía y de la forma en la que me tocaba y me veía. Era humana después de todo, pero una humana muy terca, así que en vez de contestarle con palabras, simplemente busqué sus labios. El pareció no disgustarse por no obtener la respuesta por el medio que esperaba.
-Debemos hacer algo para que esos dos cabezas duras hablen - murmuró Eric detrás de mí mientras observábamos desde lejos como Susan cambiaba de dirección al percatarse de que Draco estaba enfrente. - Llevan demasiado tiempo siendo estúpidos.
- Tienes razón, este juego absurdo ya dura demasiado. ¿Realmente Susan no piensa disculpar a Draco o es solo que no sabe cómo hacerlo? -pregunté sobre mi hombro un poco hastiada. Eric había perdonado a Susan y a Draco, ¿por qué Susan no podía hacer lo mismo? ¿Y por qué Draco no podía pedir disculpas? El orgullo de un mago puede ser su peor enemigo.
-¿Y si los encerramos en una habitación? - preguntó Eric como que no viene al caso. Sin ver su cara, supe que había fruncido el ceño.
- Pueden pasar mucho tiempo sin hablar, son capaces de esperar hasta que les abramos la puerta sin dirigirse siquiera una mirada - argumenté conociendo hasta qué punto llegaba su terquedad.
- ¿Y si los amordazamos y los obligamos a trabajar en conjunto? Un río con cocodrilos o algo así- preguntó nuevamente Eric, se veía que estaba planteando posibilidades en las que no había pensado antes, por muy absurdas que fueran debía plantearlas.
- En el hipotético caso de que consiguiéramos un río con cocodrilos, olvidas que Susan tiene varita -murmuré inclinándome sobre el locker para dejar de darle la espalda.
- ¡Oh, sí! La dichosa varita - masculló y pude ver su expresión de fastidio al recordar el factor "magia" en la ecuación malfoyana. Tenía la impresión que todavía era un tema delicado para él.
- Aun no terminas de acostumbrarte al hecho de que alguien pueda hacer volar los objetos -dije, no como una pregunta, sino como una afirmación. Eric dejó de observar el pasillo y dirigió su mirada a mí. Supe, sin que me lo dijera, que había dado en el clavo.
- Tú mejor que nadie debería comprenderme. No puedo simplemente aceptar que algo que yo creía que no existía, existe, y de hecho nos rodea día a día. Camino por la calle viendo a mí alrededor a las personas pasar y no puedo evitar preguntarme "¿será un mago?" ¡Ya no puedo confiar en nadie ni en nada! - confesó, olvidándose de su vigía y reclinando la espalda en el locker vecino. - Supongo que mi resistencia al cambio es mayor a la tuya.
- Yo conocí la magia de una forma menos forzada que tú, comprendo porqué te cuesta tanto aceptarla - comenté apoyando mi mano en su brazo. - Solo recuerda que la chica de la que te enamoraste sigue allí, con un plus, pero sigue allí. Es la misma de siempre.
Eric parecía reacio a querer volver con Susan a pesar de haberla perdonado. Suponía que sería normal, pero lo veía tan indeciso que no estaba tan segura de su reconciliación. Eric podía ser todo un caballero, pero también era humano y tenía temores y prejuicios. Y la experiencia vivida con Greyback fue traumante... o más.
- No te preocupes por eso e intenta disfrutar el tiempo con ella, verás que pronto todo volverá a la normalidad - comenté otorgándole una sonrisa conciliadora.
- ¡Oh, sí! Normalidad, con bebidas flotantes incluidas- murmuró sarcásticamente. - Venga, sigamos pensando cómo reconciliar a esos cabezotas... ¿Amarrarlos a la vía de un tren? - propuso causándome solamente una carcajada.
Nunca se daría por vencido.
Y estaba en lo correcto, días después y harto de recibir evasivas, había tomado a Draco por el codo y guiándolo hasta un aula vacía le había dicho que esperara allí. Yo no sabía de qué iba eso, era parte del "sector secuestrado" aunque no me sorprendió que cinco minutos después entrara como huracán con una sorprendida Susan.
- Ya está, hablen. Y no acepto un "no" como respuesta. Ya me cansé de tanta payasada. Ya es hora de que se dejen de ridiculeces y hagan las paces... ¡y el orgullo se lo pueden guardar donde mejor les quepa! - incluyó al ver que Draco iba a abrir la boca.
Sabiendo bien que calladita me veía más bonita, me senté en una banca cercana y dejé a Draco solo frente a Susan. Eric procedió a acompañarme mientras los miraba. Draco parecía no saber qué hacer, se rascaba la nuca y fulminaba a Eric de vez en cuando. Susan por el contrario observaba el suelo como si de la décima maravilla del mundo se tratara.
Los minutos pasaban y nada sucedía. Sentía la furia de Eric crecer a mi lado y cuando noté que iba a pararse puse una mano en su brazo, pidiéndole sin palabras que les diera más tiempo. El orgullo Malfoy era grande, pero tenía un límite y esos dos estaban a punto de rebasarlo.
- Lo siento - murmuró Draco al cabo de otros tres minutos. - Lamento haber traído a Greyback a tu puerta.
No era lo que esperaba que dijera, pero cumplía con el cometido.
- No es como si lo hubieras invitado - murmuró Susan rodando los ojos - No fue tu culpa que ese maldito viniera a nosotros.
- ¿Entonces por qué me odias tanto? - preguntó contrariado Draco. Para él era claro que Susan lo culpaba por lo ocurrido con Greyback y por eso no podía volver a casa.
- ¡No te odio! Simplemente no sé cómo tratarte luego de eso- exclamó viendo por fin a Draco. Eric se había calmado un poco, aunque no retiré mi mano de su brazo, solo como precaución. - Fue demasiado para mí, recordé a Juliet y a mi padre y todo el daño que esto le hizo a mi madre, luego me di cuenta que había sido extremo echarte de casa, pero no sabía cómo decir "ok, ya, vuelve" sin parecer una caprichosa.
Susan bajó la mirada y restregó la punta del zapato en el suelo, por lo que no pudo ver la cara de estupefacción de Draco. Sí, había sido uno de los berrinches más grandes del mundo.
- Eres una idiota, Susan - declaró Draco haciendo que ella lo viera con molestia, pero antes de poder decir o hacer nada, él la atrajo y la encerró en un abrazo.
- Tú también lo eres - masculló dándole un golpe en el brazo antes de devolverle el abrazo.
- Malfoy tenían que ser - murmuré parándome mientras tomaba de la mano a Eric para salir de la habitación. - Vamos, esos dos tienen mucho que hablar, y ya es un milagro que hayan dicho tanto frente a nosotros. Andando, antes que recuerden que "los Malfoy no demuestran sus emociones" -recité citando una de las frases favoritas de Draco.
Lo curioso del caso fue que Draco no abandonó mi casa como esperaba, de hecho ahora tenía a Susan allí también, no tan frecuente como su primo, pero si continuamente. Pero faltaba Eric en la ecuación.
Al preguntarle a Susan la razón por la que todavía tenía un inquilino ella me respondió totalmente sorprendida.
- No es porque yo no lo quiera en casa, de hecho mi madre lo quiere de vuelta lo más pronto posible, pero es él quién no quiere irse de acá, dice que aquí come mejor. ¿Qué tipo de comida le preparas, Diana? -preguntó jocosamente.
- Cállate, no te creo que sea él. Mi madre sigue viéndolo mal, aunque debo reconocer que se la ha ganado como ningún otro, pero el caso es que... bueno, pensé que volvería a tu casa solo te reconciliaras con él - murmuré vuelta un tomate, no quería creer que era por mí por quien Draco se quedaba, pero entre las opciones no quedaba mucho de donde escoger, el otro era Yandros y suponía que me apreciaba más que al perro... suponía.
- Como sea, cambiando de plática -dije estratégicamente antes que empezara a preguntarme detalles - ¿has vuelto con Eric?
- Si, hemos vuelto, pero... no sé. Nada es como antes, creo que me tiene miedo. Lo arruiné todo, Diana - murmuró tristemente.
Eran malas noticias y mis temores se vieron confirmados. Susan había tardado demasiado en confesar su secreto y la confianza estaba demasiado minada. Y si a eso le agregábamos los alakazam... bueno, Eric era humano. Tal vez necesitaba tener otra plática con él... había funcionado la última vez.
El timbre de la puerta sonó una vez. Al abrirla descubrí a una mujer elegante, me dedicó una mirada que no pude interpretar antes de sonreír con educación, aunque la sonrisa no llegó a sus ojos.
- Buenas tardes, ¿puedo ayudarla? - pregunté luego de su escáner.
- Buenas tardes - contestó con un marcado acento inglés.- Tú debes ser Diana, Helena me platicó de ti. ¿Puedo pasar? -preguntó viendo hacia el interior.
- Claro, claro, pase por favor. ¿Le ofrezco algo de tomar? - pregunté con educación, era imposible mostrarse grosero con esta señora. Ella negó, por lo que la guié hasta la sala, donde pude observarla mejor.
Cabellos rubios y ojos azules, vestida con un sencillo pero elegante vestido verde botella. Su mirada crítica recorrió mi casa al completo. Me senté frente a ella y esperé un tiempo prudencial antes de hablar.
- ¿Es usted pariente de Susan? Discúlpeme pero no sé en qué puedo ayudarla - murmuré, alisando mis pantalones cortos, junto a su elegancia me sentía como una pordiosera luciendo mi playera de Bugs Bunny y mis pantalones cortos favoritos.
- Sí, lo soy. Soy familia política de Susan. Mi esposo era familiar del padre de Susan - murmuró y supe que había identificado mi asombro al decirme su parentesco. - He venido a recuperar a mi hijo.
Sentí el ramazo en el estómago. Por un momento me quedé sin aire y con la mente en blanco.
¡Ay de mí!...
Tenía enfrente a la madre de Draco...
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Auch, ¡cuidado! Que si matan a la autora se quedan sin saber el final… y hablando de finales… a esto le quedan máximo dos o 3 caps mas… así que espero muchos comentarios porque este cap tiene demasiada información que espero sepan captar.
A los que me han acompañado por estos casi 4 años (¡La madre del cordero! ¿En serio tanto tiempo? ¡Que paciencia han tenido conmigo!), no me queda más que agradecerles y esperar que cumpla sus expectativas.
¡Nos vemos en el próximo!
