Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
—¿Qué tienes, Edward? —susurró apoyando la frente contra su hombro.
Edward permaneció sentado al borde de la cama el resto de la noche… y de varios días. Bella suspiró quitándose los tacones, tomando asiento justo al lado de él. Se le hacían eternas las jornadas en el trabajo, y odiaba que cuando salía con la intención de verlo frente a su edificio esperándola, con aquella sonrisa torcida que podía robarle el aliento, en su lugar no encontrara nada. No podía darse el lujo de pagar un taxi, y sin embargo lo había estado haciendo con tal de regresar rápido a casa.
Él no respondió, ya que de nuevo, había regresado inconscientemente a ese estado catatónico que tuvo cuando recién se conocieron. Bella se acercó un poco más, deleitándose con el dulce perfume de su vampiro, el cual lograba reconfortarla, y le indicaba que pese a que parecía una hermosa estatua de Miguel Ángel, era verdadero, él era real.
—¿Tienes miedo? —Acarició con suavidad su rígida mandíbula, él suspiró, negando suavemente con la cabeza—. ¿Por qué ya no me hablas?
—¿Qué pasará si no puedo protegerte? —A pesar de que apenas y había despegado los labios, Bella lo escuchó alto y claro.
—¿De qué hablas?, sé cuidarme, no debes preocuparte por nada.
—Los verdugos de Tanya me están buscando, será cuestión de días u horas para que den conmigo, y si tú… —Sacudió la cabeza, apretando los puños a los lados, su hermoso rostro tenía plasmada la preocupación—. Te amo tanto, Bella.
—Y yo a ti —parpadeó confundida—, ¿por qué no me dices qué pasa?
—Tendré que dejarte, corres riesgo mientras permanezcas a mi lado, y no puedo permitir que te toquen.
Bella se quedó quieta en su sitio, mirándolo fijamente a los ojos, mientras pensaba cómo tres simples palabras podían destruir su mundo como lo conocía actualmente. Él la dejaría, lo haría de verdad. Podía sentirlo en lo tenso de sus músculos, en la firmeza de su voz y en el brillo de sus ojos. Algo más allá del miedo se apoderó de la joven, y se encontró moviéndose hacia su regazo, colocándose a horcajadas sobre él, enterrando las manos firmemente dentro de su abundante cabellera rojiza.
—Lo prometiste, prometiste que te quedarías. —Su voz sonó rota, justo como se sentía.
—No puedo protegerte, y no voy a correr ningún riesgo contigo. —A Bella se le llenaron los ojos de lágrimas que se negó a derramar, mientras se perdía en el dorado de sus ojos.
—Entonces acaba con mi vida de una vez. —Sin miramientos, tiró con fuerza del borde de su blusa, rompiendo los botones que saltaron a cualquier lado, para exponer su garganta—. Conviérteme, hazme como tú.
Edward boqueó mirándola como si se hubiera vuelto loca, y sin embargo, su naturaleza lo traicionó cuando afilados colmillos se abrieron paso entre sus labios, descendiendo con esa imperiosa necesidad de beber sangre. Aquello no la asustó, prefería vivir una vida chupando sangre que sin él.
—¡No! Nunca me pidas eso —rugió sujetándola por las caderas, antes de quitársela de encima con facilidad y dejarla sobre la cama.
El dolor y la vergüenza pincharon en el corazón de la humana, dejándola temblorosa, mientras él caminaba como un animal acorralado de un lado hacia otro, hasta que finalmente, se detuvo en la ventana abierta, con ambas manos apoyadas con firmeza sobre el marco. Se quedó ahí, quieto mirando a la nada, el silencio insoportable la hizo revolverse con incomodidad.
—¿Es porque ya no quieres que sea tu compañera?
—Sabes que eres mi vida —gruñó.
—Entonces conviérteme.
—No voy a matarte.
—Ya estoy muriendo, Edward, cada minuto, cada segundo, estoy muriendo.
El vampiro la miró sobre su hombro, el dorado pareció apagarse en sus orbes ahora oscuros, y sin embargo, la sorprendió al caminar hacia ella, para luego arrodillarse en el suelo a su lado.
—Se supone que la vida es así, así es como debería ser tu vida mortal, como hubiera sido de no haberme cruzado en tu camino.
—No quiero esa vida si no estás tú. —Él desvió la mirada antes de suspirar.
—Tu vida es preciosa, no la menosprecies, eres una humana hermosa y llena de bondad, nunca podría ser tan egoísta como para convertirte en... ni siquiera en algo como yo, sino una mutación.
—Creí que te habías enamorado de mí, yo… —Bella se mordió el labio, intentando que el dolor que sentía no le nublara la mente mientras apretaba las manos en puños—. Fui tonta, supongo.
—Bella. —Sujetó sus manos, sus ojos dorados ardiendo—. Estoy imprimado de ti, no sé qué sea estar enamorado, pero esto que siento por ti, es más fuerte que cualquier cosa que quiera o necesite. Si te pasa algo, incluso un rasguño, es como si me lo hicieran a mí, eres lo más importante que tengo ahora, no hay nada que no haría por ti.
—Salvo convertirme. —Edward apretó la mandíbula.
—Ya has visto la vida de Jessica, tiene que esconderse, vivir con miedo a la espera de ser asesinada en cualquier momento por ser una vampira convertida.
—No me importaría morir mientras estuviéramos juntos.
—No lo entiendes —sonrió sin humor—, Tanya no… si ella te encontrara, tu destino no sería tan solo morir. Morir es fácil, rápido… lo que ella te haría sería un infierno. —Recostó inesperadamente la cabeza contra su regazo—. Ella… nos mantuvo encadenados, yo era una cría y no tenía conocimiento del pudor o la libertad, solo comía, y me volvía loco de aburrimiento dentro de mi cabeza, y nada más.
Bella apretó los labios, mientras acariciaba el sedoso cabello del joven, alegrándose de que no la viera llorar, aunque estaba segura de que de igual forma él lo sabía.
—Pero Rosalie sí, ella sí sabía lo que era la libertad, y la decencia y la vida fuera de esa mazmorra, me contaba del exterior, de nuestros padres, del bien y del mal tanto como podía. A Tanya no le gustaba encontrarla hablando de esas cosas, y entonces la castigaba. Como éramos unas crías, al principio eran latigazos o golpes simples. Pero conforme fuimos creciendo, mientras mi hermana me seguía contando del maravilloso mundo exterior, mi curiosidad fue despertando. Necesitaba salir y conocer el cielo y las nubes, quería salir y respirar el aroma a limpio que tanto le gustaba a Rosalie.
—Eran tan solo unos niños, imagino la frustración que debía sentir Rosalie. —Él suspiró.
—Tanya ya le había advertido, le había dicho que no quería escucharla contándome nada, entonces los golpes fueron aumentado y lo peor, conforme crecimos, mi adorada hermana fue volviéndose muy hermosa. A Tanya, por supuesto, también le molestó, ahora lo entiendo conforme recuerdo, ella siempre tuvo miedo de que mi hermana también fuera una vampira de sangre y por alguna razón, la prefirieran los Vulturi. Así que le dijo al verdugo que la violara que... la mantuviera mancillada, y después, cada vez que yo desobedecía, me obligaba a mirar mientras los guardias tomaban turnos. —Su labio se retrajo, mostrando los colmillos completamente, un gruñido incluso se filtró desde lo más profundo de su garganta.
—Oh, Dios, lo siento tanto, eso es tan horrible…
—Lo es —gruñó cerrando los ojos, como si intentara mantener los recuerdos a raya—. El punto es que cuando la situación con mi hermana se volvió insostenible, ideamos un plan e intentamos escapar, y ahí comenzó otro verdadero infierno.
—¿Peor que todo eso? —inquirió llena de terror, odiando que Edward se refugiara en su regazo, privándola de sus hermosos ojos dorados.
—Eso parecía el paraíso en comparación con lo que vino para mí después.
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