Disclaimer: Nada ni nadie de la serie o de los comics me pertenece, si lo hiciera, otro gallo cantaría. No saco mayor beneficio que el entretenimiento puro.
Sumario: Jamás pensó que habría una razón de peso para volver allí. La muerte de Pete lo cambió todo. (¿Sexta temporada?)
Perdonar las erratas y zarpas que pueda haber, si los personajes están algo fuera de su hábitat/personalidad habitual…
Parte II de "Desandando el camino recorrido", capítulo 35 de este mismo fic.
Esta segunda parte está narrada desde una perspectiva diferente.
Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Iz… El movimiento de la fregona se detuvo en mitad de la fila de baldosas.
Su mano derecha se abrió y cerró varias veces en torno al mango de la fregona, testando la fuerza con la que sujetarla. La cerró con cuanto podía pero las puntas de sus dedos no cambiaban de color, poco faltaba para que el mango se escurriera de sus dedos y cayera al suelo húmedo.
Cerró los ojos y apoyó su mejilla contra la fregona, sus labios entreabiertos dejaron que el aire entrara por ellos. Su mirada clara volvió al suelo.
Izquierda… Se mordió el interior de la mejilla. ¿Desde dónde tenía que empezar a limpiar? Miró por encima de su hombro, volvió su vista al frente. Parecía que iba en la dirección correcta. Derecha.
Sus cejas fruncidas parecían querer sobreponerse una contra la otra. El trozo de esparadrapo que sostenía parte de la venda sobre su frente se estiró, tirando de la piel. Sus finos dedos se escurrieron por su sien hasta deslizarse por la superficie recortada de cabello.
- No lo toques.- Le insistió el hombre sentado frente a ella mirándole por encima de las gafas. Su ceño se acentuó todavía más. Con un resoplido apartó la mano hasta reposarla contra el lateral de su cuello.- ¿No querrás que se salten los puntos otra vez, verdad?- Inquirió el hombre arqueando una ceja.
La joven negó con rapidez mordiéndose el interior de la mejilla.
- Vamos, concéntrate.- El dedo índice de su mano derecha bordeó las líneas externas del dibujo precario en el papel hecho a mano.- ¿Qué es?
La chica se humedeció los labios sin apartar los ojos del dibujo. Marrón. Ojos pequeños. ¿Una… cola? Su mirada se alzó del papel, ojos abiertos acentuando la aún palidez de sus mejillas y la larga cicatriz en la derecha.
- ¿Lo sabes, verdad?- Preguntó el hombre sus labios intentando evitar curvarse en una sonrisa. Ella asintió alzando la mirada al techo, cerrando los ojos, sus manos alzadas contra su pecho, su dedo índice derecho extendido moviéndose.
- Ar…- Carraspeó sin abrir los ojos.- Ard…- Su mano derecha cerrada en un puño golpeó su sien con suavidad.- Ardi…- Su respiración era más fuerte a medida que pasaban los segundos y el sonido, el recuerdo del mismo no quería materializarse en su cabeza y salir por su boca.- Ardi…- Su dedo índice se clavó sobre el dibujo, señalando la cabeza del animal.
- Eso es… Ardi…- Le animó el hombre enfundado en su bata blanca.
- No sé por qué te molestaste en ayudarla, Edwards.- A su izquierda un hombre enfundado en un uniforme azul habló atrayendo la atención de ambos.- Está claro que estaría mejor muerta. Yo al menos lo preferiría antes que esto.
No sabía de dónde venía esa orden, de qué parte de su cabeza. No sabía por qué no debía hacerla si es que no era del todo correcta. Su mano izquierda se alzó sobre la mesa estrellándose en ella, la punta del lápiz que portaba en ella partiéndose con un sonoro crujido. Su mirada encendida fija en la del hombre.
- Creo que Beth no comparte tu opinión, Sanders.- Atajó el hombre de gafas recolocándoselas sobre el puente de la nariz.- Hey,-el hombre buscó la mirada de la chica rubia sentada frente a él aún prendida de la de aquel oficial- ibas muy bien, ¿cómo se llama?- Insistió cogiendo con sumo cuidado la muñeca de la chica en su mano y arrastrándola hasta el papel.
Beth ladeó el rostro concentrándose de nuevo en el animal. Un zumbido silencioso arrastró con él el sonido que le faltaba.
- Ar… Dilla.- Dijo finalmente alzando la mirada del papel con las cejas alzadas. Edwards asintió con una sonrisa y le guiñó un ojo.
- Eso es, ardilla. Muy bien, Beth.- Pateó la mano que tenía aún sobre el papel haciendo que bajara de nuevo la mirada, pero no señalaba nada.- ¿Quieres intentarlo con otra?- Ella asintió una vez con energía y esperó a que su mano se deslizara sobre la superficie en busca de otro animal.
Beth gruñía bajo la tela azul intentando colar su cabeza por el agujero sin lograr que entrase. No lo comprendía, y sus esfuerzos comenzaban a resquebrajar parte de la tela.
- Quieta, quieta.- Le dijo una mujer de cabello oscuro rizado entrando por la puerta. Beth se volvió hacia ella sintiendo cómo le quitaba la tela de encima y la giraba hasta colar su cabeza por el hueco.- Éste es el agujero por donde va tu cabeza.- Le indicó tocándole la frente con suavidad.- Estos dos, son para los brazos.- Le indicó ayudándole a terminar de vestirse.
- Brazos.- Dijo señalando los dibujos pequeños y mirándole para corroborar que había comprendido.
- Eso es, brazos. Y cabeza.- Indicó al cuello de la camiseta.
Beth asintió repetidas veces y cogió la prenda que le faltaba ponerse encima de su ropa interior. La alzó frente a ella dándole la vuelta varias veces. Miró de reojo a la mujer.
- Sabes cómo es. Sólo… No lo pienses.- Le dijo encogiéndose de hombros.
La chica volvió a mirar el pantalón y se miró sus propias piernas desnudas. Con cuidado, alzó el pie izquierdo del suelo y lo coló por el agujero grande correspondiente a la cintura. El pie derecho tardó más en obedecer la orden que su cerebro dañado le enviaba para colarse en el correspondiente hueco. Con movimientos erráticos pero seguros, logró colocar la cinturilla del pantalón sobre sus caderas.
- Eso es, chica.- Le felicitó la mujer dándole un apretón en el hombro. Beth imitó su gestó.
Se giró sobre la planta de sus pies. Las luces parpadearon y terminaron por apagarse. Miró a su izquierda. Miró a su derecha. ¿Por dónde había llegado allí?
Echó a andar por el desértico pasillo, las puertas de las habitaciones estaban cerradas a ambos lados. Sus zapatillas se deslizaban sobre las baldosas de forma silenciosa, su peso repartido con gracilidad para no provocar ningún ruido.
Giró en el pasillo hacia su derecha, las paredes estaban manchadas había cosas por el suelo. ¿Una… camilla? Se colocó de cuclillas frente a ella y la tocó con su dedo índice.
Continuó andando alcanzando una escalera. Descendió los escalones adentrándose en la negrura. Una puerta cerrada. Un pasillo desértico. No escuchaba nada.
Algo se cayó a su espalda. Volvió sobre sus pasos y se detuvo frente a una puerta cerrada. Algo la golpeó con fuerza, un gruñido atravesó la madera, un rostro desecho se asomó por la pequeña ventana de la misma.
Beth miró a su alrededor sin pensar. Cogió una barra de metal del suelo y giró el pomo de la puerta empujando con ella aquel cuerpo. Su brazo izquierdo se alzó desde su cintura conectando con la mandíbula partida de aquel hombre atravesando por completo su cabeza. Su cuerpo cayó al suelo manchando las paredes de la habitación y sus ropas.
Su mirada confundida y clara se alternaba entre la barra metálica de su mano y el cuerpo inerte en el suelo, un charco oscuro formándose bajo él. Sus dedos no flaquearon su agarre sobre la barra, al igual que lo habían hecho con aquel bolígrafo. Desde que se había despertado en aquella habitación blanca días atrás, podía sentir que rozaba con la punta de sus dedos los recuerdos y su yo perdido a través de aquel agujero en su cabeza.
No sabía qué era, pero algo pasaba. No sabía qué era, no lograba comprender todo lo que escuchaba a su alrededor pero, había algo diferente ese día.
Beth se acercó a una de las chicas y se aferró a la manga de su camiseta, tirando de ella.
- Qué.- Dijo con simpleza incapaz de perder el tiempo queriendo formular una pregunta completa.
- Parece que alguien ha entrado.- Le dijo en voz baja, casi un susurro mirando desde lejos al médico y al resto de quienes mandaban allí hablando en un corro. Beth fijó su mirada en ellos viendo que alguno cruzaba la suya con ella.
- ¿En... trar?- Preguntó sin comprender cómo alguien podría entrar allí.
- Sí… Pero están nerviosos.- Beth ladeó el rostro, mirándola.- Están… Míralos.- Le indicó haciendo que sus miradas volvieran al grupo.
Beth observó al doctor pasándose una mano por la coronilla varias veces seguidas hasta descansarla en su cuello. Su espalda estaba tensa, su cabeza se volvió hacia ellas. Beth no apartó la mirada.
Tras unos segundos en silencio, el hombre volvió su mirada hacia el resto y asintió una sola vez. El resto imitó su gesto y abrieron el círculo volviéndose hacia ellas, el doctor les dio la espalda acercándose.
- ¿Qué has hecho, Dory?- Beth ignoró aquel nombre. Sabía que no era el suyo, ellos se lo habían dicho.
- Beth, ven conmigo, tengo que… Contarte algo.- La joven asintió y caminó junto al doctor alejándose del resto.
El doctor se detuvo al inicio del pasillo que llevaba a su despacho, dos policías custodiaban la puerta. Podía escuchar voces provenientes del interior. Antes de que continuara avanzando, el doctor le detuvo con una mano en su antebrazo.
- ¿Recuerdas que cuando despertaste... Te dije, que estabas sola?
Beth asintió con una medio sonrisa en el rostro. Aquello si lo recordaba, era uno de sus primeros recuerdos, de sus nuevos recuerdos.
El hombre frente a ella exhaló un suspiro.
- Me equivocaba. – Beth frunció el ceño.
- No…- Negó con la cabeza.- No ent… entiendo.- Dijo con cierto esfuerzo.
- Estabas sola cuando te encontramos. Había mucha sangre y… muchos de ellos y… Pensaron que el resto estaban muertos o… Se habían ido.- Los dedos de su mano derecha se acercaron a la herida frontal de entrada de la bala. El doctor no le detuvo.- No sabían que aún tenías pulso y…- Negó con la cabeza frotándose la incipiente barba guardando su mano en el bolsillo.- No pensé que volverían. Parece que me necesitan, ja.- Soltó una risa queda, corta, nerviosa.- Pero eso es otra historia.- Exhaló un hondo suspiro.- Parece que van a encontrar más de lo que venían a buscar.- Beth se humedeció los labios bajando la mirada al suelo, su brazo derecho abrazándose a su abdomen.- ¿Quieres verles?
Cambió su peso de un pie a otro, miró de soslayo los zapatos de los policías frente a la puerta. El murmullo de sus voces alcanzó de nuevo sus oídos.
Ardilla.
Beth asintió dos veces seguidas antes de bajar su mano obligada por la otra hasta enlazarlas entre sí.
- Está bien.
El doctor extendió su brazo hacia la puerta pidiéndole que avanzara. Beth no tardó en ponerse en marcha.
Si habéis leído fics o teorías del denominado Team Delusional del que hablé en la anterior parte, os podríais imaginar un poco por dónde iban a ir los tiros aquí.
Es cierto que ha habido casos reales de gente que ha sido disparada en la cabeza y ha salido con vida con mejor o peor resultado. También es cierto que aunque estuvieran en un hospital, o en sus inmediaciones, sus medios son ciertamente limitados y... Pero no olvidemos que esto es un show donde la gente vuelve después de haber muerto así que… Jajajaja En fin, que hago esto por mero entretenimiento vamos.
No soy experta en medicina ni mucho menos, he intentado aunque sea buscar un poco de información sobre las posibles consecuencias dentro de lo imaginable de un disparo en esa región del cerebro (espero no haber metido la zarpa demasiado).
En fin, gracias por vuestros comentarios en la anterior parte, y Mell, ya que dejaste tu review como guest te contesto aquí:
- Gracias por tu mensaje, me alegra que te agradase ver la teoría plasmada un poco de aquella manera en este fic multiusos. No sé qué tendrán pensado para la sexta temporada pero, como dirían algunas que conozco en estos casos: ¿para qué están si no los fics?
Nos leemos,
