Los personajes de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y TOEI Animation Co., 1976. Usados en este fic sin fines de lucro.

*Capitulo 37: El reencuentro

En las oficinas del presidente de los Ardley, dos hombres se miraban fijamente ante las palabras que se habían dicho. George ahora estaba al tanto de que William Albert estaba con vida y no sólo eso, sino que también el joven Archibald se negaba a seguir adelante con los planes de compromiso que se habían planeado con Elie Rothschild. Sin embargo, las sorpresas no terminaron ahí debido a que había una última en espera...ésta estaba reservada para que George la compartiera con su joven superior.

Después de afirmarle que no se dejaría manipular más y que antes que obligarlo a un compromiso que no deseaba, Archie le aseguró que primero renunciaría a ser uno de la familia. Asimismo y al no recibir respuesta, el joven Cornwell intuyó que tal vez George apoyaba a la Tía Elroy y que su lealtad estaba con la matriarca, pero antes de que siquiera pensara en decirle algo más, fue el hombre frente a él que le respondió diciendo,
-Entiendo su posición, pero no será necesario.-
-¿A qué te refieres?-
-Señor Archibald, la decisión final de comprometerlo no está en manos de la Sra. Elroy...-
-¿Qué no está?...entonces...-
-Está en manos del mismo Sr. Williams- lo interrumpió al tiempo que se sentaba y se recargaba en el asiento, mirando por unos instantes hacia arriba como analizando lo que estaba diciendo.
-Pero...si tú mismo me has dicho hasta el cansancio que el Tío Abuelo está indispuesto y que no recibe a nadie, ¿cómo entonces podemos convencerlo para que evite esta absurda idea que se llevará a cabo el día de mañana?- él estaba tan contrariado que sus manos temblaban, mientras continuaba recargado en el escritorio.

Para esos momentos, Archie se encontraba muy alterado y respiraba agitado. El joven sentía que estaba luchando contra corriente y que sus recursos y fuerzas para mantenerse a flote, se le estaban agotando. No obstante, el castaño muchacho nunca se esperó lo que su asistente le diría a continuación,
-El Sr. Williams ha estado indispuesto porque se encontraba ausente ...perdido para ser más exactos...- el hombre entonces se inclinó hasta el escritorio y apoyándose, soltó un gran suspiro como de alivio.
-¿Cómo dices?- el joven se enderezó para tratar de asimilar lo dicho.
-Como lo escuchó...ahora que lo hemos encontrado, estoy seguro de que él podrá ayudarlo...- y viéndolo de frente le sostuvo la mirada, esperando a que el castaño entendiera sus palabras.

Archibald lo miró fijamente al quedarse atónito y de una pieza, se hallaba totalmente intrigado por aquello que George trataba de decirle, y después de mentalmente acomodar sus ideas le preguntó con cierta reserva,
-¿Te refieres a que...Albert?-
-...- el hombre sólo asintió.
-¿Albert es el Tío Abuelo Williams?...Albert, es el Tío Abuelo Williams...- esto último casi lo susurró.

Y como si toda la nube en su mente se disipara mágicamente, Archie lo comprendió todo en ese instante. Por supuesto que la única persona capaz de ser la cabeza y ser nombrado el presidente de la familia Ardley, tenía que ser Albert. Tal y como lo fueron sus predecesores, él era un Williams y el descendiente directo...pero algo no estaba aún claro y con el rostro lleno de duda cuestionó al hombre que lo miraba con atención,
-Un momento...Albert sólo era un niño cuando su padre murió, él no pudo haber sido nombrado el patriarca del clan...¿o sí?-
-...- George lo miró por un momento y luego aclarando su garganta, le respondió con toda tranquilidad -...ser nombrado no implica que alguien más pudiera fungir como el patriarca mientras alcanzaba la edad para tomar las riendas del destino de los Ardley...-
-¿Quieres decir que...la Tía Abuela...?-
-Así es...la Sra. Elroy estuvo a cargo de él por muchos años y yo mismo la apoyé en esa importante responsabilidad. Entre los dos educamos y formamos a la futura cabeza de familia... debe entender Sr. Archibald, que este secreto fue algo muy confidencial, algo que sólo unos cuentos estuvieron al tanto y que no pude revelarle antes. Ahora que usted está a punto de ser nombrado, era su derecho saberlo, por esa razón me atreví a decírselo...sobre todo, bajo las presentes circunstancias.-
-Pero ya no será necesario que me nombren...Albert debe presentarse ante todos y aclarar quién es él en realidad, reclamar lo que por derecho le pertenece.-
-Por favor, dígame dónde puedo encontrarlo, quisiera verlo de inmediato- suplicó el fiel hombre.
-Está en Lakewood, si quieres podemos ir juntos para hablar con él, es necesario que hablemos cuanto antes con él sobre todo esto...-
-Entonces no hay tiempo que perder, salgamos de inmediato.-

Después de tomar su saco y sombrero, George y Archie salieron de inmediato con destino a Lakewood. El joven Cornwell no habló mucho durante el camino, ya que todo el trayecto se la pasó pensando en todo lo que estuvieron hablando. Era increíble para él por fin saber la identidad del misterioso patriarca de la familia...entre más lo pensaba, más inverosímil parecía ser la historia. Pero cuando reparó en Candy, un gran sentimiento de aprensión lo invadió y dirigiéndose al hombre que manejaba a toda prisa, le preguntó,
-George...si Albert es el Tío Abuelo, entonces Candy...- tragó en seco de sólo pensarlo.
-En efecto, la Srta. Candice es su protegida-
-Me cuesta creerlo...- murmuró para él mismo mientras pensaba en las consecuencias que tendrían todo esto.
-¿Se encuentra bien?- preguntó al verlo nervioso.
-Todo esto me resulta muy extraño.-
-Entiendo como debe sentirse, pero no se preocupe...todo saldrá bien.-
-Eso espero...eso es lo que en verdad espero- y el resto del viaje se dio en silencio.

Como se apresuraron a llegar hasta Lakewood, Archie y George llegaron antes de lo planeado. Así que una vez que estacionaron el auto a la entrada del bosque, los dos se dirigieron a toda prisa hasta la casa. Cuando llegaron al claro que delimitaba los linderos de la propiedad, vieron al joven rubio a un lado de la construcción, cortando leña. En cuanto lo divisaron, George no podía creer lo que veían sus ojos y de la impresión, se quedó quieto en su lugar contemplando al joven...en ese momento Albert cortaba despreocupado con un hacha los troncos frente a él, y que de vez en cuando se detenía para limpiar el sudor con el antebrazo.

George se sintió conmovido, habían pasado meses desde el último encuentro que tuvo con él y después de pasar semanas enteras buscándolo sin éxito, casi había perdido las esperanzas de volverlo a ver...el hombre después de buscarlo por toda Europa, había comenzado a darse por vencido. De pie frente a quien el Sr. Johnson consideraba un hijo, no pudo evitar recordar la última vez que se vieron.

Retrospectiva

"Después de haber acompañado a Candy al Colegio San Pablo, George se dirigió al centro de la ciudad para encontrarse con su superior, el Sr. Williams, que lo estaba esperando en su suite del Hotel Savoy. Una vez que arribó al lujoso hotel, el hombre se encaminó hasta la habitación y después de llamar suavemente a la puerta, una voz lo invitó a pasar. Al entrar se encontró de frente con el joven rubio que se encontraba absorto firmando una pila de documentos frente a él, pero en cuanto su asistente ingresó al lugar, levantó su mirada al tiempo que le preguntaba con una sonrisa,
-¿Salió todo bien?-
-Sí, la Srta. Candice no tuvo problema en su ingreso al colegio y ya todo está arreglado.-
-Gracias, no sabes cómo te agradezco que te encargaras de ella personalmente...-
-No tienes nada que agradecerme. Dime, ¿saldremos mañana como teníamos previsto?-
-...- dejando a un lado los documentos y poniéndose de pie, el joven frente a él se colocó frente al escritorio y cruzado de brazos, se recargó para decirle -...creo lo mejor es que me quede una temporada aquí, en Londres-
-Pero...sabes bien que la Sra. Elroy fue muy específica cuando te pidió que volvieras de inmediato.-
-Lo sé, pero Candy me necesita junto a ella...este es un lugar nuevo y desconocido, tal vez le cueste adaptarse. Además, aún debe estar muy triste por la muerte de Anthony y quiero estar cerca de ella hasta que se recupere por completo...por otra parte, creo que no me harían mal unas vacaciones. Recuerda que una vez que regrese a América no podré tener ninguna libertad y no gozaré de tiempo libre por una larga temporada...-
-Aún así, creo que lo mejor será volver como lo teníamos previsto.-
-Confío en ti y sé que podrás arreglártelas sin mí. Ya casi termino con estos contratos y podrás llevártelos contigo para que puedas prescindir de mí por unas semanas...-
-Ya veo- respondió dándose por vencido ante los argumentos de su jefe -se hará como digas.-
-¡Bien!- dijo con satisfacción y luego de girar el rostro y contemplar la magnífica vista de Londres que se apreciaba desde su suite, agregó -...hace mucho que no visitaba la vieja Londres...este lugar me trae muchos...- y se quedó absorto contemplando el panorama.

Al día siguiente ambos se despidieron con la idea de que se verían en tan sólo unas semanas más. Eventualmente, Albert se encontraría con Candy y entonces el joven se alegraría al saber que su pequeña ya no estaba melancólica...la presencia de Terry la había animado mucho. Sin embargo, cuando Candy viajó a Escocia para pasar allá sus vacaciones, Albert vio en ese momento la oportunidad de hacer un último viaje. El rubio realizaría por fin la aventura que siempre había soñado tener: ¡viajar a Africa!
Por lo que sin pensarlo mucho, una vez que su protegida estuvo en Edimburgo, él tomó un barco que lo llevó a Marruecos y de ahí se aventuró por las altas montañas del país. Después cruzaría por el Sahara, para luego dirigirse hasta las tierras del Nilo en Egipto, y disfrutar de la magnífica vista que le ofrecían las pirámides y monumentos del glorioso pasado. A continuación, viajó hasta su destino en África Central en donde estuvo ayudando en una pequeña clínica, en una aldea ubicada a una hora de la capital.

Meses después y en cuanto la guerra en Europa estalló, George recibió un último mensaje en donde Albert le indicaba que viajaría hasta Túnez para tomar de ahí un barco que lo llevaría a Italia. Su objetivo era llegar a la parte sur del país y luego tomar un tren hasta Florencia, para de ahí llegar a Génova y después salir en barco hacia Inglaterra. Una vez en Southampton, cruzaría el Atlántico para poder reunirse con él en Nueva York. Sin embargo y por desgracia, algo salió mal y se perdió todo contacto con él en la región Norte de Italia, donde jamás llegó a su destino en Génova. Por meses y a pesar del conflicto bélico, su fiel amigo lo buscaría sin tregua por toda Europa, pero no tuvo éxito.

Afortunadamente y justo cuando las esperanzas se habían desvanecido, al punto de que George casi se deba por vencido, fu que finalmente el destino lo llevó a encontrarse de nuevo con él."

Fin de la Retrospectiva

Parado frente a la casa, George no pudo evitar sentirse emocionado...la larga búsqueda había llegado a su fin. No obstante, aquel joven desaliñado de cabello corto que se presentaba frente a él, en poco se parecía al decidido y muy seguro de sí mismo, Williams. En verdad pareciera que si se comparaba su querido amigo y patriarca, con esta personalidad despreocupada y libre de Albert, fueran en realidad dos personas completamente diferentes.
A su lado, Archie sólo contemplaba la escena en silencio, sabía que George estaba conmovido ante el encuentro y poniendo una mano sobre su espalda, le indicó con la cabeza que se acercara. El hombre solamente lo miró por un momento y tal y como se lo indicó el joven Cornwell, se fue acercando lentamente hasta donde el rubio continua distraído ante su labor.

En cuanto escuchó pasos, Albert levantó la vista para ver de quién se trataba. Un pulcro hombre de traje se fue acercando con cautela hasta donde él estaba y con un poco de curiosidad, dejó de hacer su tarea para acercarse al desconocido,
-¡Buen día!- exclamó mientras levantaba la mano.
-...- George continuó caminando hacía él.
-¿En qué le puedo servir?- preguntó despreocupado con una sonrisa.

Una vez que estuvo a tan sólo unos pasos de él, fue que George por fin se dio el valor para hablarle. Como estaba al tanto de su amnesia, oraba para que el joven lo reconociera,
-Williams...- le habló él con emoción.
-...- Albert sólo se le quedó mirando un tanto extrañado por la manera en que lo había llamado.
-Acaso...¿no me recuerdas?-
-...- para entonces el joven lo miraba atento, tratando de hacer memoria.
-Soy yo, George...William, muchacho...soy tu viejo amigo- para entonces el hombre se había animado a acercarse más y al ponerle las manos sobre los hombros, lo sacudía un poco para tratar de llamar su atención y que pudiera recordarlo.

Por unos momentos, el joven rubio no supo qué responderle...en verdad que no lo reconocía. Sin embargo, ese tono de voz le era muy familiar y la manera en que lo llamó, le hizo sentir escalofríos que recorrieron todo su cuerpo. Trató de decirle algo, pero las palabras no se formaban para que salieran de su boca...por unos instantes miró esos oscuros y penetrantes ojos que le suplicaban que reaccionara, pero al no tener ningún recuerdo en su mente, desvío la mirada a un lado y fue cuando pudo distinguir a Archibald que se encontraba unos pasos atrás.
Impávido y sin saber que hacer, Albert se volvió al hombre frente a él que en ese momento lo miraba emocionado y con los ojos cristalizados,
-Lo siento, no...no sé quién es usted- y sin aviso, se apartó de él y dando la media vuelta, salió a toda prisa desapareciendo por la casa.

Debido a que Albert no parecía reconocerlo, Archibald se acercó a su asistente y colocando su mano sobre el hombro, le dijo,
-Dale tiempo, George...estoy seguro de que pronto te recordará.-
-...- el hombre sólo se quedó mirando hacia donde había estado el joven rubio por unos momentos y luego se volvió para responder a Archie -entremos a la casa, es importante que hablemos con él- y sin decir más, los dos se dirigieron hasta la entrada.

Mientras tanto dentro de la casa, Candy estaba acomodando unas flores en el jarrón de la sala cuando vio entrar a Albert muy alterado; el muchacho sólo la miró por un instante...se le veía pálido y luego sin decirle nada, se dirigió a su habitación donde se encerró. Al verlo actuar así, la chica de inmediato dejó de hacer lo que estaba haciendo y lo llamó,
-Albert...¿qué es lo...?- su pregunta fue interrumpida por la puerta de la habitación que se cerró al entrar.

Extrañada, quiso ir a buscarlo y preguntarle, pero en eso escuchó pasos afuera en el pórtico que se aproximaban a la puerta. Curiosa por saber quienes eran los visitantes, se dirigió a la puerta y al abrirla se llevó una gran sorpresa al ver a su querido paladín,
-¡Archie!- se lanzó hacia él para sumirse en un tierno abrazo.
-Candy...- respondió el joven emocionado y fue en ese momento que la chica se dio cuenta de que no estaban solos.
-Buen día, George- le dijo ella un tanto apenada por su efusiva bienvenida a Archie.
-Señorita Candice...- respondió el hombre con una venia.
-Pero, ¿qué hacen aquí?- preguntó un tanto confundida -se supone que no nos veríamos hasta mañana.-
-George necesitaba ver a Albert y es importante que hablemos con él. Por favor, entremos- y la tomó de la mano para ingresar a la casa.

Una vez dentro, Candy les dijo que Albert se había encerrado en su habitación y que estaba actuando de una manera muy extraña. George y Archie comentaron que era muy probable que el rubio hubiera recordado algo al ver a su viejo conocido,
-¿Tú conoces a Albert, George?-
-Así es...digamos que prácticamente he estado a su lado desde su niñez.-
-No entiendo- respondió ella volviéndose a mirar a Archie.
-Candy, recuerda que Albert es un Ardley y que George ha estado al servicio de la familia por muchos años.-
-Si me permiten- dijo el asistente poniéndose de pie -quisiera hablar a solas con Williams, no tenemos mucho tiempo y hay que hablarle de asuntos muy importantes que no podemos demorar...-
-Su habitación es la que está del lado derecho- le indicó ella mientras la señalaba.

Por lo que asintiendo la cabeza para agradecerles, el hombre se encaminó hasta la puerta. Una vez ahí, llamó un par de veces sin obtener respuesta...convencido de que el joven estaba reaccionando así por su encuentro, se aventuró a entrar. Tal y como lo supuso, el rubio se encontraba de pie y absorto junto a la ventana mirando hacia afuera. Una vez dentro, parecía que Albert no se inmutaba frente al recién llegado y permaneció en silencio,
-William, es importante que hablemos...-
-Por favor, llámame Albert- se volvió a mirarlo por sobre el hombro -desde que perdí la memoria me han llamado así y no conozco bien ese otro nombre que dicen que también tengo...me suena un tanto extraño y es muy ajeno a mí...-
-Como tú digas, Albert- le respondió acercándose un poco más.

Mientras más escuchaba hablar a George, más era el sentimiento de familiaridad que el joven rubio sentía. Aunque no lo reconocía, su tono de voz y la manera en que le hablaba le decían que de alguna forma el desconocido había sido alguien muy cercano a él. El asistente se acercó y se detuvo a tan sólo unos pasos del joven...Albert sintió su presencia y volviéndose a mirar hacia afuera, le dijo,
-No sé quien es usted, pero en cuanto me llamó "muchacho" y me tomó de los hombros, una imagen vino a mi memoria...una un tanto difusa pero en la que escuché claramente que me llamaban así...una en donde yo era tan sólo un chiquillo y un hombre también me tomaba por los hombros, se le oía triste y me pedía..."no vuelvas a hacerlo" para luego abrazarme con fuerza...-

Escucharlo decir esto sorprendió a George tanto que se sintió gratamente conmovido. En efecto esto había sucedido hacía muchos años, y todo ocurrió cuando Albert había sido pequeño... en ese entonces el jovencito había huido de casa.

Retrospectiva

"En una de las tantas fiestas de la familia Ardley en Lakewood, un chico adolescente como de unos catorce años se encontraba encerrado en su habitación mientras que en el gran salón de la residencia, los invitados disfrutaban de un baile que la Tía Elroy había organizado. De tanto en tanto, el jovencito se asomaba curioso y con cuidado para no ser visto a través de la ventana para ver llegar a los numerosos invitados...los carruajes no paraban de llegar en lo que parecía ser un desfile. Por alguna razón muy especial y en la que no se podía argumentar, la Tía Elroy le había pedido encarecidamente que se quedara escondido y por ningún motivo bajara al salón, ya que corría el riesgo de que los demás lo descubrieran.

El joven rubio ya se había acostumbrado a esta situación que vivió desde pequeño. Sin embargo, cuando escuchó el barullo que otros jóvenes y un gaitero hacían en el patio, no pudo evitarlo y prestó mucha atención. Como buen hijo de escoceses que era, el jovencito se repetía a sí mismo que él tocaba mucho mejor el instrumento que cualquiera de ellos. Después de pensarlo un rato, su orgullo hizo que tomara una decisión y quiso comprobar ante esos chicos sus habilidades con la gaita. Encerrado y con fastidio, el joven rubio se dijo a sí mismo que no obedecería en esta ocasión e ideando un plan, se vistió con su traje de gala escocés...pensaba que de esta manera tal vez no lo descubrirían si se infiltraba en la fiesta, debido a que pasaría como uno más de los invitados. Por lo que en cuanto estuvo listo, tomó su gaita y se escabulló hasta donde el gran baile se llevaba a cabo.

El salón estaba repleto de gente y se veían a numerosas parejas bailando y charlando en pequeños grupos, mientras que los meseros ofrecían bebidas y bocadillos por doquier. Por otra parte, el conjunto de música llenaba el ambiente con los valses y con sus ostentosos vestidos, las mujeres eran llevadas por los elegantes caballeros en un armonioso vaivén sobre la pista central del salón.

El chico se quedó mudo ante lo que veía...jamás había asistido a un baile como este y había estado entre tanta gente, en verdad que todo el barullo lo sorprendió. Al principio su objetivo era reunirse con aquellos chicos, pero al ver la multitud a su alrededor, prefirió disfrutar de lo que estaba viviendo en esos momentos. Como eran varios los hombres ataviados con los elegantes kilts, al principio no llamó mucho la atención; sin embargo, fue descubierto por un par de ojos que lo miraron con desaprobación...la Tía Abuela lo había visto y se dirigió de inmediato a donde estaba para llevárselo prontamente de ahí sin que fuera visto. Entonces el jovencito sintió cómo la matriarca lo tomaba del brazo y sin decirle una palabra, lo llevó hasta el salón más cercano en donde se encerraron para reprenderlo,
-Williams, ¿se puede saber qué es lo que estabas haciendo ahí?- le preguntó muy enfadada por haberla desobedecido.
-Quería disfrutar un poco del baile...-
-No te das cuenta del riesgo que corriste, ¡alguien pudo haberte reconocido!-
-Pero Tía...yo sólo quería divertirme un poco, me aburre estar siempre encerrado y solo...- argumentó con cierta rebeldía el muchacho.
-Sabes muy bien que lo que acabas de hacer estuvo mal...por favor, vuelve a tu habitación y quédate ahí hasta que todos se hayan marchado. Enviaré a George a acompañarte en cuanto llegue, él está muy ocupado ahora y yo tengo que atender a los invitados...-
-...- asintiendo, el jovencito solamente la miró con frustración.

Así que sin alegar más, lleno de tristeza se dirigió nuevamente hasta la planta alta. Toda esta situación que estaba viviendo lo tenía harto y lo deprimía mucho...pero en esta ocasión, las cosas habían llegado hasta el límite. Llevado por un momento de furia, decidió entonces que escaparía de la casa, ya no le importaba nada. Por lo que sin medir las consecuencias, el joven se escabulló sin que lo vieran hasta el garaje donde se encontraba el auto de la familia...había sido una coincidencia que unas semanas atrás le hubiera pedido a George que le enseñara a manejar. Repasando lo que su amigo le enseñó, en esos momentos encendió el auto y empezó a manejar con lentitud para dirigirse con rumbo desconocido.

Con torpeza y mucho trabajo tratando de controlar el automóvil, tomó uno de los caminos menos transitados y llegó hasta un remoto paraje. Una vez ahí, se detuvo para luego bajar y recostarse sobre la hierba...por largo rato se dedicó a contemplar las nubes a su alrededor, pensando en lo que haría a continuación. No obstante, de pronto comenzó a llover y refugiándose de nuevo en el auto, esperó paciente a que pasara. Una vez que la lluvia hubo cesado, lo invadió una gran tristeza y bajando del auto con un gran sentimiento de melancolía, el jovencito tomó su gaita y comenzó a tocarla...confundido ahora que se había escapado de casa y no tenía un centavo, decidió ahogar sus penas lo mejor que pudo y lo estuvo haciendo de la única manera que podía hacerlo entonces: tocando su instrumento favorito.

Después de caminar por un rato y aún sumido en su tristeza, el jovencito dejó de tocar por un momento y entonces pudo distinguir un lamento que se escuchaba cerca. Se acercó lo suficiente como para distinguir a una pequeña niña que estaba tirada en el césped, llorando amargamente. Así que sin pensarlo dos veces, se fue acercando hasta ella y pensando que tal vez su música la alegraría comenzó a tocar de nuevo la gaita. En cuanto lo vio, la chiquilla dejó de llorar y con ojos llorosos le preguntó quién era...el jovencito sonrió y en ese momento ambos se pusieron a platicar. Aunque el encuentro fue muy breve, fue en verdad muy emotivo para ambos, ya que mientras hablaban ella dibujaba una gran sonrisa y reía al escuchar el sonido de la gaita, mientras que él se alegraba también.

Sin embargo, todo acabó de pronto cuando el muchacho pudo distinguir a su viejo amigo George que venía a su encuentro subiendo por una de las laderas de la colina, y aprovechando que la pequeña se giró hacia el otro lado por un momento, él salió corriendo a toda prisa. Fue poca la distancia que alcanzó a recorrer cuando unos brazos lo alcanzaron...entonces el hombre lo giró para quedar frente a él y tomándolo de los hombros, le habló con la voz quebrada de la emoción,
-Williams, muchacho...por favor, no vuelvas a hacerlo...- y con lágrimas en los ojos, lo abrazó con emoción.

George había buscado con desesperación al jovencito que obviamente había escapado de la residencia y desaparecido con el auto. Aunque estuvo perdido tan sólo por un par de horas, fue lo suficiente para demostrarle al fiel asistente y a la Tía Elroy lo valioso que era el joven heredero. Esa misma persona, ahora convertido en adulto, volvería a desaparecer años después, pero en esta ocasión la búsqueda había durado mucho más de lo deseado...por fortuna para todos, al fin había terminado."

Fin de la Retrospectiva

Albert continuaba mirando hacia afuera mientras estos pensamientos de un pasado lejano vinieron a la mente de George. Para el fiel asistente que nunca se casó ni tuvo esposa o hijos propios, el joven rubio frente a él representaba toda su familia. Desde que William C. y su esposa murieron, el chico se había quedado sin padres y de inmediato él se hizo cargo del pequeño. En ese entonces el niño tendría unos 7 años y por más de 20 años, el Sr. Johnson había sido como un padre para él.

Absorto con esto en mente, los pensamientos del hombre fueron interrumpidos cuando el rubio se giró para mirarlo de frente, al tiempo que le decía,
-"No vuelvas a hacerlo", esas palabras me vienen constantemente a la mente...dígame, fue usted quien las dijo, ¿verdad?- y lo miraba atento esperando que le respondiera.
-...- George no pronunció palabra, para entonces contenía lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento, el hombre se hallaba muy conmovido.

Puesto que no recibió respuesta, Albert se acercó más a él y cuando estuvo cerca, con la mirada fija en él, intentó decirle algo, pero fue George quien habló,
-En aquella ocasión sentí que te había perdido...tal como sucedió esta vez que desapareciste. Aunque no me recuerdes, confía en esto que voy a decirte: desde que ya no tuve contacto contigo no he dejado de buscarte y jamás perdí las esperanzas de encontrarte con vida...-
-¿Porqué me buscaba?, ¿acaso somos parientes?-
-Desde que tu padre murió y te dejaron a mi cargo, hemos estado juntos...por muchos años he sido tu guardián, pero quiero que sepas que no sólo he sido un tutor para ti...Albert, yo te considero como mi propio hijo...- esto último casi lo susurró.
-...- el joven no supo que decir y todo lo que hizo fue responder lo mejor que pudo a quien parecía ser alguien muy importante para él -entonces, tal vez usted podría ayudarme a recuperar mi pasado...uno que ansío tener de vuelta...quiero que hable de quién soy, de mi familia, de todo lo que era parte de mí...por favor, ayúdeme...- le suplicó extendiéndole la mano para sellar el compromiso.

Sin dudarlo, George estrechó fuertemente la mano de su querido hijo y sin pensarlo, luego lo abrazó efusivamente. Por segunda vez, el hombre había recuperado a su querido hijo que se había perdido.

Mientras tanto en la sala, Candy y Archie esperaban pacientes y en silencio a que sus amigos salieran. Los jóvenes se hallaban inquietos, ya que no estaban seguros de lo que se estaría hablando en esa habitación. Mientras la tomaba de la mano, Archibald repasaba distraído en su mente todo lo que había sucedido esa mañana...el joven deseaba que Albert recordara a George y que su asistente se decidiera a ayudarlos. Sumidos en estos pensamientos de incertidumbre, la pareja se volvió a mirar hacia la habitación cuando escucharon que la puerta se abría. Los vieron salir con una sonrisa y poniéndose de pie, Archie y la chica aún tomados de la mano, se acercaron a ellos,
-George dice que me ayudará a recobrar mi pasado- comentó el rubio emocionado.
-¡Albert!- respondió Candy abrazándolo -...eso es maravilloso...- y volviéndose a mirar a George agregó -...gracias...-

El hombre solamente asintió con la cabeza y Archie se acercó hasta él para agradecerle,
-Sabía que podíamos contar contigo.-
-Por favor, nunca duden que mi intención es ayudar a la familia...yo desconocía que Williams estaba con vida y aún cuando me opuse a que usted fuera nombrado el sucesor, la Sra. Elroy insistió en seguir adelante y tuve que callar.-
-Entonces todo esto es por culpa de la Tía Abuela- interrumpió Candy, su voz se escuchaba un tanto molesta.

Invitándolos a sentarse en la sala, el Sr. Johnson supo que tenía que aclarar varios puntos con ellos, por lo que con su acostumbrada formalidad, les empezó a contar todo lo que había sucedido. Los tres jóvenes escucharon atentos a las palabras del hombre...fue entonces que todos se enteraron que después de que casi pierden a Archie en el accidente, la Tía Elroy comenzó a inquietarse y a dar muestras de que no podría esperar más por el regreso del heredero de la familia que se hallaba perdido. También les comentó que aunque la anciana no se lo había dicho, él sospechaba que ella se encontraba muy enferma...esto fue algo que tomó a todos por sorpresa y en especial a Archie. Desde que se había desmayado en el hospital, George sospechaba que la matriarca no estaba del todo bien y esto le fue confirmado cuando ella se lo dijo, al tiempo que ya empezaba a preparar todo para el nombramiento de Archibald.

Enterarse de esto fue mucho para el sensible joven, ya que siempre pensó que todas estas artimañas de su Tía se debían a un simple capricho, pero estaba muy equivocado. Todo era parte de un desesperado plan que Emilia quería llevar a cabo para dejar un sucesor, una cabeza de familia que se hiciera cargo de todo en la eventualidad de que ella ya no pudiera hacerlo o peor aún, que ya no estuviera con ellos.

Visiblemente afectado por esto, Archie se levantó del sillón y soltando la mano de Candy, se encaminó hasta la puerta para salir por un momento...sentía que todo lo que se había dicho lo estaba ahogando. Cuando lo vio salir, Candy de inmediato se levantó para seguirlo...supo por todo lo que habían escuchado, que él la necesitaba más que nunca. Así que una vez fuera, se acercó al joven por la espalda y le preguntó,
-¿Qué sucede, Archie?-
-...- al ser sacado de sus pensamientos, se volvió a mirarla con una tenue sonrisa de lado y sólo se dedicó a contemplarla sin responder.
-Te afectó mucho lo que nos contó George, ¿no es así?-

El joven desvío la mirada a un lado y pasándose luego la mano por el cabello, soltó un gran suspiro antes de responder,
-Siempre pensé que la Tía Elroy actuaba de esa manera por mero capricho...- la miró de frente -ahora veo que lo hizo pensando no sólo en la familia, sino también en mí...-
-¿Cómo?-
-Ella sabía que si no teníamos un presidente que fuera un Ardley, la familia y el poder que nos ha pertenecido por tanto tiempo, desaparecería...- suspiró de nueva cuenta -Candy, si Albert no hubiera aparecido, yo sería el único heredero...cualquier cosa pudo haberme pasado el día del accidente y de sólo pensar que conmigo se hubiera perdido la única esperanza de mi familia me hace pensar que...
-No digas eso, por favor...- interrumpió ella.
-...me hace pensar...- continuó -...que la Tía Abuela no estaba tan errada al querer preservar la esencia de los Ardley.-
-Pero mira todo lo que te ha hecho...todo lo que nos ha hecho.-
-No la justifico pero tampoco la culpo, recuerda que el heredero era Albert y luego Anthony...si ellos dos no estuvieran, todo recaería en Stear y en mí...¡no puedes culpar a la Tía Elroy por las muertes y la desaparición de ellos!...- agregó alzando con desesperación un poco la voz mientras cerraba con coraje los puños.
-No, tienes razón- respondió ella bajando la mirada apenada.

Al verla reaccionar así, Archie no pudo resistir el impulso de acercarse a ella y abrazarla con fuerza, se necesitaban mutuamente...sobre todo, él la necesita mucho en ese momento,
-Discúlpame, no fue mi intención hablarte así...lo siento.-
-No tienes porqué disculparte, todo esto ha sido mucho para todos y debe serlo en especial para ti- le habló ella con dulce tono de voz mientras se aferraba con fuerza a la cintura del joven frente a ella.

Después de permanecer unos momentos así y mientras aspiraba el dulce aroma de la chica en sus brazos, Archie se apartó un poco y colocando sus manos en los brazos de la joven, la miró fijamente mientras le decía,
-Gracias por estar a mi lado- y tomando una mano sin despegar esos ámbares de ella, la besó tiernamente -...no sé que hubiera hecho sin ti...-
-Archie...-

Sin aviso, el castaño se acercó lentamente a ella para depositarle un tierno beso en los indecisos labios que no sabían que responder a sus palabras. Archibald quería llenarse de ella en ese momento, ya que desde que se separaron, ansiaba volver a sentirla...y si bien había salido librado con éxito de toda la actuación que dio frente a los Rothschild, tenía que reconocer que fue debido a la motivación e impulso que su amada Candy le daba.
Una vez que se separaron y aunque ella continuaba flotando en su nube con los ojos cerrados, la besó en la frente y volvió abrazarla,
-No sabes cuánto extrañaba sentir tus besos- le dijo él con una gran sonrisa.
-...- ella, ruborizada ante las palabras, sólo sonrío mientras se dejó envolver en sus brazos.
-Vamos...- le dijo separándose de ella -nuestros amigos nos esperan adentro- y pasando el brazo por sobre el hombro de la chica, los dos se dirigieron al interior de la casa.

Una vez dentro, los dos hombres que se hallaban conversando se volvieron a mirarlos. Albert fue quien le preguntó a Archie si todo estaba bien,
-¿Sucede algo, Archie?-
-No se preocupen, todo está bien- y miró a la chica a su lado para dedicarle un guiño junto con una de sus encantadoras sonrisas...ella solamente le sonrió emocionada.
-Será mejor que volvamos a Chicago- interrumpió George -la Sra. Elroy sospechará si ambos no estamos allá- agregó mientras se ponía de pie.
-Tienes razón, pero primero hay que planear que es lo que haremos mañana.-
-Todo ya está arreglado- interrumpió Albert -...ya lo hemos platicado y George puede ponerte al tanto mientras van de camino de regreso...en sí, sólo modificaremos parte del plan.-
-Está bien- respondió Archie -...entonces es tiempo de irnos, George.-

El asistente se volvió a mirar con orgullo al joven rubio a su lado. Aún cuando Albert no lo había reconocido del todo, el muchacho ahora confiaba plenamente en el amigo de Archie. Como habían convenido, una vez que todo este embrollo se aclarara, el Sr. Johnson ayudaría al joven rubio a recobrar su pasado...y la verdad era que si alguien podía hacerlo, ese era George. Los dos, padre e hijo, se estrecharon las manos y después de despedirse, se dirigieron a la entrada seguidos por Candy y Archie. Una vez en el pórtico, Archie le dio un tenue beso a Candy en la mejilla y luego se despidió de Albert,
-Nos veremos mañana en la mansión...si todo sale bien, ya no habrá más despedidas.-
-Claro que todo saldrá bien- argumentó con una sonrisa Albert -...nunca dudes de un Ardley y mucho menos cuando hay dos unidos para arreglarlo todo...-

Estas palabras conmovieron muchísimo no solamente a Archie, sino también a George...parecía que el espíritu de lucha y unidad de Williams, estaba volviendo poco a poco en aquél joven sin pasado.

Así que después de despedirse, Archibald y su asistente se encaminaron hacia el auto para dirigirse de nuevo a Chicago. Durante el trayecto, George puso al tanto a Archie de las modificaciones que él y Albert pensaron serían necesarias para el plan; cuando los dos repasaron el nuevo plan ya modificado, notaron con agrado que ahora tenían más posibilidades de salir con éxito. Contar con la ayuda del buen hombre a su lado, fue de gran alivio para Archie...ahora más que nunca, estaba seguro de que saldrían airosos de todo esto. No obstante, siendo él mismo la pieza principal en la actuación del día de mañana, lo ponía un tanto nervioso.

Al llegar a las oficinas de los Ardley, Archie se despidió de George no sin antes recordarle que necesitaba verse con él temprano por la mañana y después, se dirigió sin demora a la mansión. El joven Cornwell necesitaba poner al tanto de las modificaciones a su amiga Alison.

Sin embargo, al entrar en la mansión fue interceptado por James que le indicó que la Sra. Elroy deseaba hablar con él y que lo esperaba en sus habitaciones. Sin extrañarse ante la petición, agradeció al mayordomo y se encaminó sin demora hasta la habitación de la anciana. Una vez frente a la puerta, tocó levemente y una voz lo invitó a pasar...al entrar se encontró con la sorpresa de que la Tía Abuela y Margaret arreglaban mientras le daban los últimos detalles a un suntuoso traje de gala escocés... uno que el joven de inmediato, supo que era para él.
Al verlo llegar, Emilia dibujó una gran sonrisa y despidiendo a la mucama, le pidió a su sobrino que se acercara al tiempo que le mostraba el atuendo que su querido hijo usaría durante la fiesta,
-He decidido que será lo más apropiado para esta ocasión...dime, ¿te gusta?-
-Pero, Tía Abuela...- no supo que más decir, estaba muy sorprendido.
-Es el traje con el tartán que lleva los colores distintivos de nuestro clan- se volvió a mirarlo orgullosa -mañana será un gran día para ti y ordené que te lo prepararan, lo acaban de traer...-
-...- Archie miraba el atuendo sin saber qué responder.

La anciana supo que su querido hijo estaba conmovido, por lo que con una sonrisa quiso darle la otra sorpresa que le tenía... se dirigió hasta su cómoda y sacó de ahí una pequeña caja. Luego se volvió a acercar al muchacho que no dejaba de admirar el suntuoso atuendo y extendiéndole el pequeño paquete, le dijo,
-Este será mi regalo para ti...como la cabeza de familia que ya eres, mereces llevarlo contigo con orgullo.-

Aún anonadado ante lo que estaba sucediendo, Archibald tomó la pequeña caja de terciopelo de manos de la matriarca y al abrirla, no pudo creer lo que tenía ante sus ojos...¡era la insignia de los Ardley!

Anonadado, sólo se volvió a ver a la anciana que le sonreía satisfecha y luego volvió a mirar al broche. En ese instante se dio cuenta de que era exactamente igual a aquél que tenía Candy y lleno de asombro, lo tomó entre sus manos para poder admirarlo mejor. Era magnífico y al parecer estaba hecho de oro,
-Todos y cada uno de los patriarcas de la familia han llevado uno...como desde ahora estás a cargo del clan, te corresponde portar con orgullo el emblema de la familia.-
-Yo...no sé que decir...-
-Hijo, eres nuestro nuevo patriarca...muéstrale mañana a todos que eres digno de ser la nueva cabeza de los Ardley.-

Archibald se sintió totalmente desconcertado; mirando el broche y luego el kilt, supo entonces la seriedad del asunto que todo esto representaba...por primera vez, sintió cómo un gran peso era colocado en sus hombros y para su sorpresa, en vez de ser una carga, parecía ser algo que le despertaba cierto orgullo al ser el elegido. Aunque sabía bien que no le correspondía este puesto, si las circunstancias hubieran sido otras, de buena gana lo hubiera aceptado.

Por consiguiente, mirando a la anciana que esperaba ansiosa alguna respuesta suya, le habló diciendo,
-Le aseguró que jamás ha sido mi intención defraudar a la familia...haré todo lo que esté de mi parte para ser un digno representante de los Ardley.-
-No esperaba menos de ti, hijo...no sabes lo orgullosa que me hace escucharte hablar así.-
-...- el castaño continuaba anonadado y sólo le respondió con un asentimiento de cabeza.
-Le diré a James que coloque el traje en tu habitación, ya lo revisé y todo está perfecto...te recuerdo que mañana los invitados comenzarán a llegar a las cinco de la tarde. Estaremos recibiéndolos desde esa hora, ya le he pedido a George que nos acompañe...- carraspeó para enfatizar lo siguiente que diría -...Elie espera que vayas a recogerla a las cinco y media, ya que ella y su familia serán nuestros invitados de honor...el discurso de bienvenida y el anuncio de tu nombramiento comenzará a las seis en punto, seguido por la cena a las siete y el baile vendrá a continuación.-
-Como usted diga, Tía Abuela...- fue lo único que se le ocurrió decir al tiempo que colocaba el broche en la caja y la cerraba.
-Anda a tu habitación a descansar, mañana será un día muy importante para ti y necesitamos que estés preparado mentalmente...-

Sin decir nada más, Archibald se acercó a la Tía Elroy y dándole un beso en la mejilla, se despidió con cariño de la anciana. Recordó en ese momento y con pesar las palabras de George al mencionar que la mujer estaba enferma, y esto causó que el joven sintiera aprensión...en verdad que quería mucho a quien siempre fue como una madre para él. Después de que colocara el paquete de terciopelo en el bolsillo de su saco, se dirigió a la puerta y antes de salir, escuchó a la anciana decirle,
-¡No sabes lo orgullosa que estoy de ti, Archibald!-
-Lo sé, Tía...- quiso salir pero se detuvo un momento, como pensando en lo que añadiría y luego de mirarla por sobre el hombro agregó -...sé que Anthony y Stear también hubieran hecho lo mismo por la familia y hasta pienso que...ellos lo hubieran hecho mejor que yo...-

El joven Cornwell había dicho esto porque sus pensamientos no dejaban de repetirle que de alguna manera se sentía culpable por no hacer exactamente lo que se esperaba de él. Sin embargo, la anciana tenía una respuesta para todo y su contestación a este argumento no se hizo esperar,
-Recuerda que desgraciadamente ellos no están más con nosotros. Muy al contrario de lo que piensas, sé bien que cualquiera de ustedes hubieran sido el candidato perfecto...ellos eran tan Ardley como lo eres tú, eso te hace tener la misma capacidad que ellos...nunca olvides que se nace con el abolengo, pero la capacidad de alcanzar grandes propósitos se aprende...tú naciste con dones para alcanzar el destino que deseas tener, es sólo cuestión de enfocarte y trabajar duro para llegar a lo que quieres conquistar...-

En cuanto escuchó esto, el joven se volvió asombrado a mirarla...para entonces Emilia había cambiado su rostro por uno sereno pero serio, esas palabras habían salido desde lo más profundo y estaban llenas no sólo de sabiduría sino del amor de una madre. Archie no pudo resistirse y se volvió para abrazar a la estoica anciana que recibió la expresión de cariño con cierta sorpresa. Después de un momento de silencio, el joven se apartó para salir a toda prisa de la habitación...el castaño no quería que su querida Tía viera las lágrimas que se habían formado en sus ojos. Archibald estaba por demás conmocionado.

Al llegar a su habitación, el joven cerró la puerta y recargándose sobre ella, dejó salir un gran suspiro que había contenido todo ese tiempo que estuvo con ella...Archie sintió como si algo que le estuviera apretando el pecho, de pronto desapareciera. El discurso de la Tía Abuela había sido mucho para él, especialmente sabiendo lo que sucedería al día siguiente...esa fue la razón del porqué se sintió muy aprensivo mientras hablaba con la querida anciana,
-¡Diantres!- se dijo respirando agitado -ojalá y todo fuera diferente...perdóname Tía Abuela...no puedo hacer lo que me pides...-

Entonces se dirigió hasta su cama y sentándose a la orilla, se volvió a mirar la fotografía de Stear. Sin pensarlo, la tomó entre sus manos y por largo rato se dedicó a mirarla ensimismado con miles de pensamientos...jamás en su vida había deseado con tanto fervor que su hermano estuviera vivo y a su lado...seguramente Stear sabría que hacer y lo aconsejaría para salir airoso de toda esta situación. Sin embargo, Archie tenía que repetirse una y otra vez que no importando cuánto quisiera que las cosas fueran diferentes, éstas nunca cambiarían. El joven ahora solo dependía de sus propias capacidades y habilidades.

Pensando en esto, sacó la caja que llevaba en su bolsillo y la abrió de nuevo para volver a contemplar el emblema que brillaba ante sus ojos,
-Es realmente hermoso- susurró y sacándolo de la caja, tuvo la oportunidad admirarlo más de cerca -...ahora entiendo porqué el Príncipe de Candy llevaba uno, era el de Albert...William, el patriarca de la familia...- y con una leve pero triste sonrisa, agregó -Candy se sorprenderá al saber que se enamoró en ese entonces, nada más y nada menos que del patriarca de los nobles y distinguidos Ardley...-

Colocando la insignia de nuevo en su estuche, dejó a un lado la caja sobre la cómoda y se recostó por un momento para tratar de pensar bien todos y cada uno de los movimientos que tendría que hacer al día siguiente. Con sus brazos bajo la cabeza, el joven visualizó lo que sería el escenario para la mayor actuación de su vida...Archibald era consciente que un movimiento en falso, algún detalle que fallara a último momento y él se convertiría irremediablemente en el prometido de la hija de los Rothschild. No importando qué sucediera, el honor y prestigio de su familia estaba en juego y si no hacía algo antes de que se anunciara su compromiso ante todos, después sería muy tarde para retractarse y negarse ante Elie. No, todo debía resultar tal y como lo planearon, sobre todo ahora que contaban con el fiel George...no obstante y no importando el importante rol que los demás jugaran, en sus manos caía la mayor responsabilidad de todas: dependía enteramente de él de que el plan fuera un rotundo éxito o de que fracasara.

En tan sólo unas hora más, Archibald Cornwell sabría si por fin conseguiría todo por lo que había soñado y luchado tanto. En lo que parecía ser una fiesta cualquiera, el futuro no sólo de Archie sino el de Candy, Albert y el de la misma Elie, sería definido...el joven estaba a horas de saber si el destino por fin había decidido ser benévolo con él o no. No obstante y sin que el joven lo recordara en ese momento, también se definiría de una vez por todas si llevaría a cabo aquello que el hombre de la gaita le había pedido en sus sueños...de alguna manera, todos los Ardley contaban con él.


Notas:

¡Feliz inicio de semana a todos! No saben la alegría que me da que la historia haya superado ya 350 comentarios...¡wow! ¡Eso sí que es para celebrar!

Muchísimas gracias a todos, en verdad que esto no hubiera sido posible sin su ayuda. Cada palabra que le dedican a la historia es un incentivo para seguir adelante.

Espero que les haya gustado el Capitulo, todo lo que narré acerca de Albert y George está basado en la continuación que escribió Mizuki en los libros de "Candy Candy Final History". Gracias a mi querida Anna María Pruneda, tengo una traducción que me ayudó a escribir ese pasaje en donde nuestro querido Príncipe de la Colina escapa y conoce a Candy.

Me despido de todos no sin antes agradecerles el tiempo que le dedican al Fic y a comentar, como he dicho anteriormente, esa es mi paga a las horas que le dedico. También los invito a leer el Minific de Sesshomaru "EL PODER EN LA VERDAD", lleva varios comentarios y parece que está gustando mucho...contiene una pequeña enseñanza.

Les deseo una buena semana y por fin, la próxima semana comenzaremos con el baile y la recta final a la historia. Si le dedico varios capítulos al baile, será por un buen motivo, créanme.

Abrazos enormes

Adriana