Nuestro tiempo juntos
Al día siguiente se levantó Helga muy temprano y se fue directo al parque, a correr un poco. Gracias a lo ocurrido en la fiesta, apenas y había podido cerrar los ojos durante toda la noche.
Estaba tensa, muy tensa y estresada, por el baile y la posterior charla con Lorenzo. El muchacho había insistido en acompañarla durante la mayor parte de la velada, lo que a su vez le causo una serie de conflictos que poco a poco se fueron haciendo más grandes.
Le caía muy bien el muchacho. Sentía que podía hablar con el de varias cosas y que él la comprendía, o por lo menos no la juzgaba como otros; era como cuando se quedaba hablando con Brainy, pero mucho más entretenido ya que con el solo podía hablar de ciertas cosas y con Lorenzo incluso podía charlar sobre sus gustos literarios y sus planes a futuro.
Planes que justo esa noche habían salido a relucir gracias a la charla.
—¿Desde cuándo quiero estudiar algo que tenga que ver con poesía? Digo, si me gusta escribir uno que otro poema de vez en cuando, pero no creo que a Miriam o a John les guste la idea; después de todo ya tienen a Olga con sus cientos de diplomas y reconocimientos como… ¿A quién engaño? Si me gustaría tomar algo que tuviera que ver con Literatura, aunque estoy segura de que no les hará ninguna gracia en mi familia. Digo, ¿Quién de ellos ha estudiado Letras antes? Mi abuelo, para nada. Mi abuela, podría ser pero lo veo poco probable. Miriam, menos. John ni se diga. Olga nunca lo considero.
La rubia lanzó un quejido al aire y comenzó su trote en el parque. Como era muy temprano, solo se cruzó con otras dos personas en el circuito de corredores; lo que agradeció porque no quería encontrarse a ningún conocido en esos momentos. Todo lo que deseaba era agotarse, al grado de olvidar por unos momentos los eventos del día anterior.
—Vamos, Helga. Tú puedes… Otra vuelta al parque.
Conforme sus palabras, la muchacha aumentaba la velocidad mientras sus piernas y brazos trabajaban en una lucha incansable por conseguir la velocidad deseada y el tramo que quería hacer esa mañana.
Helga iba tan ensimismada en su carrera que, cuando aquella voz resonó justo detrás de ella solo pudo soltar un respingo.
—¿Qué haces aquí tan temprano?
Los pies de la rubia trastabillaron. Helga ya estaba lista para darle un beso pasional al pasto debajo de ella, cuando sintió aquellos brazos cerrarse en torno a su cintura, al tiempo que un cálido cuerpo se colocaba debajo de su persona.
Gracias al gesto, ella apenas y sintió el impacto. Claro que no podía decir lo mismo su acompañante.
—¿Estas bien, Helga?
—¿Arnold? ¿Cuándo…? ¡Lo siento!
Al principio no se dio cuenta de la posición tan comprometedora en la que habían aterrizado, todo lo que le interesaba era no haber lastimado al muchacho; pero cuando la sonrisa de su cabezón se ensancho y sus manos se cerraron aún más en torno a ella, Helga por fin pudo comprender el porqué de aquella sonrisa boba.
—¿Qué haces? Déjame pararme. Te estoy aplastando.
—Sí, bueno. No es la mejor forma de atraparte, pero no me quejo del resultado… Te he extrañado.
Las mejillas de Helga se colorearon de un brillante carmesí que bien podía haberse confundido con una señal de tránsito. Ahora más que nunca, necesitaba alejarse de él o su fachada de mujer dura se iría al traste.
Claro que Arnold no pensaba igual que ella. La acercó un poco más a él y, a pesar de los esfuerzos de la muchacha por hacerse a un lado no lo consiguió.
—No, primero dime si me extrañaste.
—Cabezón. Deja de jugar con fuego o te vas a quemar…
—¿Y qué si quiero quemarme? ¿Habría algún problema si lo decido así?
—Oye, habló en serio. Si pasa alguien y nos ve…
—No me importa.
—¡Arnold!
—¡Helga!
La sonrisa en los labios del rubio era tentadora. Aun así, Helga hizo uso de su entrenamiento en béisbol y por fin se quitó las manos del muchacho de encima, no sin antes lanzar un susurró al aire.
—Yo también…
—¿Qué? ¿Dijiste…?
—Yo también te extrañe.
La muchacha estaba tan roja y avergonzada que apenas y sintió la mano de Arnold cerrándose en torno a sus dedos. Tiraba de ella hacía un punto que ambos conocían bien, pero que hacía tiempo no visitaba Helga.
Los matorrales donde se habían escondido cuando eran niños seguían ahí, incluso habían colocado una banca cercana a ellos por donde se podía ver el lago con todo detalle. Helga creía que iban a sentarse en ese lugar, pero en vez de ello Arnold traspasó los arbustos y la llevó a un punto por detrás de ellos, donde por fin tomó asiento para después abrazar a la rubia con una sola mano.
La intimidad del gesto y el lugar en donde estaban hicieron de las suyas en Helga. Si de por sí ya se sentía al borde de la ebullición con su presencia, ahora estaba a punto de calcinarse por la cercanía del muchacho. Ella siempre había sido de emociones intensas gracias a su naturaleza apasionada, pero eso estaba cruzando bordes que nunca creyó posible.
Había compartido otros momentos íntimos con el rubio, pero ninguno tan personal y privado como ese. Por unos momentos se preguntó que se sentiría si se dejaba llevar por aquellos sentimientos, ¿Le correspondería Arnold? ¿No se asustaría por la intensidad de sus emociones?
Esa última pregunta la hizo controlarse, y refrenó las ganas que tenía de arrojarse a sus brazos y besarlo con frenesí. En su lugar le tomó la mano y recostó su cabeza en su hombro al tiempo que decía.
—Lo siento.
La pareja estaba tan sumida en su silencio que el gesto descolocó a su acompañante.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No debí enojarme contigo el otro día, por lo menos no tanto. Por mi culpa pasamos un buen rato sin hablarnos y…
—Hey, no es nada. Los novios pelean de vez en cuando, mis padres se molestan entre ellos algunas veces y no por eso no se quieren —, las mejillas de Helga se tiñeron de un rojo más brillante por la temida palabra N que había pronunciado el muchacho.
De los dos, ella era la que más se resistía a decirla en voz alta. Sus miedos y tensiones no la dejaban admitir algo que era más que evidente entre los dos, a pesar de ello Arnold siempre fue muy comprensivo con ella y nunca la obligo a decir algo que no quisiera.
"Él es mejor que yo en muchos aspectos, empezando por el carácter."
Helga apretó la mano del rubio y asintió, claramente cabizbaja por algo que el chico ignoraba por completo.
—¿Qué tienes?
—¿Eh?
—Estas menos habladora que otras veces, y más cariñosa —, la chica intentó esconder el rostro en su hombro, pero él fue más rápido. La tomó del mentón para obligarla a verlo y, mientras pasaba un dedo por su mejilla le dijo —, ¿Qué pasa? Sabes que puedes decirme lo que tienes.
La rubia se mordió el labio y lanzó un suspiro.
"Pasa. No pasa nada, a menos que sientas que el que pasara un largo rato platicando con Lorenzo y que me sintiera nerviosa sea algo que tocar… Tonta. Solo le estas dando más importancia de la debida al asunto. Deja de pensar en lo que pasó ayer y enfócate en ahora. En Arnold."
—Yo… Yo…
—¿Sí?
La boca de la chica se torció y, aunque una parte de ella quería decirle lo que había pasado en la reunión, otra desconocida para ella y más recelosa ganó la partida y termino cambiando el tema.
—No es nada malo. Es solo que… Bueno. Bob…
—¿Qué pasa con él? ¿Las amenazó de nuevo?
La tensión en los hombros de Arnold puso sobre aviso a Helga. Tal vez no era bueno decir nada de nada, por lo menos por el momento; claro que no podía dejar al rubio con la duda o seguiría insistiendo con el tema, así que se dio un coscorrón imaginario y terminó la oración.
—Bob salió. Dice que no quiere hacernos nada, pero Miriam no está muy segura de sus palabras.
¡Ya regresé! Y antes de que comiencen los golpes y patadas voladoras, les digo: Sorry por haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo.
¿Qué les puedo decir? No estaba quedando como yo quería y tuve que borrar y escribir de nuevo el capítulo, por lo mismo me atrase y no pude subir a tiempo la actualización. Me gustaría decirles que no volverá a pasar de nuevo, pero he estado checando un par de cosas en la historia y puede que me pase otra vez porque mi mano traviesa está llevando la trama a caminos que yo ni había pensado, y por supuesto que no puedo dejar que eso ocurra porque si no se va a perder el sentido del fic.
No se preocupen, no voy a dejar que eso pase; aunque me llevé un poco más de tiempo voy a terminar esta historia, así que solo ténganme un poco de paciencia y verán que les cumpliré.
Ahora si me despido, cuídense y les envió un abrazo de boa a todos los nuevos seguidores de la historia.
¡Todos ustedes hacen que yo siga escribiendo!
Nos leemos la próxima semana (espero). Cuídense.
