-¡Rompan filas!- gritó el sargento, y de inmediato hizo a Thor dar media vuelta y dirigirse hacia las caballerizas.

Una vez instalado su caballo lo acicaló un poco y le regaló una manzana, gesto con el que ya estaba acostumbrado el equino a terminar su entrenamiento. Thor había sido un regalo de sus padres en su cumpleaños número veintidós y después de casi un año juntos, el muchacho y su montura se habían hecho inseparables… salvo que se tratara de la hora de comida. Ya en su habitación se lavó y arregló para bajar al comedor, pero antes de salir volvió a calzarse las botas de montar –inseparables, ¿recuerdan?- e intentó arreglarse el pañuelo púrpura que llevaba en el cuello. Aún peleaba con el nudo cuando, frente a la puerta del comedor, se encontró a Herbert, el joven sargento de su tropa que le llevaba apenas un par de años.

-Hey Herb, ¿qué hay?

-¡Friederick!-lo saludó con un suave golpe sobre los hombros.

-¿Nos acompañaras esta tarde?

El chico sacudió la cabeza en respuesta afirmativa, provocando que su suave melena castaña se agitará y desprendiera un suave aroma fresco producto del reciente baño.

-Tu madre me hizo la invitación.

Que alguno de los miembros de buen rango tanto del ejército, del cuerpo de seguridad del palacio o de la misma servidumbre los acompañaran durante alguna de las comidas no era sorpresa, lo que sí es que Herbert era quien más visitas llevaba al comedor de la familia real.

-¡Estupendo!-respondió Friederick-¿te parece entonces si entramos ya?

-Claro, después de ti por favor.

Ambos atravesaron las puertas y lo primero que hizo el pelirrojo fue saludar a su par de primas, Christa y Clara, de dieciséis años.

-¿Qué hay Fried?-preguntó la rubia.

-Todo tranquilo. ¿Y ustedes? ¿Cómo va el castigo?

Su hermana bufó y torció los ojos.

-Aburrido, pero ¿qué se le va a hacer?

-¿Puedo saber el motivo de su encierro en esta ocasión?-preguntó Herbert con tono casual mientras tomaba asiento entre la silla ubicada en la cabecera y Friederick. Como respuesta, la pelirroja subió una pierna escayolada sobre la mesa-Oh, ya comprendo.

-Hola buenas tardes. Clara baja la pierna de ahí-ordenó Amelia caminando con paso suave, seguro y majestuoso y sin despegar la vista de su dedo gordo-No creerán lo que acaba de sucederme.

-No me digas-respondió su hermano mayor-te cortaste nuevamente con la página de tu libro.

-¡Así es!-respondió sentándose y colocando la servilleta sobre su regazo-Esto ya me está cansando, no puede ser que… Oh, ¡Herbert!-exclamó con una curiosa vocecilla súper aguda al alzar la cabeza y caer en cuenta de la presencia del castaño-que… que honor tenerte aquí.

-El honor es mío su alteza-contestó con una sonrisa seductora aunque igual de sonrojado que la princesa.

-No-no sabía que nos acompañarías.

-¿Qué diferencia haría que lo supieras antes?-inquirió Friederick tratando de evitar soltar una carcajada. Era muy bien sabido, al menos por él, que desde un par de meses atrás su hermana y su sargento se veían a escondidas en cualquier rincón disponible del palacio.

-Bueno, yo… amm…

-¿Habría llegado un poco más temprano?-la auxilio el invitado

-¡Eso! Gracias Herb. Es decir, Herbert. Sargento… Herbert.

-No es na… ¡buenas tardes señor!-de inmediato se puso en pie al percatarse de que el príncipe consorte entraba al recinto.

-Buenas tardes Herbert, siéntate ya; te he dicho que no es necesario que hagas eso.

-Disculpe señor.

Pero el pelirrojo estaba muy concentrado en la carta que llevaba en las manos: su sobrina favorita, la hija mayor de su hermano Lars, se casaba dentro de un par de meses con el heredero al trono del reino de Corona, quien le había sido presentado gracias a la intervención de la reina de Arendelle.

-Chicos, ¿en dónde está su madre?-preguntó aún distraído con el papel-muero de hambre.

-Creo que tardará un poco más de lo esperado-respondió Edith, la princesita de diez años tomando asiento junto a su hermana.

-¿Algo habrás tenido que ver con este retraso?-inquirió Friederick, aunque se arrepintió de inmediato cuando las orbes frías y cerúleas de su hermana se encontraron con él.

-No. Porque de haber sido así lo último que haría sería responder de manera afirmativa a tu pregunta-y sonrió con socarronería.

La pequeña, que aunque no había heredado los poderes de hielo de su madre, sí había sacado la oscura cabellera de su abuela, los hermosos ojos de su madre y el agudo y mordaz ingenio de su padre. Definitivamente, y eso había quedado en claro para ambos hermanos mayores, era el enemigo más peligroso de la familia a pesar de su pequeña talla.

-Uff, ¡qué suerte! Creí que veníamos muy tarde-dijo Anna arribando al lado de su marido.

-Nah, creo que Elsa se encuentra demasiaaaado ocupada en estos momentos-respondió Kristoff.

-¿Tiene algo que ver con el grito que soltó hace un par de horas Gerda?

-¡Definitivamente!

-Oh, ya comprendo. Christa baja los codos de la mesa.

-Pero aún no sirven la comida.

-Que horror, y yo que muero de hambre-se quejó la madre de las chicas.

-¿Cómo estuvo el entrenamiento chicos?-preguntó Hans aunque sin despegar la vista de la tercera de cinco páginas de la carta.

-Excelente señor-respondió Herbert-la tropa va muy bien y me enorgullece decir que de entre todos los chicos bajo mi mando, Friederick definitivamente es de los mejores.

El comentario logró que por fin el consorte les prestara total atención.

-Vaya, eso me alegra, ¡buen trabajo hijo!

-Gracias, pa.

-Me atrevería a decir que el mejor-continuó el castaño-pero me temo que Pierre es visiblemente superior

-Ja ja, para ya-le advirtió el príncipe aunque sin poder evitar reír.

-…pero si las regreso mañana por la mañana…

-No-respondió la voz fuerte y clara de su madre, la reina de Arendelle, entrando regia y caminando directo hasta su lugar en la cabecera de la mesa, aunque sin dejar de discutir con alguien a sus espaldas lo suficientemente pequeño para que su figura fuera completamente ocultada por la mesa-las reglas son claras y no comprendo cómo es que no comprendes eso.

-Pero mamá, prometo que voy a…

-Basta jovencito, ya dije que no-suspiró tomando asiento-buenas tardes a todos, lamento mucho la tardanza.

-¿Más problemas?-le preguntó su esposo acariciándose la barba y sumergido nuevamente en la carta.

-Pareciera que se multiplican cada vez que parpadeo.

Hans la miró con el ceño fruncido y evidentemente preocupado.

-¿Te refieres al trabajo o a…

-¡Hey, Herbert!-saludó el principito Elgar de seis años, hincado sobre su silla y sonriéndole ampliamente-¿qué hay de nuevo?

-Pues bastante, para ser sincero, aunque creo que no será ni la mitad de interesante como lo que tú tienes que contar ¿verdad?-el pequeño pelirrojo abrió sus hermosos ojos azules con desconcierto-me refiero al peinado tan despeinado que llevas.

-Oh, esto-intentó acomodarse el cabello-es que esta tarde estuve casando ranas.

-¡¿Ranas?!-preguntó divertido el invitado.

-¡Sí! Las encontré en unos charquitos cerca del patio y las metí en frascos, pero Gerda…

-Para con eso Elgar-pidió su madre con severidad mientras los primeros platos eran servidos.

-¿Qué? ¡¿Por qué?!-preguntó indignado.

-Porque no es conversación para la mesa.

El chiquillo frunció la trompita, molesto, y retando sin pena a su madre, terminó de narrar rápidamente a su interlocutor:

-Pero Gerda las encontró y gritó y unos francos se rompieron y las ranas escaparon.

-¡Elgar!-lo reprendió Elsa.

-¿Para qué querías a esas ranas?-preguntó su hermana mayor.

Él suspiró, simulando decepción.

-Quería echárselas al presumido hijo del conde Velertz. Desde hace tiempo tengo ganas de darle una patada en las…

-¡ELGAR!-gritó su madre.

-…nalgas.

-¡HANS!

-¿Eh?-respondió el consorte dejando a un lado la carta.

Ella negó, fastidiada, y se dedicó a picotear la ensalada que tenía enfrente.

El resto de la comida transcurrió en tranquilidad, amenizada por una agradable conversación y muy buena comida.

Poco a poco los asistentes se fueron retirando, Elgar por supuesto acompañado de una severa advertencia por parte de su madre, hasta que finalmente sólo quedaron los reyes, los príncipes mayores y el invitado. Las miraditas enamoradas que el par de tortolitos se habían lanzado durante toda la comida no habían pasado desapercibidas por Friederick, pero estaba bastante seguro de que al resto de los comensales se les habían escapado aquellos fugaces gestos. Al poco tiempo su hermana abandonó la habitación poniendo como excusa sus clases de piano, momento que el príncipe pelirrojo consideró adecuado para acompañarla y de paso molestarla con la amenaza de contarle todo a sus padres, así que apuró lo que quedaba en su copa de vino.

-Bueno, me retiro-dijo poniéndose en pie de prisa para alcanzar a la rubia.

-Ah, Friederick-comenzó su madre antes de que dejara el salón-necesito que esta tarde acompañes a tu tío a recoger algunas cosas en el centro del pueblo.

-Por supuesto ma, no te preocupes.

Ella le sonrió con dulzura

Apenas estaba cerrando las puertas del comedor cuando escuchó a su madre carraspear antes de decir:

-Entonces, Herbert, mi marido y yo nos hemos estado preguntando cuáles son tus intenciones con nuestra hija mayor.

Friederick no pudo evitar romper en carcajadas, lo que llamó la atención de su hermana Amelia.

-¿Y ahora que sucede, extraña criatura del bosque?

-Nada, nada. O bueno sí, sucede algo, ¡pero descuida! Ya te enterarás de ello-le dijo antes de pasar a su lado y picarle con un dedo en las costillas, haciéndola enfurecer como ya era costumbre.


Y ya, ahora sí ya se terminó.

Miles de millones de gracias, de todo corazón, por seguir esta historia, por compartirnos un ratito de su tiempo y por sus palabras de ánimo, sus sugerencias y quejas. ¡Casi dos me llevó este fic! Creo que es lo más largo que he logrado terminar jajajaja, esto me prepara para otros trabajos.

Chiquillas, no me olvidaré ni de ustedes ni del fandom; tengo varios one-shots listos para ser revisados, pulidos y subidos y ya trabajo en algo un poco más extenso (aunque no tanto como esto) que probablemente vea la luz el próximo mes. Es algo un poco... diferente. Tal vez algunas de ustedes sufrirán, al igual que nuestros amados personajes. No sé, no estoy segura de que tan cruel debería ser, pero meh, ya veremos n.n

Les mando un abrazo enorme, millones de agradecimientos más y les deseo lo mejor de lo mejor el resto de la semana, del mes, del año y de la vida. ¡Nos volveremos a leer muy pronto! ^_-