Memorias Olvidadas: El Ascenso del Dragón Escarlata (Capítulo XXXVII).

Sakura poco a poco se despertó de su inconsciencia. La ninfa abrió sus hermosos orbes esmeralda, y divisó un techo un tanto deteriorado. La princesa hada se incorporó de golpe, y examinó el área donde se hallaba actualmente. Sakura pronto se dio cuenta de que las paredes tenían unos grabados de seres mitológicos, asociados a la cultura Shaolin, y además había algunas estatuas de dragones, un tanto deterioradas por el tiempo. La ninfa se hallaba dentro de una especie de pagoda, quizá era un monasterio Shaolin.

Sakura, al levantarse, dejó caer una manta abrigadora al suelo, y se dio cuenta de que estaba en ropa interior, por lo que se sonrojó un poco, y se cubrió con sus finos brazos. No obstante, en una pequeña mesa junto a la cama, donde había descansado por unas cuantas horas, la pelirrosa halló un nuevo vestido, muy parecido a los que solía usar ella, salvo que éste era un poco menos escotado, y de tonalidad magenta claro. Igualmente, en aquella mesa había unas zapatillas de tonalidad blanco, idénticas a las que estaba usando Sakura hasta antes de luchar contra la reina Otsutsuki.

Sakura tomó el largo vestido en sus brazos, y lo examinó durante algunos segundos. El vestido era muy bello y elegante. La tela parecía ser hecha de una seda extremadamente cara, propia de la vestimenta usada por la realeza. De hecho, probablemente si se vendía aquella prenda, se alimentaría a una familia entera por al menos unos cuántos meses. Ni siquiera en su jerarquía como monarca, Sakura había tenido un vestido así de elegante, fino, y caro. La ninfa no pudo evitar maravillarse por aquel impresionantemente hermoso vestido, y como una niña con un juguete nuevo, pronto se colocó aquella prenda de vestir.

Sakura sintió maravillada la suave y delicada tela de aquella prenda de vestir. El vestido le quedaba perfecto, y resaltaba su perfecta figura, de un modo discreto y elegante. Sin embargo, después Sakura reaccionó, y se preguntó quién realmente habría colocado aquella vestimenta junto a la pequeña mesa, al lado de la cama donde descansaba. De pronto, Sakura recordó que había quedado inconsciente de la batalla que tuvo con su madre, y que el príncipe de los Uchiha la estaba sosteniendo entre sus musculosos brazos. La ninfa entonces se levantó de su sitio, se colocó aquellas Ballerinas de la mesa, y salió a paso veloz de aquella habitación donde había reposado. Lo único que tenía en mente Sakura, en ése preciso instante, era hallar a su dulce príncipe. Por algún motivo desconocido, la hermosa hada sintió una angustia.

No obstante, su preocupación pronto se disipó, al ver al último de los Uchiha sentado a la orilla de aquel sitio donde ambos se encontraban. Sakura se dio cuenta de que se hallaban dentro de un templo dañado, aunque aún en pie. Sasuke estaba con la mirada perdida hacia el horizonte, y bebía constantemente de aquella botija de alcohol que solía portar. Y para sorpresa de la ninfa, el Uchiha también fumaba un puro. La hermosa princesa hada abrió los ojos desmesuradamente, y frunció el entrecejo, pues le preocupaba que su amado Sasuke-kun se enfermara por estar fumando de aquel puro.

Casi a estampidas, Sakura pronto se acercó al azabache, y se colocó a su lado, aún de pie. Y entonces, Sakura se cruzó de brazos, con una mueca de molestia total. El azabache, al cabo de un tiempo, se percató de la presencia de la princesa de Iridia, y clavó sus obsidianas extrañados en las molestas esmeraldas de la bella ninfa.

— ¡¿Se puede saber qué estás haciendo?! — le preguntó la pelirrosa, bastante enojada.

Sasuke parpadeó un par de veces. No comprendía porqué su Cerezo estaba tan molesta.

— Solamente estoy relajándome un poco. Ya sabes. Ha sido un día bastante agitado — aludió el moreno.

Sakura bufó enojada. No sabía si Sasuke era tonto, o se hacía. Sin embargo, la mirada extrañada del moreno le dijo que realmente él no entendía nada.

— ¡No me refiero a éso! — repeló un poco agresiva Sakura.

— ¿Entonces?

— ¡¿Por qué estás fumando ésa cosa?! — le cuestionó irritada la ninfa, a la vez que apuntaba inquisidoramente al puro que consumía.

Sasuke volvió su mirada al habano que tenía encendido, y en su mano derecha. El Uchiha volvió su mirada a su amada princesa hada, y después al cigarrillo, repitiendo el proceso una y otra vez, unas cuántas veces. Con cada transición, Sakura se enojaba aún más de lo que de por sí ya estaba. Sasuke se colocó el puro en la boca, y le dio una fumada al habano, mientras que Sakura sentía cómo le hervía la sangre. El moreno expulsó el humo del puro, y volvió su mirada calmada a su muy enojada flor de Cerezo.

— Suelo fumarme un cigarro cuando estoy bastante estresado. Son deliciosos — enunció calmadamente el moreno, muy para el enojo de la ninfa — ¿Quieres un poco? — le preguntó, extendiéndole el habano.

Sin embargo, tan pronto Sasuke estiró su brazo, para ofrecerle el cigarro a Sakura, la hada tomó agresivamente aquel puro, y a continuación la hermosa ninfa azotó con violencia aquel habano, y lo pisoteó varias veces, y con odio, como si se tratase de una cucaracha. Sasuke se sorprendió bastante del actuar de su novia, pero prefirió no cuestionar las acciones de la muy enojada hada de cerezos. Sakura fulminó con su mirada al Uchiha, y se aproximó aún más a él.

— ¿Algún motivo como para que te desquites con el cigarro, Cerezo? — inquirió diligentemente el moreno.

— ¡No quiero que vuelvas a fumar ésa cosa! — le demandó agresivamente Sakura — ¡¿Me escuchaste?!

El azabache arqueó una ceja.

— ¿Por qué no? — preguntó extrañado Sasuke.

— ¡Por que no quiero que la fumes, y punto! — dictaminó Sakura.

— ¿Qué tiene de malo? Hace mucho que no me fumaba un cigarro. Antes solía fumarme al menos dos al día.

Si Sasuke trataba de convencer a su niña, definitivamente no lo había logrado. Por el contrario. La hermosa hada se enojó aún más, y gruñó bastante iracunda.

— ¡Ah! ¡Vaya! ¡¿Así que te gusta hacerme enojar, eh?! — interrogó Sakura, demasiado encolerizada.

— ¿Hacerte enojar? No intento hacerte enfadar, Sakura. Simplemente te cuento lo que suelo hacer en mi tiempo libre — se defendió patéticamente el moreno.

— ¡Como sea! ¡No quiero que vuelvas a fumar ésa cosa! ¡¿Entendido?! — le exigió la pelirrosa.

Sasuke nuevamente parpadeó unas cuántas veces. ¿A dónde quería llegar ésa preciosa ninfa?

— ¿Por qué? — preguntó otra vez el Uchiha.

— ¡Porque no me gusta que fumes! ¡Júrame que no lo volverás a hacer! — espetó la ninfa.

Sasuke rodó los ojos. A veces se preguntaba cómo es que realmente pudo haberse enamorado de una chica tan agresiva como Sakura... Oh... Claro... Porque es una chica muy hermosa, dulce, y amorosa, al menos cuando quería serlo.

— ¡Bien! ¡De acuerdo! — replicó el moreno, levantando su tono de voz — Carajo. No sé por qué te molesta tanto — masculló el azabache, desviando la mirada al horizonte.

Sakura suspiró para calmarse. Sabía que Sasuke también era de corta paciencia, y que no comprendía el porqué ella le pedía que dejara de fumar. No era que Sakura propiamente detestara tener un novio fumador, sino que a la princesa hada le preocupaba que su dulce príncipe se enfermara de algún cáncer incurable. Sakura prefería ser torturada de la peor manera existente, antes de que su querido Sasuke-kun terminara enfermo.

La hermosa hada se colocó a las espaldas del apuesto príncipe Uchiha, y se arrodilló. Sakura enredó sus delicados y finos brazos frente al pecho del ahora enojado moreno, y lo estrechó contra ella. La ninfa abrazó la cabeza de su amado pelinegro contra sus pechos, y depositó un suave beso en aquella revoltosa cabellera de Sasuke. El Uchiha, en un principio, se rehusaba a corresponder la muestra de afecto de su hermosa princesa hada; sin embargo, al cabo de un tiempo, Sasuke se rindió ante los encantos de la hada. Simplemente le era imposible al heredero de los Uchiha el poder resistirse al amor de su Cerezo, pues ella era su debilidad.

— Sasuke-kun. Solamente prométeme que no volverás a fumar — le pidió Sakura, en un susurro — No lo hago porque quiera controlarte. Me preocupa que algún día te llegues a enfermar. No soportaría el verte enfermo — musitó dulcemente Sakura, abrazando a su amado, como si fuera su bebé.

El azabache también suspiró, y tomó aquellas manos entrelazadas de la ninfa con su mano derecha, cubriéndolas completamente con su palma y sus dedos.

— Está bien, Cerezo. Lamento haber levantado la voz. Te prometo que no lo volveré a hacer — replicó Sasuke, con voz suave.

Sakura sonrió, y rodeó el poderoso cuerpo de Sasuke, hasta que quedó de frente hacia él. Sakura se sentó a horcajadas sobre las musculosas piernas de su amado príncipe, y rodeó el cuello del moreno con sus brazos. La hada besó los labios de Sasuke, pese a que el moreno aún tenía el sabor del humo del puro, aunque Sakura ignoró ello, y continuó besando aquellos cálidos labios del hombre de su vida. Sasuke enredó sus fuertes brazos en la espalda baja de su pequeña, y la estrechó contra su fornido cuerpo, correspondiendo el afectivo gesto de su niña.

Tras unos segundos, ambos separaron sus labios, aunque Sakura depositó un último beso en los labios de su Sasuke-kun, y se recostó sobre su musculoso cuerpo.

— Por cierto... ¿Dónde estamos, Sasuke-kun? — le preguntó curiosa la ninfa, mientras se acurrucaba sobre el hombro izquierdo del azabache.

Sasuke estrechó a la hermosa ninfa entre sus brazos.

— Estamos en la Provincia de Nan Long. Al Noroeste de Terra.

— ¿Nan Long? ¿No es acaso aquí donde antes existía uno de los mayores templos de los Shaolin? — inquirió la bella ninfa.

El moreno asintió.

— Así es. Nos encontramos en el Templo del Dragón — aludió el azabache — Aquí fue donde yo recibí mi entrenamiento como un monje guerrero.

— ¿En serio? — exclamó emocionada la hada, y con una sonrisa — Pero, ¿Por qué me trajiste hasta aquí?

— Necesitábamos un tiempo a solas, o al menos yo lo necesitaba a tu lado — respondió Sasuke.

— Oh. Ya veo — murmulló tiernamente la ninfa — Por cierto, ¿Tú conseguiste éste vestido? — le preguntó.

Sakura se señaló la prenda de vestir, con su dedo izquierdo. Sasuke asintió nuevamente.

— Sí. Tus ropas estaba severamente dañadas, así que opté por conseguirte un nuevo vestido — explicó el moreno.

— ¿Dónde lo conseguiste? Ésta clase de prendas son muy caras y exclusivas. No es fácil conseguir un vestido de éstas telas — refirió la ninfa.

— Lo hice de paso, mientras viajábamos a éste lugar.

— Y, ¿Cuánto te gastaste en ésta prenda? Debió haberte costado una fortuna, teniendo en cuenta la calidad de la tela — dijo Sakura, mientras palpaba la fina seda de su vestimenta.

Sasuke se encogió de hombros.

— Qué importa. Yo quería comprártelo. Cuando lo vi exhibido, supe que lucirías increíble en ése vestido. Y no me equivoqué en mis predicciones — enunció Sasuke, con una sonrisa ladina, mientras observaba a Sakura.

Sakura sonrió dulcemente, y besó cortamente los labios de su querido príncipe Uchiha.

— Pero con ésto pudiste haber comprado alimento para mucha gente, Sasuke-kun. No deberías hacer gastos innecesarios — le regañó amorosamente Sakura.

— Era necesario comprarlo, Cerezo. No ibas a andar desnuda por doquier. ¿Cierto? — preguntó el moreno, con el ceño fruncido.

Sakura rodó los ojos. De nuevo, los celos de Sasuke se hacían presentes.

— Claro que no, bobo. Sin embargo, pudiste haber comprado algo más económico — le contestó la ninfa.

— Considéralo como el regalo de cumpleaños de todos éstos seis años que no pude estar presente — dijo el Uchiha.

Sakura acarició la mejilla derecha de su amado, con su mano izquierda, y después se fundió en un beso con su dulce príncipe, rodeando con sus brazos el cuello de Sasuke. El moreno correspondió el gesto, y estrechó a la hermosa hada contra su torso. Y cuando se separaron del beso, Sakura se recostó de nuevo de perfil, contra el hombro izquierdo de aquel apuesto Uchiha, siendo abrazada por éste con aquellos musculosos brazos. Sakura enredó su delgado brazo por el fuerte pecho de Sasuke, y plantó un amoroso beso en la mejilla de su príncipe.

— Y, ¿Cómo fue que terminaste entrenando en éste sitio, Sasu-chan? — preguntó en un susurro la bella ninfa.

El Uchiha exhaló oxígeno, con algo de nostalgia. Regularmente no solía contar sus experiencias personales con alguien. De hecho, nunca lo había hecho, ni siquiera con Kakashi o Tenten. El rey de Medel sabía algunos detalles, más que nada porque sus hombres estaban esparcidos por todo Terra, y eventualmente compartían mucha información con el Hatake. Fuera de ello, nadie sabía de la verdadera historia de Sasuke.

No obstante, para Sakura no debían existir secretos. Al menos aquello pensaba el moreno, así que decidió narrarle toda su historia.

— Sucedió hace casi seis años... — musitó el moreno.

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Año MCDLXIII: Trece años tras el inicio de la Gran Guerra.

Sasuke golpeó a un enorme demonio en el vientre, mediante lo cual hizo que aquel gigante cíclope al que combatía vomitara una cantidad impresionante de sangre morada, y que se arrodillara sumamente adolorido. Cuando el gigante calló en sus rodillas, Sasuke se acercó amenazadoramente al demonio, y enterró sus puños en el musculoso vientre del gigante. El moreno, a continuación, aferró su agarre en la destrozada carne del demonio, y levantó por lo alto al gigantesco cíclope. Y de un sólo movimiento, el azabache partió en dos al colosal monstruo, con lo cual esparció vísceras y sangre por doquier. Incluso, la sangre del demonio bañó completamente al pequeño Uchiha.

Sasuke arrojó los restos del gigante a lo lejos, y volvió su mirada a un grupo de Shinobis, pertenecientes al ejército de Wintersun. Los Ninjas se quedaron impresionados por el tremendo poder del pequeño pelinegro, o mejor dicho relativamente pequeño. Sasuke, de hecho, era bastante alto para su edad, y demasiado musculoso para sus trece años. Sus fuertes brazos podían partir en dos la tierra, y sacudir el planeta entero con un azote de aquellas poderosas manos. Hasta hace unos segundos, un grupo de diez gigantes habían atacado al príncipe de los Uchiha. Sin embargo, Sasuke probó ser un formidable oponente, al descuartizar completamente a los enormes cíclopes, únicamente usando sus poderosos brazos.

¿Y bien? ¿Quién de ustedes quiere morir ahora? — cuestionó hostilmente el moreno.

El grupo de Shinobis se sintieron amedrentados, por un mocoso de no más de trece años. Sin embargo, no contaron con que aquel Uchiha sería nada más, y nada menos, que el legítimo heredero al trono del Clan del Fuego. El más poderoso de todo Terra. Realmente fue una verdadera estupidez el haber enfrentado prepotentemente al errante azabache, pues el pelinegro había acabado con una legión entera de soldados, por su propia cuenta. Sasuke chocó ambos puños frente a su pecho, y envió una colosal Onda de Choque a miles de kilómetros de distancia a la redonda.

Armándose de valor, el grupo de Shinobis, del ejército de Wintersun, lanzaron un grito de guerra, y se abalanzaron contra el pequeño moreno. Sasuke, entre golpes y patadas, pronto diezmó al grupo de Ninjas, quienes a pesar de lograr infligirle heridas por todo el cuerpo a Sasuke no pudieron rivalizar con la tremenda endurancia y fortaleza del príncipe de los Uchiha. Sasuke golpeó a uno de ellos en el rostro, con lo cual le destrozó la cabeza al Shinobi, y lo mandó a volar contra una pila de escombros. Después, Sasuke le dio una Patada de Giro al rostro de otro Ninja, igualmente destrozándole la testa en el acto, y mandándolo a volar al horizonte.

Dos Shinobis se abalanzaron contra Sasuke, y enterraron sus ninjatos en el pecho del Uchiha. No obstante, para sorpresa de ambos Ninjas, Sasuke se mantuvo como sin nada, pese a que un hilillo de sangre salió de la comisura de sus labios. El moreno tomó ambos cuellos de los Shinobis, y se los apretó con increíble fuerza, hasta que escuchó cómo los huesos de la columna tronaban. Sasuke azotó los cuerpos de los Shinobis malheridos en el suelo, y estampó su pie derecho en cada espalda de los Ninjas, con lo cual atravesó limpiamente los cuerpos de ambos guerreros, y sacudió violentamente el terreno.

El moreno volvió su mirada a un grupo de hadas, quienes también le observaban atemorizados. El Uchiha les hizo una señal de que se acercaran, con un par de dedos, aunque los Silfos se quedaron en su sitio, además de que retrocedían poco a poco. Sasuke caminó igualmente hacia las hadas, con un rostro de asesino sádico, y se tronaba constantemente los nudillos.

Cometieron el peor error de sus vidas al enfrentarme, bola de maricas — siseó el intimidante Uchiha — Les prometo que ésto les va a doler bastante... — amenazó.

Uno de los tantos Silfos se armó de valor, y concentró una Estrella de Neutrones, de al menos dos metros de diámetro. El hada arrojó aquella Estrella Colapsada contra el príncipe de los Uchiha, quien ni se movió del sitio. Cuando se dispersó toda la Radiación Gamma, emitida por la detonación de la Estrella de Neutrones, se vio la silueta de Sasuke sin mayores daños en su cuerpo, salvo algunas quemaduras menores, y las ropas un poco desgastadas. El moreno observó unos segundos su cuerpo, y después volvió su mirada criogenizante a aquellos Silfos.

El resto de las hadas bombardearon al moreno con cuanto hechizo podían, en un intento de abrumar al príncipe de los Uchiha. Sin embargo, de aquella cortina de luz, provocada por los ataques, Sasuke salió corriendo contra los Silfos. El moreno dio un enorme salto de unos diez metros de distancia, y se lanzó contra el grupo de hadas. Cuando el moreno aterrizó, chocó ambas manos en el suelo, y produjo un catastrófico terremoto a escala de todo el planeta entero. Muchos del ejército de Silfos quedaron sepultados bajo toneladas de roca y tierra, mientras que otros inevitablemente murieron cuando la Onda de Choque que produjo Sasuke, en aquel ataque con sus manos, chocó contra sus cuerpos. La zanja de escombros que creó Sasuke con sus manos se extendió por cientos de kilómetros a la redonda, al igual que la gigantesca ola de tierra que le acompañó al ataque.

Uno de los últimos Silfos que quedaban en pie acometió contra el Uchiha, con una extraña espada mágica en mano, e intentó empalar la cabeza de Sasuke de una estocada. Sin embargo, el Uchiha desvió hábilmente el ataque de aquel Silfo, y le arrancó el brazo de un sólo tirón. Sasuke, entonces, enterró ambas manos en el pecho del hada, y tomó la carne del Silfo fuertemente. Y de un estiramiento, el Uchiha separó en dos mitades al hada, mediante lo cual la sangre y entrañas se esparcieron por el suelo.

El resto de las hadas atacaron valientemente a Sasuke, aunque también sufrieron un destino similar al del Silfo descuartizado. Y entre violentos y brutales golpes, Sasuke destrozó, literalmente, al resto de las hadas guerreras, quienes cayeron al suelo en una verdadera pila de vísceras, y partes del cuerpo destazadas. El último de las hadas fue derribado por el moreno, y fue golpeado una y otra vez en el rostro, mientras aún estaba derribado, hasta que no quedó más que un montón de sesos destrozados, y una enorme mancha de sangre en el tierroso suelo de aquel lugar.

Cuando finalmente el hada quedó destruido, Sasuke se limpió sus manos llenas de sangre, con las ropas del asesinado Silfo, y se incorporó calmadamente, totalmente quitado de penas. A continuación, Sasuke observó que sus provisiones habían sido robadas... Otra vez. El Uchiha gruñó molesto, y estampó su pie en el suelo, frustrado de que ahora tendría que pasar un día más sin poder comer.

Cuando el pelinegro estaba a punto de retirarse del sitio, a conseguir de cualquier modo algo de alimento, unos pausados y largos aplausos se escucharon a lo lejos, y la intensidad se incrementaba gradualmente, señal de que aquel ser se estaba acercando al príncipe de los Uchiha. Por pura inercia, Sasuke volvió su mirada hacia donde provenían dichos aplausos, y divisó a una mujer.

La susodicha mujer era bastante alta, quizá de un metro ochenta de estatura. Tenía cabello negro, recogido en un sólo chongo. Sus ojos eran café intenso. La mujer vestía prendas propias de las monjas guerreras de alto rango, por lo que Sasuke dedujo que era una de las maestras Shaolin. Sasuke se quedó en su sitio, alerta a cualquier señal de hostilidad por parte de aquella monja. Sin embargo, la susodicha guerrera únicamente cruzó sus brazos en su espalda baja, y observó parsimoniosamente al príncipe del Clan del Fuego.

¿Tienes algún asunto conmigo, mujer? — le cuestionó hostilmente el Uchiha.

La mujer sonrió levemente.

Si no es así, entonces piérdete, monja — demandó el moreno, en el mismo tono.

Me temo no puedo hacer éso — replicó, al fin, la Shaolin — Y sí. Sí tengo un asunto pendiente contigo, chico.

Dilo entonces — demandó el príncipe Uchiha.

La monja estiró sus dos extremidades superiores, y extendió las palmas y dedos de sus manos. Posteriormente, la Shaolin extendió su brazo izquierdo al frente, dejando la palma de su mano boca arriba, y su otro brazo lo dobló con una simetría triangular, dejando que la punta de sus dedos tocara con su codo zurdo. La monja arqueó levemente sus piernas, y tensó sus pies en el suelo. Ante todo ello, Sasuke supo que aquella mujer estaba adquiriendo su postura de combate, lo que significaba un desafío.

Quiero que me demuestres qué tan fuerte eres realmente, príncipe Uchiha — demandó la pelinegra.

Sasuke abrió los ojos desmesuradamente. No sabía cómo es que aquella mujer sabía quién realmente era él.

¡¿Cómo es que sabes mi verdadero nombre?! ¡Habla ahora, mujer! — exigió el azabache.

Lo sabrás cuando logres derrotarme, Uchiha — replicó la monja.

Sasuke fulminó con la mirada a aquella alta monja. No obstante, después se sacudió las manos, y caminó en dirección a la impasiva guerrera. Sasuke se detuvo cuando quedó a unos cinco metros de la Shaolin, y se tronó los nudillos, al igual que se estiraba los músculos de su cuerpo. El Uchiha, al final, estampó sus puños frente a su pecho, y envió una colosal Onda de Choque a más allá de la mitad del planeta Terra, sorprendiendo bastante a la monja guerrera en el proceso.

Voy a reconocer tu valentía, mujer — habló el moreno — Aunque muchos otros dirían que eres una verdadera estúpida, al confrontar a uno de los Uchiha.

La monja pronto recuperó su semblante, y recuperó su postura de combate, dispuesta a probar las habilidades de aquel poderoso pelinegro.

No cabe duda alguna. Realmente eres un Uchiha — susurró emocionada la monja, muy para la sorpresa del ojinegro.

No obstante, Sasuke pasó por alto el cumplido de la pelinegra, y adquirió su postura de combate, aunque demasiado simple a comparación de la Shaolin.

Hmp. Veo que sabes bastante del Clan de los Uchiha, pese a que nos mantuvimos lo mayor posible en el anonimato. Espero que sepas también que somos bastante poderosos en combate — aludió el moreno.

La monja asintió.

Lo sé. Y es por ésa precisa razón que tengo que comprobar qué tan fuerte realmente eres, príncipe Uchiha.

Muy bien. Te daré entonces el privilegio de morir a mis manos, monja — concluyó el moreno.

Sasuke esperó a que aquella alta e imponente monja le atacara. Sin embargo, cuando la monja no movió un sólo músculo de su posición, el azabache se hartó, y acometió él mismo contra la Shaolin, dispuesto a acabar con la altiva pelinegra de un sólo golpe.

Desafortunadamente, lo que no se esperó Sasuke es que cuando él arrojó un puñetazo al rostro de la Shaolin, la monja desviara aquel poderoso golpe con la mano. La pelinegra, a continuación, golpeó fuertemente el rostro del moreno, mandándolo arrastrando por el suelo. Sasuke impactó contra una enorme roca, la cual se hizo pedazos, pero pronto se reincorporó sorprendido, y con un hilo de sangre saliendo de sus labios. El moreno se limpió la sangre, y clavó su heladora mirada en la monja.

Sasuke retomó su postura de combate, y se arrojó de nuevo contra la monja. El moreno soltó unos cuantos puñetazos al rostro de la Shaolin, mas sin en cambio la pelinegra desviaba, evadía, y contrarrestaba cada uno de los golpes de Sasuke. El principal problema para el moreno era que aquella maestra monja era demasiado rápida, y luchaba estratégicamente, comparado con el estilo violento y agresivo que solía usar Sasuke Uchiha. Más que nada, porque Sasuke no pudo completar su entrenamiento con su padre, y actualmente se dedicaba a sobrevivir en las calles.

Sasuke dio un giro sobre sus pies, e intentó conectar una Patada Giratoria al rostro de aquella monja. Sin embargo, predeciblemente, la maestra Shaolin se inclinó un poco hacia sus espaldas, y evadió la patada del moreno, para a continuación atrapar en su brazo derecho la pierna del Uchiha. Una vez que aquella monja abrió las defensas del moreno, ésta utilizó una barrida de su pie derecho, para derribar a Sasuke, y después golpeó al Uchiha con un Lin Wan Quan en la espalda. El Uchiha rodó lejos de la proximidad de aquella pelinegra, y se reincorporó prontamente.

La maestra Shaolin recuperó su postura de combate, y encaró al pelinegro. Entretanto, Sasuke se sintió profundamente irritado de no poder conectar ni aún un sólo ataque contra aquella molesta mujer, quien prácticamente barría el suelo con el cuerpo de él. Bastante molesto, Sasuke acometió de nuevo contra la monja. Primero, Sasuke intentó fintar a la guerrera dracónica con un puñetazo al rostro. Sin embargo, cuando vio cómo la pelinegra se agachó para evadir el ataque, Sasuke usó su puño opuesto, e intentó golpear la mandíbula de la maestra guerrera. No obstante, aquella pelinegra vio las intenciones de Sasuke, y se echó en un mortal hacia atrás. Y para sorpresa del príncipe de los Uchiha, la monja guerrera conectó su pie derecho en el rostro del heredero del Clan del Fuego.

Sasuke salió volando unos cuántos metros en el aire, y se impactó fuertemente contra el suelo. El moreno gruñó al caer, aunque fue más del enojo que de dolor. El Uchiha se incorporó de nuevo, y se retiró la sangre que salía de su nariz, al igual que la que emanaba del costado de sus labios. Al ver que realmente no podía igualar el estilo de combate de aquella monja guerrera, Sasuke azotó sus manos sobre el demolido terreno, y sacudió vehementemente el suelo. Aquella monja tuvo que arquear aún más sus pies, con el fin de poder mantener su balance.

Cuando el terremoto que provocó Sasuke cesó, un enorme grupo de rocas se encontraban apiladas en la zanja de escombros que produjo el moreno. El Uchiha agarró una de aquellas rocas, sin dificultad alguna, y la arrojó en contra de la Shaolin. Sin embargo, la pelinegra se encarreró un poco, y pateó directamente aquella enorme roca, mediante lo cual pulverizó completamente aquella colosal piedra. Al ver que aquella monja había desintegrado la roca que arrojó, Sasuke lanzó dos de ellas al mismo tiempo, aunque corrieron con el mismo destino que las anteriores. La Shaolin golpeó una con un puño, pulverizándola al instante, y pateó la otra con una Patada De Giro Aérea, bastante acrobática, enviándola de regreso al príncipe del Clan del Fuego. Sasuke la destrozó de un manotazo.

No obstante, cuando aquella monja guerrera había recuperado su postura de combate, ya tenía al frente al pequeño pelinegro. Sasuke atacó agresiva y rápidamente a la Shaolin, repartiendo golpes por doquier. Desafortunadamente, para el príncipe Uchiha, la pelinegra era demasiado rápida en sus movimientos, lo cual le permitía eludir, desviar, y redirigir cada vehemente ataque por parte de Sasuke. Aún así, en una de las tantas distracciones de aquella monja, Sasuke logró atrapar el cuello de la Shaolin, para, a continuación, levantarla del mismo.

Sin embargo, cuando el moreno intentó romperle el cuello a la guerrera, ésta atrapó el cuello de Sasuke con las piernas, y dio una vuelta en el aire. Con ello, el Uchiha salió proyectado contra el suelo, en donde se estampó violentamente. Cuando el pelinegro estaba en el piso, la maestra monja levantó por lo alto su pie, intentando golpear el pecho del moreno con una Patada de Hacha. Sasuke, sin embargo, detuvo el golpe de la Shaolin, y arrojó con un lanzamiento a la misma a lo lejos, aunque aquella mujer dio una voltereta en el aire, y recuperó su postura de combate, una vez que aterrizó en el suelo, y que había encarado al moreno.

Así, ambos peleadores lucharon durante, aproximadamente, un par de horas. Sasuke tenía bastantes energías para seguir luchando, gracias a su estamina infinita. Sin embargo, aquella monja no le había permitido siquiera asestarle un sólo golpe, más allá del agarre que Sasuke usó contra ella, y de hecho Sasuke era el único que había recibido golpes por todo el cuerpo. Y si bien el Uchiha no estaba severamente lastimado, ya se empezaba a hartar de la insistencia de aquella monja guerrera. Quizá debió haber entrenado en algún templo, cuando tuvo la oportunidad claro está.

La monja maestra, por su lado, respiraba un poco agitado, pero fuera de ello se encontraba aún en óptimas condiciones para seguir peleando. Sorpresivamente para el joven Uchiha, el último de ellos, la guerrera Shaolin adquirió una postura de combate neutral, y cruzó sus brazos en la espalda. El Uchiha, más por inercia que por convicción, también obtuvo una postura más relajada, aunque jamás bajó la guardia ante un posible ataque sorpresa de aquella extraña mujer.

¿Deseas continuar con ésto, príncipe Uchiha? — inquirió la alta mujer pelinegra — Podríamos hacerlo todo el día, si es que así lo deseas, aunque dudo mucho que logres siquiera golpearme, aún una sola vez.

El moreno gruñó, y se limpió la sangre que tenía en su frente. ¿Acaso ésa mujer se estaba burlando de su persona? Seguramente lo hacía, ya que, desde el principio, Sasuke hubiese optado por alejarse de aquella zona.

Debería ser yo el que haga aquella pregunta. Tú eres la que me atacó de la nada, y ahora cuestionas que si yo prefiero seguir con la pelea — espetó el Uchiha — Una de otra. O eres estúpida, o te gusta provocar a la gente.

La monja negó.

No es así, Uchiha. Mi única intención es ver qué tan hábil eres, y si realmente eres capaz de enfrentar a la reina Otsutsuki — aludió la Shaolin.

No tengo ningún interés en aquella bruja. Mi único objetivo es tomar venganza contra un despreciable ser de mi Clan — refirió el moreno.

La extraña mujer arqueó una ceja, pero después recuperó su semblante indiferente.

¿Un sobreviviente de tu Clan? Oh. Claro. Si no mal recuerdo, había algunos rumores de un tal Madara Uchiha, que había asesinado al Clan entero al que pertenecía — recordó la monja, sorprendiendo aún más a Sasuke — Sí. Supongo que, en tu caso, tendría más prioridad el eliminar al traidor de los Uchiha, que el derrotar a una amenaza mayor, como lo es Kaguya.

¿Qué sabes tú de todo éso? No es asunto tuyo, monja — expresó hostilmente el moreno.

En parte lo es, ya que tengo un interés peculiar en tus habilidades.

Sasuke no sabía exactamente qué responder. No tenía ni idea de quién era aquella mujer.

Volveré a hacerte la misma pregunta de hace un par de horas, monja — habló de nuevo Sasuke — ... ¿Qué es exactamente lo que quieres? Si no me das una respuesta, me largaré de aquí. ¿Quedó claro?

La extraña y alta mujer supo que ya había probado lo suficiente al moreno, así que decidió dejarse de rodeos, y poner las cartas sobre la mesa.

Pues bien. Tengo un trato que proponerte. Confío en que te va a interesar.

Sasuke se mostró un poco extrañado, pero no mostró su asombro a la monja.

Te escucho — dijo el moreno.

Te ofrezco a que te conviertas en un monje guerrero. Un guerrero Shaolin. Un guerrero dragón — le comunicó la pelinegra — Te ofrezco tomarte como mi discípulo personal, y te ofrezco el entrenamiento para convertirte en el más poderoso guerrero de todos los tiempos.

Sasuke soltó un monosílabo, y se dio la vuelta, dándole la espalda a la monja.

No me interesa. Me largo de aquí. Tengo asuntos más importantes que atender, a estar jugando a la escuela — rebatió el moreno, comenzando a caminar lejos.

La monja ya se esperaba ésa clase de respuesta, teniendo en cuenta el orgullo del príncipe de los Uchiha. Sin embargo, ella también tenía un as bajo la manga.

Puedes irte si lo deseas — aludió la pelinegra, mientras el moreno aún se alejaba — Sin embargo, si no pudiste derrotarme a mí, ¿Qué te hace pensar que podrás vencer a Madara Uchiha? Yo no soy ni la mitad de fuerte que él, pero sí lo suficiente para humillarte — referenció la pelinegra.

Sasuke detuvo sus pasos, sintiéndose profundamente molesto de que aquella extraña mujer cuestionara sus habilidades en combate. Normalmente, Sasuke hubiese asesinado a todo aquel que osaba faltarle al respeto de ésa manera; mas sin en cambio, el Uchiha sabía que no llegaría a ningún lado con volver a atacar a aquella monja. Por más que Sasuke detestara admitirlo, la Shaolin le superaba en combate cuerpo a cuerpo.

Aún así, Sasuke fulminó con su mirada, por encima de su hombro, a la impasiva pelinegra, y volvió a encararla de inmediato.

¿Qué demonios pretendes, monja? — preguntó redundantemente el moreno.

Ya te lo he dicho: Convertirte en mi mejor discípulo. Te volveré el guerrero más poderoso que llegará a existir en la historia de Terra — replicó monótona la mujer.

No necesito de tu ayuda. Ya hallaré la manera de matar a Madara — espetó el ojinegro, dispuesto a retirarse del sitio.

¿Con tus patéticas habilidades de combate? Dudo mucho que siquiera sobrevivas un minuto peleando contra el traidor de los Uchiha.

Sasuke cada vez se sentía más irritado. Lo peor de todo, es que no podía siquiera lastimar a aquella monja.

Tsk. Vete al diablo — escupió el moreno, mostrándole el dedo medio a la Shaolin.

Tan sólo considéralo, príncipe Uchiha. No tienes nada que perder. No solamente te ofreceré adiestrarte en persona, sino que te ofrezco casa y comida — aludió la pelinegra.

Sasuke ahora sí que se veía interesado. Él era más que capaz de conseguir comida por su propia cuenta; sin embargo, el que la tuviese a su disposición, sin mayor esfuerzo, le resultaba bastante tentador al Uchiha. Lo otro, es que estaba harto de tener que dormir en el exterior, como un perro, y si aquella extraña maestra Shaolin le ofrecía alimento, y un lugar dónde dormir, ya era algo por lo que Sasuke estaría dispuesto a hacer cualquier cosa, o casi cualquier cosa.

¿Comida y casa, dices? — dijo Sasuke, con algo de interés.

La pelinegra asintió.

En efecto. Tendrás comida, casa, y un lugar donde podrás vivir cómodamente — aludió la maestra Shaolin — La única condición es que te conviertas en un guerrero Shaolin. Que te conviertas en un guerrero dragón. Piénsalo.

Sasuke, efectivamente, meditó unos segundos la posibilidad. Era cierto que le fastidiaba el tener que estar bajo la tutela de alguien. Él, siendo un completo rebelde total, y un hombre extremadamente orgulloso de sí mismo, un anarquista por naturaleza. Por otra parte, conseguir comida realmente no le era demasiado complicado, pues tan sólo debía cazar algunos animales, o recolectar algunos frutos. Dormir era todo un lujo para el moreno, sin embargo, dado que, por algún motivo desconocido para el príncipe del Clan de los Uchiha, él podría pasar varios días sin poder descansar. Por suerte, hoy día era lo suficientemente fuerte como para poder defenderse de las violentas agresiones de demonios, contrario a hace unos ocho años donde no tenía la fuerza necesaria para defenderse de las torturas atroces a las que él era sometido.

Aún así, el tener alimento, casa, y tranquilidad de manera fácil no sonaba tan mal. Obviamente, le sería verdaderamente molesto el tener que entrenar bajo la tutela de aquella monja guerrera, pero si de ello iba a sacar comodidades, y el provecho de volverse potencialmente el hombre más poderoso de toda la historia, verdaderamente valdría la pena el tener que someterse a un régimen de entrenamiento bajo el mando de aquella alta e imponente mujer.

¿Y bien? ¿Qué decides, príncipe Uchiha? — le cuestionó la Shaolin.

Al final, el moreno tomó una decisión.

Acepto — respondió con absoluta simpleza.

Extrañamente, aquella maestra monja se alegró, y mostró una sonrisa de alegría. Se supone que Sasuke era el que tenía estar agradecido de la generosidad de la Shaolin, y ella era la que parecía más contenta de todo el trato.

Buena elección, hijo — respondió la pelinegra.

Sasuke frunció en ceño. "¿Hijo?" ¿Desde cuándo él había autorizado a aquella maestra Shaolin el llamarle así? Sin embargo, Sasuke lo pasó por alto. Después de todo, de nada servía discutir, o pelear, por un asunto completamente banal.

Antes que nada — habló el moreno, cuando vio cómo la monja empezaba a caminar — Quiero saber quién realmente eres tú — demandó el Uchiha.

La monja se detuvo, y volvió su faz amigable al azabache.

Mi nombre es Wu Mei, suprema gran maestra del estilo Shaolin Quan, y del Wudang Quan — enunció la monja, con una sonrisa.

Sasuke abrió los ojos como platos. El moreno jamás se esperó tener frente a él a la legendaria monja Wu Mei: Una de los Cinco Élders del Shaolin. La leyenda de aquella mujer relataba las más increíbles proezas. De hecho, se decía que Wu Mei fácilmente eclipsaba las habilidades de combate de la legendaria Amazona, de quien se decía que provenía de una línea sucesoria de hadas guerreras. Wu Mei era considerada la Élder más poderosa de los Cinco Grandes Maestros del Shaolin. Y nadie, absolutamente nadie, era tan osado para confrontarle en combate. Ahora, Sasuke entendía porqué no pudo siquiera ponerle un dedo encima. No lidiaba con una aficionada, sino con la guerrera Shaolin más poderosa de la historia.

Sifu Wu Mei... La más poderosa de los Cinco Grandes Élders... — musitó impresionado el moreno.

La aludida sonrió amablemente, y asintió un par de veces.

Así es como algunos se refieren a mi persona — añadió la guerrera — Y, ¿Cuál es el tuyo, príncipe Uchiha?

Creí que ya lo sabías — replicó el moreno, extrañado.

Wu Mei negó con la cabeza.

Sé que eres un Uchiha, por tu apariencia y arrogancia. Sin embargo, no se cuál Uchiha eres — esclareció la monja.

Hmp. Como sea — masculló el moreno — Sasuke Uchiha — contestó, con aburrimiento.

La monja volvió a sonreír, y se acercó al joven moreno.

Ya veo. Eres el príncipe Sasuke. Por alguna razón, imaginé que serías Itachi Uchiha — aludió la monja.

Sasuke se tensó al escuchar el nombre de su difunto hermano. Aún a hoy día, se le hacía duro el vivir sin su querido hermano a su lado. Era cierto que Itachi podía llegar a ser bastante odioso, en ocasiones; sin embargo, Itachi fue un verdadero estandarte para el pequeño azabache. Definitivamente, Sasuke se sentía solo en aquel mundo, sin su familia. Aunque tampoco era un cobarde, y sabía que de nada servía el estar llorando como un marica. Debía volverse fuerte, y acabar con la vida de Madara Uchiha.

En fin. Supongo que por algo son hermanos — dijo la pelinegra — Vámonos. Tu entrenamiento comenzará mañana mismo — finalizó la monja.

Sasuke no respondió a aquella alta mujer, sino que únicamente la siguió. Por algún motivo, Sasuke se hallaba emocionado de emprender aquel nuevo rumbo en su vida.

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— ¿En serio no pudiste hacerle nada a tu maestra? — preguntó incrédula la princesa hada.

Sakura aún estaba recostada sobre el hombro de su amado Sasuke-kun, mientras le miraba directamente a las obsidianas con sus esmeraldas. Sasuke sonrió nostálgicamente, y asintió, a la vez que estrechaba aún más a su niña, y le daba un beso corto en los labios.

— Sí. Admito que aquella vez Mei-Sifu barrió el suelo conmigo. En ése entonces, yo no era muy habilidoso en combate cuerpo a cuerpo. Solamente me basaba en la fuerza bruta — aludió el moreno.

Sakura no pudo evitar soltar una risilla, lo cual extrañó al moreno.

— ¿De qué te ríes, Cerezo? — inquirió Sasuke.

— Es que me causa gracia el imaginarme a ti recibiendo una paliza de tu maestra — se burló la ninfa.

Sasuke frunció el entrecejo, y soltó un monosílabo. El apuesto Uchiha desvió su mirada a lo lejos, e ignoró por completo a Sakura.

— Tsk. Eres tan molesta — masculló Sasuke.

Sakura se rió aún más fuerte, haciendo enfadar aún más al moreno. Sin embargo, cuando Sasuke estuvo a punto de recriminarle por su mofa, Sakura selló sus labios con los de su dulce príncipe. Y como siempre, a Sasuke se le hizo imposible resistirse a los encantos de la dulce hada de cerezos. No entendía cómo es que ella tenía tanto poder sobre de él. Con tan sólo un comentario, o una acción, la princesa hada podía cambiar el estado de humor del azabache. Hace unos segundos, Sasuke estaba molesto por lo expresado por su Cerezo, y ahora se rendía al beso que le daba su niña.

Tras unos segundos, ambos se separaron, y Sakura besó una última vez los labios de su Sasuke-kun.

— Solamente bromeo, Sasu-chan — musitó tiernamente la ninfa.

El moreno sonrió muy a su estilo, y estrechó de nuevo a su pequeña.

— Hmp. Pues ya me lo cobraré más tarde — ronroneó seductor Sasuke.

Sakura se sonrojó, pero sonrió traviesa, y besó rápidamente a su amado.

— Y, ¿Cómo fue el entrenamiento con tu maestra, Sasuke-kun? — preguntó curiosa la hermosa hada.

Sasuke sonrió de nuevo, y clavó su mirada en un campo de adiestramiento ya deteriorado, aquel donde fue instruido en persona por la legendaria Élder, ahora difunta.

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A petición de la legendaria monja, Wu Mei, Sasuke se hallaba despierto a las cinco de la mañana, ya en el campo de entrenamiento. Su maestra aún no había llegado, lo cual irritaba aún más al príncipe de los Uchiha. De hecho, el moreno había llegado al campo de entrenamiento, a aquello de las cuatro y media de la mañana, más que nada porque Sasuke solía madrugar, desde que su padre lo sometía a duros entrenamientos. Por ello, Sasuke siempre tenía la costumbre de levantarse a las cuatro de la mañana.

Tras unos diez minutos de espera, en los que Sasuke estuvo a punto de tirar la toalla, la legendaria Élder finalmente apareció.

Buenos días, Uchiha — saludó calmadamente la monja.

Tsk... Llegas tarde, mujer — masculló el príncipe del Clan del Fuego.

Wu Mei se encogió de hombros, y se mantuvo impasiva.

Yo pensaba que irías a llegar más tarde, Uchiha — se excusó pobremente la pelinegra.

Tsk. Como sea. Comencemos con el entrenamiento — demandó el moreno.

¿Siempre eres así de impaciente, Uchiha? La paciencia es una virtud entre los monjes Shaolin. Si no tienes paciencia, yo tampoco tendré interés en entrenarte — sentenció la monja.

Sasuke gruñó por lo bajo, pero se tranquilizó de inmediato. Necesitaba volverse fuerte cuanto antes, a como dé lugar.

Bien. ¿Qué debo hacer, entonces? — preguntó con más respeto Sasuke.

Wu Mei le hizo una señal con los dedos, en una silenciosa orden de que le siguiera. El azabache caminó a las espaldas de su Sifu, como ahora debía referirse a la legendaria monja Shaolin. Aún así, probablemente Sasuke nunca se referiría con aquel honorífico a la Élder Mei. Por su lado, la monja guerrera observaba de reojo a aquel orgulloso Uchiha, quien le sorprendió desde que lo vio. Sabía de antemano que si lo adiestraba correctamente, lo transformaría en un poderoso monje guerrero.

Tras una corta caminata, ambos llegaron hasta una zona más aislada de aquel campo de entrenamiento. En aquel lugar, había una serie de placas de Carbono, las cuales se veían bastante duras y resistentes. Éstas estaban soportadas por unos pilares que las sujetaban de los costados, los cuales, a su vez, se sostenían del suelo donde estaban enterrados.

Wu Mei le ordenó al moreno que se colocara a su lado, a lo cual el Uchiha acató. Una vez que Sasuke ya estaba al lado de la alta monja, ésta colocó su puño derecho aproximadamente a unos tres centímetros de distancia, y extendió su pulgar, hasta que tocó con aquella placa de Carbono. Y con un corto grito, la poderosa monja traspasó aquella gruesa, dura, y resistente placa, dejando algo impresionado al moreno.

¿Puedes hacer éso? — le preguntó la monja al azabache.

Sasuke volvió a su temple estoico, y asintió una sola vez.

Por supuesto.

Demuéstramelo, entonces — le ordenó la monja.

Sasuke levantó el puño, y estuvo a punto de estamparlo contra aquella placa de diamante. Sin embargo, antes de que siquiera arrojara su golpe, Wu Mei le detuvo el brazo.

¿Qué sucede? — interrogó molesto el Uchiha.

Wu Mei forzó algo agresiva el puño de Sasuke a tres centímetros de la placa, y lo obligó a mantener su mano en aquel punto.

Me refiero a ésta distancia — dijo la Shaolin.

Sasuke parpadeó unos segundos. ¿Acaso estaba bromeando aquella monja?

Puedo hacerlo, pero no a ésta distancia — respondió el Uchiha.

¡Entonces no puedes hacerlo! — le reprendió vociferando la Élder.

Sasuke apretó la mandíbula, sintiéndose como un mocoso reprimido por su madre. La irritación en su mirada era notoria, pero optó por tranquilizarse, y no jugar con la paciencia de aquella poderosa maestra Shaolin, no porque le intimidara, sino porque lo mandaría al diablo, y todo aquel tiempo habría sido en vano.

Ahora que eres mi discípulo, tendrás que cumplir mis expectativas, y mis estándares de habilidades — aludió la pelinegra — Tu primera lección, será aprender a expulsar tu fuerza en una millonésima de segundo. Deberás aprender a dominar el Golpe de una Pulgada.

¿Golpe de una Pulgada? — repitió el Uchiha.

La monja asintió, con un rostro de absoluta seriedad.

El Golpe de una Pulgada es la base para todo dominio de la fuerza. Si puedes destruir una placa de diamante, a unos centímetros de distancia, podrás eliminar a cualquier enemigo, por más fuerte que sea — referenció la Shaolin — ¡Comienza con tu entrenamiento! — le ordenó vehementemente.

Sasuke colocó su puño a la misma distancia que Wu Mei lo había hecho, y entonces el joven pelinegro golpeó aquella placa de Carbono. Desafortunadamente, apenas y había causado impacto en aquella barrera y, por el contrario, sus nudillos sangraron por el golpe. No obstante, Sasuke no emitió quejido alguno de dolor, pese a que su mano estaba ensangrentada. Para él, un simple rasguño no era nada.

El moreno volvió a colocar su puño a unos centímetros de aquella placa, y asestó de nuevo un golpe en la misma, aunque obtuvo el mismo resultado: Una lesión en sus nudillos, y apenas una abolladura en el Carbono. Irritado, Sasuke golpeó una y otra vez aquella barrera de diamante, pero siempre obtenía el mismo resultado, y ahora su mano sangraba bastante.

Pfft... El Carbono debe temer a tu mano. ¡No del modo contrario! — espetó la monja — ¡Hasta que no destruyas aquella placa, no te entrenaré! — sentenció la pelinegra, quien se retiró del lugar.

Sasuke continuó golpeando dicha "tabla" de diamante, durante un tiempo muy prolongado. Ni siquiera se acordó de alimentarse, o de tomar un descanso, sino que el azabache estaba empeñado en destruir aquella placa de Carbono. No podía perder ante aquella monja guerrera. Su destino era eliminar a Madara, a como dé lugar. El moreno golpeó y golpeó la placa de diamante, y hasta sangre embarrada había en aquella susodicha barrera, pero el Uchiha jamás se detuvo en su propósito. Y no lo haría, hasta que aquella condenada placa cediera.

Pasaron las horas, y ya era de noche. Wu Mei se hallaba bebiendo un poco de licor, así como fumando un habano, mientras observaba a lo lejos cómo Sasuke seguía golpeando aquella placa de Carbono que ella le había demandado a destruir. Sin duda, la monja guerrera estaba impresionada de la persistencia del azabache, y de la tremenda estamina del moreno. Pero, sobretodo, Wu Mei se hallaba asombrada del hecho de que, pese a que los nudillos del moreno sangraban constantemente, y que tenía expuestos los tendones, Sasuke seguía golpeando con vehemencia aquella placa de Carbono.

La maestra Shaolin decidió retirarse a descansar. Ya vería qué tanta persistencia tendría el moreno.

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Al día siguiente, Wu Mei se despertó con algo de pereza. Eran aproximadamente las cinco horas del día siguiente. Cuando ella vio la cama contigua, se sorprendió de ver que el príncipe de los Uchiha no había vuelto a su catre, así que, por curiosidad, Wu Mei decidió examinar el entrenamiento del príncipe del Clan del Fuego. La monja se vistió prontamente, y se encaminó al exterior de aquella pequeña casa.

Cuando Wu Mei llegó al campo de entrenamiento, se sorprendió de ver que unas cuantas placas estaban hechas polvo. La monja observó un punto a lo lejos, y vio ahí a Sasuke. Éste se enredaba una tela alrededor de su sangrante puño, y se la acomodaba como si se tratase de una venda. Por el aspecto de la herida, parecía como si toda la piel de los nudillos hubiese sido destrozada, y en el suelo había una gran cantidad de sangre seca.

Veo que te la pasaste entrenando toda la noche, Uchiha — le comunicó la monja al azabache.

Sasuke clavó su mirada en la pelinegra, y soltó un monosílabo.

Hmp. No iba a permitir que me siguieras humillando — masculló el moreno.

Como sea. ¿Quieres mostrarme el resultado de tu entrenamiento? — le ordenó la monja.

Wu Mei señaló con la mirada una placa de Carbono a lo lejos. Sasuke también redirigió su mirada hacia donde apuntaba la mirada de su Sifu, como ahora debía tratar el Uchiha a la Shaolin, y se levantó de su sitio. El moreno caminó calmadamente hasta la zona, y se detuvo frente a la placa. Sasuke colocó su mano vendada frente al Carbono, a la misma distancia del Golpe de una Pulgada, y asestó un golpe al centro de la placa de diamante.

La placa cedió prontamente, y se resquebrajó en miles de pedazos, muy para la impresión de la legendaria monja guerrera. Ella apenas y podía perforar dicha placa, y Sasuke la pulverizó con un sólo golpe. Sin duda, aquel Uchiha se volvería uno de los guerreros más poderosos entre los Shaolin. Sasuke, por su lado, sonrió torcidamente, en aquel gesto insignia de él. A continuación, volvió su mirada a la pelinegra, quien, a pesar de no demostrarlo, se hallaba asombrada por el increíble poder de Sasuke.

Bien. Ya cumplí con tu tonta prueba. Ahora entréname — demandó el Uchiha.

Wu Mei salió de su estupefacción, cuando Sasuke se acercó hasta su posición. La monja se cruzó de brazos, en su espalda, y mantuvo su mirada seria en el Uchiha.

Muy cierto. Has logrado dominar el Golpe de una Pulgada. Sin embargo, éso es tan sólo el comienzo — aludió la monja.

Tsk. ¿Y ahora qué? — masculló Sasuke.

Wu Mei le ordenó al azabache a acercarse a un riachuelo cerca de aquella zona de adiestramiento. Cuando ambos llegaron al río, Wu Mei se retiró las botas que llevaba, demandándole a Sasuke a hacer lo mismo. El Uchiha también se retiró sus botas, y se adentró en el agua, donde ya la monja había ingresado. Wu Mei se quedó parada en el centro de aquel río, con el pequeño pelinegro a su lado.

De repente, la monja lanzó su mano al fondo del agua, y atrapó un pequeño pez del río, para a continuación hacer lo mismo con su mano opuesta. La monja extrajo ambos peces del agua, quienes sacudían sus cuerpos, y en seguida la Shaolin los dejó ir. Sasuke no comprendía qué era exactamente lo que pretendía aquella monja, especialmente al dejar ir los peces que había atrapado con sus manos.

Tu nuevo entrenamiento, será atrapar cuantos peces puedas. Los atraparás, y los llevarás a tierra firme — le dijo la Shaolin — Tendrás que atrapar al menos veinte de ellos. De lo contrario, ni tú ni los demás comerán.

Sasuke entrecerró sus ojos. ¿Acaso aquella monja le estaba pidiendo algo tan banal como alimentar al resto de los monjes? ¿Desde cuándo él tendría que encargarse de ello?

Tsk. ¿Por qué tengo que hacerlo yo? Yo no vine aquí para ser un campesino, sino para volverme un guerrero — expresó hostilmente el Uchiha.

Bien. Si no quieres hacerlo, entonces puedes irte de Nan Long. Nadie va a detenerte. El entrenamiento se suspenderá definitivamente, y tú podrás irte a donde te plazca — comunicó la monja, comenzando a retirarse del riachuelo.

Sasuke bufó, y acató el entrenamiento por parte de la monja guerrera. Sasuke observó unos segundos los peces del río, los cuales nadaban calmadamente. El moreno intentó atrapar uno de ellos con su mano; sin embargo, el pez eludió velozmente la mano del azabache. Sasuke intentó atraparlo nuevamente, pero el pez esquivó de nuevo la mano del moreno. Irritado, el Uchiha se abalanzó contra aquel condenado pez, aunque el pequeño animal acuático evadía cada intento de Sasuke de atraparle.

Es verdad — habló repentinamente Wu Mei, ya en tierra firme, y con sus botas puestas — Aquellos peces son conocidos por ser muy deliciosos, pero también por ser uno de los más rápidos de Terra. Necesitas reacciones de milisegundo, si es que realmente intentas atraparlo. Buena suerte con éso — dijo la monja, quien se retiró completamente del lugar.

Sasuke volvió a su entrenamiento. El moreno esperó hasta que uno de los peces se aproximara confiadamente hasta su posición, y cuando el susodicho pez se aproximó al Uchiha, éste arrojó su mano contra el animal acuático, intentando atraparlo. Pero, predeciblemente, el pez evadió la mano del moreno, frustrando tremendamente al azabache.

De nuevo, pasaron las horas, y el Sol ya se hallaba en el ocaso. Wu Mei observaba cómo Sasuke aún seguía intentando atrapar aquellos peces en vano. En algunas ocasiones, Sasuke lograba rosar a los pequeños animales acuáticos, pero al ser tan increíblemente veloces los peces, siempre se les escapaban al moreno. Y debido a le impetuosidad con la que Sasuke intentaba atrapar los peces, la mano del Uchiha ya había perforado el suelo del fondo de aquel arrollo. Ésta vez, sin embargo, Sasuke no había recibido lesión alguna, dado que el suelo estaba húmedo y lodoso.

La maestra Shaolin decidió que ya era suficiente entrenamiento, al menos por hoy, para el príncipe de los Uchiha. Por otro lado, Sasuke había pasado más de veinticuatro horas sin comer, así que era un buen pretexto para suspender el adiestramiento del azabache. La maestra Shaolin se aproximó a donde se hallaba el príncipe de los Uchiha.

Ya es suficiente por hoy — le ordenó la monja al moreno — Necesitas alimentarte, Uchiha.

Sasuke volvió su mirada a la monja, quien se percató que el azabache no había logrado atrapar ningún pez.

Por lo visto, hoy no comerás carne, Uchiha — se burló la Shaolin, con una sonrisa.

Sasuke chasqueó la lengua, y volvió a su entrenamiento, aunque lo hacía con tremenda irritación. Sin embargo, cuando Sasuke estaba arrojando sus puños al agua, Wu Mei le detuvo una de sus extremidades.

He dicho que ya es suficiente, Uchiha. No te lo estoy pidiendo de favor. Te lo estoy ordenando — dictaminó la monja.

Déjame en paz, mujer — masculló el moreno, soltándose agresivamente del agarre de la maestra Shaolin.

Sin embargo, antes de que Sasuke volviera a intentar atrapar uno de los pescados, Wu Mei lo tomó de su remera, con una sola mano, y lo arrojó fuertemente a tierra firme. Sasuke cayó de espaldas, y soltó un gruñido por la caída, aunque fue más de molestia, por la acción de aquella alta e imponente monja guerrera, que por el dolor. Sasuke se reincorporó de nuevo, y fulminó con la mirad a Wu Mei, la cual caminaba calmadamente hasta la posición del iracundo príncipe de los Uchiha.

¡¿Por qué diablos hiciste éso, mujer?! — vociferó irritado Sasuke.

La monja guerrera se paró frente al moreno, y le sostuvo la criogenizante mirada al azabache.

Voy a dejarte algo en claro, Uchiha — enunció fríamente la monja — Soy tu maestra. Yo no soy tu amiga, ni tu compañera de juegos. Cuando te ordene que hagas algo, lo harás de inmediato. ¿Te quedó claro? — le cuestionó duramente.

Sasuke tensó sus puños, y apretó la mandíbula.

A partir de ahora, haremos las cosas a mi modo. De lo contrario, empacarás tus cosas, y te largarás del templo. ¿Entendiste? ¿O te lo tengo que repetir? — le interrogó la monja.

Sasuke tenía unas tremendas ganas de estampar su puño contra el rostro de la monja, pero el Uchiha sabía que era una pérdida de tiempo, así que desistió de ello.

Tsk. Bien — masculló el azabache.

Wu Mei cambió su semblante duro y frío a uno calmado, para después sonreír como sin nada. Era increíble lo bipolar que podía ser la gente, pensó Sasuke.

En fin. Vamos a comer algo. Tú cocinarás — le dijo la monja, mientras andaba de vuelta al templo.

¿Qué? ¿Y por qué yo? — repeló el moreno, comenzando a caminar a las espaldas de la Shaolin.

Porque ésa es la obligación de todo pupilo — replicó con voz firme la monja — Yo te entreno, y tú haces los quehaceres. Ése fue el trato.

¡Claro que no! ¡Nunca hicimos ése trato! — se defendió el moreno.

Wu Mei sonrió divertida, aunque, gracias a que estaba de espaldas al Uchiha, Sasuke no se dio cuenta de ello.

¿Oh? ¿En serio? Pues a partir de ahora, así serán las cosas, Uchiha. Tú cocinarás, limpiarás, ordenarás todo, mientras yo te entreno — sentenció la monja.

¡Éso es un abuso! ¡No voy a ser tu sirvienta! — repeló el moreno.

De acuerdo. Entonces, puedes retirarte hoy mismo — enunció calmadamente Wu Mei.

La Shaolin quiso soltar una carcajada, cuando escuchó el gruñido de fastidio de parte de Sasuke; sin embargo, optó por mantener un rostro estoico.

Cuando me vuelva más fuerte, te prometo que lo primero que voy a hacer es patearte tu apestoso y enorme trasero — le amenazó Sasuke, en un mascullido.

Wu Mei sonrió inevitablemente. Sin duda, aquel chico era absurdamente orgulloso.

De acuerdo, pero, mientras tanto, la harás de ama de casa — añadió divertida la monja.

El gruñido de Sasuke se escuchó de nuevo. Música para los oídos de la monja.

No cabe duda que terminaría encariñándose con su discípulo.

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Sakura no pudo evitar reírse ante el relato de Sasuke. ¿Quién habría dicho que alguien tan rudo como Sasuke Uchiha terminaría siendo una ama de casa?

— Tsk. Ya deja de reírte, Sakura — masculló el moreno, quien desvió la mirada de la ninfa.

— Lo siento, Sasuke-kun. Es que me resulta increíble que alguna vez tú la hiciste de ama de casa — dijo la hada, limpiándose unas pequeñas lágrimas de sus ojos, a causa de la vehemente risa.

— Hmp — "dijo" Sasuke.

La ninfa se abrazó al azabache, y le dio un tierno beso en la semi-áspera mejilla a su dulce príncipe.

— Pero en serio, Sasuke-kun. No me imagino verte a ti cocinando y limpiando. Siempre fuiste un desastre para ello — enunció la ninfa, por lo bajo.

Sasuke soltó un suspiro, y se encogió de hombros.

— La verdad es que pronto mi maestra revocó aquel mandato. Ya lo sabes... Nunca fui bueno cocinando, ni hacendo los quehaceres del hogar — dijo el moreno.

Sakura soltó una risilla, y besó de nuevo la mejilla de su amado.

— Éso es obvio. Eres un verdadero macho, en todo el sentido de la palabra. Eres muy bueno para el trabajo rudo, pero un auténtico asco cuando se trata del hogar — explicó divertida la ninfa, aunque recibió una mirada fulminante de su amado.

— Tch. Eres una molestia — masculló Sasuke.

— Vamos, Sasuke-kun. No te sientas mal. El hogar no es lo tuyo. Nunca lo fue — le dijo la hermosa hada, mientras le acariciaba la mejilla derecha — Pero éso no quiere decir que seas menos hombre. De cualquier manera, hay cosas para las que sólo nosotras las mujeres estamos aptas, al igual que ustedes los hombres para otras cosas. Así nos creo Dios.

Sasuke volvió su mirada curiosa a la bella ninfa, quien le veía igual de extrañada.

— Sabes, Cerezo. Algunos podrían tomar tu comentario como demasiado sexista — refirió el moreno.

Ahora fue el turno de Sakura de encoger los hombros.

— Supongo que la gente se toma muy a pecho el ser Políticamente Correcto. Uno no puede estar complaciendo a ésa clase de personas — debatió la pelirrosa — Además, las mujeres se pueden salir con la suya, cuando hacen comentarios sexistas y ofensivos al género masculino, así que es pura doble moral e hipocresía.

La ninfa en definitiva tenía razón. Nunca faltaban los comentarios misandristas por parte de las feministas radicales, tales como las bromas en torno a los genitales masculinos, el llamarlos unos "vírgenes sin vida social", o cualquier otra clase dirigido al género masculino. Pero éso sí: Cuando alguien hace una broma que alude al género femenino, hacen uso de su privilegio político y social para casi linchar a la persona que hizo aquella broma. Sin duda, la Corrección Política, y los conocidos como Social Justice Warriors, traducido como "Guerreros de la Justicia Social", llamado así despectivamente, eran un verdadero cáncer.

— Sí. Creo que tienes razón — le secundó el azabache.

Sakura se acurrucó de nuevo en el cuello de Sasuke, mientras éste la estrechaba contra su fuerte torso. Ambos se mantuvieron abrazados y sentados, Sakura de perfil a la izquierda sobre el regazo de su dulce príncipe, tan sólo disfrutando de aquel tiempo a solas que realmente necesitaban, sobretodo Sakura. Después de todo, la ninfa aún trataba de asimilar el hecho de que tuvo que enfrentarse a su madre.

— Y, ¿Cómo fue la convivencia que tuviste con el resto de los monjes? — le preguntó Sakura al azabache, volviendo al tema anterior.

Sasuke recargó su cabeza sobre la pequeña de Sakura, y sonrió genuinamente.

— Debo admitir que, en un principio, no era muy buena; sin embargo, poco a poco me fui adaptando a convivir en sociedad. Nunca fui muy amigo del resto, aunque, hasta cierto punto, ya podía tolerarlos — explicó el Uchiha.

— Por cierto, ¿Cómo fue que conociste a Ignis? — preguntó ahora Sakura.

El Uchiha soltó una leve risa, extrañando un poco a la hermosa princesa de las hadas.

— Pues...

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Pasaron dos años. Dos años en los que Sasuke había cambiado notoriamente. Su estatura ahora igualaba a la de la legendaria monja Wu Mei. Sus músculos se hicieron bastante pronunciados, más de lo que ya estaban de por sí, y sus rasgos faciales se endurecían, encaminándose a los de un joven apuesto e imponente. Durante aquellos dos años, Sasuke había aprendido diferentes estilos de pelea, bajo la tutela directa de la Élder legendaria.

El moreno ahora vestía un Taiji Fu* de color negro, con un grabado de Dragón del Fuego, y unas botas negras. Aquel símbolo de dragón se había vuelto peculiar en el Uchiha. Gracias a sus tremendas habilidades de combate, las cuales superaban a las de su maestra, así como aquel emblema del Dragón del Fuego que portaba toda su ropa, Sasuke ahora era conocido como el Dragón Escarlata; un seudónimo que siempre llevaría orgulloso consigo. El cabello de Sasuke ahora era casi inexistente, casi estaba calvo de hecho. Apenas y se notaba una coloración negra sobre su cuero cabelludo.

Sasuke se colocó en su postura del Dragón del Norte, mientras que la monja adquiría aquella postura de batalla tan peculiar de ella; aquella que, posteriormente, sería llamada Wing Chun. En honor a una de sus discípulas.

La maestra Shaolin se arrojó contra el moreno, intentando asestar una Patada Giratoria Aérea al azabache; sin embargo, Sasuke la esquivó con un mortal hacia atrás, apoyándose en sus manos para caer de pie. Y cuando la monja se recuperó de aquella patada, Sasuke ya se había encarrerado hasta su posición. El moreno atacó a su mentora con un puño cruzado desde el interior al exterior, y al rostro de la monja. Sin embargo, Wu Mei desvió el ataque, y asestó su propio codo contra el rostro de Sasuke. No obstante, el moreno detuvo aquel ataque con su palma opuesta.

El moreno usó su pie derecho para derribar el balance de la monja pelinegra, quien dio una voltereta completa, usando sus manos, para caer de pie. Y cuando recuperó su postura de combate, Sasuke ya había dado un salto de quinientos cuarenta grados hacia su izquierda, y el moreno arrojó una Patada de Tijera Aérea contra el rostro de la Shaolin. Wu Mei se agachó para evadir la patada de Sasuke, pero no contó con que el Uchiha diera un giro adicional de ciento ochenta grados, y que atacara con su pie izquierdo. Por ello, la monja se cubrió con ambos brazos, intentando endurar el violento ataque de Sasuke. Sin embargo, para su infortunio, Sasuke le superaba ampliamente en fuerzas, así que fue arrojada estrepitosamente a rastras, a través del tierroso suelo.

Wu Mei gruñó un poco, al sentir el terrible entumecimiento en sus brazos, producto del dolor por parar la poderosa patada del príncipe de los Uchiha. La monja se vio forzada a rodar lejos del sitio, y reincorporarse de un salto, cuando Sasuke ya se había lanzado con una Patada de Hacha contra el cuerpo de ella. Y cuando el moreno colisionó su pie en el suelo, el Uchiha creó una enorme zanja de al menos cien metros de diámetro. La monja, por su parte, se abalanzó contra el azabache, y se enfrascó en un duelo de encuentros cercanos contra su discípulo.

Hábilmente, y con increíble destreza, velocidad, y malabares, Sasuke y Wu Mei paraban y contrarrestaban numerosos golpes contra el otro. Sasuke intentó golpear el costado zurdo del rostro de su maestra, pero ésta lo detuvo con su antebrazo izquierdo. La monja reaccionó con un golpe de su dorsal derecho al estómago del Uchiha, aunque éste usó su antebrazo izquierdo para parar el ataque. El azabache intentó acometer con una patada baja contra su maestra, pero la Élder interceptó el ataque de su pupilo con su propio pie.

Sasuke, sin embargo, dio un giro completo, y lanzó una Doble Patada del Tigre contra la monja. Sasuke inició con el costado de su pie izquierdo, y lo continuó con el dorsal de su derecho, y ésta vez el moreno pudo golpear el rostro de la monja guerrera. Para rematar, Sasuke saltó de nuevo, y atacó a su mentora con una Patada Giratoria Aérea a la cabeza de Wu Mei. La monja salió volando contra una estructura de roca, la cual traspasó con su cuerpo.

Cuando la Shaolin cayó al suelo, se sintió desfallecer, dado que su visibilidad se hacía cada vez menos nítida. Aún así, la monja se obligó a levantarse, y a retomar su postura de combate. Para entonces, ya tenía al moreno frente a ella, quien soltó un golpe al rostro de su maestra, que fue parado por la Élder. Sasuke continuó su ataque con un ataque del dorsal de su puño izquierdo al vientre de su mentora, el cual logró conectar con éxito. Sasuke lo combinó con un golpe al rostro de Wu Mei, al desviar el mismo puño izquierdo, y golpear con el dorsal. Sasuke abrió entonces las defensas de su mentora, y golpeó unas cuantas veces los costados de la cabeza de la pelinegra.

Al final, Sasuke conectó uno de los golpes insignia que le había enseñado su mentora: El Lin Wan Quan, o Golpe en Cadena. Sasuke repartió velozmente varios puñetazos en el pecho de su maestra, quien constantemente reculaba por la tremenda fuerza que imponía Sasuke en cada golpe, mientras progresivamente era arrastrada por el ataque de Sasuke. Y al final, el moreno colocó su puño a unos tres centímetros de la boca del estómago de Wu Mei. A continuación, Sasuke le propinó aquel golpe que la monja le había enseñado, hace dos años: El Golpe de una Pulgada.

Cuando Wu Mei recibió el golpe, de parte de Sasuke, la monja escupió un poco de saliva, y salió volando contra un árbol. La Shaolin no sólo se estampó contra el árbol, sino que se enterró en el mismo, aunque pronto cayó pesadamente al suelo. Y una vez en el suelo, la maestra guerrera se llevó ambas manos a su vientre, ahí donde Sasuke había atacado con el Golpe de una Pulgada. Wu Mei gimió de dolor, y se retorció un poco en el suelo, pues el dolor era insoportable. Sasuke no había empleado toda su fuerza, de hecho apenas era una fracción mínima de su poder, pero sí era lo suficiente para únicamente incapacitar a su mentora.

Sasuke, por su lado, caminó hasta su derribada mentora, mientras ésta aún soltaba algunos quejidos de dolor, y se retorcía en el tierroso terreno. La monja se dio la vuelta, y quedó boca arriba en el suelo, a la vez que entrecerraba su mirada. Lo siguiente que vio la monja fue a un estoico Sasuke, y con mirada de instinto asesino; aquella que el príncipe de los Uchiha mostraba cuando estaba a punto de eliminar a su oponente.

Así que ésto es todo... ¿Eh, Uchiha? — articuló la monja, entre su dolor — ¿Todo termina de éste modo?

Sasuke no respondió. Simplemente observó fríamente a la monja. No obstante, el moreno después extendió su mano a su mentora, y le sonrió torcidamente.

Éso parece, Mei — respondió soberbio el Uchiha.

La Shaolin chasqueó la lengua, y tomó la grande mano del azabache. De un sólo tirón, el moreno levantó a su derribada maestra, y la irguió completamente. La monja, una vez de pie, se sostuvo su vientre, y se limpió un hilillo de saliva de la comisura de sus labios. A continuación, Wu Mei sonrió, y colocó su mano derecha en un puño, contra la palma de su mano zurda, posicionándolas frente a ella a la altura de su mandíbula. Con una sonrisa orgullosa, Sasuke reciprocó la misma señal de su maestra.

Ha sido todo un honor para mí entrenarte, Sasuke Uchiha — refirió la monja guerrera, con una sonrisa sincera — A partir de ahora, ya no serás más un pupilo. De hoy en adelante, serás un guerrero dragón de Élite.

Sasuke amplió su sonrisa, aunque ahora era bien intencionada.

Gracias, Mei — respondió el moreno, bajando finalmente sus manos, al igual que su mentora.

Por cierto. Hay un pequeño obsequio que tenía guardado para tu graduación — aludió la monja.

Sasuke enarcó un poco su ceja.

¿Un obsequio?

La pelinegra asintió. Wu Mei le ordenó a Sasuke, con una señal de sus dedos, a que le siguiera. El par de monjes volvió al interior de la pagoda, y se encaminaron al interior de una habitación de armas. Toda clase de armamento y armaduras se hallaban ahí. Desde Guandaos, Miaodaos, Nunchakus, Sanjieguns, entre otras. Sasuke y Wu Mei avanzaron hasta el interior de dicha armería, y se detuvieron frente a un muro, donde estaban exhibidas otras armas. El moreno se preguntaba cuál era el motivo por el que su mentora le había traído a aquel sitio. ¿Acaso le regalaría una de aquellas tantas armas? Éso sería genial, pensó el moreno, un poco entusiasmado, pero era poco creíble aquel escenario.

No obstante, Wu Mei extrajo un pequeño estuche cilíndrico de un baúl, sorprendiendo al moreno. La monja lo dejó sobre una pequeña mesa, y encaró al azabache.

Ahora que eres un guerrero dragón, hay algo que quiero entregarte, hijo — expresó la monja.

Wu Mei tomó aquel paquete cilíndrico en sus manos, y se lo extendió al moreno. Sasuke lo tomó un tanto curioso, sin saber cómo reaccionar al respecto.

Eh... ¿Gracias? — replicó el moreno, aún extrañado.

Vamos. Ábrelo. Estoy segura de que te va a gustar — aseguró su mentora.

El Uchiha tomó uno de los extremos de aquel estuche cilíndrico, y destapó el paquete. El moreno inclinó un poco el estuche, y del mismo un objeto resbaló del interior. Sasuke atrapó hábilmente aquel objeto con su mano derecha, y lo extendió completamente. Y cuando el Uchiha se dio cuenta de qué era aquel metálico objeto, abrió los ojos como platos, sin poder dar crédito a lo que sus ojos presenciaban.

En sus manos, Sasuke tenía una Sanjiegun. Pero no cualquier Sanjiegun. Aquella, era una Sanjiegun hecha de adamantino, del cual se decía era irrompible, y tenía en cada uno de los extremos de cada sección un emblema de un dragón. El arma estaba entrelazada, en cada sección, con un par de argollas circulares, también hechas de adamantino. El arma era bastante rígida, y un poco pesada, justo a la medida de alguien tan poderoso como Sasuke. Y analizándola más a detalle, se percató de que lucía ser muy antigua, pese a conservarse perfectamente.

Wow... — musitó el moreno, totalmente anonadado.

Wu Mei sonrió, y clavó su mirada en el arma que sostenía Sasuke.

Aquella Sanjiegun es el tesoro más grande de mi familia — aludió la monja — Se dice que fue forjada por el Arcángel Mikhael en persona, con un metal divino: El Adamantino. Un metal irrompible, más duro que el propio diamante — refirió Wu Mei — Y ahora, quiero que lo tengas tú, Sasuke.

El azabache salió de su estupefacción, y volvió sus obsidianas a los ónix de la monja.

¿Estará bien que yo tenga ésto? Bien haz dicho que es el tesoro de tu familia — dijo el Uchiha.

Wu Mei asintió.

Nunca tuve hijos, o siquiera un esposo. Sería un desperdicio que se quedara aquí en el templo, cuando aquella arma bien debería pasarse a la siguiente generación. Tú eres lo más cercano que tengo a un hijo, Uchiha, así que quiero que conserves aquella arma.

El moreno sonrió levemente, y asintió.

De acuerdo. La conservaré entonces, Mei — aseguró el ahora monje.

Sasuke se amarró a su cintura el arma, mediante un lazo, y después volvió su mirada a su mentora.

Supongo que ahora iremos a celebrar con unos tragos. ¿Cierto? — aludió el moreno, con algo de entusiasmo.

La Élder suspiró.

Me temo que no podrá ser así — rebatió con pesar la monja.

Sasuke enarcó una ceja.

¿Por qué no?

Hay una última prueba que debes pasar, Sasuke — le afirmó la pelinegra.

¿Una última prueba?

Así es. Una prueba que determinará que tú eres el indicado para suceder la tradición del Templo Shaolin — añadió Wu Mei — Una prueba que determinará que tú eres el guerrero dragón definitivo.

¿De qué se trata? — preguntó el moreno.

Te lo explicaré en el camino. Sígueme — concluyó la monja.

Pese a tener varias dudas, Sasuke obedeció a su Sifu, por lo que caminó a las espaldas de ella.

.


.

Sasuke y Wu Mei emprendieron un viaje de, aproximadamente, quince días. Actualmente, se encontraban en una isla al extremo Noroeste de Terra. Aquella ínsula estaba, en apariencia, deshabitada, aunque había toda clase de bestias, reptiles, e insectos de todo tipo. Ambos monjes habían hecho una travesía a través de aquella extensa isla, con aspecto de jungla. El calor del sitio era sofocante, al hallarse cerca del Trópico Boreal, así que la temperatura fácilmente se aproximaba a los cincuenta grados centígrados.

Tras un largo recorrido, ambos monjes llegaron a un extraño valle, con miles de reptiles voladores. Aquellos conocidos como dragones.

¿Qué es exactamente lo que hacemos aquí, Mei? — cuestionó Sasuke.

La maestra Shaolin se mantuvo con su mirada a aquellas bestias aladas, quienes les observaban de manera amedrentadora.

Estamos aquí por tu prueba final — enunció Wu Mei, aún observando a aquellos dragones.

¿Y cuál es ésa última prueba? — inquirió el Uchiha.

Atrapar y domar a uno de los CuatroDragones Elementales.

Sasuke parpadeó un par de veces. ¿En serio consistía en ello la última prueba? ¿Atrapar a uno de ésos gigantescos monstruos? Vaya prueba, pensó el azabache.

Andando — le ordenó la maestra Shaolin.

Durante la larga caminata, Sasuke y Wu Mei eran fulminados con la mirada de aquellos enormes reptiles alados. Lo curioso es que ninguno de ellos habían agredido a los monjes guerreros, pese a que, algunos de ellos, les habían gruñido amenazadoramente. Muchos de ellos, de hecho, se habían apartado cuando los guerreros caminaban entre aquella densa y abundante selva.

Al final, ambos monjes arribaron frente a una montaña, donde reposaban cuatro enormes dragones. Por unos segundos, Wu Mei, Sasuke, y los reptiles se examinaron detalladamente, aunque los dragones se mantenían en total cautela, ante cualquier inminente agresión por parte de los monjes guerreros.

Bien. Es hora de que pruebes tus habilidades, Sasuke — le dijo la maestra Shaolin.

¿Se supone que debo elegir a una de éstas gigantescas lagartijas, entonces? — se burló el moreno, aunque se mantenía estoico.

Wu Mei negó.

No. El dragón te elegirá a ti — corrigió la alta pelinegra.

¿Huh? ¿Y cómo es que sabré que uno de ellos me elige? —preguntó el moreno, quien volvió sus orbes a la monja.

Muy simple: Tratará de matarte — replicó Wu Mei, como sin nada.

Sasuke se quedó con los ojos abiertos, aunque pronto recompuso su rostro estoico.

Oh. Ya veo. Gracias por el dato — respondió sarcástico el azabache.

El moreno subió de un salto a aquella montaña, y comenzó a caminar en dirección de los dragones. Uno de ellos de color verde, con forma de serpiente voladora. El segundo de color azul, con unos bigotes, y una apariencia de serpiente marina. El tercero tenía una forma de dinosaurio alado, aunque tenía piel rugosa como roca. Por último, y hasta la cima de aquella montaña, había un dragón de color negro, el cual tenía un par de cuernos en la cabeza, no muy grandes. Sus alas parecían a las de un Pterodáctilo, de la especie mayor Pteranodon, en el interior de color escarlata y negras como el resto de su piel al exterior, aunque no estaban adheridas a sus brazos, como las de aquellas especies antes mencionadas, sino a su espalda. Tenía un par de brazos, no muy largos, que únicamente tenía tres dedos, o garras. Su vientre era de color crema, y sus ojos eran negros, con unos írises de color rojo. Las pupilas también eran de color negro. Lo llamativo de aquel dragón era su gigantesco tamaño, de unos diez metros de altura, además de que en la punta de su cola el enorme reptil alado tenía una llama escarlata que se mantenía permanentemente encendida.

Cada que subía aquella colosal montaña, uno a otro los dragones se retiraron del camino del moreno, aunque lo fulminaban con la mirada, por lo que Sasuke supo que ninguno de ellos lo había "elegido". Cualquier otro ser humano no habría tenido el valor de escalar aquella montaña, tal y como Sasuke lo hacía. Sin embargo, el Uchiha no le daba la menor importancia a la presencia de aquellas imponentes bestias. De hecho, apenas y se enteraba de que estaban ahí.

Sasuke dio un enorme salto, y finalmente llegó hasta la cima, donde aquel enorme dragón de fuego estaba cómodamente recostado en una roca. Ambos dragones se quedaron observándose el uno al otro. El reptil halado se mantenía aburrido, aunque estaba irritado por la presencia del moreno, y el Uchiha se mantenía adamante y frío, ante la imponente presencia de aquel colosal monstruo. Sasuke decidió acercarse un poco más al gigante alado, y se quedó justo enfrente del mismo, a una distancia aproximada de diez metros. El dragón, por su lado, se levantó perezosamente, y extendió sus alas, intentando amedrentar al azabache.

¿Qué es lo que buscas aquí, mortal? — le cuestionó hostilmente la bestia, con una voz cavernosa, que sonaba más a gruñidos.

Sasuke se impresionó bastante de que aquel enorme dragón pudiese hablar. Sin embargo, pronto salió de su estupefacción, y sostuvo la Sanjiegun en su espalda.

He venido hasta aquí a reclamar ser tu dueño y amo — aludió adamante el moreno.

La bestia se quedó estática unos segundos, sin mostrar mayor asombro ante el comentario tan soberbio de Sasuke. No obstante, al cabo de un tiempo, aquel gigantesco dragón mostró una mueca de lo que aparentaba ser una sonrisa, aunque lucía bastante estremecedora por parte de aquel colosal reptil alado, dada su apariencia amedrentadora. El monstruoso dragón mostró sus enormes dientes y colmillos, y a continuación aquel gigante se rió estruendosamente. Con la risa de aquel dragón, el suelo se cimbró violentamente, y se sacudió con un potente terremoto, al grado de que el suelo se cuarteó ampliamente, y se cavaron enormes zanjas.

¡Oh! ¡Qué hilarante broma has dicho, mortal! ¡Mira que venir a desafiarme a mí! ¡El Señor de las Bestias! — se burló el gigantesco reptil.

Curiosamente, para el dragón, Sasuke se mantuvo en su sitio, y con un rostro impasivo. El reptil, por su lado, estampó su pie en el suelo de aquella montaña, y fulminó con la mirada al príncipe de los Uchiha.

Escúchame bien, mortal. Si realmente valoras tu vida, será mejor que te largues de aquí — le amenazó aquel gigante.

No lo haré. Me iré de aquí una vez que te dome por completo — rebatió Sasuke, con la misma frialdad que emanaba el otro dragón.

¡Mortal insolente! ¡¿Acaso no sabes quien soy yo?! cuestionó el enorme dragón ¡Yo soy Ignis! ¡El legendario Dragón del Fuego, y el Señor de las Bestias! ¡No hay un sólo ser en éste Universo que sea capaz de luchar en mi contra! ¡Menos aún derrotarme! — gruñó el gigante.

Pues prepárate a experimentarlo de primera mano — sentenció Sasuke.

El dragón gruñó de nuevo, aunque pronto sonrió socarrón, a pesar de que producía bastante temor con aquella aterradora mueca. Sasuke simplemente ignoraba todo ello.

Muy bien. Entonces te daré el honor de morir a manos del ser más poderoso del Universo, mortal — aseguró el dragón.

Sasuke, en un abrir y cerrar de ojos, desenfundó su Sanjiegun de su espalda, y se colocó en la postura del Dragón del Norte, no sin antes darle unos malabares y giros a su bastón reticulado a través de su musculoso cuerpo. El gigantesco monstruo entrecerró uno de sus ojos, extrañado por aquella postura de combate del príncipe de los Uchiha.

Bei Long Quan, ¿Huh? — dijo Ignis, con curiosidad.

Sasuke también enarcó una ceja.

¿Qué con ello? — cuestionó indiferente el azabache.

Hmp. Entonces los rumores de que los Shaolin crean estilos de peleas basados en animales es cierto. Supongo que me debo sentir honrado que un estilo de pelea sea basado en mí — expresó el ser dracónico, con una sonrisa.

Y también tendrás el privilegio de ser derrotado con el estilo inspirado por ti — le comunicó Sasuke, con aquel gesto insignia de él.

Éso está por verse, mortal... — concluyó Ignis.

El gigante alado rugió estruendosamente, y cimbró aún más el suelo, al grado de que Terra entero se sacudió con un terremoto catastrófico. Ignis se rodeó de un extraño manto de fuego alrededor de su enorme y musculoso cuerpo, el cual aumentó la temperatura de la zona por encima de los sesenta grados centígrados. Sasuke, por primera vez en su vida, se impresionó del increíble poder de aquel enorme dragón, dado que fácilmente igualaba al suyo. Sin embargo, el moreno no se amedrentó, sino que afiló su mirada, y sonrió torcidamente. Verdaderamente, aquella era la prueba definitiva para él.

Ignis detonó aquel fuego escarlata alrededor de su cuerpo, y creó una explosión termonuclear con aquel aura de fuego. Sasuke se tuvo que cubrir con su Sanjiegun, o de lo contrario habría sufrido algunas quemaduras severas. La Onda de Choque de aquella Explosión Térmica viajó por toda aquella selva entera, y a más allá de miles de kilómetros de la susodicha ínsula, por lo que todo se redujo a escombros y cenizas. Afortunadamente, Wu Mei, quien estaba espectando la "conversación" entre su discípulo y aquel ser mitológico, se salvó de toda aquella Radiación Térmica, al ser cubierta con un montículo de la tierra del ahora diezmado monte, aunque tenía algunas quemaduras de primer grado.

Cuando el brutal calor de dispersó por completo, Sasuke tenía sus ropas algo quemadas y dañadas, además de que su Sanjiegun ardía al rojo vivo. Era una suerte que el Uchiha hubiese decidido portar guantes, o tendría severas quemaduras en las manos. Aún así, los guantes de combate que portaba fueron deshechos con aquella Radiación Térmica, excepto, curiosamente, en la parte donde sostenía las extremidades de su Sanjiegun.

Sasuke apenas tuvo oportunidad de reaccionar, cuando aquel enorme dragón se lanzó con un poderoso puño contra él. El Uchiha se cubrió con su arma del golpe. Sin embargo, Ignis empleó tanta fuerza en su puñetazo, que Sasuke salió volando a varios kilómetros de la zona. Aún así, durante su vuelo por los aires, Sasuke dio una voltereta completa a sus espaldas, y cayó en una rodilla en el suelo, pese a que fue arrastrado cientos de metros por el ahora terreno baldío.

El enorme dragón pronto se acercó en un vuelo hasta Sasuke, y le soltó otro puñetazo con aquella enorme garra que tenía en su brazo derecho, al cual también la rodeó de Radiación Térmica. Sasuke dio un mortal hacia atrás, y se apoyó de sus manos para caer de pie. Cuando el puñetazo llameante de Ignis colisionó en el suelo, un enorme cráter de cientos de miles de kilómetros se extendió a la redonda, produciendo con ello un brutal terremoto a escala de Terra entero. Del mismo cráter, una enorme ola de fuego se levantó, como un Jet Astrofísico, el cual fácilmente traspasó la Exopausa de Terra, por al menos cien mil kilómetros.

Cuando la Radiación Calorífica se desvaneció, ahora Sasuke fue quien acometió contra el gigante alado. El Uchiha saltó hasta el reptil, y le atacó con una Patada de Tijera Aérea al rostro. Ignis se cubrió con su musculoso antebrazo izquierdo del golpe de Sasuke. No obstante, el gigante no contó con que la fuerza de Sasuke era brutal. El dragón gruñó al intentar contener el increíblemente poderoso golpe de Sasuke, el cual también produjo una colosal Onda de Choque de cientos de miles de kilómetros de Longitud de Onda, así como un poderoso sismo de escala planetaria.

Desafortunadamente, Ignis fue abrumado por el tremendo poder de Sasuke, así que, al igual que el azabache, el Dragón del Fuego salió volando a lo lejos, y se estampó contra una enorme montaña semi-calcinada. No obstante, Ignis detonó su poderosa energía, y se rodeó de aquel manto ígneo alrededor de su musculoso cuerpo, y para entonces, Sasuke se encarreró hacia el colosal monstruo, quien voló con gran velocidad hasta la posición del Uchiha. Y cuando ambos se encontraron de frente, los dragones soltaron un poderoso puñetazo, el uno contra el otro, lo cual produjo otra Onda Expansiva, y efectos similares a los ataques anteriores.

Sasuke giró su arma alrededor de su cuerpo, mientras daba un giro completo sobre sus pies, y atacó a los pies del coloso con su Sanjiegun. Inesperadamente para el gigante de fuego, éste fue derribado por el arma de Sasuke, y cayó estrepitosamente en el suelo, donde se generó otro gigantesco cráter y una sacudida del terreno. Sasuke se lanzó contra el derribado reptil, e intentó asestar su Impacto Meteoro contra el pecho del gigantesco dragón. No obstante, Ignis detuvo fácilmente el golpe del moreno, con una mano, y le soltó un puñetazo al Uchiha, aprovechando la guardia baja de éste.

Sasuke gruñó por el poderoso impacto del puñetazo de Ignis, y salió volando por los aires, aunque pronto se recuperó, y cayó al suelo entre múltiples marometas hacia su espalda. Al aterrizar, Sasuke descendió en una rodilla, y resquebrajó ampliamente el ahora desértico terreno de aquel Valle Dracónico. Ignis, por su lado, pronto se recuperó, y extendió sus alas, al igual que su aura de fuego.

El Señor de las Bestias rugió de nuevo, y destrozó con ello el suelo que le rodeaba. A continuación, Ignis levantó un par de rocas de aquel terreno demolido, con sus manos, y se las arrojó a Sasuke. El Uchiha, mas sin en cambio, giró junto con malabares de su arma, y golpeó una de las rocas con su Sanjiegun, con lo cual pulverizó completamente aquella enorme piedra. A continuación, Sasuke blandió su bastón triple, como si se tratara de alguna espada larga, y destruyó la segunda roca que le arrojó el enorme dragón. Ignis levantó más rocas, y se las arrojó al príncipe de los Uchiha, quien, entre malabares y ataques acrobáticos, destruyó cada una de las rocas que el Dragón del Fuego le arrojaba. Cuando Ignis le arrojó una última enorme roca a Sasuke, el pelinegro se encarreró hacia aquella piedra, a la cual le dio una patada. La roca fue arrojada entonces de vuelta contra Ignis, quien, antes de que impactara contra su cuerpo, la pulverizó de un simple puñetazo.

Ignis volvió a rugir atronadoramente, e incrementó aquel manto de fuego alrededor de su cuerpo, llevando la temperatura del sitio a niveles peligrosos. De inmediato, las manos del Dios Dragón se rodearon de Radiación Térmica, como dos enormes llamas danzantes de color azul. Ignis, entonces, azotó sus enormes manos en el suelo, con lo cual generó un monstruoso terremoto planetario, y levantó un enorme Jet Astrofísico de Fuego, que se elevó más allá de la Exósfera de Terra. Sasuke vio claramente la intención del Dragón del Fuego, así que él también colisionó sus dos manos contra el suelo del Valle Dracónico. El Uchiha también produjo un terremoto en Terra entero, y levantó una ola de tierra, a la misma altura, distancia, y Longitud de Onda que la del ataque de Ignis.

Si alguien hubiese visto aquel ataque desde la luna, hubiese presenciado cómo dos enormes ondas de marea, uno de fuego, y otro de tierra, se elevaban imponentemente desde la Ínsula Dracónica, hasta sobrepasar la Exopausa por cientos de miles de kilómetros a lo alto, tal y como cuando un meteorito impactaba contra la corteza terrestre. Parecía como si el mismísimo Apocalipsis hubiese llegado a Terra, o el juicio divino de Dios se hubiese desatado sobre la humanidad.

Tras un minuto, aproximadamente, el ataque de ambos dragones se dispersó enteramente, y el terreno ahora se convirtió en un cúmulo de rocas, tierra, y lava hirviente, ésta última producto de la tremenda Radiación Térmica que Ignis creó con su ataque. Sasuke estaba ahora parado sobre una enorme roca que flotaba sobre aquel lago de Magma, mientras que Ignis, al ser él mismo un ser de fuego, tenía sumergidos sus musculosas piernas dentro de aquella laguna de lava.

Voy a darte el crédito que mereces, guerrero — aludió la legendaria bestia — Realmente me has dejado impresionado. Jamás imaginé que serías así de poderoso. Mis más sinceras congratulaciones.

Sasuke se mantuvo estoico en su sitio, pero pronto sonrió torcidamente.

Odio tener que admitirlo, pero también debo felicitarte por ser tan imponente, Señor de las Bestias. Aunque no esperaba menos del animal más poderoso de todo el Universo — le alabó el moreno, aunque con algo de arrogancia.

Y dime. ¿Con quién tengo el honor de estar luchando? — le preguntó el enorme reptil.

Sasuke Uchiha. Príncipe del Clan del mismo nombre, y guerrero Shaolin de élite. Algunos me conocen como el Dragón Escarlata — aludió el azabache.

Ignis enarcó uno de sus ojos, notablemente curioso por el seudónimo tan peculiar del príncipe del Clan del Fuego.

¿El "Dragón Escarlata"? ¿Por qué te dicen de ése modo? — le preguntó ahora Ignis.

Por mis habilidades en Wushu, y por el hecho de que el símbolo de mi Clan hace alusión al Elemento Fuego — replicó Sasuke, con orgullo absoluto.

El opuesto dragón soltó un monosílabo, y también sonrió malévolo. Realmente le parecía fascinante aquel guerrero dragón con el que estaba batallando.

Heh. Interesante — masculló el dragón — Así que otro Dragón del Fuego. ¿Huh? Pues yo seré quien juzgue si realmente eres digno de pertenecer a los nuestros, príncipe Uchiha — dictó el reptil.

Ignis obtuvo, para asombro de Wu Mei y Sasuke, la postura de combate del Dragón del Sur. Aunque Sasuke pronto salió de su asombro, al contrario de su maestra.

Veo que también conoces la postura del Nan Long Quan— refirió Sasuke.

Ignis volvió a entrecerrar uno de sus amedrentadores ojos.

¿Así es como decidieron llamarle a ésta posición de batalla? Ustedes los humanos sí que son raros — se burló el gigante, aunque sin mostrar una faz equiparable.

Sasuke se encogió de hombros.

Éso se lo puedes reclamar a mi Sifu — dijo el moreno, apuntando al cuerpo de Wu Mei.

El enorme dragón vio de reojo a la aún asombrada monja Shaolin, quien estaba cubierta por una enorme roca. El resto de los Dragones Elementales observaban, desde muy lejos, la pelean entre el Dragón del Fuego, y el Dragón Escarlata.

Bah. Tontos humanos, y sus adjetivos ridículos — se mofó el dragón, riendo levemente.

Como sea. Entonces que sea un duelo de estilos Nan Long Quan — sugirió el azabache, quien guardó su Sanjiegun en su espalda, y también adquirió la postura del Dragón del Sur.

Como quieras, Uchiha — finalizó el gigante.

Tan pronto terminaron de hablar, Ignis detonó de nueva cuenta su manto de fuego, y vaporizó tanto la lava como las rocas apiladas en el terreno. De inmediato, el coloso voló en dirección al azabache, quien también se encarreró contra el dragón. Al llegar uno frente al otro, el primero en atacar fue Ignis, el cual soltó un puñetazo al cuerpo de Sasuke. Sasuke detuvo el poderoso puñetazo del dragón, con su antebrazo izquierdo, pese a que el poderoso golpe de Ignis lo enterró dentro de una enorme zanja de al menos miles de kilómetros de diámetro. Aún así, Sasuke empujó el puño del reptil, y se arrojó en una Patada del Dragón Aérea contra el pecho del gigante, pero Ignis también detuvo el ataque de Sasuke, al cruzarse de brazos, pese a que fue arrastrado unos metros por el suelo.

Ignis dio un giro completo, y acometió con una Patada Giratoria contra el Uchiha. Sasuke apenas y alcanzó a cubrirse, al aún estar suspendido en el aire, así que recibió con su cuerpo cubierto la poderosa patada del reptil alado. El golpe de Ignis lanzó por los aires al moreno, y lo impactó contra un enorme montículo de rocas pulverizadas. Pese a ello, Sasuke se desenterró usando su colosal fuerza física, al extender sus brazos a los costados, y se limpió un rastro de sangre de sus labios. Ignis, para entonces, ya había emprendido el vuelo hacia Sasuke, y ya se hallaba a unos metros del Shaolin.

Cuando el colosal dragón llegó ante Sasuke, se arrojó en una Patada de Hacha contra éste. Ésta vez, Sasuke no optó por evadirla, sino que, usando ambos brazos cruzados sobre su cabeza, paró el brutal ataque de aquel monstruo. La patada de Ignis nuevamente cavó una gigantesca zanja de miles de kilómetros de diámetro, y enterró al moreno dentro de ella. Aunque, sorprendentemente, Sasuke pudo detener óptimamente aquel enorme pie del legendario Dragón del Fuego.

Sin embargo, el ataque del Señor de las Bestias no se detuvo ahí, dado que el gigante dio una voltereta completa hacia el frente, y atacó con su cola llameante al azabache. Y ésta vez, Sasuke fue impactado limpiamente por el ataque, por lo que fue inhumado dentro del terreno baldío del Valle Dracónico. A continuación, Ignis volvió a cargar de fuego sus manos, y las levantó por lo alto. El antiguo dragón golpeó el suelo con ambas palmas de sus manos, y creó de nuevo aquel Jet de Radiación Térmica, el cual se alzó por encima de la Exopausa de Terra, al igual que produjo un violento terremoto en todo el planeta.

Cuando el catastrófico temblor de detuvo, y la Radiación Térmica desapareció, se podía ver un cráter que recorría más allá de la Ínsula Dracónica entera, al igual que la profundidad de dicha zanja se aproximaba a un kilómetro. Ignis estaba aún de pie, dentro de aquella zanja, y aún desprendiendo aquella energía calorífica alrededor de su escamoso y fornido cuerpo. El dragón voló unos metros al aire, y posteriormente a su espalda, para después aterrizar lejos de donde se encontraba. De Sasuke, no había rastro alguno. Parecía como si hubiese sido consumido por aquel poderoso ataque de Ignis.

Sin embargo, del subsuelo, se produjo una expulsión de toneladas de tierra y roca, las cuales se dispersaron por doquier. Sasuke salió de un salto, y aterrizó en el destruido terreno del Valle de los Dragones. El Uchiha había perdido por completo su vestimenta superior, y ahora tenía expuesto el torso desnudo, pero, para su desgracia, tenía algunas quemaduras de tercer grado, causadas por la terrible técnica de Ignis. Aún así, Sasuke hacía caso omiso del dolor de sus quemaduras, más que nada porque apenas y las sentía, y se reposicionó en su postura de combate del Dragón del Sur.

Tch. Sí que eres persistente, Uchiha. Ése ataque debió haberte vaporizado — masculló el gigante.

Sasuke se limpió un poco de suciedad de su rostro, y sonrió torcidamente.

Hace falta más que éso para que puedas matarme, Señor de las Bestias — replicó orgulloso el azabache — Dudo mucho que realmente puedas derrotarme.

Ignis también sonrió socarrón, y expandió su aura ígnea una vez más.

Hmp. Entonces tendré que verme obligado a usar mi verdadero poder.

El gigante tensó las garras de sus manos, y las rodeó de fuego a las mismas. Ignis voló a una velocidad impresionante hacia Sasuke, y arrojó un zarpazo contra el moreno. Sasuke detuvo el poderoso ataque con una postura defensiva, pese a que le produjo algunas quemaduras, y reaccionó con una Patada de Tijera Baja a los pies del colosal reptil. Sin embargo, Ignis levantó un poco el vuelo, y arrojó una patada llameante al pelinegro, pese a que Sasuke evadió el poderoso ataque con un mortal hacia atrás.

Cuando Ignis se estaba recuperando de su ataque, Sasuke dio un enorme salto, hasta el rostro del enorme dragón, y le asestó una Patada de Vuelta de Campana contra la mandíbula del Señor de las Bestias. Ignis gruñó un poco por el tremendo dolor del golpe de Sasuke, y fue derribado pesadamente sobre el terreno baldío. Sasuke se arrojó contra el dragón, y le asestó una serie de poderosos golpes en el vientre, con lo cual sepultaba progresivamente al coloso dentro de la tierra. Al final, Sasuke alzó ambas manos al Firmamento, y las dejó caer sobre el estómago del Dragón del Fuego, quien ahogó un grito de dolor por el violento ataque.

El temblor que provocó Sasuke sacudió el planeta Terra entero, y levantó una marea de tierra por al menos cien mil kilómetros por encima de la Exopausa del planeta. Al menos una tercera parte de Terra fue cubierto por aquella gigantesca marea de tierra que provocó Sasuke, y éste arrasaba con todo lo que se hallaba a su paso que no estuviese en el subsuelo. Y cuando el ataque concluyó, todo el Valle Dracónico estaba cubierto por cientos de miles de millones de toneladas de tierra y rocas, tal y como en un temblor catastrófico solía suceder.

Sasuke saltó lejos del gigantesco cráter que creó con su ataque, y se le quedó viendo al enorme reptil inconsciente dentro de aquella zanja. Ignis parecía estar muerto, pues tenía una buena cantidad de sangre saliéndole de su hocico, y además tenía intensos moretones en el vientre, donde Sasuke le golpeó. Sin embargo, al cabo de unos segundos, el Señor del las Bestias reaccionó, y se levantó en una rodilla, mientras respiraba algo agitado.

Y como un verdadero guerrero, Ignis disparó su gigantesca aura, con lo cual licuó completamente los escombros que le rodeaban. El dragón antiguo rugió furiosamente, y llevó sus energías a niveles extremos, hasta que el clima del Valle de los Dragones se elevó por encima de los setenta y cinco grados centígrados. De pronto, Ignis adquirió vuelo, aunque no se elevó mucho, y voló en dirección a Sasuke, pero durante su vuelo, el gigante comenzó a girar como rehilete, aún con su cuerpo rodeado de llamas.

Sasuke supo la intención de aquel dragón, así que extendió sus brazos al frente, preparado para interceptar el poderoso ataque de Ignis. Y cuando el antiguo reptil chocó contra el moreno, lo arrastró por unos cuantos kilómetros por el suelo, y parecía que una gigantesca ola de fuego estaba recorriendo y excavando constantemente el suelo desértico. Sasuke gruñía y bregaba contra aquel ataque del gigante, al mismo tiempo que hacía esfuerzo para detener el trayecto de Ignis. Eventualmente, el Uchiha logró su cometido, y le impactó al dragón con una poderosa patada, la cual mandó a volar al enorme reptil por los cielos.

Sasuke saltó hasta quedar a la misma altura de Ignis, quien pronto se recuperó de un giro, y ambos se arrojaron golpes y patadas que constantemente paraban y evadían. Sasuke le dio un puñetazo al vientre del Señor de las Bestias, el cual ahogó un gemido de dolor, e Ignis reaccionó con un puñetazo contra el azabache, quien también gruñó por el tremendo dolor. Durante el "vuelo" de ambos dragones, únicamente se podía ver cómo dos figuras se atacaban con golpes y patadas acrobáticas y poderosas, tanto así que numerosas Ondas de Choque eran producidas con cada golpe. Cada Onda Expansiva sacudía violentamente el destrozado terreno, aunque por apenas unos cuantos segundos, y creaba gigantescos cráteres similares a los dejados por meteoritos.

Sasuke dio un giro completo en el aire, y atacó a Ignis con una Patada de Tijera, aunque el gigante reptil se protegió del ataque con sus largas alas. El Señor de las Bestias aprovechó para también dar un giro, y atacar con una Patada de Giro contra el moreno, pero Sasuke contuvo el poderoso ataque. Sasuke e Ignis chocaron durante algunos segundos sus puñetazos y patadas, enfrascándose en un violento combate aéreo. Sin embargo, al final, ambos se golpearon el uno al otro, Sasuke en el vientre del reptil, con una patada, y éste en el cuerpo entero del moreno, con su mano.

Dichos ataques mandaron a volar al Uchiha y al Rey Dragón, los cuales salieron expedidos en direcciones contrarias, y cayeron violentamente sobre el suelo. El choque de ambos cuerpos produjo una colosal zanja de al menos un kilómetro de diámetro, así como unos cien metros de profundidad. Entretanto, Wu Mei, quien finalmente se desenterró de varias toneladas de tierra, junto con el resto de los Dragones Elementales, se quedó anonadada de la impresionante pelea que tenía el antiguo monstruo de Terra contra el mejor de sus discípulos. Y se impresionó aún más cuando ambos se reincorporaron del poderoso golpe que se asestaron el uno al otro. De hecho, a Wu Mei no le impresionaba el tremendo poder que tenía Ignis, pues había varias leyendas en torno a aquel gigantesco monstruo alado, y su tremendo poder capaz de destruir Terra entero. Lo que realmente le maravillaba a Wu Mei, era que su discípulo lograse mantener una pelea con aquel imponente dragón.

Ambos dragones se limpiaron las sangre que salían de sus bocas, y se fulminaron con la mirada. Ignis también estaba sorprendido por el tremendo poder de Sasuke Uchiha. Jamás se habría imaginado que un simple mortal le estuviera dando tanta batalla, donde ningún otro ser en la existencia había logrado siquiera rasguñarle. De hecho, Ignis era conocido por ser uno de los más poderosos seres de todo el Universo, muy por encima de los Grandes Demonios del Apocalypsis. Y de la nada, un simple mocoso de no más de quince años ahora le estaba llevando al límite.

Pero no todo era impresión para Ignis. Sasuke también se hallaba sorprendido por el enorme poder del Rey Dragón. El Uchiha sabía que no iría a enfrentar a un novato, ni tampoco que sería como un paseo por el parque. No obstante, no se imaginaba que un ser sería así de poderoso, y tenía la certeza absoluta de que Ignis no estaba utilizando su verdadero poder. El Señor de las Bestias se estaba contendiendo de usar todo su poder, de éso Sasuke podía tener la certeza absoluta, aunque el azabache tampoco estaba empleando todo su poder. Si lo hiciera, destruiría el planeta entero.

Cuando ambos retomaron sus posiciones de batalla, los dragones acometieron contra el otro. Ignis fue el primero en atacar, con una Patada de Giro contra el moreno, mientras que Sasuke reaccionó con su propia patada, para contrarrestar la del Rey Dragón. Ignis y Sasuke volvieron a girar sobre sus pies, y ahora atacaron con su pie opuesto, colisionando los mismos. A continuación, ambos dieron otra vuelta, y chocaron sus Golpes de Empuje, con lo cual crearon un colosal cráter con el puro Estampido Sónico producido por el choque de ambos golpes. Sasuke dio una vuelta adicional, y reaccionó con su codo izquierdo al puñetazo zurdo del gigante reptil, volviendo a ampliar la zanja donde actualmente combatían ambos.

Sasuke e Ignis impactaron numerosos golpes, por algunos minutos. Minutos en los cuales las Ondas Expansivas, creadas por los Estampidos Sónicos de los ataques de ambos dragones, creaban constantemente catastróficos sismos a escala de Terra entero, al igual que desmantelaban el de por sí destruido Valle de los Dragones. Sasuke desvió un puñetazo de Ignis, y le golpeó con increíble fuerza en el vientre, mediante lo cual el moreno produjo una Onda de Choque que viajó más allá de la Ínsula Dracónica. Ignis, sin embargo, enduró el dolor, pese a ahogar un grito, y reaccionó con un puñetazo al cuerpo de Sasuke. El azabache también enduró el poderoso ataque, con un gruñido de dolor, el cual también produjo efectos similares al golpe del Uchiha. Sasuke contraatacó con otro golpe al estómago de Ignis, y tan poderoso fue que no sólo creó otra catastrófica Onda de Choque, sino que elevó unos metros en el aire al antiguo dragón. Ignis contuvo el potente dolor del golpe, y reaccionó con otro puñetazo contra el Uchiha, con lo cual enterró al moreno en el suelo, y sacudió al planeta entero con un terremoto demoledor, así como con una colosal onda de tierra.

Cuando el sismo planetario se detuvo, Ignis se arrojó al suelo, y comenzó a, literalmente, machacar al Uchiha con sus enormes puños. Sasuke no podía reaccionar debidamente, dado que aquellos enormes puños del señor de las bestias le inhumaban progresivamente dentro de una enorme zanja de cientos de kilómetros de diámetro. Cada puñetazo de Ignis creaba un corto, pero poderoso, terremoto en todo Terra, el cual hacía que las rocas volaran por los aires, y que erupciones de roca y tierra se elevaran a cientos de metros de altura. No obstante, en uno de los tantos golpes del poderoso Dragón del Fuego, Sasuke detuvo el puñetazo de éste, con su mano, y lo empujó fuertemente, logrando que el Señor de las Bestias retrocediera unos cuántos metros.

Sasuke se reincorporó de un salto, y se encarreró al colosal reptil. Ignis reaccionó a tiempo, e intentó golpear al moreno con uno de sus enormes puños. Sin embargo, Sasuke evadió hábilmente el golpe, y asestó su propio puñetazo en el estómago del Rey Dragón. Ignis gruñó por el dolor, pero pronto atacó al moreno con su puño derecho, aunque el moreno lo evadió con una barrida por debajo del enorme cuerpo del Dragón del Fuego. Sasuke quedó a espaldas del monstruo, y pronto trepó de un salto. Y en lo que Ignis trataba de retirarse al moreno de su lomo, Sasuke le golpeó en la cabeza con un poderoso puñetazo, lo cual derribó al dragón. Cuando el Rey Dragón cayó al suelo, Sasuke continuó asaltando contra la enorme testa de Ignis, martilleando progresivamente la cabeza del dragón dentro de un cráter de al menos mil kilómetros de diámetro, y unos kilómetros de profundidad.

No obstante, Ignis reaccionó al incendiar su cuerpo, con lo cual forzó a Sasuke a saltar de su cuerpo. Sin embargo, antes de que el Uchiha pudiera alejarse del dragón, el moreno fue golpeado con la llameante cola de Ignis, con la cual fue arrojado estrepitosamente contra el suelo. El Rey Dragón pronto se incorporó, y se volvió al derribado moreno. Ignis alzó sus puños llameantes sobre su cabeza, y los azotó sobre el cuerpo del príncipe del Clan del Fuego. Sasuke ahogó un grito, y expulsó una enorme cantidad de sangre por su boca, al ser atacado con tan poderoso ataque. El golpe produjo una explosión termonuclear de un radio de cientos de miles de kilómetros de Longitud de Onda, creando con ello una Onda de Choque de Radiación Térmica que abrasó todo como una ola infernal.

Toda la Energía Térmica se dispersó después de un tiempo, y la temperatura del Valle de los Dragones progresivamente fue disminuyendo, hasta que volvió a los cincuenta grados. Ignis se hallaba aún de pie, frente a un desvanecido príncipe Uchiha. El moreno tenía una mueca de dolor, así como quemaduras intensas por todo su cuerpo. Si es que Sasuke llegaba a sobrevivir, seguramente tendría varias cicatrices de aquel encuentro.

Ignis, por su lado, le observó durante algunos segundos, hasta que decidió que era hora de darle el golpe de gracia al dragón escarlata. El Rey Dracónico alzó su puño diestro por lo alto, y lo rodeo de Radiación Térmica Ionizada, a la altura de su hombro derecho.

Has sido un formidable oponente, príncipe Uchiha. Sin embargo, ni tú mismo habrías tenido una oportunidad de derrotarme — refirió Ignis, con su voz profunda — Aún así, te daré una muerte digna de un guerrero.

Cuando Ignis arrojó su puño contra el cuerpo de Sasuke, éste lo detuvo con ambas manos, pese a que el golpe lo enterró unos metros en la tierra. Y por la impresión, Ignis no pudo evadir una poderosa Patada del Dragón a su pecho, una vez que Sasuke se incorporó, con la cual el Rey Dragón fue lanzado a lo lejos, contra una pila de rocas y polvo. Y antes de que pudiera recuperarse, Sasuke se encarreró contra el monstruo, y dio un enorme salto hacia el mismo. En el aire, el Uchiha preparó su puño, colocándolo a la altura de su hombro diestro, y se dejó caer contra el aún derribado Señor de las Bestias.

Al aterrizar, Sasuke atacó a Ignis con su Impacto Meteoro. El poderoso ataque de Sasuke hizo que Terra entero se cimbrara con una magnitud fuera de toda lógica. El desértico suelo se sacudía constantemente, y hacía saltar por los aires enormes trozos de roca y tierra. Una colosal Onda de Choque se expandió por casi la mitad del planeta, y aquella misma Onda Expansiva, producto del Estampido Sónico de su Impacto Meteoro, elevó miles de erupciones colosales de tierra, así como una monstruosa marea de tierra del mismo terreno, por encima de la Exopausa de Terra. La Longitud de Onda de aquella marea de tierra viajó por la misma distancia que la Onda de Choque que creó Sasuke con su ataque.

El Uchiha se apartó de un salto, y se limpió los restos de sangre que se escapaban de sus labios. Y predeciblemente, una gigantesca llama, de al menos un kilómetro de diámetro, se levantó del cráter donde estaba inhumado Ignis. Y de éste, el majestuoso Señor de los Dragones destruyó todos los escombros que le sepultaban, al detonar su increíblemente caliente aura. El Rey Dragón se levantó de aquella colosal zanja, y clavó sus llameantes orbes sobre las criogenizantes obsidianas del príncipe del Clan de los Uchiha. Sasuke, por su lado, retomó su posición del Nan Long Quan, y tensó sus pies en el suelo.

Sin embargo, para sorpresa de Sasuke, Ignis apagó aquel aura de fuego alrededor de su cuerpo, y relajó su cuerpo, por lo que el moreno, aún dudoso, bajó también la guardia.

... No estamos llegando a ningún lado con ésto, Uchiha — le dijo el Rey Dragón al moreno.

Sasuke entrecerró sus ojos, y se mantuvo estoico.

¿A qué te refieres, Señor de los Dragones? — le preguntó el azabache.

Si seguimos luchando de éste modo, terminaremos destruyendo a Terra entero. Sé que no has estado luchando con tu verdadero poder, Uchiha. Más que nada, porque seguramente destruirías el planeta entero, si lo haces — afirmó Ignis.

Sasuke arqueó una ceja. ¿Será que aquel monstruo era el mismo caso?

Debo suponer que tú tampoco has peleado con tus verdaderos poderes. ¿Cierto? — inquirió el moreno.

Ignis asintió.

No puedo hacerlo. Si utilizo todo mi poder, podría destruir a Terra. Y Terra también es mi hogar — aludió el antiguo dragón — De haber sabido que eras así de poderoso, quizá no te habría enfrentado. Éste no es sitio para que nos enfrentemos. Si continuamos con la pelea, provocaremos un colapso del Tejido Espacio/Tiempo.

Ignis tenía un buen punto. La pelea no había hecho merma en ninguno de los dos. Aquellos ataques apenas y tenían efecto sobre ellos. Ambos eran monstruosamente poderosos, y sobrepasaban los límites de toda lógica posible. Por otro lado, el Valle Dracónico, antes rico en vegetación y animales, ahora estaba totalmente devastado y erosionado. Requeriría de varios años para poder reconstruir aquel territorio severamente dañado. De hecho, parecía como si el Apocalipsis hubiese llegado temprano a la Ínsula de los Dragones.

Quizá fue una imprudencia total para Sasuke el confrontar al Señor de las Bestias. No porque le temiese, o porque su vida estuviese en riesgo, sino porque había causado una verdadera catástrofe en el hogar del Pueblo Dracónico.

Entiendo — enunció Sasuke, con parsimonia.

Te lo vuelvo a preguntar, Uchiha. ¿Qué es lo que realmente buscas para con nosotros? — le cuestionó el dragón.

Como lo dije antes: Ésto es una prueba para mi persona. Mi objetivo es volverme el ser más poderoso de Terra, y cobrar venganza contra uno de los traidores de mi Clan. Y posteriormente, cambiar al mundo entero — explicó Sasuke, con una expresión fría y adamante.

¿Y por éso tenías que venir a destruir mi hogar? — masculló el gigante.

Sasuke negó levemente.

No me habría imaginado que serías tan poderoso. Lo más probable, es que nuestros poderes sean similares — se excusó el moreno.

Ignis podía ver en la mirada de Sasuke, aún a la distancia en la que se hallaba, la determinación absoluta, así como la sinceridad de sus palabras. Por algún motivo, Sasuke no era como el resto de los humanos con los que, en algún momento, Ignis tuvo la desgracia de tratar. Sasuke era único. En aquel joven Uchiha, se podía percibir un corazón valiente, audaz, y determinado. No le temía a nada, ni a nadie. La mejor prueba era que Sasuke se enfrentó contra él: Uno de los seres más poderosos del Universo Entero. Tal vez Sasuke ignoraba su posición como el Señor de las Bestias; sin embargo, tampoco huyó como un cobarde, cuando vio el abrumador poder que poseía.

Ignis sonrió torcidamente. Sin duda, ése mocoso era único. Quizá algún provecho podría sacar de su alianza con él. Aunque Ignis no sería un vil sirviente. No. Él tomaría como subordinado al Uchiha, no al contrario.

Muy bien, mocoso. Te haré un trato — le dijo Ignis a Sasuke.

El Uchiha arqueó una ceja, pero después asintió.

¿De qué se trata?

A cambio de que dejemos ésta estúpida contienda, y de que te comprometas a no revelar la ubicación del Valle Dracónico, te ofrezco convertirte en mi subordinado — le sugirió Ignis.

Sasuke sonrió torcidamente.

¿Acaso subordinado es el equivalente draconiano para "amo"? — se burló el moreno.

Ignis gruñó por lo bajo.

Mocoso insolente. No te quieras enaltecer demasiado. Si pudiésemos pelear con todo nuestro poder, sin tener consecuencias al respecto, ahora mismo ya estarías muerto — espetó el monstruo.

Sasuke se rió por lo bajo, haciendo enfadar aún más a Ignis. No obstante, antes de que el dragón replicara con algún comentario, Sasuke se le adelantó.

Sí, claro — se mofó el moreno — Como sea. Acepto el trato. Seré tu amo... Oh... Lo siento... Quise decir "Subordinado"— respondió Sasuke, haciendo un burlón énfasis a la palabra "subordinado".

Ignis tenía ganas de arrancarle la cabeza a Sasuke, pero no quería poner en peligro a su pueblo, ni al Valle de los Dragones, así que desistió de ello. Por el contrario, Ignis voló lentamente hacia una zona en específico del Valle Dracónico, ahí donde anteriormente estaba aquel monte donde todos los dragones descansaban. Ignis escarbó unos segundos entre toneladas de roca y tierra, hasta que extrajo un extraño baúl enorme. El Rey Dragón abrió dicho cofre, y extrajo de él una pequeña piedra, de unos cinco centímetros de diámetro, para después volver a encarar a Sasuke.

El imponente dragón le arrojó aquella piedra al moreno, quien la atrapó con su mano derecha. Sasuke, una vez que tenía la piedra en su mano, la examinó detalladamente. Ésta era una gema azulada, totalmente redonda, y tenía una "S" de color negra, muy estilizada. El orbe era un poco pesado, casi similar a la densidad de un diamante. La piedra, en sí, era muy bella, por lo que parecía como si fuese un regalo. Sasuke volvió su mirada extrañada al otro dragón, y alzó los hombros.

Y... ¿Qué se supone que es ésto? ¿ Acaso me estás pidiendo matrimonio? — se burló el moreno, aunque mantenía un rostro estoico.

Deja tus ridiculeces para otro momento, Uchiha. Aquella es una Gema de Hermandad — aludió el enorme reptil — Con ella, podrás invocarme, donde quiera que estés. Sin embargo, no te atrevas a llamarme por cualquier banalidad, o te comeré vivo — le amenazó.

Sasuke observó la piedra unos momentos. Después volvió su mirada al monstruo, y asintió.

De acuerdo. ¿Cómo se usa? — preguntó el Uchiha.

Únicamente álzala en dirección al Firmamento, y coloca tu pulgar en aquella "S" sobre la gema — le contestó el Rey Dragón.

Entendido.

Sasuke se guardó aquella gema en su bolsillo, y se reajustó la Sanjiegun en su espalda, la cual recogió del suelo.

Bien. Ahora, largo de aquí. Tenemos que reconstruir éste lugar mis hermanos y yo — espetó Ignis.

Hablando de éso... Demando que nos lleves a mi maestra y a mí al pueblo más cercano — le exigió Sasuke.

El enorme reptil se volvió con su mirada iracunda al moreno, y con ambos puños apretados.

¿Qué acaso crees que soy tu carruaje real, Uchiha? Mueve tu apestoso trasero, y camina — le respondió el dragón.

Pues bien. Entonces nos quedaremos a acampar aquí. Espero no te desagrade nuestra presencia — dijo el moreno, con una sonrisa torcida.

Ignis bufó fuertemente, expulsando una enorme cantidad de humo de su nariz.

¡De éso nada! ¡Prefiero comer basura, antes de tenerte aquí un segundo más! — bramó el dragón.

Entonces llévanos a un pueblo cercano — exigió de nuevo el moreno.

No lo haré. No soy tu sirvienta, Uchiha.

Ignis volvió su mirada al Dragón del Viento, el cual estaba espectando toda la conversación.

Ray. Lleva a éste par de inútiles lejos de aquí, o seguirán fastidiando — le ordenó Ignis, volviendo su espalda a Sasuke.

Como quieras — respondió el otro dragón.

Sasuke, entretanto, ya había desenterrado a su maestra, y la tenía sostenida del torso, ya que una roca golpeó la rodilla de la monja, y se la lesionó. El Uchiha se encaminó hacia el aludido Dragón del Viento, quien les esperaba pacientemente. Sasuke subió de un salto al lomo de aquel Dragón con cuerpo serpentino, y acomodó a su Sifu en la espalda de Ray. Justo antes de que el Ser del Viento emprendiera vuelo, Sasuke volvió su mirada al Rey Dragón.

Fue un honor luchar contigo, Señor de las Bestias — enunció con algo de respeto el moreno, mientras juntaba su puño derecho con su palma zurda, frente a su pecho.

Ignis volvió su mirada al Uchiha, y asintió levemente.

Nos veremos después entonces, Mascota — se burló ahora Sasuke.

Ignis chasqueó la lengua, y le mostró el dedo medio al moreno.

Vete al diablo, Uchiha — espetó el dragón.

Sasuke sonrió torcidamente, y le ordenó a Ray emprender vuelo, desapareciendo por completo del lugar.

.


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— Wow... Ésa es la historia más increíble que he oído — musitó Sakura, aún sobre el hombro de su amado Sasuke-kun — Aunque también la más rara. Quién hubiese sabido que el Valle de los Dragones aún existía.

Sakura se abrazó al moreno, y le dio un beso en la mejilla. Sasuke estrechó a Sakura contra su cuerpo, y observó calmadamente el ocaso del Sol.

— Pero, ¿Cómo fue que se hicieron más amigables, Sasuke-kun? — inquirió la bella hada — Por lo que me cuentas, presiento que su relación era bastante hostil.

— Lo era. Pero pasaron algunos otros sucesos, e Ignis y yo hicimos las paces. Aún solemos insultarnos de vez en cuando, pero también sabemos que podemos contar el uno con el otro — aludió el moreno — De hecho, los insultos ahora son más como un símbolo de confianza y camaradería.

— Ya veo. ¿Y aún le sigue molestando que te hagas llamar su amo? — inquirió divertida la princesa ninfa.

Sasuke rió un poco por lo bajo.

— Vaya que sí. Aunque, en realidad, lo hago más para molestarlo. La verdad es que lo considero más un amigo, y estoy seguro de que él piensa lo mismo — aseguró el apuesto pelinegro.

Sakura sonrió, y ocultó su rostro en el cuello del moreno, aspirando aquel embriagador aroma masculino que Sasuke tenía.

— ¿Algún día me llevarás a conocer a tu maestra? — inquirió Sakura.

Sasuke suspiró con algo de nostalgia, algo que no pasó desapercibido para la hermosa princesa de las hadas. Consternada, la bonita ninfa se incorporó un poco, pero sin soltarse del abrazo de su dulce príncipe, y clavó sus esmeraldas preocupadas sobre las obsidianas del azabache, quien, repentinamente, cambió a un rostro de añoranza.

— Sasu-chan... ¿Qué pasa, bebé? — le preguntó preocupada Sakura, con el tono más dulce y amoroso que tenía.

La hermosa hada le acarició suavemente la mejilla derecha, y depositó un tierno beso en la mejilla de su "bebé", como ella le decía de cariño.

— No es nada, Sakura. Descuida — le respondió Sasuke, con una sonrisa fingida, y una mirrada de calma forzada.

Sin embargo, Sakura no necesitaba usar de sus habilidades extrasensoriales para saber que su hombre ocultaba nostalgia, y algo de tristeza. La princesa hada estaba espiritualmente conectada con aquel hombre, y podía percibir, de primera mano, el dolor por el que Sasuke pasaba.

— Sasu-chan... Sé que algo te aflige. Puedo sentirlo — le afirmó Sakura, tomándole del rostro con la pequeña mano izquierda de ella.

Sasuke sabía que era inútil mentir. De hecho, no supo ni porqué lo hizo hace un momento. Tal vez solamente fue una reacción involuntaria. El moreno suspiró levemente, y tomó la suave y pequeña mano de su Cerezo, a la cual estrechó entre la suya. Posteriormente, Sasuke abrazó de nuevo a su niña, y la apretó suavemente contra su musculoso cuerpo.

— Es sólo que mi maestra murió en una emboscada de parte de Wintersun — respondió Sasuke, con la mayor diligencia posible.

El Uchiha sabía el efecto adverso que aquello provocaría en su pequeña flor de Cerezo, así que por éso optó por no comentar de ello, hasta que Sakura se lo "demandó", pasivamente. Y tal y como lo predijo el moreno, Sakura abrió los ojos desmesuradamente, y se tapó la boca con su pequeña mano. La ninfa se reincorporó un poco, para encarar a su príncipe, quien jamás soltó su abrazo de la pequeña figura de la hada.

— ¡Dios...! — musitó dolida Sakura, mientras unas lágrimas amenazaban por salir de sus fanales — ¡Lo siento tanto, Sasuke-kun!

El moreno negó suavemente, y le dio un dulce beso a Sakura.

— No lo hagas. No es tu culpa. Nada de ésto es culpa tuya, Cerezo — le afirmó Sasuke, con el tono de voz más gentil que le permitía su garganta.

Sakura abrazó desde el fondo de su corazón a su amado Sasuke-kun. La ninfa colocó su rostro en el hombro del moreno, y acarició con amor la revoltosa melena que Sasuke tenía en la cabeza. La ninfa, inevitablemente, derramó algunas lágrimas. Siempre alguien de sus seres queridos debía salir lastimado por el actuar de su madre. Sin embargo, no permitiría que nadie más lastimara a su querido Sasuke-kun. No más.

Unos minutos después, Sakura finalmente se tranquilizó. De nueva cuenta, Sakura se hallaba recostada sobre el musculoso torso de Sasuke, y su cabecita sobre el hombro del moreno. El brazo zurdo de Sakura abrazaba el fuerte pecho del azabache, y su nariz inhalaba aquel aroma tan varonil que su querido príncipe emanaba naturalmente. Sasuke volvió su mirada al ocaso del Sol, mientras aún abrazaba a Sakura.

— Sasuke-kun — le llamó la ninfa al azabache.

El moreno volvió su mirada a la hada.

— ¿Qué sucede, Cerezo?

— ¿Me amas? — inquirió Sakura.

Sasuke se extrañó de aquella pregunta. ¿A qué venía éso?

— Por supuesto que lo hago, Sakura. ¿Por qué ésa pregunta? Sabes que soy capaz de dar mi vida por ti — afirmó con adamancia, pero también con gentileza.

Sakura sonrió dulcemente, y se incorporó a horcajadas sobre el regazo del moreno. La ninfa besó los labios del hombre de su vida, y le acarició tiernamente aquella revoltosa y rebelde melena. Sasuke devolvió el mismo afecto, y estrechó el cuerpo de su pequeña contra sí mismo.

— Hazme el amor, Sasuke-kun... Por favor... — susurró la bella ninfa, contra los labios de su amado — Hazme tuya... Ámame, como siempre lo haces...

Sasuke miró las hermosas esmeraldas de su Cerezo, y obedeció la petición de su niña.

En aquella cuidad abandonada de Nan Long, los dulces gemidos de la hermosa princesa hada, y los ahogados gruñidos del príncipe de los Uchiha, fue lo único que se escuchó. Y nuevamente, el Sol fue el único testigo de aquel acto de amor entre Sakura y Sasuke.

...

Gracias a todos los que han seguido la historia. Muchas gracias por su tiempo.

Originalmente, había tenido la intención de añadir éste episodio hasta más tarde en la historia. Sin embargo, creí que sería más adecuado en éste segmento, puesto que posteriormente sería muy anticlimático.

La verdad, siento que me faltó detallar cómo fue totalmente el entrenamiento completo de Sasuke. Pero si me extendía en ello, estoy segura de que les terminaría por aburrir LOL.

En fin. Sin más que añadir por el momento, me despido de ustedes, mis estimados lectores.