¡Y aquí el otro!
14 de Febrero
Por los Años III: la agencia extra de los Black
Juntos a la feria
— Me gustaría poder ir a la feria —susurró Asami con la mirada en su plato.
Ran y Shinichi se miraron entre ellos. Estaban comiendo el almuerzo y faltaba poco para que Mamoru viniera a buscarla.
— Asami, así pasarías todo el día con él —susurró Shinichi.
— No me importa —respondió ella mirándolos—. Quiero pasar más tiempo con él. Por favor.
Shinichi y Ran se miraron. Asami sabía que con solo esa mirada, ellos estaban manteniendo una conversación silenciosa sobre los pros y los contras. Shinichi finalmente sonrió y rebuscó entre su bolsillo hasta sacar un sobre.
— Quizás quieras esto —dijo dándoselo a Asami—. Me lo dieron ayer.
Asami lo cogió y observó el interior. Había dos entradas para ir a ver un espectáculo en la feria a mediodía. Ella los miró a los dos mientras el timbre de la casa sonaba.
— Si te encuentras mal díselo en seguida a Mamoru-kun, ¿me oíste? —dijo Ran sonriendo mientras se levantaba de la silla para ir a abrir.
— Sí —Asami sonrió ampliamente.
— Termina de comer —dijo Shinichi mientras se levantaba a quitar su plato y el de Ran—. Yoh también va por ti.
— No me gusta el verde, es para las vacas —susurró él mientras Asami dejaba el sobre encima de la mesa y terminaba.
— Enano deberías de saber que tú vienes de las vacas —susurró ella. Yoh le dio una patada por debajo de la mesa mientras Ran y Mamoru entraban allí—. ¡Au! ¡Papá!
— Yoh deja de pegar a tu hermana —dijo la voz de Shinichi desde la cocina.
— No vas a crecer como no comas de todo —sonrió Asami levantándose con el plato y el sobre en la mano—, enano —Yoh golpeó con la mano, pero Asami se tiró hacia atrás y lo esquivó—. Y deberías de empezar a buscar nuevas maneras de sorprenderme. Te conozco demasiado para que puedas darme dos veces en un día.
— Tú sí eres una vaca.
— Yoh ya basta. Comete esto y deja de molestar a tu hermana —dijo Ran con voz autoritaria—. Asami no te burles de él.
Asami se fue hacia la cocina pasando por entre Mamoru y Ran y le dio el plato a su padre.
— Oye, si…
— Sí, papá —Asami sonrió—. Lo mismo que cada día. Entendido. El teléfono conectado y si me encuentro mal decírselo en seguida. Ningún problema.
— Esa es mi pequeña —Shinichi la besó en la frente y sonrió. Ella se fue hacia la puerta—. Una última cosa —Asami se giró para mirarlo—. Disfruta del día, ¿vale?
— Claro —Asami sonrió—. Adiós papá —se fue hacia el comedor y besó a su madre en la mejilla—. Nos vamos.
— Ten un buen día —respondió Ran.
— Sí —Asami sonrió ampliamente.
Mamoru salió del lugar en silencio y ella le siguió.
— ¿A dónde quieres ir hoy? —preguntó Mamoru en cuanto ella hubo cerrado la puerta de la casa.
— Esto… —ella se giró para mirarlo y sonrió tímidamente—. ¿Podríamos ir a la feria?
— Ah… —Mamoru frunció el ceño y señaló hacia la casa—. Ellos…
— Mi padre me dio unas entradas para el espectáculo —respondió Asami sonriendo.
— Así que ya lo saben —Mamoru sonrió satisfecho—. Está bien. Desperdiciemos juntos, todo el día.
— Vale —Asami se rió nerviosa.
Salieron del lugar andando con tranquilidad. Mamoru se puso las manos a los bolsillos. Después de tantos meses aún tenía unas ganas terribles de andar cogiéndole la mano o rodeándola con un brazo para atraerla hacia él. Asami estaba callada a su lado, cosa que le pareció extraña. Normalmente, cuando iban a un sitio así, ella hablaba diciendo las cosas que quería ir a ver y hacer, completamente emocionada. La miró de reojo. Estaba completamente tímida. Él no dijo nada. La observó durante todo el trayecto, viendo su nerviosismo y disfrutando en silencio de él. Pocas veces había visto así a Asami, ni siquiera cuando eran pequeños, y en cierto modo le parecía divertido.
— ¿Qué ocurre? —preguntó finalmente Mamoru antes de subir las escaleras que los llevaban al templo en donde estaba la feria.
— Nada —ella negó con la cabeza con fuerza y se frotó las manos sin ni siquiera mirarlo.
— Oye, aunque me encanta esta faceta nerviosa que pocas veces he visto, me incomoda un poco que estés así de nerviosa —se rió él.
— Es que estaba esperando poder pasar más tiempo contigo —susurró ella en un hilo de voz.
— Oh, ¿me echas de menos? —sonrió Mamoru acercando su cara muy cerca de la suya. Ella afirmó exageradamente intentando apartarse, pero se chocó con un árbol cercano y Mamoru siguió a la misma distancia de ella—. ¿Qué echas de menos?
— No lo sé —susurró ella ruborizándose de tenerlo tan cerca—. ¿Podrías dejar de hacer eso?
— No —Mamoru se quedó quieto a escasos centímetros de ella. Ella bajó la mirada hacia sus labios y él sonrió aún más al verlo—. No me apartaré hasta que me digas.
— No lo sé —ella lo miró a los ojos, pero en seguida volvió a bajar la mirada a sus labios—. A ti, supongo.
— ¿Y? ¿Cómo quieres remediarlo? —preguntó Mamoru.
— Esto es incómodo —susurró ella ruborizándose cada vez más. Mamoru intuyó sus intenciones y puso sus manos al árbol para bloquear su escapatoria—. Ah… —lo miró a los ojos.
— ¿Qué quieres pedirme? —preguntó él en un hilo de voz.
— Nada —dijo ella con rapidez.
Mamoru resopló con fastidio y finalmente se apartó de ella.
— Venga vamos.
Asami se puso una mano en su pecho intentando tranquilizar sus pulsaciones. Lo miró y vio que el chico empezaba a subir las escaleras lentamente. Sentía que si le pedía algo como eso seguramente le haría más daño, así que mejor no debía decir aquello. Lo siguió con pasos rápidos hasta ponerse a su lado. Siguieron en silencio, pasando por entre la multitud de la gente. Asami se acercó a una tienda y observó con admiración. Mamoru se quedó quieto a su lado con las manos en los bolsillos de nuevo, mirando sus ojos.
— Mira esto —susurró la chica—. Es precioso.
Ella lo miró unos segundos y desvió la mirada medio ruborizada. El chico solo la miraba a ella y eso aún la hacía sentir más incómoda. Pero se sentía feliz de que fuera así.
— Está todo hecho a mano, pequeña —dijo una anciana al otro lado de la pequeña mesa.
— ¿A mano? —Asami la miró sorprendida.
— Yo hice esta —dijo una niña de siete años al lado de la mesa y que señaló una pulsera de alambre plateado que terminaba en dos pequeños espirales.
— Oh, sabes mucho —Asami sonrió hacia ella.
La niña sonrió con timidez.
— Insistió en que quería ayudarme —susurró la anciana.
— ¿Y viniste aquí con tu abuela a ayudarla? Qué buena chica —Asami sonrió tiernamente—. Me gustaría tener una hermana pequeña como tú —Asami le acarició la cabeza levemente.
— Ah, este anillo…
— Sí, lo hizo usted señora —sonrió Mamoru viendo que la mujer cogía la mano de Asami y observaba el anillo azul.
— El año pasado —la mujer miró a Mamoru, soltando la mano de Asami, que se había ruborizado con el contacto tan repentino de ella—. Se lo vendí a usted.
— Sí —Mamoru se encogió de hombros.
— Ah, así que… —Asami frunció el ceño—. ¿Y por qué?
— Que no recuerdes no significa que no lo hiciera —Mamoru arqueó una ceja y volvió a encararla acercando su cara a la de ella.
— Deberías de contarme esto algún día —se rió Asami.
— No, por favor —Mamoru giró la cabeza.
— Ah, te has ruborizado —se rió Asami.
— No es cierto —respondió él girando la cara hacia otro lado para que ella no pudiera verlo.
— Hattori Mamoru te has ruborizado, lo sé —se rió ella.
— ¡Qué no es cierto! —gritó él con fuerza.
— ¡Sí lo es! —Asami se rió poniendo un dedo en su mejilla.
— No sé de qué me hablas —el chico se apartó para que dejara de tocarlo ya que estaba provocando que su rubor aumentara.
— Oh, sí que lo sabes —Asami sonrió—. Tienes que contarme acerca de esto, de verdad.
— Ni lo sueñes —un pequeño chillido lleno de emoción les hizo callar y mirar atrás.
— Eres Mamoru-kun —susurró una chica mirándolo.
— ¡Y Asami-chan!
Él hizo una mueca mientras se ponía al lado de Asami. La gente empezó a girarse para verlos y susurraban con admiración y emoción.
— Esto… —Mamoru miró a Asami de reojo. Se estaba asustando de sus propios fans. Un chico la cogió de la mano y ella se apartó rápidamente chocándose contra Mamoru. Ella lo miró y él sonrió con tristeza susurrando a su oído—. Hora de correr y escondernos.
— ¿Qué? —Asami lo miró confundida mientras él la cogía de la mano y tiraba de ella hacia el lado de una de las tiendas, abriéndose paso entre la gente emocionada que quería hacerse fotos con ellos, pedirles autógrafos o darles la mano.
Cuando no tuvieron a nadie alrededor, Mamoru echó a correr con Asami detrás, adentrándose en el bosque y siendo perseguidos por algunos fans alocados. En seguida los dejaron atrás y se escondieron entre las ropas de una pequeña tienda de la feria. Mamoru la rodeó con un brazo para atraerla hacia él y así que no fueran descubiertos. Asami se cogió a su jersey y mantuvo su cabeza en el pecho del chico, escuchando las rápidas palpitaciones de su corazón. Apretó sus manos con fuerza mientras sentía el olor del chico entrando por su nariz. Se ruborizó al instante, dándose cuenta de lo raro que parecía preocuparse en esos momentos por el olor de él. No podía tranquilizarse, escuchando y oliendo aquello que ansiaba tener tan cercano.
Mamoru notó que ella se aferraba con fuerza a él y puso su otro brazo rodeándola y atrayéndola más hacia él. Aquello era algo que había deseado hacer y que solo había podido hacerlo una vez, desde que había despertado del coma. No le importaba las consecuencias solo quería estar un momento a solas con ella y poder sentirla entre sus brazos. Asami empezó a notar que su cabeza se nublaba lentamente y su cabeza empezaba a doler. Que el chico la abrazara de esa manera tan desesperada la hacía sentir debilitada. Las voces se acercaban y se alejaban de ellos. Los seguían buscando.
— Se os ven los pies —susurró alguien medio riéndose detrás de ellos—. ¡Por aquí no están! ¡Miremos por allí! —corridas y, al cabo de un rato, silencio—. Ha sido divertido.
Mamoru salió del escondite y tiró de la mano de Asami.
— Gracias —susurró el chico.
— Asami-chan estaba asustada —respondió la chica que llevaba trenzas en su pelo castaño oscuro—. No pude hacer nada más para ayudar.
— Ah, hiciste suficiente —Mamoru se rió viendo a Asami medio escondida detrás de él. La chica se cogió al jersey de él con su mano libre—. Es una de tus fans. Deja de asustarte.
— Lo siento —susurró ella.
— ¿Me recuerdas? —preguntó la chica—. Nos hicimos una foto en el aeropuerto cuando volviste de Estados Unidos. Y como siempre me hiciste una foto para tener un recuerdo de tus fans.
— Ah, no creo que se acuerde de eso —Mamoru bajó la mirada con tristeza—. Lo siento.
— Dijeron que estabas enferma —susurró la chica—. ¿Qué ocurrió?
— No podemos decírtelo. Hay gente que le quiere hacer daño y podrían aprovecharse de la situación ahora —informó él.
— ¿Por qué no me recuerda? —susurró la fan apenada—. Asami-chan siempre se acuerda de sus fans.
Mamoru miró a Asami y ella negó con la cabeza.
— Lo siento —susurró la hija Kudo apretando con fuerza la mano con la que tenía el jersey del chico.
— ¿Qué fue lo que te dijo o hizo cuando estuvisteis juntas? —preguntó Mamoru.
— Me dijo que quería darle una sorpresa a un amigo y que no mostrara la foto hasta al cabo de una semana —dijo la chica—. Me pareció extraño que dijera eso.
— Por eso —Mamoru miró a Asami—. También está relacionado conmigo esto.
— Pero yo ya recuerdo alguna cosa de… —Asami se calló bajando la mirada con tristeza.
— Lo siento —Mamoru miró a la chica y forzó su mejor sonrisa.
— Ha perdido la memoria —susurró la fan mirándolo—. Es eso, ¿verdad?
— Solo lo que está relacionado conmigo —respondió Mamoru haciendo una pequeña mueca.
— Eso debió de ser duro —dijo la fan—. Realmente querías mucho a Asami-chan.
— ¿Te digo un secreto? —preguntó Mamoru sonriendo—. La sigo queriendo igual.
— Ah, perdón —la chica hizo una pequeña reverencia ruborizándose y Mamoru se rió.
— No lo digas a nadie, por favor —susurró el chico.
— Claro. Esto… ¿puedo pediros algo? —la chica se puso recta un poco nerviosa.
— Está bien —Mamoru miró hacia Asami que seguía medio escondida detrás de él—. ¿Qué podemos hacer por ti? —Mamoru miró a la chica.
— ¿Podríais venir al espectáculo? —la chica sonrió—. Actúo en él y sería un verdadero honor que pudierais venir.
— Tenemos entradas para eso —se rió Mamoru—. Por supuesto iremos.
— Gracias —la chica hizo una pequeña reverencia y se alejó corriendo de allí.
— Bueno, ahora sí que no podemos faltar —Mamoru se giró para mirar a la chica que seguía asustada. Él suspiró largamente y luego habló—. Se ha ido, Asami. No ha pasado nada, ¿no es cierto? Tranquila —se giró del todo y ella no le soltó el jersey, así que terminaron abrazados de nuevo. Él le soltó la mano y la abrazó suavemente—. No vayamos con la multitud, ¿vale? —ella afirmó con la cabeza—. Siento haberte llevado a un lugar en el que te asustas.
— No —ella se soltó y se apartó de él con rapidez para luego negar con su cabeza—. Yo estaba deseando esto.
— Pero te has asustado.
— No importa. Quie-quiero pasar más tiempo con Ma-Mamo… Ha-Hatto… contigo —ella bajó la mirada con rapidez le dolía pronunciar su apellido, pero sentía que si decía su nombre sin haber recuperado sus recuerdos, le daría esperanzas al chico—. Por favor, no te arrepientas de haber venido. Yo quiero estar aquí.
— Me alegra oír eso —Mamoru le puso una mano a la cabeza acariciándole el pelo y sonrió con tristeza mientras acercaba su cara a la de ella—. Pero no te asustes más, ¿vale? Yo no dejaré que te pase nada malo.
— Lo sé —ella lo miró a los ojos medio ruborizada—. ¿Puedo…?
— ¿Qué quieres que haga? —Mamoru sonrió.
— No lo digas así. Me da la sensación que solo te pido cosas —susurró ella desviando la mirada medio ruborizada.
— Perdona, perdona —Mamoru se rió y luego puso sus manos en los bolsillos—. Dime.
— ¿Podríamos…? —Asami miró al suelo ruborizándose aún más y haciendo sonreír más al chico. Realmente adoraba que fuera tan tímida ahora, cuando jamás lo había sido—. ¿Podríamos andar cogidos de la mano?
— ¿Qué? —Mamoru parpadeó confundido.
— No me hagas repetirlo. Esto es vergonzoso, ¿sabes? —preguntó ella sin ni siquiera mirarlo. Mamoru se rió a carcajadas, poniéndose una mano en la boca para intentar evitar reírse más—. No le veo la gracia —dijo ella en un susurro.
— Oh, por favor —el chico dejó de reír poniéndose una mano en la barriga y mordiéndose el labio inferior. La miró. Ella estaba roja como un tomate—. Perdona, perdona. Es que encuentro muy curiosa tu faceta tímida.
— No importa —Asami se giró para volver al lugar, pero Mamoru la cogió del brazo, haciéndola voltear.
— Sí que importa —Mamoru deslizó su agarre hacia la mano de la chica—. ¿Así está bien? —ella lo miró un poco asustada y bajó la mirada—. Te sientes incómoda conmigo, aún, ¿verdad?
— No, no es eso —Asami se forzó a levantar la vista para mirarlo—. Tan solo que, me siento feliz así.
— Como siempre —susurró él sonriendo con nostalgia—. Se te hace feliz con cualquier cosa. Venga vamos.
Flashback
— ¡Buenos días Asami-chan! —Mamoru con diez años llegó y le dio un pequeño golpe a su espalda.
— Oye, no hagas eso —se quejó ella haciendo pucheros.
— Tienes mal día —Mamoru arqueó una ceja y desvió la mirada hacia Akira y Chieko que estaban hablando con ella—. Perfecto.
— ¿A qué viene esa cara? —preguntó Asami.
— Porque cuando tienes mal día siempre terminamos heridos nosotros dos —se quejó Akira, que hacía un buen rato que se había puesto medio detrás de su hermana para no poder ser alcanzado por ella.
— Eso no es cierto —susurró Asami.
— Bueno, bueno, dejemos el tema —Chieko movió sus manos para llamar su atención—. A ver, empecemos a irnos que si no se nos hará tarde y no podremos ver lo que quería mostraros.
— Perdona —Mamoru frunció el ceño. La voz de Chieko había sido con una indirecta hacia él por llegar tarde cinco minutos—. No entiendo porqué lo paga conmigo —se quejó mirando a Akira. El hijo de Sonoko y Makoto se encogió de hombros y suspiró largamente—. ¿Mejor lo dejo?
— Sí —Akira sonrió—. Sigo sin saber a dónde nos quieren llevar.
— Yo tampoco —dijo Mamoru mirando a Asami, que se giró rápidamente y se alejó a grandes zancadas de allí—. Espera.
Los tres la siguieron. Subieron por unas escaleras hasta llegar en una feria. A su alrededor, los cerezos habían florecido y dejaban el ambiente lleno de un color rosa que llenaba a todos de felicidad. Las tiendas estaban puestas una al lado de la otra, a cada lado del lugar y ellos entraron con una sonrisa en sus labios. Chieko y Asami se miraron sonriendo al ver a los chicos observando el lugar con tanto asombro. Se fueron hacia el final de la feria, en donde no había nadie y Asami y Chieko se subieron en una pequeña montañita que había. Mamoru y Akira se miraron entre ellos y luego las siguieron, sin entender lo que pretendían. Las dos chicas se sentaron encima de una enorme roca que había encima y señalaron con la cabeza por donde habían venido. Los dos chicos se giraron y observaron. La torre de Tokio estaba al fondo de ese enorme paisaje, siendo iluminado por una preciosa puesta de sol.
— Vaya —los dos se quedaron admirando el lugar. La torre de Tokio aún no se había iluminado y todo el conjunto lo hacía perfecto.
— Bueno, entonces lo haremos hoy —dijo un hombre detrás de ellos y hablando en susurros.
Asami y Chieko que fueron las únicas que los habían oído se giraron para ver a tres hombres de constitución gruesa, apoyados debajo de la roca y fumando. Chieko miró hacia Asami con el ceño fruncido y ella negó con la cabeza para luego señalar hacia los chicos. Chieko entendió el mensaje. Akira y Mamoru en esos momentos se habían quedado alucinados y no quería fastidiarles ese momento.
— ¿Quieres que matemos a Shigure solo por el mechero? —preguntó otro de los hombres hablando igual en susurros. Asami y Chieko se miraron confundidas y luego volvieron la vista hacia esos tres hombres—. Pero no hace falta matarlo, seguro que no se atreverá a mostrarlo a la policía.
— Tenemos que recuperar ese mechero cuanto antes —se quejó el primero.
— ¿Pero no sería mejor robárselo? —preguntó el tercer hombre alzando un poco más la voz, haciendo que Akira y Mamoru los oyeran.
— ¿Robar? —Mamoru y Akira se miraron entre ellos con el ceño fruncido, haciendo que los hombres se giraran al acto y descubrieran a Chieko y Asami.
— Ah… buenas tardes… —dijo Asami medio sonriendo.
— ¿Unas niñas? —susurró el primer hombre.
— Y niños —confirmó el segundo viendo que Mamoru y Akira se habían levantado detrás de ellas.
— Bueno, nosotros ya nos íbamos, ¿eh? —Akira cogió la mano de su hermana y tiró de ella.
— Disculpen la interrupción —Mamoru tiró del jersey de Asami y los cuatro saltaron de la roca y echaron a correr.
— ¡Cogedlos! —gritó el primer hombre.
— Pero si solo son unos niños —se quejó el tercero.
— Pero han huido. Significa que saben lo que estamos diciendo —respondió el segundo—. Corre.
— ¡¿Por qué siempre nos pasa esto a nosotros?! —gritó Akira bajando las escaleras de dos en dos.
— Porque estamos relacionados con la policía —respondió Mamoru.
— Eso no es cierto —añadió Chieko—. Esto no sucede cuando estoy con Oniichan, solo nos pasa cuando estamos con vosotros dos.
— Culpa mía —se rió Asami levantando la mano mientras entraban a un parque—. Esconderos.
Todos afirmaron y se separaron uno a cada lado del parque. Chieko se puso debajo de un pequeño pulpo con el que jugaban normalmente los niños, que podían pasar por encima o por debajo. Akira se escondió detrás del tobogán y sacó su cabeza por debajo para ver si se acercaban y por si podía esconderse mejor mientras los hombres avanzaban. Mamoru se escondió detrás de un árbol grueso y se cubrió la boca intentando que no se le escuchara la respiración acelerada. Asami se subió a otro árbol con rapidez, bajo la atenta mirada de Akira. Se quedó escondida entre las ramas y las hojas y observó como los tres hombres llegaban al parque y observaban. Los tres afirmaron con la cabeza, así que sabían que se habían escondido en ese lugar. Asami observó a su alrededor. Tenía que pensar rápido ya que desde dónde ella estaba podía ver a Mamoru y Akira y esos hombres se acercaban a ellos. El tercer hombre se iba hacia el pulpo donde supuso que su amiga se habría ido. Un balón de futbol entró en el recinto del parque. Muy a lo lejos un joven de unos 15 años corría hacia allá para recoger el balón que se le había escapado del campo de fútbol que estaba cercano al lugar. Solo tenía una oportunidad. Saltó del árbol justo delante del balón.
— ¡Hey! ¡Cara de monos! ¡Estoy aquí! —gritó con todas sus fuerzas. Los tres hombres se giraron hacia ella. Asami golpeó el balón hacia el tobogán, golpeando al primer hombre, que se golpeó con la cabeza contra el objeto y cayó al suelo. El balón se fue directo hacia el segundo hombre que le golpeó la barriga topándose contra el árbol y haciendo que un gato cayera de allí y lo mordiese y le llenara de rasguños. El balón tocó el suelo y rodó hacia el medio del camino del tercer hombre que ya estaba corriendo hacia ella. Se tropezó con el balón y cayó hacia atrás golpeándose con el pulpo.
— Vale, ¡esto es lo más increíble que he visto nunca! —susurró Akira saliendo de detrás del tobogán al ver que los hombres no se movían.
— Ah, mi balón —el joven se puso al lado de Asami y observó el lugar—. ¿Qué ha ocurrido?
— Asami-chan, ¿cómo hiciste esto? —preguntó Mamoru tomando el pulso al hombre más cercano a él.
— Estos hombres querían matar a alguien —dijo Chieko—. Lo escuchamos antes de que vosotros escucharais lo del robo.
— Entonces será mejor que avisemos a Shinichi-ojichan o a Heiji-ojichan, ¿no? —preguntó Akira.
— ¿Estáis todos bien? —preguntó el joven hacia ellos.
— Sí, estos hombres querían hacernos daño —se quejó Chieko poniendo su voz infantil.
— ¿Pero estáis bien? —el joven sacó un teléfono móvil y llamó a emergencias.
Los tres afirmaron con la cabeza y se acercaron hacia Asami.
— ¿Asami-chan? —preguntaron los tres al ver que la chica se había quedado callada, con los ojos abiertos como naranjas y observando el balón.
— ¿Qué ocurre? —preguntó el joven mientras Mamoru le pasaba la mano por delante de los ojos a la chica—. Asami-chan —susurró el chico en un pequeño canturreo para llamar su atención.
— Asa-chan.
— Llamando desde la tierra hacia Kudo Asami —Akira puso sus manos a los lados de su boca para hacer que el sonido solo fuera hacia ella—. ¡Hey! ¡Despierta! —Asami se sobresaltó y los miró.
— ¿Se puede saber qué te ocurre? —preguntó Mamoru.
— Más os vale no decir nada de esto a mi familia —dijo Asami.
— ¿Por qué? —preguntó Akira—. ¡Ha sido una pasada! ¡Solo con una pelotazo has derribado a los tres!
— ¡Eso! ¡Eso! —gritó Chieko emocionada.
— Porque seguramente recibiría el castigo Oneechan —dijo ella en un susurro.
— ¿De qué hablas? —preguntó Mamoru.
Asami miró sus pies. Su hermana le había dicho que con solo rodar un poco la ruedecita en su pie, podría defenderse con precisión y fuerza de cualquier adulto. Pero no podía prever que terminaría aquello de esa manera. Tampoco podía contarles a ellos lo que pasaba con esos zapatos, ya que Yui se lo había prohibido. De algún modo sabía que tenía que devolverlos a Yui antes de que sus padres se dieran cuenta de que los llevaba puestos.
— Mejor me voy con Oneechan antes de que oscurezca —susurró ella en un hilo de voz—. Lo siento, nos vemos mañana al colegio.
Se alejó corriendo.
— ¡Hey espera! —Mamoru la siguió corriendo.
— Bueno, nos quedamos nosotros esperando la policía una vez más —suspiró Akira sentándose al suelo de brazos cruzados. Chieko sonrió satisfecha—. ¿Qué?
— ¿No te has dado cuenta? —preguntó la chica mirándolo de reojo—. Lo que Mamoru-kun acaba de hacer.
— No. ¿Qué ha hecho?
— Está oscureciendo y Asami ha dicho que se iba a ver a su hermana que por lo que ha dicho se quedará una semana en la casa de sus abuelos por los exámenes —informó Chieko—. Al otro lado de la ciudad.
— ¿Y?
— Mamoru-kun no quiere que Asa-chan ande sola por la calle —se rió Chieko.
— ¿Y? —Chieko lo fulminó con la mirada.
— Mamoru-kun está enamorado de Asa-chan —susurró Chieko con los ojos entrecerrados.
— Si hombre —se rió Akira—. Estás loca.
.
— ¿Por qué me sigues? —preguntó Asami quejándose.
— ¿Qué es lo que pasa con tus pies? —preguntó Mamoru—. Golpeaste el balón con mucha fuerza.
— Esto… —Asami giró la mirada—. No puedo decírtelo.
— Ya —Mamoru se rió—. Mi papá me dijo una vez que Shinichi-ojichan tenía unos zapatos que le daban fuerza. ¿Son esos?
— ¿Mi padre llevó esto? —Asami se miró los pies y negó con la cabeza—. No creo que mi padre llevara esto —se rió ella.
— Sí lo hizo —respondió Mamoru.
— No es cierto —Asami lo enfrentó.
— Sí lo es —respondió Mamoru—. Mi padre nunca miente.
— El mío tampoco —se quejó Asami sacándole la lengua.
— ¿Por qué siempre que os veo os estáis peleando? —preguntó la voz de Shouta detrás.
— Ah, Odagiri-san —Asami lo miró—. ¿Y por qué me da la sensación de que llevas un buen rato siguiéndonos?
— Porque lo he hecho —Shouta se rió—. Estaba siguiendo a esos hombres hasta que los descubristeis vosotros —suspiró—. Lo que has hecho ha sido genial. Me alegra de que Yui te diera el invento del doctor Agasa. Le sacas el mejor provecho que puedes.
— ¿El profesor hizo esto? —Asami se miró los pies—. ¿Por qué?
— Ah, es una larga historia que ni siquiera Yui te va a contar —Shouta se rió—. Yo de tu no le devolvería los zapatos a Yui. Porque te va a preguntar el motivo. La próxima vez gira menos la ruedecita y no tendrás problemas. Toma —Shouta le dio uno de los pines de la liga juvenil de detectives—. Si alguna vez quieres saber lo que hizo tu padre para proteger a vuestra familia, encuentra los otros cuatro pines como estos. Ellos seguro te dirán —le guiñó un ojo y se volvió hacia el parque.
— Odagiri-san —Asami lo llamó—. ¿Tú no puedes decirme? —preguntó ella.
— Yo no lo sé —se rió Shouta—. Yui nunca me lo ha contado. Id con cuidado.
— ¿Quién es ese? —preguntó Mamoru.
— El novio de Oneechan —susurró Asami—. Es una buena persona —sonrió mientras miraba el pin en sus manos. A su lado, Mamoru chasqueó la lengua— ¿Qué? —lo miró.
— Nada —él se alejó a paso apresurado medio ruborizado.
— Dímelo —se quejó ella siguiéndolo.
— Ni lo sueñes —respondió él.
— Ah, te has ruborizado —se rió Asami.
— No es cierto —respondió él girando la cara hacia otro lado para que ella no pudiera verlo.
— Hattori Mamoru te has ruborizado, lo sé —se rió ella.
— ¡Qué no es cierto! —gritó él con fuerza.
— ¡Sí lo es! —Asami se rió poniendo un dedo en su mejilla.
— Déjame en paz —el chico se apartó para que dejara de tocarlo ya que estaba provocando que su rubor aumentara.
Fin del Flashback
Asami se tambaleó mientras notaba su cabeza adolorida. Mamoru la cogió entre sus brazos antes de que cayera al suelo y se hiciera daño.
— ¿Estás bien? —preguntó el chico preocupado.
— Sí —ella se puso las manos en la cabeza intentando parar el dolor—. Me duele la cabeza.
— En seguida parará, ya verás —Mamoru la abrazó con fuerza notando que ella temblaba entre sus brazos—. Estás aguantando muy bien.
— Tengo otro recuerdo de Mamoru-kun —susurró ella sonriendo feliz. Sus ojos se fueron cerrando lentamente. Mamoru tiró de ella hasta un árbol cercano y la apoyó en él—. Lo siento.
— Tranquila, aún hay tiempo —Mamoru sonrió acariciando su cabeza lentamente—. ¿Necesitas algo?
— Agua —susurró ella abriendo un poco los ojos y mirándolo, pero sus ojos no se podían mantener abiertos.
— En seguida vuelvo —Mamoru la besó en la frente sabiendo que ella ya se había desmayado. Corrió hacia la calle y se quedó en una tienda cercana para comprar agua.
Asami abrió los ojos lentamente. Se sentía muy cansada, pero como siempre seguro había dormido un día entero. Observó a su alrededor. Mamoru se había quedado apoyado en el árbol de delante de ella y la miraba. Sus pies casi se tocaban. Seguían en el bosque. En su regazo había dos pequeños peluches y una botella de agua. Miró confundida hacia el chico que se levantó y se sentó a su lado.
— ¿Estás bien? —preguntó.
— Sí, un poco mareada —respondió ella mirándolo—. ¿Cuánto tiempo he estado…?
— Unos veinte minutos más o menos —la interrumpió él abriendo la botella y dándosela.
Ella la cogió y bebió un poco.
— ¿Y qué hace tanto público observándome? —preguntó la chica mirando el pequeño perro marrón de ojos negros y el tigre blanco y negro de ojos azules.
— Me los encontré por la calle y dijeron que querían conocerte —se rió él cogiendo el perro y quitando una pequeña bolsita que tenía en el collar—. Toma, te irá bien.
Le dio la pequeña bolsita a Asami y ella lo observó.
— ¿Chocolate? —preguntó ella.
— Para el mareo. El azúcar va bien, pero no sabía si el agua con azúcar te iba a gustar —se rió él.
— Ah —Asami intentó abrir la pequeña bolsita con las manos temblorosas, hasta que Mamoru le puso su mano encima de las de ella.
— Dame, lo abro yo —susurró con una sonrisa.
— Está bien —Asami le devolvió la bolsita y cogió el perro que Mamoru tenía en la otra mano—. ¿Por qué lo compraste?
— Por el chocolate —se rió él—. Me hizo gracia que lo vendieran en una tienda de comida y cuando vi que era eso, pensé en tus mareos. Además, no quería que Byakko se sintiera solo.
Asami se rió débilmente.
— Así que Byakko se siente solo, ¿eh? —Asami miró a Mamoru—. Gracias por todo.
— Descuida —Mamoru le devolvió la pequeña bolsita abierta.
Asami cogió la bolsita y luego cogió una de las bolitas de chocolate que había a dentro.
— ¿Quieres? —preguntó ofreciendo hacia el chico mientras se ponía la bolita en la boca.
— No estoy mareado —se rió él.
— Pero te gusta el chocolate a ti también, ¿cierto? —Asami sonrió y él finalmente aceptó.
— ¿Y bien? —el chico la miró con curiosidad. Asami le contó lo que había recordado y él se rió—. Nuestra amiga fuerte.
— Sí. Tú ya sabías de esos zapatos, ¿cierto? —preguntó Asami.
— Mi padre incluso me había mostrado una fotografía —se rió él.
— Tramposo —se quejó ella.
Los dos estallaron en risas.
¡Hasta aquí!
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Prometidos de nuevo'.
