Searching for Levi / Buscando a Levi
Escrito por Blessende / Traducción por Maru de Kusanagi
Capítulo 36: Bienvenido al Infierno
~.~
Se suponía que era su día libre. Jean Kirstein tenía la sensación de que deberían haberse quedado con la peli de horror, sin importar cuán verdaderamente terrorífica resultara ser. Y sí, El Conjuro casi lo hizo mearse encima, pero como Eren estaba visiblemente mucho más afectado, hizo que Jean olvide su propio miedo. Y él lo había llevado a verla, para fastidiar al chico. En verdad debía haberse quedado viendo la peli. Incluso, comer palomitas, caramelos y tomando gaseosas, como la gente de su edad. A lo mejor, besarse en la oscuridad, dejando al otro sin aliento. La clase de cosas que la gente común hacia en su fin de semana libre. La clase de cosas que la gente normal hacia en una jodida cita. Sí, díganselo a Jaeger. Jodido idiota, casado y deseando a un tipo a años luz de distancia.
Jean tenía toda la razón en estar enojado.
Porque, los dos guardianes ahora estaban parados en un vecindario de mala pinta, a kilómetros tanto de la universidad de Sylvan como del Teatro Mardis. ¿Qué estarían haciendo los demás?, pensó Jean con amargura. Apostaba a que los tres idiotas ahora la estaban pasando bien. Sasha ya debía estar por su cuarta bolsa de papitas. Connie trataría de mantener a Armin despierto, a pesar de las escenas de acción. Quizás, la película ya había terminado y estaban de regreso en el dormitorio. De regreso a sus cálidas mantas, para una bien merecida noche de sueño. O, quizás, los nerds decidieron ser un poco arriesgados, vivir el día e ido de karaoke en grupo.
Bueno, lo que fuera que estuvieran haciendo, apostaba que estarían divirtiéndose.
A diferencia de Jean, o del bastardo suicida a su lado.
El rubio ceniza soltó un suspiro de ansiedad.
¿Cómo terminó metido en eso?
Se habían plantado afuera de una casa de un piso. La rubia y el gigante les habían guiado a un vecindario tranquilo, cerca de los puertos del este. Eren parecía reconocer el lugar. El castaño inconscientemente se rascaba la piel desnuda del cuello, como si esperara encontrar algo allí. Jean lo vio hacerlo muchas veces anteriormente. Un hábito inconsciente, tal vez. La gris casa delante de ellos estaba rodeada de arboles otoñales. El jardín estaba marchito, el color marrón lo moteaba y los regadores se habían secado. La cerca blanca tenía un crudo grafiti pintado encima, y un camino empedrado guiaba a la puerta de entrada desde las crujientes puertas. Las luces estaban apagadas, salvo por el leve fulgor iridiscente en el dormitorio del piso superior.
Quizá debido a un velador o algo.
Al principio, captaron unas siluetas moverse.
Y, entonces, se instaló la absoluta oscuridad, vacía de formas y sonidos.
Eren y Jean estaban apostados del otro lado de la calle, junto al hidrante. Ambos vigilaban la casa, uno de los jóvenes con una extraña determinación en su rostro. Mientras el otro miraba a uno y otro lado del camino, esperando que la policía no los agarrara. Jean había estado demasiadas veces en el otro lado de la ley, mientras cumplía con sus deberes de Guardián. Los cargos eran más que nada por intrusión y comportamiento sospechoso. Je, ¿cómo le explicaba uno a la policía de la Tierra que también era un guardián de la paz, comprometido en la vigilancia de cualquier entrada y salida ilegal?
'Esto es acoso, ¿sabías?', señaló Jean, 'Eso es un año de prisión y cinco de condicional, según las leyes.'
Eren se encogió de hombros.
'Créeme, Kirstein. Acosar no es nada, en comparación a lo que ella me hizo a mí, o al escuadrón de Levi.'
Jean no sabía qué decir a eso.
'¿Ella era parte del escuadrón 104?'
'Sí. Estuvimos en la misma puta clase. Camaradas que hicieron el mismo juramento de sangre. Hasta que ella casi me mata.'
Hubo una descarnada fiereza en su expresión. Era sorprendente admirar como Eren cambiaba de una emoción a otra en un segundo.
Eren miró su reloj.
'Esto se está volviendo eterno. Voy a entrar, caracaballo. Quédate aquí.'
A Jean no le gustó la idea, y le agarró de la manga de la chaqueta. '¿Estás chiflado?' le siseó. 'Me dijiste que ella equivale a un ejército. No puedes con ella, Jaeger. Lo sabes.'
'Ella tiene mi llave de los portales, Jean. Y voy a hacer lo que haga falta para recuperarla.'
Jean lo observó en la suave luz de la luminaria. Sí, allí estaba ese espíritu en esos ojos esmeralda. Algo que no debía tomarse a la ligera. El rubio ceniza apartó su mano, comprendiendo porqué necesitaba Eren hacer esto. El chico era ciertamente un suicida, pero no había qué parase al bastardo cuando se ponía algo entre las cejas.
'De acuerdo', repuso Jean frunciendo el ceño. 'Pero necesitaremos una señal de alarma.'
Eren sonrió con renuencia.
'Si estoy en problemas, croaré como sapo.'
..-..
Eren dio un rodeo a la casa, buscando una manera para meterse. Tuvo que andarse con cuidado entre los enanitos de jardín, mientras buscaba una entrada. Cualquier forma de meterse. La puerta del frente estaba trabada, así como las ventanas de la cocina y del living. Probó el picaporte de la puerta trasera, sus bronceadas manos apremiando el metal sin resultados. Por suerte, no había alarmas o perros que protegieran la casa. Resopló ante la idea de que algún ladrón tratara de meterse en el feliz hogar de Leonhart. El pobre tipo no sabría qué lo golpearía.
El hogar de Leonhart.
¿Era, siquiera, esta choza desvencijada su casa? En todo el tiempo que pasaron sus vigilancias juntos, ¿por qué nunca le preguntó a Annie acerca de su vida? ¿Acerca de su familia? ¿Dónde vivía? ¿Cómo fue reclutada por el Ejército de Titán? ¿A qué universidad iba siquiera? Tantas preguntas, pero pocas respuestas. Después de todo, ella era la única Terrícola aparte de si mismo que conocía entonces. Eso debería haberlos hecho más densos que la sangre.
Sí… más densos que la sangre. (1)
Ella se lo demostró, claro.
Ahora que Eren se acordaba… había rumores de un civil en su vida. El que Eren bromeó que tenía que ser un Godzilla para haber derretido el corazón de la reina de los hielos. ¿Era el hombre que había visto en el Teatro Mardis? ¿El que ahora estaba con ella?
Le chocó a Eren cuán poco sabía de ella por fuera de los Cuerpos de Entrenamiento. Habían pasado años, leyéndose uno al otro, tanto física como mentalmente. Habían pasado horas en los campos, corriendo carreras para ser el mejor. Pasaron tardes practicando y burlándose uno del otro en el ring de lucha. Eren no sería ni la mitad del buen peleador que era, sin reconocer el rol que cumplió Annie en su preparación. Y, aún así, ellos nunca se habían conectado fuera de esas peleas y burlas.
¿Por qué?
¿Debido a eran soldados?
¿O era debido a que el Estado los había nutrido en hacerlos depositarios de su filosofía a lo largo de su entrenamiento?
De nunca decirle a nadie que eres un Guardián.
Nunca dejar que las emociones se entrometan.
Ser un maldito despiadado.
O, como diría Levi, nunca lleves el corazón en la mano.
Quedó perturbado por el recuerdo. No, no volvamos a eso. No al día en que todo se fue al demonio. Eren miró su reloj y descubrió que su paciencia se acababa. Oyó un silbido y ese volvió con cautela. Jean le saludaba desde su tranquilo puesto de vigilancia. Kirstein estaba sentado en la acera, bajo el cartel de una panadería, con las ventanas tapiadas. El más alto le gesticulaba la pregunta '¿Qué demonios haces?' del otro lado de la calle.
Eren alzó sus manos, frustrado.
No encuentro una entrada, le repuso, y gesticuló a las ventanas cerradas de la casa.
Jean ladeó la cabeza, como si le dijera, bueno, descúbrela pronto, imbécil.
Eren le frunció el ceño al otro, y volvió a dar un rodeo a la casa. Estaba tratando, maldita sea. Claro que estaba tratando. Trepó por los arbustos y caminó por el patio trasero, casi cayendo encima de un rastrillo. Y allí, en el desolado jardín con cajas de madera, la halló. Una entrada. Las ventanas de vidrio al sótano. Miró a la casa en silencio, se agachó y probó suerte con el pestillo. Muy para su sorpresa, las puertas se abrieron… pero con un terrible crujido. Se quedó quieto largo rato, oyendo a su corazón retumbar en su pecho. Se preguntó si alguien más había oído la ventana.
Pero el mundo, tanto dentro como fuera, permaneció tan callado como una tumba.
Eren echó una rápida mirada al sótano, pero todo lo que vio fue oscuridad. Podía ver el borde de una mesa de trabajo, unos pasamanos guiando a una puerta, y nada más.
Eren dio una última mirada a las luces nocturnas del vecindario. Y, entonces, tomando aire, entró. Era estrecho y mientras se deslizaba por la entrada, rasgándose los codos contra los duros bordes del marco. Con un silencioso tirón, aterrizó en el piso de cabeza, y se apresuro a pararse en el polvo. Se tragó una maldición cuando su pie izquierdo dio contra la mesa. Algo cayó y supuso que fue un frasco de pastillas.
Fue una fea caída.
Pero, al menos, estaba dentro.
Ahora, ¿qué?
Alzándose, esperó a que su visión se acostumbrara a la oscuridad. Exhalando profundamente, anduvo hasta la pared más cercana y tanteo por un switch. Vamos, vamos.
Una mano halló el switch antes que él.
Una lamparita que colgaba de las vigas se encendió, y Eren parpadeó cuando la luz inundó el sótano. Había destellos enceguecedores en su visión y achinó los ojos ante la luz. Cuando miró arriba, había alguien sentado en las escaleras del sótano. Se quedó paralizado cuando vio quién era.
Annie le regaló una sonrisa afectada.
Estaba descalza, vestida en unos bermudas azules y una camiseta, que parecía irle demasiado grande. Parecía estar muy de entrecasa, salvo por la amenazante sonrisa que curvaba sus labios. Estaba sentada con los brazos rodeándole las rodillas, como si lo estuviera esperando. Una mano estaba alargada, aferrando la cadena de la lamparita.
'Te tomaste tu tiempo, Jaeger.' Le saludó Annie, alzando la otra mano en un saludo burlón. 'Pero, vaya, vaya, qué malos modales tienes. ¿No te enseñó tu mami que primero debes llamar?'
Eren cerró los dedos en puños. Dio unos pasos hacia atrás, y descubrió que su espalda daba con la pared.
'Hola, Annie.' La saludó en voz baja, los ojos esmeraldas mirándola con fiereza. Esperaba sonar seguro, porque definitivamente no lo estaba. '¿Me esperabas? Me siento halagado.'
'Sí', remarcó la blonda de ojos azules, sonriendo ampliamente. 'Ha pasado tiempo. Olvidé cuando fue la última vez que nos vimos.'
'Invadiste mis sueños.' Le recordó Eren.
Annie lo miró largo rato, midiéndolo en el silencio. Tenía esa mirada predadora para él. Un constante cambio entre la alegría y la indiferencia. Ella se paró y descendió por las escaleras lánguidamente, dando un paso a la vez. Los bermudas mostraban sus bien torneadas piernas, mientras caminaba hasta Eren.
'¿Estás enojado acerca de una nimiedad como ésa? Eso no es nada, comparado con alguien metiéndose en tus recuerdos y vendiéndoselos al Estado. ¿No es así, Jaeger?' preguntó ella, fingiendo una dulce e infantil voz de lolita. Ella caminó hacia él, sus pies resonando en el vacío e incómodo silencio del sótano. Sus azules ojos brillaban como un silencioso topacio. 'Pobre bebé Eren', le dijo con dulzura. '¿Dolió? ¿El ver que tu casita se desmoronaba como un castillo de naipes? ¿Hizo que tu pequeño mundo se desplomara?'
Eren le ladró una breve risa. 'No me puedes provocar, Annie. Ya no tengo quince.' Dijo él, sintiéndose hervir a pesar de sus palabras.
Annie sonrió. 'Ah, así que creciste.' Hubo un peligroso fuego en sus ojos. '¿Qué estás haciendo aquí, Jaeger?'
'Vine a buscar lo que era mío.'
'Ah, la llave.' Dijo ella. Ella revolvió el cuello de su camiseta extra grande y sacó un cordel. Y Eren la vio, después de siglos. La dorada llave. La que su padre le había legado. La que había hecho una burla de su vida, y que ahora estaba en manos de otra persona.
Todo lo que Eren buscaba era una salida. Annie la dejó caer entre sus ropas y le volvió a sonreír.
'¿La quieres? Ven a buscarla.' Le desafió, alzando los puños y tomando una pose de pelea.
Eren asintió.
Igual que en los viejos tiempos.
'Con gusto' respondió él, y se le abalanzó.
Los golpes vinieron rápidos y duros. Unos le dieron de lleno en el pecho, otros rozaron sus orejas, aterrizando por debajo de su barbilla y acertando en el espacio entre sus costillas. Todos los puntos vulnerables en un humano. Ella conocía toda la puta anatomía. Nada había cambiado en todos esos años. Ella seguía siendo la más rápida, la más traicionera. Su fuerza era insuperable, su velocidad impecable. Eren le lanzó puñetazos a la cabeza y ella los esquivó todos. La mujer era como una puta máquina, anticipándose a cada movimiento, cada sonido. Eren terminó resollando y sin aliento, mientras ella le daba un rodillazo y una última patada al estómago.
Eren trastabilló, doblándose por el dolor. Arrodillándose en el polvoriento suelo, luchó con las lágrimas en sus ojos.
El castaño resolló, siseando por la frustración.
Carajo. ¿Qué diablos era esa mujer?
Annie no parecía ni remotamente cansada.
'¿Ya terminamos?' se burló ella.
Eren alzó la mirada, y se lamió los labios.
'Éramos camaradas, Annie. Se suponía que debíamos proteger ambos mundos. Devuélvela.' Le urgió él.
Los destellantes ojos azules de Annie lo observaron. Orbes azul acero lo miraron por encima de sus puños alzados.
'¿Por qué la quieres, Jaeger?' le preguntó con voz baja. '¿Por qué la quieres tanto de regreso? No hay nada para ti en Titán.'
'Cállate. No… necesito tus jueguitos mentales.' Le respondió sin aliento, golpeando su puño derecho contra el suelo. Estaba frustrado. Había estado luchando con enemigos sin rostro por semanas. Estaba agotado.
'¿Jueguitos? Ay, pobre bebé. No te lo dijeron, ¿no?'
Eren se quedó helado.
'¿Qué?' preguntó.
La sonrisa afectada de Annie estaba plasmada en su rostro. Sus ojos brillaron y su rubia cabeza se inclinó en un asentimiento.
'No te lo dijeron, ¿verdad? Está muerto. En quien tú confiabas. Quien decías era a quien le debías la vida. Él… está muerto.'
'No es cierto.' Dijo Eren. 'Mientes.' Le escupió.
Annie asintió hacia su reloj.
'Pregúntale a la red.'
Eren la miró. Ella sacudió la cabeza. No, no iba a caer en un truco como ése. Era otro de sus jueguitos.
Pero Annie se impacientó con él. Ella se estiró hacia delante y le agarró el brazo, doblándoselo en la espalda, haciéndolo arrodillar con un gemido.
Eren se encogió del dolor.
Mierda, era su brazo derecho. La oyó manotearle el reloj. Apretó el botón a pesar de su resistencia, y Eren oyó la estática de la red en el desgarrado silencio del la noche.
'Gale', llamó Annie. 'Conéctame con Rivaille Levi.' Dijo, la alegría llenándole la voz.
Eren se quedó paralizado, a pesar del dolor en su brazo. Sintió los dedos de Annie clavándosele en la carne. Pero nada dolió más que las palabras que prosiguieron. Las palabras de la red.
'Imposible de conectar. Rivaille Levi- Fallecido.'
No, no es posible.
Eren sintió que el agarre aflojaba. Se hundió en sus rodillas, su brazo derecho cayendo límpido a su lado. Eren observó el reloj en su muñeca, la incredulidad en cada uno de sus rasgos.
Annie se inclinó delante de él, su rostro velado de emociones. La mujer era siempre una máquina perfecta.
'Bienvenido al Infierno', fue todo lo que dijo.
..-..
Debió haber sido un recuerdo vago, de dos años atrás.
Estaban parados en el helipuerto del cuartel central del Ejército de Titán, el que estaba en la azotea. El nuevo que conectaba al piso 52 y que el Ejército usaba para aterrizajes y operaciones de logística. Todos habían olvidado este viejo helipuerto, que estaba a cientos de metros de altura. Los vientos eran feroces allí arriba, aullando en sus oídos y causando escalofríos en sus brazos desnudos. El cielo era menos brumoso, un gris azulado místico y el aire era tenia la rara esencia de la frescura. Esto era lo más cerca que podían llegar a imaginarse los cielos azules de la Tierra. Y seguía siendo una pobre imitación. Como el arte callejero con Van Gogh. Titán no se le parecía en nada.
Años atrás, el helipuerto acostumbraba ser un puerto de despegue funcional. Ahora yacía arrumbado, con aeronaves abandonadas en los puertos, alas rotas y polvorientas cabinas. La torre de control de Gale se alzaba del techo, su estructura de andamios de quince metros de alto. Las rojas luces de la torre titilaban impiadosamente sobre ellos.
Había pocas especies de aves en Titán. Y ni ellas podían alcanzar esas deslumbrantes luces.
Fue un colega guardián, Marco Bott, quien le enseñó el lugar a Eren. Como si fuera un preciado secretito suyo. Un escondite privado, para cuando el stress lo superaba. Marco era dado a vagar solo. Era uno de los pocos titánicos meditabundos que Eren había conocido en el escuadrón 104. Los Titánicos, por naturaleza, no se llevaban bien con las emociones y los sentimientos. Todo era trabajo, obligaciones y una forma automatizada de la vida. Pero Marco era la excepción. Era meditativo y observador; uno de los valiosos amigos de Eren en el otro lado.
Le costó hacer que Marco se olvidara del secreto del viejo helipuerto.
Le costó mucho más a Eren hacer ese secreto propio.
Eren vestía su viejos pantalones de entrenamiento y se había quitado la sudadera para quedarse con la camiseta blanca de debajo. Esta acentuaba sus lisos y cuidados músculos, a pesar de que el joven guardián no estaba consciente de ello. Tenía la cara arrugada en concentración, ojos verdeazulados fijos en un punto en la distancia. Donde otro hombre se erguía.
El helipuerto estaba vacío, salvo por ellos dos.
Eren observaba al hombre al fondo de la pista. Vestido en su uniforme militar, el mitón en la mano de Levi se veía adorablemente fuera de lugar. Todavía no lo había usado. En cambio, Rivaille miraba a con asco el mitón de béisbol y le fruncía el ceño.
El ánimo competitivo de Eren aflojó.
'Se supone que debe usarlo, Cabo', le gritó Eren, casi riendo ante la incrédula expresión del mayor. 'No lo morderá, lo juro.'
La pequeña figura en la distancia (que se veía más péquela que de costumbre), alzó el mitón como si lo ofendiera.
'Está sucio, Eren. Incluso apesta.' Gruñó el hombre. 'De todas las cosas que podías traerte, escogiste un infestado, lleno de gérmenes-'
'Leviii, anda,' Eren se paró a media sentencia. Masculló ante el desliz de lengua. Cabo, se recordó a sí mismo. Mientras estuvieran en la zona del ejército, se suponía que siempre era Cabo.
Le hizo una seña al hombre, impaciente.
'Lo lavé dos veces. Deje de quejarse y póngaselo de una vez.'
'¿Qué hacemos aquí arriba exactamente?' pregunto Levi, poniéndose sus guantes negros y entonces, los mitones encima. Alzó su mano y movió los dedos en el aire, ordenándole a Eren que prosiguiera.
Al fin, pensó Eren con una sonrisa. Ya era hora.
El castaño se preguntó con qué debía empezar el juego. ¿Una bola rápida? ¿Una bola curva? ¿Un beanie (2)?
'Hice una pregunta, mocoso.'
'Jugar a las atrapadas. ¿Qué pensaba?' respondió Eren, escogiendo una bola curva. Alzó el brazo y lanzó la bola con toda su fuerza.
A pesar del viento, la bola navegó por los aires en un amplio arco. Levi la calculó bien, dio cuatro pasos a la derecha y la atrapó con una mano. Todo evidenciando agiles reflejos, a pesar de nunca haber jugado el deporte antes.
'Corrígeme si estoy equivocado, rayo de sol. No estoy muy versado en las estúpidas costumbres de tu mundo. Pero ¿no es jugar a las atrapadas algo que los padres hacen con sus hijos?' preguntó Levi, devolviéndole la bola.
Eren casi la perdió, dado que Levi le lanzó una bola rápida. Y el castaño empalideció ante la revelación. ¿Desde cuándo Levi había empezado a aprender sobre su mundo? ¿Desde cuándo Levi en verdad quería entender qué significaba la Tierra? Rivaille nunca había mostrado el más mínimo interés antes.
Eren atrapó torpemente el misil. El veinteañero hizo una pausa en el juego. Y sosteniendo la bola contra el pecho, Eren alzó la mirada para encontrar la directa mirada del Cabo. Los vientos habían cambiado de dirección sin aviso. El cielo estaba iluminado dado que eran las nueve de la mañana y Eren había insistido en subir a jugar antes de que la luz matinal se fuera durante la tarde. Levi lo había complacido. Como siempre.
Ahora que Eren lo pensaba, Levi siempre lo complacía.
Eren quedó descalabrado por ese descubrimiento.
¿No habían pasado esa etapa ya?
A lo mejor, era su culpa.
Levi sonrió, como si pudiera leer los pensamientos de Eren.
'Te diste cuenta, ¿verdad? De que tienes un complejo de padre, un complejo de Edipo y un complejo de héroe. ¿Alguno más del que tuviera que saber?'
Eren tartamudeó buscando respuesta, por una salida.
'Oiga, ahora, mucha gente hace vínculos con un juego de atrapadas, Cabo'. Se defendió Eren, volviendo a lanzarle la bola al hombre. Fue un tiro pobremente apuntado, dado que dio contra los andamios del techo y rodó bajo la panza de un viejo TJ. Levi maldijo ante el esfuerzo de tener que recuperarla. 'Perdón', dijo Eren, disculpándose por el tiro. 'Y, aparte, no hace daño pasar un poco de tiempo juntos… ¿verdad?'
'Si tanto quieres hacer vínculos, Eren,' remarcó Levi, dándole una mirada torcida. 'Puedo pensar otras maneras mucho más estimulantes-'
'¡Cabo!', exclamó Eren en disgusto.
Levi soltó una risita y se inclinó bajo el TJ, para recuperar la bola. No se la lanzó de regreso. En cambio, se quitó el mitón y envolvió la bola con este. Quitándose los guantes, camino hasta Eren, dando calculados pasos hasta que estuvieron a meros centímetros de distancia.
Levi se le inclinó bastante como para incomodar, bastante como para que Eren tragara saliva ante la repentina cercanía.
'¿Fin del juego?', preguntó Eren, disgustado por la invasión de su espacio personal.
Levi le hizo un gesto hacia el helipuerto en derredor.
'Demasiado ventoso' respondió Levi y entonces se volvió a estudiar al castaño. 'Y creo que estamos andando sobre un tema importante.'
'Y… ¿Cuál es?'
'Eren', dijo Levi, tratando de tener su completa atención.
El castaño alzó una ceja, considerándolo. '¿Sí?'
'No soy tu padre.' Dijo Levi, el rostro en una expresión lúgubre.
'Por supuesto, lo sé-'
'Ni soy tu mamá cuidarte. Y, definitivamente, tampoco un héroe. ¿Me entiendes?'
Eren suspiró profundamente y asintió.
'Sí… Cabo.'
Levi se vio contrariado. Aparentemente, ésa no era la respuesta que esperaba.
'No. Todavía no lo entiendes.'
Eren lo miró, confuso.
'¿Qué quiere que le diga?' demandó Eren. Dio un paso atrás contra la red del perímetro, mientras Levi daba uno adelante.
'Dime algo. ¿Qué soy para ti?' preguntó Levi. 'Me pediste que me case contigo un año atrás. Y lo hice. Firmamos el contrato ante testigos, y tú todavía tienes dificultad para decirlo. ¿Qué soy para ti, Eren?'
'¿Mi… compañero?'
Hubo una irritación pasajera en los ojos grises.
'Tu compañera es Annie Leonhart. Yo no, idiota.' Dijo Levi, viéndose contrariado y desilusionado.
Eren dio un respingo
Verdad, el hombre tiene un punto.
'Ok, de acuerdo. Concuerdo en que no era la respuesta correcta', admitió Eren, pasándose una mano por el cabello castaño, viéndose perplejo.
Los ojos grises de Levi seguían buscando en su rostro la respuesta. Dio un paso más cerca, hasta que estaban a menos de una pulgada.
'¿Por qué te cuesta tanto decirlo?' le insistió Levi. 'Es sólo una palabra, soldado. Incluso estaba en el contrato.'
Eren lo miró, exasperado.
'Porque es vergonzoso decirlo en voz alta, pendejo. Puede que no te afecte de la misma manera que a mí. Y significa mucho más para mí. No es sólo un término en el puto contrato, Rivaille.'
Levi chasqueó la lengua. 'Jaeger, desde el principio, tú fuiste quien me lo propuso. Son sólo palabras, Eren. Decirlo en voz alta no te hará menos hombre.'
Eren apretó los dientes, mostrándoselos al más bajo.
'De acuerdo. Eres mi esposo (3). ¿Satisfecho?'
Levi se inclinó, una pequeña sonrisa bailando en sus finos labios. Agarró la barbilla de Eren con un dedo y asintió.
'Correcto. Legalmente, legítimo esposo. Pero hay una mejor palabra para ello. Empieza con 'm'…'
Eren se plantó, inclinando la cabeza y cerrando los ojos. El aliento de Levi era cálido en su oreja.
Aceptó la derrota.
'Eres mi… marido. ¿Feliz?'
Hubo una pausa antes de que Levi se apartara.
'Igualmente. Y más que vale que lo recuerdes', dijo Levi, empujando el mitón y la pelota a las manos de Eren. El castaño abrió los ojos y lo observó darse la vuelta para irse. Levi caminó hacia la salida donde el ascensor lo esperaba.
'Así que, ¿esto significa que no podemos jugar a las atrapadas?' le preguntó Eren yendo tras él, oyéndose derrotado. '¿Porque te parece que es una clase de complejo de padre, o algo así?'
Levi se detuvo.
'Vuelve temprano a casa, y podemos jugar a las atrapadas toda la noche, Jaeger. Incluso vincularnos-'
'Ok, lo entendí' el joven guardián dijo, indignado. 'No más atrapadas.'
Eren observó mientras Levi marchaba a los ascensores.
'Levi', le llamó Eren.
El hombre se volvió y lo miró inquisitivamente.
'Sabes, tú tampoco has dicho esas tres palabras. Han pasado seis años, y aun no las has dicho.'
'¿Cuáles tres palabras?' preguntó Levi, fingiendo inocencia. '¿Eres una mierdecilla? ¿Tu aliento apesta? ¿Amas la verga?'
'Sabes a qué me refiero', le rugió Eren en respuesta.
Levi hizo una brevísima pausa.
'Si tanto quieres oírlas, rayo de sol, deberías haberlo asentado en el contrato.'
Levi le dio la espalda y le saludó por encima del hombro. Eren lo vio desaparecer detrás de las puertas del ascensor.
Un conchudo.
Siempre había sido un pendejo.
Un pendejo que no podía haberse… muerto.
Eren cerró los dedos en un puño y profirió un rugido animal. La cara de Annie mostró un dejo de sorpresa. No había esperado ese repentino estallido de furia. Se le abalanzó, de cabeza, y ambos cayeron sobre la mesa de trabajo.
NT: Blessende aclara que Krobe tiene la apariencia de un cachorrito de rottweiler, y que su nombre está inspirado en el primer robot humanoide que fue enviado al ISS: Kirobo.
1 El equivalente español para 'thicker than blood' sería algo así como ser 'carne y uña'.
2 Literalmente, 'frijolito', 'porotito' o 'judía', y supongo que debe ser un tipo de lanzamiento de béisbol, aunque investigando también descubrí que es un tipo de gorro. Como no conozco nada de ese deporte más de lo que vi en las pelis, no lo sé.
3 En el original es spouse, que, si bien significa cónyuge, es una palabra de género femenino para designar a la esposa, dado que en inglés esposo o marido es husband.
