XXXIV
Sailor Galaxia vs Sailor Silver Moon
En el centro de la Vía Láctea
Sailor Galaxia había aprendido otra cosa de Sailor Silver Moon: esa mujer golpeaba como los mil demonios.
—¿A QUÉ TE SUPO ESO? —gritó Sailor Silver Moon, adoptando una postura de defensa. Sailor Galaxia se sobó la quijada y se puso de pie, crispando aún más los puños. Era la primera vez en mucho tiempo que una Sailor Senshi le hacía daño.
—No cantes victoria tan pronto —dijo Sailor Galaxia, agitando su brazo derecho, del cual brotó un látigo de luz, del mismo tipo que usaba Herbert Dixon para atacar a sus oponentes—. Recuerda a quién estás enfrentando.
Y, con furia, Sailor Galaxia blandió su látigo y atacó a Sailor Silver Moon, pensando que la había tomado por sorpresa. Pero Sailor Silver Moon conocía esa técnica y agarró la punta del látigo con su mano derecha. Inmediatamente, ella tiró con todas sus fuerzas y Sailor Galaxia flotó en el aire por un par de segundos, antes de recibir un violento puñetazo en el abdomen. Sailor Galaxia botó saliva de su boca, mientras trataba de recuperarse del ataque, pero sintió un tremebundo golpe en su pecho que la dejó como estampilla contra la pared.
Sin embargo, pese a todo, Sailor Silver Moon seguía sin bajar la guardia, atenta a cualquier artimaña que pudiera usar su oponente. Dejó que Sailor Galaxia recuperara el aire y se pusiera de pie nuevamente.
—¡Insensata! —bramó Sailor Galaxia, arrojando una esfera de luz que Sailor Silver Moon apenas pudo bloquear con sus manos. Cuando se las miró, notó que sus manos ardían y su uniforme lucía chamuscado.
—¡Vaya! ¡Al fin me has mostrado algo digno de tu nombre! —desafió Sailor Silver Moon, aunque lucía ligeramente preocupada por haber despertado a un gigante dormido—. ¡Con gusto mediré todas mis fuerzas contra las tuyas, Sailor Galaxia!
Sailor Galaxia, contrario a lo que pudiera parecer, esbozó una sonrisa.
—Está bien. Tú lo pediste.
Sailor Silver Moon supo de inmediato que le iba a pasar algo muy malo.
Sailor Galaxia extendió ambos brazos y, de ellos, muchas esferas de luz aparecieron y Sailor Silver Moon no tuvo tiempo para esquivarlas. Cruzó los antebrazos para tratar de repeler los ataques, pero no fue suficiente. Sailor Galaxia sonrió cuando vio el cuerpo de su oponente humear por sus ataques y, para poner la guinda a la torta, conjuró su látigo una vez más, agarró a Sailor Silver Moon por el tobillo y le devolvió el favor, estampando a su contrincante contra la pared. No contenta con todo eso, Sailor Galaxia, cruzó el salón como un rayo y agarró a Sailor Silver Moon por el cuello, apretando con todas sus fuerzas.
—He sido una guerrera mucho más tiempo que tú —dijo, desairada, viendo cómo Sailor Silver Moon trataba, en vano, de zafarse del agarre—. Tú no eres nadie para desafiarme a un combate. Eres solamente una fanfarrona que no tenía idea de a quién se estaba enfrentando. Y por eso, vas a pagar muy, pero muy caro.
Sailor Galaxia iba a torcer el cuello de Sailor Silver Moon para matarla instantáneamente, cuando sintió que el aire se le escapaba de sus pulmones. Miró hacia abajo y se dio cuenta que Sailor Silver Moon le había encajado un rodillazo en el abdomen. El impulso de doblarse le ganó a su esfuerzo por matar a su enemigo y soltó el cuello de Sailor Silver Moon. Respirando pesadamente, golpeó a Sailor Galaxia con todas sus fuerzas y volvió a quedar como estampilla en su propio salón.
—Yo… también… he sido… guerrera… por mucho… tiempo —dijo Sailor Silver Moon, farfullando para recuperar el aliento—. Tendrás que… hacer… mucho más que… eso… para matarme.
El combate no había durado ni cinco minutos y ambas ya lucían cansadas. Sailor Galaxia tenía problemas para ponerse de pie y Sailor Silver Moon estaba apoyada sobre sus rodillas, respirando con un poco más de normalidad, pero seguía sintiendo la garganta como constreñida a causa de la fuerza con la que Sailor Galaxia había tratado de ahogarla. Sn embargo, había una diferencia significativa entre ambas combatientes: Sailor Silver Moon, pese a su cansancio, estaba contenta por tener finalmente a un rival digno, pero Sailor Galaxia no podía estar más avergonzada. Su contrincante le había infligido heridas que iban más allá de la carne.
—¡Necia! ¡Tú jamás podrás derrotarme! —vociferó Sailor Galaxia y desenvainó su espada. Sailor Silver Moon todavía necesitaba tiempo para recuperarse, pero el ataque era inminente, así que se preparó para defenderse.
Sailor Galaxia clavó su espada en el piso y todo comenzó a temblar. Sailor Silver Moon apenas pudo mantener el equilibrio y Sailor Galaxia aprovechó la confusión para aplastarla contra la pared con uno de sus ataques de energía. Fracciones de segundo más tarde, usó su látigo para atrapar a su oponente y estamparla varias veces contra el suelo. Finalmente, para desahogarse, pateó el cuerpo de Sailor Silver Moon hasta decir basta. Para cuando todo acabó, ella estaba hecha un amasijo de sangre y apenas podía moverse.
—¿Ahora lo ves? —dijo Sailor Galaxia con altanería y respirando agitadamente—. ¿Ahora te das cuenta de tu error al provocarme? ¿No habías dicho que yo no había hecho nada para probar que soy la Sailor Senshi más fuerte de la Vía Láctea? Pues ahora lo he hecho.
Se hizo un silencio denso y premonitorio en el salón. La muerte de Sailor Silver Moon parecía inminente y los pasos de Sailor Galaxia eran los únicos sonidos que mordían la quietud del lugar. Tomó la espada y jugó un poco con ella antes de acercarse a su maltrecho contrincante.
Pero Sailor Silver Moon todavía no se sentía derrotada. Con todas las fuerzas que le quedaban, se apoyó en sus brazos, luego en sus rodillas y, con las piernas trémulas, consiguió ponerse de pie, aunque todo su cuerpo parecía estar clamando por un descanso definitivo.
—¡Vaya! ¡Todavía puedes sostenerte sobre tus dos pies! Bien, más fácil será para mí atravesar tu cuerpo y robarme tu Sailor Cristal.
Y Sailor Galaxia cumplió con su promesa. Dos pasos rápidos y una estocada final bastaron para que el cuerpo de Sailor Silver Moon sintiera el acero horadando sus entrañas. Y, sin embargo, no sentía cómo sus fuerzas la abandonaban. Sí, sentía un dolor punzante en su pecho, pero se sentía más viva que nunca. Componiendo un rostro desafiante, Sailor Silver Moon tomó la espada de Sailor Galaxia y la jaló hacia sí, acercándola a su oponente, todo el tiempo mirándola fijamente a los ojos, sin una mueca de dolor. Sailor Galaxia abrió la boca y los ojos, sin entender por qué ella cortejaba a la muerte de ese modo.
—Está bien. Lo acepto. Eres más poderosa de lo que imaginé. Pero, aunque me mates hoy, y quiero que grabes bien estas palabras en tu condenada cabeza, perra de mierda, hay algo que jamás podrás matar.
Sailor Galaxia pasó de estar sorprendida a prorrumpir en carcajadas en dos segundos.
—¿Y esas son las palabras de una moribunda? ¡Pudiste haber escogido mejor tus palabras finales!
—No he terminado de hablar, puta engreída —gruñó Sailor Silver Moon con una voz muy baja, pero cargada de aplomo y furia—. Cuando Herbert raptó a Violet, le prometí que nuestro amor jamás moriría. Y es eso lo que jamás podrás matar, estúpida asesina. Voy a amar a Violet y eso no cambiará aunque me hagas polvo cósmico.
Sailor Galaxia arrugó la cara.
—¡Por favor! ¡Solamente dices tonterías para darle más significado a tu muerte!
—Por eso estoy aquí, Galaxia. Estoy peleando, sangrando y muriendo por las personas que más quiero en este mundo —dijo Sailor Silver Moon, lágrimas corriendo por sus mejillas, pero también sonriendo—. En especial por ella, por Violet, por la que me ha dado todo a cambio de nada. Ella no se merece lo que le hizo ese idiota de Herbert. ¡Nadie merece ser usado por otras personas para su beneficio! ¡NADIE MERECE MORIR O SUFRIR POR AMOR, MALDITA SEAAAAAAA!
Lo que sucedió a continuación sorprendió tanto a Sailor Silver Moon como a Sailor Galaxia, pues una luz que provenía del pecho de Sailor Silver Moon cegó a ambas combatientes por varios segundos.
Luego, lo más increíble ocurrió.
Nueva Orleans, 14 de diciembre de 1963, 08:15p.m.
Mientras Nikita Jrushchov se encaminaba hacia el Kremlin para su conferencia de prensa, Herbert Dixon se dirigía a otra, claro que bajo el nombre de Lawrence Collins. Sus demonios iban en perfecta formación detrás de ellos, bajo la ovación de mucha gente, tanto en vivo como delante de los pocos televisores de esos tiempos. Esos sujetos, aunque no fuesen muy bonitos, habían salvado a Estados Unidos de un holocausto nuclear y habían puesto a la Unión Soviética de rodillas. Y, pese a que el presidente no estaba allí para agradecer la labor de Lawrence Collins, sí se había comunicado con él hace varios minutos atrás, diciendo que ya estaba armando un evento especial para el "salvador del capitalismo".
Toda la nación estaba agradecida con el equipo que había desmantelado o destruido dos mil cabezas nucleares en cuestión de minutos. Las organizaciones cristianas proclamaban que "Dios estaba del lado de Estados Unidos" y que Lawrence Collins era como el Jesús de ese tiempo. Y, a medida que Herbert se acercaba al lugar donde iba a hablar al pueblo norteamericano, la gente fue cobrando conciencia de lo que se había logrado ese día. El ignominioso fracaso de los soviéticos por aniquilar a Estados Unidos fue repetido hasta la náusea en periódicos y revistas, de modo que hasta un ermitaño que hubiese vivido en una cueva por años supiera lo que había ocurrido.
Herbert llegó al lugar, una plaza, donde cientos de periodistas y camarógrafos se apiñaban en un círculo alrededor de una especie de estrado improvisado que alguien había puesto allí, con micrófono y todo. La hora del día realzaba el ambiente épico del momento.
Uno de los periodistas hizo la primera pregunta y se hizo un silencio denso.
—¿Qué se siente ser el héroe de la nación?
Herbert hizo un gesto como quitándole importancia a lo que había hecho.
—Por favor, no lo hice para convertirme en un héroe. Lo hice para acabar con este conflicto de una vez por todas. Sabía que lanzándonos a la ofensiva no íbamos a conseguir nada bueno, así que opté por demostrar nuestro poder de una manera pasiva.
—¿De dónde provienen sus asociados?
—Yo los creé, pero la tecnología necesaria para hacerlos realidad no es mía, sino que de la persona a la que realmente deberían agradecer por este milagro.
—¿Y quién es esa persona?
Herbert supo que la gente había caído en el anzuelo. Era el momento de tirar de la cuerda.
—Para empezar, sé que ustedes han escuchado rumores sobre unas mujeres que se disfrazan con uniformes de marinero y que dicen luchar a favor del bien. Pero les aseguro que eso es una mentira. Ya vieron lo que una de ellas le hizo al presidente anterior, al querido presidente Kennedy. Pues, esta persona de la que les hablo es la líder de todas ellas y vendrá dentro de poco para dirigirse a ustedes. Basta con que la llame y estará aquí.
—Díganos, ¿quién es? ¿Pondrá en su sitio a Seaman Grey?
—Si llega aquí, es porque ya lo hizo. —Herbert hizo una pausa teatral antes de anunciar a su "invitada"—. Con ustedes, ¡Sailor Galaxia!
En el centro de la Vía Láctea
Sailor Galaxia no podía creer lo que había ocurrido. Sailor Silver Moon había sufrido una transformación. Su uniforme había cambiado. Tenía lo que parecían escamas transparentes sobre sus hombros, tres de ellas, la falda era blanca en cuyo borde inferior había dos franjas de distintos tonos de gris y el listón en su espalda era mucho más largo y también transparente (70). Sin embargo, lo que tenía a Sailor Galaxia con la boca abierta era que su adversaria ya no tenía ninguna clase de herida en su cuerpo.
—¿Qué pasa? —dijo Sailor Silver Moon, interpretando correctamente la expresión de Sailor Galaxia—. ¿No puedes creer que el amor haya hecho esto?
Pero Sailor Galaxia recuperó rápidamente la compostura.
—No importa. Sigues siendo una Sailor Senshi débil. —Y ella alzó su espada para rebanar a Sailor Silver Moon por la mitad. Sin embargo, algo la detuvo, como si su arma hubiera impactado contra una placa de metal. Luego, Sailor Galaxia advirtió que Sailor Silver Moon había detenido la espada con una mano.
—No es la fuerza misma lo que me hace fuerte, Galaxia —dijo Sailor Silver Moon con una calma que ya hubiera querido antes de enfrentar a quien estaba delante de ella—. Si crees que voy a hacerte daño, pues piensa de nuevo. No vale la pena golpear a alguien que claramente ha pasado una vida entera sin amigos y sin amor. Eres una alimaña que se alimenta del resentimiento y el odio, por eso no pude derrotarte antes. Pero ahora es distinto. Ya no pelearé contigo.
Pero aquellas palabras constituían una ofensa para Sailor Galaxia, una Sailor Senshi que había vivido para pelear y para acabar de una vez con las infames Sailor Guerras. Para ella, el combate era la única demostración de fuerza que valía la pena.
—¡Ya lo sabía! ¡Eres débil! ¡No quieres pelear para demostrar tu supremacía! ¡No eres una Sailor Senshi digna del nombre! ¡TE ANIQUILARÉ!
Y Sailor Galaxia volvió a alzar su espada y avanzó como un bólido en dirección a Sailor Silver Moon, quien no se movió ni un milímetro, sin miedo, sin dudas. No obstante, cuando estuvo de asestar el golpe mortal, escuchó su nombre siendo pronunciado por alguien en la Tierra y detuvo toda agresión en contra de su oponente. Sailor Galaxia estaba empecinada en matar a Sailor Silver Moon, pero lo estaba más en concretar su plan. Y el hecho que Herbert Dixon la hubiera llamado solamente significaba una cosa.
El plan había sido un rotundo éxito.
Era tiempo de la cosecha.
(70) Esencialmente, el mismo diseño del uniforme de Super Sailor Moon, pero con la combinación de colores de Sailor Silver Moon. Ni que decir que esa es mi transformación favorita, pues considero que Eternal Sailor Moon tiene mucha parafernalia y Super Sailor Moon luce bellísima sin recurrir a demasiados adornos.
