Nota: Los personajes no me pertenecen, la historia tiene como único fin entretener. ¡Hola!, hace tiempo que no estoy por acá. Debo decirles que el calor no me deja vivir… eh sufrido mucho en estos días y no eh podido prender la computadora: /… pero bueno, quiero saludarlos antes de que este 2013 se vaya =).

Capitulo 37:

-Samantha Parkinson.

Camine hacia el taburete, me senté sobre la fría madera y espere a que el sombrero seleccionador anunciara mi casa.

-¡Slytherin!.

Corrí con una mueca en los labios hacia la mesa de las serpientes y me senté junto dos chicos que habían sido seleccionados antes de mi turno. Un chico, de cabello rubio y ojos grises, que daban frio sonrió de lado y extendió su mano.

-Hola soy Scorpius Malfoy.

-Hola-Le devolví el saludo cuando sentí una picazón en la mano-Soy Samantha Parkinson.

Y desde ese momento, Scorpius se volvió mi mejor amigo.

Segundo curso:

-No te la prestare si no me decís para que.

Malfoy estaba nervioso, con el ceño fruncido y movía el pie con impaciencia.

-Eso a ti no te importa-Cruzada de brazos tapaba la lechuza, que ululaba tranquilamente mientras degustaba un dulce-¡Necesito algo del Callejón Diagon que me olvide!... y solo mi madre puede ayudarme.

Acepte con la condición de que me mostrara eso que tanto necesitaba, y jamás apareció nada. Según él su madre nunca le mando eso que precisaba. Era un mentiroso, porque lo había visto llegar con un paquete grande al día siguiente.

Tercer curso.

Malfoy estaba raro, se iba muy seguido de la sala común y desaparecía entre clase y clase, no decía donde iba y a la hora en que volvía siempre lo hacía con cuidado, como si quisiera evitar que alguien lo encontrase en algo raro. Se hacia el ofendido y dormía, solo dormía. Jamás pensé que en ese momento, todo iba a cambiar. Un día, en la sala común de Slytherin me beso, y fue mi primer beso. Jamás había sabido que se sentía, jamás había pensado nunca que era lo que una persona deja en la otra cando eso ocurre. Pero fue lo mejor que me ocurrió, lo más hermoso, lo más sincero. Lo más real. Scorpius había desaparecido otra noche y yo estaba preocupado, por las advertencias de Marcus de que lo había visto raro y que lo cuidara, pero además, porque me había pasado toda la tarde de ese día observándolo a lo lejos. Y él no dejaba de ver a Weasley, a la pobretona comadreja. Mientras leía un libro sobre "La brujas de Salem", tan interesante como aburrido lo vi cruzar el hueco en la pared y quedarse frente a mí, mudo y serio. No sabía que decir, o que hacer, pero solo pude pronunciar las palabras que había estado pensando en todo ese rato. El me beso, me beso por primera vez y por un momento, olvide que el mundo existía. Luego de navidad todo había cambiado, nada era igual y él se alejo cuanto pudo de mí. No sabía qué era lo que le ocurría, me trataba distante y cortante. Los amigos que compartíamos también lo habían notado ausente, pero ninguno se atrevía a decir nada. Cobardes.

Luego, en cuarto curso todo volvió a ser más o menos parecido. El estaba más cerca, el me trataba mejor, en ocasiones volvíamos a estar juntos de esa manera que yo tanto quería, compartíamos momentos privados y verdaderos. Nos besábamos, nos hablábamos, éramos amigos con algo más que amistad. Quería confesarle que lo quería, pero también sabía que no era lo indicado. Scorpius tenía un carácter que irritaba y amargaba hasta el ser mas abandonado de todo el colegio, hasta la criatura más cruel. Malfoy, era todo lo opuesto a lo que yo intentaba contarle. No quería perderlo de esa manera. Pero luego de navidad volvió a ser todo como antes, luego del baile volvió a tratarme groseramente, volvió a echarme en cara que era una insoportable y que solo quería perjudicar su estado de ánimo. No me saludaba y mucho menos insinuaba que quería hacer las paces. Hasta que un día, de esos en los que solo quería matarlo, Marcus me conto algo:

-Malfoy es como los Hipogrifos-Fruncí el ceño y lo mire con interés- Tenes que ganarte su confianza primero.

-¿¡Qué!?-En ese momento el rubio cruzaba las puertas del gran comedor, en el desayuno de aquel viernes luego de febrero. Se paro justo en el momento en que la comadreja pasaba por su lado junto a Potter-¡lo conozco haces casi seis años!, ¿crees que no merezco su confianza?

La quedo mirando unos minutos y luego camino hacia nosotros.

Luego de la discusión con Potter y Wasley, el rubio jamás volvió a ser quien era. Estaba amargado y molesto, mucho más que de costumbre. Y si su ambición no eran las carreras mágicas que podíamos tomar luego del colegio podía trabajar en esos centros suicidas muggles que hay en varios puntos del norte Británico. Todo cambio cuando comenzó el séptimo curso. Estaba feliz, estaba más contento y alegre. Tenía luz en su mirada, el brillo en los ojos que escasas veces se lo había notado. Pero un día, cuando creía que nada podía sorprenderme más como el extraordinario en Transformaciones, me entere de lo más shockeante y traumático que había experimentado en toda mi existencia como hija de Pansy Parkinson y Theodore Nott. Si me preguntan porque llevo el apellido de mi madre y solo me hago nombrar por él, es porque ella es una mujer un poco arrogante y controvertida. Siendo sincera… ella siempre prefirió que me haga llamar por su apellido porque decía que el de mi padre es corto y feo. Por eso en realidad, mi nombre completo es: Parkinson Samantha Elizabeth Nott. Pero volviendo al tema tan espantoso… Malfoy estaba enamorado de Rose Weasley. ¡Pueden creerlo!, de ella, si, de la comadreja sabelotodo. Después de insultarla, de gritarle, de ofenderla y burlarse de ella… ¡la amaba!, ¡Ja!, era el tan cómico. No era gracioso, el la amaba (recordando las palabras de mi amigo mentiroso, ocultador de secretos desagradables) por bastante tiempo. Había jugado conmigo, me había roto muchas cosas. .¿Qué tipo de cosas se preguntan?: mi confianza. Si, lo sé; yo estaba saliendo con el capitán de Ravenclaw pero eso no quita que no me duela, que no me hiera su mentira. ¿Cuánto tiempo pensaba ocultarlo?. Dos, tres… ¿Veinte años?. Mi madre había estado enamorada de su padre, pero él no se caso con ella, el la dejo cuando terminaron el colegio luego de la guerra y jamás volvió a hablarle. Se caso con mi padre porque según ella "era una conveniencia" entre familias. Ella lo amaba todavía… lo sabía. Pero como todos los Malfoy, solo buscan su propósito. Admití que el ya no era mío, lo intente superar, lo intente olvidar. ¿Pero como podes olvidarte de alguien que significa mucho más de lo que vos pensabas?. Soñaba con él en las noches de lluvia y pensaba en el cuándo sonreía. Era cruel, pero no mentía. Lo quería, yo quería a Ariel. Pero por mucho que me doliera la verdad, no podía estar atada a Scorpius si él no me quería.

¿Por qué perdí los estribos en el partido de Quidditch? Porque prefirió mostrarle a todo Hogwarts lo que sentía antes que a mí, y eso era una humillación a la casa. Ariel Bailey era de sangre pura, pero de familia humilde. Si algo me diferenciaba de mis padres, era que yo no necesitaba sentirme segura con el dinero. Aunque ustedes no me crean. Explote, tal vez de la peor manera, por eso luego de la pelea acabe tirada sobre mi cama con cortinas verdes sintiéndome la más patética y egoísta del mundo.

-Sam-Se oyó el nudillo de alguien contra la puerta-Se que estas acá… abrime.

Respire hondo y levante un poco la cabeza, dejando resbalar dos gruesas lágrimas que amenazaban con ahogarme.

-No.

-Sam…-Volvió a pronunciar mi nombre pero antes de que siguiera grite:

-¡No quiero hablar con nadie Ambar! ¡Vete!.

Luego de un minuto de silencio, mi amiga, con voz potente me advirtió:

-Está bien, pero si no bajas en un rato vengo a buscarte.

Aquello me hizo sonreír, a pesar de mi estado de ánimo. Una amiga me quedaba en ese vacío castillo.

-Yo… no puedo creerlo-Tatiana sonreía de oreja a oreja en la mesa de la biblioteca en la que siempre nos sentábamos desde segundo curso.

-¿Qué es lo que no podes creer?-Escribía la redacción que la profesora Aline nos había pedido.

-No te hagas-Fruncía el entrecejo pero aun sonreía.

-Me estas poniendo nerviosa y si seguís ignorando que tenemos que terminar esto… no voy a ayudarte.

Suspiro con fastidio y asintió mientras se levantaba y con un ruido ensordecedor corría la silla y caminaba hacia los estantes de Transformaciones. En el momento que la vi marcharse Marcus entraba por la puerta con aire de malestar y confusión en el rostro. Alarmada me levante de un salto y camine hacia el mirando para todos lados. Se sorprendió cuando le interrumpí el paso frente a la mesa donde iba a quedarse.

-Hola Rose, que sorpresa.

Acomode mi cabello detrás de mis orejas y me cruce de brazos.

-Hola Marcus.

-¿Estás bien?-Negué-¿Qué te ocurre?

-A mi nada. ¿Vos porque tenes esa cara?

Abrió un poco los ojos y se encogió de hombros mientras se sentaba ignorándome y sacaba de su mochila un tintero, pero cuando quiso sacar la pluma atrape su muñeca con mi mano y me senté a su lado.

-Dime…

-Nada… de enserio, no tenes que preocuparte de nada-Ante mi mirada de "habla" rodeo los ojos y me miro a los ojos-Es solo Scorpius y Samantha que no han dejado de gritarse y pelearse… cada vez que están juntos.

Me mordí el labio y lo mire sintiéndome culpable de todo en lo que no tenía que meterme.

Había logrado salir del dormitorio de las chicas sin ayuda d e nadie, sin que nadie me sacara de allí y a la persona que encontré cuando salía hacia clase de Pociones fue Scorpius, que buscaba a mis amigos, y que no pensó encontrarme ahí. En el medio del pasillo, volví a explotar.

-¿No está Marcus o Loran ahí?-Negué-Bien. Gracias.

Patee el suelo y camine sujetando fuerte mi mochila detrás de el.

-¿No me dirás nada?-Movía su cabello con naturalidad, lo que siempre me había atraído de el-¡Scorpius!

Volteo de sopetón y me apoye contra la pared por el susto.

-¿Qué esperas que te diga?, ¿Qué me disculpe por mi grosería?-Asentí ocasionando una sonrisa irónica-¿Te das cuenta que por esto ya no quiero volver a hablarte verdad?.

-No se porque-Suspire-Yo soy la que está enojada…¡yo soy la que se siente mal!.

-¿Por qué te sentís así? ¿Por no haberte dicho nada yo mismo?, ¿por no haber confiado en ti? ¿Por no haberte dicho que me gus...?

-¡Por haberme usado!-Se quedo callado y me miro a los ojos, verdes como el del césped que crecia alrededor de la cabaña del guardabosques-¡Por haberme creado falsas ilusiones!.

-Yo jamás intente…

-¡No me mientas!-Di un paso y luego otro con enojo-¡Si hubieras tenido la dignidad de decirme que no me querías jamás esto hubiera pasado!, pero eres un cobarde.

-¡No digas esa palabra!

-¡Voy a decir lo que se me da la gana y vas a escucharme porque me debes tu respeto!

-¡Yo no te debo nada!-Volvió a caminar por las mazmorras alejándose cuanto podía de mi.

-¡Scorpius escúchame!-Lo alcance al doblar una esquina y camine agitando mi melena con violencia-¿Por qué?, te da miedo que Weasley nos vea y te haga una escena de celos.

-Te dije que tiene nombre.

-Para mi sigue siendo una comadreja con olor apestoso-Abrió un poco los labios y frunció el entrecejo haciendo que me sintiera aliviada por mitigar el malestar en el pecho.

-Y vos seguís siento una insoportable y nadie te lo anda recalcando las veinticuatro horas al día.

-¿Qué me dijiste?

-Que eres una insoportable… no es novedad eso para ti.

-Al menos yo si confió en los demás y no ando con secretos como si fuera un vándalo o un delincuente-Sonreí de lado-Vamos a ver cuánto tarda apestosita en darse cuenta que eres un Slytherin mujeriego y orgulloso.

Me miro con intriga unos segundos y acercándose hacia mí, sujetándome del brazo con fuerza y balanceándome como si fuera un juguete susurro:

-Vamos a ver cuánto tarde ese Ravenclaw en darse cuenta la chiflada que tiene al lado.

-¡Yo no soy una chiflada!-Me solté con un movimiento brusco y enfriándome con su mirada me desquite-Espero que no le hagas a ella lo que me hiciste a mi Malfoy. Pero… no sería una novedad, ¿verdad?

Girando sobre mis talones, sintiendo como mi cortina de pelo abofeteaba su cara y caminaba hacia la esquina de otro camino lo dejaba, mudo y congelado.

Nada me tranquilizaba, dar vueltas por la habitación me daba más nervios. La sala común estaba vacía, y reinaba un silencio cruel y lleno de preguntas. Estaba sola, desde el atardecer y no me había cruzado en todo el día con Scorpius. No compartíamos las mismas clases y por eso yo trataba de no sentirme tan pesada y evitaba sofocarlo. Lo extrañaba, y anhelaba tenerlo un tiempo conmigo. El corazón comenzó a latir cuando lo vi cruzar el hueco en la pared, pero mi sonrisa se borro cuando su rostro me reflejo angustia consumida. Sus mejillas estaban mareadas de rojo y los ojos, grises como glaciar estaban hinchados.

-¿Scorpius?.

Respiro hondo dos o tres veces, y camino hacia mi sorprendiéndome con un abrazo fuerte pero triste. Y oculto entre la maraña de cabello pelirrojo, comenzó a llorar.