August se había sorprendido de la presencia de oficiales de la Casa Blanca en su despacho. ¿No había pasado ya por esto antes? No iba a revelar a su fuente de información. Y no tenían ningún derecho a forzarlo. Aunque dejó de hablar en cuanto el jefe del equipo le contó que la Casa Blanca sabía que había sido Belle Lacey quien le había pasado esa información. Una vez fue informado de que la presidenta había requerido hablar con él, se metió sin rechistar en el blindado coche. Y teniendo en cuenta la cantidad de agentes que le estaban esperando en la oficina, negarse a ir no era una opción.
Su fuente infiltrada, Belle, había estado en su mente durante semanas. La primera vez que se había acercado a él, había estado muy contento de que le diera la exclusiva. Ella se la había ofrecido casi allí mismo y el precio había sido insignificante. La cadena estaba encantada con ello y ese mes su sueldo había recibido un importante extra.
Aunque la reacción de Emma le irritaba. Aún no entendía por qué se negaba a contar la historia. Es cierto que era algo mucho más personal de lo que solía informar o comentar, pero tampoco es que la presidenta se divorciara fuera algo muy normal. Estaba siendo rencorosa, o eso creía. Le había proporcionado a su programa y a la cadena importantes índices de audiencia.
Y entonces se había empezado a preguntar si se había pasado un poco emitiendo las noticias. Era algo completamente personal, él lo sabía. Pero cuanto más pensaba en ello, más raro se le hacía que esa fuente en particular se hubiera puesto en contacto con un extraño y le hubiera dado esa información. ¿Por qué? ¿Qué motivos tenía? No era por el dinero. August habría podido pagar perfectamente esa cantidad con el dinero de su bolsillo. Con el tiempo, el hombre no pudo evitar empezar a especular sobre si su cadena se había acabado convirtiendo en un peón más de todo este retorcido juego.
Los interrogatorios que había tenido que sufrir ya decían mucho sobre lo que estaba pasando. Había asumido que ya había acabado todo. Después de días negándose a hablar con los agentes que no paraban de preguntarle por el nombre de su fuente de información, no volvió a saber nada más. Pero ahora sabían su nombre: Belle Lacey. Eso significaba que estaban investigando. Y parecía ser que tenían novedades.
August caminó por los pasillos de la Casa Blanca, con un agente delante de él y otro detrás. A pesar de estar rodeado por tanta seguridad, fue capaz de disfrutar de la belleza y arquitectura que rodeaba el prestigioso edificio. Se dio cuenta de que lo llevaban directamente hacia el Despacho Oval, sin teléfono, porque se lo habían confiscado nada más llegar. Le dijeron que esperase, se sentó en la lujosa recepción y en menos de un minuto se encontró al lado de Graham.
''Emma,'' dijo él, asombrado de encontrar a Emma sentada al lado de la presidenta. Ambas mujeres estaban sentadas en un sofá de color crema, y aparentemente habían estado esperándole.
''Hola August,'' dijo Emma, levantándose justo cuando la otra mujer hacía lo mismo.
''Señor Booth,'' dijo Regina. ''Gracias por venir.''
''P-presidenta,'' tartamudeó August, dando un paso adelante y recibiendo un apretón de la mujer más poderosa del mundo. ''¿Qué pasa? ¿Por qué me han traído aquí?'' Esa pregunta, a pesar de que estaban todos de pie, iba dirigida a la rubia.
Regina miró a Emma, y asintió ligeramente con la cabeza, una clara indicación de que la joven mujer tenía permiso para hablar sobre el tema. Las dos mujeres se volvieron a sentar casi en sincronización y August se sentó en el sillón que había situado opuesto a ellas.
''August,'' empezó a decir Emma. ''¿Supongo que sabes por qué he llamado al estudio esta mañana para comunicar que no iría a trabajar, verdad?''
''Sí, Ruby me lo ha dicho,'' dijo August. ''¿Algo va mal?''
''Bien, bueno, antes de responderte a eso, hay algo que necesitas saber,'' dijo Emma, moviéndose inquieta en el asiento. ''Eh, Regina y yo tenemos una relación. Estamos saliendo. Somos pareja.''
El hombre se quedó con la boca abierta. Miró a la rubia que tenía delante de él y desvió la mirada hacia la presidenta, que estaba sentada calmadamente al lado de su corresponsal política. Los ojos de August volvieron a los de Emma, quién parecía estar esperando una respuesta.
''¿Estáis saliendo?'' dijo por fin.
''Sí,'' dijo Emma. ''Aunque, supongo que podría decirse que es mucho más que eso. Estamos enamoradas. Llevamos meses saliendo.''
''¿Enamoradas?'' repitió August.
''Sí,'' asintió Emma, buscando la mano de Regina para entrelazarla con la suya.
''Meses,'' dijo August lentamente, haciendo un cálculo mental. Su mirada se posó en Regina mientras contaba los meses atrás. ''¿Es por eso que usted se divorció? ¿Conoció a Emma y abandonó a su marido?''
''No,'' contestó Regina. ''Robin decidió abandonarme a mí. Usted ya está al tanto de la infidelidad. Aunque debo admitir que confié en Emma antes de que se emitieran las noticias sobre nuestro divorcio.''
''¿Confió en una corresponsal política y le contó que se estaba divorciando?'' dijo August con el ceño fruncido.
''Confié en alguien porque hacía tiempo que no sentía una conexión tan especial con una persona,'' dijo Regina. ''En esos momentos no estaba segura. Supongo que creía que era el principio de una bonita amistad, pero se convirtió en algo más. No tenía a nadie en la Casa Blanca con quién hablar, y Emma me ofreció algo parecido a una amiga cuando nos conocimos en su programa. Pero debo admitir que cuando las noticias salieron a la luz, dudé de la confianza que había puesto en la lealtad de Emma.''
Emma le dio un apretón a la mano de Regina. Hacía tiempo que había perdonado a Regina por haberla amenazado durante esa llamada de teléfono. Si ella hubiera estado en el lugar de Regina, seguro que también habría sacado esas conclusiones. Después de todo, había sido pura coincidencia.
''¿Es por eso que te enfrentaste a mí?'' le preguntó August a su corresponsal política. ''¿Porque tu novia se había enfadado contigo y tu estabas molesta?''
''Primero de todo, en esos momentos ni siquiera era mi novia,'' dijo Emma de mala gana. ''Y segundo, no. Me enfadé contigo porque publicar esa historia era pasarse de la raya. Ya te lo dije en su momento y te lo vuelvo a decir ahora, no es de nuestra incumbencia informar sobre las vidas privadas de nuestros políticos.''
''No cuando tienes acceso directo a su vida privada desde las sábanas de sus camas, ¿no?'' dijo August también de mala gana. ''Apenas puedo considerar que estas en una posición como para ofrecer una información desde un punto de vista neutro, ¿me equivoco?''
Emma se enfurismó. ''Ya hablaremos de eso más tarde. Tengo una idea para un nuevo programa, ya que había imaginado que no te haría gracia que siguiera presentando mi programa actual. Pero antes de hablar de ello, hay una razón por la que te hemos traído aquí.''
''Ah, ¿que no es porque quisieras contarme lo de tu relación con la presidenta?'' dijo August, casi sorprendido. ¿Qué podría haber que fuera mucho más importante que eso?
''Está relacionado,'' dijo Regina. ''Usted necesita saberlo para entender la situación actual. Las vidas de Emma y Henry están amenazadas por Belle Lacey y la ANR. Están intentando chantajearme y utilizar mis sentimientos por Emma y su hijo para conseguir ventaja. Necesitamos su ayuda para encontrarla a ella y a Robert Gold, quien creemos que está llevando a cabo este gran plan para evitar que se apruebe mi reforma sobre las armas.''
August se volvió a quedar con la boca abierta. Él mismo había estado especulando sobre lo que hacía la Casa Blanca pero no se había llegado a imaginar este escenario. Emma saliendo con la presidenta. Emma y Henry amenazados de muerte. Que su fuente interna estuviera relacionada con la ANR y envuelta en actividades ilegales.
''¿Estáis...estáis seguras de que es ella?'' preguntó August.
Emma y Regina asintieron con firmeza.
''Ahora mismo no podemos dar más detalles pero necesitamos su ayuda,'' dijo Regina. ''Aprecio que acaba de recibir unas noticias un tanto chocantes pero solo tenemos unas horas de margen para encontrar a Belle y a Gold antes de que pasen a la acción.''
August giró la cabeza hacia Emma. ''¿Dónde está Henry?''
''Está aquí, está a salvo,'' le aseguró Emma, acordándose de que ellos alguna vez habían sido amigos. Cuando era joven, Henry solía pasar la mayor parte del tiempo en el estudio y August había acabado cogiéndole cariño a su hijo.
''No sé qué decir,'' admitió August. ''Ya sabéis quién me vendió la historia. Supongo que también sabéis cómo obtuvo la información. No serviré de mucha ayuda.''
''El dinero,'' dijo Regina. ''¿Les pagó para conseguir la historia, verdad?''
''Cierto,'' dijo August, justo cuando Graham se movía para sentarse, uniéndose al pequeño grupo que mantenía esa conversación ahora que habían empezado a hablar sobre la investigación.
''¿Cómo le pagó?'' preguntó Graham, esperando a que hubiera un trazado donde poder rastrear el dinero y descubrir la cuenta corriente desde donde se habían hecho los movimientos.
''En efectivo,'' contestó August.
No hubo suerte, pensó Graham. Pero aún así, eso no significaba que estuvieran ante un callejón sin salida.
''¿Se lo dio en persona?''
''Por supuesto,'' asintió August. ''Las zonas de entrega de mercancía de contrabando sólo existen en las películas, ¿no? Además, no me fiaría de dejar veinte de los grandes en una basura para que otra persona lo recogiera.''
Así que eso es lo que valía su vida privada, pensó Regina. Veinte mil dólares. A veces odiaba a la prensa.
''¿Dónde se encontraron?'' preguntó el agente.
''En alguna parte de la Ruta 66,'' dijo August. ''En un parque. Creo que era Southside Park.''
''¿Qué pasó?'' presionó Graham.
''No mucho,'' admitió August. ''Era un sábado por la tarde. Nos encontramos en el perímetro del parque, justo al lado de los toboganes. Ella llegó antes que yo, estaba sentada en un banco. Llevaba gafas, creo recordar. Creí que era un poco raro ya que era un día un tanto nublado. Pero entonces supuse que si estábamos intercambiando información que venía directa de la Casa Blanca no querría ser reconocida. Hablamos. Y me dijo lo que sabía. Yo tomé notas. No tenía evidencias pero me explicó su posición y me enteré de que era su maquilladora. Entonces también me contó lo del comunicado de prensa que se había planeado.''
''¿Cómo supiste que ese lunes me tenías que mandar aquí?'' le interrumpió Emma.
''¿Cómo?'' dijo August con el ceño fruncido.
''Me hiciste venir aquí con Ruby,'' le recordó Emma. ''Nos dijiste específicamente que fuéramos nosotras las que viniéramos aquí, en vez de mandar al reportero que siempre enviamos para estas ocasiones. ¿Por qué? ¿Sabías que iba a ser la propia Regina quien hablase?''
August miró a 'Regina', casi sorprendido de que Emma pudiera llamar a la Presidenta de los Estados Unidos por su nombre de pila.
''Eh, sí, Belle me llamó esa mañana,'' confirmó él. ''Me dijo que la presidenta estaría en el estrado dando el comunicado. Comprendí que le daría un poco de profundidad a tu programa.''
Emma miró a Regina. La morena sonrió ligeramente, agradecida y aliviada de que su novia se hubiera quedado con su ética y no hubiese informado sobre la historia política más grande del año. Al menos, esperaba que eso continuara así y que esa historia no se viera sobrepasada por las muertes de la nueva novia de la presidenta y su hijo.
''¿Le llamó?'' dijo Graham, volviendo a su interrogatorio. ''¿Tiene su número de teléfono?''
''Por supuesto,'' contestó August. ''Así es como me dijo dónde encontrarme con ella.''
''Hemos investigado sus llamadas telefónicas,'' dijo Graham. ''No pudimos encontrar ningún número relacionado con Belle.''
August rodó los ojos. ''Ya, claro, por supuesto que no doy mi número personal a las fuentes confidenciales. Era un teléfono de prepago. Los uso todo el tiempo.''
''¿Todavía lo tiene?'' preguntó Graham.
''Sí, creo que si,'' dijo August. ''Tengo muchos.''
''Vamos a necesitar ese teléfono,'' dijo Graham. ''Pero volvamos a ese día en el parque. Después de que ella le contara todo, ¿qué sucedió?''
August se quedó pensativo. ''Se fue,'' dijo. ''Yo había ido allí en coche y cuando me di cuenta de que ella había venido caminando me ofrecí a llevarla. En esos momentos estaba chispeando y hacía mucho frío. Me sentí mal. Además, acababa de darle una bolsa llena de dinero en efectivo y no sabía si había alguien mirando. Accedió a acompañarme hasta donde tenía el coche aparcado y se metió dentro.''
''¿Donde la dejaste?'' preguntó Graham.
''No muy lejos,'' dijo August. ''Condujimos a cinco minutos de la Ruta 66, hacia Vienna. Me dijo que me parase antes de dejar atrás una escuela. La casa no era nada del otro mundo pero había un lujoso coche aparcado en la entrada. Recuerdo haber pensado que era raro que no hubiera conducido hasta el punto de encuentro. Si yo tuviera un Audi como ese, iría en coche a todos lados.''
''¿Recuerda qué modelo era? ¿O el nombre de la escuela?''
''Era un R8,'' dijo August, sin dudar. Ese coche había sido su preferido desde que había salido al mercado. ''Y respecto a la escuela, no sé, pero no había mucho más que cinco minutos de la escuela al parque. No creo que haya más, ¿no?''
''Vamos a seguir necesitando ese teléfono de prepago,'' dijo Graham, levantándose. ''¿Dónde está?''
August le contó en qué sitio de su despacho tenía guardados los teléfonos. Graham asintió dándole las gracias, y se excusó para abandonar la sala. Estaban cerca, podía notarlo. Iban a encontrar a Belle y Gold y a eliminar la amenaza que había sobre Emma y Henry. Después de tantas semanas y meses no había podido evitar cogerle cariño a esos dos. Y había jurado proteger a Regina con su propia vida. Y eso, también incluía proteger su mandato y su corazón.
La mujer también podía notar que estaban haciendo progreso. Por fin. Esta era la pista que los llevaría hacia Belle y el señor Gold. Una vez supieran donde se encontraban, la amenaza desaparecería. Emma y Henry estarían a salvo.
''Así que, ¿ahora qué?'' preguntó August, mirando a la pareja.
''Tendrá que quedarse aquí,'' dijo Regina. ''Haré que lo acompañen a su habitación, donde podrá comer y beber algo. Emma y yo iremos a preparar cómo dirigirnos a la prensa.''
''¿Por lo de la amenaza de muerte?''
''Sobre nuestra relación,'' dijo Emma. ''Vamos a hacerlo público.''
''¿Hoy?'' dijo August, con las cejas alzadas. ¿No tenían suficiente ya con lo que estaba sucediendo como para crear otro escándalo político?
''Íbamos a hacerlo la semana que viene,'' dijo Emma. ''Iba a hablar contigo el próximo lunes sobre una nueva idea para el programa, antes de la rueda de prensa. Quería decírtelo yo en persona, como habrás podido comprobar. Cuando todo el mundo sepa lo mío con Regina, cualquier tipo de imparcialidad que hayan podido tenido hacia mí se verá perdida.''
''¿Tienes un nuevo programa en mente?''
Emma asintió. ''Y a una nueva productora ejecutiva. Muy independiente, por cierto.''
Regina rió con malicia. Zelena había sido muy clara en cuanto al nuevo programa de Emma: esa idea sólo sería viable si ella se convertía en un miembro fijo del equipo de producción. La presidenta no estaba segura de si su publicista iba a ser capaz de llevar a cabo sus dos roles, pero también esperaba que la necesidad de tener Zelena a su lado se viera reducida una vez todo estuviera resuelto.
''Bien,'' dijo August. ''Bueno, pues entonces no puedo esperar a escuchar esa idea.''
''¿Significa eso que no estoy despedida?'' preguntó Emma.
August dejó escapar una risa. ''Sabes tan bien como yo que la cadena no te despedirá, Emma. Eres nuestra mejor correspondiente política y tu programa tiene la audiencia más alta de todos los programas que comparten el mismo formato que el tuyo. Puede que me molestase la forma en qué trataste la historia del divorcio, pero al menos ahora entiendo por qué lo hiciste. Y si de verdad quieres presentarme una opción alternativa, no sé porque no deberías seguir con el Show de Swan. Supongo que ahora tendrás acceso a invitados con mucho más caché.
Sus ojos se posaron en Regina, quien estaba asintiendo con la cabeza. Ya habían hablado sobre esa posibilidad y Regina había aceptado a hacer apariciones más regulares en el programa. Si esto iba a ir sobre cómo funcionaban las políticas de EEUU, entonces era de esperar que la presidenta apareciera con frecuencia. Además, Emma ahora tenía una variedad diferente de tácticas con las que poder persuadir a Regina para que apareciera. La mayor parte de esas tácticas se basaban en conseguir que las dos estuvieran desnudas.
''No pretendo ser grosera y despacharlo, señor Booth,'' dijo Regina. ''Y ciertamente aprecio que haya sido de gran ayuda con la información que nos ha proporcionado. Con suerte seremos capaces de asegurarnos de que Emma y Henry ya no estén en peligro. De todos modos, Emma y yo tenemos que preparar el comunicado de prensa. No es algo muy común que la presidenta haga una comparecencia y le cuente al mundo que tiene una relación con una mujer. Mi consultora política está a punto de llegar para ayudarnos a prepararnos para el inminente escándalo.''
A pesar de que August lo entendía, y sabía que lo mantendrían en la Casa Blanca durante horas, no podía evitar estar ligeramente molesto de perderse la repercusión del comunicado. Regina tenía razón, esto iba a dar paso a noticias sin precedentes y él no iba a estar ahí en la cadena para ver cómo se emitían.
''Lo entiendo, pero tengo una petición para usted,'' dijo August. ''Al ver que he cooperado sin problemas, como ha podido ver, me preguntaba si podría tener la exclusiva del chantaje.''
Regina le echó una mirada a Emma. ¿Es que este hombre no dejaba de pensar en su trabajo? Ellas dos ni siquiera habían discutido sobre los detalles del chantaje. Si todo se podía solucionar en silencio, entonces no había ningún motivo para que la gente supiera que había sucedido.
''Cuando todo se haya resuelto y estemos seguros de que Emma y Henry están a salvo,'' dijo Regina después de unos segundos, ''¿qué le parece si hago una aparición en el programa de Emma, en su formato habitual, explicando lo que pasó? Podemos utilizar esa oportunidad para dar paso al renovado enfoque que podría tener el nuevo programa.''
''Trato hecho,'' dijo August, alzando la mano para darle un apretón a la de Regina. ''Asumiendo que yo acepte la propuesta de Emma, claro.''
''¿Y si la aceptaras ahora mismo?'' sugirió Emma.
August rió. ''Ni de coña, Swan. Esperaré hasta que me presentes los documentos de propuesta, gracias.''
Regina se levantó y se movió hacia la puerta. A uno de los agentes de Graham se le asignó que condujera a August hacia una sala sin ocupar para que le dieran de comer. Insistió en que no le dejaran solo. Puede que August les hubiera ayudado pero aún formaba parte de los medios y ella no quería arriesgarse a que se filtrase la historia antes de que la Casa Blanca estuviera preparada.
Una vez estuvieron solas de nuevo, se sentó en el sofá con Emma y dejó escapar un profundo suspiro.
''¿Estás bien?'' preguntó Emma, preocupada.
''Exhausta,'' admitió Regina. ''Y asustada. Pero nos estamos acercando, ¿no?''
Emma se acercó más y rodeó a Regina con sus brazos. ''Estaré bien, ya lo verás. Garaham va a seguir el rastro de esos dos locos y Henry y yo estaremos a salvo. Podremos volver a nuestro apartamento y todo volverá a la normalidad.''
''No quiero que vuelvas allí,'' dijo Regina con la voz amortiguada por los hombros de Emma.
La rubia se quedó de piedra. Regina, al notar lo que había dicho, se separó, pidiendo disculpas. ''No quería decir...no estoy diciendo que...no te estaba pidiendo -''
''Regina, me encanta estar aquí contigo,'' la interrumpió Emma, sin necesidad de esperar a que la morena acabara sus frases porque había entendido perfectamente a qué se refería. ''Te quiero. Pero ahora mismo no puedo mudarme. Tengo que pensar en Henry y también en el hecho de que ser la pareja de la presidenta me convertiría en la primera dama. Lo siento pero no estoy en una posición como para poder dejar mi carrera y aceptar ese rol. Todavía no.''
''Ya tengo a alguien que hace el rol de primera dama,'' remarcó Regina. Después de que Robin se fuera, las tareas que debía de haber realizado el esposo de la presidenta habían sido reasignadas. ''Pero lo entiendo. Y no te estaba pidiendo que te mudaras conmigo. Simplemente que te echaré de menos cuando te tengas que ir.''
''Yo también te echaré de menos,'' le aseguró Emma. ''Aunque prefiero pasar el tiempo contigo porque queremos, no porque alguien está amenazando con matarnos.''
A pesar de oír eso, Regina soltó una seca carcajada. ''Estoy de acuerdo en eso. Pero ahora, ¿podemos volver a lo que vamos a decirle a la nación entera sobre nuestra relación?''
Recordando lo que debían hacer, Emma asintió. ¿De verdad iba a plantarse frente América, frente al mundo entero, y anunciar que tenía una relación con la Presidenta de los Estados Unidos? Miró a Regina, quien ahora repasaba las cortas anotaciones que ya habían hecho para la conferencia de prensa, y al verla sintió que su corazón latía más rápido.
Había sido toda una revelación el saber que Regina usaba gafas para leer. A pesar de la situación en la que se encontraba, verla con esas gafas le hacía sentir un calor entre sus piernas. Pero no era la pura pasión que sentía por Regina lo que hacía latir el corazón de Emma. No, era la sobrecogedora y maravillosa sensación de cariño que podía sentir cada vez que miraba a su novia o pensaba en ella.
''Vamos a ello,'' dijo Emma, inclinándose para revisar las anotaciones de Regina mientras se ponían manos a la obra y elaboraban un borrador con todos los detalles que darían en la conferencia de prensa que había programada en menos de una hora.
