HAPPY LIFE: ICE AND GOLD

CAP 37

"La finalidad de todas las cosas"

Ambos chicos observaban hacia el frente con una expresión neutral y casi perdida en sus pensamientos

Detrás, el amanecer marcaba la espera mientras que unos pocos shamanes esperaban la hora de marchar, incluyendo a los dos Asakura y los suyos; por delante, quienes les despedirían en su nueva travesía estando Jun por delante con gesto de preocupación y con los brazos por delante, sosteniendo algo contra su pecho como si fuese demasiado importante como para soltarle; el silencio era bastante pesado como para ser soportado solamente porque sí, pero hacían su esfuerzo por que no querían convertir aquello quizá en un escenario que no les traería nada positivo

Aquello, iba a ser el último estímulo de fuerza que recibirían no sabían en cuanto tiempo puesto que las probabilidades jugaban en su contra

Y al mismo tiempo…

No podían hacerse hacia atrás. No había posibilidades de perder. O seguían adelante con aquello… o iban a perder todo para siempre. Su plan original no había incluido aquella opción, esa donde las probabilidades de muerte eran casi totales e iban a tener que esforzarse para ganar por encima de todas las cosas, porque lo contrario solamente significaba desaparecer; incluso si solo tuvieran que hacerlo ellos… pero no, si algo malo ocurría, era el fin en general para todo lo que conocían

Al final, resultó que su presencia en el torneo a pesar de que habían tomado la decisión de abandonar no iba a ser desperdiciada y que de haberse ido antes, lo hubiesen lamentado profundamente al no poder tratar de ayudar para dar una oportunidad de vida al único motivo por el que lucharían con uñas y dientes, por volver.

Por la mente de ambos shamanes corría una y otra vez toda la historia de su vida hasta aquel momento y se podía vislumbrar en sus ojos

Un poco más atrás, Yoh Asakura les observaba con gesto serio, dándose cuenta de lo difícil que debía de ser tanto para Horohoro como para Ren decir adiós de aquella manera, estando casi seguros de que no habría un regreso y que era muy probable que no volviesen a ver la familia que habían creado nunca más; los ojos castaños del chico bajaron con pesadumbre, el jamás hubiese deseado que aquello por lo que tanto se habían esforzado fuese a tener una duración tan corta o que resultase en el más doloroso de los adiós, pero los caminos los habían arrastrado como las olas del mar a la arena, hasta aquel momento

Se sentía con la culpa aferrándose a sus tobillos y tratando de hundirle en el suelo, donde ni aún con su muerte podría expiar el daño a sus mejores amigos; les había visto conocerse, amarse desde el primer instante, ir cortando los cables de la inseguridad que los mantenía apartados, avanzar… ser capaces de ver la luz en los ojos del otro…

Crecer… volverse una familia…

Y ahora todo ello les iba a ser arrebatado por su necedad y su empecinamiento de salvar a su hermano cuando ellos no tenían el por qué arriesgarse de aquella manera y cuando era su culpa en principio (aunque aún no comprendía el por qué), de que Hao siguiese con vida; y aún así, les agradecía profundamente el que lo acompañasen hasta el final del camino pero deseaba que no lo hiciesen. Era cierto, necesitaban de cada gramo de fuerza para enfrentar a su hermano gemelo, pero…

Allá dónde se encontraban, Ren se acercó a Jun que hizo lo mismo y finalmente la mujer le pasó aquel bulto apretado que había estado sosteniendo contra su pecho.

El bebé más diminuto que hubiesen visto nunca, se asomaba muy apenas por entre aquellas gruesas telas que le proporcionaban calor y sus pequeñas manos se cerraban cerca de su barbilla mientras que mantenía los ojos cerrados y emitía un suave gemido; habían pasado un par de meses desde su nacimiento, uno desde que les dejasen llevárselo del hospital pero a su parecer, la criatura seguía siendo tan pequeña como una muñeca de juguete. El Tao le abrazó contra su pecho y colocó una de sus manos en la parte trasera de su cabecita que comenzaba a mostrar trazas de cabello azul oscuro aunque todavía no era muy abundante y finalmente, el pequeñito abrió los ojos para clavarlos en sus padres, dado que Horohoro se había acercado y se asomaba por encima del hombro de su esposa.

La piel del bebé aún era delgada y muy pálida y sus pestañas y ojos apenas estaban comenzando a dar muestras de color, que por lo que parecía, iba a ser del mismo tono que su cabello

Por lo general lo mantenían dentro de una habitación para que se mantuviese cálido y con cuidados especiales… pero aquel día, era una situación muy excepcional. El pulgar del chico de ojos dorados acarició la piel de la cabeza de su hijo, que le sonrió con tal amor y cariño que el corazón del chico se contrajo por aquel gesto; su cuerpo y su mente gritaban en dolor al saber que tendría que abandonarlo cuando seguramente aún no le recordaría si es que fallecían y sintió aún más pesar a sabiendas de que para Horohoro, el hecho de ser padre le había significado algo tan importante.

Y era lo mismo para él

Amaba a su hijo, amaba completa y ardientemente a su familia recién formada y le mataba de forma lenta y tortuosa el destruirla de aquella manera cuando recién se estaba iniciando; sus ojos se humedecieron sin dejar de ver a su bebé que abría y cerraba los diminutos deditos de delicadas uñas intentando tomarle al tiempo que les sonreía a ambos como si fuesen lo único que deseara ver por siempre

Algunos de los presentes apartaron la mirada por lo que entendían, era un momento realmente pesado para los recién padres que ahora, tenían que decir adiós.

Horohoro se apoyó levemente sobre la zona entre el hombro y el cuello de su pareja mientras que Ren finalmente, alzó a su hijo para besar su frente con cuidado y luego, abrazarle contra sí sin decir una sola palabra; el ainú movió sus brazos hasta poder rodear con estos al chico de ojos dorados y al bebé, dándoles un ligero apretón y luego, besando con cuidado la mejilla del otro chico que parecía casi congelado por lo que estaba a punto de suceder

-Tranquilo…

Musitó el de ojos negros con un reflejo agotado en estos

-Volveremos. Regresaremos a su lado, lo veremos crecer y tener una larga vida- aseguró el chico de cabello claro levantando una mano para también acariciar la cabeza del pequeño que seguía observándolos con silenciosa adoración

Quizá nunca le escucharían hablarles, decir "papá" o "mamá". Muy probablemente, le habían condenado a estar en un mundo donde las cosas que ellos conocían ya no existirían y nunca sabría, que sus padres intentaron luchar por evitar que el mundo fuese así; tal vez… ni siquiera sería capaz de reconocerles en una fotografía; tantos pensamientos de aquel tipo les herían pero no querían al mismo tiempo, que eso fuera lo último que su niño recibiese de ellos

Ren Tao levantó a la pequeña criatura a la altura de sus ojos y sonriéndole con suavidad, pegó su frente a la del bebé

-Te amamos

Susurró suavemente al tiempo que el Usui sonreía suavemente… y entonces, una risa cínica y divertida se escuchaba

-No deberían preocuparse tanto…- Hao Asakura, cerca de algunos de sus seguidores les observaba de lado lo que provocó que el resto de shamanes presentes le viesen con frialdad- tienen razón en lo que piensan: no van a regresar. Quizá me muestre benevolente y le deje vivir como uno de mis seguidores… quien sabe…

-En ese caso, mátale de una vez

Los ojos del ainú se volvieron tan fríos como el hielo de su oversoul y brillaban en ira, observando al Asakura de cabello largo que compuso un gesto levemente serio; por su parte, Yoh parecía repentinamente horrorizado por las palabras de su amigo, como si no pueda creerlo

-Horohoro!

-Él tiene razón, Yoh

Esta vez fue la voz de Ren la que se dejó escuchar con seriedad, aún entre los brazos del shamán de hielo mientras mecía contra su pecho al bebé que solo veía a los presentes con expresión de no entender nada; el chico de ojos dorados bajó muy apenas los párpados, demostrando su firmeza ante lo que había dicho y por una vez, ya no estaba tan emocional

-Una existencia donde sea torturado día y noche para servir como simple juguete de un sujeto que cree que la vida es solo un grupo de hilos para utilizar a los demás como si fueran títeres a su conveniencia?… pfffe

El Tao pifió fastidiado, entornando los ojos

-No es la vida que deseo para mi hijo. Le es mejor el pasar al otro mundo con nosotros que permanecer en un sitio dirigido por alguien como él- gruñó observando con odio al líder del equipo de la estrella, que entornó los ojos aún sonriendo

-Vaya!... pero qué padres tan egoístas, hablando de preferir a su hijo muerto en lugar de darle la oportunidad de tomar la decisión de vivir en un mundo donde no sería menospreciado por sus poderes- dijo Hao con un tono de voz melódico- tanto así les puede el perder contra mí?

-No. Tanto así amamos como para saber que no queremos que sufra en un lugar donde gobierne un monstruo como tú

Espetó Horohoro sin dejar de clavar sus ojos empequeñecidos y salvajes en quien en aquellos momentos, era su rival y les observaba con gesto de superioridad… y quizá, un enojo que aunque no se notaba en sus facciones, ahora se sentía en el aire; la pequeña Opacho infló los mofletes y se inclinó hacia ellos

-El señor Hao no es un monstruo!

-Tranquila… no pasa nada…- calmó el Asakura sonriendo suavemente para después, darle la espalda al equipo de aquellos shamanes, siendo que Ren viró el rostro sin dejar de ver de reojo por donde se alejaba aquella persona y Horohoro, aún se mostraba tenso y como si estuviese a punto de correr a por el cuello del shamán de fuego; Yoh parecía más angustiado que nunca, no se hubiera imaginado a sus amigos diciendo aquellas palabras tan duras… pero…

-Eso fue horrible…

Manta que había ido con los demás a despedir a su amigo, parecía demasiado impactado

-Cómo pueden decir eso de su propio hijo?- inquirió con un tono de voz agudo y casi decepcionado, mientras que Yoh bajaba levemente los párpados

-Es verdad- asintió el chico de los auriculares mientras que nuevamente, los ahora padres volvían su atención al bebé y a la familia del Tao que se acercaba para poder recibir al pequeño que volvía a quedarse algo dormido en el abrazo de su madre- lo que han dicho… ningún padre debería decirlo sobre sus hijos

Musitó con algo de tristeza para después, dejar salir un suspiro y sonreír comprensivo

-Pero se trata de Ren y Horohoro. Ambos vienen de familias donde los hijos eran obligados a llevar una vida que no deseaban para sí mismos… saben a su manera, lo que es estar atrapados en una situación dónde no tienen mucha elección y Ren más que nadie, sabe lo que es ser forzado y torturado para ser moldeado en contra de tu voluntad… quizá no ha sido la mejor forma de expresarlo, pero lo que ellos desean para su hijo, aparte de vida es libertad

Cerró los ojos mientras que la brisa marina movía su cabello

-Sé que ellos más que nadie… aman intensamente a su hijo y nunca harían algo que lo lastimase. No quieren que muera… pero tampoco, quieren que sufra. Debe de ser algo bastante difícil de entender y más aún, de sopesar dadas las probabilidades de que mueran. Debe ser el adiós que más deben de estar sufriendo

Volvió a verlos y el Oyamada, hizo lo mismo

-Supongo que tienes razón- dijo por lo bajo para luego, ver de reojo a su amigo- pero si volverán a verlo… verdad?

-Hmm… - el Asakura pareció meditarlo para entonces, sonrió con los ojos cerrados y rió- sí, yo creo que sí… después de todo… -volvió a ver en dirección de sus amigos que volvían a sonreír un poco y besaban por última vez a su retoño- ellos más que nadie, tienen una poderosa razón para volver

Musitó

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Distrito de Shirokanedai, Tokyo, tres años más tarde

Unos pequeños pasos golpeteaban la tierra que se mostraba en un espacio no muy grande, antes de los límites de las sombras de un extenso bosque del que no se alcanzaba a ver el final; en las zonas donde alcanzaba a llegar la luz del sol, algunas plantas y vegetales se dejaban ver dispuestas de manera que se formaban algunos curiosos caminos que era evidente, que respondían más a estética que a funcionalidad: quien los estuviera haciendo, aún se encontraba en proceso de aprendizaje o simplemente, quería que se vieran bien.

Por lo menos las fresas cubiertas por un furyoku protector lucían excelentes

Debajo de un árbol de buen tamaño, un muchacho apoyaba la mano sobre el tronco y observaba hacia la parte superior como si algo le preocupase al tiempo que un espíritu pequeño revoloteaba a su alrededor, haciendo unos pocos sonidos inteligibles pero a los cuáles, aquella persona asentía de vez en vez

-Sí, sí… no es mala idea, no recuerdo de alguien que tienda redes entre los árboles más espesos para sembrar en ellas… solo haría falta proteger las plantas de los vientos más fuertes allá arriba y recibirían bastantes nutrientes por luz y lluvia

Comentaba el chico, terminando por dejar ver una sonrisa satisfecha a tiempo que metía una mano libre en el bolsillo de sus shorts grises flojos hasta las rodillas

La brisa fresca del bosque se movió entre los troncos que le rodeaban y movieron con suavidad los cabellos sueltos y claros de aquel shamán que muy poco reflejaba de sus experiencias vividas en el pasado y mucho menos, de la vida que de principio debía de haberle tocado vivir; contrario a lo que los Grandes Espíritus habían exigido, lo que más se destacaba en aquella persona era el brillo de su mirada, que lejos de convertir el negro de sus ojos en algo reflejo de oscuridad, parecían relucir en vida y felicidad

Un aroma a pino, producto de unos pocos árboles de aquel tipo, exportados por decoración llegó hasta donde aquel chico y su espíritu se encontraban, deteniendo al mismo tiempo al otro ser que había corrido a través de aquellos senderos invisibles tan solo por encontrarlo

Al parecer y de alguna manera, el crujido de las ramitas y las hojas que se había detenido tan de pronto había llamado la atención de Usui Horokeu, que retiró la mano del árbol que había estado tocando para resguardarla como a la otra en aquellos pantalones cortos y luego, voltear a ver a quien en aquellos momentos observaba los alrededores, encantado por el perfume de las hojas de pino que lo rodeaban todo y sonreía abiertamente a la nada

Mientras el recién llegado se viraba con suavidad, la mirada del shamán se suavizó enternecida

Tal vez solo contaba con tres escasos años, pero Usui Xian ya daba reflejos de la clase de chico que sería en cuanto fuese mayor y ello en cierta forma, emocionaba y preocupaba a su padre que le observaba cómo el pequeño cerraba los ojos y extendía los brazos hacia los lados; para Horohoro, el niño tenía mucho, demasiado de su madre en cierta forma aunque a rasgos grandes no se parecía a ninguno de los dos: había sacado la delicadeza de Ren en cuanto a aspecto, algo que el Tao odiaba bastante cuando su esposo se lo hacía ver pero que de todas maneras, se reflejaba tanto en el shamán de ojos dorados como en su retoño por las facciones suaves del rostro, la manera de moverse que siempre era fina y elegante sin importar la situación y la inteligencia que el Usui siempre aseguraría, no venía de su parte

Sin embargo aún con ello, el crío no podría ser más diferente de sus padres: su cara era un poco más redonda que la de Ren mas sin llegar a la dureza de facciones de su padre. Sus ojos, eran más grandes que los de sus progenitores y la forma de su cuerpo, aunque recordaba a la del chino no llegaba a tener las curvas de este.

De igual manera, la forma del cabello apenas y tenía algún detalle que hiciese recordar a los rebeldes mechones del ainú, pero era un algo tan insignificante que a duras penas era notado ante el corte suave y redondeado que llegaba por debajo de las orejas del chico, casi a modo de tazón; ni siquiera el color de ojos o de cabello correspondía a ninguno de sus padres, no era ni tan oscuro como el del Tao ni llegaba a ser claro o negro como el del Usui. Aunque era obvio que se trataba del hijo de ambos, al mismo tiempo, era como si hubiese nacido por parte de cualquier otro padre o heredado características de algún antepasado que ninguno conocía.

Pero ello no impedía que tanto Ren como Horohoro le amasen con toda su alma y que le hubiesen mantenido en mente, aquel fatídico día de la final en la pelea de shamanes

Ese día, en que cada movimiento que hiciesen fuese tan terriblemente cuidadoso y desesperado, que descolocó tanto a sus compañeros como a los propios apaches que no contaban con aquel giro en el ímpetu e impulso de ambos guerreros, que lo único que tenían en la cabeza era vencer y regresar a donde estarían con su nueva familia; no que hubiese sido tan significante como para evitar el final que ya era un hecho, estando Hao a la cabeza del mundo… pero si lo suficiente como para que sus vidas no se viesen tan cortadas como era un plan inicial

Y al final del día, lo único que había importado aparte del hecho de que ambos estaban juntos… era que habían regresado al lado de su hijo

A sus 18 años… Horohoro sabía que no podía pedirle nada más a la vida, a los espíritus o a cualquiera que fuese el ser (menos Hao), que le hubiese concedido semejante oportunidad de felicidad. Se acercó al pequeño de enormes ojos azules que se detuvo de lo que hacía para voltear hacia el joven adulto que una vez que estuvo delante del niño, se agachó de cuclillas frente a este con una sonrisa divertida

-Qué te he dicho acerca de venir al bosque a solas y tan lejos?

Inquirió el ainú que a pesar de todo, no se veía molesto en lo absoluto; levantó una mano y la movió sobre la cabeza de su hijo que la encogió levemente, aún sonriendo y cerrando los ojos hasta que finalmente el de mayor tamaño la retiró para dejarla descansar entre sus piernas abiertas

-Lo siento

El pequeño Xian se rió suavemente lo que provocó un brillo de mayor cariño por parte de su progenitor, en el hombro del cuál se sentó su mochirei

-Pero mamá me ha enviado- se explicó con los brazos levemente abiertos hacia los lados de su cuerpo, observando con amor y admiración al adulto de la playera blanca que parpadeó una sola vez- dice que es hora de comer y que debes de lavarte

Horohoro parpadeó una vez para luego, emitir un suspiro y rascarse la base de la nuca

-Bueno… supongo que cuando se trata de una orden de tu madre no es mucho lo que yo pueda hacer- respondió el joven con los ojos cerrados y gesto resignado, provocando las pequeñas risas de su retoño

-Papá… te ves gracioso

-Pues no más que tú- replicó el Usui alzando las manos para voltear el cabello de su hijo por encima de los ojos de este, haciéndole reír aún más para luego, alzarle en el aire y después colocarlo sobre sus hombros al tiempo que la voz del pequeño resonaba por todo el lugar

-Papá!- gritaba el pequeño tratando de regresar su cabello a su lugar mientras que el de mayor edad le hacía saltar un poco

-Qué? Tu mamá no te ha entrenado lo suficiente como para saber defenderte de las personas malas como yo?- preguntó el de cabello claro observando al niño de reojo al tiempo que le sostenía de las diminutas piernas y el chiquillo, le colocaba las manos en la cabeza

-No… porque dice que eres tonto- dijo el niño viendo con alegre interés a su padre, que había hecho un puchero con los labios y dejaba caer los párpados a la mitad de sus ojos, convirtiendo estos en un par de pequeños puntos

-En verdad dice eso?

-Pero yo no lo creo…- añadió el pequeño Xian alegremente- yo pienso que eres muy inteligente!

-Ja! Obviamente que lo soy, si tú lo sabes es porque así son las cosas- dijo Horohoro cerrando los ojos y alzando el rostro con seguridad; un momento después, comenzó a andar rumbo a su hogar- vale… vayamos a casa antes de que mamá se enoje y no nos quiera dar de comer

Dijo

En verdad… la vida al final, había resultado bastante buena. Y tomando en cuenta que su hijo debía de haber crecido con varios problemas de desarrollo al haber sido prematuro, mostrándose sin embargo cada vez mas grande y fuerte, solo podía clasificar su situación como perfecta, casi idílica

…..

Una casa gigantesca y de madera sobresalía al final del bosque, casi como si hubiese sido insertada en el país equivocado.

A pesar de los materiales que la componían, lucía bastante elegante en una mezcla entre lo rústico y lo tradicional de china, con techos altos, rojizos y curvos en las esquinas; solo tenía dos pisos pero aún así, era enorme y desde el exterior parecía que tuviese tres pisos o más. Y era tan amplia como alta. Desde la parte posterior que daba hacia el bosque y los pequeños espacios para sembrar vegetales no se podía notar como la parte frontal conectaba con la calle principal de una larga avenida donde había casas de corte más tradicional japonés

Quizá esa era una de las cosas que más le gustaba al ainú acerca de su hogar: que el simple hecho de atravesarlo, parecía hacerle viajar entre el campo y lo moderno sin tener que estar peleado lo uno con lo otro; no solamente funcionaba como un pequeño homenaje a Damuko sino que al mismo tiempo, era reflejo de que podía mantener a su familia de una forma acomodada y que no necesariamente, tenía que ser costoso. Además… la otra cosa que lo maravillaba de aquella casa, aparte del hecho de que vivían de manera bastante cómoda y tranquila, se encontraba en aquellos instantes aguardando su regreso desde la puerta del patio que daba al interior

Tao Ren (ahora Usui) se encontraba de pie en el dintel de la puerta con un gesto neutro, observando al muchacho que se acercaba con el niño en hombros y una sonrisa cada vez más amplia solo por el hecho de observarle

Esa mirada intensa provocó un rubor muy leve sobre las mejillas del joven de ojos dorados… que descansaba una mano sobre un vientre bastante prominente que cubría una túnica oriental en tonos azules opacos; se veía bastante agotado pero de todas maneras, dada su naturaleza se había estado negando a descansar más de lo estrictamente necesario aunque al menos ya no era él quien le iba a buscar en aquellas ocasiones, cuando su pareja se iba al bosque a sembrar o a revisar los pequeños plantíos.

Pero al final de cuentas, siete meses de embarazo seguían siendo un tiempo muy considerable. Y esperando gemelos, aún más.

-Mami!

Horohoro alzó de las manos a su pequeño hijo para pasarlo por encima de su cabeza y después, le hizo descender por delante hasta que la pequeña criatura ya comenzaba a correr en dirección del shamán de la lanza, que sonrió muy suavemente y con cuidado se reclinó conforme su hijo llegaba delante y le abrazaba de las piernas; el joven de cabello oscuro acarició la cabeza del pequeño que reía y le apretaba con amor y que un momento después, alzó la vista y emitió un quejido alegre

-No puedo verte… estás muy grande!

-Si… tus hermanos estorban bastante, ya va siendo hora de que salgan, verdad?- respondió el Tao con un tono suave y cariñoso de voz recibiendo como nueva respuesta otra risa de su hijo para luego, alzar la vista a su esposo que cada día, se ponía más alto

Era impresionante lo mucho que el ainú había crecido en tan poco tiempo; no era como que él tampoco hubiese dado el estirón pero casi estaba seguro de que como siguieran pasando los años, no tardaría en al menos rozar los dos metros de altura. El de ojos negros sonreía ampliamente con las manos ahora en la cintura y luego, se inclinó para colocar estas a los lados del enorme vientre de su pareja y pegar los labios a la zona más sobresaliente de este

-Se han portado bien?- les murmuró con la boca sin despegar para después, depositar un par de besos en dos zonas diferentes y luego, alzarse cerca del otro que le veía en silencio- no puedo evitar esa sensación cada vez que me despierto y te veo así de enorme…

-Cuál de todas?- frunció el ceño Ren a pesar de no estar molesto- esa de cuando estuvimos tantos días juntos que dijiste que como no paráramos, iba a tener más de un niño?... cuando nos enteramos de que ellos venían en camino y gritaste que teníamos que construir más habitaciones en la casa?... –se rió con cinismo de lado- o cuando dijiste que no le dijéramos a Yoh porque si se enteraba su familia, nos querrían matar a uno y nos atontarían al otro?

-Vaya…- Horohoro frunció el ceño y se rascó la nuca- en verdad te acuerdas de todo eso?

-Llevo una lista con cada tontería que has dicho durante los últimos cinco años –respondió el chico de cabello cada vez más largo

El Usui compuso un gesto de fastidio… para entonces, enderezarse bien y acercarse a su esposa, que sonrió con suavidad y le colocó las manos en el pecho al tiempo que el más alto recortaba la distancia entre ambos, para tomar sus labios con suavidad y luego, con un poco más de firmeza y pasión; Ren levantó sus brazos hasta pasarlos por su cuello y profundizar de manera más intensa aquel intercambio de alientos al tiempo que el niño de ambos solo se daba el tiempo para darse cuenta del estado de sus padres y entonces, acercarse a una de las macetas de barro al lado de la puerta y entretenerse observando las flores

Siempre parecía que conforme más tiempo pasaba, la fuerza del amor que les unía ambos solo se hacía más intensa.

Eso no significaba que no peleasen o discutiesen. Claro que lo hacían! Era parte de sus personalidades, una que no pensaban asesinar solo porque estaban juntos, dado que había sido ello justamente lo que los había enamorado en primer lugar; la personalidad ardiente del otro, esa fuerza para defender sus ideas a cualquier costo… lo único que había cambiado para ambos, era que sus miradas ya no reflejaban las sombras de cualquier dolor que hubiesen pasado sino que brillaban con la esperanza y la adoración de que cada nuevo día, despertaban en lo que para ellos, era el perfecto paraíso

Uno donde estaban con la persona que amaban y que no les abandonaría.

Kororo hizo un ruidito divertido flotando cerca del pequeño Xian, que le regaló una florecilla al pequeño mochirei.

-Vamos Xi

Llamó el ainú soltando finalmente el cuerpo de su pareja más entrelazando una mano con la de Ren para después, ingresar en las sombras y el fresco de su casa, donde algo de opulencia daba fe de que el principal decorador del sitio, había sido justamente el chino; pero de todas maneras, las mesas llevaban retratos de la pequeña familia que alegraban las habitaciones y el aroma de los alimentos le daba todavía un calor más hogareño al sitio

"Comida China… ya estoy harto de la comida china, yo quiero unos tacos!"

Horohoro se rió recordando aquella vez durante la pelea de shamanes, que le hubiese reclamado a su pareja el hecho de que siempre los llevase a comer lo mismo.

La pelea entre shamanes

Bajó los párpados mientras que se sentaba en la mesa y observaba a Ren darle algunas cortas indicaciones a su hijo pequeño, que asentía y atendía a todo lo que decía su madre conforme se servían los alimentos para al fin comer; hacía ya tanto tiempo de aquellos eventos y aún no conseguía superarlos del todo.

Las últimas batallas donde tuviesen que enfrentar tantos demonios con cada piso que descendían intentando capturar a ese ser escurridizo de Hao… esos momentos de tensión al creer que después de todo, no había sido tan buena idea bajar al sentir que estaban abandonando a su hijo pequeño a una suerte que no se merecía; el instante en que todo hubiese terminado en una explosión, sintiendo el dolor desgarrador de saber que incluso aunque hubiesen querido, no tenían tanto poder como para salvar nada…

Y entonces, el regreso…

Ni siquiera les había importado que los viesen, los dos habían llorado con fuerza mientras abrazaban a su bebé una vez todo había terminado y se habían jurado, nunca más dejarle lejos, jamás abandonarlo y siempre ser los mejores padres que pudieran ser.

Había sido increíble, descubrir que había cosas más importantes que la vida misma

Prioridades

Y la suya… en aquellos instantes, bromeaba con su madre y cerraba los ojos, dejando que su cantarina voz lo llenase todo; Horohoro sonrió suavemente y el aroma de pino se mezcló con el de la comida al ingresar una suave brisa por la ventana del comedor en la cocina donde solían comer, por el simple hecho de que les parecía algo más cómodo y más cálido que si lo hicieran en el comedor principal

Ren parpadeó un par de veces y volteó a ver con algo de inquietud al shamán de hielo, que se apoyaba en el envés de sus manos y no dejaba de verles

-Qué sucede? –preguntó el joven, provocando una pequeña risa por parte del ainú

Hacía tiempo que había dejado de llamarle "imbécil". No siempre, después de todo, no sería Ren si no le insultase de vez en cuando pero desde que el pequeño Xian le hubiese repetido alguna palabra cuando aprendiese a hablar, ahora se cuidaba en cierta forma de decir palabras que él no consideraba aptas para que sus hijos las conociesen; quizá solo era cuestión de que con el tiempo se relajase de nuevo y volviese a llamarlo como antes, pero por lo pronto, disfrutaba mucho de esos pequeños gestos que le indicaban que el Tao, se resistía a su naturaleza

-Te amo

Respondió finalmente Horohoro provocando un rojo más intenso en las mejillas de su pareja, que abrió mucho los ojos para después, desviar la mirada a otro lado con gesto serio pero evidentemente, halagado; el de cabello claro volvió a reír y entonces, recordó a sus amigos… y entonces, al Asakura

Era una lástima por Yoh, si lo pensaba claramente… algo lo había cambiado durante las batallas contra su hermano, él sentía que algo de su amigo había "muerto" sin que hubiesen sabido cómo y ahora…

Cómo le hubiese gustado compartir aquel tipo de cosas con su amigo. Pero este, les había abandonado.

Mientras que la mayoría de ellos habían decidido que después de tanta muerte, había un valor intangible pero poderoso en lo que tenían a su lado de alguna manera, esa parte del chico que siempre le habían admirado y que los instaba a aferrarse a sus familias, a sus corazones y a quienes amaban… ya no estaba; algo se había retorcido, oscurecido, cambiado en su mente y ahora, la importancia del todo se había vuelto desde su punto de vista, banal y sin ningún sentido

La misma persona que le hubiese hecho ver y valorar el amor de quien era su vida, que le hubiese enseñado a proteger primero que nada a quienes estaban a su lado, a quien debía de acompañar sin soltar en ningún momento sin importar el infierno… esa persona, ya no estaba.

Y dolía

Sin embargo…

Como se hacía con los muertos, él no pensaba dejar de hacer más fuerza por su familia. Mientras volvía a verles, la voz en la juventud de su mejor amigo volvía a hacer aparición y juraba, en memoria de este y de quien había sido, que seguiría todo lo que había aprendido a su lado y que los suyos, su esposa, su hijo y los que estaban por llegar, siempre serían lo primero; el mundo y sus habitantes iban a seguir andando por el camino, continuarían con o sin ellos… y él, tenía primeramente, una responsabilidad que era ante la felicidad de Ren y sus pequeños:

Él nunca les haría falta. Nunca pondría algo por encima de ellos.

"Ya lo ves amigo" pensó sonriendo con suavidad, ante las risas que ahora surgían de un Ren que brillaba con su alegría, sin mostrar más que cicatrices que desvanecían cada vez más con el tiempo que transcurría "tenías razón: no necesitaba un héroe. Solo alguien a su lado. Y no pienso dejar de hacerlo"

Levantó la mirada un poco y sonrió un poco más

Era un día hermoso en realidad. Tendrían que salir de picnic

Y quizá… podría convencer a Ren de hacer algo más, si Xian se tomaba la siesta de la tarde a una distancia adecuada…

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: FIN :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::