NOTAS: Feliz año nuevo a todos. Aquí está el capítulo que prometí antes del pequeño hiatus que me tomaré. Pido disculpas, pero el deber me llama y debo concentrarme estas semanas en los estudios (yo prefiero escribir, pero así es la vida u.u). Hasta el 16 estaré a tope, después puede que tenga algo de tiempo para escribir, pero no es seguro que suba nada hasta el 24 :( Les doy millones de gracias por vuestros comentarios, sois los mejores, y por supuesto, espero impaciente saber qué opináis de este capítulo. Gracias por leerme.


—¡Mientes! —gritó Bo soltando su rostro.

—Es la verdad —dijo Evony jadeando y tratando de sentarse sobre el suelo cuando la súcubo se retiró de sobre de ella.

—¿Cómo quieres que te crea? ¡Lo que dices es imposible! —volvió a gritar.

—Conocí a su padre cuando vino a mí buscando una oportunidad. Era escritor y yo le ayudé a ser reconocido, consiguió una gran fortuna gracias a mí. Él era bastante guapo y nos acostamos un par de veces. Una de esas veces no tuve cuidado y me quedé embarazada. Podría haber sido condenada a muerte, pero no sé, decidí tener ese bebé de todas formas en un arranque de estupidez. Por supuesto que no podía criarlo yo, está totalmente prohibido por las leyes faes, así que se lo di a él. Era el padre, de todas formas, y tenía dinero, una familia y muchas cosas que ofrecerle, aunque se estuviera muriendo por mi culpa; pero pensé que igualmente ella estaría bien. No supe nada de ella hasta que el Ash, de alguna forma, supo de su existencia y me amenazó con revelar mi secreto si no lo dejaba un poco en paz.

—¿El padre de Lauren murió porque te alimentabas de él?

Evony simplemente asintió, colocando su mano sobre sus costillas rotas y aguantando la compostura a pesar del dolor. El rostro de Bo le pareció más calmado y sus ojos habían vuelto a su color marrón oscuro de siempre.

—¿Y ha estado esclavizada todo este tiempo por eso? —volvió a preguntar la súcubo.

—Si se llegase a saber que tengo una hija humana, no solo me matarán a mí, lo cual seguramente te importe bastante poco, también la matarán a ella.

—¿Y por qué no liberarla, apartarla del mundo fae?

—Te di la oportunidad de hacerlo años atrás, y la jodiste —le dijo refiriéndose al suceso de Nadia—. No puedo involucrarme con ella porque podrían descubrirlo, por eso he tratado por todos los medios de alejarla de mí.

—Así que ayudaste a la actual Ash a capturarla para que la ejecutaran porque te querías librar de ella y salvar tu propio pellejo, ¿no? —le recriminó Bo.

—Era la forma de que ella se consolidara en su puesto —dijo bajando la vista al suelo—. Aela como Ash era lo que necesitaba para poder manejar a las Luces, pero ayudé a Tamsin para que salvara la vida de Lauren, no quería que muriera.

—¿Y ahora qué? Tu Ash la mantuvo prisionera sin dejarla salir del complejo de las Luces y Lauren tuvo que huir. Esa loca la está buscando y, posiblemente, si la encuentra, la castigará. Si realmente eres su madre, si te molestaste en tenerla, a pesar de que si la descubrían te hubieran matado, tienes que hacer algo por salvarla ahora.

—Verás, súcubo, no te estoy contando esto para que charlemos un rato como buenas amigas, sino para ponerte a prueba. Necesito que me ayudes y yo le ofreceré protección a Lauren.

—¡Eres su madre! Deberías ayudarla —exclamó histérica Bo.

—Lo haremos así para mantener este secretito oculto: tú me viniste a ver para ofrecerme tus servicios a cambio de la protección de tu amada. ¿Sencillo, no?

—¿Qué servicios? —le preguntó con desconfianza.

—Los servicios en los que tú vas a demostrar que la Ash es una farsante.

—¿Querías a Aela de Ash, pero ahora no? —dijo Bo confusa.

—Soy la Morrigan de nuevo y ella es un maldito dolor de cabeza. La quiero fuera de su puesto.

—No confío en nada de lo que estás diciendo.

-Comprueba toda la información que te he dicho por ti misma, puedo darte todos los detalles que quieras si no me crees, pero no se te ocurra decirle nada a Lauren, si es que su vida te importa algo. Recuerda que tampoco vas a poder esconderla para siempre en el Dal.

Con esa última frase, los ojos de Bo se volvieron a encender azules, amenazantes. Evony solo alzó una ceja, cuestionando su comportamiento. Sin embargo, Bo estaba más preocupada que cabreada. Si la Morrigan sabía dónde se encontraba Lauren, la Ash podría no tardar en descubrirlo y lo último que quería Bo era poner la vida de la mujer que amaba en peligro.

Dirigiéndole una mirada de desprecio, Bo caminó fuera del despacho de Evony sin saber muy bien qué debía hacer, sin creer completamente en las palabras de aquella mujer, pero impactada por lo que le habían revelado.

Los siguientes días pasaron con calma. Kenzi se recuperó con extraña rapidez. Bo estaba demasiado ocupada tratando de averiguar la veracidad de la historia de Evony, como para sospechar que la nueva naturaleza fae de su amiga tuvo algo que ver. La súcubo pasó horas hablando con Lauren y tratando de averiguar más cosas de su pasado sin que ella sospechara por qué estaba tan interesada. Lo cierto era, que cuanto más investigaba, más coincidían los datos que Evony le ofrecía con lo que le contaba la doctora.

Por otra parte, la Ash había abandonado la protección del Santuario por la suya propia, lo cual le dio un respiro a Bo, aunque le inquietaba el silencio que mantenía respecto al tema del atentado. Junto con Tamsin, la súcubo había descubierto que, efectivamente, la caja llegó por error al complejo de las Sombras y que su misterioso remitente quería que llegara al de las Luces y quizá todo eso fue una estratagema para cubrir las pistas de su identidad. Eso no impedía negar el hecho de que había sido Kenzi la que dejó el artefacto en las dependencias de la Ash y podían acusarla por ello. Trick estaba convencido de que tenía que ver con el grupo Dögun, tampoco había nada o alguien más en quien sospechar, aunque a Bo le asaltaba la inquietud de que nuevamente su madre tuviera algo que ver. Tamsin había apoyado la idea del tabernero y Hale se ofreció a averiguar todo lo que pudiera de ese grupo, ya que la valquiria seguía inmersa en la investigación de la muerte de Vex.

A espaldas de Bo, Trick y Lauren trataron de encontrar, sin éxito, alguna explicación lógica a la posibilidad de que Kenzi tuviera habilidades faes. La chica les había pedido que no le dijeran nada a su amiga porque ahora tenía demasiados problemas encima y ella misma quería ser la que le confesara todo a Bo, pero en el momento oportuno, aunque el momento se hacía de rogar.

Hale pasó con Kenzi el mayor tiempo posible, con la excusa de mantenerla vigilada por si la Ash intentaba algo. Ella agradeció su compañía, a pesar de que conocía los sentimientos que él tenía por ella, pero trató por todos los medios de que ese tema no saliera cuando estaban juntos. Kenzi no tenía cabeza para lidiar con eso en aquel momento, no hasta que solucionara su situación con Tamsin. La valquiria había sido muy escurridiza. La única vez que la había visto fue aquel día en el que ella y Trick le contaron a Bo cómo habían encerrado a su padre en otro plano. Fue la única vez que Luces y Sombras se habían unido por un bien común. Tamsin narró, con un semblante donde el miedo y la inquietud salieron más de una vez a la superficie, cómo Odín había obligado a todas sus valquirias a luchar contra todos aquellos que trataron de forzarlo a cumplir las nuevas leyes faes, ella incluida. No obstante, una vez que estuvo en otro plano, ya no podía someter a sus valquirias con el mismo poder. Trick añadió una nueva visión a la historia, una que prefería que permaneciera oculta para que nadie conociera su verdadera identidad. En ella, su sangre había sido la clave para que Odín no pudiera volver a través del portal que habían construido los lokis para enviarlo a otro plano, y su sangre seguía siendo el elemento que mantenía al padre de Bo lejos de allí. El antiguo Rey Sangriento, le aseguró a su nieta que Odín era peligroso y muy poderoso, tanto que había sido misión imposible acabar con él, pero no podía volver por muchas mañas que inventara. Después de ese día, tuvieron que pasar cuatro más para que Kenzi pudiera encontrar a Tamsin. La valquiria estaba en el viejo gimnasio donde entrenaba Dyson a solas algunas veces. La morena agradeció que el recinto estuviera completamente vacío.

Kenzi entró silenciosamente y observó a lo lejos a la rubia golpeando un saco con unos guantes de boxeo. La valquiria llevaba un top negro y unos leggins del mismo color que marcaban las curvas y las formas tonificadas de sus piernas. Su brillante pelo rubio estaba recogido en una cola que se balanceaba de un lado a otro con los movimientos de la fae. Con cada impacto de sus puños contra su objetivo, los músculos de su espalda se tensaban y se marcaban. La morena se halló hipnotizada por las formas del cuerpo de la otra mujer y sacudió la cabeza sintiendo un repentino nerviosismo por su cuerpo, una extraña reacción que no se esperaba.

—¿Qué? —escuchó que le gritó Tamsin de repente, sin darse la vuelta para mirarla.

La gótica vaciló un momento antes de acercarse más a ella. ¿Por qué se sentía así de nerviosa tan repentinamente?

—Necesito que hablemos —dijo dubitativa la morena.

La valquiria no respondió, simplemente se limitó a seguir golpeando su saco enérgicamente y Kenzi prefirió seguir hablando:

—Sé que me odias y lo entiendo, pero no puedo dejar de pensar en lo que hice y no sé qué hacer. Me siento muy mal…

Los sonidos secos de los guantes de la fae golpeando la piel del saco de boxeo, fueron la única respuesta que recibió, y eso la desesperó por completo.

—¡Por favor, Tamsin, necesito que me digas algo! —Pero la valquiria siguió golpeando el saco sin dirigirle ninguna mirada—. Dime que me equivoqué, que no era la única opción que tenía, que me odias, que soy imbécil, que quieres que desaparezca de tu vista… ¡Dime algo! —gritó dándole un empujón a la otra mujer.

Tamsin se detuvo y la miró de reojo. Kenzi pudo ver sus facciones tensas, estaba bastante cabreada. La valquiria tiró los guantes al suelo y la morena suspiró expectante a su reacción, que no tardó en llegar. La rubia se dio la vuelta rápidamente y su puño impactó contra la cara de la mujer más pequeña haciéndola tambalear. Kenzi llevó su mano hacia su boca dolorida y se incorporó mirando a la valquiria, frunciendo su ceño.

—Y eso es todo lo que tengo que decirte —le dijo, dando media vuelta sobre sus talones y dirigiéndose de nuevo al saco.

—Maldita sea, mujer… —murmuró la morena. Definitivamente no iba a ser fácil hablar con ella.

Tamsin dio dos golpes furiosos a su saco y gruñó algo inteligible entre dientes. Pero la morena estaba lejos de rendirse, quería seguir presionándola hasta conseguir que estuviera dispuesta a hablarle con sinceridad.

—¿Podemos tener una conversación como dos personas adultas, por favor? —le rogó Kenzi agarrando su labio herido con sus dedos.

—¿Por qué? —dijo la valquiria girándose hacia ella y cruzando los brazos sobre su pecho.

—¡Estoy tratando de arreglar las cosas! Me siento fatal por lo que hice, necesito saber cómo estás y si existe alguna forma de arreglar esto.

—¿Qué más te da? —exclamó Tamsin lanzando los brazos hacia el aire con exasperación—. Limítate a vivir tu feliz vida con tu novio Hale y déjame en paz.

—No puedo —murmuró cabizbaja.

Tamsin se acercó furiosa hasta ella y se plantó enfrente, agarró su camisa y tiró de ella hasta que sus cuerpos estuvieron muy cerca.

—¿Y qué quieres? —gritó Tamsin.

Kenzi sintió que perdía el equilibrio cuando el aliento de Tamsin golpeó su rostro. La morena cerró los ojos asustada y agachó la cabeza.

—¡Mírame! —escuchó que le gritó de nuevo.

Kenzi agitó la cabeza de un lado a otro, como gesto de negación, y sin querer abrir los ojos. Como respuesta, la mujer más pequeña sintió cómo la fae tiraba de ella con más fuerza, separándola del suelo ligeramente.

—No se te ocurra llorar —le habló en un tono más bajo.

Kenzi no se había dado cuenta de que estaba a punto de hacerlo hasta que se lo dijo ella. Llena de terror, sintiendo su cuerpo temblar contra el de Tamsin, se atrevió a abrir los ojos y los dirigió con lentitud hacia arriba. Cuando el azul grisáceo se encontró con el verde, las facciones de la valquiria se relajaron y el agarre se aflojó, llevando a la mujer más pequeña al suelo de nuevo, pero sin soltarla. En ese momento, Kenzi se dio cuenta de que sus manos estaban sobre el vientre de la fae, tratando de alejarla de ella. Bajo sus palmas sintió los músculos tonificados de Tamsin haciendo presión contra sus manos y esa sensación provocó en su cuerpo otra reacción inesperada.

—Quiero ganarme tu perdón —habló Kenzi con la voz temblorosa—. Necesito que me perdones —acabó de decir en un susurro.

El corazón corrió sin control contra su pecho, sintiendo que los increíbles ojos verdes sobre ella, la estudiaban con una nueva luz. Kenzi se negó a sí misma sus pensamientos estúpidos, estaba empezando a imaginar cosas, y no eran increíbles, ¿en qué estaba pensando? Vaciló un momento frente a los labios de Tamsin, que la miraba con expectación. ¿Qué estaba haciendo? No sabía si la pregunta se la estaba haciendo a sí misma o a la mujer que tenía enfrente. Se aclaró la garganta y tragó saliva. Su pecho dolía, su corazón estaba tan alocado como sus pensamientos. ¿Por qué Tamsin se había quedado en silencio, mirándola fijamente? ¿Por qué no le daba un empujón de desprecio y la apartaba de allí? ¿Por qué el calor que emanaba de su cuerpo era tan tentador? «Oh, mierda», se regañó a sí misma.

Fascinada por sus ojos, observó inmóvil cómo Tamsin se inclinó sobre ella. No fue capaz de hacer nada más, solo de cerrar los ojos y sentir los labios de ella reclamar los suyos, dejándose dominar por la danza que comenzaron sus bocas. Sus rodillas se doblaron y hubiera caído al suelo si no fuera por la sujeción que le proporcionaba la valquiria, que rápidamente se entregó al beso y acomodó su pequeño cuerpo contra el de ella.

Kenzi luchó ferozmente contra todas sus emociones, pero estaba atrapada en un deseo que no se había atrevido a admitir, un deseo que apenas estaba descubriendo mientras las manos de Tamsin bajaban por su espalda y se afianzaban sobre su trasero, empujándola hacia arriba. Su cuerpo vibró cuando sintió el roce que provocó el contacto de la valquiria contra sus pantalones.

Después de un tiempo imposible de medir, fue inevitable romper el beso para poder respirar. Ambas se miraron, quizá solo durante dos segundos, jadeando pesadamente, y sus bocas volvieron a unirse en un beso hambriento, aún más que el anterior.

Tamsin levantó el cuerpo de Kenzi con relativa facilidad, y sin romper el beso, la llevó hacia la única mesa que había en el gimnasio, ayudada por los brazos de la mujer más pequeña, que bordearon su cuello. La valquiria apartó de un manotazo todas sus pertenencias, que cayeron estrepitosamente al suelo, y colocó a la morena sobre la superficie. Pronto, sintió las piernas de la gótica alrededor de su cintura y las yemas de los dedos acariciando su nuca. Un escalofrío recorrió la espalda de Tamsin y encendió un fuego dentro de ella que le reveló la urgencia con la quería poseer a la mujer que tenía enfrente.

Sus bocas siguieron luchando. Dientes, lenguas… Kenzi dejó salir un tenue siseo de dolor cuando la valquiria agarró su labio herido entre los dientes. Sus delgados dedos bajaron por los laterales de la fae, sintiendo la piel humedecida por el sudor contra sus uñas.

Como respuesta a sus caricias, las manos de Tamsin se movieron hasta la espalda de Kenzi, subiendo lentamente mientras arrastraba la tela de su blusa entre los dedos. Entonces, sus labios se volvieron a separar, pero solo para que la valquiria pudiera plantar un beso sobre la barbilla de la otra mujer. La fae movió una de sus manos hacia la nuca de Kenzi, mezclando sus dedos entre el denso pelo de la otra. Con su mano libre, bordeó la espalda de la morena, que por inercia se iba hacia atrás, y tiró de su pelo negro con cuidado, echándole la cabeza hacia atrás, permitiéndole besar nuevamente su piel y seguir bajando.

Kenzi sintió su piel erizarse mientras Tamsin avanzaba por su cuello mordiendo y succionando, dejando marcas rojizas en su trayecto, tirando de su pelo nuevamente para acceder a más espacio con el que cubrir con su boca.

La morena no era consciente de los continuos jadeos y gemidos que se escapaban de su boca, lo único en lo que podía pensar era en la agonía que sufría su cuerpo con cada roce de la valquiria sobre su piel.

La rubia volvió a colocar su rostro a la altura del de la otra. Sus bocas se movieron muy cerca, tentándose, respirando el mismo aire… Las manos de la fae volvieron a moverse de lugar, esta vez, viajaron por debajo de la camisa de la otra. Pequeños latigazos de placer recorrieron la de espalda de Kenzi y se estremeció cuando sintió cómo, con un simple movimiento de pulgar, Tamsin desabrochó su sujetador y ambas manos caminaron contra su piel, provocándole un gemido cuando llegaron al encuentro de sus pechos. La forma en la que se arqueó el cuerpo de la mujer como respuesta a las nuevas caricias, produjo una sonrisa arrogante en la rubia. Le gustó saber que la controlaba completamente, le gustó que sus gemidos acabaran cerca de su boca y que bajo el continuo y lento masajeo de sus manos, el cuerpo de ella se estremeciera completamente.

Las manos de Kenzi agarraron impacientes el rostro de Tamsin y sus labios se estrellaron nuevamente, ansiosos, incasables de sentirse juntos. El beso no impidió que la valquiria deslizara sus dedos por el vientre de ella y tentara la hebilla del cinturón que llevaba la gótica. Kenzi se estremeció al sentir el tirón en sus caderas, y cuando la otra mano de la rubia se unió para lograr desabrocharlo, una música comenzó a sonar: un teléfono.

Sus bocas se separaron lentamente. Kenzi dejó salir un sonido de frustración y agarró fuertemente a la valquiria por los hombros impidiendo que se moviera más. Ella no lo hizo, por lo que sus frentes quedaron pegadas y sus respiraciones agitadas chocaron la una con la otra uniéndose en una. Sin embargo, el teléfono no paraba de sonar.

Tamsin saboreó en sus labios el rastro que dejó Kenzi en ellos, maldiciendo que alguien la llamara en aquel momento. Sin embargo, tenía que contestar, debía ser la llamada que había estado esperando durante toda la tarde sobre el caso de Vex… No podía ignorarla.

—Mierda —murmuró Tamsin odiando al maldito aparato.

A Kenzi no le quedaba aire para decir nada, simplemente se mordió el labio inferior tratando de resistirse a la mujer que envolvía con su cuerpo. Respiró hondamente mientras sentía que la fae la empujaba para liberarse. Finalmente cedió y la dejó ir a buscar el dichoso e inoportuno teléfono.

«¿Qué diablos acaba de pasar?», cruzó por la mente de la morena cuando comenzó a percibir el mundo a su alrededor de nuevo. Temblaba, era incapaz de moverse, casi de respirar… Se echó hacia atrás y se apoyó en la mesa sobre sus codos, tratando de recuperar el aliento. Su cuerpo gritaba en agonía mientras la sacudía una sensación pulsátil, insatisfecha, casi molesta.

Después de un rato, observó a Tamsin contestar con aparente calma la llamada, pero la delataba el movimiento rápido de su pecho, tratando de llenar de aire sus pulmones. La valquiria parecía inconsciente del desbarajuste que había provocado en su cuerpo, pero ella tampoco parecía indemne al encuentro.

Kenzi volvió a tomar aire mientras daba un pequeño salto para bajarse de la mesa. Colocó sus ropas correctamente y pasó con rapidez las manos por su pelo para peinarlo. La morena dirigió una rápida mirada hacia la valquiria, que permanecía ajena a ella, y sintió la urgencia de salir corriendo de allí antes de que fuera demasiado tarde.