Capítulo 35
El viaje de un corazón roto hacia la Noche 2ª parte
Quizás si el Caballero de Cáncer hubiera aparecido en la sala de espera en otro momento, las cosas no habrían llegado tan lejos, es decir, probablemente de todos modos se hubieran hecho de palabras, pero no habrían terminado a golpes. Pero en honor a la verdad, su reaparición no pudo suceder en un momento peor para todos, incluso para él mismo.
Es cierto también que Aioria actuó impulsivamente al arrojarse contra Angelo, pero también es justo decir que tenía sus razones. Unos minutos antes, el doctor Sato les había informado que Seiya parecía estar empeorando, y les contó lo sucedido en la tarde; cómo había aparecido un hematoma de gran tamaño alrededor de su herida, y que su temperatura había descendido sin explicación alguna. El doctor aclaró que ya lo habían estabilizado, pero que un hematoma que aparecía de la nada generalmente era señal de una hemorragia interna, pero que no podían hacerle una cirugía exploratoria pues su cuerpo estaba muy deteriorado y débil, así que solo quedaba esperar a que los constantes estudios que iban a practicarle les revelaran cuál era el órgano o los órganos que estaban fallando. Ya teniendo esa información y dependiendo de que tan grave fuese el daño sufrido, entonces podrían considerar el arriesgarse a operarlo de nuevo. Aioria no podía olvidar lo último que había dicho el doctor:
Quiero asegurarles que estamos haciendo todo lo posible por salvarlo, pero es necesario que sepan que quizás no sea suficiente.
Cuando el doctor se marchó, las miradas de todos se clavaron en él y en Marin. Aioria había tenido fe, mucha fe en que Seiya se pondría bien, pero aquella frase tiraba sus sueños por la borda, le dolía más que si le hubieran roto todas las costillas de un solo golpe. No podía concebir que todos ellos hubieran vuelto a la vida, y que Seiya no fuera a despertar jamás, que no fuera a caminar entre ellos jamás, que no fuera a conocer a Aioros jamás. Y al ver el rostro desilusionado y lleno de dolor de Kiki, el León estaba a punto de echarse a llorar. Marin, por su parte, se sentía aliviada pues Seika no estaba en la habitación, pero al mismo tiempo le angustiaba el pensar que tendrían que darle la noticia.
No tenía ni dos minutos de que el doctor se había marchado cuando por el pasillo vieron llegar al Caballero de Cáncer, caminando lentamente, acompañado por Hyoga. Aquello fue demasiado para Aioria, que ya se sentía furioso con solo verlo en pie, y que explotó cuando oyó que lo llamaba "maldito arrogante". La verdad es que ni siquiera había sido algo tan grave, pero Aioria necesitaba cualquier pretexto, por mínimo que fuera, para estallar, y Máscara de Muerte se lo había dado.
Por su parte, mientras Hyoga lo conducía hacia la sala de espera, el italiano trataba de mentalizarse para lo que estaba por afrontar. Esperaba ver a Athena, esperaba reencontrarse con sus compañeros, y esperaba reacciones de desagrado y molestia como la de Aioria; después de todo, sabía muy bien quién era y lo que había hecho para merecer que lo trataran de esa forma. Pero claro, no esperaba acabar a golpes. Y es que tampoco esperaba encontrar a Afrodita abrazando a un bello joven, y eso lo sacó de balance, aunque más bien lo correcto sería decir que lo inundaron los celos, y eso acabó con todo el autocontrol que había tratado de mantener.
Y no es que Afrodita tuviera intenciones sentimentales de ninguna clase con Shun, pero lo había visto reaccionar muy mal ante la noticia de la salud de Seiya.
No hace falta recalcar que aquel día fue muy complejo para el Caballero de Andrómeda, por decir lo menos. Haber afrontado la muerte de su hermano aquella mañana ya había sido bastante perturbador para su frágil psique, y aunque estaba inmensamente feliz por saber sano y salvo a Ikki y haberse reunido con Hyoga, Shyriu y Saori, después tuvo que enfrentarse a la realidad de lo que era la vida tras la cruenta y última batalla que habían tenido. Había estado dentro de una burbuja de negación que, hasta cierto punto, lo había mantenido protegido, que le había evitado el tener que darse cuenta de todo lo que había sucedido. Pero ahora tenía que salir y ver cara a cara a aquellos hombres que habían muerto por lo que el consideraba su culpa, y que aunque ahora estaban vivos, estaban evidentemente rotos. Y encima de lo difícil que le había resultado reunirse con todos los Caballeros, sucedió la conversación entre él y June de la manera en la que sucedió.
Después de que su mejor amiga se hubo marchado, había sentido el gran impulso de salir corriendo a su habitación y echarse a llorar, pero en su mente había quedado grabada a fuego una frase que ella le había dicho "No te atrevas a llorar Shun. No te atrevas a hacerte la víctima cuando fuiste tú el que se acostó conmigo pensando en otra persona". Shun quería asumir el peso completo de su culpa, hacerse responsable por todo el daño que le había causado, así que se obligó a permanecer en aquella sala de espera, mientras los demás lo saludaban. Se obligó a sonreír, y a contestar algunas frases de cortesía mientras por dentro se desmoronaba. Le habría hecho mucho bien desahogarse, pero consideró que no lo merecía. Se obligó a quedarse y a observar a los que alguna vez fueron magníficos caballeros Dorados usando sillas de ruedas, muletas, yesos y vendajes, y aquello por supuesto no le hizo bien alguno, al contrario, su imaginación lo llevaba a visualizarse inflingiéndoles daño a cada uno de ellos. Afrodita ya había notado que el peliverde actuaba de forma extraña cuando el doctor Sato entró y les dio las noticias sobre la salud del Caballero Pegaso. Y mientras Shun oía sus palabras, de un golpe vinieron a él todas sus pesadillas, en las que se veía una y otra y otra vez atravesando el cuerpo de su mejor amigo con aquella espada de visos púrpuras, empuñando con saña el arma que lo había destruido. Las palabras del doctor Sato acabaron con la cordura que Shun había logrado mantener aquel día.
Afrodita, después de oír la noticia, fue a abrazar a Shun pues presintió que él se desplomaría, y en ese momento Angelo y Hyoga entraron. Leo y Cáncer se hicieron de palabras y cuando Angelo le dijo que esperaba verlo fallar, Aioria cerró con fuerza su puño sano y se lanzó contra la nariz de Cáncer. Él por su parte, acababa de despertar y sus reflejos eran muy lentos aún, así que no logró evitar el golpe, que lo tiró al piso. La reacción de los demás fue la de tratar de impedir que se golpearan y separarlos, aunque no lograron muy buenos resultados que digamos: Afrodita de inmediato dejó a Shun y corrió a tratar de detener al Caballero de Cáncer, que no logró esquivar el golpe pero que trataba de ponerse en pie, decidido a responderle a Aioria, pero en cuanto Afrodita trató de ayudar a Angelo a levantarse, él rechazó su ayuda, le contestó que no era asunto suyo y que no interviniera. Dokho trató de ponerse en medio de Leo y Cáncer, pero lo que logró fue pasar una de las ruedas encima de la mano de Ban, que había tratado de ayudar al Cangrejo a ponerse en pie. Del otro lado, Marin detenía el brazo sano de Aioria, ayudada por Mü, que apenas volvía de su improvisada cita con Ariadna, y por Milo, que perdió el equilibrio y cayó estrepitosamente, golpeando con una de las muletas al propio Aioria, que cayó al piso golpeándose el hombro lastimado. Saga fue a auxiliar a Ban, temiendo que Dokho le hubiera fracturado la mano
- ¡Deténganse! - pidió a todos el antiguo Patriarca
Kiki, Flher, Shaina, Hilda, Geki y Sorrento también les pedían a todos que se controlaran cuando en ese instante, Sayaka Miyamoto entró a la habitación
- ¿¡Pero qué está pasando aquí¡¡Les exijo que se detengan en este mismo momento!!
Cuando Saga de Géminis se dio cuenta de que aquella mujer estaba parada viéndolos con una total reprobación, se paró lo más erguido que le fue posible y enmudeció, y varios de los caballeros, al verlo reaccionar de aquella forma, voltearon siguiendo la dirección de su mirada, y se detuvieron también. La mayoría de ellos no habían visto jamás a aquella mujer, pero era evidente que era una doctora y que les estaba dando una gran mirada reprobatoria
¿Han perdido la razón?
Yo… - balbuceó Mü sin saber en realidad lo que iba a decir. Unos a otros se ayudaron a ponerse de pie, a recuperar las muletas y la compostura, e incluso se acomodaron la ropa.
En cuanto la trifulca se hubo detenido, Sayaka notó que Shun estaba en un rincón y que su amigo rubio parecía decirle algo pero él no le contestaba. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la doctora, que corrió hacia los adolescentes mientras los demás guardaban silencio, avergonzados por su conducta.
¿Shun, estás bien?
Claro – dijo él, mintiendo, con la mirada clavada en Aioria
Es hora de volver a tu habitación Shun.
No, quiero quedarme aquí – dijo él débilmente
Ha sido un día muy largo, necesitas descansar¿sí?
Él no contestó.
Hyoga¿podrías acompañarlo a su habitación?
Claro doctora. Vámonos Shun
Hyoga tomó por los hombros a Shun y lo guió con suavidad por el pasillo. Los dos salieron lentamente de la habitación y cuando eso sucedió, ella volteó a verlos a todos acusadoramente.
Si ya acabaron con lo que estaban haciendo…
Lamento mucho – comenzó a decir Saga
No tienen que decir nada, pero si no les molesta, quisiera pedirles que me acompañaran por favor, hay algo que me gustaría decirles a todos y no se me ocurre un mejor momento para hacerlo.
Claro – respondió Dokho, y nadie se atrevió a contradecirlo.
Sayaka tuvo que morderse los labios para reprimir una sonrisa al darse cuenta de que aquellos hombres tan altos y fuertes a los que consideraba unos héroes, la seguían como si fueran niños regañados por su maestra de escuela primaria.
La joven doctora los guió hacia una de las salas donde los doctores se reunían a discutir casos difíciles. Se paró en la entrada y con un femenino gesto les indicó que entraran a la habitación y que se sentaran en la gran mesa ovalada. No había asientos suficientes, pero ya que algunos de ellos iban en su propia silla de ruedas, el problema quedó solucionado. Una vez que todos se acomodaron alrededor de la mesa, se miraron los unos a los otros sin saber qué esperar de aquella mujer.
Ustedes no me conocen, pero yo a ustedes sí. Permítanme presentarme, mi nombre es Sayaka Miyamoto. Soy psiquiatra y como han podido ver, soy la doctora de Shun.
Nadie dijo nada en ese momento, pero fue evidente su alarma al saber que Shun tenía una psiquiatra.
En primer lugar, y créanme que me es muy incómodo decirlo, tengo que recordarles que esto es un hospital, y que un comportamiento como el que demostraron hace unos minutos en la sala de espera es inadmisible, no solo por la obvia razón de que un hospital es un lugar de recuperación y reposo, si no porque ustedes mismos han sido y aún son pacientes…
Sayaka notó la vergüenza y la incomodidad en sus rostros, y suavizó el tono de su voz
No es mi intención regañarlos ni mucho menos, yo no soy nadie para asumir ese papel, pero como doctora mi principal preocupación es el bienestar de mis pacientes, y aunque ninguno de ustedes lo es, estoy informada de la difícil situación que apenas están superando y no me gustaría verlos recaer tal y como sucedió con Ikki.
No se volverá a repetir doctora – dijo Aioria sabiendo que en gran parte él era culpable del desorden, y que necesitaba controlar toda la rabia que por momentos llegaba a sentir
Ese es el segundo punto al que quería llegar: Ikki. Quería informarles sobre la evolución de su caso.
¿Cómo está él? – preguntó Ban.
Bastante bien aparentemente. Está un poco confundido, lo cual es muy comprensible por las altas fiebres y los episodios de delirio que tuvo en los últimos días. Su situación se complicó por no hacer caso a las indicaciones del doctor y por estar demasiado preocupado por Shun, y eso es algo que no quisiera que se repitiera con ninguno de ustedes. Me gustaría que consideren lo que sucedió con Ikki como una advertencia, como algo que podría pasarles a ustedes la próxima vez que consideren descuidar su salud, desobedecer las indicaciones de sus doctores o peor aún, agarrarse a golpes entre ustedes… Afortunadamente, Ikki parece dispuesto a cooperar esta vez, y si hace caso a nuestras recomendaciones, es muy probable que en dos o tres días lo demos de alta
¿En serio? – preguntó Milo
Sí. Es sorprendente lo bien que está ahora, físicamente quiero decir. Todas sus fracturas y heridas han sanado, excepto por unas en su espalda, pero nada de gravedad. Lo que me preocupa ahora es su estado mental, y eso me lleva a… al otro punto que quisiera discutir con ustedes. Yo… van a disculparme si no sé como decir esto, creo que nadie antes ha estado en mi situación. Me preocupan Shun e Ikki, porque sé lo que les sucedió, porque sé quienes son ellos… y ustedes.
¿Qué quiere decir? – intervino Saga
Yo sé cómo es que resultaron tan heridos. Sé lo que hicieron el día del eclipse.
Un pesado silencio se hizo en el salón. Saga, algo alarmado, de inmediato miró a Dokho, esperando su reacción. El antes viejo Maestro parecía sorprendido, pero decidido a seguir oyendo a la mujer, y Saga siguió su ejemplo.
Quiero asegurarles que pueden contar con mi discreción absoluta al respecto, yo soy la única en todo el hospital que posee esta información. Por supuesto que mis compañeros tienen ciertas sospechas, ya que sus recuperaciones han sido sorprendentes; sin ir más lejos, lo que sucedió con Ikki esta mañana tiene a todos absolutamente perplejos. Yo misma no comprendo aún qué fue lo que sucedió y cómo es que logró hacerlo, pero quiero asegurarles también que no tendrán problemas ni les harán preguntas, mis compañeros son gente muy profesional.
¿Hay alguna razón en específico por la que nos esté diciendo esto?– dijo Afrodita
Estoy tratando a Shun. No es mucho lo que me ha dicho, pero ha sido lo suficiente para hacerme pensar que, si ustedes me lo permiten, podría ayudarles también.
¿Ayuda médica, eso quiere decir? – dijo Sorrento
Desde que estoy al corriente de su situación he pensado que ustedes también podrían beneficiarse con mi ayuda. Y lo que vi hoy en la sala de espera no hizo más que confirmármelo.
¿Esta es su sutil forma de decir que estamos locos y necesitamos un psiquiatra? – dijo Milo sin ocultar que se sentía ofendido por la sugerencia de la atractiva mujer
No me malinterpreten por favor. Comprendo su molestia, prácticamente todas las personas se sienten ofendidas cuando les ofrecen esta clase de ayuda, y por supuesto yo no estoy sugiriendo que estén locos, pero me parece evidente que han pasado por cosas muy duras, demasiado duras, sobre todo para gente de su edad. Por Shun conozco el panorama en general de la situación entre ustedes, y me parece que hay cosas que necesitan resolver, cosas muy privadas que no le competen a nadie fuera de su… de su mundo, por llamarle de alguna forma. Supongo que algunas de esas cosas las pueden resolver ustedes mismos, sin la intervención de nadie más, simplemente requieren de hablarse, pero me parece entender que también hay situaciones entre ustedes mucho más complejas, y que quizás podrían resolverse con un poco de ayuda. No saben cuán beneficioso es a veces contar con una opinión externa… No estoy sugiriendo que tengan que ser forzosamente mis pacientes, pero una conversación podría serles beneficiosa, o incluso podría recomendarles a algún colega mío. Si les interesa pueden hablar conmigo de forma personal, o si ustedes así lo quisieran, podríamos tener una pequeña terapia de grupo… No tienen que contestarme ahora por supuesto, no están obligados a nada. Es solo una ayuda que les estoy ofreciendo.
Sayaka se puso de pie y comenzó a dejar frente a cada uno de ellos su propia tarjeta, mientras ellos guardaban silencio, algunos molestos y otros simplemente perplejos.
Que tomen mi tarjeta no quiere decir que la usen jamás, pero les pido que la guarden; nunca se sabe cuándo se puede necesitar de un psiquiatra.
¿Quiere decir que está esperando que perdamos el control y enloquezcamos? – preguntó Marin
No, claro que no. No tienen idea de cuánto los respeto y los admiro. Pero no hace falta mucha imaginación para darse cuenta de que han pasado por cosas inimaginablemente difíciles, y si yo pudiera ser de ayuda alguna para ustedes, sería un honor. Considérenlo, por favor, es lo único que les pido…
Nadie se movió, ni tampoco hizo contacto visual con ella. Un poco decepcionada, se dispuso a marcharse.
Eso es todo lo que quería decirles. Con permiso… - antes de salir se detuvo en la puerta - y si me lo permiten, de manera muy personal, quisiera darles las gracias por lo que hicieron por mí… por todos nosotros el día del eclipse, y el día de las inundaciones y… por todo lo que han hecho, gracias… Una cosa más¿te encuentras bien¿Quieres que llame a alguno de los doctores? Lo siento, no sé tu nombre.
Máscara de Muerte, que era la persona a la que Sayaka se había dirigido, enmudeció, pues no estaba acostumbrado a que nadie se preocupara por su bienestar, y además, no se atrevía a decir aún su nombre en voz alta frente a tantas personas. Afortunadamente ella no esperó una respuesta
- Lo siento, debe de parecerte absurdo que me preocupe porque te sangra la nariz cuando han pasado por cosas… cuando han sobrevivido a lo inimaginable, pero no puedo evitarlo. Entonces¿te sientes bien?
- Sí, gracias, no es nada – dijo él con un tono gentil que tomó por sorpresa a los demás
- De acuerdo. Ahora si me marcho.
La castaña salió dejándolos sumidos en un incómodo silencio. La primera en reaccionar fue Flher, que se puso tranquilamente de pie
Creo que lo mejor será que los dejemos a solas¿no te parece Hilda?
Claro hermanita. ¿Vienes con nosotras Kiki? – le preguntó la sacerdotisa
Yo…
Anda Kiki, ve – dijo Mu interviniendo
Pero Maestro… quiero saber sobre Seiya – le dijo telepáticamente
Tenías razón Kiki… tienes razón, pero hablaremos de eso luego. Ahora ve con ellas
Está bien – dijo él aceptando y saliendo en silencio con las dos jóvenes.
Por su parte, Sorrento no sabía qué hacer. Pensó en marcharse, ya que él era el único en la habitación que no era un caballero de Athena, pero al mismo tiempo, era un sobreviviente como ellos, también había sufrido y las palabras de aquella mujer lo habían tocado. Se preguntaba si ellos aceptarían su ayuda. Y además, en aquella habitación estaba él, él que era idéntico al hombre al que amaba. No lo había visto desde que habían coincidido al visitar a Kanon, y aquella era una oportunidad maravillosa para observarlo a sus anchas y poder saber un poco más de él, así que permaneció sentado, dispuesto a oír todo lo que estuviera por decirse aún.
Y yo que pensaba que el día de hoy ya había sido bastante extraño… - dijo Afrodita rompiendo el silencio
Por primera vez en el día voy a darte la razón – dijo Milo.
¿Alguien quiere explicarme cómo es que ella sabe de nosotros, y por qué Shun está siendo atendido por una psiquiatra? – preguntó Camus, que acababa de despertar y se sentía algo perdido.
Todas las miradas se dirigieron hacia las amazonas y los caballeros de Bronce, que eran los únicos que podían estar al tanto de la situación, y Shaina, que no conocía el miedo, fue quien tomó la palabra.
La intervención de Sayaka fue necesaria. Shun fue el primero en despertar, y cuando vio a Seiya sufrió un shock nervioso. Cuando despertó no quería ver a nadie, no hablaba con nadie, dejó de comer, llegó a hacerse daño a sí mismo. Fue ahí cuando la doctora comenzó a atenderlo. Y sobre la Orden… bueno, yo se lo dije.
¿Qué¿Cómo te atreviste a hacer algo así? – dijo Milo fulminándola con sus ojos azules
No tuve más opción. La doctora nos llamó a Marin y a mí y comenzó a hacernos preguntas, quería saber dónde estaba su familia, cómo es que había llegado aquí en primer lugar, cuál era su relación con Seiya, dónde estaban sus amigos. Nosotras no sabíamos qué decirle en ese momento, o cómo justificar el hecho de que su único familiar y sus amigos estuvieran todos internados al mismo tiempo, así que mentimos, dijimos que ustedes habían tenido un accidente automovilístico.
¿Un accidente automovilístico? – dijo Mü
Sé que suena absurdo, pero fue lo único que se nos ocurrió en ese momento. Obviamente ella no se lo creyó y comenzó a indagar; ustedes no tenían ningún daño que coincidiera con un accidente de automóvil y además comenzaron a recuperarse muy rápido tomando en cuenta lo grave de sus heridas. Ella es muy lista, y se dio cuenta de que estábamos ocultándole cosas. Vino furiosa conmigo y me exigió que le dijera la verdad.
Deberías de haber callado – opinó Camus.
¡Estaba dándole medicamentos a Shun porque pensaba que estaba loco, y uno de los medicamentos le hizo daño, y tuvieron que operarlo¡Estuvo a punto de morir! No podíamos arriesgar más su salud, así que no tuve más remedio que admitir que sí le habíamos ocultado información
¿Y qué fue lo que le dijiste¿Le contaste la vida íntima dentro del Santuario? – protestó Milo.
Milo, ahórrate tus ironías por favor – dijo Aioria que quería saberlo todo
En realidad no fui yo quien le dijo la verdad – dijo Shaina retomando el hilo de la conversación - Ella tenía preguntas que yo no podía responder, y me pareció que lo más adecuado era que hablara con Ikki, así que lo puse al tanto, y fue él quien habló con ella. Por supuesto ignoro lo que le dijo, pero pues así fue que se enteró… Lamento que les incomode…
No tienes nada por qué disculparte Shaina – dijo Saga sonriéndole
Y… si esta es la hora de preguntas y respuestas, pues… yo tengo una pregunta qué hacer
Shaina – dijo Marin, que de inmediato supo a qué se refería su compañera.
Admite que tu también quieres saberlo Marin – replicó ella
¿De qué están hablando? – dijo Aioria con curiosidad
Haz tu pregunta mujer – opinó Milo
Vuelve a decirme mujer y te romperé los dientes
Basta. Milo, muestra respeto para ella – opinó Mü - Adelante Shaina¿cuál es tu pregunta?
Yo estaba en Terapia Intensiva con Seiya cuando Shun despertó y lo vio. Al principio ni siquiera lo reconoció, pero cuando lo hizo y se dio cuenta de lo grave que estaba, se puso blanco como hoja de papel, y dijo…
¿Qué? – dijo Afrodita muy interesado, lo cual no agradó a Angelo.
Dijo que era su culpa, que él había matado a Seiya… ¿Eso es cierto¿Eso fue lo que sucedió?
Un nuevo silencio, más pesado que los anteriores, se hizo en la sala al oírla.
¿No me contestan porque no lo saben, o porque no se atreven a decirlo?
Creo que hablo por todos cuando digo que no lo sabemos Shaina. Nosotros… no estábamos juntos allá en el Inframundo – dijo Aioria
Shun sería incapaz de hacerle algo así a alguien, y mucho menos a uno de sus mejores amigos – dijo Afrodita sorprendiendo a todos – él no es esa clase de caballero
¡Vaya, qué bien lo conoces! - dijo Angelo con mirada aparentemente serena, pero que ocultaba una molestia cada vez mayor.
¿Pero entonces por qué lo dijo¿Por qué lucía tan asustado cuando lo vio¿Por qué dijo aquello tan convencido? – preguntó de nuevo Shaina
¿Se lo has preguntado a él? – le preguntó Mü.
Por supuesto que no. Hasta el día de hoy ni siquiera había aceptado ver a nadie, ni siquiera a Athena-sama.
¿Y Shyriu? Tu discípulo puede saberlo Dokho – dijo Aioria
La mente de Dokho trabajaba a toda velocidad, recordando la expresión en el rostro del Dragón cuando había visto a Seiya, toda la tristeza, toda la angustia que él había dejado ver en ese momento.
Supongo que él puede saberlo, pero no es el momento de preguntárselo.
¿Estás protegiendo a Shun? – preguntó Milo inquisitivamente
No estoy protegiendo a nadie, pero no me parece adecuado emitir juicios de ninguna clase cuando ignoramos tanto sobre lo sucedido allá. Es evidente que alguien le hizo muchísimo daño al Caballero Pegaso, pero no podemos adelantarnos. Conozco a Shun y por su personalidad me parece imposible que él sea responsable del lamentable estado de salud de Seiya, y aún si hubiera sido así ignoramos cuáles fueron las circunstancias en las que pudo haber ocurrido. Pero este no me parece el mejor momento para cuestionarlo al respecto, todos estamos muy inquietos, desorientados, apenas estamos ajustándonos a esta nueva situación de vida. Creo que lo que importa ahora es rezar por que el Caballero de Pegaso logre recuperarse, después habrá tiempo para contestar esa y otras preguntas que todos tenemos.
Shaina se puso de pie dispuesta a salir de la habitación lo más rápido que le fuera posible. Comprendía perfectamente los intentos conciliatorios de Dokho, pero ella sentía que le hervía el alma al volver al mismo punto en el que estaban el día de eclipse, es decir, a tener un montón de respuestas encima y ni una respuesta. Sin embargo, se detuvo justo frente a la puerta, dio la media vuelta, fue hacia la mesa y tomó una de las tarjetas que la doctora había dejado
Vaya, al fin admite que sí está loca – comentó Milo con ironía
¡No, pero al menos yo si tengo las pelotas para admitir que necesito ayuda para seguir adelante con todo esto sin enloquecer de verdad! –dijo ella para después salir dando un portazo y sin darle la oportunidad a Milo de responder nada.
Muchos sonrieron al oír la respuesta de la amazona, pero Saga no se reprimió y soltó una franca carcajada que provocó que todos voltearan a verlo, y el Escorpión, que presintió que se estaba riendo de él, de inmediato preguntó
¿Y qué te causa tanta gracia, si se puede saber?
Nada, es solo que ella es definitivamente la mujer más valiente que he conocido jamás, y creo que tiene la razón; ella tiene más valor que muchos de nosotros al admitir lo complejo de nuestra situación.
En cuando Saga acabó, el caballero de Cáncer se levantó, dispuesto a marcharse sin tomar una tarjeta y sin decir ni una palabra. Pero estaba débil aún y estuvo a punto de perder el equilibrio, lo cual alarmó a Afrodita, que de inmediato se puso en pie y lo tomó por un brazo
- ¿Estás…?
- Ya dije que estoy bien – dijo él soltándose de nuevo - Yo no necesito abrazos – le dijo mirándolo acusadoramente.
Lo normal entre ellos dos hubiera sido que Afrodita aparentara frialdad y tranquilidad al oír su comentario, pero en cambio, no hizo esfuerzo alguno por ocultar el dolor que le producía lo que le había dicho. Y Angelo estaba demasiado aturdido aún como para lograr ocultar la sorpresa al ver la reacción del Caballero de Piscis. Se llevó la mano a la nariz, que ya se le había hinchado, y zigzagueó un poco hacia la puerta cuando lo detuvo la voz de Aioria
- Cáncer… No debí de haberte golpeado. Lo lamento.
- Sí… yo… también… – dijo Angelo haciendo un verdadero esfuerzo por ser amable, que para los demás no pasó por desapercibido
Cuando él se marchó, Dokho se puso de pie.
- Creo que deberíamos de volver a la sala de espera. Athena-sama podría volver y preocuparse
- Claro – respondió Mü, que se dispuso a abandonar la habitación siendo auxiliado en seguida por Geki.
Dokho miró a la mesa, y tomó varias de las tarjetas que la doctora había dejado, y no porque pensara usarlas, pero estaba muy consciente de que ella tenía toda la razón: había problemas y asuntos sin resolver entre ellos demasiado grandes como para que se solucionaran con sólo convivir. Así que al tomar las tarjetas, estaba tratando de poner el ejemplo y de demostrarles que no había nada de que avergonzarse por pedir ayuda. Todos siguieron su ejemplo y se marcharon.
El último en abandonar la habitación, fue Saga, que permaneció de pie junto a la mesa, observando fijamente las tarjetas que habían quedado ahí. Probablemente nadie más que él necesitaba la ayuda que la mujer les había ofrecido, pero se preguntaba si ella en realidad sería tan buena en su trabajo como para lograrlo. No estaba seguro de que ella pudiera hacer algo por él, pero estaba dispuesto a intentarlo, y es que verdaderamente quería comenzar una nueva vida…
Saori estaba algo aturdida mientras caminaba por los pasillos del hospital, en dirección a la Unidad de Cuidados Intensivos. Venía de pasar casi una hora junto a Kanon; había activado su cosmos al máximo para activar el proceso de curación de sus numerosas heridas, y había logrado sentir que el cosmos de él le respondía, aunque no había despertado aún, ya que lo mantenían fuertemente sedado para evitar que sufriera.
Le había costado mucho trabajo decidir a quién iría a ver primero una vez que volviera a Tokio. Sabía que de entre todos sus caballeros, los más malheridos eran Kanon y Seiya, y que aunque había otros también muy graves como Shaka y Aioros, ellos ya habían dado señales de mejoría. Y ella estaba tan decidida a ayudarlos que solo por eso había aceptado volver a Grecia, cuando Julián le había mencionado que se recuperaría mucho más pronto si volvía a su Santuario. En Grecia, encontró información que podía serle de utilidad, y estaba determinada a ponerla en práctica en cuanto llegara.
En el avión, había estado debatiendo consigo misma para decidir a quien iría a ver primero, pues lo que iba a intentar para ayudarlos a sanar, no lo había hecho nunca, y tenía miedo de que al ayudar a uno, agotara su energía y no fuera suficiente para ayudar al otro. Mientras se hallaba ahí sentada, pensando a quién iría a ver primero, comprendía por qué Athena debía de amar incondicionalmente a todos por igual, por qué era un error amar a Seiya. Si no lo amara, no tendría dudas de que a quien debía de ayudar primero era a Kanon, que tenía más posibilidades de salvarse, a diferencia de Seiya, que ni siquiera había dado señales de tener cosmos alguno. Pero su corazón le decía que fuera primero a tratar de salvarle la vida al único amor verdadero que ella había conocido.
Al final, terminó por ir primero con Kanon, que también le importaba muchísimo, y una vez que se aseguró de haber ayudado a su segundo Caballero de Géminis, fue directamente a ver a Seiya. Pero no era ni la primera ni la única que había tenido la misma idea.
Miho había ido a verlo después de esperar pacientemente a que Mü regresara. Él no volvió a la sala de espera, naturalmente, ya que se fue a tomar un café con Ariadna, pero Marin sí lo hizo, y le dijo a la peliazul que ya podía ir, aunque no estaba segura de que lo dejaran verlo. Más angustiada que antes, se dirigió a toda prisa a Cuidados Intensivos, y al irse aproximando a la habitación donde atendían a Seiya, descubrió que Jabu estaba ahí. Se aproximó al rubio, y al detenerse a su lado, notó su rostro bañado en lágrimas.
Jabu¿qué haces aquí¿Te pasa algo?
El rubio se dio la vuelta de inmediato, y con el dorso del brazo intentó secarse el llanto.
Nada, no pasa nada.
¿Estabas llorando?
¡Claro que no! – dijo él dándole la espalda aún
¿Es por Seiya que lloraste?
No. No estoy llorando y mucho menos por él.
No me mientas por favor. Hace un rato estabas bien… Fue ella¿verdad¿Te hizo algo?
- ¿De quién hablas?
- De Saori
¿Cómo sabes que ella...?
Me di cuenta, yo estaba ahí. Iba a acercarme a saludarte pero ella llegó antes que yo. Ella fue la que te hizo daño¿verdad?
¡No quiero hablar de ella!
Está bien… ¿te dejaron entrar? – le preguntó mirando a Seiya por el vidrio
No… ¿Sabes que no había venido a verlo en todo este tiempo?... Sabía que estaba mal, pero…. No esperaba verlo así…
Jabu estalló en sollozos, y desesperado, soltó un puñetazo en la pared, lo cual asustó muchísimo a Miho
- Jabu¡no hagas eso¡Vas a lastimarte! Todos estamos preocupados por él, pero….
- ¡¡No, no, no es eso¿Sabes por qué vine a verlo? - dijo encarándola furioso, no con ella, si no consigo mismo - ¿¡Sabes por qué vine!?... ¡Vine porque me moría de ganas de darle un golpe!
- ¡Jabu! – dijo ella incrédula - ¿Cómo puedes decir algo así¿¡No ves el estado en el que está!?
- ¡Lo sé, lo sé! – dijo él tirando de sus propios cabellos – ¡Sé que soy una porquería porque soy capaz de verlo muriendo y aún así tengo ganas de golpearlo, pero es que lo odio ¡¡Lo odio, lo odio!!
¡Jabu, qué es lo que te sucede ¿Por qué hablas así de él?
¡Porque es la maldita verdad¡ Me robó, me robó!
¿¡De qué rayos estás hablando!? Seiya está en coma
Me robó hace años, hace años… - le respondió él, que se sentía incapaz de mantener el control de sus emociones
- ¿Qué te robó? – dijo ella aún sin entender
Su amor… me robó su amor… - dijo el Unicornio derrumbándose, cubriéndose el rostro con las manos mientras se recargaba en la pared, pues sentía que de otra forma se iría directo al suelo.
Miho permaneció callada por algunos segundos mientras unía mentalmente las piezas del rompecabezas. Al principio no quiso dar crédito a las palabras del joven, pero no pudo seguir negándolo después de ver la reacción de él. Y en cuanto hubo formado la frase en su mente, comenzó a quemarle las entrañas
¿Saori está enamorada de Seiya¿Estás diciendo que Saori Kido está enamorada de Seiya?
Cuando escuchó a Miho decirlo, sintió que enloquecería. Pero fue aún peor cuando levantó el rostro para decirle algo más a Miho y vio a la propia Saori salir del elevador. Le dijo a Miho que tenía que irse y salió corriendo en la dirección opuesta.
Aquello no pasó desapercibido para Saori, que sin embargo, fingió no haberse dado cuenta de que Jabu prácticamente había huído de ella. Así que llegó y se detuvo a saludar a la joven peliazul como si nada hubiera pasado.
Hola
Hola – respondió la jovencita, sintiendo que el mundo daba vueltas.
Tú nombre es Miho¿verdad? Eres amiga de Seiya¿no es así?
Sí, estuvimos juntos en el orfanato. Yo aún trabajo ahí. Y tú… eres Saori Kido, todo el mundo lo sabe
Nunca nos presentaron formalmente.
Contigo no hace falta, todo el mundo te conoce
Saori se sintió aún más incómoda con la situación. No le gustaba recordar a la adolescente engreída que había sido cuando el Torneo Galáctico había sido realizado.
¿Viniste a ver a Seiya? – le preguntó Saori
Sí, así es
Yo también. Todo este tiempo que estuve fuera… estuve preocupada por su salud.
Ambas voltearon a ver hacia él, que seguía inconsciente del otro lado del vidrio. Saori sintió que el estómago se le hacía nudos al verlo más enfermo que la última vez. No podía perder ni un segundo más, y mucho menos por mantener una charla intrascendente con aquella chica a la que ni siquiera conocía
- Si me disculpas Miho, debo de entrar
- No quiero ser grosera, señorita Kido, pero yo llegué antes
- Comprendo Miho, pero en verdad necesito verlo ahora. Desde que me fui…
- Yo soy su novia – le dijo Miho sin saber por qué había dicho semejante cosa
- ¿Qué? – dijo Saori incrédula
- Sí – dijo Miho, que no había mentido jamás, pero que sentía que iba a estallar por los celos – La última vez que nos vimos Seiya me pidió que fuera su novia, y yo acepté… ¿No lo sabías?
- No – respondió Saori fingiendo indiferencia - Seiya y yo… no tuvimos la oportunidad de… hablar….
- Bueno, pues ya lo sabes ahora. Así que… si me disculpas…
- Pues te felicito, pero me imagino que siendo su novia, nadie estará más interesada en que él salga delante de esta situación.
- ¡Claro que sí!
- Entonces déjame entrar antes a verlo.
- No entiendo cuál es tu urgencia por entrar a ver a mi novio – dijo Miho recalcando las últimas dos palabras
- Bueno, tu novio – dijo Saori con un leve dejo de ironía - debe de haberte dicho cuánta importancia tengo en su vida¿no?
- ¿A qué te refieres? - dijo ella, temiendo que Saori en cualquier momento notara que ella mentía
- Tú sabes que Seiya es mi Caballero Pegaso¿no? Sabes que él se ha dedicado a protegerme¿no?
- Claro – dijo ella
- Pues como su diosa es que necesito verlo. Puede ser que haya hallado una forma de ayudarlo
Al oír aquello, Miho de inmediato se olvidó de sus infantiles celos, solo podía pensar en que él se salvara, y en tono de suplica le preguntó a Saori
- ¿En verdad puedes hacer eso?
- Eso es lo que quiero averiguar
- Claro, adelante, entra por favor. Sálvalo si es que puedes.
- Créeme que eso es lo que más deseo.
Saori entró a la habitación, consciente de que Miho no le quitaba los ojos de encima a través del espejo. No había tiempo para detenerse a observar detalladamente cuánto había empeorado su estado en aquellas dos semanas que no lo había visto, así que se sentó con mucho cuidado en la cama, colocó una mano en su cintura y otra en su cuello, y muy despacio lo fue incorporando hasta que le fue posible abrazarlo. Su mano izquierda sostenía su cabeza con gentileza pero firmemente, y colocó su sien contra la de él. Activó entonces su cosmos, para darle a él parte de su energía y sanar sus heridas, tal y como lo había hecho con Kanon. Consiguió ayudarlo, pero pudo sentir con toda claridad que su mejoría era mínima, así que decidió probar algo más. Elevó su cosmos al máximo, de tal forma que su cuerpo comenzó a desprender una luz brillantísima que los envolvió a ambos, y que obligó a Miho a cerrar los ojos. Acercó su boca a su oído y le dijo:
- Mi nombre es Athena, Diosa de la Sabiduría y la Guerra, y me dirijo a ti, Seiya, mi Caballero Divino de Pegaso, para que acudas a mi llamado. Te necesito y te convoco a que vengas desde cualquier confín del Universo donde te encuentres para que te presentes ante mí en alma y carne, ahora
- Saori… – dijo Seiya en ese momento, al sentir que ella lo llamaba desde la distancia…
Shura era un hombre verdaderamente organizado. Así que en cuanto Shyriu y Seika se marcharon, puso manos a la obra. Lo primero que hizo fue ir a la cocina y averiguar qué clase de alimentos tenía Seiya en el refrigerador y en la alacena. No había mucho que fuera de utilidad, no después de dos meses, así que sin pensarlo mucho, tomó algo del dinero que Shyriu le había dejado y se lanzó a la calle en búsqueda de una pequeña tienda adonde compró algunos víveres para que la joven amazona pudiera desayunar al día siguiente. Una vez que hubo regresado, lo siguiente que hizo fue revisar los armarios de Seiya, hasta hallar un edredón, una colchoneta y unas sábanas, que acomodó en el piso, pues pensaba pasar la noche cerca de ella, por cualquier cosa que se pudiera ofrecer. Preparó una jarra de café y después buscó un burro de planchar, un par de toallas y una plancha. Entró al baño, se desnudó y en el lavabo enjuagó toda su ropa del agua de mar. Dejó secando sus pantalones vaqueros y la camisa que había usado, y como no podía pasar la noche desnudo, se puso una toalla alrededor de las caderas y con ayuda de la plancha secó su ropa interior para poder volvérsela a poner. Se dio una rápida ducha y ya con su camiseta y sus bóxers secos, se fue hacia el cuarto, donde June aún dormía. Tomó una taza de café, vio el mar desde la ventana un buen rato, y después, pensando que ella no despertaría hasta el día siguiente, se acomodó en el piso y se dispuso a dormir.
Despertó en medio de la noche, con el corazón desbocado y sin razón aparente alguna. La cabeza le daba vueltas y no tenía idea de dónde rayos estaba. Se incorporó lentamente, sintiéndose aún más mareada, y tuvo que esperar a que sus ojos se adaptaran a la obscuridad para darse cuenta de que se hallaba en una habitación amplia, que la noche estaba ya entrada y que en el piso dormía un hombre de cabellos cortos y negros. Recordó como entre sueños lo que había sucedido, y que ese hombre, que era un caballero dorado, la había llevado a ese lugar. Recordaba a Shyriu y a Seika, pero no los veía por ahí, así que supuso que se habían marchado. Notó que vestía una camiseta blanca y unos pants que obviamente no eran suyos, pero no podía recordar de dónde los había sacado. Se puso de pie, y tambaleándose recorrió el lugar, tratando de no hacer ruido para no despertar al caballero. Necesitaba aturdirse aún más, quería olvidar no solo pedazos, si no todo lo que le había ocurrido quería olvidar hasta su propio nombre. Así que con un poco de esfuerzo, recorrió el lugar hasta hallar la cocina, y ahí emprendió una intensa búsqueda.
Desgraciadamente para ella, no pudo encontrar ni una gota de alcohol. Se detuvo a mirar al hombre que dormía en el piso. Descansaba boca abajo, con el brazo izquierdo levantado por encima de su cabeza, de tal forma que su cabeza descansaba sobre el dorso de su mano. La mano derecha estaba debajo de la almohada, como abrazándola. No puo evitar comparar y encontrar muchas diferencias entre su forma de dormir y la de Shun, que había dormido hecho un ovillo después de haberse acostado con ella, y odió recordar aquello, así que continuó su búsqueda con mayor ahínco aún.
Su mano derecha, que había pasado seis semanas enyesada, aún no estaba lista para soportar las extrañas posiciones en las que acostumbraba dormir normalmente, y se le acalambró, lo cual lo despertó. Abrió y cerró los puños, e incluso se dio un pequeño masaje hasta que superó la desagradable sensación. Se levantó por un vaso de agua, y entonces se dio cuenta de que ella no estaba acostada. No la encontró en la cocina, y notó el pasillo tenuemente iluminado por la luz que se filtraba debajo de la puerta del baño, así que avanzó lentamente hasta detenerse frente a la pequeña habitación. Tocó la puerta con suavidad
June¿te encuentras bien?
No hubo respuesta
June, contéstame por favor¿estás bien?
Shura se imaginó que quizás a ella ya se le había bajado el efecto del alcohol, y se sentía avergonzada por su proceder.
- Si así lo deseas, puedo traerte tu máscara.
Ni un ruido. Eso no le dio buena espina a Shura, que comenzó a temer que algo le hubiera sucedido y que estuviera inconsciente ahí adentro
- June, si no me abres ahora mismo voy a tirar la puerta
La amazona se esforzó en incorporarse, lo cual no logró, así que gateó hasta la perilla y abrió la puerta
¿Qué quieres? – le preguntó sentándose en el piso con torpeza
Shura se alarmó al darse cuenta de que ella parecía estarmás ebria de lo que había estado hacía un par de horas
June¿qué haces aquí?
¿Qué¿No puedo estar en el baño? Si quieres, me marcho – dijo ella ofendida. Intentó torpemente ponerse de pie, pero volvió al fracasar. Lo importante fue que, cuando ella se movió, él se dio cuenta de que en el piso y prácticamente vacía, se hallaba una botella de alcohol de uso médico
June¿pero qué hiciste¿Bebiste de esa botella?
¿Pero quién rayos eres¿Mi maestro¿Mi papá? No sabes ni quién soy¿¡a ti que te importa lo que haga!?
¡Pero eso es peligrosísimo! Ven, te llevaré al hospital ahora mismo
¡¡Claro que no!! No voy a ir a ningún lado
Pero necesita verte un doctor, bebiste casi toda la botella. Podrías…
¿Qué no te das cuenta de que eso es lo que quiero ¿¡Morirme!?
No sabes lo que dices, estás ebria
¡Síi, estoy ebria, y mucho, pero sé perfectamente bien que quiero morirme!
No voy a permitirlo
¡¡Vete al carajo¡¡No quiero que me salves¡¡No quiero que nadie me salve!!
No puedo permitir que cometas semejante error
¿Y tú que sabes¿A ti que te importa? Lo único que hicimos fue conversar en el pasillo del hospital. ¿Qué más te da si me muero?
Eres una amazona, Athena te…
¡Claro, una amazona perfectamente inútil! Si me muero le estaré haciendo un favor a Athena-sama, seré una preocupación menos para ella
No digas eso
¡¡Deja de decirme qué hacer¡No eres nada mío!
June comenzó a golpear sus piernas, y Shura aguantó sus golpes sin perder la calma en ningún momento.
¡Maldito seas¡¡No eres nada mío¡Yo no tengo a nadie!
Silencioso, Shura la ayudó a ponerse en pie, la tomó entre sus brazos aunque ella seguía golpeando su pecho y la llevó a la cama de Seiya. Estaba acomodándola cuando ella se aferró a él y lo hizo perder el equilibrio
¡No te vayas¡Quédate¡No tengo a nadie!
Él se tendió junto a ella en la cama, que afortunadamente no era tan estrecha, y permitió que ella se aferrara a su cuerpo.
Yo tampoco tengo a nadie – le respondió por fin él –Pero si así lo quieres, me quedaré aquí, contigo.
Ella no lloraba, simplemente estaba abrazándolo con mucha fuerza, de tal forma que Shura podía sentir el acelerado ritmo de su corazón, así que la abrazó a su vez y continuó haciéndolo hasta que unos minutos después percibió que su respiración era más profunda y sus latidos habían disminuido. Como ella parecía estar ya tranquila, intentó ponerse en pie y volver a su improvisada cama, pero ella se aferró a él una vez más
Duerme, te hará bien – dijo él intentando alejarse de nuevo
No quiero dormir – dijo ella mirándolo por primera vez a los ojos y besándolo
¿Pero qué estás haciendo? – dijo él separándose de ella y poniéndose de pie con rapidez
¿No es obvio? Quiero acostarme contigo.
Eso no va a suceder – dijo él tajante – Duerme, eso es lo que realmente necesitas.
El se acostó en el piso, retomó la posición en la que había estado antes de despertarse y se cubrió con las sábanas y el cobertor, esperando que con darle la espalda fuera más que suficiente para hacerla desistir. Cerró los ojos y trató de no hacer ruido alguno, es más, ni siquiera respiró con fuerz, para lograr que ella en verdad volviera a dormir. Un par de minutos después, parecía que había logrado su objetivo. Todo era silencio, y entonces se relajó en verdad. Pero para su sorpresa, en ese momento sintió que ella se deslizaba bajo las sábanas y que se acercaba a él, y eso no era todo. Pudo sentir como ella, completamente desnuda, lo abrazaba
¿Pero qué estás haciendo niña?
No soy una niña, y sabes a qué vine – dijo ella con una actitud francamente provocativa, con su boca tan cerca de la de él que podía sentir su aliento.
Shura prácticamente se incorporó de un salto
Basta ya de jueguitos
No es ningún juego – y soltó entonces una amarga carcajada – te ves asustado… ¿No me digas que me tienes miedo? No me digas que eres virgen también…
No voy a hablar de eso contigo
June se incorporó y alejó la sábana de su cuerpo para mostrarle sus senos desnudos
¿No te parezco atractiva¿Es por eso que no quieres tocarme?
No quiero tocarte porque estás completamente ebria y no tienes idea de lo que estás haciendo – dijo él arrodillándose junto a ella para echar la sábana sobre sus hombros y cubrir su pecho
¿Crees que no sé lo que hago? Para tu información, señor Don Caballero Dorado, ya no soy virgen, y no necesito que me jures amor, así que si eso es lo que te detiene olvídalo y ven
¡Por supuesto que no voy a tocarte! Tú misma lo dijiste hace unos minutos, apenas y nos conocemos, no existe ninguna relación sentimental entre nosotros
¿Y desde cuando eso les importa a ustedes? – dijo ella tratando de zafarse de él, que la tenía sujeta por los hombros para impedir que ella volviera a exhibirse frente a él
¿De quiénes hablas?
¿¡Desde cuando es necesario estar enamorado para acostarse con alguien¡Yo necesito saber!
¿Saber qué?
Necesito que te acuestes conmigo, y después me digas si te pareció que fue horrible
June – dijo él sin saber qué contestarle
Necesito olvidarlo. Tú… - dijo ella mirándolo – tú eres tan distinto…
Ella hizo uso de toda su fuerza y logró soltarse, para enseguida abrazarlo con fuerza
Tócame, por favor. ¿No tienes ganas de tener sexo? Te dejaré hacerme lo que quieras¿no es eso lo que hacen todos¡Toman lo que quieren y no les importa¿Qué no eres igual que todos? Vamos¡házlo!
Ella se lanzó contra él con todo su peso, y logró derribarlo sobre la colchoneta revuelta y comenzó a besar con frenesí su cuello, pero él era mucho más grande que ella, y sin problemas la hizo rodar para estar arriba de ella, que sonrió socarronamente, interpretándolo como una señal de que él iba a poseerla, pero se equivocaba.
¿Prefieres esta posición? – le dijo ella con lascivia –Claro, al final todos resultan ser machos¿no?
Pero él se había colocado sobre ella con la única intención de controlarla con el peso de su cuerpo
Yo no sé que te haya pasado, ni de qué o de quién hablas, ni por qué rayos crees que la solución es acostarte conmigo, pero no va a suceder. Yo no soy como los demás.
¡¡¡Maldito seas¡Todos quieren solo sexo¿¡Por qué tú no!? - comenzó a gritar ella - ¡¡¡Maldito seas¿Por qué no dijiste que no¿¡Por qué no me dijiste que no¿Por qué él no es como tú?
Shura se dio cuenta de que ella ya no se dirigía a él, y que estaba a punto de quebrarse, así que se movió para retirarse de encima de ella, y sentado, le habló sin mirarla.
Esta noche tú quieres olvidar, y crees que si yo te toco, que si yo tengo sexo contigo una vez, o toda la noche, vas a poder olvidar lo que sea que te haya ocurrido, pero eso no va a cambiar tu situación. Quieres tener sexo para olvidar, pero… si yo pudiera estar contigo, yo querría que sucediera lo contrario
¿Cómo dices? –dijo ella un poco más calmada, sentándose a su vez
Tú quieres tener sexo para olvidar, pero si tuvieras sexo conmigo, yo querría que lo recordaras para siempre. No me gustaría que ninguna mujer se acostara conmigo con el solo propósito de olvidar, y mucho menos tú.
¿En serio? – le preguntó ella, que estaba tan impactada por su declaración que se tranquilizó un poo
He cometido errores, no muchos, creo, pero lo suficientemente grandes e importantes como para cambiar mi vida, y la de otros para siempre. No quiero cometer un error contigo, no esa clase de error.
No necesitas ser tan elaborado – dijo ella rompiendo con la solemnidad del momento. Estaba muy dolida - solo dime que no te gusto y ya.
June, no es eso…
¡¡Todos mienten, todos ustedes mienten!!
Haznos un favor a todos y deja de generalizar y de hablar por mí. No estoy mintiendo. Eres… eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida.
Me tienes lástima¿verdad? Piensas que soy una pobre estúpida e insignificante amazona que no se merece estar en tu cama. Por eso no quieres acostarte conmigo. Crees que soy una pobre borracha y me quieres consolar. ¡Por eso me dices eso!
Para gran sorpresa de June, Shura tomó su mano y la guió hacia su vientre, adonde ella pudo sentir su miembro erecto sobresaliendo entre su ropa.
No miento. Te deseo, mi cuerpo te desea
Ella abrió mucho sus bellos ojos azules al palpar el cuerpo de él.
Mi cuerpo no miente. Y voy a repetirlo para que no lo olvides jamás: Eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida.
La rubia frotó su pene por encima de la ropa
Entonces duerme conmigo - y lo besó con más vehemencia que antes…
