CAPÍTULO 37

A media mañana ellos seguían en la cama, entre sesiones de sexo, de sueño y palabras.

Caroline recostaba su espalda en el pecho de su chico que la abrazaba por la cintura medio dormido.

Feliz admiraba su anillo de compromiso, intentando no pensar en nada más que ese momento en el que estaban.

- ¿Te gusta? – murmuró él contra su pelo

- Mucho – confesó levantando la mano para admirar el diamante – ¿Cuándo lo compraste?

- En mi viaje a Chicago

Caroline se volvió en sus brazos observándolo.

- ¿Ya habías decidido pedírmelo?

- Sí – aseguró

Se apretó contra su pecho y las lágrimas desbordaron sus ojos.

- Oh, Klaus, lo pasé muy mal – confesó con dolor – No podía creer que todo hubiese sido una mentira, pero allí estaban esos documentos... y tú no estabas... – sollozó

- Shh – la tranquilizaba Klaus acariciando su espalda – Tranquila, cariño. Ya ha pasado. Nunca podré disculparme lo suficiente, pero te prometo que no volveré a herirte nunca más. Te amo, Caroline. Recuérdalo siempre. Siempre que pienses que podría engañarte o traicionarte, recuerda que te amo y nunca haría nada para lastimarte. Pero tienes que prometerme que no te marcharás nunca más como lo hiciste. Prométeme que hablarás conmigo siempre antes de tomar cualquier decisión – rogó

- Lo haré. Lo prometo.

Klaus sonrió y la apretó contra su pecho desnudo.

- Y ahora – sonrió feliz – Tenemos una boda que planear

Caroline rió contra su pecho antes de separarse para mirarle de frente.

- ¿Qué tienes planeado para la boda?

- ¿Yo? – sonrió mirándola sugerente – Yo sólo tengo planes para la noche de bodas – se burló arqueando una ceja – Y quizás para todas las noches del resto de nuestra vida... y también para muchas mañanas... y tardes...

Caroline se carcajeó a la vez que restregaba su sexo contra él.

Klaus le respondió empujándola para dejar su espalda contra el colchón y acostarse entre sus piernas. Su pene firme se clavó dentro de ella con premura.

Caroline jadeó separando las piernas y rodeando su cintura con ellas.

- ¿Cómo te gustaría a ti que fuera nuestra boda? – preguntó Klaus hundido en su interior tibio y húmedo

- No lo sé. Me basta con saber que tú esperas por mí.

- Siempre – prometió acercando su boca a la de ella para besarla con dulzura – ¿Quieres una gran boda o algo más íntimo? No sé, cariño, dime con qué has soñado

- Nunca he tenido grandes sueños respecto a mi boda. confesó – No quiero una gran boda. Tal vez algo íntimo, tu familia, amigos... No lo sé, podríamos casarnos aquí si tú quisieras dijo temerosa aunque seguramente prefieras casarte en Nueva York

- Hacerlo aquí estaría bien aseguró sabiendo que esa sería la preferencia de Caroline

- ¿De verdad? inquirió esperanzada – Pero ¿y tu familia?

- Mi familia vendría, desde luego

- ¿Y no les importaría que no nos casáramos allí?

- Care, cariño, éste es nuestro paraíso particular. ¿Por qué querría casarme en otro lugar?

- ¿En serio?

- Claro que sí, cariño confirmó moviendo sus caderas de forma circular

Caroline jadeó ante la sensación del miembro de Klaus golpeando suavemente su punto G.

- ¿Te gusta así, nena? – susurró Klaus a la vez que mordía el lóbulo de su oreja

- Mucho – confesó consiguiendo que él volviera a embestirla

- Oh, Care, te he echado tantísimo de menos – gimió sin dejar de arremeter contra ella.

Caroline se arqueaba contra él buscando profundizar la unión, mientras sus dedos se clavaban en la espalda masculina. Klaus recorría su cuello y su mandíbula dejando suaves mordisquitos mientras la incipiente sombra de barba de su rostro, acariciaba la suave piel de Caroline rascándola.

- Por favor, Klaus rogó Lo necesito ahora...

- Ahora te lo daré, cariño confirmó con movimientos rítmicos mientras su mano bajaba para tironear el henchido botón palpitante de su clítoris

Fue ese último toque el que la llevó al clímax que alcanzo con un grito ahogado. Tras unos pocos envites más Klaus se derramó en su interior, dejándose caer exhausto sobre su cuerpo.

- Entonces nos casaremos aquí en Namibia – repitió Klaus cuando se hubo recuperado saliéndose de su interior y acostándose sobre su costado a tu lado

- Me gustaría que la boda fuera aquí

- Así será, entonces. ¿Cuánto crees que tardarás en organizar lo que deseas? ¿Te bastará un mes? – preguntó apoyado sobre su codo mientras su otra mano recorría suavemente el pecho y el vientre de la chica

- ¿Un mes? – sonrió

- Es lo máximo que podré esperar. Si lo pudiéramos hacer en un par de semanas sería genial

- ¿Tienes prisa? – dijo burlona

- ¿Yo? Muchísima

- Creo que un mes bastará – aseguró

- Hay algo más que quería decirte – dijo bajando la vista a sus dedos que acariciaban el plano vientre de la chica

- ¿Qué sucede? – indagó intrigada

- Sé que tomas la píldora... – comenzó escrupuloso

- Ya no – confesó Caroline sonrojándose

Klaus levantó la mirada hasta su rostro con clara sorpresa.

- ¿Ya no? ¿Por qué no? Pensé que lo hacías para mantener tu período regular

- Así era, – explicó bajando la mirada vergonzosa – pero mi médico me recomendó suspenderla por un tiempo, y como en realidad tampoco estaba teniendo... ya sabes, no estaba manteniendo relaciones sexuales, no vi razón para no dejarla. Lo siento.

- ¿Lo sientes? ¿Qué es lo que sientes?

- Debí decírtelo. Anoche. Ahora mismo. Debí decírtelo para que pudieras usar protección. Lo siento. – dijo en susurros tímidos

- Hey – sonrió a la vez que llevaba los dedos a su barbilla para alzar su rostro y obligarla a mirarlo – No tienes que disculparte. En realidad eso es exactamente lo que quería decirte

- ¿Qué cosa?

- Que si tú estás de acuerdo, me gustaría que dejáramos a un lado la protección y buscáramos un bebé.

- ¿Quieres tener un bebé conmigo? – preguntó con clara sorpresa

- Quiero tener muchos bebés contigo, pero creo que lo mejor sería empezar con uno. – sonrió divertido - ¿Te parece muy pronto?

Caroline se acercó a él acurrucándose contra su pecho.

- Creo que es muy pronto, pero creo que no quiero esperar – confesó dichosa

- Entonces, haremos un bebé – dijo burlón apretándola contra él - ¿Te parece que nos pongamos en ello de lleno? – ofreció sugerente cuando el estómago de Caroline gruñó interrumpiéndole.

Caroline no pudo reprimir una carcajada.

- Creo que mejor será que me alimentes

Ese primer día de reencuentro lo pasaron encerrados en la habitación de Klaus, sin salir siquiera para comer, ya que pidieron comida al servicio de habitaciones.

No fue sino hasta el día siguiente que Caroline le convenció de vestirse y dejar la habitación para desayunar en el restaurante del hotel.

Klaus trasladó sus cosas a la cabaña de Caroline y a la tarde fueron a la residencia, ya que Klaus insistió en visitar a Huilen y Nahuel.

Ese día cenaron con Wes y Charlotte, y Wes tuvo que reconocer ante Caroline y ante su propia esposa que les había ocultado que Klaus se había puesto en contacto con él para organizar la entrevista de aquel con la revista Time.

Ambas se mostraron indignadas, pero sus sonrisas les quitaban credulidad.

Caroline les informó sobre su próxima boda y Charlotte se la llevó a su estudio para comenzar a organizar la boda, dejando a los hombres bebiendo el café en el salón.

Wes observó a Klaus con una sonrisa satisfecha.

- Veo que finalmente todo ha salido bien – comentó mientras daba un trago a su taza

Klaus le sonrió tranquilo al fin después de casi dos meses sumido en la desesperación y la incertidumbre.

- Sí. Afortunadamente, sí. Quería agradecerte, Wes, que accedieras a esa entrevista.

- Hace mucho tiempo le ofrecí a Caroline que hiciéramos algo así. No podía soportar que mancharan su nombre, con todo lo que esa chica está haciendo, pero es tan terca cuando quiere – sonrió paternalmente

- Lo sé. Ha vivido tantos años intentando llamar la atención de su padre y sin saber cómo lograrlo, que los escándalos le parecían la única forma.

- Lo sé. Ese hombre se arrepentirá, algún día.

- Honestamente, espero que sí. Y no sé si en realidad deseo que se arrepienta y se disculpe con ella, porque ahora mismo desearía que él sufriera todo lo que le ha hecho sufrir a ella, pero Caroline no es así – confesó lamentándose

- Te entiendo. Yo también he esperado durante años que finalmente reconociera a la hija que tiene. Y tantas otras veces he deseado que venga a buscarla y sea ella quien le mande al diablo, pero sé que Caroline no lo haría.

- No. Lo sé. Le perdonaría todos y cada uno de sus desplantes. Y estoy seguro que él podría volver a lastimarla y ella volvería a perdonarle.

- Ahora te tiene a ti – aseguró Wes

Klaus sonrió con ternura pensando en su novia.

- No volveré a permitir que la lastime. La amo tantísimo – confesó sonriendo vergonzoso al hombre

- Lo sé – respondió Wes palmeándole la pierna – Lo sé y me alegro que así sea. Caroline se lo merece y sin duda tú te llevas a la mejor mujer imaginable

- Lo sé.

- Sé que Caroline no cuenta con un padre que la defienda o la proteja, y por eso muchas veces me gusta tomarme esas atribuciones – explicó el hombre haciendo que Klaus le observará extrañado – Así que supongo que a mí me toca decirte que si le haces daño te perseguiré y te haré arrepentirte – le explicó con una calma pasmosa que le arrancó una carcajada a Klaus

- Lo tendré en cuenta – respondió palmeando al hombre a su vez – Lo tendré en cuenta

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