Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta historia. Se prohíbe la reproducción parcial o total de la misma.

ADVERTENCIA: El capítulo que están ustedes por leer contiene suspenso y violencia. Se recomienda la supervisión…. ¡Bah! ¡Qué rayos…! Espero disfruten el capítulo pero nuevamente están advertidas. Le recomiendo leer el capitulo con la canción de fondo. No molesto más… les dejo el capítulo.


Capítulo 33: Amor y destino.

Canción recomendada para el capítulo: The Catalyst – Linkin Park

"No hay cosa que más avive el amor que el temor de perder al ser amado."

Francisco de Quevedo

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James Callahan nunca conoció el Gran Cañón. Cuando era niño, junto a su grupo escolar, preparó una aventura de fin de curso que los llevaría desde su natal Florida hasta el estado de Arizona, al río Colorado de cuya excavación nació la extraña formación rocosa. Emocionado el pequeño James contaba los días para empezar su aventura, con lo que no contaba el niño era que su padre tenía para él, otros planes.

Pocos días antes de terminar el año escolar lo inscribió al Campamento Boy Scout de su ciudad. Él, un scout de corazón, no veía el día en que su hijo tuviese la edad suficiente para inscribirlo en el campamento. Fue por eso que el día que cumplió ocho años, el nombre de James Kyle Callahan figuró en la lista de exploradores. Con alegría el hombre comunicó la noticia a su hijo, quién a su vez entre gritos, lágrimas y rabietas le gritó a su padre que él no quería perderse el viaje al Gran Cañón.

De poco le sirvió su explosivo ataque de rabia, ya que con tristeza tuvo que ver a sus amigos partir una mañana de julio mientras él, listo con su uniforme de scout, se dirigía con su padre a su primer día de explorador. El llanto del pequeño niño no se detuvo por los veinticinco minutos que duraba el trayecto hasta el campamento, por lo que su padre desesperado aparcó el auto unas pocas cuadras de llegar y lo reprendió fuertemente.

– James – empezó hablándole su padre con fuerte tono –. El Gran Cañón siempre estará allí, no se va a mover a ningún lado, ya lo conocerás algún día. El paseo a Arizona es un insignificante viaje que a lo mejor mas adelante apenas recordarás. Los Boy Scouts, al contrario, serán algo que te va a marcar para siempre. De ellos vas a aprender tenacidad, constancia y una gran fuerza interior. Probablemente ahora no entiendas mi decisión pero sé lo que es mejor para mi hijo. Y esto es lo mejor para ti, James – lo reprendió en fuerte tono. Su hijo sollozó y volteando la mirada decidió ignorarlo. Su padre, molesto por su repuesta, estiró su mano y le propinó un bofetón tan fuerte que le sacó al niño varias lágrimas –. ¡Carajo, James! ¡Mírame cuando te hablo! – gritó su padre. El niño en silencio volteó su rostro nuevamente en dirección a su padre y le regaló una mirada de odio. El hombre sin poder responder a la ira justificada de su hijo, asintió despacio y puso de nuevo su auto en marcha.

Ese día, el primero como Boy Scout, el pequeño James aprendió algo que en realidad cambió su vida: el lema de los exploradores "Siempre listo" , frase que mal interpretaría de tal forma que era en lo único que podía pensar cuando estaba a punto de cometer un asesinato, de llevar a cabo una violación o de planear una estafa. Pero aquella frase se desvaneció en algún lugar de su cerebro cuando, con su arma apuntando la cabeza de su esposa Audrina, se olvidó de rastrillarla. Aquel día, el último de su vida, fue el único en el que James Callahan no estuvo "Siempre listo".

Al escuchar el disparo que un revólver que rugió muy cerca de él, tardó un segundo en percatarse que el arma en sus manos no había sido la causante de la detonación. Una risa se esbozó en el rostro de la mujer frente a él y de inmediato un lacerante dolor recorrió su cuerpo entero. Llevó la mano izquierda a su estómago y se dio cuenta que su padre había estado equivocado. Se dio cuenta que él jamás conocería el Gran Cañón…

– Audrina… ¿Qué…hiciste? – logró susurrar al ver su mano llena de sangre. Su cuerpo se desplomó de inmediato, provocando que su arma cayera a los pies de Audrina quien la recogió de inmediato.

– Hay personas cuya vida no vale la pena, tú eres uno de esos, cariño – susurró ella mientras lo veía retorcerse del dolor y se volteaba para mirar a Isabella y apuntarla con el arma de James. Sus ojos estaban inyectados de furia. Su puño izquierdo estaba tan fuertemente apretado que sus nudillos lucían un intenso color rojo, como la sangre que a sus pies se derramaba y que salía del hombre al que vilmente traicionó.

Isabella abrió sus ojos en ese momento y Audrina levantó el arma en respuesta. Le sonrió al verla soltar un grito ahogado y se acercó sigilosamente hasta ella, como un cazador cerca de la presa que está a punto de morir en sus manos.

– El infierno está recién por comenzar, Isabella – le susurró Audrina con una sonrisa. Isabella sollozó en respuesta a su amenaza y retrocedió sentada sobre el viejo colchón tratando en vano de alejarse de Audrina. Ella, en rápida réplica, la tomó del brazo y le impidió moverse. Isabella soltó un nuevo sollozo y Audrina acercó el arma a la línea de la mandíbula de Bella –. No te muevas un solo centímetro, Isabella. Si lo haces, esta pequeñita en mis manos puede hacerte un enorme agujero en la cara, tan enorme como el agujero que el rechazo de Edward provocó en mi corazón.

Isabella sollozó nuevamente al leer de los labios de su potencial asesina el nombre de su amor y negó al recordar que todo el desastre de su vida empezó cuando, sentada en un parque, ésta le habló de Edward. De lo que era bueno para él, de su futuro y su felicidad. ¿Cómo no pudo percatarse que todo eso que le dijo era para alejarla de él? Para dejarlo libre para ella e intentar darle lo que según ella Edward merecía. ¿Cómo pudo ser tan tonta y dejar que todo este infierno siquiera empezase?

– Edward folla como los dioses, lo sabes ¿cierto? – susurró Audrina unos pocos segundos con una voz burlona –. ¡Respóndeme, sorda de mierda! ¡Respóndeme! ¿O es que no me escuchas? – le gritó mientras presionaba el arma en su garganta. Isabella asintió asustada y Audrina le sonrió –. ¡Claro que lo tienes que saber, Isabella! ¡Lo follaste durante años…! Yo también lo hice, eso lo sabes, también. Y creo que unas cuantas mujeres también lo hicieron – Isabella abrió sus ojos aterrada ante las palabras de Audrina ¿Mujeres? ¿Qué mujeres? ¿De qué hablaba ella? ¿Edward la traicionó con más mujeres que Audrina?

Audrina soltó una risa burlona y llevando la mano a su boca fingió sorpresa.

– ¡Lo siento, Isabella! ¿No conocías de las infidelidades de Edward? Pues te comento que yo sí. Lo espié varias semanas. Llegaba a su departamento con una mujer distinta cada vez, la misma que se iba siempre por las mañanas. Tu hombre probó varios coños, el tuyo al parecer le resultó algo… ¿Reemplazable? – Isabella soltó un fuerte sollozo mientras apretaba sus puños y se obligaba a respirar para hablar.

¡Mientes! ¡Siempre…mientes! – gritó con ronca voz Isabella. Audrina soltó una fuerte carcajada y negó un segundo después.

– Tsk, tsk, Isabella. Yo jamás miento. Lastimosamente no saldrás viva de aquí para que se lo preguntes por ti mismo, pero debes saber que en eso… no soy capaz de mentirte. Él te engañó muchísimas veces, al parecer decidió vivir la vida que estando contigo no podía – Isabella volvió a sollozar y en respuesta Audrina retiró el arma de su garganta para ponerla en su frente.

– Ya no llores, sordita, eso me pone nerviosa, y ya has visto lo que puedo hacer si me pongo nerviosa – dijo ella mientras miraba a James jadear descontrolado en el piso, empezando a ahogarse en su propia sangre. Isabella miró con tristeza en dirección a James y Audrina negó al ver su gesto –. No le tengas pena. Él solo era un medio para llegar a ti, eventualmente me hubiese librado de él, así como él se libró del tipo que está cerca de la escalera. ¿Quién es él después de todo? ¿Algún amigo? ¿Novio, quizás? Sería el colmo que sea tu amante, sobre todo porque estás esperando un hijo de Edward.

Isabella miró confundida a Audrina al entender las palabras que salieron de su boca ¿Bebé? ¿De qué bebé habla? ¿De su hijo que perdió algunos meses atrás?

– Debió ser duro ver morir a alguien, ¿verdad? – dijo Audrina mientras apuntaba a Jacob a lo lejos. Isabella volvió a sollozar al percatarse que en el transcurso de estos meses, la muerte era lo único que parecía rondar su vida. La muerte de la confianza que tenía en Edward, la muerte de su propio corazón que destrozado se refugió en su hijo que pocos meses después moriría a causa suya. La probable muerte de Emmett que en su inútil defensa salió esa mañana; la de Jacob, su amigo y motivo de sus sonrisas sinceras. La de su captor James de las manos de Audrinapor alguna razón que ella no entendió.

Muerte… muerte… muerte. ¿Quién sería la siguiente víctima en este caos? En silencio rogó al cielo que fuese ella la siguiente. Que todo este infierno terminase y ella pudiese al fin descansar.

– Es triste cuando alguien muere por tu culpa, ¿cierto, Isabella? – le preguntó Audrina. Isabella no respondió a su pregunta, únicamente volteó el rostro alejando su mirada de los dos cuerpos sin vida al final del sótano. Aquella acción enfureció a Audrina quien en respuesta le agarró el cabello con fuerza y la obligó a mirarla –. ¡Mírame cuando te hablo, maldita hija de puta! ¿Fue duro ver morir a tu amante? ¿Cuesta ver morir a las personas que uno ama? – Isabella asintió mientras grandes lágrimas de dolor e impotencia rodaban por su mejilla. Audrina soltó el cabello de Isabella y la lanzó con fuerza al colchón. Una extraña lágrima rodó por la mejilla de Audrina e Isabella la miró asombrada.

– Yo sé lo que se siente ver morir a alguien que uno ama, Isabella. Yo lo viví – dijo Audrina unos pocos segundos después cuando estuvo segura que sus recuerdos no le causarían un colapso emocional. Tomó un fuerte respiro y decidió continuar –. ¿Sabes la verdadera razón por la cual tuve que salir de New York, Isabella? ¿Tienes alguna idea por la cual tuve que dvejar mi casa, mi vida allá, por venir a este maldito lugar? – le preguntó mientras volteaba a mirar a Isabella. Bella negó al no entender las palabras que ahogadas salieron de su boca –. Yo tenía mi vida allá, mis amigos, lo tenía a él, y un día todo se fue… ¡Todo! ¡Todo! – gritó frustrada Audrina al tiempo que agarraba con furia su cabello –. ¿Sabes lo que es perder todo por algo que te han escondido? ¿Ver morir a la persona que más te importa a causa de algo que ignorabas por completo? ¡Responde, Isabella! ¿Sabes lo que se siente?

No…– respondió con su voz una asustada Isabella. Audrina asintió en respuesta, miró por un momento a James que segundos atrás había soltado su último suspiro de dolor y volvió a mirar a Isabella.

– Se llamaba Mark y había sido mi mejor amigo desde que éramos niños. El sentimiento estaba empezando a evolucionar y ambos lo notamos. Me pidió que lo acompañara a cenar para hablar de nosotros ese viernes, el último del mes de junio, pero ese día jamás llegó. La noche del jueves, frente a la entrada del edificio de departamentos donde vivía, un hombre le disparó y Mark murió en mis brazos. ¿Sabes quién lo mató? Yo sí, lo sé, fue el socio de negocios de mi padre. Mark había hecho negocios con él, negocios que involucraban drogas, drogas que vendería para tener dinero y poder estar a mi mismo nivel económico. Pero nada resultó como él pensó, los clientes jamás le pagaron, él no tuvo como pagarle al socio de mi padre y a quemarropa le dispararon frente a mí – susurró ella intentando retener inútilmente sus lágrimas. Volvió a respirar de manera pausada y continuó –. El crimen fue presenciado por mi padre, quién amenazó a su socio con denunciarlo. El hombre solo respondió con otra amenaza, la de matarnos a mi madre y a mí, y llevar a la cárcel a mi padre por décadas de manejo fraudulento y complicidad de varios crímenes. Fue esa la razón por la que tuve que dejar mi casa, Isabella. Fue esa la razón por la cual vine a esta ciudad e intenté dejar todo atrás. Pero el maldito destino se empeñó en joderme una vez más. Se suponía que esto sería un nuevo comienzo, pero todo se fue al carajo el día que pisé la Universidad de Seattle por primera vez – masculló Audrina mientras miraba a Isabella. Bella, completamente confundida ante las palabras de Audrina, frunció el ceño.

– No me estás entendiendo, ¿verdad, sordita? – preguntó Audrina al ver la cara de desconcierto y confusión de Bella. Chasqueó entonces su lengua al no tener respuesta de Bella y llevó su mano al bolsillo trasero de su pantalón, de donde sacó un celular. Sonrió de manera triste mientras buscaba algo en él, y su semblante cayó de inmediato cuando encontró lo que buscaba. Extendiendo su mano le enseñó la pantalla de su teléfono, en ella la foto de ella junto a un joven se mostraba feliz, como queriendo inmortalizar un momento eterno. Isabella notó que Audrina se veía radiante en la foto, sonreía mientras abrazaba a un joven de cabello despeinado y de intensos ojos verdes. Muy parecidos a los de…

– Edward…– susurró Audrina cuando notó que Isabella había abierto sus ojos asustada –. Es muy parecido a Edward. No tiene su mismo cabello pero la intensidad de su mirada es igual a la de Edward. ¿Sorprendente no? – preguntó Audrina. Isabella no le prestó atención por estar mirando la pantalla del teléfono por lo que Audrina negó y quitó el teléfono de la vista de Isabella.

– Cuando lo vi no podía creerlo, pensé que me estaba volviendo loca. Ese día, cuando conocí a Edward, él estaba muy contento y su sonrisa, su sonrisa me recordó tanto a la suya. Su mirada verde y sus buenos modales. ¡Era Mark, te juro, Isabella, que Edward era mi Mark! – gritó entre sollozos ella. Isabella negó despacio y retrocedió un poco al verla aproximarse con el arma. Audrina se acercó nuevamente y presionó el arma en la garganta de Isabella.

– ¿Sientes esto, Isabella? ¿Esta desesperación por no saber qué hacer? ¿Esas ganas de gritar y huir de todo? – preguntó Audrina entre gritos. Isabella asintió sollozante –. Esto fue lo que me pasó cuando conocí a Edward, cuando con una sonrisa me dijo que tenía una novia. Cuando me dijo que te amaba y que al terminar la escuela de medicina se casaría contigo. ¡Contigo! ¡Con una sorda! ¡Mi Mark con una maldita sorda!

Él no es… es Mark – susurró asustada Isabella mientras el frío cañón presionaba su cuello. Audrina negó con tristeza pero no alejó el arma de Isabella.

– Eso lo sé, estúpida. Edward no era Mark, pero aún así lo quería para mí. Para continuar con él lo que el destino me privó con Mark – masculló furiosa Audrina –. Cuando te conocí, dije esto será más fácil que quitarle la golosina a un niño, pero me equivoqué. Edward estaba demasiado perdido en ti, tan enamorado de una maldita discapacitada que no me dejó otra opción que actuar como tu amiga, de llegar a ustedes de manera amigable y poder ganarme tu confianza. Y lo logré, estúpida Isabella. Logré que te alejaras de mi hombre, que lo dejaras para mí, pero cuando te fuiste dejaste solo despojos de él. Te llevaste su maldita esencia contigo y de nada me sirvió. Me usó, se revolcó conmigo y me botó de su casa y su vida. ¿Crees que eso hubiese hecho mi Mark? ¡Lo dudo! Edward me jodió la vida, porque tú se la jodiste primero. ¡Y eso lo vas a pagar muy caro, perra! – le gritó enfurecida. Isabella sollozó nuevamente y Audrina la tomó del cabello y la zarandeó con fuerza.

– No te preocupes sorda de mierda, que no voy a matarte. Al menos no a ti primero, necesito hacerte sufrir lenta y muy dolorosamente, para que sepas lo que yo viví. ¿Sabes lo que se siente ver morir a alguien que amas? ¿No? – preguntó Audrina, Isabella no pudo responder ante la presión que ejercía Audrina en su cabello y el revólver en su garganta –. ¿No lo sabes? Es bueno saberlo entonces, porque seré yo quien te muestre lo que es eso. Vamos a matar a la persona que más amas frente a ti, y luego te haré un agujero en el estómago, mataré al bastardo de tu hijo y luego tú, Edward y tu mugroso feto se irán al infierno felices – dijo mientras la soltaba con fuerza y la lanzaba a la cama.

Como si el nombre de Edward hubiese provocado en Isabella una sobrecarga eléctrica, estiró sus brazos e intentó detener a Audrina, pero era ya tardé porque Audrina estaba ahora de pie y empezando a alejarse del colchón donde Isabella estaba maniatada. Con un fuerte sollozo, Isabella soltó un desgarrador grito provocando que Audrina se detuviera un momento.

¡NO! ¡NO! ¡EDWARD, NO! – gritó histérica Isabella. Audrina en respuesta se acercó nuevamente y con fuerza golpeó a Isabella con la empuñadura del arma, provocando que Bella se desplomara en el colchón. Un extraño sopor le sobrevino a la debilitada mariposa, todo se volvió oscuro en un segundo mientras su mente empezaba a formar extrañas imágenes de Edward bañado en sangre. Apenas un segundo antes de desmayarse, lo único en que pudo pensar Isabella fue en que Edward no podía morir, ella no lo podía permitir. ¡Prefería ella morir, ofrendar su vida con tal de mantener latiendo el corazón del hombre que amaba!

Cuando un desmayo dejó a una inconsciente Isabella sobre el colchón y su potencial asesina empezaba a marcar el número de Edward, un sonido se escuchó en la puerta. Una sigilosa Audrina se movió hasta las escaleras mientras sorteaba cuerpos sin vida. Se detuvo cerca de una falsa pared del fondo del sótano y esperó en silencio por unos segundos. La puerta se abrió con un molesto chirrido y una voz retumbó en la oscuridad.

– ¿James? ¿Estás bien? ¿Mataste a la loca de tu mujer? – preguntó con voz temerosa Laurent al tiempo que empezaba a bajar las escaleras. Cuando escuchó el disparo ocurrido varios minutos atrás, supuso Laurent que James había matado a Audrina, pero al no escuchar sus gritos pidiendo su pizza sospechó que algo no andaba bien. Consiguió las llaves del sótano en algún cajón de la casa y acompañado de su arma, se dispuso a averiguar que estaba ocurriendo.

Durante su vida, Laurent McAvoy había tomado pésimas decisiones, bajar por esas escaleras había sido no solo la peor de ellas, sino la última. Un disparo certero en la mitad de su pecho, que de algún lugar de la oscuridad del sótano provino, provocó que resbalara por las escaleras rompiendo su nuca a causa de la estrepitosa caída y muriera de inmediato sin poder arrepentirse de su vida llena de crimen y dolor.

De las sombras una temblorosa Audrina salió con el arma de James aún humeante en sus manos y miró a Laurent expirar a sus pies. Con un leve movimiento de cabeza, ella asintió complacida y caminó de regreso al colchón donde estaba desmayada Isabella a causa del golpe. Dejó el arma en el suelo por unos minutos y marcó el número de Edward desde su teléfono. Esperó paciente hasta que la llamada lograra establecerse y contó el número de timbradas que dio el teléfono antes de ser contestado.

Uno…

Dos…

Tres…

– ¡Edward! ¡Es tu teléfono el que está sonando! – gritó Charlie desesperado al ver la nula reacción de Edward ante su teléfono sobre la mesa –. ¡Pueden ser ellos! ¿Qué esperas para contestar la maldita llamada? ¡Active el rastreador de llamadas ahora! – dijo Charlie esta vez dirigiéndose al agente Fox que estaba sentado frente a él. El reloj de la pared marcaba ya las doce de la noche.

– No son ellos. No es necesario activar nada – fue su escueta respuesta al ver en la pantalla el nombre de Audrina Moore. El agente Fox no le hizo caso a Edward y encendió el rastreador de llamadas y dejó en espera el botón de altavoz hasta esperar que Edward atendiera la llamada –. Está llamando alguien con quien no quiero hablar, y mucho menos ahora.

– ¡Podría saber algo de Isabella y de Jacob, Edward! – esta vez fue el turno de Rachel de gritar. Edward volvió a negar y se encogió de hombros.

Cuatro…

Cinco…

Seis…

– ¡Es que si no contesta él, contesto yo! ¡La vida de mi hermano está en peligro y a él le vale una mierda! – gritó nuevamente Rachel. Edward la miró de soslayo y negó mientras mordía su lengua y sus ganas de gritarle una posible verdad que ella ignoraba. Una sola vez más sonó el teléfono antes que un muy cabreado Edward atendiera.

– ¿Qué quieres, maldita sea? – gritó furioso al teléfono Edward. Del otro lado se escuchó una leve risa entre dientes.

– A ti – susurró en seductor tono Audrina –. Solo te necesito a ti.

– Audrina, no estoy de humor para aguantar tus estupideces – dijo Edward mientras alejaba el teléfono de su oreja y poder así cerrar la llamada.

– ¿No estás de humor porque tu sordita está desaparecida, verdad? ¿Alguien se la llevó y estás desesperado sin saber donde está metida esa maldita zorra y tu bastardo engendro? – al escuchar los gritos de Audrina al otro lado del auricular, Edward volvió a colocarse el celular cerca de la oreja mientras apretaba con sus dedos fuertemente el puente de su nariz.

– ¿Cómo sabes lo que está sucediendo? – preguntó Edward con severidad en su voz. Audrina volvió a soltar una risa alegre y respondió con dulce voz.

– ¡Eso lo sé, porque soy yo quien tiene a la sordita! – canturreó emocionada Audrina. Edward se puso de inmediato de pie y abrió sus ojos asustado mientras caminaba desesperado por la sala.

– ¿Dónde estás, Audrina? ¿Dónde estás? ¡Dime, maldita sea! ¡Dime! – gritó Edward al teléfono. Audrina chasqueó su lengua y negó levemente.

– Primero que todo, necesitamos modales, Edward. En mis manos tengo un arma que ya ha matado al menos a dos personas y si no me bajas el tono tu sordita va a ser la tercera, ¿me oyes? – masculló Audrina. Del otro lado solo se escuchó silencio –. Muy bien, así me gusta. Bueno, como te dije cuando te llamé, te necesito a ti. Te necesito a ti a cambio de la vida de Isabella, te quedas a mi lado para siempre y puede ser que perdone la vida de este parásito, después de todo está embarazada y si la mantengo con vida podría quedarme con tu hijo y lo criamos como nuestro ¿No te parece una estupenda idea, Mark? – Edward abrió su boca asustado por todo lo que acababa de escuchar.

¿Era cierto todo lo que estaba pasando o todo era producto de los medicamentos que le suministraron en el hospital? ¿Por qué Audrina secuestró a Isabella? ¿Por qué quería los veinte millones solicitados por la tarde? ¿Por qué hablaba de una embarazada Isabella cuando ellos perdieron a su hijo meses atrás? ¿Por qué lo llamaba Mark?

– Te necesito en Conrad Lane, en las afueras de Seattle. Es un suburbio a dos kilómetros de la interestatal. Al entrar dirígete al oeste y toma la calle Jackson High, la casa es la última a la derecha de esa calle – Edward intentó memorizar la dirección otorgada mientras veía en los rostros desconcertados de las personas de la sala. El agente Fox rogó porque la llamada no se cortara ya que el rastreo estaba empezando a arrojar sus primeros resultados –. Sé que a lo mejor debes haberte contacto con la policía, Edward. Necesito que vengas solo ya que en caso de traer a alguien más, lastimosamente tu sordita la va a pagar, un solo disparo y… ¡Adiós parásito! – Edward apretó sus puños en señal de rabia negó mientras susurraba.

– Estaré allí lo más pronto posible, no te atrevas a tocarla o yo mismo seré quien te mate – amenazó Edward a Audrina quien en respuesta soltó una fuerte carcajada.

– Sí, claro. Tú matarme a mí, Mark. No puedes hacerlo porque me amas… ¿No te has dado cuenta de eso? – preguntó ella con voz temblorosa –. ¿Es que no te das cuenta que yo te necesito, Mark? ¿Qué volviste para que estemos juntos? ¿Para qué me hagas el amor y seamos felices?

– Estás completamente loca – masculló Edward desesperado al escuchar divagar a una desquiciada mujer, en cuyas manos estaba la vida de su frágil amor.

– ¡No te atrevas a decirme que estoy loca! ¡No lo estoy! ¡Tú lo estás por querer a esta mujerzuela! ¿Sabías que mataron a su amante aquí? Sí, Isabella tenía un amante. Ahora está muerto pero esa zorra se atrevió a tener un amante estando embarazada de nuestro hijo ¡De nuestro bebé! ¿Ves por qué esa maldita merece morir? Yo puedo disparar en este momento el gatillo y se acaba nuestro problema, mi amor – susurró Audrina mientras apuntaba la cabeza de Isabella –. Está aquí junto a mí, tranquilita. Shhh… Shhh… Su muerte será pacífica, lo prometo. ¿Puedo dispararle, Mark?

– ¡No te atrevas, maldita infeliz! ¡No te atrevas! – gritó desesperado Edward rompiendo en lágrimas. Charlie se puso de pie al ver la reacción de Edward ante esa llamada y caminó hasta donde estaba el agente Fox. Una pequeña lucecita roja empezó a parpadear en la pantalla de su laptop en ese momento.

– Ven entonces, amor. Ven y ruégame por dejarla vivir…– dijo ella en suave tono. Edward intentó recomponer su postura y asintió rápidamente.

– Dame media hora y estaré allí. No hagas nada, por favor – rogó Edward con voz rota.

– Por fin serás mío, Mark. Ni la muerte nos habrá logrado separar – susurró ella emocionada antes de cerrar la llamada. Edward alejó el teléfono de su oreja y volviendo a meterlo en su bolsillo se acercó a la mesa donde reposaban las llaves de su auto y se dispuso a salir de allí.

– ¿Qué estás haciendo, Edward? – preguntó Charlie al verlo alejarse. Edward se detuvo y juntando todas sus fuerzas intentó tensar su voz y sonar firme y no lleno de pánico como se encontraba. Necesitaba una coartada para llegar hasta Audrina sin levantar sospechas de Charlie y de Fox, por lo que decidió mentir.

– No tolero más esto, Charlie. Necesito salir de aquí, Isabella ya no es nada mío y no necesito más de esta inútil presión. Se los dejo en sus manos, yo me largo – dijo Edward antes de voltearse e irse de la pequeña sala. Charlie reaccionó de inmediato y corrió tras él, impidiéndole que salga.

– ¿Qué carajos te pasa, Edward? ¿Quién fue la persona que te llamó? ¿Cómo… cómo puedes decir que te vale una mierda lo que está ocurriendo? – le gritó Charlie a un tembloroso Edward que no veía el momento de salir corriendo de allí en busca de su amor. Al recordar entonces que su Isabella corría peligro y que cada minuto contaba en su contra, se armó de valor y se obligó a hablarle a Charlie.

– Me importa un carajo lo que suceda de ahora en adelante. Solo necesito irme de acá – dijo en fuerte voz. Charlie, impulsado por la desesperación y la rabia estrelló su puño derecho en el rostro de Edward provocando que éste trastabillé de inmediato.

– ¡Jefe Swan! – gritó Fox al ver que aquel no sería el último golpe que le propinaría Charlie a Edward por su inapropiada respuesta. Corrió entonces para separarlos, Edward se alejó un par de pasos y tocó su nariz, ahora llena de sangre a causa del golpe. Decidió no prestar atención a su dolor y empezó a alejarse con destino al corredor.

– ¿Cómo puedes decir que la vida de mi hija te vale un carajo? ¿Qué mierda te pasa, Cullen? ¡Es mi hija, mi ángel el que está en riesgo! – gritó Charlie desde el interior de la sala. Edward al escuchar las palabras de Charlie negó mientras sollozaba y apresuraba el paso.

– ¡Eso lo sé, maldita sea! ¡Lo sé! ¡Es mi vida entera, mi amor y mi todo la que está allí en riesgo y no voy a permitir que le hagan algo! Prefiero morir y verla vivir que vivir con la culpa de haberla visto morir sin poder hacer nada. Si Audrina me quiere a mí, eso es lo que va a tener – susurró para sí entre susurros mientras se dirigía al auto para conducir a toda velocidad hasta Conrad Lane, el lugar donde su vida terminaría y empezaría a la vez.

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Un fuerte remezón despertó a una aturdida Isabella de su desmayo. Intentó abrir los ojos y enfocar su borrosa visión pero le costó hacerlo, el golpe la había dejado tan mareada que todo a su alrededor parecía moverse. Cuando el mundo al fin pareció estabilizarse, una sonrisa se dibujó en la mujer que frente a ella permanecía.

– Bienvenida de regreso, Bella Durmiente – susurró una sonriente Audrina. Isabella intentó sacudir su cabeza pero el dolor a causa del golpe no se lo permitió –. Necesito que te pongas de pie y subas conmigo a la sala, en unos minutos tendremos una visita especial.

¿Qué… quién vie…ne? – preguntó Isabella con su entrecortada voz. Audrina suspiró emociona y aplaudió contenta.

– ¡Viene Edward! – gritó alzando sus puños en señal de Victoria. Isabella empezó a negar de manera furiosa y a llorar descontroladamente.

¡No! ¡Edward…no! – chilló Isabella entre desesperados sollozos. Audrina frunció el ceño y sin perder el tiempo tomó nuevamente el revólver y se lo enseñó a Isabella.

– Sí, Edward…sí. Él va a venir hasta acá pensando que puede liberarte, yo le hice creer eso – susurró victoriosa ella –. Pero tú y tú maldito hijo no tienen salvación. Voy a matarte de un solo disparo en tu maldito vientre no sin antes haberlo matado a él. Edward merece la muerte ¿sabes? Él no debió rechazarme… ¡Mark no lo hubiese hecho! – habló entre dientes Audrina. Isabella tembló ante el panorama tan escalofriante que se dibujaba para ellos. Se llenó entonces de valor la joven y decidió hablarle a la mujer frente suyo.

No… no lo hagas. Ma…mátame a mí, pero no… no lo toques, por favor – imploró Isabella con sollozante voz. Audrina miró a Isabella con admiración para luego soltar una carcajada.

– ¡Oh, Isabella! Tú vas a morir, eso no necesitas pedirlo. Pero primero Edward va a morir, ya después lo podrás acompañar en el infierno – susurró Audrina recorriendo con su arma la línea de la mandíbula de Isabella. Isabella negó furiosa en respuesta y Audrina la tomó con fuerza del cabello –. No te atrevas a negarte o la primera en irse al infierno serás tú y tu maldito hijo. Ven, es hora de salir de aquí antes que llegue él. ¿No queremos que nos encuentre aquí, cierto? Es mejor que se lleve una última buena impresión de nosotras antes que se vaya al otro mundo.

Sin perder el tiempo Audrina se puso de inmediato de pie y tomó a Isabella del brazo para ayudarla a levantarse. Aflojó un poco las cuerdas que la mantenían amarrada en sus pies y manos y se aseguró de ésta pudiese caminar. Entre empujones la levantó del colchón y la obligó a caminar hasta las escaleras en medio de los tres cadáveres que ahora estaban en el piso, en medio de una estela de muerte que parecía no tener un final.

Llegó a las escaleras y de manera incómoda subió las mismas. Audrina con su arma apuntando su espalda la obligó a abrir la puerta y a salir de aquel oscuro lugar. Afuera, en el corredor, una potente luz cegó por unos instantes la visión de Isabella, acostumbrada a la penumbra del sótano por lo que ella creía era una eternidad pero que en realidad habían sido doce horas, doce dolorosas y agonizantes horas en las que todo su mundo había colapsado sobre ella.

– Camina hasta la sala. Busca una silla y siéntate – le dijo Audrina a Isabella mientras aseguraba la puerta del ático. Como era lógico, Isabella no escuchó lo que provocó la ira de Audrina quien estuvo a punto de volverla a golpear con la empuñadura del revólver. La tomó del brazo y empujándola, la lanzó al sofá más cercano. Una débil Isabella trastabilló cayendo al suelo en vez del sofá, situación que fue aprovecha por Audrina para golpearla fuertemente en el vientre.

– ¡Ese maldito bastardo no debe nacer! ¡Ni siquiera debe existir! ¡Mi Mark no va a tener un hijo anormal! – gritó furiosa Audrina mientras golpeaba a Isabella una y otra vez en el vientre.

¡No! ¡No! – chilló Isabella intentando protegerse inútilmente de los golpes que le propinaba Audrina. En ese momento el sonido del timbre y de unos furiosos golpes en la puerta, retumbó en la sala de la casa y Audrina se detuvo de inmediato.

– Parece que llegó nuestro invitado especial, Isabella – dijo Audrina con una gran sonrisa mientras caminaba hasta la puerta. Isabella logró retroceder unos pocos centímetros y logró apoyar su espalda sobre el sofá más cercano. Vio a lo lejos a Audrina abrir la puerta con deliberada lentitud y su mundo se detuvo cuando vio en el umbral de la puerta a su amor, con sus mejillas bañadas en lágrimas, un cabestrillo en su mano y su nariz con fuertes rastros de sangre en ella. Quiso ponerse de pie y correr en su encuentro pero no pudo, su debilidad y reciente golpiza no se lo permitieron.

– Bienvenido a casa, amor – fueron las palabras de Audrina en cuanto abrió la puerta. Edward desesperado y nervioso la apartó, provocando así que su campo de visión quedara libre. A lo lejos, recostada débilmente sobre un sofá, con sus manos y pies atados, un hilo de sangre que corría por un costado de su sien, moretones en sus manos, y una palidez propia de un cadáver, estaba su amor. Su Isabella, su razón de vivir, su amiga, su mariposa del alma.

Por ilógico que pudiese parecer en una situación así, Edward respiró aliviado al ver a Isabella. Supo entonces que una sola imagen de su Bella, aunque por muy pobre y destrozada que ésta fuera, le servirían para devolver a su corazón su latido, paralizado desde que se enteró de su desaparición. Una sola imagen y bastaba, para hacer que su alma vuelva a su cuerpo y para darle también la fuerza para ofrecer su vida a cambio de la de su amor. Una sola imagen y era suficiente para saber que si él estaba allí en ese momento era para salvarla a ella, que todo esto era por y para ella.

– Isabella – susurró su nombre al verla derramar unas cuantas lágrimas. Corrió hasta ella para liberarla pero una voz lo detuvo.

– Das un paso más y ella se muere, Edward. Un maldito paso más y le vuelo la cabeza. ¿Me oyes? – gritó Audrina con arma en mano apuntando desde la puerta a Isabella.

– ¿Qué es lo que quieres, maldita loca? ¿Matarla? ¿Matarme? – preguntó Edward mientras se volteaba para quedar frente a Audrina. Ella apuntó esta vez al techo y disparó con fuerza. La bala dejó un agujero en el tumbado y provocó el accionar de uno de los sensores de humo, por lo que de inmediato un potente chorro de agua mojó tanto a Edward como a Audrina –. ¿Qué mierda estás haciendo? – gritó Edward con rabia.

– ¡No me grites! ¡No me grites que eso me pone nerviosa y te puedo disparar! ¡Mira lo que acabo de hacer! – gritó Audrina mientras negaba con fuerza y lo apuntaba con sus temblorosas manos

– ¿Quieres dispararme? ¡Hazlo! ¿Quieres matarme? ¡Aquí estoy! ¡Hazlo de una vez y deja a Isabella irse! – masculló furioso Edward mientras señalaba a Bella –. ¿Qué le has hecho? Mejor dicho ¿Qué es lo que ella te ha hecho para que le hagas esto?

– ¡Ella tenía algo mío, Mark! ¡Tú eres mío! – gritó Audrina todavía apuntando a Edward.

– ¿Quién carajos es Mark? – preguntó confundido Edward mientras lentamente intentaba retroceder para alcanzar a su Bella sin que Audrina se percatase.

– ¡Mark eres tú! ¿No me recuerdas? ¡Es imposible que me hayas olvidado! – Edward negó en respuesta y retrocedió dos pasos más –. ¡No te atrevas a acercarte más a esa maldita zorra o la mató! ¡Yo la voy a matar, la voy a mandar al infierno si la llegas a tocar! – gritó desesperada Audrina. Edward se detuvo abruptamente y negó de inmediato.

– El rescate ya está en nuestras manos, Audrina. Puedo llamar para pautar la entrega esta misma noche – intentó hablar Edward en tono conciliador. Audrina frunció el ceño confundida.

– ¿De qué hablas, Edward? ¿Qué rescate? – preguntó ella algo aturdida.

– Del rescate que nos llamaron a pedir a las cinco de la tarde. Veinte millones de dólares por la vida de Isabella y Jacob – Audrina soltó una fuerte carcajada, doblando su cuerpo a causa de la risa. Edward la miró extrañada por lo que ella se reincorporó enseguida y secó sus lágrimas provocadas por lo divertido de la situación.

– ¡No puedo creer que ese pendejo ambicioso les haya pedido dinero! ¡Es increíble! ¡Supongo que con el amante de Isabella muerto el rescate se rebajó a la mitad! – Edward volvió a fruncir el ceño y negó ante la confirmación de la muerte del hermano de Rachel. Audrina decidió entonces ser un poco más especifica en su declaración –. Edward, yo no secuestré a Isabella por dinero, eso es lo que menos me interesa de ella. Yo la envié a matar, pero el maldito idiota a quien se lo encargué no pudo hacerlo, y aquí estoy yo para terminar con el trabajo. Puedes hacer con esos veinte millones de dólares lo que se te plazca. Ver a Isabella morir es algo que no tiene precio – dijo ella mientras rastrillaba su arma y apuntaba nuevamente con dirección a Isabella.

– ¡NO! ¡Tú dijiste que si venía tú la dejarías libre! – gritó desesperado Edward. Audrina únicamente ladeó su cabeza y chasqueó la lengua.

– ¿Y tú me creíste, Mark? – le llamó por el nombre de su amigo. A esas alturas la mente de Audrina estaba demasiado alterada que divagaba entre el recuerdo de Mark y la presencia de Edward –. ¡Ella se va a morir! ¡Lo va a hacer porque tú jamás me vas a querer, y si la mató probablemente tú puedas amarme!

– ¡Yo jamás te voy a amar, maldita loca! ¡Isabella es la única mujer que he amado y que amaré toda mi miserable vida! No sé quien será ese tal Mark, pero no soy él. Y necesito que te des cuenta de eso antes que cometas una locura – le dijo Edward intentando sonar calmado.

– ¿No me amas, Mark? – preguntó Audrina en sollozante tono –. ¿Todo porque la amas a esta zorra, cierto? ¡Ahora si te vas a morir, Isabella! ¡Te voy a matar! – gritó Audrina acercándose hasta el sofá. En rápida respuesta Edward se echó hasta el mueble y cubrió con su cuerpo la débil silueta de Isabella, que descontrolada lloraba intentando soltarse de los nudos que no solo ataban su cuerpo, sino también sus ganas de luchar, su libertad y su vida.

– ¿Quieres dispararle? ¡Dispárame, Audrina Moore! ¡Dispárame y acaba con mi existencia, porque sin Isabella a mi lado esto no se llama vida! ¡Anda, hazlo…! ¡Hazlo si te crees valiente, maldita sea! ¡Hazlo de una sola vez, y hazme ese favor! ¡Te ofrezco mi vida a cambio de su libertad…! – pidió Edward con su voz rota y temblorosa. Audrina lo miró y negó triste un segundo después.

– No importa todo lo que yo pudiese hacer para alejarte de esta inmunda sorda, tú siempre estarás de su lado. Intenté sembrar en ti celos pero no me prestaste atención. Convencí a Isabella que te dejara a puertas de tu compromiso con ella, y lo hizo pero en tu mente solo estaba ella aunque te follases a media ciudad. Contra todo pronóstico ella está esperando un hijo tuyo y aquí la tienes. ¡Sobreviviendo aún, como la maldita cucaracha que es! Pero no más, Isabella Swan. ¡Hasta aquí te llegó tu buena fortuna! – dijo ella alzando su arma y apuntando a los pies de Edward, donde estaba Isabella.

– ¿Qué es lo que acabas de decir? – gritó Edward con rabia –. ¿Por tú culpa Isabella rechazó mi propuesta de matrimonio? ¿Qué mierda le hablaste para que ella dijera todo lo que me dijo esa noche?

– ¿Es que acaso no lo sabías, Edward? ¡Creí que la sordita con sus ridículas señas te lo había dicho, por eso tu rechazo hacia mí! Le dije que tus hijos con ella serían unos fenómenos, que tú serías infeliz a su lado y que era mejor que se largara y te dejara en paz. Al parecer la sordita sabe seguir instrucciones porque eso creo que fue lo que te dijo. ¿O me equivoco? – Edward apretó sus puños furioso y se obligó a permanecer cerca de Isabella y no matar a golpes a Audrina.

– Por tu culpa viví un infierno sin merecerlo. ¡Por tu culpa, Isabella está viviendo un infierno sin merecerlo! – gritó Edward mientras se agachaba y abrazaba fuertemente a su Isabella, cuyo tembloroso y maniatado cuerpo no le permitía abrazar en respuesta a su amor –. ¡Déjala ir, maldita sea! ¡Lo que quieres es a mí, no a ella! ¡Déjala ir!

– ¿Y perderme de la diversión que significa verla morir frente a ti? ¡No, señor! ¡Esto va a ser tan divertido! Yo debería decir primero las damas, pero como tú te has ofrecido primero irás tú, Edward. – chilló emocionada ella. Isabella sollozó con fuerza en ese momento por lo que Edward únicamente la tomó por el rostro y le habló.

– Está todo bien, Isabella. Pronto seremos libres, te lo prometo. Te amo, mi amor, te amo demasiado. Estará todo bien – susurró un nervioso Edward antes de besar suavemente los labios de Isabella.

– ¡Mira que tiernos que se ven! ¡Qué ternura verlos así tan enamorados! ¡Espero que disfruten su estancia en el infierno! – dijo Audrina antes de soltar una carcajada. Edward únicamente cerró sus ojos y apoyó su frente con la Isabella quien a su vez sollozante y desesperada susurraba palabras de amor a su tortugo.

Cuando Isabella conoció a Edward, en aquella mañana de jardín de infantes, jamás imaginó que su vida terminaría de esta manera. Con el niño de cabellos cobrizos y sonrisa de sol a su lado, intentando ofrendar su vida a cambio de su inútil existencia. Una vida llena de alegría, sonidos y color por una triste, sorda y monocromática vida como la de Isabella. ¿En qué estaba pensando Edward para hacer algo como esto? Su corazón le susurró la respuesta en aquel segundo que un arma se acercó a la sien de Edward y se preparó para disparar.

Amor y destino

Amor era una palabra que ella no solo había conocido cuando aprendió a hablar en señas, no solo conoció su significado cuando lo sintió, sino que lo vivió en plenitud cuando el hombre a su lado le enseñó que el amor son más que cuatro letras, más que una seña de brazos cruzados sobre el pecho. Le enseñó que el amor es entrega, es dolor, es alegría, es fe. Es también esperanza y tristeza, emoción y tolerancia. Que el que ama da todo sin esperar nada a cambio, que da todo… incluso hasta la vida.

Del destino poco sabía ella. Sabía que era una sucesión de eventos determinados que marcan la vida de una persona, pero de su significado real ignoraba sus alcances. ¿Era el destino el que la llevó a conocer a Edward? ¿A enamorarse de él? ¿Era el mismo y cruel destino que le había arrebatado a Audrina a su Mark y la trajo hasta Seattle para poner sus vidas de cabeza? ¿El destino era igual para todos o no? ¿Era cruel con unos y benevolente con otros?

Albert Einstein dijo una vez que "Todos tendremos alguna vez el destino que no hayamos merecido" ¿Es era entonces el caso de Isabella Swan y Edward Cullen? ¿Estaban destinados a la tragedia y la muerte constante aun cuando ninguno de los dos lo merecía? Un arma estaba a punto de responder aquella pregunta.

Una delicada mano recogió las lágrimas que por la mejilla de Isabella habían rodado. Con una triste sonrisa las enjugó y con sus hermosos ojos verdes la miró profundamente enamorado. El momento había llegado. Quiso susurrar alguna que otra palabra de amor, pero él no podía, simplemente no podía. Llegado a ese punto de su vida, Edward Anthony Cullen se dio cuenta que él no era un superhéroe, y que jamás lo sería.

– Adiós, Edward – susurró Audrina con delicada voz. Isabella leyó los labios de Audrina y lanzándose al cuerpo de su amor soltó un fuerte grito.

El destino, fuerte hilo conductor de la vida de estos enamorados, decidió entonces jugarle a Audrina Moore una mala pasada. Un mal cálculo de número de balas en el tambor del revólver de James no le permitió darse cuenta que el arma estaba descargada ya. Que el arma apenas había tenido tres balas en vez de seis y que estas habían sido consumidas en el disparo a Jacob, a Laurent y el disparo al techo de unos minutos atrás.

Un mal cálculo del destino podría en ciertas circunstancias, ocasionar la muerte de un individuo. En este caso, esto resultó la vida para Edward y Bella.

– ¿Qué demonios? – masculló Audrina cuando al halar el gatillo el arma no se disparó. Quiso retroceder para abrir el tambor del revólver y verificar que estaba ocurriendo pero otra arma, un poco más grande que la suya la apuntó cerca de su cabeza.

– No te muevas – se escuchó la fuerte voz de Charlie retumbar en la sala. Edward abrió los ojos en ese momento y volteó su cabeza para ver lo que estaba sucediendo. Isabella imitó su accionar y dio un grito ahogado al ver a su padre de pie, con un arma apuntando la cabeza de Audrina.

La gente tiene su propia opinión del destino. Muchos dicen que es un juego y nosotros somos de la vida unos jugadores. Si ellos tenían razón y el destino era como un juego… Gracias al cielo que habían jugadores tramposos como Charlie Swan.


¡Chan, chan!

Hola… Hola… ¿Alguien por acá? ¿Sobrevivieron al capítulo? Jejeje

Bueno, que les puedo decir. Algunas ya sospechaban que la tercera bala la recibió James ¿Cuántas atinaron en sus teorías? Con James fuera y Laurent igual, la cosa se pasaba de claro a oscuro. Menos mal Charlie decidió no hacer caso a Edward. ¿Cómo llegó Charlie a Conrad Lane? Me imagino que ya muchas saben la respuesta.

Muchísimas gracias a todas por sus comentarios en las diferentes redes sociales, su apoyo realmente no tiene precio. Gracias a las lectoras silenciosas, a las alertas y favoritos de cada semana. Un beso grande a quienes dejaron su huellita esta semana: Arwen Tolkien, ViviORD'Cs, kotita, Esperando buenas noticias, monikcullen009, Rosi22, olmary, TheDC1809, Marianixcr, Alisea, litzy, Laura Katherine, solecitopucheta, Diana, mcph76, Kalita Cullen, Catalina, Zoe Jm, PRISGPE, ale becerra, Tere Mooz, ara, Izzy . md, Anahi littrell, anita Cullen, Ta5mmy, Lizeth Flores, AleCullenPatzz, MarcelaMaciel, VictoriamarieHale, Almaa Cullen, cintia black, Sully YM, Karito Cullen, ludgardita, Blind Wish, V, Jazmin Li, Kellys, LUZ . C . C, Elizabeth Mallory, Angie Masen, isaag29, Diana Cullen Swan, Sky Levan, mgcb, Isela Cullen, Naobi Chan, musegirl17, EdithCullen71283, Isis Janet, Jolielizabeth, Sony Bells, marzze, Hey vampire girl, Caresme, Gissy Cullen Swan, Ely Cullen M, Tata XOXO, azay, Angeles Nahuel, Chuvi1487, NuRySh, Kikid'cullen, Aleowo, Krom, yolabertay, Stefi Martinez, Little . wishes . Pxa, anamart05, Jess . Vampire, romycrazy, Ximena, Alibell Cullen, ALI-LU CULLEN, indacea, Anabella Valencia, Marie . Ang Christensen, vivi S R, Luxangel10, lexa0619, Blo, patymdn, mary8potter, marian tosh, annabolena, CindyLis, robsha pattmar, bleusoleil, La chica del gorro azul, Chayley Costa, sonia sandria, WhithMusicSong, MartichSwan, paola, Yeya Cullen, Bethzabe, Kata Cullen , lucylucy, Carmen Cullen - . i love fic, imtwilighter, MaGa Cullen, Tanya Pattz Cullen, Marie Alexis Masen, sofiaaor200hotmail . com, Bea, a todas las niñas del facebook, twitter, blog, TTC, a todas un beso gordo y cachetón.

Isita, beta de mi corazón. Gracias por todo, en serio… Nada puede darse a cambio por este trabajo tan bello que haces. Gaby… ¿En helicóptero o en canoa? Un beso enorme a las dos.

¿Qué sucederá ahora que Charlie ha llegado? ¿Se acabaron los problemas o el infierno recién empieza realmente? Mas eventos, mas nervios y por supuesto más amor en el siguiente capítulo de Silent Love que como siempre subirá el siguiente fin de semana. Nos leemos entonces…

¡Pero hasta eso… Nos leemos en los reviews!