La historia pertenece a Dess Cullen yo solo soy la portadora de su magnifica historia
CAPITULO 37. FARSANTE
Edward corría de regreso a casa con Bella sobre su espalda. Ahora hacía demasiado frío y ya no era tan divertido, pero ambos llevaban consigo el dulzor de los besos que se habían regalado mutuamente durante la última hora y que los había hecho entrar en calor, más que de sobra, para aguantar el frío ambiente de la noche.
Y en sus cabezas, rondaba la sensación de felicidad, de que ahora, todo estaba bien. Ellos estaban juntos y pasarían así el resto de sus eternidades.
Edward metió a Bella en la casa por la ventana de su habitación. Aunque el resto de la familia los había oído sobradamente entrar, no invadieron su intimidad y sobre todo la de Bella. Ante tal acción, evitándolos, intuyeron sabiamente que la chica necesitaba un poco de espacio.
La calefacción estaba al máximo para que entrase rápido en calor, ya que supusieron que estaría muerta de frío. Detalle que tuvo en cuenta Esme, como madre ejemplar.
- Um…Qué calorcito! – Agradeció ella. – Uf, me había quedado helada. – Se mordió el labio, divertida.
Edward se acercó a ella con aire felino y seductor; incluso algo divertido.
- Creí que yo había conseguido hacerte entrar en calor. – Sonrió de forma arrebatadora.
La abrazó, rodeándola protectoramente y comenzó a acariciarle sensualmente la espalda, mientras buscaba sus labios.
Bella tuvo que hacer un tremendísimo esfuerzo por detenerlo, y más, por detenerse a ella misma.
- Edward… No… Por favor… ¡Para! – Se separó alzando la mano. Él obedeció y la miró atentamente a los ojos. – No puedo llegar a más… - Suspiró – No me parece bien, seguir besándonos y… bueno… - alzó las cejas pícara – Mientras no ponga fin a mi absurda relación con Jacob – puso los ojos en blanco.
Edward se acercó nuevamente a ella, pero de otra forma. Serio y con una mirada penetrante. Le acarició los brazos y posó sus manos en la fina cintura de ella.
- Cada día me dejas más claro porque me he enamorado locamente de ti – Le expuso, haciendo a Bella pestañear ante su declaración. – Tienes unos valores que a día de hoy, no suelen verse tan a menudo como debiera. – La miró con amor durante unos segundos, y se separó un poco de ella – Tienes toda la razón, no es correcto seguir haciendo esto, de una manera u otra, le debes un respeto a Jacob. – Sentenció con tono serio.
- Mañana iré a la Push a hablar con él y explicarle las cosas. – Suspiró. Sabía que iba a ser una tarea ardua, ya que Jake, no se lo iba a poner nada fácil.
Edward volvió a acercarse a ella, y le acarició los brazos, reconfortándola. Él también sabía que no iba a resultarle nada sencillo a Bella deshacerse del joven lobo.
Había oído sus pensamientos sobre Bella, y por eso sabía a ciencia cierta que el chico estaba enamorado de ella. La única suerte era que no estaba imprimado; si fuera así… Sería mucho, muchísimo más complicado romper con él.
- Ahora debes intentar descansar un poco – Le recomendó el vampiro – Hoy ha sido un día muy largo. – Le dijo mientras ella comprobaba su móvil y fruncía la boca en un gesto de desagrado. - ¿Qué pasa?
- Tengo varias llamadas perdidas de Jacob y varios mensajes… - Suspiró cansinamente. – Mira que le dije que hoy tenía planes, pero parece no darse cuenta de las cosas. – Meneó la cabeza, molesta.
- Bueno… Aunque no me gusta darle la razón, debes comprender que para él, esta situación ha sido muy difícil. – Frunció el ceño, meditando – Si yo estuviese en su situación, tampoco lo llevaría nada bien. Bella arrugó la boca en un mohín, pero accedió a darle la razón a Edward.
Ambos enamorados siguieron conversando un rato más, hasta que poco a poco los silencios fueron haciéndose más largos. Pero Bella seguía con la respiración demasiado agitada como para poder dormirse, así que Edward tomo una medida que sabía de antemano a ella, iba a ayudarla a relajarse y conciliar el sueño: Tarareando su nana.
A la mañana siguiente, una vez desperezada, Bella comenzó a ponerse sumamente nerviosa al recordar su tarea para ese día.
- ¡Hola! Buenos días – La saludó Alice entrando radiante en la habitación.
- Lo serán para ti – gruñó Bella en respuesta. Alice arrugó la nariz.
- Sabes que no puedo decirte nada… Con Jacob todo son pozos negros para mí. – Me contestó apesadumbrada. Yo, me incliné de hombros.
Al bajar a desayunar, todos, incluidos los Denali, me miraban con circunstancia. Sabían lo tan difícil que iba a ser dejar a Jacob, tanto como yo.
Me dejaron saborear mi comida sin agobiarme. Edward se acercó a mí y me besó dulcemente en la sien, a la vez que me daba un abrazo protector. Pero todos se pusieron a hablar, sin agobiar, de cualquier cosa.
Los vampiros eran únicos para ponerse máscaras y fingir.
Intencionadamente, alargué el desayuno. Aunque sabía que era algo que no podía posponer.
- Te llevaré hasta la reserva – Impuso Edward nada más ver que me levantaba de la silla.
- No Edward – Alice contestó por mí – Es mucho mejor que tu no aparezcas por allí, si no Jacob se molestará más.
- Yo la llevaré – Se ofreció Emmet. – Yo siempre me he llevado bien con los Quileuttes – Edward bufó, pero cedió sin protestar.
Subí a asearme un poco y coger mi abrigo mientras Emmet sacaba del garaje el todo terreno.
Gran parte del viaje lo hicimos en silencio. Emmet respetó mi momento, entendiendo lo tensa y nerviosa que iba.
- Te dejaré donde comienzan las cabañas, ¿de acuerdo? – Asentí. – Luego me iré, pero aparcaré a una distancia prudencial y me acercaré a pie. – Me miró con intención – Ante cualquier imprevisto… Me pegas una voz y apareceré como un rayo. – Volví a asentir, hasta que al cabo de un instante, fruncí el ceño y lo encaré.
- ¿Imprevisto? – Le pregunté con tono desconfiado.
- No sé cómo reaccionará Jake. – Arrugó las rayas de su frente, mostrando preocupación. – Sé que está loco por ti, pero Carlisle ya nos ha comentado que no está imprimado. – Suspiró – Creo que él se ha pillado bastante, pero pienso que esto se está complicando porque se ha formado una rivalidad con Edward. – sentenció.
Era raro en Emmet que se explayará de esa forma, mostrando un aspecto tan serio. Pero bueno, supuse que todos en algún momento, nos sale la vena.
- Llegamos. – Anunció Emmet mirándome. Yo me limité a asentir con un movimiento de mi cabeza.
- Imagino que no haya problemas – recé para mí misma – Así que te llamo al móvil para que subas a recogerme, espero que en un rato… corto – Suspiré pesadamente.
Y entonces él, hizo algo que me sorprendió. Justo cuando me iba a girar para abrir la puerta del todo terreno, Emmet me dio un tierno beso en la frente, y me miró con una ternura infinita.
Yo le dediqué una gran sonrisa como agradecimiento. Salí, y me encaminé con paso decidido hasta la casa de Jake.
Cuando no llevaba ni diez pasos andados, él salió a recibirme, acercándose a mí a paso ligero con su característica sonrisa.
- ¡Ey, hermosa! Te esperaba algo más tarde. Contaba que te quedases a comer conmigo. – Jake tenía sus propios planes hechos. Unos muy distintos a los míos.
Me agarró de la cintura y se acercó con claras intenciones de besarme, pero yo me hice un poco la tonta y giré la cara, dejando así, que solo nuestras comisuras se rozasen.
Él iba a protestar pero yo le cambie de tema.
- ¿Podemos dar un paseo por la playa? – Le pregunté con dulce inocencia – Quería hablar contigo a solas.
- No hay problema… Pero, en casa estamos solos. Mi padre se ha ido de pesca, y estará fuera hasta bien entrada la tarde. – Me explicó – Por eso te decía lo de comer conmigo, porque podríamos pasar un rato solos, en casa. Sin tener que estar por ahí, escondidos. – Me sonrió de esa manera que podría hacerte parar el pulso.
Pero ese efecto tendría que ser con otra chica. Yo ya tenía quien me paraba, o más bien, me alzaba las constantes a niveles de infarto.
Al final decidimos irnos a casa. Nos acomodamos en el sofá, y comenzamos a hablar de trivialidades. Realmente no sabía cómo entrarle en tema. Porque por muy enamorada que estuviese de Edward, no quería hacerle daño a Jacob. Él había sido un cielo conmigo, y en su momento me ayudó mucho para poder hacerme a mi nueva vida.
Poco a poco, Jake fue acercándose a mí en el sofá. Me pasaba las manos por las piernas, jugueteaba con mis manos, miraba tiernamente… Lo normal en una pareja de novios. Pero yo cada vez iba sintiéndome más y más incómoda; ya que no quería apartarlo para no hacerlo enfadar, pero al igual que el día anterior me había pasado con Edward, ahora me pasaba al contrario:
Dejándome toquetear así, sentía que engañaba a mi vampiro.
Hasta que, como es normal, Jake fue confiándose más, queriendo más y me acarició la cara de una forma muy sensual. Su mirada destilaba pasión y erotismo por doquier, y comenzó a acercarse a mí, con intención de besarme. Pero se veía a una legua que ese beso conllevaría más; sus ojos revelaban sus claras intenciones de pasar a mayores.
Le puse una mano en el pecho, respiré profundamente y lo miré. Entre seria y apenada. El frunció el ceño, y rápidamente mostró su creciente enfado.
- Jacob… yo… Quería hablar contigo – Fue casi un susurro. Se apartó de mí, como si le quemase.
- ¿Qué es lo que pasa, Bella? – Me preguntó en tono cortante – Llevas una temporada muy rara. No dejas que me acerque a ti. Casi parece que te de asco. – Yo abrí los ojos sorprendida, negando con la cabeza.
- No… Jacob, no… - Susurré con la voz tomada.
- Hace unas semanas, te encantaba que te tocara. Sentía tu excitación hacía mí… Pero ahora, no necesito que digas nada. Tus muestras físicas, hablan por sí solas. – Explicó acertadamente.
- Jake… No quiero sonar a víctima, pero ponte en mí situación… ¿Recuerdas lo que llevo pasado desde hace meses? – Le increpé mostrándome ofendida por sus recriminaciones.
- Entonces, ¿me vas a decir que solo fui un pasatiempo? – atacó.
Lo sabía. Sabía que llegaría a esa deducción. Y ahora tocaba hacerle entender que no fue así, aunque lo pareciera.
- Jacob, en ningún momento te use… Aunque pueda parecerlo. Cuando me invitaste a salir, lo vi como una vía de escape de aquellas cuatro paredes. Pero porque me gustabas, si no hubiese sido así, no te lo daría a entender; porque soy muy consciente de que te dejé claro que me atraías. Pero… Esto ha llegado demasiado lejos, Jacob.
- ¿Qué quieres decir? – Preguntó mirándome con ojos fríos.
- Lo siento, pero debemos dejar de vernos. – Lo miré a los ojos, fijamente y mi voz no titubeo ni un ápice.
- ¿Qué? – Preguntó elevando la voz. – No me lo puedo creer… Me has dejado pensar que te gustaba, incluso nos hemos liado dándome a entender que nos acostaríamos… Pero te creía mi novia, no un pasatiempo y por eso te he respetado. Y ahora… ¿me vienes con estas? – Parecía perplejo, y yo estaba alucinada de que estuviera creyéndose sus propias palabras.
- Solo puedo decirte que me dejé llevar… No pensaba claramente lo que hacía. – Inhalé aire para decirle lo que estaba a punto de soltar. – Además, creía que iba a morir en unos meses… Por eso no fui consecuente con mis actos. – Él me miró con horror. – No me mires así… tu sabías las normas del juego.
- Sí, pero creí que había otras posibilidades… Que si te quedabas con los Cullen… No tendrías que ir a Italia y… morir. – Su cara reflejaba pánico.
- Si, quedarme con los Cullen, pero con su misma condición. – Él abrió los ojos como platos – Como una vampira. Carlisle puede convertirme y yo tengo la libertad de elegir, si quedarme o irme a Volterra.
Jacob se levantó del sofá y comenzó a dar vueltas por el salón; sabía que necesitaba unos minutos para aclararse y comprender la información que acababa de darle. Pero, realmente confiaba en que él sabía todas las normas del juego.
Eso me confirmó que yo no era la única que estaba confundida respecto a ese maldito juego, y sus normas.
- Pero… ¿desde cuándo sabes eso? – Me preguntó de pronto, posicionándose enfrente de mí, de pie.
- Desde hace un par de días. El humano que está con la familia de los Cullen, me explicó todo detalladamente. Carlisle estaba esperando el momento para detallármelo, ya que hace unos días, llegaron a la conclusión de que yo, no estaba bien informada sobre mis opciones.
- Esperando el momento… - Murmuró, enojándose. – Y el momento fue cuando vieron que lo nuestro iba en serio – No era una pregunta. Yo negué entornando los ojos.
- No – Espeté alzando la voz. – No los acuses de algo que no ha sucedido así. Estás conjeturando para intentar salvarte. Para verte tú mismo alzado. Y no es así.
- Creo que me queda más que claro tu elección… Los defiendes a muerte. – Me espetó.
- Por supuesto que los defiendo. Ellos ahora, son mi familia. – Mostró una cara de asco.
- Ese es su lema… "Los Cullen siempre defienden a su familia" – canturreó de forma ofensiva.
De pronto, su cara cambio. Se suavizó y mostró una gran dulzura. Se acercó a mí, y se arrodillo a mi lado. Me acarició la cara, con suavidad, mirándome fijamente.
Ese Jake si me gustaba… Pero cualquier intención más allá de la amistad se había esfumado desde que comprendí lo tan perdidamente enamorada que estaba de Edward.
- Bella… Mi preciosa y dulce Bella… - Murmuró. Yo le sonreí, mostrándole así mi agradecimiento por su cambio de actitud.
Él se acercó más y de pronto, metió su cabeza en mi cuerpo. Yo me envaré de inmediato, pero me tenía completamente inmovilizada entre sus brazos y el sofá.
Comenzó a besarme el cuello, dejándome un sendero de besos hasta mi clavícula, y no sé todavía cómo, consiguió desabrocharme los botones de la blusa que llevaba puesta, dejando así, acceso a mis pechos, los cuales consiguió tocar con una de sus manos.
Yo me resistía, me movía todo lo que podía, pero me era imposible apartar el peso de su cuerpo. Incluso la opción de gritar me era harta difícil ya que con su cara, había aprisionado la mía contra el sofá y no era capaz nada más que de respirar forzadamente.
Imagino que él entendió esos ruidos como jadeos, pero de placer.
- Oh, Bella… qué dulces sabes cuándo sudas… Tu olor me vuelve loco, nena. Y tus jadeos… No sabes lo que me excitan – Susurraba en mi oído, mientras seguía besándome y acariciándome.
Yo seguía intentando moverme, pero me era imposible.
- ¿Cómo puede pesar tanto?
Esa pregunta se arremolinaba en mi cabeza sin descanso. Pero él seguía en su intento de hacerme el amor. Y debía reconocer que era un amante, por lo menos en el arte de seducir, de los preliminares, muy bueno. Pero aunque en su momento consiguió calentarme la sangre, semanas atrás, ahora mis sentidos tenían dueño con nombre y apellidos: Edward Cullen.
Y sumergida en mi inconsciencia, susurré su nombre. Había sido casi imperceptible, pero no sé cómo, Jake lo escucho.
Eso lo hizo detenerse de inmediato, mirándome completamente desconcertado.
- No me puedo creer lo que he oído salir de tu boca – Me recriminó con la voz entre cortada de la excitación. Yo lo miré fijo, también jadeante. Pero mi mirada llevaba un trasfondo de arrogancia.
- Y yo no me puedo creer que te hayas abalanzado por mí de ese modo. – Contra ataqué.
- ¿Me puedes explicar porque, justo en ese momento, has pronunciado el nombre de Edward?
- No tengo que darte ninguna explicación, Jacob. – Lo miré alzando las cejas. – Y antes de que me digas que soy tu novia, y que te las debo, voy a solucionar ese detalle, ya que es a lo que había venido. – Suspiré fuertemente, y lo solté – Hemos roto, Jake.
- Por él… Por Edward, ¿no es así? – Su respiración seguía jadeante, pero un ligero temblor se notaba en sus manos.
- Si te sirve de algo, te he sido fiel. Aunque nunca debí dejar que esto llegara tan lejos… no tienes nada por lo que sentirte mal.
- Lo sabía… lo sabía – Murmuraba mientras caminaba enloquecido por el salón – Sabía que él sentía algo por ti. Lo supuse desde el principio, pero viendo como tú lo mirabas, con ese miedo reflejado en la cara. No quise creer… - Bufó y me encaró, mirándome con muchísimo odio – Hasta hace unas semanas. Os pillé varias veces mirándoos a hurtadillas, y aquel día en el garaje. – De pronto recordé ese día, y como casi nos había pillado besándonos. – Por mucho que intentasteis disimular, noté perfectamente que estabais a punto de besaros. – Yo negaba, con la cara completamente roja – No quise verlo… - Su cara cambio, a una de asco – Pensé que eras distinta… Pero eres la típica zorra de ciudad, que se creía que podía torear al pobre paleto – Yo abrí los ojos, completamente alucinada por lo que acababa de llamarme. - No vales nada, Isabella.
- ¿Perdona? Yo jamás te he tratado como un paleto… A lo mejor es que tú tienes ese complejo bien arraigado, y no sabes estar a la altura de una chica que tiene más intereses en la vida que pudrirse en una reserva arreglando coches. – Le escupí, encarándolo. – Lo nuestro, jamás tendría fututo. Yo tengo metas en la vida, aspiraciones, y una fabulosa carrera por delante. Un pueblucho como este, no tiene cabida para mí. – Mi vena ofensiva había saltado. Él no se había cortado en insultarme y acusarme, así que decidí ser completamente sincera, sin mirar las palabras. – Óyeme bien, Jacob, si yo no me hubiese visto en esta situación, tú y yo, jamás hubiésemos llegado ni a la primera cita. Somos completamente distintos. – Alcé una ceja, intentando decirle: Píllala.
- Pero con Edward si – Afirmó.
- Sí, con Edward sí. Rotundamente sí. – Le contesté sin dudar, clavándole mi mirada con altanería.
De pronto, los ligeros temblores de sus manos, se vieron aumentados. Todo él temblaba. Lo miré asustada, ya que pensé que le estaba dando un ataque de algo.
- Prefieres a un vampiro, antes que a mí… - No era una pregunta. Daba cortos pero decididos pasos hacía mí. – Me rechazas por él.
- Míralo por donde quieras. No quiero seguir dándote más explicaciones. Esto se acabó. Fin de la historia. – Sentencié tajante.
Sus temblores aumentaron, mucho. Y yo cada vez estaba más asustada. Intenté sacar mi móvil del bolsillo del pantalón, pero a mí también me temblaban las manos del miedo y era capaz.
Justo cuando iba a gritar, para llamar a Emmet, pasó algo que jamás hubiese imaginado.
Jacob pegó un brinco y al segundo, él había desaparecido, dejando en su lugar a un enorme lobo marrón.
La boca se me quedó abierta, y una lágrima rodó por mi mejilla. No era capaz de encontrar la parte de mi cerebro que controlaba el habla.
El lobo, o sea, Jake, aulló, mostrándome una boca llena de dientes afilados; ahí, reaccioné.
- ¡Ahhhhh! – Mi grito fue tan espeluznante, que debió oírse en toda la reserva.
En cuestión de unos segundos, Emmet y Jasper entraron por la puerta.
- Jacob, ¡apártate! – Le ordenaron con voz autoritaria. El lobo se echó hacía un lado.
Entonces Emmet se acercó a mí, y me cogió en volandas, sacándome a paso vampírico de la casa. A nuestro lado, se posicionó Jasper.
En menos de un minuto, llegamos donde Emmet había aparcado el todo terreno.
Me montaron en él, y después se subieron ellos.
Yo no era capaz de articular palabra. Estaba comnocionada.
- Cuándo Edward se entere de esto… Habrá consecuencias. – Comentaba Jasper ante la afirmación de Emmet.
- Bella… Nena… Di algo. – Jasper se acercó a mí desde la parte de atrás y me tocó la cara. - ¿Estás bien? ¿Te ha herido?
- Farsante – Fue lo único que conseguí decir.
Cuando llegamos a casa, Edward estaba en la puerta con el resto de la familia, esperándonos. Su cara era aterradora.
Me sacó del coche en brazos, y al mirarme, su cara cambió por una de preocupación.
- ¿Estás bien cariño? – Me preguntó rozándome la mejilla con su mano.
- Ahora sí… - Me acurruqué en su pecho. Necesitaba su tacto, ya que eso, era lo que me más me relajaba en este mundo.
Siento la tardanza de meses pero ha habido lagunas u oceanos de inspiración por lo que este capitulo se ha demorado más de lo que la autora quería. Espero que disfruteis ya estamos en la recta final.
