37. Último enfrentamiento
Rey asistió a muerte de Tioka con el corazón en un puño, pero no intervino porque entendía que aquello era algo entre Kylo Ren y sus caballeros; no había lugar para ella en esa conversación, ni tampoco en esa lucha.
Sin embargo, la cosa cambió cuando un ala X pasara rozando sus cabezas, para lanzar una ráfaga de disparos contra el edificio principal de la base. Entonces comprendió que era el momento oportuno para escapar, porque todos había dejado de prestarles atención, demasiado ocupados con el enfrentamiento.
Recorrió el trecho que la separaba de Kylo y cuando estuvo junto a él puso una mano en su hombro, con cuidado, para reclamar su atención.
—Tenemos que irnos.
Él se volvió. Después de un breve instante, asintió y se levantó, dejando el cuerpo exánime de la guerrera en el suelo.
Pero antes de que ambos abandonaran el lugar, Rey se dirigió a Yang Sook:
—¿Vienes?
La nautolana la miró con curiosidad. Se había quietado el casco y sus ojos brillaban con interés.
—¿Estás segura de esto?
Rey se encogió de hombros:
—No. Pero nos has ayudado. Así que creo que te lo debemos.
Kylo asintió a su lado.
—Rey tiene razón. Puedes venir con nosotros. —Y luego añadió—: Si quieres.
Yang Sook no dudó ni un instante al asentir con la cabeza y, después, los tres echaron a correr en dirección al edificio principal.
Dentro, los gritos y las carreras eran el escenario mayoritario.
—Necesitamos una nave —dijo la nautolana, mientras se deslizaban entre el caos.
Eran pocos los que reparaban en ellos y, los que lo hacían, caían bajo sus armas con rapidez.
—Lo sé —repuso Kylo—. Pero no podemos dirigirnos a ninguno de los hangares principales. Estarán infectados de soldados. Hay una plataforma de aterrizaje para emergencias en lo alto del edificio, que comunica con las dependencias del Líder Supremo y también con las de los almirantes. Allí encontraremos una nave.
—¿Y después? —quiso saber Rey.
—Después tenemos que encontrar a Hux.
Rey se detuvo en medio de uno de los pasillos, obligando a Kylo a hacer lo mismo, unos pasos más allá.
—Pero Ben, no puedes dejarte arrastrar por la sed de venganza.
—No es sed de venganza. Hay que parar a Hux si queremos detener esta guerra. Es lo que tú querías, ¿verdad? Destruir la Primera Orden sin convertir la lucha en una batalla. Ahora tienes la oportunidad.
Rey dudó. Estaba segura de que el motivo principal de Kylo seguía siendo la venganza. Se lo decía su mirada y el modo en que se movía; y también un resquicio del lazo que los unía. Pero no insistió. En parte, él tenía razón cuando decía que parar a Hux era la única manera de acabar con todo. Así que asintió y retomó la marcha.
Sin embargo, al girar en uno de los pasillos que conducían hacia las escaleras a las plantas superiores, un grupo rebelde los encontró de frente. Los tres detuvieron sus pasos de golpe y Kylo y Yang Sook activaron sus sables por puro instinto.
Pero, para su sorpresa, descubrieron a unas cuantas caras conocidas entre ellos.
—¿Finn? ¿Poe?
—¡Rey! —exclamó el primero de ellos.
Y se lanzó a abrazar a su amiga.
—Por todas las galaxias del universo —dijo, aliviado, mientras la apretaba con fuerza entre sus brazos.
—Cómo me alegro de que estéis aquí —repuso ella, mientras devolvía el abrazo. Después se apartó para mirarlos a todos. Entre los presentes también estaban Kaydel y Qit. Les dedicó una sonrisa—. Pero… ¿qué hacéis aquí? ¿Cómo habéis llegado?
Finn no pudo responder porque Poe se le adelantó. Y no lo hizo de una forma muy amigable. Su expresión de hastío y el modo en que agarraba su bláster daban a entender que no estaba muy cómodo con aquella situación.
—BB-8 nos llamó desde un asteroide perdido del borde exterior y nos dijo que la Primera Orden os había secuestrado cuando intentabais reclutar un grupo de Jedi para enfrentaros a Hux. Fue él el que nos dio las coordenadas de este sitio.
—No intentábamos reclutar un grupo de Jedi… —corrigió ella—. Pero sí, básicamente eso es lo que sucedió.
—Y resulta que te has unido a Kylo Ren.
Rey mudó su expresión alegre por una de seria. No le gustaba nada el modo de hablar de su amigo.
—¿Sigues con esas? —dijo con firmeza—. Y no, no me unido a Kylo Ren, sino a Ben Solo. Porque Ben ha renunciado a él.
—No me lo creo.
—Me da igual que no te lo creas, Poe. Tampoco te pido que lo hagas. Ya te dije que iba a seguir mi camino y que tú podías seguir el tuyo. No tengo nada en contra de tus objetivos, solo de tus métodos. Y lo sabes.
—¡Pero tu camino está con la resistencia! ¡Eres una Jedi! ¡La que debe marcarnos el camino!
—No, no soy ninguna Jedi ni nada de eso. Solo soy Rey, una mujer que quiere que la Galaxia vuelva a vivir en paz. Así que, si nos disculpáis, vamos a seguir con ello. A nuestra manera.
Antes de que se alejara, Finn la tomó del brazo.
—¿Adónde vais? —quiso saber.
—A la azotea. Necesitamos una nave para ir detrás de Hux.
—Voy con vosotros. Podemos usar el Halcón. Chewie y Rose siguen abordo con BB-8. Voy a llamarles. Poe y el resto pueden regresar con cualquiera de las otras naves.
—¿Qué? —la voz de Rey y de Poe sonó al mismo tiempo.
—¿Es que te has vuelto loco, colega? —lo increpó el general.
—No. Pero, técnicamente, la nave es de Rey. Chewbacca lo dijo. Además, estoy con ella en esto.
—¿Con ella y con Kylo Ren?
—Pero Finn, esto es peligroso. No quiero que… —empezó a decir ella, ignorando a Poe.
—Me da igual el peligro, Rey. Ya lo sabes.
Pero entonces, de forma inesperada, pues ninguno de los tres se lo esperaba, Ben intervino:
—No, Rey tiene razón. Esto es peligroso —Y después, tras una breve pausa, añadió—: Finn.
La voz del antiguo caballero hizo que el joven rebelde diera un respingo. Lo miró sorprendido.
—¿Me has llamado por mi nombre?
—Técnicamente ya no eres FN-2187.
—Ya, pero…
—Quiero que te lleves a Rey y que la pongas a salvo. Yang Sook y yo nos ocuparemos de Hux.
Rey se volvió hacia él como una exhalación. Su cara era todo sorpresa.
—¿Qué estás diciendo?
—Quiero que te quedes con ellos. Yo iré a por Hux. Y Yang Sook vendrá conmigo para ayudarme.
—¿Y vas a dejarme al margen? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos? ¿Después de lo que me dijiste?
—No quiero que Hux te haga daño. Sabe que eres mi punto débil.
—¿Y crees que te voy a dejar ir así como así? Tú mismo has dicho que esto no era una venganza. Además, puedo cuidar de mí misma. Y, si algo ocurre, tú estarás allí para protegerme. Así que, puesto que los dos buscamos el mismo objetivo, iremos juntos. Porque, además, por si lo has olvidado, Ben Solo, eres tú el que se unió a mí, y no al revés. Y la que da las órdenes aquí soy yo, ¿queda claro? Así que nos vamos. Y Finn se viene con nosotros.
Una risa gutural los hizo volverse.
—Hay que reconocer que la chica tiene razón —dijo Yang Sook, divertida—. Y yo propongo seguirla. Que me dices, Ben, ¿te apuntas?
Él las miró alternativamente, primero a Rey y después a Yang Sook. Después, también él esbozó una sonrisa.
—Por supuesto.
._._._._._.
El Halcón los recogió en la azotea del edificio.
—Cinco naves que han abandonado el edificio y se han dirigido al sur —les informó Rose para ponerlos al día—. Según nuestros escáneres, Hux y sus allegados iban en ellas. Hemos intentado barrarles el paso con uno de nuestros escuadrones, pero, aunque hemos conseguido abatir a una de las naces, las demás han escapado. Ooman les persigue con su grupo para evitar que salten al hiperespacio.
—Entonces, ¿a qué esperamos? —repuso Rey—. Finn, encárgate de los cañones inferiores.
—A sus órdenes, general.
—Rose, ¿sigues con las comunicaciones?
—Así es.
—De acuerdo. Mantenme informada.
Rose asintió y regresó con sus aparatos y con BB-8, que le hacía de asistente.
Por último, Rey se volvió hacia Ben:
—Yang Sook y tú esperad en la bodega principal. Yo pilotaré el Halcón con Chewie. Sé que él y tú necesitáis hablar, después de lo que ocurrió, pero… ahora tenemos cosas más importantes que hacer.
Él asintió.
—Estoy de acuerdo. Y estate tranquila. Estoy contigo.
Rey sintió como su vínculo los conectaba. Ben estaba frente a ella, en la entrada de la nave, pero también estaba dentro de ella, y la acompañaba allí donde iba. Disfrutó de esa sensación reconfortante de compañía y después de tomarle la mano apenas un instante, para sentirla sólida entre sus dedos, salió corriendo hacia la cabina. Allí se sentó en la silla del copiloto, junto a Chewbacca.
El wookie lanzó un rugido de alegría al verla.
—Yo también me alegro mucho de tenerte aquí otra vez. He venido con alguien con quien me gustaría que hablases. Pero dejemos esos temas para más tarde. Tenemos que atrapar a esas naves.
Chewbacca asintió con un gruñido y puso los motores al máximo.
El Halcón salió despedido hacia el cielo de la luna Apoptiona III, siguiendo el rastro de las naves aliadas que daban caza a sus enemigos.
Algunos TIE salieron a su encuentro para tratar de derribarlos, pero el Halcón volaba como una flecha por entre las nubes, subiendo en el cielo para después cambiar de sentido y caer en picado contra ellos, disparándoles tanto con los cañones frontales como con los de su vientre, a los mandos de los cuales estaba Finn.
—¿Qué le has hecho al Halcón, Chewie? —quiso sabe Rey, sorprendida de la finura con la que se movía la nave y la precisión de sus armas.
El wookie le respondió, orgulloso de sí mismo.
—Desde luego eres el mejor mecánico de la Galaxia. Tienes que enseñarme tus trucos.
Más allá de los terrenos que ocupaba la base se extendía una llanura de color salmón, al fondo de la cual se alzaba una cordillera angosta de picos escarpados, que se levantaba varios kilómetros hacia el cielo.
—¡Se han dirigido hacia esas montañas! —indicó Rose a través del comunicador interno.
—¡Recibido! —asintió Rey.
Los pilotos pusieron rumbo hacia el lugar, con los motores rugiendo a máxima potencia. Pronto, los radares de abordo captaron la presencia de las naves, tanto amigas como enemigas, y todos se prepararon para el combate.
A pesar de que las naves que utilizaban Hux y los almirantes eran sencillos modelos de evacuación, con el equipamiento y el material básico para un salto al hiperespacio que los pusiera a salvo, estaban bien surtidas con munición de largo alcance. Rey imaginó que se debía a la previsión de un caso como el que les ocupaba. Si la Primera Orden había llegado tan lejos era, sin duda alguna, por ser un grupo previsor y desconfiado: siempre esperaban lo peor de cualquier situación.
Cuando los alcanzaron, pudo comprobar que ya solo quedaban tres enemigos y un aliado, sin contar el Halcón. Rey maldijo por lo bajo ante la pérdida de vidas, pero luego se recordó a sí misma que si conseguían acabar con los que quedaban, todo habría terminado.
Porque algo dentro de ella le decía que Hux seguía vivo dentro de uno de esos transportes y dar con él era la única manera de hacer jaque mate.
Esquivaron una ráfaga de disparos láser, con una maniobra evasiva y, tras recuperar la estabilidad, respondieron con fuego a la afrenta. Sus disparos alcanzaron parcialmente uno de los motores de la nave que los había atacado, lo que lo hizo estallar en pedazos. Eso hizo que el transporte perdiera altura y se viera obligado a iniciar un aterrizaje de emergencia, envuelto en una nube de humo.
Las otras dos naves salieron a su encuentro en cuanto detectaron la maniobra, poniéndose en sus flancos para custodiarla.
—Hux está en esa nave —dijo Rey, muy segura—. Los otros no lo protegerían de ese modo de no ser así.
Chewbacca preguntó a su lado si quería que lo abatiese. Pero Rey negó con la cabeza.
—No. ¡Finn, detén el fuego! —añadió, hablando con su amigo por la comunicación interna—. Tenemos que cogerlo con vida y llevarlo ante el senado para que lo juzguen. Si lo matamos sin más, otro ocupará su lugar. Necesitamos mostrar a la Galaxia el daño que ha hecho.
Chewbacca volvió a gruñir indeciso.
—Estoy segura, Chewie.
Después, Rey activó la comunicación con la otra nave:
—Ooman, encárgate de las naves de apoyo, pero deja la que tiene dañado el motor. Nosotros nos ocupamos de esa.
