Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.
Pairing: Este es un Dean/Claire!Castiel.
Spoilers: Toma como base el 4x20 y de ahí se sitúa en la sexta temporada.
Soundtrack: Capítulo cortesía del Rufus Wainwright y su tema Hallelujah.
Advertencia: Sadness.
Dedicado a Kana-chan, porque sé que aunque no lees esta historia igual me ayudaste a solucionar mi problema con el office :)
Capítulo 35.
—Tiene sentido lo que dices, Sam —reconoció Castiel mirando intensamente a Gabriel—. Sin embargo, eso implicaría también que ni Gabriel ni yo podremos liberar a Dean…
El Winchester vislumbró en los ojos miel del arcángel que ella estaba en lo cierto. La quijada se le tensionó dolorosamente.
—No estoy de acuerdo… —rebatió una nueva voz. Cas contrajo las cejas ante ello.
—¿A qué has venido Balthazar? —Inquirió el ángel cogiendo inconscientemente la mano izquierda de Dean que estaba a su alcance, sin voltear a ver al recién llegado. Sam giró escasamente el cuello, sus facciones notablemente hostiles y desde la retaguardia el cabecilla del Cielo le apoyaba con igual expresión. El cuestionable ángel alzó las manos en son de paz.
—Juro solemnemente que mis intenciones son buenas —ironizó el aludido ganándose más ceños fruncidos—. Lo digo en serio, Cassie —su rostro serio—. Sé lo que le ha pasado a tu… humano preferido y he venido a ayudarte.
Tanto Castiel como Gabriel le traspasaron con la fuerza de sus ojos, leyendo en lo profundo de su Gracia. En cuanto se percataron de que el ángel no mentía bajaron la guardia.
—Ok, Balty —concedió el arcángel—. ¿Y cómo se supone que puedes ayudar?
—Podemos romper la barrera entre los tres —respondió rápidamente, apareciéndose a la derecha de Gabriel e inclinándose hacia Dean, posando una mano en su frente—. Sí, es sólida —murmuró para sí—. Requiere de todo el mojo posible y entre los tres no creo que resulte difícil.
— ¿Por qué me ayudarías? —Preguntó Cas, mirándole tristemente—. No apruebas lo que siento por Dean y has tratado de separarnos antes… No entiendo qué te hizo cambiar de opinión —nuevamente, tres pares de ojos se clavaron expectantes en Balthazar.
—Yo… pensé en la última vez que hablamos, Cas —su tez serena y sincera—. Sigo sin entender cómo es que eres capaz de sentir aquello, pero eres mi hermano favorito y—.
—Ejem —tosió Gabriel recibiendo una mueca de Sam.
—De acuerdo —aceptó resignado Balthazar—. Hermana. Como sea, el punto es que no quiero perderte, Cas. No después de todo lo que hemos pasado juntos —Castiel espiró pesadamente, convencida de la honestidad en las palabras del ángel y como modo de hacerle ver que le creía le dedico una pequeña sonrisa.
—Gracias hermano.
—Basta de sentimentalismos —cortó Gabriel—. Es hora de trabajar, tenemos que demoler un edificio.
—Esperen —intervino Sam. Los ángeles le devolvieron el escrutinio—. ¿Qué complicaciones acarrea lo que pretenden hacer? Quiero decir, tanto para Dean como para ustedes.
—Tranquilo, Sammy —sonrió Gabriel, guiñándole un ojo—. Tu hermano estará bien.
—Los únicos afectados seremos nosotros —continuo Balthazar. Gabriel su lado le codeó—. ¿Qué? Tiene que saberlo —vio con enfado a su hermano mayor—. Además, el que tengas fijación por los humanos como Cas y que le hayas marcado no es culpa mía. Le has involucrado y ha de saber que a lo sumo nos agotaremos.
— ¿Marcado? —Parpadeó Sam como descifrando sus palabras. Luego fijó sus ojos verdes y demandantes en Gabriel, exigiendo una respuesta.
—Sí, Cas aquí hizo lo mismo con tu hermano —añadió Balthazar.
—No fue intencional —se defendió ella. Sam insistió.
—Con marcado quiero decir ¡humph! —El Trickster chasqueó los dedos y en segundos una cinta adhesiva tapó la boca del ángel con nombre de santo. Castiel ladeó la cabeza sin entender por qué explicarle al Winchester eso era malo, no obstante, quitó con cuidado la cinta adhesiva a su hermano quien le agradeció con unas palmaditas en la cabeza. Desde que estaba usando ese cuerpo a todo el mundo le daba por sobarle como si fuese un cachorrito, pensó sin mucho entusiasmo. No, la única persona que al acariciarle así le hacía sentir feliz era Dean. Se abocó en el joven que parecía esperar una explicación con urgencia.
—No, Cas. Ni se te ocurra o te haré lo mismo que a Balty —advirtió Loki con voz excesivamente dulce. Castiel desistió, cabizbaja.
—Gabriel… —masculló Sam.
—Ahora no es el momento, Sammy —dijo suplicante, encogiéndose de hombros—. Prometo contártelo después. Ahora tenemos que sacar a Dean de su versión de Inception.
El cazador exhaló. No era el tiempo idóneo para interrogaciones, ya le sacaría la verdad al arcángel aunque fuese a la fuerza. Asintió sin emitir palabra, recibiendo una agradecida sonrisa de Gabriel.
Entonces los ángeles rodearon a Dean.
—Sólo necesito que me ayuden a romper la pared, yo me encargaré de bajar a buscarle —indicó Castiel con tono plano.
—Cas, no creo que… —refutó Balthazar.
—Por favor —le contempló decidida—. Quiero hacerlo yo —Balthazar asintió reticente.
—Como quieras, hermanita —sonrió Gabriel tomando la diestra de Dean. Balthazar le imitó al tomar la siniestra y Cas posó ambas manos en su pecho.
Una potente luz blanca emergió de las manos de los ángeles, convergiendo en el pecho de Dean. Cas cerró los ojos con fuerza tomando aire. En cuestión de segundos se vio rodeada de luminiscencia.
—Sam, será mejor que te retires —aconsejó Castiel.
— ¿Por qué?
—Porque vamos a valernos de todo, y eso implica que puedes quedar ciego —contestó Balthazar—. Sé que a alguien aquí no le gustaría nadita.
—Silencio Balty si no quieres que te amordace de nuevo —ladró Gabriel.
—Ok, ya entendí —cortó Sam con tono conciliador—. Sólo… infórmenme si resulta.
—Estaré contigo en cuanto todo acabe, Sammy —Gabriel alzó el rostro, sus ojos claros y bellos en él—. Irá bien.
—Seguro —musitó desviando la mirada. El que hubiesen dos ángeles mirando como interaccionaban le ponía algo… incomodo. Optó por salir rápidamente de la habitación, no sin antes coger las llaves del coche. Por una extraña razón quería escuchar a Metallica, como si eso le asegurase el regreso de su hermano mayor. Master of Puppets le vendría bien.
Castiel desplegó sus alas en cuanto el humano abandonó el cuarto, los otros ángeles no tardaron en seguirle, exhibiendo toda la perfecta hermosura de su condición celestial en cada pluma contenida en ellas. La luz se tornó enceguecedora y el ángel femenino arrugó los labios en un esfuerzo descomunal, haciendo más presión contra la represa que le impedía llegar a Dean.
—Sólo un poco más… —siseo ella, unas gotas de sangre asomándose desde su nariz.
—Basta Cas, estas excediéndote —rogó Balthazar.
—Balthazar —la voz grave de Gabriel se impuso—. Un último empujoncito, ¿vale? —El ángel se limitó a menear la cabeza de la exasperación, pero igualmente arremetió con todo su poder secundado por el arcángel.
El estrepitoso sonido, como de vidrios estrellándose portentosamente contra el suelo, retumbó en el campo sensitivo de los ángeles. El destello insufrible menguó y Cas cayó como una muñeca de trapo contra el cuerpo del dormido Winchester.
Había conseguido entrar.
Balthazar se dejó caer en el suelo, exhausto, las manos masajeándole las sienes y la respiración agitada. Gabriel apoyó la espalda contra el borde de la cama, una sonrisa satisfecha curvó sus labios pese a que se agarraba el pecho en un intento de calmar su respiración.
—Lo conseguimos, ahora es cosa de Cas terminar el trabajo —comentó el arcángel despejándose la frente de algunos mechones de pelo.
—No debimos dejarle ir sola, Gabriel. No a sabiendas que Papi podría estar allí y darle una zurra —terció su hermano con voz rasposa.
—Castiel no será castigada, hermano —su voz plana y sin matiz—. No merece serlo. No ha cometido ningún pecado.
—No creo que Papá piense así —musitó—. Pero… sí, estoy de acuerdo contigo.
— ¿Qué es esto? ¿Ahora estas a favor de las relaciones interraciales? —bromeó el Trickster.
—Sigo pensando que es peculiar todo esto, Gabe —le picó; el aludido rió para sus adentros—. Aún así, no puedo ignorar lo que me mostró Cas—. Loki asintió desde el otro lado de la cama matrimonial, dándole crédito.
—Es bastante… impresionante —reconoció Gabriel—. Me refiero a lo que Cas siente.
—Ni siquiera un humano siente con tamaña intensidad —confirmó Balty—. Se volverían locos. No me explico como ella puede.
—Castiel siempre fue diferente —el arcángel cerró los ojos, apoyando la nuca contra el contorno del colchón—. Recuerdo que tú eras el más feliz cuando fue creada.
—Era mi responsabilidad —suspiró el otro ángel—. Luchamos juntos durante la Primera Guerra.
—Sí, claro — el mandamás del Paraíso fingió demencia—. Si fuera por eso no hubieses estado celoso de Dean-o.
—Ambos conocemos el historial de Dean —replicó mordaz—. No es precisamente intachable.
—Y por eso mismo es perfecto para Castiel —rió Gabe—. ¿Sabes cuantas cosas han cambiado desde que están juntos? —Balthazar no dijo ni pio—. Dean dejó de blasfemar en gran medida; estoy seguro que le has escuchado dándole gracias a Papá. Inclusive, sin darse cuenta ha desintoxicado su hígado porque ya no traga botellas de Jack Daniels —Gabriel se apareció junto a su hermano, sentándose a su derecha—. Eso cuenta, ¿no crees? Sin mencionar lo mucho que mima a nuestra hermanita.
—Me es suficiente —dijo luego de unos largos minutos que le mantuvo la mirada al arcángel—. Ya no interferiré, si es lo que te preocupa.
—Lo sé —sonrió—. Después de todo, Cassie es tu hermana favorita —Balthazar bufó sin contener una risita—. Muy bien, iré con Sammy.
—Gabriel, ¿vas en serio con el pequeño Winchester o sólo es un pasatiempo? —Preguntó arqueando una ceja.
—Sam no es un hobbie —ceñudo—. Es muchísimo más —sonrió traviesamente—. Mejor que una bolsa repleta de m&m y snickers.
—Vale, me ha quedado clarísimo que le ves como… un comestible.
— ¿Sabes que es lo mejor de todo? —Sus ojos bañados de malicia—. Es que nunca quedo conforme, siempre quiero dar otro mordisco.
—Ok, ve con el gallardo humano —hizo una mueca de desagrado—. Te daré un grito cuando Cas regrese.
—Eres tan compresivo —se burló Gabriel antes de desaparecer.
Balthazar rodó los ojos y exhaló pesadamente. Hermanos, se dijo con dramatismo, ¿quién los elige?
OoO
Castiel abrió los ojos de sobresalto. Sus ojos azules vagaron frenéticos por sus alrededores detallando un techo desconocido, su cuerpo reposando en una amplia cama de colcha y sábanas blancas.
Lo había logrado, había ingresado en el subconsciente de Dean. Sonrió; ahora podía salvarle.
Se movió lentamente, echando hacia atrás las mantas y así ponerse de pie. Algo le obstaculizó la rapidez en cuanto a movimientos. Se sentía pesada y el contacto de sus pies descalzos con la madera del suelo le provocó un temblor. Bajó la vista, curiosa por aquella reacción, y se topó con algo que le dejó atónita.
Su vientre estaba abultado. Muy abultado.
Posó recelosa una mano ahí. Estaba turgente y calentito bajo la tela celeste de su camisa de dormir. Deslizó la mano un poco, palpando para hacerse a la idea de que no era idea suya. Un golpecito sobrevino de su panza.
—Vaya, despertaste.
Esa voz…
Castiel le buscó ansiosa y en cuanto la sonrisa de Dean, parado bajo el umbral de la puerta, le acarició a distancia olvidó por segundos la primera impresión, empero otro golpecito le hizo romper el contacto visual. Dean echó a anda hacia ella, arrodillándose y poniendo ambas manos en el redondo vientre.
—Hola —musitó el Winchester acariciándole la panza—. ¿Ya estás dándole patadas a mamá, hijo?
Castiel entendió el panorama con algo de pavor, mas, dejó el temor en segundo plano puesto que la felicidad que el cazador exudaba al hablarle a su barriga de embarazada era algo que le sacudía desde la entrañas, inundándole de ternura.
Todo cobró sentido en ese momento: se encontraba viviendo el deseo más oculto de Dean.
—Dean —su nombre salió estrangulado, cubierto de trazas de miedo. Éste alzó la cabeza contemplándole con ojos verdes rebosantes de orgullo.
—Dime nena —habló sin dejar de tocarle.
Era momento de evaluar la situación para así poder actuar.
— ¿Hace cuánto que soy humana? —Tanteó Castiel.
Él bufó arrugando las cejas.
—Desde siempre —respondió extrañado—. ¿Qué pregunta es esa cariño?
Oh, no. Eso sólo significaba que… Los recuerdos de Dean habían sido alterados.
Ella bajó la cabeza, abrumada por la información. Sería más difícil sacarle de aquí ahora y a este paso se dio cuenta que tardaría muchísimo más tiempo del que había planeado.
Un objeto circular y dorado en el dedo anular de su mano izquierda captó su atención. Alzó las cejas de la sorpresa.
— ¿Nos casamos? —Inquirió mirando al hombre, su tono ansioso.
—Hace dos años —dijo con labios torcidos—. Cas, ¿qué te ocurre?
— ¿Cómo me llamo? —Su rostro mortalmente serio y asustado.
—Cassidy —contestó él sin vacilar—. Pero desde el instituto que te llamo Cas —se enderezó, sentándose a su lado y tomándole una mano—. En serio, Cas, empiezas a preocuparme. Dime que pasa.
¿Cassidy? ¿Instituto? En este mundo ella nunca había sido un ángel, y al parecer él nunca había sido cazador.
Volvió a mirar a su esposo. Se veía tan… normal. Tan angustiado por ella. Y tan libre también. No había ningún pero aquí que les prohibiese estar juntos, nada sobre un Cielo en reconstrucción ni un Infierno amenazando con demonios dispuestos a perseguirles.
—No es nada… —mintió ella al cabo de unos minutos de meditación, acariciándole la mejilla con el nudo en la garganta atorándosele—. Sólo… tuve un mal sueño.
Dean suspiró aliviado.
—Olvídalo —sonrió besándole en la frente—. No querrás que el pequeño John aquí se ponga triste —señaló su barriguita, apoyando el oído en ella—. ¿Verdad que no hijo?
Castiel apretó los labios, igualmente su mano fue a parar al cabello de Dean, hundiéndose en él con mimo.
Entonces solamente un pensamiento cruzó la mente de Cas.
Lamento no poder darte esto, Dean. Quisiera poder ser humana… pero al menos aquí permíteme hacerte feliz.
Tenía problemas técnicos con el procesador de texto, lamento la tardanza.
Gracias por seguir leyendo.
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